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Oferta y Demanda en el Mercado Económico

La Unidad 2 del curso de Introducción a la Economía de la Universidad Nacional de Tres de Febrero se centra en el concepto de mercado, analizando la interacción entre oferta y demanda, así como los factores que influyen en ambas. Se discuten diferentes tipos de mercados, el equilibrio del mercado y la elasticidad de la demanda y oferta, destacando la importancia de entender estos conceptos para el análisis económico. Además, se introduce la teoría de la utilidad como base para comprender la demanda de bienes y servicios.

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Oferta y Demanda en el Mercado Económico

La Unidad 2 del curso de Introducción a la Economía de la Universidad Nacional de Tres de Febrero se centra en el concepto de mercado, analizando la interacción entre oferta y demanda, así como los factores que influyen en ambas. Se discuten diferentes tipos de mercados, el equilibrio del mercado y la elasticidad de la demanda y oferta, destacando la importancia de entender estos conceptos para el análisis económico. Además, se introduce la teoría de la utilidad como base para comprender la demanda de bienes y servicios.

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Tecnicatura en Administración

de Empresas

Introducción a la economía

Unidad 2
Universidad Nacional de Tres de Febrero UNTREF VIRTUAL

Unidad 2 : Oferta Y Demanda: El Mercado

Introducción

Árbol de temas

¿Qué es un mercado?

Tipos de mercado

La demanda

Factores condicionantes de la demanda


De la tabla de demanda a la función de demanda
De la demanda individual a la demanda de mercado
Cambios en la demanda y cambios en la cantidad demandada

La función de oferta

Equilibrio del mercado

Exceso de oferta y de demanda


Desplazamientos de las funciones de oferta y demanda
Aparece la Economía Normativa: precios máximos
Precio mínimo
Otra forma de intervención: las cantidades
Los impuestos

Elasticidad precio de la demanda

Demandas elásticas e inelásticas


Medición de la elasticidad
Elasticidad a lo largo de la demanda
Elasticidad en un punto y elasticidad de arco
Determinantes de la elasticidad
Pero finalmente, ¿aumentamos o bajamos los precios?

Elasticidad cruzada

Elasticidad ingreso

Elasticidad de la oferta

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Presentación de la unidad 2

En la unidad anterior vimos que una de las principales cuestiones económicas es quién
decide cuánto y cómo se produce y cómo se distribuye. Y también comentamos que estas
decisiones pueden quedar en manos del Estado o del mercado. Para que haya mercado debe
haber oferta y demanda. Detrás de estas dos expresiones están las decisiones y voluntades
de los participantes individuales en el mercado: cientos, miles o millones de personas según
el caso. La idea de que el mecanismo de decisión social sea el mercado es muy seductora
porque allí la decisión final queda conformada por una cantidad de decisiones individuales de
comprar o vender, de modo que en principio es un mecanismo muy democrático. Parecería
que a través del mercado, cuando decidimos adquirir o desprendernos de algo a
determinado precio, “votamos” acerca de las cantidades y valores a que debe intercambiarse
ese bien o servicio. De este modo, las decisiones no las toma otro por nosotros –que
siempre es una cuestión odiosa- sino que las toma “el mercado”. Ya veremos –en realidad,
seguramente todos lo saben- que en la realidad los mercados no son tan democráticos ni
impersonales, pero corresponde que conozcamos el modelo teórico puro para luego poder
llevar a cabo un
análisis crítico.

En esta unidad definiremos el mercado, pasamos brevemente por algunos tipos de mercado
que se analizarán en profundidad más adelante y nos ocuparemos de las características de
las dos partes que componen cualquier mercado: la demanda y la oferta. Es importante
prestar atención a los determinantes de la demanda de un bien y a la diferencia entre
variaciones en la demanda y variaciones en la cantidad demandada. Son temas que a
primera vista parecen nimiedades, pero son los ladrillos sobre los que después se va
construyendo la teoría.

Cuando interactúan oferta y demanda es posible encontrar el equilibrio del mercado. Esta es
una de las decisiones a las que nos referíamos anteriormente: allí se decide cuánto se
produce y a qué precio se intercambia. Analizaremos el mecanismo por el cual los
movimientos de las partes afectan ese equilibrio y veremos algunas aplicaciones interesantes
acerca de cómo el Estado puede intervenir en el mercado.

El resto de la unidad está dedicado a estudiar Elasticidades. La elasticidad es una


característica de las funciones de demanda y oferta. Según cómo sean estas funciones en
términos de elasticidad, el equilibrio del mercado se dará de una manera u otra. Por esto, es
un tema central que no se omite en ningún curso de Economía. Hay algunas pequeñas
fórmulas aritméticas muy simples, pero lo relevante es comprender qué hay detrás de las
elasticidades en términos de poder relativo de los participantes del mercado, para alcanzar
un equilibrio que responda más ajustadamente a sus intereses. De este modo, si en la
primera parte investigábamos cómo se tomaban las decisiones, aquí estamos analizando
quién tiene más fuerza para tomarlas.

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Bibliografía sugerida unidad 2

MOCHON, F.; BEKER, V. (2003) Economía – Principios y Aplicaciones.


McGraw-Hill. Capítulo 2

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¿Qué es un mercado?

Se llama mercado a todo ámbito en el que interactúan la oferta y demanda


de un bien o un servicio. Dicho en otros términos, hay mercado si se
encuentran quienes desean adquirir un producto o servicio con quienes desean
desprenderse del mismo a cambio de otro bien o servicio,
o de dinero.

De la propia definición, surge que no necesariamente el mercado existe como lugar físico. Ni
siquiera es necesario que haya contacto entre las partes: por el contrario, debido al auge de
las comunicaciones existen hoy numerosísimos ejemplos de mercados virtuales, donde el
contacto entre las partes y de las partes con las mercaderías transadas se da a último
momento e incluso no se produce nunca. En los mercados de futuros y opciones se comercia
el derecho a disponer de lotes de productos agrícolas como cereales y oleaginosas, o de
metales como plata y cobre, que cambian numerosas veces de manos hasta que al
vencimiento del plazo se concreta la entrega. Desde estos mercados hasta una bolsa de
valores o un mercado concentrador de frutas y hortalizas, el fenómeno que se está dando es
el mismo: el encuentro entre oferentes y demandantes que terminan formalizando las
operaciones a un precio determinado.

