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Hidrografía de España: Ríos y Cuencas

El documento aborda la hidrogeografía de la Península Ibérica, analizando factores que condicionan los ríos, como el clima, relieve, litología, vegetación y la acción humana. Se describen elementos clave de los ríos, incluyendo caudal, régimen y características de la red fluvial en España. Además, se clasifican los regímenes fluviales en pluviales, nivales y mixtos, destacando la complejidad de los grandes ríos como el Ebro.

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Hidrografía de España: Ríos y Cuencas

El documento aborda la hidrogeografía de la Península Ibérica, analizando factores que condicionan los ríos, como el clima, relieve, litología, vegetación y la acción humana. Se describen elementos clave de los ríos, incluyendo caudal, régimen y características de la red fluvial en España. Además, se clasifican los regímenes fluviales en pluviales, nivales y mixtos, destacando la complejidad de los grandes ríos como el Ebro.

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Departamento de Ciencias Sociales

Geografía. 2º de Bachillerato

TEMA 3: LA HIDROGRAFÍA

1.- Factores que condicionan los ríos peninsulares

2.- Elementos que caracterizan a los ríos peninsulares: Caudal, caudal relativo y
régimen del río.

3.- Regímenes fluviales

4.- La red fluvial en España: cuencas y vertientes peninsulares

5.- Lagos, humedales y acuíferos

PRÁCTICOS

Localizar los principales ríos de la Península Ibérica y sus afluentes más significativos.

Delimitar cuencas y vertientes peninsulares

Localizar las divisorias de aguas de las cuencas peninsulares

Interpretar un hidrograma

Construir un hidrograma

Colegio Padre Dehon. Novelda


Departamento de Ciencias Sociales
Geografía. 2º de Bachillerato

1.- Factores que condicionan los ríos peninsulares


La configuración y las características de la red hidrográfica española están
condicionadas fundamentalmente por la diversidad climática y el complejo relieve
peninsular. Junto a ellos, la litología, la vegetación y el ser humano contribuyen a
definir los principales rasgos hidrográficos de España.
El clima
El clima determina el caudal y la regularidad de los cursos fluviales, puesto que el agua
que alimenta ríos, lagos, acuíferos proviene fundamentalmente de las precipitaciones.
Así, la cuantía y la distribución de las precipitaciones son el factor climático más
destacado.
Las temperaturas son el otro factor climático destacado que influye en la red
hidrográfica. De ellas dependen las pérdidas por evaporación, que son máximas en
verano en las regiones del interior y del sur peninsular, coincidiendo con el periodo de
insuficientes precipitaciones, la estación de aridez estival.
El relieve y la topografía
El relieve condiciona, en primer lugar, la disposición y organización de la red fluvial.
En el caso de la Península Ibérica, la anchura de la misma, así como su inclinación hacia
el oeste, determina una gran disimetría entre las vertientes peninsulares, atlántica y
mediterránea. Por ello, todos los grandes ríos, a excepción del Ebro, a pesar de nacer
próximos al mar Mediterráneo, discurren hacia el Atlántico, labrando grandes cuencas
hidrográficas que atraviesas extensas llanuras.

La divisoria de aguas entre la vertiente atlántica y mediterránea está definida por


las cumbres del Sistema Ibérico y de las Béticas. La disposición de las unidades del
relieve determina la forma y las dimensiones de las grandes cuencas fluviales.
La topografía y el relieve influye en la capacidad erosiva de los ríos, en su velocidad y
en el volumen de las crecidas. Cuanto mayor sea la pendiente del terreno, mayores serán
la capacidad erosiva de una corriente y la velocidad de sus aguas. Al contrario, en
algunas zonas de escasa o nula pendiente las aguas apenas tienen movimiento, y pueden
presentar una circulación endorreica (sin salida al mar), que da lugar a formaciones
lacustres de pequeñas dimensiones en el interior peninsular.
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El relieve, a través del factor de la altitud, afecta también al régimen hidrográfico. Con
la altitud aumentan las precipitaciones, que en las zonas de alta montaña caen en forma
de nieva. La nieve queda retenida en las cumbres durante el invierno, y solo a partir de
la primavera, e incluso a comienzos del verano, esas aguas se deshielan y se van
incorporando a la red fluvial.
La litología
Los suelos condicionan las características de la red hidrográfica a través de la distinta
permeabilidad y resistencia a la erosión que presenta cada roca. Una litología más o
menos permeable determina la escorrentía superficial.
De esta manera, la roca caliza, que es permeable, se define por una escorrentía
superficial mínima e irregular (favoreciendo la presencia de sumideros y surgencias),
dominando la escorrentía subterránea.
La litología silícea, dominante en el oeste peninsular, es muy poco permeable, lo que
favorece la circulación superficial, salvo en sectores muy diaclasados, en los que el agua
escapa hacia niveles subterráneos.
Los roquedos arcillosos (protagonistas en las grandes cuencas sedimentarias) son muy
impermeables y se caracterizan por su escorrentía superficial.

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La vegetación

Retiene el agua de la precipitación, favorece la humedad del suelo y subsuelo (aminora


la evaporación al dar sombra) y dificulta la erosión, lo que se traduce en una mayor
disponibilidad y riqueza hídrica en las zonas más densamente cubiertas por la
cubierta vegetal.
En el suelo desprovisto de vegetación o con vegetación poco densa, las filtraciones de
agua son menores, aumenta la evaporación y el agua de arroyada fluye más
rápidamente, erosionando y destruyendo el suelo. Por el contrario, en un suelo cubierto
por un denso tapiz vegetal, la evaporación y la erosión del suelo se dificultan, lo que
favorece la formación de acuíferos y de cursos permanentes de agua.
La acción del hombre
El ser humano modifica las característicasde la red fluvial mediante la construcción de
infraestructuras de regulación, como los embalses, que tratan de paliar los profundos
estiajes de muchos de nuestros ríos; las presas, que también se utilizan para la
producción de energía eléctrica, o el trazado de canales y trasvases que modifican y
reducen el volumen de agua de los ríos.

