Unidad III
Unidad III
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Ofelia Hermosilla
IES Comercio
Historia de España. 2º Bachiller Unidad III
Guerra y Revolución liberal (1788-1833)
INTRODUCCIÓN
Durante los reinados de Carlos IV (1788-1814) y de su hijo Fernando VII (1814-1833), se desarrolló
en España un proceso ambivalente: por un lado la crisis del Antiguo Régimen1, y por otro, la Guerra de la
Independencia, con el proceso revolucionario de las Cortes de Cádiz.
En el contexto Internacional, la Revolución Francesa (1789) y las guerras napoleónicas (1799-
1815), tuvieron repercusión en España hasta sufrir nuestro país la invasión de los franceses, que
desencadenó a la vez una guerra y un proceso revolucionario, que significó el comienzo del fin de las
estructuras seculares del Antiguo Régimen. Tras las guerra, Fernando VII se negó a aceptar el régimen
liberal y su reinado fue un enfrentamiento entre el absolutismo (monarquía absoluta) y el liberalismo
(monarquía parlamentaria y constitucional).
Los partidarios de las dos tendencias se alternaron en el poder durante los años de su reinado, a
la vez que en el exterior nuestro país perdía gran parte de su imperio colonial en América, ya que hacia
1820 la independencia de las colonias era una realidad, y nacían con ella las repúblicas de Paraguay,
Argentina, Chile, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.
El siglo XIX se abría en España de una manera convulsa, situación que persistirá a lo largo de la
centuria como veremos en los temas siguientes.
A la muerte de Carlos III en 1788 sube al trono su hijo Carlos IV2, hombre
poco dotado para el gobierno y cuyo reinado va a estar condicionado por el
estallido de la Revolución Francesa y su evolución posterior, que provocó un
temor generalizado ante un posible contagio revolucionario en nuestro país, dada
la proximidad geográfica y los lazos familiares. Durante el gobierno de Floriblanca
(primer ministro), el miedo a la expansión revolucionaria congeló todas las
reformas iniciadas por el despotismo ilustrado de Carlos III. Se cierran fronteras,
se prohíbe la entrada de libros y la salida de estudiantes, se censuran las noticias
que llegan de fuera. A pesar de todo, el fracaso de Floridablanca en evitar la
difusión de ideas y su incapacidad para establecer relaciones con la Francia
revolucionaria provocan su destitución en febrero de 1792, siendo
sustituido por el Conde de Aranda que intenta establecer relaciones con Francia y mantener la
neutralidad ante una posible guerra contra la Francia republicana. La posterior detención de Luis XVI y la
proclamación de la República en Francia provocaron también su destitución.
En esta situación Carlos IV tomó una decisión que condicionará el discurrir de su reinado, y
nombró primer ministro a Manuel Godoy en 1792. Este favorito de los reyes3 se convirtió en la figura
clave durante el resto de su reinado.
1 El Antiguo Régimen es el sistema político, económico y social vigente en Europa en el siglo XVIII. Lo representa la monarquía
absoluta, la sociedad estamental y una economía de base agraria y señorial. El término fue acuñado por los revolucionarios franceses, para
designar todo aquello contra lo que luchaban.
2 El escritor sevillano Blanco White dijo de él en sus “Cartas de España”, publicadas en Londres en 1822: “uno de esos benditos mortales que
La situación en el interior del país no era mucho mejor, ya que el desastre naval acentuó la crisis de
la Hacienda real, agravada por la reducción de los ingresos, especialmente los del comercio colonial por
el descenso del tráfico marítimo. Ante esta situación, Godoy recurrió al endeudamiento y al aumento de
las contribuciones y planteó reformas como la desamortización de tierras eclesiásticas, con el fin de
conseguir recursos para el Estado. Fueron medidas ineficaces que provocaron una amplia oposición,
entre la nobleza y la Iglesia, que se mostraron contrarias a las reformas de Godoy, al que los nobles no
aceptaban, incluso personalmente, por su condición de plebeyo, y por los intentos de desamortización la
Iglesia. Incluso el príncipe Fernando lo consideraba un obstáculo para su acceso al trono.
