DINASTÍA TRASTÁMARA
La dinastía empieza mucho antes de lo que voy a relatar, pero lo importante y lo que tenéis
que saber está a continuación.
Juan II, padre de Isabel “la católica” es el rey de Castilla. Él se casa con una mujer con la
que tiene un hijo Enrique “el impotente”. Esta mujer se muere y, como los reyes tienen que
tener descendencia sino se veía mal, se casa de nuevo. La mujer nueva se llama Isabel y
va a ser madre de Alfonso e Isabel “la católica”. Esta mujer tiene un amante, Don Álvaro de
Luna que al ser amante de la reina quiere quitarle el puesto a Juan como rey y piensa en
matarlo. Cuando Isabel se da cuenta de ello, se lo dice a su marido Juan quien decide
poner fin y manda matarlo. Isabel siempre se va a lamentar de lo sucedido y cae enferma,
teniendo visiones de Álvaro de Luna persiguiéndola por los jardines (esquizofrenia).
Más tarde, Juan II muere y le sucede en el trono su hijo mayor, Enrique “el impotente”, sus
otros dos hijos, Alfonso e Isabel “la católica” se quedan con su madre retirados del castillo y
viven no con misera pero no con tanto lujo como en la corte.
Enrique, como buen rey, se acuesta con las mujeres que él quiere, pero como es lógico y
normal también se casa. Su mujer va a ser Juana de Portugal, una futura princesa o reina
de ese lugar. Juana, al ver que su marido se lo pasa bien con otras mujeres también decide
pasárselo bien ella y tiene un amante, Beltrán de la Cueva.
Enrique al acostarse con mujeres de todo tipo tendría que tener hijos por todas partes,
como otros reyes tienen, pero a él no le sale ningún hijo por lo que los nobles empiezan a
comentar y chismorrear sobre el tema, diciendo de todo, pero sobre todo que es impotente
(no puede tener hijos). Pero de repente, y como algo inesperado, Juana, su mujer, está
embarazada. Enrique, todo ilusionado, le pega un corte a todos los nobles diciendo que va a
ser padre de una criatura. Pero no acaba aquí, ya que la criatura nace pero no se parece en
nada a él, sino al amante de Juana, a Beltrán de la Cueva, de hecho a la niña, se le va a
apodar Juana “la beltraneja”. Sea como sea, es la futura reina del país y Enrique la quiere.
Nunca se ha sabido si él creía o no en que fuera su hija, pero la trató como si lo fuera.
Cuando los nobles de Castilla vieron que esa niña poco se parecía a Enrique y también
sabiendo que Enrique tenía la fama de acostarse y no quedar ninguna mujer embarazada,
empezaron a expandir que Alfonso, el otro hijo del fallecido Juan II, tendría que ser el rey y
no Juana “la Beltraneja”. Así que decidieron ir a buscarlo y enseñarle todas las tareas para
que fuera un rey genial. Entre esas tareas estaba saber usar bien la espada porque todos
los reyes van a la guerra a combatir, y en un despiste,... muere.
La siguiente en la sucesión es Isabel “la católica”, hermana de Alfonso, que jamás pensaba
que podía ser reina. La empezaron a preparar y vieron que era muy válida, tanto en el habla
como con la espada. Poco a poco Isabel tenía más nobles que la seguían y Juana “la
beltraneja” tenía muy pocos seguidores porque casi nadie se creía que fuera hija del rey
Enrique. Pero la cosa se complicaba, ya que Enrique muere. Entonces, ¿quién gobierna en
Castilla? Hay una guerra, entre los partidarios de Isabel y los de Juana “la beltraneja”.
Durante tres años duros, acaba la guerra con la victoria de Isabel. Y la proclaman reina.
Juana “la beltraneja”, será reina en un futuro de Portugal, ya que la casan con el rey de ese
país.
Ahora, Isabel, tenía que buscar pretendiente, porque una reina no puede reinar sola,
siempre con la compañía de un hombre, además había que tener descendencia. Así que los
nobles le enseñan tres futuros pretendientes: un portugués, un francés y un aragonés.
Antiguamente, no se veían sino que un pintor dibujaba de la manera mejor posible al
hombre o mujer y si te gustaba lo elegías. Pues el pintor de la corte no era nada avispado y
a Isabel no le gustaba ninguno, así que mandó a un noble para que hablase con cada uno
de ellos. Sabiendo cómo respondían y cómo hablaban (educados, respetuosos,
católicos…). Isabel se decidió por el aragonés: Fernando “el católico”.
Cuando se vieron para formalizar el matrimonio, se enamoraron y decidieron casarse lo
antes posible, pero el Papa tenía que aceptar ese matrimonio, y no lo aceptó porque ambos
eran primos. Decidieron esperar, pero el Papa cada vez lo tenía más claro, y ellos estaban
ya desesperados. Hasta que, de repente, el Papa muere y tienen que elegir un nuevo Papa.
Tuvieron suerte, ya que el nuevo Papa les dio el beneplácito para poder casarse y así
hicieron.
A pesar de su casamiento, los reinos de Castilla y de Aragón no se juntaron hasta diez años
después. Cada reino tenía su moneda, sus leyes,..