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Los G-Neros Literarios

Los géneros literarios se dividen en narrativo, dramático y lírico, cada uno con características específicas que permiten la clasificación de los textos. El cuento realista busca reflejar la realidad a través de relatos creíbles, mientras que el cuento policial clásico presenta un misterio que se resuelve mediante la lógica. Ambos subgéneros utilizan recursos narrativos y estructuras que enriquecen la experiencia del lector.

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Los G-Neros Literarios

Los géneros literarios se dividen en narrativo, dramático y lírico, cada uno con características específicas que permiten la clasificación de los textos. El cuento realista busca reflejar la realidad a través de relatos creíbles, mientras que el cuento policial clásico presenta un misterio que se resuelve mediante la lógica. Ambos subgéneros utilizan recursos narrativos y estructuras que enriquecen la experiencia del lector.

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LOS GÉNEROS LITERARIOS

De acuerdo con la estructura que presentan y el contenido que desarrollan, los textos literarios se
organizan en tres grandes géneros:

 Género narrativo. Reúne los textos que tienen como eje una historia, su marco y sus personajes,
organizados en un relato. Como parte de este gran género, encontramos los mitos y las leyendas, los
cuentos policiales y realistas, los cuentos fantásticos, los cuentos maravillosos, las novelas, entre otros.
 Género dramático. Reúne textos pensados tanto para ser leídos como para ser representados. Por eso
incluye características textuales que facilitan la puesta en escena, como toda obra teatral.
 Género lírico. Reúne textos centrados en la transmisión de emociones, sentimientos y percepciones a
través de un uso muy trabajado del lenguaje, focalizado en sus sonidos y sus significados. Es el género
comúnmente denominado poesía. Gran parte de estos textos están escritos en verso, aunque también
podemos hablar de prosa poética.

Estos géneros nos permiten armar un panorama general del mundo literario. Sin embargo, a la hora de
analizar una obra debemos tener en cuenta también el subgénero al que pertenece, y los cruces entre
géneros que puede presentar. De esta manera, podemos encontrarnos con poesías narrativas, policiales
humorísticos, obras de teatro realistas, etc.

EL CUENTO REALISTA

El relato realista es un subgénero narrativo que busca poner la realidad frente a l os ojos del lector. Para
lograrlo presenta hechos que podrían suceder en la vida real o formar parte del mundo tal como lo
conocemos.

LOS RECURSOS DEL RELATO REALISTA

Para que el relato se asemeje a la realidad del autor y sea, por lo tanto, creíble para e l lector, se utilizan
distintos recursos.

AMIGOS POR EL VIENTO, CUENTO DE LILIANA BODOC

1
A veces, la vida se comporta como un viento: Habían pasado varios años desde aquel viento que
desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le se llevó a papá. En casa ya estaban reparados los
entiende. A su paso todo peligra; hasta lo que daños. Los huecos de la biblioteca fueron
tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las ocupados con nuevos libros. Y hacía mucho que yo
costumbres cotidianas. no encontraba gotas de llanto escondidas en los
jarrones, disimuladas como estalactitas en el
Cuando la vida se comporta de ese modo, se nos
congelador, disfrazadas de pedacitos de cristal.
ensucian los ojos con los que vemos. Es decir, los
«Se me acaba de romper una copa», inventaba
verdaderos ojos. A nuestro lado, pasan papeles
mamá, que, con tal de ocultarme su tristeza, era
escritos con una letra que creemos reconocer. El
capaz de esas y otras asombrosas hechicerías.
cielo se mueve más rápido que las horas. Y lo peor
es que nadie sabe si, alguna vez, regresara la Ya no había huellas de viento ni de llantos. Y
calma. justo cuando empezábamos a reírnos con ganas y
a pasear juntas en bicicleta, apareció un tal
Así ocurrió el día que se papá se fue de casa. La
Ricardo y todo volvía a peligrar.
vida se nos transformó en viento casi sin dar
aviso. Yo recuerdo la puerta que se cerró detrás Mamá sacó las cocadas del horno. Antes del
de su sombra y sus valijas. También puedo viento, ella las hacía cada domingo. Después
recordar la ropa reseca sacudiéndose al sol pareció tomarle rencor a la receta, porque se
mientras mamá cerraba las ventanas para que, molestaba con la sola mención del asunto. Ahora,
adentro y adentro, algo quedara en su sitio. el tal Ricardo y su Juanjo habían conseguido que
volviera a hacerlas. Algo que yo no pude
– Le dije a Ricardo que viniera con su hijo. ¿Qué
conseguir.
te parece?
– Me voy a arreglar un poco – dijo mamá
– Me parece bien – mentí.
mirándose las manos. – Lo único que falta es que
Mamá dejó de pulir la bandeja, y me miró: lleguen y me encuentren hecha un desastre.

– No me lo estás diciendo muy convencida… – ¿Qué te vas a poner? – le pregunté en un


supremo esfuerzo de amor.
– Yo no tengo que estar convencida.
– El vestido azul.
– ¿Y eso que significa? – preguntó la mujer que
más preguntas me hizo en mi vida. Mamá salió de la cocina, la gata regresó a su
canasto. Y yo me quedé sola para imaginar lo que
Me vi obligada a levantar los ojos del libro:
me esperaba.
– Significa que es tu cumpleaños, y no el mío –
Seguramente, ese horrible Juanjo iba a devorar
respondí.
las cocadas. Y los pedacitos de merengue
La gata salió de su canasto, y fue a enredarse quedarían pegados en los costados de su boca.
entre las piernas de mamá. También era seguro que iba a dejar sucio el jabón
cuando se lavará las manos. Iba a hablar de su
Que mamá tuviera novio era casi insoportable. perro con tal de desmerecer a mi gata.
Pero que ese novio tuviera un hijo era una
verdadera amenaza. Otra vez, un peligro rondaba Pude verlo por mi casa transitando con los
mi vida. Otra vez había viento en el horizonte. cordones de las zapatillas desatados, tratando de
anticipar la manera de quedarse con mi
– Se van a entender bien – dijo mamá -. Juanjo
dormitorio. Pero, aún más que ninguna otra cosa,
tiene tu edad.
me aterró la certeza de que sería uno de esos
La gata, único ser que entendía mi desolación, chicos que, en vez de hablar, hacen ruidos:
salto sobre mis rodillas. Gracias, gatita buena. frenadas de autos, golpes en el estómago, sirenas
de bomberos, ametralladoras y explosiones.