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2.- Elementos que caracterizan a los ríos peninsulares


1. El caudal
El caudal del río es la cantidad de agua que pasa en un segundo por un punto dado del
río y en un momento determinado. Se mide en las estaciones de aforo y se expresa en
m3/seg. Los valores que suelen aparecer en un mapa de caudales son valores medios, al
variar constantemente el caudal del río: caudal medio diario, mensual y anual. El módulo
del río es el caudal medio anual calculado sobre un periodo estimado de treinta años.

Perfil longitudinal del río Ebro


A lo largo del recorrido del río, el tramo con mayor caudal suele ser la desembocadura,
donde se acumulan las aportaciones de los diferentes afluentes; excepto en los casos
donde hay fuerte evaporación, infiltración, o elevados usos consuntivos (regadío).
A lo largo del tiempo, el caudal puede presentar irregularidad anual, con crecidas y
estiajes más o menos acusados, e irregularidad interanual. En la Península, los ríos más
regulares son los de la vertiente cantábrica, y los más irregulares, los de la vertiente
mediterránea, con un régimen pluviométrico muy variado entre unos años húmedos y
otros secos.

El caudal específico o relativo, relaciona el caudal medio anual con la superficie de la


cuenca. Se expresa en l/seg/Km2. Los caudales relativos máximos estarán, en
consecuencia, en los ríos de la vertiente cantábrica (caudalosos y de pequeñas cuencas).

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2. El régimen de un río
Es la evolución estacional del caudal de un río. Depende de la distribución estacional de
las precipitaciones y del mayor o menor protagonismo de la aportación nival.
En función de ambas variables, agua (precipitaciones) y nieve/hielo (deshielo)
distinguimos los ríos de alimentación pluvial, nival y mixto (nivo-pluvial y pluvio-nival)
La irregularidad y las variaciones estacionales del caudal
La irregularidad define las variaciones de caudal de un río a lo largo del año o entre
distintos años y está directamente relacionada con el régimen de precipitaciones.
El término, hace referencia a la irregularidad interanual, es decir, a las variaciones de
caudal que se producen durante un largo periodo de tiempo, de veinte a treinta años, que
se calcula con el coeficiente de irregularidad.
La irregularidad dentro de un mismo año (variaciones estacionales) permite conocer la
distribución del caudal a lo largo de los meses del año y reconocer los períodos de aguas
altas y de aguas bajas relacionadas con el régimen y el tipo de precipitaciones. Los ríos
más irregulares son los levantinos.
Crecidas y estiajes
Con los siguientes términos se definen momentos puntuales de caudales máximos y
mínimos absolutos.
• Una crecida o avenida es un momento de máximo caudal, un aumento
significativo, brusco en un periodo corto de tiempo, que suele deberse a lluvias
intensas que, en ocasiones, se acompañan de efectos catastróficos.
• El estiaje es el fenómeno contrario, el momento de caudal mínimo del río.

Ambos fenómenos son característicos de los ríos españoles, y sobre todo de las cuencas
fluviales del área mediterránea. En esta región, la torrencialidad de las precipitaciones
(gota fría/DANA), se manifiesta en las crecidas más espectaculares que provoca que ríos
como el Júcar, Turia, Segura o Mijares hayan aumentado hasta más de cuatrocientas veces
su caudal medio.

El estiaje suele coincidir con el verano

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Hidrograma del río Turia. Octubre 2000 Hidrograma del río Ebro. Enero 2003

De igual manera, los estiajes más pronunciados, en muchos casos asociados a largos
periodos de sequía, son protagonistas en los ríos mediterráneos.
Son así frecuentes en las tierras levantinas las ramblas, cursos espasmódicos, que
normalmente están secos pero que, ante abundantes precipitaciones de fuerte
concentración horaria, aumentan súbitamente el caudal. Éstas ilustran a la perfección el
fenómeno de las crecidas y estiajes en la región levantina.

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Mapa de caudales medios anuales

Mapa de caudales medios relativos

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3.- Regímenes de los ríos peninsulares


1. El régimen de un río
Es la evolución estacional del caudal de un río. Depende de la distribución estacional de
las precipitaciones y del mayor o menor protagonismo de la aportación nival.
En función de ambas variables, agua (precipitaciones) y nieve/hielo (deshielo)
distinguimos los ríos de alimentación pluvial, nival y mixto (nivo-pluvial y pluvio-nival)
1.1. Ríos de régimen pluvial
El régimen pluvial es el más extendido en España. Condicionado directamente por las
aportaciones en forma de lluvia.
Varios subtipos relacionados directamente con el régimen de precipitaciones.
• El régimen pluvial oceánico. Característico de los ríos del norte peninsular, de
clima oceánico, región de precipitaciones elevadas y regulares y una evaporación
relativamente baja.
Presenta un máximo invernal y un mínimo poco pronunciado durante el verano.
Ríos como el Tambre y el Ulla responden a este régimen.
• El régimen pluvial mediterráneo. Es propio de un contexto climático de
precipitaciones irregulares, con una pronunciada sequía estival y frecuentes
lluvias de carácter torrencial. Presenta acusado estiaje veraniego, aguas máximas
en primavera y una importante evaporación a lo largo del año.