En un mercado perfecto, existe un único precio para cada momento del tiempo.
La participación en el mercado debe ser absolutamente voluntaria (si alguien
es obligado a vender su producción o a comprar determinado bien, no puede
hablarse de mercado).

Cuando la interacción de oferentes y demandantes determina un precio, todos los que


desean comprar a dicho precio compran y todos los que desean vender, lo hacen. Desde
este punto de vista, cuando no compramos un producto porque nos parece “caro”, no
experimentamos una frustración: simplemente no deseamos ese producto si para obtenerlo
debemos pagar el precio que rige en ese momento y que ha surgido del mercado. Es
interesante observar cómo la teoría económica soslaya en este punto el fenómeno de
aquellos demandantes que necesitan el bien pero no disponen de ingresos para pagarlo. Ese
será un fenómeno que se atribuirá a imperfecciones en otros sectores de la economía, pero
por ahora, el modelo solucionará el inconveniente “suponiendo” que todos los que necesitan
un bien disponen de algo que dar a cambio.

Nos ocuparemos más adelante del funcionamiento del mercado. Por ahora nos limitamos a
clasificar los distintos tipos de mercados de acuerdo a algunas características como cantidad
de participantes y homogeneidad del bien o servicio transado.

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Tipos de mercado

Si tanto por el lado de la oferta como por el de la demanda existe gran cantidad
de participantes, en el sentido de que ninguno de ellos puede influir sobre el
precio del mercado mediante su comportamiento individual y a esto le sumamos
un producto homogéneo (todos venden exactamente lo mismo), es probable que
estemos ante un mercado de competencia perfecta.

Si existen muchos demandantes pero sólo un oferente, estamos ante un


monopolio. El caso contrario, es decir, muchos oferentes y sólo un demandante,
se denomina monopsonio.

Existe una situación intermedia, en la que si bien no hay un solo oferente,


tampoco hay demasiados, de modo que las acciones individuales tienen efecto
sobre las condiciones del mercado. En este caso hablamos de oligopolio si
estamos ante escasos vendedores y de oligopsonio si hay pocos compradores.

El caso extremo en el que sólo hay un comprador y un vendedor se denomina


monopolio bilateral y por último, aquel en el que existe gran cantidad de
compradores y vendedores pero el producto no es homogéneo (por ejemplo,
existen distintas marcas), se denomina competencia monopolista.

Como ya veremos, estas condiciones determinarán que las cantidades comerciadas y el


precio alcanzado sean diferentes en cada caso. Pero antes de referirnos a lo que ocurre
cuando cambian las condiciones detrás de la oferta y la demanda estudiaremos la
condiciones generales de la demanda y la oferta.

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La demanda

Habíamos dicho que la microeconomía se ocupa de analizar el comportamiento de los actores


individuales del proceso económico. El primer paso suele ser el análisis de dichos actores en
su papel de consumidores de bienes y servicios. La cuestión central es determinar cómo y
por qué se elige consumir determinados bienes en lugar de otros.

El cuerpo de análisis que ofrece la microeconomía para responder estas


preguntas es la teoría de la utilidad. La utilidad es la capacidad de satisfacer
necesidades que tienen los bienes. El concepto de utilidad es subjetivo y
acerca de su medición existen dos posiciones: los cardinalistas suponen que
un individuo es capaz de asignar valores de utilidad a los distintos bienes que
consume. De ese modo, la utilidad es una magnitud mensurable y manejable
matemáticamente. Los ordinalistas, sostienen que es imposible asignar
valores a la utilidad y que, a lo sumo, lo que un individuo puede hacer es
ordenar distintas unidades de bienes según la satisfacción que le produce el
consumo de cada una.

Bajo cualquiera de sus enfoques, la teoría de la utilidad es el sostén de la teoría de la


demanda. Dejamos el análisis de la utilidad para un curso de Microeconomía y pasamos
directamente al concepto de demanda. Esto supone para nosotros establecer que un
individuo es capaz de indicarnos cuántas unidades de un bien está dispuesto a demandar
para cada precio del mismo, dentro de un rango determinado, sin entrar a analizar el por
qué de ese comportamiento. Esto no parece una pérdida sustancial para nuestro análisis.

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Factores condicionantes de la demanda

¿De qué depende la demanda de un bien? ¿En función de qué variables un


individuo decide cuántas unidades desea adquirir?

La primera respuesta que surge, en función de lo expresado en el párrafo anterior, es que el


precio del bien tiene un papel preponderante.

Pero definitivamente no es el único factor: en primer lugar disponemos de recursos limitados


y nuestra demanda de bienes y servicios depende también de nuestro ingreso. Mayor ingreso
significa mayor demanda y determinados niveles de ingresos pueden hacer que la cuestión
de los precios sea intrascendente para nosotros. Por otro lado, no enfrentamos el consumo
de un único bien o servicio sino de un conjunto más o menos extenso de los mismos.

Si el ingreso es limitado, la variación del precio de otros bienes puede influir


sobre nuestra decisión al momento de demandar una cantidad del bien que nos
ocupa. Tenemos hasta el momento entonces, que la demanda que un individuo
hace de un bien depende del precio de dicho bien, del precio de los otros bienes
que consume y de sus ingresos.

El último factor que consideraremos es más difícil de medir, pero no por ello menos
importante. Los gustos tienen un papel preponderante: consumimos determinados artículos
y los elegimos frente a otros porque nos agradan, independientemente de si existen otros
bienes que cumplen la misma función y se consiguen a un precio menor. Las campañas
publicitarias están en muchas ocasiones dirigidas a otorgar a los productos atributos que van
más allá de su utilidad y función. Postulan que la adquisición o el consumo de determinados
bienes son símbolos de status, por lo que su posesión indica la pertenencia a determinado
grupo o estrato social. Todas estas cualidades intangibles, reales o no, que en definitiva
corresponden a la subjetividad del consumidor, se engloban bajo la categoría de “gustos” y
para gran cantidad de bienes probablemente sea la condición determinante, en lugar de
precios o ingresos.

Para analizar el comportamiento del consumidor es útil aislar los efectos de los
determinantes de la demanda. En particular nos interesa establecer qué
relación existe entre la demanda de un bien y el precio del mismo. Para ello, se
recurre al supuesto de establecer que los otros factores que pueden influir
sobre la decisión del consumidor, no sufren ninguna modificación. Este supuesto
ampliamente utilizado en Economía se conoce con la expresión latina ceteris
paribus, que significa “lo demás permanece constante”. De este modo,

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podemos establecer que, ceteris paribus, la demanda de un bien depende


inversamente de su precio. Esto significa que a un menor precio, un individuo
estará dispuesto a demandar mayor cantidad del bien que a un precio más alto.

