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TEMA3

La metafísica es la rama de la filosofía que busca comprender los principios y fundamentos de la realidad, abordando preguntas sobre la existencia, la naturaleza de la realidad y la existencia de Dios. Se divide en tres ramas: ontología, teología y cosmología, y ha sido explorada por filósofos desde la antigüedad hasta la modernidad, incluyendo debates sobre el monismo y pluralismo, la naturaleza dinámica o estática de la realidad, y la validez de nuestras percepciones. Filósofos como Spinoza, Descartes, Marx y Nietzsche han aportado diferentes perspectivas sobre la realidad, la existencia y el sentido de la vida.
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TEMA3

La metafísica es la rama de la filosofía que busca comprender los principios y fundamentos de la realidad, abordando preguntas sobre la existencia, la naturaleza de la realidad y la existencia de Dios. Se divide en tres ramas: ontología, teología y cosmología, y ha sido explorada por filósofos desde la antigüedad hasta la modernidad, incluyendo debates sobre el monismo y pluralismo, la naturaleza dinámica o estática de la realidad, y la validez de nuestras percepciones. Filósofos como Spinoza, Descartes, Marx y Nietzsche han aportado diferentes perspectivas sobre la realidad, la existencia y el sentido de la vida.
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TEMA 3.

METAFÍSICA

1. INTRODUCCIÓN

El término «metafísica» viene del griego meta-physis, que significa “después de lo


físico” o “más allá de la naturaleza”, y fue acuñado por el filósofo griego Andrónico de
Rodas (s. I a.C.), un discípulo de Aristóteles que se encargó de ordenar los escritos de
su maestro. Aunque este nombre fue algo casual, lo cierto es que el término tuvo éxito,
ya que con él nos referimos a la rama de la filosofía que va más allá de lo físico al
buscar los principios y el fundamento último de la realidad.

Con buscar el sentido nos referimos a comprender y dotar de significado al mundo.


Así, cuando decimos que algo no tiene sentido es porque no entendemos la relación
entre los conceptos, pareciéndonos absurdo y, por tanto, carente de sentido. La
metafísica, al preguntarse por la realidad, lo que intenta es darle un sentido
cuestionándose, incluso, aquello que va más allá del conocimiento científico. Algunas
de las preguntas que se hace la metafísica son, por ejemplo, ¿qué es el ser?, ¿por qué
hay algo en vez de nada?, ¿la realidad es estática o dinámica?, ¿es real lo que vemos?,
¿la realidad es única o es múltiple?, ¿somos libres o estamos determinados?, ¿existe
Dios?... De este modo, las respuestas de la metafísica cumplen las siguientes
características:

❑ Son radicales: tratan de alcanzar la raíz última de la realidad para poder


explicarla.

❑ Son universales: responden de la forma más completa posible, pues afectan a


todo lo que nos rodea.

❑ Son críticas: cuestionan incluso lo evidente problematizándolo todo.

❑ Son ordenadoras: dan sentido y ordenan la experiencia que tenemos del


mundo.

Podemos dividir la metafísica en tres ramas en función de la dimensión de lo real que


estudia:

METAFÍSICA GENERAL U TEOLOGÍA COSMOLOGÍA


ONTOLOGÍA
El estudio del ser y de las El estudio de Dios. El estudio del mundo
cosas que son, en general. físico en su conjunto.

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2. LAS GRANDES PREGUNTAS DE LA METAFÍSICA

2.1. ¿La realidad es una o múltiple?

a. Filósofos presocráticos

Los orígenes de la filosofía en la antigua Grecia comienzan con la pregunta sobre la


naturaleza de la realidad y si esta es una o múltiple. Así, los conocidos como filósofos
presocráticos trataron de dar una respuesta racional a la pregunta acerca de cuál era
el origen (arjé) de la realidad. Podemos dividir sus respuestas en dos grupos en función
de si creían que el principio era uno (monistas) o varios (pluralistas):

FILÓSOFO ARJÉ ARGUMENTO


Tales de Mileto AGUA Rodea toda la Tierra, es dinámica e
interviene en todos los procesos
vitales.
Anaximandro “APEIRON” Masa indefinida con movimiento que
genera pares de contrarios. Está en
todo lo que conocemos.