2
– ¡Mamá! – grité pegada a la puerta del baño. Pero mi rabia no se conformó con eso:

– ¿Qué pasa? – me respondió desde la ducha. – ¿Y cómo fue? – volví a preguntar.

– ¿Cómo se llaman esas palabras que parecen Esta vez, entrecerró los ojos.
ruidos?
Yo esperaba oír cualquier respuesta, menos la que
El agua caía apenas tibia, mamá intentaba llegó desde su voz cortada.
comprender mi pregunta, la gata dormía y yo
– Fue… fue como un viento – dijo.
esperaba.
Agaché la cabeza, y dejé salir el aire que tenía
– ¿Palabras que parecen ruidos? – repitió.
guardado. Juanjo estaba hablando del viento,
– Sí. – Y aclaré -: Plum, Plaf, Ugg… ¿sería el mismo que pasó por mi vida?

¡Ring! – ¿Es un viento que llega de repente y se mete en


todos lados? – pregunté.
– Por favor – dijo mamá -, están llamando.
– Sí, es ese.
No tuve más remedio que abrir la puerta.
– ¿Y también susurra…?
– ¡Hola! – dijeron las rosas que traía Ricardo.
– Mi viento susurraba – dijo Juanjo -. Pero no
– ¡Hola! – dijo Ricardo asomado detrás de las
entendí lo que decía.
rosas.
– Yo tampoco entendí. – Los dos vientos se
Yo miré a su hijo sin piedad. Como lo había
mezclaron en mi cabeza.
imaginado, traía puesta una remera ridícula y un
pantalón que le quedaba corto. Pasó un silencio.

Enseguida, apareció mamá. Estaba tan linda como – Un viento tan fuerte que movió los edificios –
si no se hubiese arreglado. Así le pasaba a ella. Y dijo él -. Y eso que los edificios tienen raíces…
el azul les quedaba muy bien a sus cejas espesas.
Pasó una respiración.
– Podrían ir a escuchar música a tu habitación –
– A mí se me ensuciaron los ojos – dije.
sugirió la mujer que cumplía años, desesperada
por la falta de aire. Y es que yo me lo había Pasaron dos.
tragado todo para matar por asfixia a los
– A mí también.
invitados.
– ¿Tu papá cerró las ventanas? – pregunté.
Cumplí sin quejarme. El horrible chico me siguió
en silencio. Me senté en una cama. Él se sentó en – Sí.
la otra. Sin dudas, ya estaría decidiendo que el
– Mi mamá también.
dormitorio pronto sería de su propiedad. Y yo
dormiría en el canasto, junto a la gata. – ¿Por qué lo habrán hecho? – Juanjo parecía
asustado.
No puse música porque no tenía nada que
festejar. Aquel era un día triste para mí. No me – Debe de haber sido para que algo quedara en su
pareció justo, y decidí que también él debía sitio.
sufrir. Entonces, busqué una espina y la puse
entre signos de preguntas: A veces, la vida se comporta como el viento:
desordena y arrasa. Algo susurra, pero no se le
– ¿Cuánto hace que se murió tu mamá? entiende. A su paso todo peligra; hasta aquello

Juanjo abrió grandes los ojos para disimular algo. que tiene raíces. Los edificios, por ejemplo. O las
costumbres cotidianas.
– Cuatro años – contestó.

3
– Si querés vamos a comer cocadas – le dije. Porque Juanjo y yo teníamos un viento en común.
Y quizás ya era tiempo de abrir las ventanas.

EL POLICIAL CLÁSICO

El cuento policial clásico o de enigma plantea un misterio que se debe resolver por medio de la lógica y que
culmina con el conocimiento de la verdad. En este sentido, narra sucesos relacionados con la investigación
de un delito y la posterior explicación de los hechos o resolución.

Los elementos propios del policial clásico son los siguientes.

UN ENIGMA, DOS RELATOS

El cuento policial se caracteriza por presentar dos historias paralelas: la historia de un crimen en sí
mismo (qué ocurrió) y la historia de la investigación (cómo el detective resuelve el caso). Por ejemplo, en
“Nido de avispas” la historia de la investigación es la de Hércules Poirot, que visita a Harrison y conversa,
entre otras cosas, sobre el nido de avispas y Claude Langton; la historia del crimen es la que se
reconstruye durante el proceso de la investigación: Langton comprando veneno en la farmacia, su vieja
historia de amor con Molly Deane y la visita de Harrison al médico.

La historia del crimen siempre sucede antes de que el detective entre en acción. Por eso, suelen aparecer
recuerdos y relatos de eventos ocurridos en el pasado, antes de la acción principal.
4
Esas dos historias terminan por unirse cuando se resuelve el caso y se descubre al culpable.

INFORMANTES E INDICIOS

Todos los relatos presentan informantes o datos que brindan una información precisa y directa sobre los
personajes y el espacio y el tiempo en que transcurren los hechos. Por ejemplo, la descripción de Harrison
y el cuidado que le dedica a su jardín.

Además, existe otra clase de datos, los indicios o pistas que el lector debe descifrar para acceder a una
interpretación más profunda. Por ejemplo, cuando Poirot dice que prefiere que su amigo Harrison pregunte
qué tipo de crimen está investigando, sus palabras funcionan como un llamado de atención y revelan parte
de los que piensa el detective, lo que solo se conocerá al final del relato.

NIDO DE AVISPAS, CUENTO DE AGATHA CHRISTIE

John Harrison salió de la casa y se quedó un plañidera mientras le servían -. ¡Cáspita, mis
momento en la terraza de cara al jardín. Era un bigotes están lacios! Debe de ser el calor.
hombre alto de rostro delgado y cadavérico. No
-¿Qué le trae a este tranquilo lugar? -preguntó
obstante, su aspecto lúgubre se suavizaba al
Harrison mientras se acomodaba en otro sillón -.
sonreír, mostrando entonces algo muy atractivo.
¿Es un viaje de placer?
Harrison amaba su jardín, cuya visión era
-No, mon ami; negocios.
inmejorable en aquel atardecer de agosto,
soleado y lánguido. Las rosas lucían toda su -¿Negocios? ¿En este apartado rincón?
belleza y los guisantes dulces perfumaban el aire.
Poirot asintió gravemente.
Un familiar chirrido hizo que Harrison volviese la
-Sí, amigo mío; no todos los delitos tienen por
cabeza a un lado. El asombro se reflejó en su
marco las grandes aglomeraciones urbanas.
semblante, pues la pulcra figura que avanzaba por
Harrison se rio.
el sendero era la que menos esperaba.
-Imagino que fui algo simple. ¿Qué clase de delito
-¡Qué alegría! -exclamó Harrison-. ¡Si es
investiga usted por aquí? Bueno, si puedo
Monsieur Poirot!
preguntar.
En efecto, allí estaba Hécules Poirot, el sagaz
-Claro que sí. No solo me gusta, sino que también
detective.
le agradezco sus preguntas.
-Yo en persona. En cierta ocasión me dijo: "Si
Los ojos de Harrison reflejaban curiosidad. La
alguna vez se pierde en aquella parte del mundo,
actitud de su visitante denotaba que le traía allí
venga a verme." Acepté su invitación, ¿lo
un asunto de importancia.
recuerda?
-¿Dice que se trata de un delito? ¿Un delito
-Me siento encantado -aseguró Harrison
grave?
sinceramente-. Siéntese y beba algo.
-Uno de los más graves delitos.
Su mano hospitalaria le señaló una mesa en el
pórtico, donde había diversas botellas. -¿Acaso un...?