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De la tabla de demanda a la función de demanda

Como resultado de sus funciones de utilidad (que, reiteramos, no analizamos en este curso)
el individuo podría completar una tabla que nos indique qué cantidad de determinado bien
estaría dispuesto a adquirir en función de distintos precios por unidad del mismo.

Esto no es otra cosa que una Tabla de demanda como la de la tabla 1, que nos indica que
el individuo que la completó está dispuesto a consumir 60 unidades si el precio es cero (son
todas las unidades que necesita), ninguna unidad si el precio alcanza o supera 12 pesos y
entre 50 y 10 unidades cuando el precio varía entre esos valores.

La relación inversa entre precio y cantidad de unidades demandadas recibe el


ampuloso nombre de Ley de la Demanda.
Debe recordarse que el cumplimiento de la misma está supeditado al
cumplimiento de la condición ceteris paribus.

Tabla 1

Como a cada precio le corresponde una y sólo una cantidad demandada (el
consumidor jamás responde “A cuatro pesos deseo cuatro, o diez, o cuarenta
unidades”), aunque podría demandar una misma cantidad a distintos precios,
estamos en presencia de una función. La cantidad demandada es una
función del precio del bien.

Esta función puede graficarse pero advirtiendo que por convención, en el caso de las
funciones de oferta y demanda los ejes se invierten: a diferencia de lo que ocurre
habitualmente, la variable independiente (precio) se mide sobre las ordenadas y la
dependiente (cantidad) sobre las abscisas. Esta inversión de ejes permite unificar el formato
con las teorías de la producción y los costos, donde las cantidades, por ser variable
independiente, se ubican sobre aquel eje.

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Así, en la figura 1 puede apreciarse el gráfico que representa la función de demanda que
corresponde a la tabla 1. Dicho gráfico representa el comportamiento del individuo que
completó la tabla. Para obtener la demanda de todo el mercado, debemos sumar las
cantidades que, a cada precio, demandaría cada uno de los participantes en dicho mercado.
El procedimiento gráfico se denomina suma horizontal y se muestra en el siguiente cuadro.

DE LA DEMANDA INDIVIDUAL A LA DEMANDA DE MERCADO

Para obtener la demanda de todo el mercado, es necesario sumar


horizontalmente las demandas de cada uno de los participantes en ese
mercado: para cada precio, los demandantes A, B y C demandan cantidades
determinadas. La demanda del mercado es la suma de esas cantidades y con
ellas se puede construir una nueva tabla de demanda con la que se construye
la demanda de mercado dibujada en azul.

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En realidad, cuando se desea obtener la función de demanda de un producto se realiza una

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estimación en base a datos estadísticos, puesto que obtenerla mediante el mecanismo


anterior implicaría censar a los eventuales demandantes de dicho producto. Por otro lado, la
función de demanda lineal es una simplificación, siendo más adecuada una función
cuadrática del tipo de la que se grafica en la figura 2; dicha simplificación no afecta las
conclusiones que nos interesa obtener. Pero de hecho, es frecuente que los textos se
refieran a la curva de demanda de un bien o servicio.

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Cambios en la demanda y cambios en la cantidad demandada

Hasta el momento, hemos utilizado indistintamente los términos demanda y cantidad


demandada para referirnos al número de unidades que un individuo (o el mercado) desea
adquirir a cada precio. Sin embargo, en términos económicos hay una diferencia sustancial:
cuando hablamos de demanda no nos referimos a cantidades sino a la
función completa.

Esto es importante para distinguir una variación en la demanda de una


variación en la cantidad demandada. Una variación en la cantidad
demandada es el resultado de una variación del precio del bien en los términos
del supuesto de que todo lo demás permanece constante. Gráficamente, el
resultado de esta variación es un movimiento a lo largo de la curva de
demanda, pasando de un punto a otro sobre la misma función (desde A hasta
A’ en la figura 3).

Para que se produzca una variación en la demanda debemos abandonar la


condición ceteris paribus: este movimiento, que equivale a un
desplazamiento horizontal de la curva de demanda, es producido por la
variación de alguno de los otros factores determinantes de la demanda, es
decir, del ingreso de los consumidores, del precio de otros bienes o de
los gustos.

En la figura 3, de todas las posibilidades que representa la función D0, al precio vigente p0 –
no importa ahora por qué ese es el precio- se demanda la cantidad Q0, supongamos que
una medida del gobierno implica que los consumidores de este producto vean incrementados
sus ingresos. En tal caso podrían decidir dedicar una parte de ese mayor ingreso al consumo
de este producto, demandando más unidades. Sin embargo, el precio vigente continúa
siendo el mismo, de modo que ahora al precio p0 le corresponde la cantidad Q2. La función
se ha desplazado paralelamente. Ha ocurrido un cambio en la demanda, se ha pasado de
D0 a D1.

Figura 3

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Un comportamiento similar podría darse si, por ejemplo, se agotaran las existencias de un
producto de similares características al que nos ocupa. En ese caso, los consumidores del
producto agotado podrían volcarse al consumo del producto de nuestro ejemplo. De este
modo, nuevamente, sin que haya variado el precio aparecería una demanda adicional. La
curva se habría desplazado hacia la derecha. Seguramente no es necesario extenderse en
consideraciones acerca de los cambios en los gustos o en las modas: de manera más patente
que en los ejemplos anteriores, en función de este factor psicológico se demandará más o
menos cantidad, con independencia de lo que ocurra con el precio del bien. Cuando un
artículo “pasa de moda”, sus vendedores deben recurrir a fuertes reducciones de los precios
para lograr vender las unidades remanentes, mientras que si hubieran fijado ese valor
durante la temporada de moda, hubieran vendido una cantidad mucho mayor. Es evidente
que la curva de demanda no es la misma en un momento que en el otro, sino que se ha
producido un desplazamiento que provoca que a determinado precio, le corresponda ahora
una cantidad diferente.

Acerca de los ejemplos anteriores, todos sabemos intuitivamente que si una mayor cantidad
de consumidores se vuelca a la compra de un producto, es muy probable que su precio

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suba. Esto efectivamente es así, pero como resultado de la interacción de nuestra demanda
con la oferta, en el ámbito del mercado. Por el momento, analizando sólo la demanda, no
tenemos elementos para predecir ese comportamiento.