Anaxímenes AIRE Resultado de dos procesos:


FILÓSOFOS
rarefacción y condensación. El alma
MONISTAS
también es aire.
Pitágoras NÚMERO Son la condición de posibilidad del
conocimiento. El cosmos se ordena
mediante relaciones numéricas.
Heráclito FUEGO Transforma el resto de los elementos.
Puede crear y destruir. Genera pares
de contrarios que luchan
constantemente. El alma es fuego.
Parménides SER Es uno, eterno, ilimitado e inmóvil. Es
la vía de la verdad: el ser es y es
imposible que no sea.

2
FILÓSOFO ARJÉ ARGUMENTO
Empédocles 4 ELEMENTOS Lo vivo se genera a partir de la
(Aire, Tierra, Fuego unión de los 4 elementos; la
y Agua) corrupción cuando estos se
separan.
FILÓSOFOS Anaxágoras “NOUS” Principio inteligente y causa
PLURALISTAS eficiente del movimiento de las
homeomerías, que es de lo que
está hecho todo lo que existe.
Demócrito y ÁTOMOS Partículas indivisibles que
Leucipo componen todo lo que existe.

b. Filósofos modernos

La problemática metafísica en torno a la realidad y a cómo esta es continúa durante la


modernidad. Entre los filósofos que plantearon sus visiones al respecto, podemos
destacar tres: Spinoza, Descartes y Berkeley.

La metafísica de Baruch Spinoza, filósofo racionalista del siglo XVII, da mucha


importancia al concepto de «sustancia», la cual concibe como aquello que existe por sí
mismo. Para Spinoza solo existe una única sustancia: Dios, que coincide con la
totalidad de todo lo que existe, esto es, con la naturaleza. Esta sustancia tiene infinitos
atributos diferentes y los seres humanos solo somos capaces de captar dos: el
pensamiento y la extensión. Si percibimos esto como dos cosas distintas es porque
nuestro entendimiento es limitado. Para Spinoza, todos los seres de la realidad sienten
un impulso que les empuja a continuar existiendo, a lo que el filósofo denomina
«conatus». La metafísica de Spinoza, por lo tanto, sería una ontología monista (solo
existe una única sustancia).

Otro pensador racionalista es René Descartes (s. XVII). El concepto de sustancia


también es importante en la metafísica cartesiana, la cual define como “aquello que
existe por sí mismo y que, aparte de Dios, no necesita de nada más para existir”. Para
Descartes la realidad se compone de 3 sustancias:

❑ Res cogitans: se identifica con la conciencia, al yo o el alma. Es la capacidad


para pensar, imaginar, sentir, dudar o desear.

❑ Res infinita: se identifica con Dios, el único ser que existe por sí mismo. Lo que
caracteriza a Dios es su infinitud, es un ser perfecto que no experimenta
cambios.

❑ Res extensa: se identifica con la materia, el mundo. Lo que caracteriza a esta


sustancia es la extensión, pues todo lo material ocupa un espacio.

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Para Descartes, influido por la ciencia de su época, la naturaleza está sometida a
leyes fijas e inamovibles, por tanto, el mundo físico se puede determinar con precisión
y seguridad. Así, el universo se entiende como una máquina, donde toda la naturaleza
se comporta de forma mecánica y determinista.

2.2. ¿La realidad es estática o dinámica?

De todos los pensadores presocráticos que hemos visto en el punto anterior, fueron
Parménides y Heráclito los dos que más influyeron en la cuestión sobre el estatismo o
el dinamismo de la realidad. Mientras que para Parménides la realidad es el Ser, que
se caracterizaba por ser único, inmóvil, eterno e inmutable, para Heráclito la
realidad es cambiante y sentenciará que «todo fluye, nada permanece», llegando a
decir que no podemos bañarnos dos veces en el mismo río. Platón defenderá el
modelo estático de Parménides, mientras que Aristóteles defenderá la postura de
Heráclito y el dinamismo de la realidad.

a. Platón: el dualismo ontológico y el mito de la caverna

Platón defiende que la realidad está compuesta de dos mundos: el mundo sensible y el
mundo inteligible o de las ideas:

MUNDO INTELIGIBLE MUNDO SENSIBLE

- Está compuesto de ideas, que son - Es el mundo de la apariencia, por lo


los modelos perfectos de todo lo que no puede ofrecernos un
que existe en el mundo sensible. conocimiento verdadero.
- Las ideas tienen las características - Se caracteriza por ser cambiante y
del Ser de Parménides: son eternas, estar en continuo devenir.
inmutables, únicas. - En él se encuentran las copias del
- Es el mundo verdadero, el único que mundo inteligible.
puede ofrecernos un conocimiento
verdadero de la realidad.