Por otro lado, los impuestos sobre el campesinado, tanto los señoriales como los del Estado,
provocaban el descontento popular, que se veía incrementado por las epidemias, el hambre y la
escasez, dadas las deficiencias del comercio interior para abastecer los territorios. La incapacidad
para resolver esta situación alimentó motines y revueltas, que responsabilizaban a Godoy de la
grave situación de crisis. En un primer momento Godoy fue cesado en 1798, pero posteriormente volvió
a ocupar el poder, estando ya Napoleón en el poder en Francia también.
A partir de este momento los acontecimientos se van a precipitar y la situación de España va a quedar
a merced de Francia, que va a declarar la guerra a Portugal, aliado de Inglaterra, en la que España se va
a ver inmersa, y del lado francés. La conocida popularmente como Guerra de las Naranjas decantó la
victoria del lado español, pero no ocurrió lo mismo en un nuevo enfrentamiento con Inglaterra en la
batalla de Trafalgar, donde la armada franco-española fue derrotada por el almirante Nelson y supuso
para España la pérdida de casi toda la flota y el hundimiento del control marítimo sobre las colonias
americanas.
En medio de esta situación de crisis generalizada en 1807, Godoy, al que se responsabiliza de los
desastres militares y de los problemas económicos firma con Napoleón el Tratado de Fontainebleau,
por el que se autorizaba la entrada y el establecimiento de tropas francesas en España con el propósito
de invadir Portugal , aliado tradicional de Inglaterra con el que Napoleón estaba en guerra. A cambio, se
pactaría el reparto de Portugal, siendo una parte para Godoy. Los franceses atravesaron los Pirineos en
febrero de 1808 y su presencia fue aceptada por las autoridades borbónicas, pero provocó la irritación
de la población. Las tropas se situaron en puntos estratégicos como Barcelona, Vitoria y Madrid, con la
intención de ocupar España.
En marzo de 1808 estalló un motín en Aranjuez, donde se encontraban los reyes, quienes bajo
los consejos de Godoy y ante el temor de una invasión real del país, se trasladaban a Andalucía. El motín,
dirigido por la nobleza palaciega afín al príncipe Fernando, y por el clero, buscaba la destitución de
Godoy y la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando, que fue lo que realmente ocurrió en realidad,
Carlos IV destituyó a Godoy y abdicó en favor de su hijo.
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española, reafirmando además su deseo de invadir España y anexionarse el territorio4. Citó a los
miembros de la familia real española en Bayona, donde se produjeron la conocidas como Abdicaciones
de Bayona, en las que Fernando VII devolvió la corona a su padre y éste a su vez no dudó en ponerla
en manos de Napoleón, quien inmediatamente la ofreció a su hermano José que fue coronado rey
de España como José I en 1808.
Sin embargo, para una gran parte de la población española, el nuevo gobierno era ilegítimo, a
lo que se unía que sus actuaciones estaban subordinadas a las necesidades militares de la
conquista marcadas por la violenta actuación de las tropas napoleónicas (requisas, detenciones,
fusilamientos), lo que puso al grueso de la población en contra del nuevo monarca y de las tropas
invasoras.
Las abdicaciones de Bayona y la insurrección contra José I significaron una situación de "vacío
de poder", y se constituyen Juntas locales que se integran poco después en Juntas provinciales que
asumieron la soberanía en nombre del rey. En septiembre de 1808, tras la victoria del general Castaños
en Bailén, las Juntas se reúnen en Aranjuez para formar la Junta Suprema Central, que se encargue de
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Tener en cuenta la política de anexión territorial y ocupación que está llevando a cabo en Europa
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las labores de gobierno y de las necesidades bélicas para defender el país. Pese a que gran parte de los
miembros de estas juntas eran conservadores y partidarios del Antiguo Régimen, la situación bélica
provocó la asunción de medidas revolucionarias como la convocatoria de Cortes
Frente patriótico: están en contra de José I, se opusieron a la invasión. Este bando agrupaba
posiciones muy diferentes, desde los que deseaban la vuelta al absolutismo, el clero y la
nobleza, rechazando todo cambio social, hasta los que veían en la guerra la oportunidad para
implantar en España un sistema político liberal, (burgueses y liberales) basado en la
constitución, la soberanía nacional, la división de poderes, la abolición de los privilegios y de
los gremios, que permitieran el desarrollo del país.