Lo que debe quedar perfectamente claro es la diferencia entre un cambio en la


cantidad demandada, que es un desplazamiento a lo largo de la curva originado
en una variación del precio, y un cambio en la demanda, que consiste en un
desplazamiento de la curva motivado ya sea por un cambio en el ingreso, en los
gustos, o en el precio de otros bienes.

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La función de oferta

De la misma manera que podemos explicar el comportamiento del consumidor mediante una
función de demanda, podemos explicar el interés del productor por ofrecer mayor o menor
cantidad de bienes a través de su función de oferta. A diferencia de la demanda, en este
caso podremos determinar perfectamente de dónde deriva la función de oferta, pero para
ello deberemos estudiar las funciones de producción y de costos. Por ahora deberemos
basarnos en la idea intuitiva de que a un mayor precio, el productor se verá incentivado a
ofrecer más unidades de bienes que a un precio más bajo.

Postularemos que, ceteris paribus, la cantidad ofrecida de un bien es una


función directa de su precio. Esto significa que, a mayor precio, el productor
está dispuesto a ofrecer un mayor número de unidades de su producto.

Al establecer la condición ceteris paribus, estamos asumiendo que existen otros elementos
capaces de modificar las cantidades ofrecidas, aún cuando el precio no
se modifique.

Debemos mencionar en primer lugar el precio de los factores productivos (tierra,


trabajo, capital). En la medida en que dichos precios se modifiquen,
condicionarán la cantidad que el productor puede ofrecer a determinado precio.
Un mayor precio de los factores disminuye las cantidades ofrecidas a cada precio,
mientras que un menor precio las aumenta. Es fácil ver, por ejemplo, que si el
salario se reduce, el productor puede contratar más trabajadores con la misma
erogación total y obtener mayor cantidad de unidades.

El otro factor, que ya hemos esbozado al referirnos a la Frontera de


Posibilidades de Producción, es la tecnología. El avance tecnológico siempre
significa obtener más y/o mejores resultados con los mismos recursos. Una
nueva maquinaria más eficiente, una nueva técnica de trabajo son
elementos que permiten aumentar la producción sin que se incrementen
los costos. Así, un cambio tecnológico permite ofrecer más unidades a un
mismo precio.

Del mismo modo que lo hicimos con la demanda, podemos hablar de una tabla de oferta, de
la que se deriva una función lineal de oferta. También en este caso podemos pasar de las
ofertas individuales a la oferta total del mercado mediante el mecanismo de sumar
horizontalmente dichas ofertas individuales.

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Por último, podemos hablar de cambios en la oferta y cambios en la cantidad ofrecida. Los
cambios en la cantidad ofrecida responden a la variación del precio mientras los otros
determinantes permanecen constantes y su manifestación gráfica es el desplazamiento a lo
largo de una misma curva de oferta. La variación en la oferta se deriva de un cambio en los
precios de los factores o de la adopción de una tecnología diferente.

Estas variaciones producen gráficamente un desplazamiento de la curva.


Menores precios de los factores provocan desplazamientos hacia la derecha,
mientras que mayores precios implican movimientos hacia la izquierda. La
tecnología más eficiente desplaza la curva hacia la derecha mientras que si se
adopta una tecnología más ineficiente habría un desplazamiento hacia la
izquierda (este último es un caso difícil de imaginar en términos generales, pero
podría ocurrir que una avería en una maquinaria determinada,
obligara al productor a utilizar máquinas más viejas o trabajo manual
para reemplazarla).

Figura 4

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Equilibrio del mercado

El equilibrio se define como una situación de estabilidad. En el campo de la física decimos


que un cuerpo está en equilibrio cuando todas las fuerzas que actúan sobre el mismo se
anulan mutuamente de modo que esa situación de estabilidad perdura.

Existen tres tipos de equilibrios:

Un equilibrio es estable si, cuando una fuerza desplaza al objeto de su situación,


aparecen otras fuerzas que lo vuelven a su posición original. Por ejemplo, cuando
un péndulo es sacado de su posición de reposo, oscila
hasta que finalmente queda nuevamente en una situación estable similar
a la original.

Un equilibrio es inestable cuando, desplazado el objeto de su equilibrio, las


fuerzas que aparecen alejan al mismo aún más de la posición original. Si una
pelota está en reposo en la cima de un promontorio y es desplazada de esa
posición, rodará cuesta abajo alejándose indefinidamente hasta que no aparezca
otra fuerza que la detenga.

Por último, un equilibrio es indiferente si el desplazamiento de una posición de


equilibrio lleva automáticamente a otra posición de equilibrio, como ocurriría con
una pelota que sea suavemente desplazada sobre una superficie perfectamente
plana: cuando el impulso desaparece, automáticamente hay un nuevo equilibrio.

En nuestro curso, postularemos que el mercado puede alcanzar una situación de equilibrio y
que tal equilibrio es estable (los equilibrios inestables existen en Economía, pero los dejamos
para un curso más avanzado).

Figura 5

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Ya que el mercado es el ámbito de interacción entre la oferta y la demanda, el


equilibrio del mercado es el equilibrio entre las “fuerzas” de la oferta y la
demanda. Hay equilibrio cuando, a determinado precio, la cantidad ofrecida es
igual a la cantidad demandada. Matemáticamente esto equivale a igualar ambas
funciones obteniendo un valor de p, que reemplazado en cualquiera de las dos,
nos permite obtener la cantidad q correspondiente.

Gráficamente, es el punto de intersección entre ambas curvas. Dadas una oferta o y una
demanda d, se intersectan en el punto E, determinando la cantidad y el precio de equilibrio
qe y pe. Al precio de equilibrio pe, todos los interesados en comprar, compran y todos los
interesados en vender, venden. Nadie que esté dispuesto a pagar el precio pe, deja de tener
su unidad del producto y ningún productor que esté dispuesto a recibir ese precio pe, por su
mercadería, deja de colocarla. Se trata de una situación estable que puede perdurar
indefinidamente.

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Exceso de oferta y de demanda

Para ilustrar este punto, podríamos utilizar como ejemplo un mercado de hortalizas, donde
muchos productores pequeños ofrecen diariamente su producto a gran cantidad de
consumidores que se acercan para adquirirlo directamente. En una situación de estabilidad
podría darse la situación en que todos conozcan el precio y la producción esté tan ajustada
que no falte ni sobre mercadería diariamente. Este mercado estaría, día a día, en una
situación de equilibrio estable.