Podemos diferenciar varios subtipos:

- Régimen pluvial mediterráneo levantino, característico de la zona litoral


mediterránea (ríos Mijares y Palancia), con frecuentes crecidas y un pico
máximo en otoño.
- Régimen pluvial mediterráneo subtropical, en el interior continentalizado
(ríos Zújar, Jándula), con un estiaje muy pronunciado y con máximos en
primavera. En los ríos de la vertiente sur (Guadalhorce, Guadalfeo), el estiaje
puede alargarse a más de medio año.
1.2. Ríos de régimen nival
Los ríos de régimen nival son propios de zonas de montaña con cabeceras por encima de
los 2.500 mts. de altitud. Se alimentan con el agua de las nieves retenidas durante el
invierno (fusión nival), época que corresponde a la estación de aguas bajas. A finales de
la primavera e incluso a comienzos del verano, la fusión de las nieves aumenta el caudal
del río; es la época de las aguas altas.
En España, el régimen nival se limita a los ríos pirenaicos de alta montaña, como el
Caldarés o el Ara subafluentes del Gállego y Ebro respectivamente.

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1.3. Ríos de régimen mixto


Los regímenes mixtos combinan ambos tipos de alimentación, nival y pluvial,
nombrándose en primer lugar el tipo de alimentación que aporta más recursos.
• En el régimen nivo-pluvial, domina la alimentación nival sobre la pluvial.
Por ello, presenta aguas altas en primavera, coincidiendo con el deshielo.
Puede presentar un máximo secundario en el otoño. Es el régimen de algunos
ríos pirenaicos en su mayoría afluentes del Ebro: Gállego, Cinca; también del
curso alto de algunos ríos cantábricos y del Sistema Central.
• En el régimen pluvio-nival, la alimentación pluvial domina sobre la nival,
con máximos a comienzos de la primavera (cuando el agua de lluvia se suma
al agua de las precipitaciones) y un claro estiaje veraniego. En algunos casos
el máximo es otoñal, coincidiendo con las precipitaciones y un máximo
secundario en primavera. Es el régimen de la cabecera de algunos de los
grandes ríos peninsulares, como el Duero o el Tajo o el Llobregat en la
vertiente mediterránea.

Estos regímenes sencillos son propios de ríos de cuencas reducidas con unas condiciones
climáticas más o menos uniformes en toda su cuenca.
Por el contrario, los grandes colectores peninsulares, se caracterizan por tener unos
regímenes fluviales complejos, en los que se combinan diferentes tipos de alimentación,
ya que debido a la extensión de sus cuencas las condiciones físicas y climáticas van
cambiando y, además, reciben el aporte de sus afluentes, lo que se traduce en un cambio
y gran diversidad en el tipo y el modelo de regímenes fluviales a lo largo de su recorrido.
Puede servir como ejemplo el río Ebro:

El río Ebro tiene un régimen complejo determinado por sus afluentes. Desde la cabecera
hasta Miranda, los tributarios (Nela, Arga, Ega, Irati), establecen un tipo pluvionival-
oceánico. Aguas debajo de Miranda, hasta la confluencia con el Aragón, se atemperan los
picos primaverales de fusión de nieve y la influencia nival. A su vez, las sucesivas
confluencias en Aragón, Gállego y Segre-Cinca aportan rasgos nivopluviales. Por su
parte, los derrames del Prepirineo y de las cordilleras Prelitoral y parte de la Ibérica
corresponden más al tipo pluvial mediterráneo.

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Règim d´un riu, és l'evolució estacional
del cabal d'un riu. Depén de la
distribució estacional de les
precipitacions i del major o menor
protagonisme de l'aportació nival.
El riu Ebre té un règim complex determinat pels seus afluents. Des de la capçalera fins a Miranda, els tributaris (Nela, Arga, Ega,
Irati), estableixen un tipus pluvionival-oceànic. Aigües davall de Miranda, fins a la confluència amb l'Aragó, es temperen els pics
primaverals de fusió de neu i la influència nival. Al seu torn (a su vez), les successives confluències a Aragó, Gállego i Segre-
Cinca aporten trets (rasgos) nivopluviales. Per part seua, els vessaments del Prepirineu i de les serralades Prelitoral i part de la
Ibèrica corresponen més al tipus pluvial mediterrani.
Els rius de règim nival tenen el seu cabal determinat per les aportacions hídriques procedents de la fusió de la neu. Són rius
cabalosos, amb un màxim destacat a la primavera/estiu (en produir-se el desglaç) i mínim a l'hivern (aigua retinguda en forma de
neu o gel). El règim nival correspon a rius de muntanya i respon a dos tipus bàsics:

El nival pur. Propi de rius d'alta muntanya, situats en cotes pròximes o superiors als 2.500 m d'altitud. Les aigües altes són
tardanes (juny-juliol), ja que la neu a hores d'ara tarda més a fondre's
Els rius de règim nival són propis de zones de muntanya amb capçaleres per damunt dels
2.500 mts. d'altitud. S'alimenten amb l'aigua de les neus retingudes durant l'hivern (fusió
nival), època que correspon a l'estació d'aigües baixes. A la fi de la primavera i fins i tot al
començament de l'estiu, la fusió de les neus augmenta el cabal del riu; és l'època de les
aigües altes.
El any hidrològic es el període continu de dotze mesos
seleccionat de manera que la majoria de la precipitació té el
seu escolament (escorrentía) dins d'aquest. L'any hidrològic
inclou a l'estació en la qual l'escolament és màxim de tal forma
que es minimitza la quantitat d'aigua d'un any que s'incorpora
al següent. A Espanya, es considera que l'any hidrològic
comença l'1 d'octubre i finalitza el 30 de setembre, mentre que
l'any agrícola o any hidrometeorològic comença l'1 de
setembre i finalitza el 31 d'agost.
La data en la qual comença no es decideix a l'atzar. L'inici es
fixa l'1 d'octubre perquè és just després de l'estiu, l'estació més
seca i amb menys precipitacions en la majoria del país. Des
d'aqueix mateix moment comencen a registrar-se les pluges
caigudes i l'aigua emmagatzemada des de zero. També és quan
la gran majoria de conques hidrogràfiques espanyoles
comencen a rebre precipitacions.

Així mateix, aquest període es té en compte per a


comptabilitzar tot tipus de precipitacions, tant en forma de neu
com d'aigua. En altres paraules, s'espera que la neu es deshiele,
es fonga (derrita) i acabe en els embassaments i es tinga en
compte en el càlcul final.
Els rius de règim nivopluvial, correspon a rius de muntanya mitjana, situats a altituds inferiors a 2.500 m. Tenen un màxim
principal anterior al mes de juny, ja que la neu es funde abans, i un màxim secundari a la tardor de tipus pluvial.
- En els rius de règim nivopluvial (entre els 2.000 i 2.500 m), les aigües altes apareixen al maig i l'estiatge estiuenc no és molt
profund.
En el règim nivo-pluvial, domina l'alimentació nival sobre la pluvial. Per això, presenta aigües
altes a la primavera, coincidint amb el desglaç. Pot presentar un màxim secundari en la tardor. És
el règim d'alguns rius pirinencs en la seua majoria afluents de l'Ebre: Gállego, Cinca; també del
curs alt d'alguns rius cantàbrics i del Sistema Central.
En els rius de règim pluvionival (entre 1.600 i 1.800 m), ja no hi ha retenció de neu en l'hivern; les aigües altes són a l'abril-març i
el màxim secundari de la tardor és pronunciat. Ja no hi ha estiatge d´hivern (no hi neu retinguda) i l´estiatge estival és profund i
s´allarga fins a principis de tardor.
En el règim pluvio-nival, l'alimentació pluvial domina sobre la nival, amb màxims al
començament de la primavera (quan l'aigua de pluja se suma a l'aigua de les precipitacions) i
un clar estiatge estiuenc. En alguns casos el màxim és tardorenc, coincidint amb les
precipitacions i un màxim secundari a la primavera. És el règim de la capçalera d'alguns dels
grans rius peninsulars, com el Duero o el Tajo o el Llobregat en el vessant mediterrani.
El rius de règim pluvial, tenen el seu cabal estrictament determinat pel règim de precipitacions.

El règim pluvial oceànic. Correspon a rius del vessant cantàbric i atlàntic gallec. El seu cabal és abundant, amb aigües altes a
l'hivern i notori estiatge estiuenc, ja que les precipitacions disminuïxen i l´evaporació augmenta. Tot i així, això no comporta que
tinguen poc cabal, perquè els valors de l´estiatge són relatius al mateix riu i es referixen a un cabal mitjà anual o mòdul elevat
El règim pluvial oceànic. Característic dels rius del nord peninsular, de clima oceànic, regió de
precipitacions elevades i regulars i una evaporació relativament baixa.

Presenta un màxim hivernal i un mínim poc pronunciat durant l'estiu.

Rius com el Tambre i el Ulla responen a aquest règim.


Característic dels rius del litoral llevantí peninsular. El seu cabal és escàs i irregular. Presenta
tres pics de màxims (dos coincidint amb les precipitacions de primavera, al febrer-març i maig-
juny, i un coincidint amb les precipitacions tardorenques, al setembre-octubre) i tres pics de
mínims (el principal coincidint amb la sequera estival) i els altres dos, menys acusats, al gener i
març-abril).
El règim pluvial mediterrani. És propi d'un context climàtic de precipitacions irregulars, amb una pronunciada sequera estival i
freqüents pluges de caràcter torrencial.

Presenta acusat estiatge estiuenc, aigües màximes a la primavera i una important evaporació al llarg de l'any.
Els rius de règim mediterrani continentalitzat corresponen a rius de l'interior peninsular. Tenen
dos màxims de similar importància: un a la fi de l'hivern o principis de la primavera (març-febrer) i
un altre a la tardor.
L'estiatge de l'estiu és llarg i pronunciat (entre quatre i sis mesos), existint una major diferència
entre les aigües altes i baixes que en el règim oceànic. A més existeix un mínim relatiu a l'hivern per
influència de l'anticicló peninsular (gener o febrer).
Règim pluvial mediterrani subtropical, a l'interior continentalitzat (rius Zújar, Jándula),
amb un estiatge molt pronunciat i amb màxims a la primavera. En els rius de la vessant sud
(Guadalhorce, Guadalfeo), l'estiatge pot allargar-se a més de mig any.
Els rius de règim pluvial subtropical correspon als rius més meridionals de la Península: conca
del sud, Extremadura, sota Guadalquivir.

Tenen un intens període d'aigües altes a l'hivern (gener-febrer) i un estiatge molt profund i
prolongat, amb set mesos o més per davall de la unitat (entre principis de primavera i mediats
de la tardor).
Els rius de règim pluvial subtropical correspon als rius més meridionals de la Península: conca
del sud, Extremadura, sota Guadalquivir.