Esta división de la realidad en dos mundos permite a Platón conciliar la teoría de


Parménides y la de Heráclito, aunque priorizando siempre la visión parmenídea de que
lo verdadero no puede cambiar porque la verdad se entiende como algo objetivo, fijo, e
invariable en el tiempo.

Platón plasma esta concepción de la realidad en el conocido mito o alegoría de la


caverna. En él relata la existencia de una caverna que tiene encerrados en su interior
a varios prisioneros que se encuentran encadenados a un muro, de manera que solo
pueden ver unas sombras proyectadas en la pared que tienen enfrente. Para ellos, la
verdad es aquello que ven en la pared, y nada más. Esto representa el mundo sensible

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para Platón. Sin embargo, un día un prisionero se libera de las cadenas y consigue
escapar de la caverna. Cuando sale al exterior se da cuenta de que todo lo que hay
dentro de la caverna es mentira, y que la verdadera realidad se encuentra fuera de ella.
Todo lo que hay fuera de la caverna representa el mundo inteligible.

b. Aristóteles: la teoría hilemórfica y la teoría de la potencia y el acto

Aristóteles, al contario que Platón, entiende que la realidad es dinámica. Rechaza la


existencia del mundo de las ideas de Platón y propone lo que se denomina la teoría
hilemórfica, que es aquella que afirma que los seres están compuestos de dos
elementos: la materia y la forma. La forma en Aristóteles es lo que para Platón eran las
ideas, es decir, es aquello que define a las cosas y que permite que podamos
conocerlas. Por lo tanto, lo que para Platón estaba en el mundo de las ideas (ideas)
para Aristóteles se encuentra en este único mundo, el mundo sensible
(forma/esencia). La materia y la forma son inseparables: no hay materia sin forma, ni
forma sin materia.

Parménides y Platón trataron de justificar la imposibilidad del cambio de la realidad,


pero Aristóteles añade algo novedoso que le permite explicar el cambio desde otro
enfoque. Aristóteles dice que lo que es (la sustancia) puede ser de muchas maneras, y
que esto no implica que necesariamente la sustancia cambie y se convierta en otra cosa
totalmente distinta (que cambie su esencia). Así, para poder explicar el cambio y
hacerlo comprensible distingue dos tipos de seres:

❑ Ser en acto: aquel que es lo que está siendo en este determinado momento.

❑ Ser en potencia: aquel que no es, pero que puede llegar a ser.

En definitiva, para Aristóteles las cosas no son simplemente lo que están siendo en el
momento (ser en acto), sino que también pueden llegar a ser aquello que les permita su
naturaleza (ser en potencia). Por ejemplo, una semilla sería en potencia un árbol;
todavía no lo es en acto, pero puede llegar a serlo. El cambio se define, por tanto, como
el paso de la potencia al acto. Es importante señalar que el cambio en la filosofía
aristotélica tiene una explicación teleológica (telos = fin), es decir, todo lo que cambia,
cambia por algún motivo. Todo tiene siempre una finalidad.

c. El materialismo histórico y la transmutación de los valores

A partir del siglo XIX, varios pensadores empiezan a romper con toda la tradición
metafísica anterior, dualista e idealista que consideraba que la razón era todopoderosa,
y sostienen que lo realmente importante es lo material y que la realidad es cambiante.
Nos vamos a centrar en las propuestas de Marx y Nietzsche.

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Karl Marx, filósofo alemán del siglo XIX, es uno de los principales representantes del
materialismo, doctrina metafísica que afirma que solo existe un tipo de realidad: la
material, y que niega que existan las realidades inmateriales (alma, Dios que habían
defendido los filósofos idealistas.