Si por algún motivo –que momentáneamente no nos interesa- el precio se ubica por encima
de ese valor, pasarán dos cosas: por un lado, los consumidores estarán dispuestos a adquirir
la cantidad que deriva de su función de demanda, menor que la
que correspondía al equilibrio, mientras que los oferentes traerían al mercado una cantidad
mayor.

El resultado es una diferencia entre la cantidad ofrecida y la demandada que


se conoce como exceso de oferta (hay un excedente de producto
en el mercado).

Cuando el productor no puede colocar su mercadería al precio vigente, prefiere ofrecerla a un


menor valor. En la medida en que este comportamiento se generaliza, el precio de mercado
comienza a bajar y los consumidores que se habían privado de adquirir el producto debido a
su elevado precio, ahora deciden hacerlo. Paulatinamente, el precio vuelve al nivel de
equilibrio, en el cual no hay cantidades remanentes.

Figura 6

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Si el precio se situara por debajo del de equilibrio, los consumidores estarían interesados en
adquirir una cantidad mayor, pero es probable que ese precio deje a algunos productores
fuera de la posibilidad de ofrecer su mercadería en la medida en que no cubra sus costos o
simplemente, sus expectativas de beneficios.

La cantidad ofrecida, será entonces más baja que la correspondiente al


equilibrio. Se habrá generado un exceso de demanda (habrá escasez del
bien). En esta situación quienes desean con mayor interés este producto
pueden estar dispuestos a pagar un poco más para obtenerlo. Aparece así una
presión alcista que termina eliminando el exceso de demanda, en función de
que quienes provocaban ese exceso, van perdiendo interés en la medida en
que el producto aumenta su precio. El precio regresa al nivel en el que las
cantidades ofrecidas y demandadas coinciden.

De este modo, vemos que, ceteris paribus, cuando nos alejamos de la situación de equilibrio,

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aparecen fuerzas que tienden a llevar los valores nuevamente a su posición inicial. Hay una
situación de equilibrio estable.

Recordemos que el equilibrio es considerado una situación óptima, en la medida


en que todos los consumidores que estén dispuestos a pagar el precio de
equilibrio conseguirán esta mercadería y todos los productores que la ofrezcan
a dicho precio, venderán su producción.

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Desplazamientos de las funciones de oferta y demanda

¿Qué ocurrirá en nuestro mercado si, partiendo de una situación de equilibrio,


aparece alguno de aquellos factores que podían modificar la posición de las
curvas de oferta y demanda?

Según vimos anteriormente, esta circunstancia produce un desplazamiento horizontal de la


curva de demanda. Es fácil darse cuenta de que este desplazamiento llevará a un nuevo
punto de equilibrio que coincide con la nueva intersección de demanda y oferta. Se
intercambiará una cantidad mayor, a un precio más alto que el anterior. A pesar de que,
como está planteado, el proceso nos muestra un ajuste automático e inmediato que nos
lleva de un punto de equilibrio al otro, es interesante observar qué hay detrás de este ajuste
automático: para ello deberíamos considerar el proceso en dos etapas.

Podríamos pensar que, cuando se desplaza la curva de demanda, en un primer


momento el precio de mercado permanece inalterado. De este modo se
generaría un exceso de demanda: los productores continúan ofreciendo la
misma cantidad, pero ahora ésta es superada por el interés de los
consumidores. Esta presión de la demanda inicia un paulatino aumento de
precio que genera dos efectos: por un lado desalienta a los consumidores más
sensibles al precio (nos movemos ahora a lo largo de la nueva curva de
demanda), mientras que los productores reaccionan incrementando la cantidad
ofrecida.

Finalmente alcanzan el nuevo punto de equilibrio, que será estable en la medida en que no
aparezcan factores adicionales que desplacen nuevamente las curvas.

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El mecanismo como lo vemos habitualmente

El mecanismo completo

¿Qué pasaría si apareciera un elemento externo que afectara la producción


(una cosecha afectada por el clima; una caída de producción por escasez de
insumos o energía)?

En ese caso, al precio vigente, la producción no estaría en condiciones de abastecer


normalmente al mercado. Al antiguo precio de equilibrio le correspondería una cantidad
menor. Es evidente que se ha producido un desplazamiento de la curva de oferta hacia
la izquierda.

Si el precio vigente continuara siendo el que correspondía al equilibrio, podríamos observar


un exceso de demanda, que nuevamente llevaría paulatinamente el precio
al alza.

Generalmente, en el análisis gráfico se resume el proceso mostrando solamente el paso


automático de un equilibrio a otro, con menor cantidad transada a un precio más elevado.

Figura 7

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El mecanismo como lo vemos habitualmente

El mecanismo completo

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Aparece la Economía Normativa: precios máximos

Hasta aquí tenemos a la oferta y la demanda interactuando de tal manera que generan una
situación estable. Se intercambiará una determinada cantidad de producto (la cantidad de
equilibrio), a un precio determinado (el precio de equilibrio).

Podría decirse que entre productores y consumidores hay un acuerdo tácito


respecto de que el precio de equilibrio es el que corresponde pagar por
unidades del producto en cuestión. Pero alguien no está tan de acuerdo: el
Estado. El gobierno podría considerar que el precio vigente en el mercado no
es “correcto”. La interacción de la oferta y la demanda han determinado un
precio de equilibrio estable que satisface a todos los participantes en el
mercado. Pero este precio no es compatible con otros objetivos de la sociedad,
por lo que el gobierno, expresando esos objetivos, decide modificarlo. Si se
considera que el precio de equilibrio es demasiado elevado, podría decidirse
establecer un precio máximo.

Claramente, en este caso se ha ejercido una opción de economía normativa: el precio


determinado por el mercado no resulta aceptable por consideraciones que son ajenas a su
mecanismo. Un precio máximo es un precio fijado por el Estado mediante una norma legal,
de modo tal que se prohíbe vender por encima del mismo. Por definición, el precio máximo
está por debajo del precio de equilibrio.

¿El precio máximo es un precio de equilibrio?

De ninguna manera.

El Estado, mediante su poder de coerción, puede lograr que todas las


operaciones se hagan al precio establecido. Pero no puede modificar las
funciones de oferta y demanda de productores y consumidores.