Al margen de todo esto la mayor parte de la población afrontó la guerra como un movimiento de
defensa contra los invasores, en espera de la vuelta del rey, aunque careciendo de posiciones
ideológicas claras.
Dos de los elementos que más sorprendieron a Napoleón y contradijeron su idea inicial sobre la
rapidez y la facilidad de la invasión, fueron la resistencia del pueblo español en los primeros momentos
que originó los sitios de ciudades, y en una fase posterior de la guerra la formación de guerrillas.
Los sitios consistían en la resistencia de las ciudades españolas al avance de las tropas francesas
que durante meses sometían a las ciudades a los bombardeos y el hambre, que resistían heroicamente
para frenar el avance del ejército invasor.
La guerrilla fue la forma espontánea y popular de resistencia armada. Su mejor arma era el
conocimiento del terreno y el apoyo de la población. Se organizaba en partidas, pequeños grupos locales
de entre 30 y 50 miembros de procedencia diversa (labradores, artesanos, estudiantes, abogados, etc.),
pero dirigidos por militares o clérigos ( El Empeciando, Espoz y Mina, El Cura Merino…). Su táctica consistía
en no enfrentarse a campo abierto, sino que las partidas atacaban por sorpresa al ejército enemigo,
destruían sus instalaciones, interferían sus movimientos y asaltaban los convoyes de avituallamiento,
sometiendo a los franceses a una presión y desgaste permanentes. El ejército francés, incapaz de luchar
con efectividad contra las guerrillas, reaccionó con una dura represión indiscriminada contra la población
española en su conjunto.
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parte de los soldados franceses) las tropas francesas iniciaron el repliegue hacia el norte, siendo
decisivas las victorias de Vitoria y San Marcial (Irún) en 1813. Por el Tratado de Valençay (1813)
los españoles acuerdan no invadir el sur de Fancia si los franceses evacúan Cataluña y liberan a
Fernado VII. A finales de 1813 las tropas de Napoleón comienzan a abandonar la península y éste
reconoce a Fernando VII como rey de España.5
La Guerra de la Independencia fue una guerra larga, cruel y muy destructiva, no solo en
el campo de batalla, si no sobre pueblos, ciudades y población civil, ya que los asaltos, saqueos y
robos fueron habituales.
En el aspecto demográfico a las bajas del ejército y la guerrilla, hay que sumar la
mortalidad entre la población civil, y la consiguiente disminución de la natalidad. En algunas zonas
la mortalidad alcanzó el 50% de la población.
En el aspecto político el final de la guerra trajo consigo la vuelta de Fernando VII como
rey, cuya primera decisión fue anular la labor legislativa de las Cortes de Cádiz. España volvía a la
política del Antiguo Régimen, y la brecha entre liberales y absolutistas marcaría la vida política en
los años siguientes.
La situación que se crea en España tras la invasión de los franceses tuvo dos procesos paralelos, no sólo
se combatió al invasor (enfrentamiento bélico) sino que además se intentaron sentar las bases jurídicas
necesarias para la modernización del país superando las estructuras del Antiguo Régimen. En esto último
se centra el aspecto político y revolucionario del período, llevado a cabo por la labor legislativa y
constitucional de las Cortes de Cádiz, ya que en pleno conflicto bélico, los diputados reunidos en esa ciudad
y asistidos por el espíritu del racionalismo y la Ilustración, fueron capaces de alumbrar el primer sistema
de gobierno liberal para España, que fue en esos momentos uno de los más avanzados de Europa. Aunque
bien es verdad que duró bien poco, y que a causa de la guerra apenas pudo entrar en vigor.
5 En 1814 se produjo el hundimiento total del imperio napoleónico en Europa. Supuso una vuelta al Antiguo Régimen en toda Europa (Congreso de
Viena), aunque los avances liberales eran ya imparables.
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Guerra y revolución (1788-1833)
La crisis del Antiguo Régimen (1788-1833): Liberalismo frente a Absolutismo
En 1810, la Junta
Suprema Central que se había
refugiado en Cádiz, huyendo
de los franceses, y habiendo
convocado Cortes en
septiembre de 1809, se
disuelve y traspasa sus
poderes a un Consejo de
Regencia, formado por 5
miembros. El Consejo matuvo
la convocatoria a unas Cortes
de carácter único, (una sola
cámara o asamblea) formadas
por representantes de la
nación y con objeto de “votar
una ley fundamental”. Se nombraba un diputado por cada 50.000 personas, eran electores todos los
españoles mayores de 25 años. Se convocaban también a los representantes de las colonias de América.