Concretamente, la teoría de Marx se denomina «materialismo histórico». Esta es un


modo de entender el ser humano como un ser material cuya esencia consiste en
producir en la sociedad las condiciones en las que tiene que desarrollar su vida, a través
de la transformación de la naturaleza mediante el trabajo para obtener un producto
con el que satisfacer sus necesidades.

Las ideas en Marx se identifican con la ideología, la cual podemos definir como el
conjunto de creencias que la clase social dominante (burguesía) impone en una época
histórica y que generan una concepción falsa de la realidad para mantener sus
privilegios. Para explicar la organización de la sociedad, Marx utiliza dos conceptos:
supraestructura (ideología (creencias, cultura, leyes, religión…) que mantiene los
intereses de las clases dominantes), y la infraestructura (base material de la sociedad
que da como resultado un modo de producción (esclavismo, feudalismo y
capitalismo)).

El conflicto entre los intereses de la clase dominante (burguesía) y la clase oprimida


(proletariado) desemboca en una lucha de clases que, para Marx, es el motor de la
historia y, por tanto, lo que da dinamismo a la realidad.

Por su parte, Friedrich Nietzsche (s. XIX) rechaza el dualismo ontológico y el poder de
la razón proponiendo una «transmutación de los valores». Con el platonismo y el
cristianismo lo que se valoraba eran las ideas-Dios, esto es, aquello que quedaba fuera
del mundo sensible, pero Nietzsche propone darle valor a lo que sucede en este mundo,
esto es, la vida. Su filosofía recibe el nombre de «vitalismo», pues entiende que hay que
vivir una vida terrenal, sin la mirada puesta en otra vida en el más allá que condicione
nuestras acciones aquí.

Con la «muerte de Dios», para el filósofo acaban las ideas que daban sentido al mundo,
dejando un vacío («nihilismo») al que tenemos que aprender a enfrentarnos,
proponiéndonos crear nuestros propios valores para recuperar el sentido de la vida.

2.3. ¿Es real lo que vemos?

A partir del mito de la caverna de Platón queda inaugurada la pregunta sobre si el


mundo es, en realidad, tal y como lo vemos. Las sombras que veían los prisioneros en
la caverna representan para Platón el mundo sensible en el que solo hay apariencias
(todo son copias del mundo de las ideas). El exterior, por el contrario, representa la
verdadera realidad, solo accesible al entendimiento.

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En el siglo XVII, Descartes hereda de Platón este dualismo entre realidad y apariencia.
Puesto que a veces los sentidos nos engañan, Descartes empieza a dudar de todo. En
este punto es cuando crea la «hipótesis del genio maligno», en la que postula
existencia de un ser que intenta engañarle constantemente, incluyendo los
pensamientos, razonamientos e ideas más evidentes.

En el siglo XX podemos encontrar una versión actualizada de la hipótesis del genio


maligno cartesiana, llevada a cabo por el filósofo Hilary Putnam y su experimento
mental del “cerebro en una cubeta”. Este dice que una persona no puede afirmar con
pruebas que no sea un cerebro en una cubeta colocado por un “científico loco”. Este
transmitiría imágenes mediante cables al cerebro, a través del cual nosotros veríamos
la realidad, es decir, todo lo que percibimos y que creemos que es verdadero. Una
película que ejemplifica muy bien este experimento mental es Matrix, en la que Neo, el
protagonista, descubre que la realidad en la que vive es una simulación generada por
máquinas.

El alcance de esta problemática llega hasta la actualidad donde incluso las cosas que
parecen más evidentes y veraces son, en ocasiones, mentira o bulos: fake news,
deepfake, imágenes y voces generadas por inteligencia artificial, etc.

2.4. ¿Existe Dios?

El debate que genera la distinción entre esencia y existencia conduce en el medievo a


diferenciar entre dos tipos de seres: el ser necesario y el ser contingente:

❑ El ser necesario es aquel cuya esencia coincide con la existencia. En este


sentido, el ser necesario no puede no existir, porque su propia esencia implica
su existencia en el mundo.

❑ El ser contingente es aquel cuya esencia no coincide con la existencia, de


modo que su existencia en el mundo es probable, pero no necesaria. El ser
contingente puede existir o no.

