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Carter

Howard Carter, nacido en 1874, fue un destacado arqueólogo británico que descubrió la tumba intacta de Tutankamón en 1922, un hallazgo que revolucionó la egiptología y convirtió al faraón en una figura célebre. A pesar de su éxito, Carter enfrentó críticas por su conducta y la presión mediática que atrajo su descubrimiento, lo que complicó sus labores. Su trabajo metódico y la riqueza de los objetos encontrados en la tumba proporcionaron valiosa información sobre la cultura funeraria egipcia y dejaron un legado perdurable en la arqueología moderna.

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Carter

Howard Carter, nacido en 1874, fue un destacado arqueólogo británico que descubrió la tumba intacta de Tutankamón en 1922, un hallazgo que revolucionó la egiptología y convirtió al faraón en una figura célebre. A pesar de su éxito, Carter enfrentó críticas por su conducta y la presión mediática que atrajo su descubrimiento, lo que complicó sus labores. Su trabajo metódico y la riqueza de los objetos encontrados en la tumba proporcionaron valiosa información sobre la cultura funeraria egipcia y dejaron un legado perdurable en la arqueología moderna.

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Carter nació el 9 de mayo de 1874 en el barrio londinense de Kensington y fue el menor de 11

hermanos. Debido a que fue un niño enfermizo pasó largas temporadas tanto en la casa familiar de la
capital británica, como la que sus parientes maternos tenían en la localidad inglesa de Swaffham, en el
centro de Inglaterra. De allí que su instrucción la asumieran sus progenitores, en particular su padre,
Samuel John Carter, quien era un reputado pintor.

"Carter mismo fue un artista y fue así como se adentró en la arqueología", asevera el catedrático de la
Universidad neoyorquina de Long Island, quien acaba de publicar un libro sobre el descubrimiento de
Carter ("Tutankamón y la tumba que cambió al mundo").

El equipo de Carter no solo estaba conformado por expertos de distintas disciplinas, sino por decenas de
trabajadores egipcios, quienes realizaron todo el trabajo pesado.

"Siendo adolescente fue contratado para trabajar en una excavación, por sus dotes artísticas. Él copiaba
las pinturas y los jeroglíficos de los templos y eventualmente se convirtió en un arqueólogo él mismo,
incluso se llegó a ser inspector-jefe de antigüedades del Alto Egipto durante la administración colonial
británica", agregó.

Por su parte, la egiptóloga Daniela Rosenow considera que todos deberíamos estar agradecidos de que
el británico fuera quien halló la tumba. ¿La razón? "Aprendió el oficio de los mejores egiptólogos de su
época", replicó.

El hallazgo del siglo

Tras verse forzado a dimitir de su cargo debido a un incidente con unos turistas franceses y tener que
sobrevivir vendiendo acuarelas de las ruinas faraónicas precisamente a personas como las que le
costaron su puesto, Carter consiguió en 1914 permiso de las autoridades egipcias para excavar en el
Valle de los Reyes.

El hallazgo de la tumba de Tutankamón es considerado el mayor hito en la egiptología, pues ha sido el


único sepulcro de un faraón del antiguo Egipto que se ha encontrado intacto.

Pese a que durante décadas otros investigadores habían removido toneladas de tierra y de rocas en la
zona sin hallar nada, el británico creía que había por lo menos una tumba permanecía oculta.

Además de su instinto, Carter tenía algunas pistas. Sabía que en otras excavaciones se hallaron objetos
con el nombre de Tutankamón, el cual no figuraba en casi ningún registro.

"Antes de Carter nadie sabía de Tutankamón. Tutankamón era un faraón menor, del que se tenía poca
información. Nadie sabía quién era. Pero una vez que Carter halló su tumba se convirtió en el faraón más
famoso del mundo. Carter no solo descubrió la tumba, sino a Tutankamón", sentenció Brier.