La guerra dificultó la elección de diputados y su reunión en Cádiz fue difícil, lo que llevó a elegir
suplentes entre los residentes en la ciudad, lo que dado su ambiente liberal originó que parte de los
elegidos simpatizarán con esa tendencia (burgueses, profesiones liberales, militares liberales) . En
consecuencia, las cortes tuvieron una composición social e intelectual proclive a la modernización del
sistema político, y fueron una asamblea única, evitando los tradicionales estamentos. Representaron el
primer episodio de la revolución liberal burguesa. Su objetivo era crear un nuevo modelo de sociedad
construido sobre las bases del liberalismo: igualdad jurídica, sistema parlamentario y constitucional y
libertad económica.
Los diputados, unos 300, eran la mayoría de tendencia liberal, partidarios de las ideas políticas y
económicas procedentes de Gran Bretaña y Francia6, aunque también los había de carácter absolutista y
partidarios de mantener el orden tradicional; a estos grupos se les unían los llamados jovellanistas, que
defendían una posición intermedia entre los dos anteriores, y se manifestaban continuadores de la
Ilustración y el despotismo ilustrado, que consideraban necesarias las reformas pero rechazando un
proceso revolucionario. Todos ellos, se reunieron en la isla de León (Cádiz), y comenzaron las reuniones
en septiembre de 1810, y a pesar de las serias discrepancias manifestadas entre ellos, aprobaron una
serie de Decretos destinados a eliminar el Antiguo Régimen.
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La crisis del Antiguo Régimen (1788-1833): Liberalismo frente a Absolutismo
Abolición de los gremios. Libertad económica, comercial, de trabajo y de fabricación
(1813)
Tímida desamortización de algunos bienes de la Iglesia.
Este primer liberalismo marcó las líneas de lo que debía ser la modernización de España.
División de Poderes: marca la estructura del Estado, una monarquía limitada en su poder.
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La crisis del Antiguo Régimen (1788-1833): Liberalismo frente a Absolutismo
El territorio se dividía en provincias, cuyo gobierno recaía en las diputaciones provinciales.
Formación de ayuntamientos con cargos electivos.
Creación de la Milicia Nacional a nivel local y provincial. 7
Confesionalidad católica del Estado (compromiso con los absolutistas)
Reforma de la Hacienda y los impuestos
Creación de un ejército nacional y del servicio militar obligatorio
Como conclusión decir, que la Constitución, dada la situación de guerra en el país no se pudo
prácticamente aplicar, y la vuelta de Fernado VII significó el retorno del absolutismo y el final de la
experiencia liberal.
Tras el Tratado de Valençay en 1813, Fernando VII se preparó para regresar a un país donde
gobernaban unos principios políticos completamente contrarios a sus convicciones absolutistas. No se
dirigió a jurar la Constitución a Madrid sino a Valencia, en cuyas cercanías el general Elío se había
manifestado a favor de un rey absolutista, y ya en la ciudad un grupo de diputados absolutistas le
entregaron el “Manifiesto de los Persas”8 , documento en el que le invitaban a anular la Constitución de
1812, la labor legislativa de las Cortes de Cádiz y restaurar el Absolutismo. A su favor encontró las
movilizaciones populares que habían luchado por la vuelta del rey, algunos sectores del ejército y
evidentemente el clero y la nobleza. En consecuencia, el 4 de mayo de 1814 el rey firmaba Real Decreto
que anulaba toda la obra legislativa de Cádiz y restauraba el abolutismo, donde destacaba la vuelta la
régimen señorial y la puesta en marcha de la Inquisición. 9
Inmediatamente se inició una dura represión contra liberales y afrancesados, y numerosos diputados
liberales fueron detenidos y encarcelados. También los funcionarios que colaboraron con la monarquia
7 Eran unidades armadas al margen del ejército regular, bajo la autoridad de los ayuntamientos y creadas para defeneder el
liberalismo. Los mandos eran elegidos por las tropas.