Esta diferenciación entre los seres se aplicó en la época medieval a la doctrina cristiana
en la que el ser necesario se identifica con Dios y los seres contingentes son la
creación. Así, tal y como afirma el cristianismo, Dios es el único capaz de darse a sí
mismo su propia existencia, y a través de su voluntad decide crear el mundo, que podría
no existir si Dios así lo hubiera querido.

Ahora bien, asumir que existe un ser todopoderoso que ha creado el mundo es algo
difícil de mantener, y el debate acerca de la existencia de Dios es algo de lo que la
metafísica también se ha ocupado a lo largo de la historia de la filosofía. Podemos
distinguir cuatro posturas dentro de la actitud que tengamos respecto a la existencia
de Dios:

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TEÍSMO Defiende la existencia de un Dios personal, sobrenatural,
trascendente y todopoderoso que gobierna la naturaleza.
Algunos pensadores que defienden esta visión son Agustín de
Hipona y Tomás de Aquino.
PANTEÍSMO Defiende que Dios es toda la naturaleza (está en todas las cosas
del mundo), por lo que niega su trascendencia y su concepción
personal. Un pensador muy cercano al panteísmo es Spinoza.
ATEÍSMO Defiende que Dios y cualquier ser sobrenatural no existe, pues
no hay nada más allá de la naturaleza (o del mundo físico).
Algunos pensadores que defienden esta visión son Marx,
Nietzsche y Sartre.
AGNOSTICISMO No se posicionan en el debate en torno a la existencia de Dios
porque entienden que la razón humana no puede resolver esta
cuestión. Algunos pensadores que defienden esta visión son
Sexto Empírico (s. II a.C.), Hume o Russell (s. XIX).

Dentro de los filósofos que han defendido la existencia de Dios podemos encontrar
dos modos distintos de hacerlo: o bien argumentando su existencia a priori o bien
argumentándola a posteriori:

❑ Argumentos a priori: son aquellos que no se basan ni en la experiencia ni en


el mundo (la creación) para probar la existencia de Dios. Justifican su existencia
basándose únicamente en la propia noción de Dios (Dios = existencia → Dios
existe). Este tipo de argumentaciones parten de la noción de ser necesario.
Algunos filósofos que defienden la existencia de Dios a priori son Anselmo de
Canterbury (s. XI) o Descartes (s. XVII).

❑ Argumentos a posteriori: son aquellos que parten de la experiencia para


justificar su existencia. En este sentido, se basan en los efectos que produce
Dios, es decir, en la creación. Miran al mundo y argumentan la existencia de Dios
a través de él, pues para estos filósofos hay que buscar la causa de los efectos
del mundo, y esta causa solo puede ser Dios. Este tipo de argumentaciones
parten de la noción de ser contingente. Uno de los filósofos más destacados
en la Edad Media que ha defendido a Dios con argumentos basados en la
experiencia ha sido Tomás de Aquino a través de las denominadas cinco vías.

2.5. ¿Somos libres o estamos determinados?

De existir Dios nos dirigimos a un debate mayor donde lo que se pone en juego es la
libertad del ser humano frente al determinismo. Esta problemática se plantea sobre
todo a partir de la Edad Media: si todo depende de la voluntad de Dios, ¿el ser humano
es libre de actuar o está sujeto a la Providencia divina?

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Entre los pensadores que defienden la libertad del ser humano encontramos:

❑ Agustín de Hipona y Tomás de Aquino. Ambos pensadores creen que el ser


humano es libre de decidir cómo actuar. Según ellos, Dios dota al ser humano
de libre albedrío, para que libremente puedan decidir si actuar bien o mal. Así,
en función de sus acciones, Dios les premiará o castigará en la otra vida.

❑ Dentro de la Edad Moderna también existen filósofos que defienden la libertad


del ser humano. Es el caso del pensador alemán Immanuel Kant (s. XVIII), que
entiende que el ser humano tiene una parte fenoménica, sujeta a las leyes físicas
de la naturaleza, la cual correspondería al cuerpo, y otra nouménica, la
voluntad, que no está sujeta y que le permite actuar libremente en el mundo.
Por tanto, el ser humano es más libre que determinado.