Tutankamón apenas estuvo en el trono unos 10 años y falleció alrededor del 1372 antes de Cristo a los
19 años, pero además de la corta duración de su reinado era hijo del polémico Akenatón. Este monarca
cambió la religión en Egipto y de adorar a varios dioses pasó solo uno: Atón, el dios Sol.

A Carter y a su equipo les tomó meses llegar a la cámara funeraria de Tutankamón y abrir el maravilloso
sarcófago y la máscara mortuoria, de oro macizo ambos.

"El padre de Tutankamón fue el primer monoteísta en el mundo. Pero esto no agradó a los egipcios y
cuando murió borraron su nombre de los registros, destruyeron su tumba y lo mismo le pasó a su hijo.
Los sucesores de Tutakamón se dedicaron conscientemente a borrarlo de la historia y su tumba se
olvidó", explicó Brier.

El descubrimiento del sepulcro, el primero y único, hasta ahora, que ha sido hallado intacto, convirtió a
Carter y al niño faraón en celebridades globales.

El responsable de la Tutmania

La noticia sobre los tesoros hallados en la tumba, en especial el sarcófago y la mascara mortuoria de oro
macizo, corrió como la pólvora y desató un inusitado interés en la egiptología.

"Carter convirtió a Tutankamón en el egipcio más famoso del mundo. Todo el mundo quería leer sobre lo
que encontraban en la tumba", aseveró Brier, quien atribuyó esto al avance de las comunicaciones.

La prensa de todo el mundo estuvo reseñando durante años cada uno de los hallazgos y descubrimientos
que el equipo de Carter hizo en la tumba del niño faraón.

"El hecho de que los periódicos pudieran imprimir fotografías ayudó a la fiebre que se desató en esos
años por Tutankamón", remató.

Carter y su financista, el conde de Carnarvon, vendieron al diario londinense "The Times" la exclusividad
de la historia por 4.000 libras esterlinas de la época (cerca de 2,4 millones de dólares de hoy).

Sin embargo, otros medios no dudaron en enviar corresponsales a Egipto para reportar sobre los
hallazgos. Las excavaciones y labores de clasificación de los más de 5.000 objetos encontrados en la
tumba se extendieron por diez años.

No obstante, Carter luego se arrepintió de esta decisión. Al menos así lo dejó entrever en sus diarios,
donde se quejaba del flujo de curiosos que las informaciones de su descubrimiento atraían y lo cual le
obligaba a paralizar constatemente sus labores.

Pese a que muchos le consideran el padre de la arqueología moderna, sobre Carter siempre han pesado
sospechas de conductas no muy lícitas. Unos recelos que Brier confirma en su último libro.

"Hay mucha evidencia de que Carter sacó objetos de la tumba sin permiso", asegura.

Sin embargo, el investigador aclaró que no lo hizo con fines económicos. "Carter no se enriqueció, vivió
modestamente el resto de su vida", afirmó.

Biografía de Howar Carter

(Swaffham, Reino Unido, 1873 - Londres, 1939) Arqueólogo y egiptólogo británico. Entre 1891 y 1899 fue
miembro de la Misión Arqueológica en Egipto. En 1892 colaboró con el egiptólogo Flinders Petrie en la
excavación de Tell el-Amarna. Fue también designado inspector jefe del departamento de Antigüedades
del gobierno egipcio. Hasta 1922, sus descubrimientos más importantes fueron las tumbas del faraón
Tutmosis IV y de la reina Hatshepsut.

Sin embargo, el hallazgo arqueológico que le supuso convertirse en una celebridad mundial fue el
descubrimiento en 1922, junto con lord Carnarvon, de la tumba del joven faraón Tutankamón, situada en
el Valle de los Reyes. Lo extraordinario del hallazgo no fue tanto la importancia histórica del faraón como
el hecho de que la tumba se encontrara intacta y que contuviese un espléndido tesoro, que actualmente
se exhibe en el Museo Egipcio de El Cairo.