8 La denominación se refiere al comienzo del documento “… Era costumbre de los antiguos persas tener cinco días de
Restaurado el A.R. y de vuelta a sus estructuras a partir de 1815, el rey y su gobierno intentaron
poner en marcha un país destrozado por seis años de guerra, con daños demográficos, con la agricultura
desecha, el comercio paralizado, la hacienda en bancarrota tras los gastos de la guerra, y las colonias
americanas luchando por su independencia10, lo que exigió enormes gastos militares y humanos (envío
de tropas), además de impedir la llegada de nuevos ingresos a través del comercio.
En general, el gobierno de aquellos seis años fue totalmente inoperante, no sólo por los continuos
cambios de ministros y las acciones de los liberales que intentaban ponerle fin, a través de los
pronunciamientos militares (Espoz y Mina en Navarra, Díaz Porlier en La Coruña, Lacy en Cataluña…)
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sino sobre todo por la imposibilidad de llevar adelante este sistema político teniendo en cuenta la
situación del país, cuyos problemas no tenían solución sino se cambiaban las estructuras políticas y
económicas del Antiguo Régimen: la burguesía, que había desarrollado libertad de empresa y comercio
demandaba vuelta al régimen constitucional, igual que los campesinos que se negaban a pagar de nuevo
tributos señoriales, a los que se unían los oficiales del ejército que habían contactado con los ingleses
durante la guerra o estado prisioneros en Francia, que sabían de las características del liberalismo y
deseaban su implantación en España.
Finalmente, lo que aparecía como un pronunciamiento militar más tuvo un éxito inesperado, cuando
el 1 de enero de 1820 en Cabezas de San Juan (Sevilla) el coronel Rafael del Riego, al mando del ejército
que debía embarcar para América se sublevó y proclamó la Constitución de 1812. La revolución se
extendió por toda Andalucía y por otras ciudades españolas, por lo que Fernando VII se vio obligado a
jurar en marzo la Constitución de 1812 (…”marchemos todos juntos y yo el primero por la senda
constitucional…”). Se abría así el conocido como Trienio Liberal, periodo en el que se pudieron llevar a la
práctica algunos de los principios recogidos en la Constitución de 1812.
Durante el conocido como Trienio Liberal o constitucional se creó una Junta Provisional de
Gobierno reconocida por juntas similares formadas por todo el país que convocó elecciones, y se abrieron
las Cortes el mes de junio. A la vez se decretó una amnistía que permitió la vuelta de los liberales y de
antiguos afrancesados que habían marchado al exilio.
Los resultados electorales de julio de 1820, dieron la mayoría a los diputados liberales pusieron en
marcha una importante obra legislativa fiel al espíritu de Cádiz, que llevó a cabo la reconstrucción del
Estado liberal.
Se decreta la libertad de reunión y asociación que son el origen de la formación de las Sociedades
Patrióticas. Con la libertad de expresión aparecen 700 periódicos.
Se crea una Milicia Nacional: cuerpo armado de ciudadanos voluntarios, para defender el sistema
constitucional
Abolición de los señoríos jurisdiccionales y de los mayorazgos, lo que acabó con el feudalismo en
el campo, y convirtió la tierra en una mercancía susceptible de ser vendida y comprada.
Supresión de la Inquisición
Reorganización territorial y administrativa.
Unificación de códigos y leyes. Primer Código Penal en 1822.
10 El proceso de independencia corrió paralelo al desarrollo de la guerra y no cesó hasta conseguir el nacimiento de los nuevos
países en América del Sur, en el año 1824.
11 Todos pasados por las armas
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La crisis del Antiguo Régimen (1788-1833): Liberalismo frente a Absolutismo
Libertad de comercio, industria y propiedad que favoreció el desarrollo de la burguesía.
Eliminación de los gremios.
Control de los privilegios eclesiásticos; reforma de las órdenes monásticas y reducción del
diezmo. Desamortización de tierras del clero regular que pasaron al Estado y se subastaron
públicamente.
Reformas en el sistema fiscal para aumentar los ingresos del Estado.
Reforma del ejército.
Impulso de la educación desde el Estado. Se organizó en grados (primario, secundario y
universitario).
En la práctica no les fue posible gobernar y pronto todas estas reformas suscitaron la rápida
oposición al liberalismo desde varios frentes
De la propia monarquía , ya que el rey utilizó el derecho de veto para obstaculizar las leyes y buscó
siempre el apoyo de los sectores más absolutistas, dentro y fuera de España.