Por lo tanto, durante la vigencia del precio máximo, aparecerá un exceso de demanda,
como toda vez que el precio está por debajo del equilibrio. El precio tendería a subir, pero
una norma legal lo impide, de modo que el desequilibrio que representa ese exceso de
demanda no desaparece. No hay suficiente cantidad de producto para satisfacer a todos los
consumidores; aparece la escasez. El único paliativo posible es la imposición de
cupos, de modo que cada consumidor no pueda adquirir más que una determinada cantidad
de producto.
De este modo, por ejemplo, se suministra a cada familia una cantidad de cupones que se
deben entregar –junto con el dinero a valor oficial- para obtener una unidad del producto en
cuestión. Un fenómeno frecuente en estas ocasiones es la aparición de un mercado negro,
donde finalmente el producto se intercambia de manera ilegal a precios por encima del
máximo.

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Otra forma de intervención: las cantidades

En ciertas ocasiones, puede considerarse que lo perjudicial del resultado del funcionamiento
del mercado no es el precio sino la cantidad. Si se considera que la cantidad de un bien o
servicio resultante del equilibrio del mercado es perjudicial (porque su producción es
contaminante, porque es nocivo para la salud, etc.) y debe ser reducida, puede recurrirse a
controles cuantitativos como las licencias.

Si para ofrecer un bien o servicio es necesario contar con un permiso oficial (la
licencia), puede regularse la cantidad ofrecida a través de su otorgamiento,
dejando que el precio sea el que esté dispuesto a pagar
la demanda.

Como la cantidad ofrecida será menor y el precio resultante más alto, los productores
obtendrán un precio superior al que se corresponde con sus costos y estarán dispuestos a
pagar un “canon” para obtener tales licencias.

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Los impuestos

También constituyen una intervención del Estado sobre el precio y la cantidad


de equilibrio.

En este caso nos ocupamos de los impuestos indirectos que son los impuestos que gravan
las ventas de bienes y servicios: si el Estado impone el pago de una cantidad de dinero por
unidad vendida, el vendedor trasladará esa suma al precio. Dicho de otra manera, si un
comerciante vende su producto a $10 la unidad y se le anuncia que deberá pagar $1 por
cada unidad que venda, comenzará a cobrar $11 la unidad.

Cuando aparece el impuesto, la curva de oferta se desplaza verticalmente,


porque para cada cantidad, el productor ahora debe percibir el precio más el
impuesto. El resultado será nuevamente un precio de equilibrio más alto y una
menor cantidad intercambiada. La diferencia con el cupo radica en que en este
caso, un desplazamiento de la demanda -hacia la derecha por ejemplo- podría
ser respondido por la oferta y se intercambiaría una cantidad mayor a mayor
precio, mientras que en el caso anterior cualquier movimiento de la demanda
hacia la derecha generaría exclusivamente aumento de precios.

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Elasticidad precio de la demanda

Estamos sentados en la mesa de directorio de la empresa. Se han intercambiado unas


cuantas ideas, se ha analizado información y se ha llegado a la conclusión de que es
imperioso incrementar el ingreso por ventas. Alguien a nuestra izquierda propone aumentar
los precios, de modo que vendiendo más o menos la misma cantidad de unidades, el ingreso
total por ventas se incrementará. Pero desde nuestra derecha responden que si aumentamos
los precios, la gente dejará de comprar y por lo tanto, lo que conviene es reducir el valor de
nuestro producto para que más gente lo compre.

Entonces, ¿menos unidades más caras o más unidades más baratas? ¿qué es lo que
debemos hacer, nos preguntan? “No podemos decirlo con certeza sin conocer la elasticidad
de la demanda de nuestro producto”, contestamos.

Como puede verse, este tema tiene repercusiones bastante concretas por lo que merece que
le prestemos especial atención.

Como una primera aproximación, podemos decir que la elasticidad precio de la demanda de
un bien (en adelante le diremos simplemente elasticidad) es una medida de la “sensibilidad”
de dicha demanda frente a variaciones en el precio. Existen determinados productos que
consumimos en la medida en que el precio se mantenga estable y dejamos de adquirir
inmediatamente si se produce un aumento del mismo. Al mismo tiempo, hay consumos,
como el de medicamentos, que mantenemos aún a costa de sacrificar muchas otras cosas,
incluso si experimentan fuertes aumentos de precio. Nuestra sensibilidad no es la misma.

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Medición de la elasticidad

¿Pero, qué es “mucho” o “poco”?

Debemos precisar nuestra definición y lo haremos diciendo que una demanda es elástica si a
una determinada variación porcentual del precio, le corresponde una variación más que
proporcional de la cantidad demandada.

Si el precio sube 20% y la cantidad demandada cae 32% estamos ante una demanda
elástica. Si reducimos los precios en 10% y las ventas sólo se incrementan un 2% en
volumen (cantidad de unidades), la demanda de nuestro producto es
evidentemente inelástica.

Matemáticamente podemos definir a la elasticidad como un coeficiente que


mide la variación de la cantidad demandada, cuando el precio varía un uno
por ciento. Esto puede expresarse de la siguiente forma:

Como los movimientos de los precios y cantidades, por ley de la demanda son contrarios
(cuando suben los precios, bajan las cantidades) esta expresión siempre arrojaría resultado
negativo. Para evitarlo y por convención se agrega un signo menos a la fórmula para que el
resultado sea positivo. Si descomponemos las variaciones porcentuales en términos de sus
componentes, podemos escribir esta fórmula:

o, lo que es lo mismo:

Según que este coeficiente arroje un resultado mayor o menor a 1, diremos que la demanda

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es elástica o inelástica. Si el resultado de la fórmula es exactamente igual a 1, significa que


una variación de, por ejemplo, 5 por ciento en el precio, provoca una variación de 5 por
ciento en la cantidad. En este caso se trata de una demanda con elasticidad unitaria.

Existen dos casos especiales que debemos analizar: son aquellos en que
respectivamente, la cantidad demandada y el precio permanecen constantes
(esto equivale a decir que ΔQ y ΔP son iguales a cero en cada caso). En el
primero hablamos de una demanda perfectamente inelástica. En el segundo,
de una demanda perfectamente elástica o de elasticidad infinita.

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Elasticidad a lo largo de la demanda

Al observar los casos anteriores, podría pensarse que la elasticidad es constante, pero esto
no es así ni aún en el caso de las funciones de demanda representadas por una línea recta:
en ellas, la elasticidad va variando a lo largo de la función, pasando desde
la elasticidad infinita en la ordenada al origen hasta la elasticidad cero sobre el eje de
las abscisas.