Desde la expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto, el interés por el país del Nilo había ido en
aumento. A lo largo del siglo XIX diversas expediciones estudiaron los vestigios de la antigua civilización
egipcia y se llevaron a cabo numerosas excavaciones. Sin embargo, se ha de reconocer que el nivel
científico de muchas de ellas no difería demasiado de un simple expolio. De hecho el expolio era la
verdadera motivación incluso de algunos supuestos estudiosos que no buscaban otra cosa que
apoderarse de antigüedades con las que dar lustre a diversas colecciones privadas.

Por fortuna, muchos arqueólogos comprometidos con su trabajo, con el apoyo de las autoridades,
consiguieron poner freno a estas actividades e iniciaron una importante etapa de investigación científica
del Antiguo Egipto. Con todo, las excavaciones en Egipto siempre tuvieron que enfrentarse al problema
de los saqueadores, y lo peor de todo era que los más exitosos no eran precisamente los
contemporáneos. La costumbre egipcia de enterrar a sus muertos con gran parte de sus riquezas para
que les acompañasen al más allá había generado una fructífera actividad expoliadora ya en tiempos de
los faraones y también en diversas épocas posteriores. No es de extrañar que los faraones hubiesen
tomado precauciones intentando ocultar sus lugares de entierro, aunque sin éxito: a principios del siglo
XX ninguna tumba había sido hallada intacta.

El recuerdo del egiptólogo británico Howard Carter estará siempre relacionado con su mayor
descubrimiento, el más renombrado de todos los hallazgos arqueológicos en el valle del Nilo: la tumba
de Tutankamón, en el Valle de los Reyes. Si bien este faraón gobernó sólo durante un breve período a
finales de la dinastía XVIII, su tumba, a diferencia de todas las otras del valle, no había sido saqueada, lo
que permitió mostrar al mundo un espectacular ajuar funerario que incluye joyas, estatuas de oro y
mobiliario, así como la famosa máscara y los sarcófagos del faraón.

Howard Carter había nacido en Gran Bretaña en 1874. De salud siempre delicada, inició su carrera como
egiptólogo a los diecisiete años, cuando se incorporó al equipo de trabajo de P. Newberry. Más tarde
trabajó bajo la supervisión de sir Flinders Petrie en las excavaciones realizadas en El-Amarna, y con E.
Naville en Deir el-Bahari. En El-Amarna se ocupó de limpiar y copiar las escenas e inscripciones visibles
en el templo.

A partir de 1899 inició su carrera en el Servicio de Antigüedades egipcio, donde fue inspector en jefe de
las antigüedades del Alto Egipto. Tras ejercer funciones también en el Bajo Egipto, renunció a sus cargos
en 1905. En 1909 comenzó a trabajar en la necrópolis tebana para lord Carnarvon. En los primeros años
de excavaciones, Carter descubrió cinco tumbas reales, tres de ellas asociadas con los faraones
Montuhotep, Amenofis I y Tutmosis IV, y dos vinculadas con la reina Hatshepsut.

A principios de la década de 1920 pidió permiso para excavar en el Valle de los Reyes. Una vez obtenido,
inició las excavaciones en una zona restringida en la que esperaba encontrar la tumba de Tutankamón,
llamado el faraón niño por la corta edad en que subió al trono y por haber fallecido a los dieciocho años.
Se trataba de una búsqueda difícil: las pistas que habían llevado a ese lugar a Carter y a lord Carnarvon,
el mecenas que financiaba las excavaciones, eran muy tenues, y el Valle había sido tan excavado que
nadie esperaba que pudieran encontrar nada.

En 1922, tras varias campañas infructuosas, Carter decidió excavar las ruinas de unas casas de los
obreros dedicados a construir las tumbas reales; era el último lugar que quedaba por investigar. El 5 de
noviembre de 1922, a cuatro metros de la tumba de Ramsés II, descubrió los restos de una escalera que
se adentraba en la roca; excitado por el hallazgo, retiró los escombros que cubrían los dieciséis peldaños
hasta topar con una puerta sellada. A pesar de la decepción inicial al comprobar que los sellos habían
sido rotos por saqueadores, procedió junto con Carnarvon a horadar el tabique que cerraba la puerta. Su
reacción ante lo que vieron sus ojos, a la luz de una vela, es ya famosa: "Veo maravillas".