También, las nuevas medidas liberales provocaron el descontento de los campesinos, ya que se
abolían los señoríos jurisdiccionales, pero no les facilitaban el acceso a la tierra. Los antiguos señores
feudales eran ahora los propietarios de las tierras y os campesinos se convirtieron en arrendatarios o
jornaleros que podían ser expulsados de las tierras si no pagaban. Además para una comunidad que vivía
en la autosuficiencia, era más fácil dar una parte de la cosecha que conseguir dinero en metálico para
pagar los impuestos estatales. De esta forma los campesinos, indefensos ante las leyes que favorecían el
capitalismo, se acabarán enfrentando al liberalismo. Las nuevas relaciones capitalistas los convirtieron en
antiliberales, especialmente a los menos favorecidos que veían en la restauración del orden tradicional la
solución a sus problemas.
De los sectores más tradicionales, la nobleza y la Iglesia, que vieron perjudicados sus privilegios
seculares, con la supresión del diezmo, la incautación de tierras y la abolición de los señoríos. Estimularon
las revueltas contra los gobernantes liberales del Trienio e incluso capitalizaron parte del descontento de
los campesinos, responsabilizando al sistema liberal y constitucional de los problemas sobrevenidos con
las tierras. Y a partir de 1822 las oposición absolutista se organizó, y se formaron partidas realista en
Cataluña, Navarra, Galicia y el Maestrazgo. Se sofocó en Madrid una sublevación de la Guardia Real y las
partidas absolutistas establecieron la conocida como Regencia de la Seo de Urgell en 1823, que
pretendieron actuar como un gobierno legítimo alternativo al gobierno liberal de Madrid. Este apoyo
interno que encontró el absolutismo se vio reforzado por la situación que se daba en Europa, donde la
potencias europeas formaron la Santa Alianza para impedir cualquier experiencia liberal en Europa.
12 Su función era la de propagar el liberalismo al pueblo en los locales donde celebraban sus sesiones. Las Sociedades
Patrióticas tenían como lugares de reunión los recintos más diversos, desde los cafés públicos hasta las casas particulares o los
teatros. Una muy famosa tenía su sede en el café de la Fontana de Oro en Madrid, título a su vez de una conocida obra de
Galdós.
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La crisis del Antiguo Régimen (1788-1833): Liberalismo frente a Absolutismo
La oposición de los defensores del Antiguo Régimen y la división de los liberales provocaron una gran
inestabilidad política durante el Trienio, mientras en Europa el liberalismo español alarmaba a las
potencias conservadoras (Rusia, Austria y Prusia y la Francia del momento), y se temía el contagio.
Finalmente, Fernando VII solicitó la intervención de esas potencias absolutistas de Europa para
acabar con el liberalismo español. El Congreso de Verona de 1822 autorizó a Francia a restablecer el
absolutismo en España por la fuerza. En 1823, llegaba a España un ejército francés, los Cien Mil Hijos de
San Luis, al mando del Duque de Angulema, que entró en España ante la pasividad general y restableció
a Fernando VII, como soberano absoluto poniendo fin al Trienio Liberal, e iniciando una nueva etapa de
gobierno, hasta su muerte en 1833, caracterizada por el absolutismo político y la represión de los liberales.
El mismo día en que Fernando VII fue liberado por los Cien Mil Hijos de San Luis promulgó un
decreto por el que anulaba todo lo legislado durante el Trienio. El monarca trataba de nuevo de volver al
absolutismo y al Antiguo Régimen. Los primeros años estuvieron marcados por la destrucción de toda la
obra del trienio liberal y por la persecución de los liberales: depuraciones, supresión de periódicos y
sociedades patrióticas, purga de librerías y bibliotecas y cierre de la universidad.
Junto con la idea de acabar con los liberales la otra preocupación de la monarquía era no agravar
más el déficit de la hacienda, ya acrecentado por la independencia de las colonias. El rey, acuciado por
los problemas económicos, buscó la colaboración del sector moderado de la burguesía financiera e
industrial de Madrid y Barcelona concediendo medidas proteccionistas para las manufacturas catalanas
y encargando a López Ballesteros, cercano a los intereses industriales, el ministerio de Hacienda, en un
intento de lograr el equilibrio económico.