-Gracias -repuso Poirot dejándose caer en un -Asesinato -completó Poirot.


sillón de mimbre -.¿Por casualidad no tiene
Tanto énfasis puso en la palabra que Harrison se
jarabe? No, ya veo que no. Bien, sírvame un poco
sintió sobrecogido. Y por si esto fuera poco las
de soda, por favor whisky no -su voz se hizo
pupilas del detective permanecían tan fijamente

5
clavadas en él, que el aturdimiento le invadió. Al -¡Ah! -exclamó Poirot -. ¿Y cómo piensa hacerlo?
fin pudo articular:
-Con petróleo rociado con un inyector de jardín.
-No sé qué haya ocurrido ningún asesinato aquí. Traerá el suyo que es más adecuado que el mío.

-No -dijo Poirot-. No es posible que lo sepa. -Hay otro sistema, ¿no? -preguntó Poirot -. Por
ejemplo, cianuro de potasio.
-¿Quién es?
Harrison alzó la vista sorprendido.
-De momento, nadie.
-¡Es peligroso! Se corre el riesgo de su fijación
-¿Qué?
en la plantas.
-Ya le he dicho que no es posible que lo sepa.
Poirot asintió.
Investigo un crimen aún no ejecutado.
-Sí; es un veneno mortal -guardó silencio un
-Veamos, eso suena a tontería.
minuto y repitió -: Un veneno mortal.
-En absoluto. Investigar un asesinato antes de
-Útil para desembarazarse de la suegra,
consumarse es mucho mejor que después.
¿verdad? -se rió Harrison. Hércules Poirot
Incluso, con un poco de imaginación, podría
permaneció serio.
evitarse.
-¿Está completamente seguro, Monsieur
Harrison lo miró incrédulo.
Harrison, de que Langton destruirá el avispero
-¿Habla usted en serio, Monsieur Poirot? con petróleo?

-Sí, hablo en serio. -Segurísimo. ¿Por qué?

-¿Cree de verdad que va a cometerse un crimen? -Simple curiosidad. Estuve en la farmacia de


¡Eso es absurdo! Bachester esta tarde, y mi compra exigió que
firmase en el libro de venenos. La última venta
Hércules Poirot, sin hacer caso de la observación,
era cianuro de potasio, adquirido por Claude
dijo:
Langton.
-A menos que usted y yo podamos evitarlo. Si,
Harrison enarcó las cejas.
mon ami.
-¡Qué raro! Langton se opuso el otro día a que
-¿Usted y yo?
empleásemos esta sustancia. Según su parecer,
-Usted y yo. Necesitaré su cooperación. no debería venderse para este fin.

-¿Esa es la razón de su visita? Poirot miró por encima de las rosas. Su voz fue
muy queda al preguntar:
Los ojos de Poirot le transmitieron inquietud.
-¿Le gusta Langton?
-Vine, Monsieur Harrison, porque... me agrada
usted - y con voz más despreocupada añadió -: La pregunta cogió por sorpresa a Harrison, que
Veo que hay un nido de avispas en su jardín. ¿Por acusó su efecto.
qué no lo destruye?
-¡Qué quiere que le diga! Pues sí, me gusta ¿Por
El cambio de tema hizo que Harrison frunciera el qué no ha de gustarme?
ceño. Siguió la mirada de Poirot y dijo:
-Mera divagación -repuso Poirot -. ¿Y usted es de
-Pensaba hacerlo. Mejor dicho, lo hará el joven su gusto?
Langton. ¿Recuerda a Claude Langton? Asistió a
Ante el silencio de su anfitrión, repitió la
la cena en que nos conocimos usted y yo. Viene
pregunta.
esta noche expresamente a destruir el nido.

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-¿Puede decirme si usted es de su gusto? pretendientes rechazados no apuñalan por la
espalda o envenenan. ¡Se equivoca en cuanto a
-¿Qué se propone, Monsieur Poirot? No termino
Langton! Ese muchacho no haría daño a una
de comprender su pensamiento.
mosca.
-Le seré franco. Tiene usted relaciones y piensa
-La vida de una mosca no es asunto mío -repuso
casarse, Monsieur Harrison. Conozco a la
Poirot plácidamente-. No obstante, usted dice
señorita Moly Deane. Es una joven encantadora y
que Monsieur Langton no es capaz de matarlas,
muy bonita. Antes estuvo prometida a Claude
cuando en este momento debe prepararse para
Langton, a quien dejó por usted.
exterminar a miles de avispas.
Harrison asintió con la cabeza.
Harrison no replicó, y el detective, puesto en pie
-Yo no pregunto cuáles fueron las razones; quizás a su vez colocó una mano sobre el hombro de su
estén justificadas, pero ¿no le parece justificada amigo, y lo zarandeó como si quisiera despertarlo
también cualquier duda en cuanto a que Langton de un mal sueño.
haya olvidado o perdonado?
-¡Espabílese, amigo, espabílese! Mire aquel hueco
-Se equivoca Monsieur Poirot. Le aseguro que en el tronco del árbol. Las avispas regresan
está equivocado. Langton es un deportista y ha confiadas a su nido después de haber volado todo
reaccionado como un caballero. Ha sido el día en busca de su alimento. Dentro de una
sorprendentemente honrado conmigo, y, no con hora habrán sido destruidas, y ellas lo ignoran,
mucho, no ha dejado de mostrarme aprecio. porque nadie les advierte. De hecho carecen de
un Hércules Poirot. Monsieur Harrison, le repito
-¿Y no le parece eso poco normal? Utiliza usted
que vine en plan de negocios. El crimen es mi
la palabra "sorprendente" y, sin embargo, no
negocio, y me incumbe antes de cometerse y
demuestra hallarse sorprendido.
después. ¿A qué hora vendrá Monsieur Langton a
-No le comprendo, Monsieur Poirot. eliminar el nido de avispas?