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Elasticidad en un punto y elasticidad de arco

Hasta ahora hemos determinado la elasticidad en un punto de la función.

Este dato es útil cuando nos movemos en lo que geométricamente se denomina “el entorno
del punto”, es decir, en valores infinitamente cercanos al mismo. Como las variaciones de
precios suelen ser más significativas, necesitamos considerar qué ocurre cuando pasamos a
un punto no tan próximo.

Por lo pronto, debemos resolver qué precio y qué cantidad utilizar cuando
pasamos de un punto a otro, ¿el de partida o el de llegada? La solución es
utilizar el promedio de ambos precios y cantidades, quedando la fórmula de
esta manera, que se conoce como elasticidad de arco:

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Determinantes de la elasticidad

Hemos hablado de medir la elasticidad y considerarla como un dato que nos


viene dado con cada función de demanda, pero ¿existen factores que nos
permitan inferir o anticipar cuál será la elasticidad de la demanda de
determinados bienes concretos?

Podemos mencionar por lo menos cuatro:

La naturaleza de la necesidad que satisface ese bien: los bienes de primera necesidad
tienen demandas más inelásticas que otros tipos de bienes. Existen bienes -como los
medicamentos- cuyo consumo es indispensable incluso para seguir con vida, por lo
que los individuos postergan cualquier otro tipo de necesidad para adquirirlos. Es
evidente que en esta situación el precio es poco relevante (en la medida en que sea
compatible con los ingresos), por lo que las variaciones de dichos precios influirán
muy poco sobre la cantidad demandada.

La disponibilidad de sustitutos: si existen varias alternativas para satisfacer una


misma necesidad, obviamente la demanda tendrá más capacidad de reacción frente a
variaciones en los precios que si existen pocas o ninguna. Por ello son elásticas las
demandas de aquellos bienes o servicios fácilmente sustituibles, e inelásticas aquellas
que cuentan con muy pocos o un único proveedor.

El porcentaje del ingreso que se destina a la compra del bien o servicio en cuestión:
en este caso, el factor relevante es la “importancia” del gasto frente a nuestro
presupuesto global. Es probable que nuestra demanda de bienes cuyo valor es
insignificante sea inelástica y reaccionemos –dentro de las posibilidades que tengamos
en función de los factores anteriores- con mayor intensidad ante gastos “importantes”.
Es difícil que dejemos de consumir caramelos porque su precio ha pasado de tres a
cinco centavos, más allá de que se trate de un aumento de 66 por ciento. Tampoco
incrementaríamos demasiado el consumo de este producto en función de una oferta.
De este modo, la relevancia del gasto en relación al ingreso influye sobre la
elasticidad de la demanda del bien.

El tiempo: la posibilidad del adaptación del consumidor ante cambios en su entorno es


también una función del tiempo. En general en nuestro análisis estamos considerando
que todos los ajustes se producen de manera instantánea. Sin embargo, en la
realidad, nuestra capacidad de reacción está inversamente relacionada con el tiempo
de que disponemos para buscar alternativas. Así, podríamos suponer que ante una
necesidad urgente, la demanda puede ser inelástica (incluso perfectamente inelástica)
y cuando disponemos de más tiempo la elasticidad es mayor porque podemos buscar
sustitutos, otros proveedores, o incluso especular con la necesidad de los oferentes de
colocar sus productos.

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Pero finalmente, ¿aumentamos o bajamos los precios?

Ahora sabemos que en función de distintos factores, la cantidad demandada de nuestro


producto puede ser más o menos sensible a las variaciones de precios. También sabemos
que esa sensibilidad varía a lo largo de la función de demanda.

¿Cómo pueden ayudarnos estos conocimientos a tomar la decisión con cuyo


análisis nos introdujimos en este tema?

La manera más sencilla de analizarlo es con un gráfico de demanda lineal como el de la


figura. Como ya dijimos, en estos gráficos donde medimos precios en un eje y cantidades en
el otro, una superficie equivale a una suma de dinero.

En este caso la superficie Op1Aq1 representa el gasto total de los consumidores cuando
compran la cantidad q1 al precio p1, o lo que es lo mismo, el ingreso total del vendedor. Si
estamos en un punto como A, que suponemos en el tramo elástico de la función, una rebaja
del precio (un movimiento hasta A’), provocará un aumento más que proporcional de la
cantidad demandada y la superficie del rectángulo será mayor. Puede verse a simple vista
que cuando pasamos de A a A’, el pequeño rectángulo horizontal que perdemos es menor
que el vertical que debemos sumar. Una rebaja del precio en el tramo elástico de la función,
incrementa el ingreso total.

Figura 12

Cuando estamos en el tramo inelástico de la función, por ejemplo en el punto B, una rebaja
del precio es seguida de un aumento menos que proporcional de la cantidad demandada. Si
pasamos de B a B’, rebajando levemente el precio p2, perderemos el rectángulo horizontal

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pequeño para ganar el rectángulo vertical que se forma cuando la cantidad aumenta
levemente más a la derecha de q2. El ingreso total habrá disminuido. Una disminución del
precio en el tramo inelástico de la función, reduce el ingreso total.

Ahora bien, si al movernos desde A hacia B, el ingreso total crece primero en el


tramo elástico y decrece luego en el tramo inelástico, ¿dónde habrá alcanzado
su máximo? Justamente en el momento en que la demanda deja de ser elástica
pero todavía no es inelástica: en el punto donde la elasticidad es unitaria.

El ingreso total máximo se ubica en el punto donde la elasticidad es


unitaria. De modo que si supiéramos con certeza en qué tramo de la demanda
de nuestro producto estamos ubicados, podríamos responder en
la reunión de directorio, con absoluta seguridad, cuál es la política de precio
a seguir.

En los libros de texto suelen graficarse funciones de demanda elásticas,


inelásticas y unitarias como las de abajo:

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En ellas se aprecia claramente, en la elástica, que una pequeña variación en el


precio (no importa si sube o baja) provoca una gran variación en la cantidad.
En la inelástica, una gran variación del precio afecta relativamente poco a la
cantidad demandada, mientras que en la unitaria, las variaciones son
similares.

La pregunta es ¿no era que la elasticidad no es constante y además pasa


desde infinito a cero todo a lo largo de una demanda lineal?