Esta actitud incrementó la desconfianza de los sectores más absolutistas (apostólicos), que se
opusieron también al rey. Estaban descontentos porque no se había reinstaurado la Inquisición y porque
no se combatía lo suficiente a los liberales. Encontraron un líder en la persona del hermano del rey, Carlos
María Isidro, sucesor a la corona al no existir descendencia de los matrimonios de Fernando VII. En 1827
los grupos conservadores se levantaron contra el rey (guerra dels Malcontens) en Cataluña, reclamando
mayor poder para los ultraconservadores y pidiendo el retorno a las costumbres forales tradicionales.
Al final del reinado de Fernando VII se proclamó el problema sucesorio. En 1830 el rey tenía de
su cuarta mujer (María Cristina) una hija, Isabel, que según la Ley Sálica introducida en España por los
Borbones en 1715, no podía reinar. Presionado por su mujer y por parte de la camarilla cortesana
(isabelinos), y en claro enfrentamiento con su hermano, el rey decide derogar, mediante la publicación
del la Pragmática Sanción la ley existente, y nombra heredera a Isabel. Los partidarios de Carlos, carlistas
(absolutistas), se negaron a reconocer el hecho.
Cuando en 1833 el rey muere y Mª Cristina es nombrada regente hasta la mayoría de edad de Isabel,
el enfrentamiento entre carlistas (absolutistas ultraconservadores) e isabelinos o cristinos (liberales) está
servido. Es el comienzo de las guerras carlistas.
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Por otra parte hay que contar con el impacto de la revuelta de las trece colonias americanas
contra Gran Bretaña (independencia de Estados Unidos), y la difusión de las ideas de la Revolución
Francesa, que alentaron el espíritu independentista. Añadir que la pérdida de la flota en Trafalgar (1805)
supuso la incomunicación efectiva de España con sus colonias, y que los sucesos acaecidos en la
península desde la ocupación francesa precipitarán los acontecimientos.
El proceso revolucionario se llevó a cabo de manera muy rápida, en dos etapas consecutivas: de 1808 a
1814, y de 1816 a 1824, ambas coincidentes con momentos muy graves en la península.
Con la crisis de la monarquía española en 1808 y el vacío de poder que supuso la invasión de
Napoleón, los criollos también formaron juntas de gobierno, que en un principio mantuvieron sus lazos
con Cádiz y la Junta Suprema Central, pero que posteriormente, se enfrentaran a las autoridades
coloniales y se configuraran como nuevos poderes, que poco a poco se irán transformando en tres focos
independentistas.
En 1809 se fundan juntas en Buenos Aires, donde José San Martín proclamó una primera
independencia de la República Argentina; el virreinato de Nueva Granada y Venezuela donde aparece
Simón Bolívar y México, donde el cura Hidalgo y José Morelos encabezan una revuelta de campesinos
indígenas con claro contenido social. La junta de Quito rechaza la legitimidad de las autoridades
peninsulares reclamando la soberanía del pueblo, y en 1811 Paraguay proclama su independencia.
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La derrota de Ayacucho supuso la pérdida de todas las colonias excepto Cuba, Filipinas y Puerto
Rico. A ello hay que sumar, especialmente, los enormes esfuerzos económicos y militares que se
emplearon en la guerra, y que no hicieron si no agravar la ya maltrecha hacienda española.
Inglaterra y Estados Unidos pasaron a controlar el mercado americano. Ese comercio con
América, una de las principales actividades de la economía española se redujo en gran medida y afectó
especialmente a algunas zonas como Cataluña, que había orientado su producción a la exportación a las
colonias. Para la Hacienda española, supuso también la desaparición de una importante fuente de
ingresos, que la situó al borde de la quiebra. A pesar de todo esto, también es necesario decir que se
repatriaron importantes capitales, que se reinvirtieron en Cuba y Puerto Rico, los únicos dos territorios
que quedaban en manos de España.
El sueño del Imperio español tocaba a su fin. El siglo XIX comenzaba su andadura de una manera
nada fácil para el país. Los años siguientes se revelaron mucho más complicados todavía. Cuando en 1833
fallece Fernando VII, y deja como heredera del trono a su hija Isabel, el enfrentamiento está de nuevo,
servido.
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