La voz del detective acusó un nuevo matiz al -Langton jamás...


responder:
-¿A qué hora? -le atajó.
-Quiero decir que un hombre puede ocultar su
-A las nueve. Pero le repito que está equivocado.
odio hasta que llegue el momento adecuado.
Langton jamás...
-¿Odio? -Harrison sacudió la cabeza y se rio.
-¡Estos ingleses! -volvió a interrumpirle Poirot.
-Los ingleses son muy estúpidos -dijo Poirot-. Se
Recogió su sombrero y su bastón y se encaminó al
consideran capaces de engañar a cualquiera y que
sendero, deteniéndose para decir por encima del
nadie es capaz de engañar a ellos. El deportista,
hombro.
el caballero, es un Quijote del que nadie piensa
mal. Pero, a veces, ese mismo deportista, cuyo -No me quedo para no discutir con usted; sólo me
valor le lleva al sacrificio piensa lo mismo de sus enfurecería. Pero entérese bien: regresaré a las
semejantes y se equivoca. nueve.

-Me está usted advirtiendo en contra de Claude Harrison abrió la boca y Poirot gritó antes de que
Langton -exclamó Harrison-. Ahora comprendo dijese una sola palabra:
esa intención suya que me tenía intrigado.
-Sé lo que va a decirme: "Langton jamás...",
Poirot asintió, y Harrison, bruscamente, se puso etcétera. ¡Me aburre su "Langton jamás"! No lo
en pie. olvide, regresaré a las nueve. Estoy seguro de
que me divertirá ver cómo destruye el nido de
-¿Está usted loco, Monsieur Poirot? ¡Esto es
avispas. ¡Otro de los deportes ingleses!
Inglaterra! Aquí nadie reacciona así. Los

7
No esperó la reacción de Harrison y se fue -Hallará a Harrison en la terraza. Lamento no
presuroso por el sendero hasta la verja. Ya en el detenerme.
exterior, caminó pausadamente, y su rostro se
Langton se fue y Poirot lo siguió con la mirada.
volvió grave y preocupado. Sacó el reloj del
Era un joven nervioso, de labios finos y bien
bolsillo y los consultó. Las manecillas marcaban
parecidos.
las ocho y diez.
-Dice que encontraré a Harrison en la terraza -
-Unos tres cuartos de hora -murmuró-. Quizá
murmuró Poirot-. ¡Veamos!
hubiera sido mejor aguardar en la casa.
Penetró en el jardín y siguió por el sendero.
Sus pasos se hicieron más lentos, como si una
Harrison se hallaba sentado en una silla junto a la
fuerza irresistible lo invitase a regresar. Era un
mesa. Permanecía inmóvil, y no volvió la cabeza al
extraño presentimiento, que, decidido, se sacudió
oír a Poirot.
antes de seguir hacia el pueblo. No obstante, la
preocupación se reflejaba en su rostro y una o -¡Ah, mon ami! -exclamó éste-. ¿Cómo se
dos veces movió la cabeza, signo inequívoco de la encuentra?
escasa satisfacción que le producía su acto.
Después de una larga pausa, Harrison, con voz
Minutos antes de las nueve, se encontraba de extrañamente fría, inquirió:
nuevo frente a la verja del jardín. Era una noche
-¿Qué ha dicho?
clara y la brisa apenas movía las ramas de los
árboles. La quietud imperante rezumaba un algo -Le he preguntado cómo se encuentra.
siniestro, parecido a la calma que antecede a la
-Bien. Sí; estoy bien. ¿Por qué no?
tempestad.
-¿No siente ningún malestar? Eso es bueno.
Repentinamente alarmado, Poirot apresuró el
paso, como si un sexto sentido le pusiese sobre -¿Malestar? ¿Por qué?
aviso. De pronto, se abrió la puerta de la verja y
-Por el carbonato sódico.
Claude Langton, presuroso, salió a la carretera.
Su sobresalto fue grande al ver a Poirot. Harrison alzó la cabeza.
-¡Ah...! ¡Oh...! Buenas noches. -¿Carbonato sódico? ¿Qué significa eso?

-Buenas noches, Monsieur Langton. ¿Ha Poirot se excusó.


terminado usted?
-Siento mucho haber obrado sin su
El joven lo miró inquisitivo. consentimiento, pero me vi obligado a ponerle un
-Ignoro a qué se refiere -dijo. poco en uno de sus bolsillos.

-¿Ha destruido ya el nido de avispas? -¿Que puso usted un poco en uno de mis bolsillos?
¿Por qué diablos hizo eso?
- No.
Poirot se expresó con esa cadencia impersonal de
-¡Oh! -exclamó Poirot como si sufriera un los conferenciantes que hablan a los niños.
desencanto-. ¿No lo ha destruido? ¿Qué hizo
usted, pues? -Una de las ventajas, o desventajas del
detective, radica en su conocimiento de los bajos
-He charlado con mi amigo Harrison. Tengo prisa, fondos de la sociedad. Allí se aprenden cosas muy
Monsieur Poirot. Ignoraba que vendría a este interesantes y curiosas. Cierta vez me interesé
solitario rincón del mundo. por un simple ratero que no había cometido el
-Me traen asuntos profesionales. hurto que se le imputaba, y logré demostrar su
inocencia. El hombre, agradecido, me pagó
enseñándome los viejos trucos de su profesión.