❑ En la época contemporánea Jean-Paul Sartre, como vimos, también defendía la


libertad del ser humano, aunque desde una perspectiva atea. Dado que el ser
humano no tiene una esencia fija ni predeterminada, sino que está obligado a
ser libre, y recurrir a Dios y a su voluntad sería la consecuencia de no asumir la
responsabilidad de nuestras acciones.

En cuanto a las teorías que defienden que el ser humano no es libre, sino que está
determinado encontramos:

❑ Para B. Spinoza (s. XVII), Dios es la única sustancia que existe y que es
verdaderamente libre. Dios está en todo lo que existe en el mundo, y todo existe
por su voluntad. El ser humano, al ser una manifestación divina, cuando
actúa no lo hace libremente, sino que es Dios quien actúa a través de él. De
hecho, alcanzar la verdad para Spinoza significa hacernos conscientes de que
no somos libres.

❑ B. F. Skinner y J. B. Watson (s. XX): ambos defienden que el ser humano no es


libre porque está condicionado desde que nace por la educación que recibe. A
esto se le conoce como conductismo. Todas las acciones que hace el ser
humano están condicionadas.

❑ Por otra parte, existe un conjunto de teorías que defienden que el ser humano
está determinado por sus genes, y que su comportamiento obedece a la
supervivencia de estos. A esto se le conoce como determinismo biológico o
genético. Un autor reconocido de esta teoría es el etólogo Richard Dawkins (s.
XX), el cual defiende que los seres vivos son máquinas de supervivencia de
nuestros genes.

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2.6. ¿Qué son el tiempo y el espacio?

Como hemos indicado, en la Época Contemporánea se concibe la realidad como algo


sujeto al cambio y al devenir. No obstante, algunos filósofos anteriores ya tenían esta
concepción como es el caso de Heráclito o Aristóteles. El problema filosófico acerca
del cambio está muy ligado a la difícil cuestión de aclarar qué es exactamente el
tiempo. Desde los inicios de la filosofía, numerosos pensadores se han planteado esta
pregunta que aún hoy sigue intrigándonos.

Pero ¿qué es el tiempo? ¿Existe fuera de nosotros o es una forma que tenemos de medir
los cambios? Diferentes filósofos han respondido a estas cuestiones desde diferentes
puntos de vista.

ARISTÓTELES Define el tiempo de manera objetiva: para que haya tiempo tiene que
(s. IV a. C.) haber movimiento. El tiempo se entiende como la medida del
movimiento según un antes y un después, de modo que Aristóteles
vincula la existencia del tiempo con el cambio.
AGUSTÍN DE El tiempo es subjetivo. El tiempo es una distensión del alma, esto
HIPONA (s. III es, una experiencia subjetiva vinculada al modo que tenemos de
d.C.) recordar el pasado, de vivir el presente y de anticipar el futuro. Es en
el alma donde experimentamos el tiempo: usamos la memoria para
medir el pasado, la expectación para medir el futuro y la atención
para medir el presente.
ISAAC Defiende la existencia objetiva de un tiempo universal que
NEWTON (s. transcurre de la misma manera en todas partes. Este es absoluto e
XVIII) independiente de los cuerpos y el movimiento. Las medidas de los
astrónomos y relojeros (la hora, el día, el mes y el año) no son el
verdadero tiempo.
IMMANUEL Para Kant, aunque necesitamos la experiencia para conocer, no todo
KANT (s. XVIII) lo que conocemos procede de ella, sino que existen unas formas a
priori, que son el espacio y el tiempo, independientes de la
experiencia porque vienen de nuestra propia manera de conocer.
Todas las sensaciones se dan en el espacio y en el tiempo.
ALBERT Para Einstein, no existe el tiempo y el espacio absolutos, sino
EINSTEIN (s. relativos, pues depende del sistema de observación de los cuerpos
XX) en movimiento.
HENRI Para este filósofo es importante distinguir entre tiempo y duración. El
BERGSON (s. tiempo es aquello que miden los relojes, que transcurre de manera
XX) homogénea y constante. Es objetivo.
La duración, en cambio, es una experiencia subjetiva, es un “tiempo
interior” en el que las personas vivimos nuestras experiencias. Este
tiempo es heterogéneo y formado por instantes irrepetibles, pues no
lo experimentamos siempre de la misma manera.