Esto efectivamente es así. Pero el punto donde la elasticidad es unitaria, no


siempre está cerca “del medio” de la función, sino mucho más cerca del
extremo derecho en el caso de una función “elástica” y mucho más cerca del
extremo izquierdo en la “inelástica”. Lo que ocurre entonces es que según el
caso, la función es elástica o inelástica en su tramo más extenso y relevante.

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Elasticidad cruzada

Cuando analizamos los factores de los que dependía la demanda de un bien, mencionamos
en primer lugar el precio de dicho bien y luego el precio de otros bienes, el ingreso y los
gustos.

Si podemos medir la sensibilidad de la demanda ante cambios en el precio del


bien, ¿no podríamos medir del mismo modo su reacción frente a cambios en los
precios de otros bienes o del ingreso? La respuesta es positiva.

La elasticidad cruzada indica en qué porcentaje varía la cantidad demandada de un bien


cuando varía 1 por ciento el precio de otro bien. Desde ya, está implícita la condición de
que todos los demás factores que podrían modificar la cantidad demanda, permanecen
constantes. Al igual que con la elasticidad precio podemos escribir las expresiones:

Que se leen como “la elasticidad cruzada del bien x por el bien y, indica cuál es la variación
en la cantidad demandada del bien x cuando varía en uno por ciento el precio del bien y”. En
este caso, la fórmula no lleva ningún signo por convención, justamente porque lo que más
nos interesa es saber si la elasticidad cruzada es negativa o positiva.

Si cuando aumenta el precio del bien Y, la cantidad demandada del bien X disminuye, la
elasticidad será negativa porque los movimientos son opuestos (cuando uno sube, el otro
baja). Si pensamos que por ley de la demanda, la cantidad demandada de Y habrá
descendido al aumentar su precio, llegaremos a la conclusión de que el consumo de ambos
bienes habrá disminuido simultáneamente, de modo que se trata de
bienes complementarios.

Dos bienes son complementarios cuando el consumo de uno de ellos implica el


consumo del otro. Si el bar de la sede de la universidad aumentara
sensiblemente el precio de las bebidas, podría experimentar una merma en la
cantidad vendida de éstas, pero también en la de los alimentos. Si sus clientes
consumen una comida y una bebida y el precio de esta última los desanima,
llevándolos a comprar en otro lugar, les resultará más cómodo adquirir ambos
artículos en el comercio alternativo, aunque los precios

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de las comidas no hayan sufrido aumentos. Claramente son


bienes complementarios.

Si cuando aumenta el precio del bien Y, aumenta la cantidad demandada del


bien X, la elasticidad cruzada es positiva y los bienes en cuestión son
sustitutivos. Dos bienes son sustitutos si satisfacen la misma necesidad.
Obviamente habrá mejores y peores sustitutos y eso llevará a que la
elasticidad sea mayor o menor respectivamente, pero siempre será positiva.
Podríamos decir, por ejemplo, que las frutas son buenos sustitutos entre sí de
modo que si aumenta el precio de las naranjas es esperable un aumento del
consumo de manzanas (debe recordarse que siempre estamos suponiendo que
el precio del bien en cuestión es el único que experimenta variaciones).

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Elasticidad ingreso

En este caso, el coeficiente nos indica en qué porcentaje aumenta la cantidad demandada
(Q) de un bien cuando el ingreso (Y) aumenta un uno por ciento.

La fórmula es la siguiente:

Es tan lógico que cuando aumenta el ingreso aumente el consumo de bienes y


servicios, que aquellos que tienen una elasticidad ingreso positiva se
denominan normales. A medida que nuestro ingreso va aumentando, vamos
adquiriendo una mayor cantidad de bienes y servicios en general.

DefiniciónSin embargo, existen algunos bienes cuyo consumo es típico de


población con bajos ingresos y cuando esa misma población mejora su
situación, los consume en menor medida o incluso deja de consumirlos. Estos
bienes se conocen como inferiores.

Un bien inferior es aquél cuyo consumo disminuye a medida que aumenta el ingreso de los
consumidores. El ejemplo típico son los hidratos de carbono como polenta, papa, arroz: la
cantidad de kilos mensuales que se consume es mucho más importante entre las familias de
bajos ingresos que en el resto de la sociedad. Cuando se dan procesos generalizados de
mejora de ingresos, estos bienes son reemplazados por carnes y otras proteínas. Podría
postularse que, en realidad, consumos que nos parecen y son claramente “normales”
podrían transformarse en inferiores a partir de niveles de ingreso muy elevados.

Dentro de los bienes normales, suele hacerse una distinción adicional entre
bienes necesarios y bienes de lujo.

La elasticidad ingreso de los primeros es, por supuesto, positiva pero menor que uno. De
este modo ante aumentos en los ingresos, el consumo de estos bienes crece pero menos que
proporcionalmente, con tendencia a un consumo tope. Recordemos nuestra discusión sobre
las necesidades. Cuando la necesidad se ha colmado, el consumo no aumenta, aunque
aumente el ingreso. En su lugar, los bienes de lujo muestran una elasticidad mayor que uno,
de modo que su consumo aumenta más que proporcionalmente al ingreso. Podría pensarse
que con ingresos que permitan soportarlo, la necesidad de realizar viajes o poseer joyas o

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autos deportivos, nunca se colmaría.

Una forma de ver esto es un gráfico donde representamos cantidad demandada (Q) en las
ordenadas y nivel de ingresos (Y) en las abscisas:

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Elasticidad de la oferta

De la misma manera que se mide la elasticidad precio de la demanda, puede medirse la


sensibilidad de la oferta ante variaciones del precio del bien en ausencia de cualquier otro
cambio de las condiciones en que se desenvuelve dicha oferta. Esto no es otra cosa que la
elasticidad precio de la oferta, para la cual son válidas todas las consideraciones que
hicimos en el caso de la demanda.

Podemos hablar de ofertas elásticas, inelásticas y con elasticidad unitaria, de


ofertas perfectamente inelásticas o con elasticidad infinita y también podemos
hablar de elasticidad en un punto y elasticidad de arco.
Creemos que no vale la pena desarrollar nuevamente todos estos temas cuando
lo único que cambia es que las funciones en cuestión tienen pendiente positiva
en lugar de negativa. Pero sí hay que tener en cuenta que la fórmula para
calcular el coeficiente de elasticidad de una función de oferta no lleva ningún
signo negativo por convención (no es necesario, porque en el caso de la oferta,
cuando sube el precio sube la cantidad ofrecida y cuando aquel baja, ésta
también).

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