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Eso me permite ahora hurgar en el bolsillo de Ignoro la causa de la ruptura de enamorados que
cualquiera con solo escoger el momento oportuno. llegó a separarlos, poniendo a Molly en los brazos
Para ello basta poner una mano sobre su hombro de usted, pero comprendí que los malos
y simular un estado de excitación. Así logré sacar entendidos habían acabado entre la pareja y que
el contenido de su bolsillo derecho y dejar a la señorita Deane volvía a su antiguo amor.
cambio un poco de carbonato sódico.
-Siga.
Compréndalo. Si un hombre desea poner
rápidamente un veneno en su propio vaso, sin ser -Nada más. Salvo que me encontraba en Harley el
visto, es natural que lo lleve en el bolsillo derecho otro día y vi salir a usted del consultorio de
de la americana. cierto doctor, amigo mío. La expresión de usted
me dijo la clase de enfermedad que padece y su
Poirot se sacó de uno de sus bolsillos algunos
gravedad. Es una expresión muy peculiar, que sólo
cristales blancos y aterronados.
he observado un par de veces en mi vida, pero
-Es muy peligroso -murmuró- llevarlos sueltos. inconfundible. Ella refleja el conocimiento de la
propia sentencia de muerte. ¿Tengo razón o no?
Curiosamente y sin precipitarse, extrajo de otro
bolsillo un frasco de boca ancha. Deslizó en su -Sí. Sólo dos meses de vida. Eso me dijo.
interior los cristales, se acercó a la mesa y vertió
-Usted no me vio, amigo mío, pues tenía otras
agua en el frasco. Una vez tapado lo agitó hasta
cosas en qué pensar. Pero advertí algo más en su
disolver los cristales. Harrison los miraba
rostro; advertí esa cosa que los hombres tratan
fascinado.
de ocultar, y de la cual le hablé antes.
Poirot se encaminó al avispero, destapó el frasco
Odio amigo mío. No se moleste en negarlo.
y roció con la solución el nido. Retrocedió un par
de pasos y se quedó allí a la expectativa. Algunas -Siga -apremió Harrison.
avispas se estremecieron un poco antes de
-No hay mucho más que decir. Por pura casualidad
quedarse quietas. Otras treparon por el tronco
vi el nombre de Langton en el libro de registro de
del árbol hasta caer muertas. Poirot sacudió la
venenos. Lo demás ya lo sabe. Usted me negó que
cabeza y regresó al pórtico.
Langton fuera a emplear el cianuro, e incluso se
-Una muerte muy rápida -dijo. mostró sorprendido de que lo hubiera adquirido.
Mi visita no le fue particularmente grata al
Harrison pareció encontrar su voz.
principio, si bien muy pronto la halló conveniente
-¿Qué sabe usted? y alentó mis sospechas. Langton me dijo que
vendría a las ocho y media. Usted que a las nueve.
-Como le dije, vi el nombre de Claude Langton en
Sin duda pensó que a esa hora me encontraría con
el registro. Pero no le conté lo que siguió
el hecho consumado.
inmediatamente después. Lo encontré al salir a la
calle y me explicó que habia comprado cianuro de -¿Por qué vino? -gritó Harrison-. ¡Ojalá no
potasio a petición de usted para destruir el nido hubiera venido!
de avispas. Eso me pareció algo raro, amigo mío,
-Se lo dije. El asesinato es asunto de mi
pues recuerdo que en aquella cena a que hice
incumbencia.
referencia antes, usted expuso su punto de vista
sobre el mayor mérito de la gasolina para estas -¿Asesinato? ¡Suicidio querrá decir!
cosas, y denunció el empleo de cianuro como
-No -la voz de Poirot sonó claramente aguda-.
peligroso e innecesario.
Quiero decir asesinato. Su muerte seria rápida y
-Siga. fácil, pero la que planeaba para Langton era la
peor muerte que un hombre puede sufrir. El
-Sé algo más. Vi a Claude Langton y a Molly Deane
compra el veneno, viene a verlo y los dos
cuando ellos se creían libres de ojos indiscretos.
permanecen solos. Usted muere de repente y se
9
encuentra cianuro en su vaso. ¡A Claude Langton amaba; pero no es un asesino. Dígame la verdad:
lo cuelgan! Ese era su plan. ¿Se alegra o lamenta ahora de que yo viniese?

Harrison gimió al repetir: Tras una larga pausa, Harrison se animó. Había
dignidad en su rostro y la mirada del hombre que
-¿Por qué vino? ¡Ojalá no hubiera venido!
ha logrado salvar su propia alma. Tendió la mano
-Ya se lo he dicho. No obstante, hay otro motivo. por encima de la mesa y dijo:
Le aprecio Monsieur Harrison. Escuche, mon ami;
-Fue una suerte que viniera usted.
usted es un moribundo y ha perdido la joven que
FIN.

EL CUENTO MARAVILLOSO: LO SOBRENATURAL ACEPTADO

Los cuentos maravillosos son narraciones en las cuales los elementos sobrenaturales y la magia están
totalmente integrados al mundo narrado. Ni los personajes ni el lector se asombran ante la presencia de
objetos con poderes mágicos, o de seres sobrenaturales como hadas y brujas. Se trata de un mundo regido
por sus propias leyes.

La historia se centra en hechos que le ocurren a un héroe o personaje principal, que puede ser un simple
hombre, un rey, una princesa o un niño. Los personajes no suelen tener nombre propio, sino que se los
denomina genéricamente: el diablo, el hombre, el pescador, la reina, etcétera.

Estos cuentos conservan algunas de las marcas típicas de la oralidad como: cuentan que hace mucho
tiempo, todavía se escuchan los ruidos, etcétera.

EL MARCO NARRATIVO

Desde el comienzo, estas historias se ubican en un marco espacial y temporal indeterminados. Las fórmulas
como Había una vez o Érase una vez trasladan al lector a un pasado indefinido, alejado u olvidado por los
hombres. De esta manera, es más sencillo imaginar un mundo posible donde sucedan todos esos hechos
sobrenaturales. La misma función cumplen otras frases como En un reino muy lejano o En un lugar muy
remoto, o referencias geográficas poco específicas como un río, un bosque, un pueblo.

LAS FUERZAS DEL BIEN Y DEL MAL

En los cuentos maravillosos, los personajes son representantes de las fuerzas del Bien o del Mal. El héroe
y sus ayudantes, representantes del Bien, poseen cualidades positivas: ideal de libertad, valentía,
generosidad, inteligencia o astucia. Estas virtudes también pueden reflejarse en su belleza física. Los
ayudantes (hadas, hechiceros o animales personificados) muchas veces otorgan al protagonista un objeto
con poderes mágicos para ayudarlo a superar una prueba o vencer a su adversario. Por el contrario, el
antagonista y los oponentes (ogros, gigantes o brujas) se caracterizan por sus defectos, son malvados y
crueles sin motivo, rasgos que pueden replicarse en su aspecto físico.

Además de las virtudes, los cuentos maravillosos expresan deseos. Tanto los héroes como sus antagonistas
tienen algún deseo que quisieran ver cumplido, ya sea como recompensa por una buena acción o como
resultado de un pedido explícito.

EL MITO Y EL CUENTO MARAVILLOSO

En la Antigüedad, los mitos poseían carácter sagrado ya que reflejaban las creencias de l a sociedad donde
surgieron. Pero los mitos también pueden pensarse como narraciones maravillosas, dado que comparten con
ellas algunas características:

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 Son reelaboraciones de relatos orales y poseen un narrador omnisciente.
 Tienen un marco espacio-temporal indeterminado, alejado de la realidad.
 Crean un mundo con sus propias leyes y cuestionan los valores del mundo real en forma indirecta.
 Se componen de una secuencia de acciones que responde a la repetición de un determinado esquema.