Habían descubierto la tumba de Tutankamón, faraón de la XVIII dinastía asesinado a los dieciocho años,
en el siglo XIV antes de Cristo. Se trataba de un complejo funerario compuesto por varias cámaras, lleno
de riquezas, que guardaba el sepulcro del joven faraón. La suntuosidad del ajuar hallado, que
comprendía joyas, armas, vasijas, muebles y hasta carros (que tuvieron que ser serrados para
introducirlos en la cámara), hace suponer que los saqueadores fueron descubiertos antes de que
pudiesen perpetrar su expolio. Si se tiene en cuenta que Tutankamón fue un faraón poco importante y
con un corto reinado, cabe preguntarse qué maravillas no contendrían las tumbas de otros faraones
mucho más poderosos, como Seti I, Ramsés II o Amenofis III.

La excavación llevada a cabo por Carter se puede considerar, dentro de los parámetros de la época,
modélica. Paciente y metódico, una vez fue consciente de la importancia de su descubrimiento, optó por
interrumpir los trabajos y tapar los accesos a la tumba para reunir el equipo necesario a fin de
documentar y conservar adecuadamente el material encontrado. Después de tres semanas de intensos
trabajos, el equipo franqueó la puerta de la tumba. Al penetrar en la estancia quedó a la vista un
incomparable tesoro, de una excepcional riqueza: material, por el valor intrínseco de las piezas allí
depositadas, y arqueológico, como fuente de investigación de la cultura egipcia. Jarrones, vasos canopos,
arquetas, cofres, pinturas, barcas, pequeñas estatuas, enseres domésticos y una variada tipología de
objetos de oro macizo se hallaban allí al alcance de los investigadores.

Lo más excepcional del conjunto son las cuatro capillas funerarias, dispuestas una dentro de otra; en la
cuarta se hallaba un gran ataúd, en cuyo interior se descubrieron tres sarcófagos encajados uno dentro
del otro. Al romper los sellos y abrir el último sarcófago, los expedicionarios contemplaron, por primera
vez desde su fallecimiento, el cadáver momificado del faraón, con el rostro cubierto con una mascarilla
de oro, retrato del difunto, con incrustaciones de piedras de colores. Sobre el cuerpo vendado había
depositadas numerosas joyas.

A pesar de que la mayoría de las salas estaban revueltas, con señales evidentes de haber sido saqueadas
en la antigüedad, eran tales la abundancia de las obras encontradas y su valor que el equipo de Carter
tardó años en catalogar y documentar las piezas. En total, las tareas de apertura, el traslado al Museo de
El Cairo y el registro exhaustivo de la impresionante cantidad de objetos que constituían el ajuar
funerario del monarca llevaron a Carter y a su equipo diez años de trabajo. Tras ello, su delicada salud no
le permitió emprender nuevas actividades arqueológicas; falleció en Londres en 1939, habiendo inscrito
su nombre junto al de aquellos arqueólogos a quien se deben los más impresionantes hallazgos de la era
moderna: Heinrich Schliemann, Arthur Evans, Hiram Bingham o Leonard Woolley.

El descubrimiento de la tumba de Tutankamón sirvió para esclarecer numerosos aspectos de la tradición


funeraria egipcia desconocidos hasta el momento y pronto fue considerado como un acontecimiento de
primer orden no sólo en el reducido círculo de los egiptólogos, sino por todo el mundo. De hecho, la
tumba de Tutankamón se convirtió en un verdadero fenómeno mediático, un acontecimiento que captó
la atención mundial y que dio lugar a más de una leyenda, la más popular de las cuales fue la relacionada
con una supuesta maldición infligida sobre los miembros de la expedición y cuyo origen cabe buscar en
la muerte accidental, a las pocas semanas del descubrimiento, del mismo lord Carnarvon.

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