Tenen un intens període d'aigües altes a l'hivern (gener-febrer) i un estiatge molt profund i
prolongat, amb set mesos o més per davall de la unitat (entre principis de primavera i mediats
de la tardor).
Els rius peninsulars experimenten canvis de cabal en
les diferents estacions de l'any i es representen en el mapa
Coeficient de cabal dels rius principals. El ritme
d'aqueixes variacions estacionals defineix el règim
fluvial. Pot analitzar-se a partir dels cabals mitjans anuals
(m³/s).

Per a facilitar la comparació entre rius amb disponibilitats


de cabal molt dispars, habitualment es recorre al
coeficient de cabal, que és la relació entre el cabal
mitjà de cada mes, sempre per a una llarga sèrie
d'anys, i el mòdul anual. Els seus valors estan
normalment compresos entre zero i tres.

Els mesos el cabal circulant dels quals supere el mòdul


anual, tindran un coeficient de cabal superior a un, en
tant que aquells amb cabal per davall del mòdul anual
tindran valors inferiors a un.
Els rius atlàntics

Amb aquests valors mensuals del coeficient de cabal s'han representat en el mapa esmentat les gràfiques de variació estacional
de cabal d'una selecció d'estacions d'aforament dels principals rius d'Espanya. En elles s'evidencia que el ritme estacional dels
cabals dels rius peninsulars ofereix marcades diferències segons la seua ubicació i el règim pluviomètric de la zona. Quasi
la totalitat dels rius que aboquen les seues aigües a l'oceà Atlàntic tenen un període d'aigües altes centrat en hivern i que
pot prolongar-se cap a la tardor o la primavera, segons els casos. Aquest període es correspon amb l'època de més pluges i
contrasta amb una fase estival, en la qual el sensible descens de les precipitacions es tradueix en una fase d'aigües baixes ben
marcada. Els rius cantàbrics prolonguen les seues aigües altes durant tota la tardor, hivern i gran part de la primavera,
donada la continuïtat de les precipitacions.
Els rius pirinencs
En els trams alts dels rius pirinencs, on cobra protagonisme la neu, és habitual un règim de tipus nivo-pluvial amb
dos períodes d'aigües altes i dos períodes d'aigües baixes. El període d'aigües altes principal es produeix en la segona
part de la primavera, sovint al maig, a causa de la fusió de la neu que s'ha acumulat durant l'hivern. Hi ha un altre
període d'aigües altes secundari associat a les precipitacions de tardor. També són dos els períodes d'aigües baixes: un
principal a l'estiu, causat pel descens de precipitació, i un altre secundari a l'hivern, a causa de la retenció nival.
Els rius mediterranis

Els rius mediterranis es caracteritzen per tindre dos, tres i fins a quatre períodes d'aigües altes i altres punts d'aigües baixes,
seguint el ritme irregular que la pluja té en aquest àmbit territorial. Com a trets constants destaquen les aigües altes lligades a
les pluges tardorenques i l'accentuat estiatge durant els mesos més càlids d'estiu. Evidentment, el riu Ebre, donada la seua
longitud i les diferents influències rebudes en el seu recorregut (oceànica en la seua capçalera, afluents pirinencs, etc.) no
respon a aquest règim característic de la resta dels rius que aboquen les seues aigües al Mediterrani.
Meses Caudal medio, m3/seg Coeficiente de caudal, K

E 0,06 0,21
F 0,58 2
M 0,13 0,4
Ab 0,47 1,6
My 0,13 0,4
J 0,15 0,5
Jl 0,05 0,1
Ag 0,06 0,2
S 0,13 0,4
O 0,48 1,7
N 0,20 0,7
D 0,95 3,3
Año 0,28
Río Ara

Superficie de la cuenca: 626 Km2

MESES Caudal medio m3/seg Coeficiente de caudal Caudal relativo


K l/seg./km2
octubre
noviembre
diciembre
enero
febrero
marzo
abril
mayo
junio
julio
agosto
septiembre
MEDIA
MESES Caudal medio Coeficiente de caudal Caudal relativo
m3/seg K l/seg./km2
ENERO 2,03 0,03
FEBRERO 1,88 0,03
MARZO 1,60 0,02
ABRIL 1,29 0,02
MAYO 0,78 0,01
JUNIO 0,55 0,01
JULIO 0,27 0
AGOSTO 0,17 0
SEPTIEMBRE 0,21 0
OCTUBRE 0,33 0,01
NOVIEMBRE 1,06 0,02
DICIEMBRE 1,84 0,03
64,14 29,33
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4.- La red fluvial en España: Cuencas y vertientes hidrográficas


La red fluvial peninsular, se estructura en dos vertientes hídricas: la vertiente atlántica y
la vertiente mediterránea. Son dos vertientes bien diferenciadas, tanto por su desigual
extensión como por las características de los ríos y los recursos que cada una ofrece.
En los archipiélagos no encontramos auténticos ríos y la escorrentía superficial se limita
a una red de torrentes y barrancos.