EL CUERVO, CUENTO DE LOS HERMANOS GRIMM

Érase una vez una reina que tenía una hijita de - ¡Pobre, y qué cansado pareces! Entra a reposar,
poca edad, a la que había que llevar aún en comerás y beberás algo.
brazos. Un día la niña estaba muy impertinente, y
- No - respondióle el hombre -, no quiero tomar
su madre no lograba aquietarla de ningún modo,
nada.
hasta que, perdiendo la paciencia, al ver unos
cuervos que volaban en torno al palacio, abrió la Pero ella insistió vivamente: - Si no quieres
ventana y dijo: - ¡Ojalá te volvieses cuervo y comer, siquiera bebe un trago; una vez no cuenta.
echases a volar; por lo menos tendría paz!
Y el forastero, cediendo a la tentación, bebió un
Pronunciadas apenas estas palabras, la niña quedó poco. Por la tarde, hacia las dos, salió al jardín y,
transformada en cuervo y, desprendiéndose del sentándose en el montón de corteza, se dispuso a
brazo materno, huyó volando por la ventana. Fue aguardar la llegada del cuervo. Pero no pudiendo
a parar a un bosque tenebroso, en el que resistir él su cansancio, echóse un rato, con la
permaneció largo tiempo, y sus padres perdieron firme intención de no dormirse. Sin embargo,
todo rastro de ella. apenas se hubo tendido se le cerraron los ojos y
se quedó tan profundamente dormido que nada en
Cierto día, un hombre que pasaba por el bosque
el mundo habría podido despertarlo. A las dos se
percibió el graznido de un cuervo; al acercarse al
presentó el cuervo en su carroza, tirada por
lugar de donde procedía, oyó que decía el ave: -
cuatro caballos blancos; pero el ave venía triste,
Soy princesa de nacimiento y quedé encantada;
diciendo: - Estoy segura de que duerme.
pero tú puedes redimirme.
Y, en efecto, cuando llegó al lugar de la cita violo
- ¿Qué debo hacer? - preguntó él.
tumbado en el suelo, dormido. Apeóse del coche,
Y respondióle el cuervo: - Sigue bosque adentro, fue a él, y lo sacudió y llamó, pero en vano. Al
hasta que encuentres una casa, en la que vive una mediodía siguiente, la vieja fue de nuevo a
vieja. Te ofrecerá comida y bebida; pero no ofrecerle comida y bebida. El hombre negóse a
aceptes nada, pues por poco que comas o bebas aceptar nada; no obstante, ante su insistencia,
quedarás sumido en un profundo sueño, y ya no te volvió a beber otro sorbo de la copa. Poco antes
será posible rescatarme. En el jardín de detrás de las dos dirigióse de nuevo al jardín, al lugar
de la casa hay un gran montón de cortezas, convenido, a esperar la llegada del cuervo; pero,
aguárdame allí. Durante tres días seguidos de repente, le acometió una fatiga tan intensa
vendré a las dos de la tarde, en un coche tirado, que las piernas no lo sostenían; incapaz de
la primera vez, por cuatro caballos blancos; por dominarse, tendióse en el suelo y volvió a quedar
cuatro rojos, la segunda, y por cuatro negros, la dormido como un tronco. Al pasar el cuervo en su
tercera; pero si en vez de estar despierto te carroza de cuatro caballos rojos, dijo
hayas dormido, no me podrás desencantar. tristemente: - ¡Seguro que duerme! - y se acercó
a él; pero tampoco hubo modo de despertarle. Al
Prometió el hombre cumplirlo todo al pie de la
tercer día le preguntó la vieja: - ¿Qué es eso? No
letra; mas el cuervo suspiró: - ¡Ay!, bien sé que no
comes ni bebes. ¿Acaso quieres morirte? Pero él
me redimirás, porque aceptarás algo de la vieja.
replicó: - No quiero ni debo comer ni beber nada.
Repitióle el hombre su promesa de que no tocaría
Ella dejó a su lado la fuente con la vianda y un
nada de comer ni de beber. Al hallarse delante de
vaso de vino, y, cuando el olor le subió a la nariz,
la casa, salió la mujer a recibirlo.
no pudiendo resistir, bebió un buen trago. A la
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hora fijada salió al jardín y, subiéndose al montón la lejanía y se dirigió hacia ella; llegó ante una
de corteza, quiso aguardar la venida de la casa que le pareció muy pequeña, pues ante ella
princesa encantada. Pero sintiéndose más se hallaba un enorme gigantazo. Pensó: «Si
fatigado aún que la víspera, tumbóse y se quedó intento entrar y me ve el gigante, me costará la
tan profundamente dormido como si fuera de vida». Al fin, sobreponiéndose al miedo, se
piedra. A las dos se presentó de nuevo el cuervo acercó. Cuando lo vio el gigante, le dijo:
en su coche, arrastrado ahora por cuatro
- Me place que vengas, pues hace muchas horas
corceles negros; el carruaje era también negro.
que no he comido nada. Vas a servirme de cena.
El ave, que venía de riguroso luto, exclamó: -
¡Bien sé que duerme y que no puede - No hagas tal cosa - respondióle el hombre -; yo
desencantarme! no soy fácil de tragar. Pero si lo que quieres es
comer, tengo lo bastante para hartarte.
Al llegar hasta él, lo encontró profundamente
dormido, y, por más que lo sacudió y llamó, no - Siendo así - dijo el gigante -, puedes estar
hubo medio de despertarlo. Entonces puso a su tranquilo. Si quería devorarte era a falta de otra
lado un pan, un pedazo de carne y una botella de cosa.
vino, de todas estas viandas podía comer y beber
Sentáronse los dos a la mesa, y el hombre sacó su
lo que quisiera, sin que jamás se acabaran. Púsole
pan, vino y carne inagotables.
también en el dedo un anillo de oro, que se quitó
del suyo y que tenía grabado su nombre. Por - Esto me gusta - observó el gigante, comiendo a
último, le dejó una carta en la que le comunicaba dos carrillos. Cuando hubieron terminado,
lo que le había dado, y, además: «Bien veo que preguntóle el hombre:
aquí no puedes desencantarme; pero si quieres
- ¿Podrías acaso indicarme dónde se levanta el
hacerlo, ve a buscarme al palacio de oro de
castillo de oro de Stromberg?
Stromberg; puedes hacerlo, estoy segura de
ello». Y, después de depositar todas las cosas - Consultaré el mapa - dijo el gigante -; en él
junto a él, subió nuevamente a su carroza y se están registrados todas las ciudades, pueblos y
marchó al palacio de oro de Stromberg. casas.