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MARTIN Distingue entre dos tipos de temporalidad: por un lado, el sentido
HEIDEGGER ordinario de tiempo (cuantificable, medible con un reloj), y, por otro
(s. XX) lado, la conciencia de sabernos finitos y mortales. De lo que se
trata es de vivir una vida serena sabiendo que vamos a morir.

3. ¿EL FIN DE LA METAFÍSICA?

Al comparar la historia de la metafísica con la de las ciencias como la física o la biología,


vemos que mientras estas han realizado grandes avances en sus investigaciones, la
metafísica, sin embargo, parece estar anclada en las mismas problemáticas de
siempre.

3.1. Las críticas a la metafísica

El primer filósofo en detectar que la metafísica no avanzaba como el resto de las


ciencias fue David Hume (s. XVIII). Este se subscribe a la corriente epistemológica
empirista que afirma que el conocimiento solo puede adquirirse a través de la
experiencia. Para Hume, como no tenemos experiencias sensibles de los objetos de
estudio de la metafísica (Dios, alma, el yo, la esencia, las ideas, etc.) concluye que el
conocimiento metafísico es imposible. Para él, por tanto, la metafísica no tiene
sentido.

Más tarde, Immanuel Kant (s. XVIII) retomará esta problemática comparando la
metafísica con la física y las matemáticas, y concluyendo que aquella (la metafísica)
jamás podrá convertirse en una ciencia como las demás. Sin embargo, a diferencia
de Hume, Kant le da un gran valor y utilidad a la metafísica, pues aunque no podamos
obtener un conocimiento teórico sobre temas como Dios o el alma humana, sí será útil
para orientar nuestras acciones en la dirección correcta. De hecho, su ética estará
basada en la existencia de Dios, la libertad y la inmortalidad del alma. Además, el ser
humano no puede dejar de preguntarse por estas cuestiones trascendentales, pues es
parte de la naturaleza humana.

Aunque Kant intentó salvar los objetos de estudio de la metafísica en el ámbito práctico
(la ética), posteriormente otros filósofos continuarían el ataque contra esta disciplina.
En el siglo XIX, Auguste Comte, precursor del positivismo, toma el relevo postulando
que la humanidad ha atravesado tres etapas:

❑ Estadio religioso: los seres humanos respondían al por qué de las cosas a través
de los mitos y deidades.

❑ Estadio metafísico: las respuestas a las mismas preguntas son contestadas,


ahora, con conceptos abstractos fruto de la razón humana.

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❑ Estadio científico o positivo: la pregunta ahora se centra en el cómo y las
respuestas consisten en leyes y teorías científicas.

En este sentido, la metafísica es un tránsito hacia un estadio superior y que ya ha


quedado atrás.

En el siglo XX la metafísica también encuentra detractores en filósofos como Ludwig


Wittgenstein, quien afirmó que los enunciados metafísicos carecían de significado,
pues un enunciado tiene sentido cuando puede comprobarse. Para él, el mundo está
compuesto por hechos y el lenguaje sirve para describirlos (por ejemplo: “La mesa es
verde”). Un enunciado como “Dios es bueno”, no tiene sentido porque no lo podemos
comprobar. Para Wittgenstein, lo mejor es abandonar la metafísica y confiar solo en el
saber científico.

3.2. ¿Tiene sentido hoy la metafísica?

Después de todo lo que hemos visto a lo largo de este tema, podemos preguntarnos si
la metafísica tiene sentido para nosotros en la actualidad. Lo cierto es que hay
pensadores que defienden que la metafísica es un saber que puede ayudarnos a
comprender nuestra propia vida y el mundo que nos rodea. De hecho, hoy más que
nunca es pertinente preguntarnos si lo que vemos en redes sociales o en los medios
de comunicación de masas es real, si podemos crear mundos nuevos (virtuales), si
somos libres o no en una sociedad consumista y vigilada, si podemos decir de algo
que es verdadero, etc.

Al fin y al cabo, para muchos algo que nos identifica como seres humanos es la
capacidad y la inquietud para preguntarnos por el sentido de nuestra vida y de la
realidad que nos rodea.

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