3.1. Cuencas hidrográficas


Una cuenca hidrográfica es un territorio atravesado por un río principal y su red de
afluentes y subafluentes organizados jerárquicamente.
Las cuencas hidrográficas son unidades naturales. En aquellos territorios donde son
numerosas y de reducida extensión, se agrupan bajo una denominación común, por
ejemplo, las del Cantábrico. Para la gestión de los recursos hídricos, las cuencas se
organizan en demarcaciones hidrográficas, que pueden comprender una cuenca, varias
cuencas o parte de una cuenca.
Las cuencas hidrográficas están separadas por las divisorias de aguas (línea más elevada
que separa dos cuencas fluviales). Las cuencas peninsulares son:
- Cuencas del Cantábrico
- Galicia Costa
- Miño-Sil En las vertientes peninsulares hay una disimetría (no son
- Duero iguales). La vertiente atlántica se vierten el 69 % de los ríos y
- Tajo en la cantábrica el 31%
- Guadiana La causa es la inclinación de Península hacia el este, que
- Guadalquivir provoca que hayas más ríos que se vierten en el Atlántico y
no en el Cantábrico
- Tinto-Odiel
- Guadalete-Barbate
- Cuencas internas de Cataluña
- Ebro
- Júcar
- Segura
- Cuenca mediterránea andaluza

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Departamento de Ciencias Sociales Vertientes: territorio cuyas aguas son vertidas
Geografía. 2º de Bachillerato todas al mismo mar. La divisoria de vertientes
están donde se cambia de mar
3.2. Las vertientes hidrográficas. La vertiente atlántica
La vertiente atlántica, la más extensa, ocupa el 69 % del espacio peninsular. Dentro de
ella podemos diferenciar dos sectores. El primero corresponde a los ríos del norte
peninsular (ríos vascos, cántabros, astures, gallegos), reunidos en la cuenca norte. El
segundo conjunto agrupa a los grandes colectores de la Meseta y la depresión Bética.
La cuenca norte
Incluye los ríos del dominio de clima oceánico, tanto los que desembocan en el mar
cantábrico (en ocasiones se habla de vertiente cantábrica para referirnos a ellos) como los
gallegos, que tienen unos rasgos comunes con los cantábricos.
Esta cuenca se define por unos cursos fluviales cortos. La mayoría de sus ríos nacen en
la Cordillera Cantábrica, muy próximos a su desembocadura. En su recorrido excavan
profundos valles para salvar desniveles (de hasta 2.000 mts.) entre las montañas donde
nacen y el mar, por lo que tienen una gran fuerza erosiva y un carácter torrencial que se
aprovecha a lo largo de toda la cornisa cantábrica para producir electricidad.
Las elevadas y regulares precipitaciones otorgan a estos ríos un caudal abundante y
regular, con un régimen de precipitación pluvial y pluvio-nival.
Los ríos vascos (Bidasoa, Nervión,) son los más regulares. Los cántabros y astures (Pas,
deva, Sella, Nalón, Narcea, Navia) tienen una gran potencia erosiva. Y los ríos gallegos
(Eo, Tambre, Ulla, Miño y Sil) son los que presentan un curso más suave, acorde con el
relieve del Macizo Galaico.
Los grandes colectores de la Meseta y la Depresión Bética
Los grandes ríos atlánticos se caracterizan por su gran longitud, ya que nacen en las
montañas alejadas de su desembocadura.
Discurren por extensas llanuras, en un ambiente climático mediterráneo con una marcada
aridez estival, que se traduce en un régimen irregular, aminorado por el aporte de sus
afluentes. Su caudal absoluto es elevado, pero su caudal relativo desciende
significativamente, puesto que estos ríos atraviesan extensas cuencas fluviales entre los
relieves que las delimitan. De norte a sur se localizan las grandes cuencas de la Meseta
(Duero, Tajo y Guadiana) y el río Guadalquivir.
El Duero es la cuenca más extensa de la Península. Drena las tierras de la Submeseta
Norte y recoge las aguas de la Cordillera Cantábrica, Ibérica y Central. Nace en los Picos
de Urbión y, tras atravesar las tierras castellanas, se encaja en los Arribes del Duero,
salvando el gran desnivel entre las tierras españolas y las portuguesas. Este desnivel se
aprovecha para la construcción de presas que producen electricidad (Aldeadávila,
Saucelle, etc).
Sus afluentes de la margen derecha (Pisuerga, Esla, Arlanza, Arlanzón, Carrión,) son más
caudalosos que los de la margen izquierda (Duratón, Adaja, Tormes) y su régimen de
alimentación es pluvio-nival, con máximos en marzo-abril.

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El Tajo, en la Submeseta Sur, discurre entre el Sistema Central, las estribaciones del
suroeste del Sistema Ibérico y los Montes de Toledo. Es el río más largo de la Península:
nace en la sierra de Albarracín y desemboca en Lisboa. Está regulado por muchos
embalses.

Estuario del Tajo en Lisboa


Sus principales afluentes de la margen derecha son el Jarama, el Alberche, el Tiétar y el
Alagón. Los de la izquierda, menos caudalosos, son el Guadiela, el Algodor y el Almonte.
Sus aguas se aprovechan para la producción de electricidad (presa de Alcántara) y su
régimen de alimentación es pluvionival.
El Guadiana, también en la Submeseta Sur, extiende su cuenca entre los Montes de
Toledo, Sierra Morena y las Subbéticas. Nace en las lagunas de Ruidera y desemboca en
Ayamonte. Es un río de caudal pobre (es el menos caudaloso de los ríos atlánticos) e
irregular, con acusados estiajes. Además, la litología caliza presente en buena parte de su
cuenca favorece la circulación subterránea lo que ha dado pie a refranes populares,
“apareces y desapareces más que el Guadiana”.
Su régimen de alimentación es pluvial y sus afluentes ((Jabalón, Zújar y Matachel)
aportan poca agua al curso principal. Casi todos sus embalses son de aprovechamiento
agrícola.