Cuando el hombre despertó, dándose cuenta de Fue a buscar el mapa, que guardaba en su
que se había dormido, sintió una gran tristeza en dormitorio, y se puso a buscar el castillo, pero
su corazón y dijo: - No cabe duda de que ha éste no aparecía por ninguna parte.
pasado de largo, sin yo redimirla.
- No importa - dijo -; arriba, en el armario, tengo
Mas reparando en los objetos depositados junto otros mapas mayores, lo buscaremos en ellos.
a él, leyó la carta, y se informó de cómo había
sucedido todo. Se levantó y se puso Mas todo fue inútil. Disponíase el hombre a
inmediatamente en camino en busca del castillo marcharse, pero el gigante le rogó que esperase

de oro de Stromberg; pero no tenía la menor idea aún dos o tres días a que regresara su hermano,

de su paradero. Después de recorrer buena parte el cual había partido en busca de vituallas.

del mundo, llegó a una oscura selva, por la que Cuando llegó el hermano, le preguntaron por el
anduvo durante dos semanas sin encontrar salida. castillo de oro de Stromberg. Él les respondió: -

Un anochecer se sintió tan fatigado que, Cuando haya comido y esté satisfecho, consultaré
el mapa.
tendiéndose entre unas matas, quedóse dormido.
A la mañana siguiente prosiguió su ruta, y al Subieron luego a su habitación y pusiéronse a
atardecer, cuando se disponía a acomodarse en buscar y rebuscar en su mapa; pero tampoco
unos matorrales para pasar la noche, hirieron sus encontraron el dichoso castillo; el gigante sacó
oídos unas lamentaciones y gemidos que no le nuevos mapas, y no pararon hasta que, por fin,
dejaron conciliar el sueño; y al llegar la hora en dieron con él, se hallaba, empero, a muchos
que la gente enciende las luces, vio brillar una en millares de millas de allí.
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- ¿Cómo podré jamás llegar hasta allí? - preguntó volvía invisible al que se cubría con ella; en cuanto
el hombre; y respondióle el gigante: al tercero, había capturado un caballo capaz de
andar por todos los terrenos, e incluso de trepar
- Dispongo de dos horas. Te llevaré hasta las
a la montaña de cristal. El desacuerdo consistía
cercanías, pero luego tendré que volverme a dar
en que no sabían si guardar las tres cosas en
de mamar a nuestro hijo.
comunidad o quedarse con una cada uno. Dijo
Transportólo el gigante hasta cosa de un entonces el hombre: - Yo os cambiaré las tres
centenar de horas de distancia del castillo, y le cosas. Dinero no tengo, pero sí otros objetos que
dijo: - El resto del camino puedes recorrerle por valen más. Pero antes tengo que probarlas para
tus propios medios - y regresó. saber si me habéis dicho la verdad.

El hombre siguió avanzando día y noche hasta Los otros le dejaron montar el caballo, le
que, al fin, llegó al castillo de oro de Stromberg. colgaron la capa de los hombros y le pusieron en
Éste se hallaba edificado en la cima de una la mano el bastón; y, una vez lo tuvo todo,
montaña de cristal; la princesa encantada daba desapareció de su vista. Empezó entonces a
vueltas alrededor del castillo en su coche, hasta repartir bastonazos, gritando: - ¡Haraganes, ahí
que entró en el edificio. Alegróse el hombre al tenéis vuestro merecido! ¿Estáis satisfechos?
verla e intentó trepar hasta la cima; pero cada
Subió luego a la cima de la montaña de cristal y,
vez que lo intentaba, como el cristal era
al llegar a la puerta del castillo, encontróla
resbaladizo, volvía a caer. Viendo que no podría
cerrada. Golpeóla con el bastón, y la puerta se
subir jamás, entristecióse y se dijo: «Me quedaré
abrió inmediatamente. Entró y subió las escaleras
abajo y la aguardaré». Y se construyó una cabaña,
hasta lo alto; en el salón estaba la princesa, con
en la que vivió un año entero; y todos los días veía
una copa de oro, llena de vino, ante ella. Pero no
pasar a la princesa en su carroza, sin poder nunca
podía verlo, pues él llevaba la capa puesta. Al
llegar hasta ella.
estar delante de la doncella, quitóse la sortija
Un día, desde su cabaña, vio a tres bandidos que que ella le pusiera en el dedo y la dejó caer en la
reñían y les gritó: - ¡Dios sea con vosotros! copa; al chocar con el fondo, produjo un sonido
argentino. Exclamó la princesa entonces: - Éste
Ellos interrumpieron la pelea; pero como no
es mi anillo; por tanto, el hombre que ha de
vieron a nadie, la reanudaron con mayor furia que
redimirme debe de estar aquí.
antes; la cosa se puso realmente peligrosa. Volvió
él a gritarles: - ¡Dios sea con vosotros! Buscáronlo por todo el castillo, mas no dieron con
él. Había vuelto a salir, montado en su caballo, y
Suspendieron ellos de nuevo le batalla; mas como
se había quitado la capa. Cuando las gentes del
tampoco vieran a nadie, pronto la reanudaron y él
palacio llegaron a la puerta, lo vieron y
les repitió por tercera vez - ¡Dios sea con
prorrumpieron en gritos de alegría. El hombre se
vosotros! - y pensó: «He de averiguar lo que les
apeó y cogió del brazo a la princesa, la cual lo
pasa». Dirigióse, pues, a los combatientes y les
besó, diciéndole: - ¡Ahora sí que me has
preguntó por qué se peleaban. Respondió uno de
desencantado! ¡Mañana celebraremos nuestra
ellos que había encontrado un bastón, un golpe
boda!
del cual bastaba para abrir cualquier puerta; el
otro dijo que había encontrado una capa que FIN

EL CUENTO FANTÁSTICO: LA INCERTIDUMBRE COMO REGLA

Los cuentos fantásticos narran una historia que transcurre en un mundo muy parecido al nuestro, pero en
el que irrumpe un hecho sobrenatural, algo que no se puede explicar por las leyes de este mundo. La
aparición de fantasmas, las mutaciones, la coexistencia de la realidad y el sueño o las alteraciones de
tiempo-espacio son ejemplos de este tipo de acontecimientos sobrenaturales.
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LA VACILACIÓN DEL LECTOR

La irrupción de un suceso sobrenatural en medio de un entorno famil iar y conocido genera en el lector – y
en ocasiones, en los personajes – una sensación de vacilación o duda. Frente al hecho extraño, surge la
pregunta acerca de si podría o no ocurrir en la realidad. De este modo, el lector se encuentra ante dos
respuestas posibles: una natural y racional u otra sobrenatural e irracional. Esta sensac ión de duda es la
esencia de lo fantástico y suele mantenerse hasta el final.

Si se toma como ejemplo una narración cuyo personaje cree ver u n fantasma, el lector puede optar por una
interpretación racional, a partir de la cual pensará que el personaje está loco, que lo imaginó, que se
confundió o cualquier otra explicación similar para confirmar que ese fantasma no existe, porque las leyes
de este mundo no lo permiten. En cambio, si el lector opta por una interpretación sobrenatural, entenderá
que el personaje vio efectivamente un fantasma y eso supone también la aceptación de leyes, por ahora
desconocidas, por las cuales un fantasma sería algo posible en este mundo.

En general, esta duda no se resuelve, y el lector debe aceptar esta ambigüedad y dar su propia respuesta o
interpretación. Pero algunas veces, el cuento –generalmente en el desenlace – brinda una respuesta
racional o, por el contrario, deja abierta una puerta para aceptar el hecho sobrenatural.

LO REALISTA, LO MARAVILLOSO Y LO FANTÁSTICO

En los cuentos maravillosos el mundo representado se rige por sus propias leyes y todo lo sobrenatural
está incorporado y aceptado por los personajes y por el lector. No hay lugar para las dudas ni las
sorpresas. El mundo creado no es cuestionado por nadie.

En cambio, en los cuentos fantásticos el escenario en el que ocurre lo sobrenatural debe ser realista, es
decir, un universo familiar regido por leyes naturales y conocidas, en el cual un acontecimiento extraño
irrumpe en la vida cotidiana del personaje y, tanto él como el lector, buscan una explicación. Si se quitara
el hecho sobrenatural, se convertiría en un relato realista, en que todo lo que se narra podría suceder en la
realidad. En este caso, el mundo creado en la narración se corresponde con el mund o conocido del lector y
de los personajes. No se plantea ningún interrogante en relación con lo que allí ocurre.

EL AUTOR Y EL NARRADOR

Es importante no confundir autor con narrador. El autor es el nombre de la persona real que firma un
texto y es exterior a él. En cambio, el narrador es una creación del autor y solo existe en el interior del
cuento. Es el punto de vista a través del cual se cuenta una historia.

Existen distintas clasificaciones del narrador. Según su participación en la acción, pueden distinguirse tres
clases:

 Narrador protagonista: utiliza la primera persona gramatical, participa de la historia y desde esa posición
relata. Es el personaje principal de la historia; los hechos narrados le ocurrieron a él. Por ejemplo: Soñé
que caminaba por un extraño sendero campesino.
 Narrador testigo: utiliza la primera persona gramatical y participa de l a historia, pero como testigo; los
hechos narrados le ocurrieron a otro. Por ejemplo: Me contó que caminaba por un extraño sendero
campesino.
 Narrador omnisciente: narra en tercera persona gramatical, posición que le permite comunicar lo que los
personajes piensan, sienten y hacen. Por ejemplo: Una joven soñó que caminaba por un extraño sendero
campesino.

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LA CASA ENCANTADA, CUENTO ANÓNIMO

Una joven soñó una noche que caminaba por un -Espéreme un momento -suplicó, y echó a andar
extraño sendero campesino, que ascendía por una por el sendero, con el corazón latiéndole
colina boscosa cuya cima estaba coronada por una alocadamente.
hermosa casita blanca, rodeada de un jardín.
Ya no se sintió sorprendida cuando el caminito
Incapaz de ocultar su placer, llamó a la puerta de
subió enroscándose hasta la cima de la boscosa
la casa, que finalmente fue abierta por un hombre
colina y la dejó ante la casa cuyos menores
muy, muy anciano, con una larga barba blanca. En
detalles recordaba ahora con tanta precisión. El
el momento en que ella empezaba a hablarle,
mismo anciano del sueño respondía a su impaciente
despertó. Todos los detalles de este sueño
llamado.
permanecieron tan grabados en su memoria, que
por espacio de varios días no pudo pensar en otra -Dígame -dijo ella-, ¿se vende esta casa?
cosa. Después volvió a tener el mismo sueño en
tres noches sucesivas. Y siempre despertaba en el -Sí -respondió el hombre-, pero no le aconsejo que
instante en que iba a comenzar su conversación la compre. ¡Un fantasma, hija mía, frecuenta esta
con el anciano. casa!

Pocas semanas más tarde la joven se dirigía en -Un fantasma -repitió la muchacha-. Santo Dios,
automóvil a una fiesta de fin de semana. De ¿y quién es?
pronto, tironeó la manga del conductor y le pidió
-Usted -dijo el anciano, y cerró suavemente la
que detuviera el auto. Allí, a la derecha del camino
puerta.
pavimentado, estaba el sendero campesino de su
sueño. FIN

LA MUERTE, CUENTO ANDERSON IMBERT

La automovilista (negro el vestido, negro el pelo, -No tengo miedo.


negros los ojos pero con la cara tan pálida que a
-¿Y si te matan?
pesar del mediodía parecía que en su tez se
hubiese detenido un relámpago) la automovilista -No tengo miedo.
vio en el camino a una muchacha que hacía señas
para que parara. Paró. -¿No? Permíteme presentarme -dijo entonces la
muchacha, que tenía los ojos grandes, límpidos,
-¿Me llevas? Hasta el pueblo no más -dijo la imaginativos y enseguida, conteniendo la risa,
muchacha. fingió una voz cavernosa-. Soy la Muerte, la M-u-
e-r-t-e.
-Sube -dijo la automovilista. Y el auto arrancó a
toda velocidad por el camino que bordeaba la La automovilista sonrió misteriosamente.
montaña.
En la próxima curva el auto se desbarrancó. La
-Muchas gracias -dijo la muchacha con un gracioso muchacha quedó muerta entre las piedras. La
mohín- pero ¿no tienes miedo de levantar por el automovilista siguió a pie y al llegar a un cactus
camino a personas desconocidas? Podrían hacerte desapareció.
daño. ¡Esto está tan desierto!
FIN
-No, no tengo miedo.

-¿Y si levantaras a alguien que te atraca?

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