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El Guadalquivir, recorre la depresión Bética. Recoge las aguas de Sierra Morena y las
Subbéticas. Nace en la sierra de Cazorla y desde Sevilla discurre por una llanura casi
horizontal hasta su desembocadura en Sanlúcar de Barrameda, en el Golfo de Cádiz,
donde se forman las marismas del Guadalquivir.

Su régimen de alimentación es pluvial subtropical, aunque el de su principal afluente, el


Genil que nace en Sierra Nevada, tiene influencia nival.

3.3. Las vertientes peninsulares: la vertiente mediterránea


La vertiente mediterránea, que ocupa el 31 % de la superficie peninsular, se extiende, de
norte a sur, desde Girona a Gibraltar. Hacia el interior la divisoria de aguas está definida
por el Sistema Ibéricoy los Sistema Béticos; este aspecto condiciona las características de
sus cuencas fluviales, puesto que, salvo el Ebro, son cursos de pequeña o mediana
longitud, cuencas reducidas, y pronunciadas pendientes en sus cabeceras, debido a la
proximidad de los relieves montañosos a la costa.
El clima mediterráneo explica la pobreza de caudal de estos cursos fluviales y su gran
irregularidad, con frecuentes crecidas y acusados estiajes, a los que se suma una elevada
evpotranspiración, que contribuye aún más a reducir el caudal de estos ríos. De hecho,
muchos de ellos son cursos intermitentes, torrentes o ramblas, que sólo en ocasiones
llevan el agua de unas intensas precipitaciones (generalmente otoñales) con
consecuencias, muchas veces, catastróficas.
Los ríos catalanes (Fluviá, Ter y Llobregat), con un régimen de alimentación mixto, son
cortos y algo más caudalosos.
Los levantinos (Mijares, Palancia, Turia, Júcar y Segura) tienen unas cuencas pequeñas
o de medianas dimensiones, un régimen de alimentación pluvial o pluvio-nival, caudal
pobre y gran irregularidad interanual e intranual (a lo largo del mismo año), con peligrosas
crecidas otoñales debido a procesos de gota fría.
Los ríos más meridionales (Almanzora, Guadalfeo, Guadalhorce, Andarax), tienen un
régimen mediterráneo subtropical. Son muy cortos, rápidos e irregulares, de difícil
aprovechamiento y, como los levantinos, con frecuentes crecidas..
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El Ebro es una excepción en la vertiente mediterránea. Nace en la Cordillera Cantábrica,


Fontibre (Santander), por lo que la cabecera es lluviosa; atraviesa la depresión del Ebro,
donde la aridez se impone en la parte central, y, tras pasar el Sistema Costero-Catalán,
desemboca en el Mediterráneo formando un delta con los materiales que arrastra.
Es, en consecuencia, un río largo, de extensa cuenca y caudal destacado, tanto por su
cabecera húmeda como por el aporte de sus afluentes pirenaicos (Aragón, Gállego, Cinca,
Segre, Arga). Sus afluentes ibéricos (Jalón, Guadalope) tienen un caudal más pobre. El
régimen de alimentación es pluvio-nival, con estiajes cortos y menor irregularidad que el
resto de los ríos mediterráneos. Sus aguas se aprovechan tanto para la producción de
energía hidroeléctrica como para un intenso regadío, por lo que se han construido
numerosos embalses para uso agrícola (Mequinenza, Caselles).

Curso espasmódico: es un espasmo (reacción inmediata).


La reacción inmediata de los cursos ante una gran
intensidad, pero luego vuelven a la normalidad y siguen
con el mismo nivel de agua que llevaban antes de que se
diese este hecho

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5.- Lagos. Humedales y acuíferos


Junto a las aguas de escorrentía superficial que forman la red fluvial, encontramos las
zonas húmedas, en las que se incluyen, lagos, lagunas, charcas, albuferas, marismas,
deltas, etc.
En España, las características climáticas y del relieve no favorecen el desarrollo de estas
zonas, que son escasas en su extensión y en los recursos hídricos que ofrecen. Esto no
quiere decir que sean importantes, pues tienen un alto valor ecológico, ya que son el
hábitat de numerosas especies animales y vegetales, además de enclave vital de paso para
la avifauna europea en su migración hacia África.
Zonas húmedas permanentes: lagos y lagunas

Lagos y lagunas constituyen los medios lacustres, masas de aguas profundas y estables
formadas por la acumulación natural de agua en zonas deprimidas de la superficie. Los
lagos tienen mayores dimensiones y profundidad que las lagunas, diferenciándose ambos
por su tamaño, aunque normalmente se empleen indistintamente uno u otro término.
Nuestro país no cuenta con grandes lagos. Esta situación se agrava por la
sobreexplotación llevada a cabo por el ser humano sobre estos frágiles y amenazados
sistemas, lo que ha conllevado una mengua de sus aguas.
Existe una gran variedad de lagos y lagunas, pudiendo establecerse diversas
clasificaciones atendiendo a criterios como el origen de sus aportes (superficiales o
subterráneos) o los procesos que han dado lugar a su formación. Atendiendo a este último
criterio, su génesis, podemos distinguir tres tipos de lagos y lagunas.
Lagos y lagunas de origen endógeno, escasos en España, son aquellos que se deben a
fuerzas del interior de la Tierra: tectónicos y volcánicos. Los lagos de origen tectónico se
forman sobre fosas tectónicas o cuencas de subsidencia, como la laguna de la Janda,
Cádiz, actualmente desecada, o el lago de Carucedo en León. Los lagos de origen
volcánico se crean sobre cráteres apagados, como el conjunto de lagunas del Campo de
Calatrava, en Ciudad Real (lagunas de Fuentillejo, Caracuel, Lomillos, Nava Grande…).

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Las lagunas del Campo de Calatrava, son un área de invernada de numerosas aves acuáticas. Tienen origen freático
sobre un cráter de explosión y están rodeadas de carrizales, espadañales y juncales.

Los lagos y lagunas de origen exógeno, algo más abundantes en nuestro territorio, deben
su creación a procesos de erosión que tienen lugar en la superficie terrestre. Así, el
glaciarismo cuaternario ha dado lugar a los lagos formados sobre las cubetas excavadas
por los hielos o por la obstrucción provocada por la acumulación de morrenas. La mayoría
de estos lagos se encuentran en los Pirineos (ibones en Cataluña), aunque también se
formaron en otros sistemas montañosos peninsulares, como la Cordillera Cantábrica, el
Sistema Ibérico, Sistema Central e incluso la Penibética. El lago de Sanabria, en los
Montes de León, es el lago glaciar de mayores dimensiones y profundidad de España.

Ibón en el Pirineo Lago de Sanabria, León

Las lagunas cársticas tienen también un origen exógeno. Los procesos de disolución de
las calizas han dado lugar a cubetas y a represas, como las formadas en las lagunas de
Riodera, en la Mancha o el caso de algunas dolinas en la Serranía de Cuenca.

Dolinas en la Serranía de Cuenca

Los lagos mixtos son los que se han formado por la acción de dos o más procesos, como
el caso del lago de Banyoles, de origen tectónico y cárstico.

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Zonas húmedas de aguas someras e intermitentes


Los denominados medios palustres o humedales son zonas húmedas de escasa
profundidad, que durante el verano pueden llegar a secarse, al ser sometidas a una intensa
evaporación.
Buena parte de ellos se corresponden con cuencas arreicas del interior peninsular,
donde el agua se acumula en zonas deprimidas formando lagunas y charcas que pueden
llegar a secarse en estas regiones de altas temperaturas e intensa evaporación. Se
extienden por La Mancha, en donde destaca el conjunto del Parque nacional de las Tablas
de Daimiel; la depresión del Ebro (la estanca de Alcañiz en Teruel,), y otras áreas, como
el sureste peninsular.
En el litoral, la acción conjunta de la sedimentación fluvial, el mar y el viento dan lugar
a lagunas de aguas someras con un alto valor ecológico, entre las que se incluyen las
albuferas y marismas. Ambas están bien representadas a lo largo de la costa mediterránea
peninsular e insular (Albufera de Valencia, salinas del cabo de Gata, Parque Natural de
S´Albufera de Mallorca, - en Alicante, el humedal de Agua Amarga y el Parque Natural
de El Hondo o las Lagunas de Santa Pola y Torrevieja). En el litoral andaluz son
frecuentes, en la desembocadura de algunos ríos, la formación de marismas como la de
los ríos Guadalquivir (Parque Nacional de Doñana), Guadiana, Tinto y Odiel.
Las aguas subterráneas
Parte del agua de las precipitaciones se infiltra en el suelo a través de poros y grietas hacia
zonas más profundas del subsuelo, hasta alcanzar una capa de rocas impermeables. El
agua queda retenida en ese nivel y va formándose un embalse subterráneo que
denominamos acuífero.

De forma natural, parte del agua del subsuelo retorna a la superficie, a través de
manantiales o desaguando en otros acuíferos, un río o directamente al mar.
En ocasiones, parte de los recursos de los acuíferos es extraído mediante pozos o galerías
para uso humano. Un uso o aprovechamiento que en España es cada vez mayor, y que ha
conducido a una sobreexplotación, la contaminación y, en algunas ocasiones, el
agotamiento de las reservas que estas aguas subterráneas ofrecían.

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Geografía. 2º de Bachillerato

El reparto geográfico de los acuíferos está directamente unido a la naturaleza de las


rocas o litologías que componen los suelos. De esta manera, en la Península, las
principales reservas se encuentran en las áreas de litología arcillosa (acuíferos detríticos
que ocupan las depresiones terciarias del Duero, Tajo, Guadiana, Ebro y Guadalquivir) y
de litología caliza (acuíferos calcáreos que se encuentran a lo largo de la Z invertida desde
los Pirineos a las Béticas). En ambos archipiélagos los acuíferos (volcánicos en Canarias)
son la principal reserva de agua dulce.
La calidad del agua de los acuíferos calcáreos es mayor que la de los detríticos del
Terciario, que muchas veces están asociados a depósitos salinos.

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LOS RÍOS PENINSULARES

RÍOS DE LA VERTIENTE CANTÁBRICA AFLUENTES


Bidasoa
Nervión
Nalón
Narcea
Eo
RÍOS DE LA VERTIENTE ATLÁNTICA
Tambre
Ulla
Miño Sil
Duero Arlanzón, Pisuerga, Carrión, Esla,
Tormes, Adaja, Eresma
Tajo Tajuña, Henares, Jarama,
Alberche, Tiétar
Guadiana Cigüela, Záncara, Zújar
Odiel
Tinto
Guadalete
Guadalquivir Genil, Guadiato
RÍOS DE LA VERTIENTE MEDITERRÁNEA
Guadalhorce
Andarax
Almanzora
Segura Mundo, Guadalentín
Júcar Cabriel
Turia
Mijares
Ebro Segre, Cinca, Noguera Pallaresa,
Gállego, Arga, Aragón, Jalón,
Guadalope
Llobregat
Ter
Fluviá

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