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Historia de Mar del Plata: Evolución Turística

La historia de Mar del Plata se divide en cinco períodos, comenzando con un paisaje natural y un primer intento de asentamiento en la mecanización incipiente. A medida que avanzan los años, la ciudad se transforma de un destino elitista a uno accesible para el turismo masivo, impulsado por cambios económicos y sociales. En la actualidad, Mar del Plata busca recuperar su demanda turística elitista mediante inversiones en infraestructura y servicios de alta gama, adaptándose a un mercado competitivo.
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Historia de Mar del Plata: Evolución Turística

La historia de Mar del Plata se divide en cinco períodos, comenzando con un paisaje natural y un primer intento de asentamiento en la mecanización incipiente. A medida que avanzan los años, la ciudad se transforma de un destino elitista a uno accesible para el turismo masivo, impulsado por cambios económicos y sociales. En la actualidad, Mar del Plata busca recuperar su demanda turística elitista mediante inversiones en infraestructura y servicios de alta gama, adaptándose a un mercado competitivo.
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En el primer período de la historia de Mar del Plata, conocido como la

mecanización incipiente (hasta 1840), la ciudad aún no existía. El


paisaje predominante estaba caracterizado por sierras, lomas,
arroyos, acantilados costeros, playas y lagunas, moldeados por
procesos naturales. La orografía mostraba las estribaciones de las
sierras del Sistema de Tandilia, que descendían hacia el mar y
generaban formaciones como las rocas en diversas puntas y tres
lomas urbanas. Entre las sierras y el litoral, se acumulaban
sedimentos que daban lugar a un relieve ondulado, mientras que el
litoral estaba marcado por acantilados y playas, fruto de la deposición
y erosión del mar y el viento.

La configuración socio-espacial inicial estuvo definida por los primeros


habitantes, pueblos recolectores y cazadores (Pampas y Serranos),
quienes se desplazaban en busca de alimentos. En 1741, la llegada
de los jesuitas llevó a la creación de la Reducción de Nuestra Señora
del Pilar en la Laguna de las Cabrillas (actual Laguna de los Padres).
Sin embargo, este proyecto evangelizador fue interrumpido por la
resistencia del cacique Cangapol, quien rechazó los valores impuestos
por los misioneros y atacó la reducción hasta su retiro. Así, esta fase
inicial se caracteriza por un paisaje natural influido por la intervención
humana limitada, y un primer intento de establecer un asentamiento
mediante la evangelización.
En el segundo período, conocido como "máquina a vapor y
ferrocarriles" (1840-1890), se dieron pasos decisivos hacia la
configuración de Mar del Plata como ciudad turística. A nivel nacional,
la Campaña del Desierto liderada por Julio Argentino Roca permitió
distribuir tierras al sur del Río Salado, incluyendo las del actual
Partido de General Pueyrredon. Los terrenos pasaron por varias
manos hasta ser adquiridos por el brasileño Coelho de Meyrelles,
quien estableció un saladero en la desembocadura del arroyo Las
Chacras, cerca del mar. Este saladero se convirtió en la primera
actividad industrial de la zona y fue equipado con un pequeño puerto
de exportación.

La instalación del saladero impulsó cambios en el paisaje y en la vida


de la región, atrayendo a un pequeño núcleo de trabajadores y
concentrando actividades en torno al lugar, como almacenes y
caminos. Sin embargo, el emprendimiento no prosperó y fue vendido
a Patricio Peralta Ramos, quien fundó el pueblo del Puerto de Laguna
de los Padres, base de la futura Mar del Plata. Peralta Ramos loteó
parte de sus tierras y trazó un diseño urbano basado en una
cuadrícula.

El atractivo del paisaje costero y el auge del turismo litoral en Europa


favorecieron el interés turístico. Cecilia Peralta Ramos, hija del
fundador, fue la primera veraneante que, al difundir las bellezas
naturales entre la élite porteña, marcó el inicio del turismo en la zona.
Luego, Pedro Luro, quien adquirió parte de las tierras, promovió la
actividad turística, gestionó la expansión del ferrocarril y fomentó el
desarrollo comercial, atrayendo a la oligarquía porteña que buscaba
un nuevo destino para disfrutar de la temporada estival.
En el tercer período, "energía eléctrica e ingeniería pesada" (1890-
1940), Mar del Plata se transforma de un destino turístico elitista a un
espacio accesible para un turismo más amplio. Al inicio, la expansión
del modelo agroexportador argentino favoreció a la alta sociedad
porteña, que inspirada en balnearios europeos, impulsó la creación de
un destino de lujo en la costa atlántica. La apertura del Hotel Bristol
(1888) y la extensión del ferrocarril (1886) consolidaron a la ciudad
como un centro balneario para la élite, que construyó imponentes
villas veraniegas y obras emblemáticas como la Rambla Bristol, el
Pidgeon Club y el Teatro Colón.

Durante las primeras décadas del siglo XX, la alta sociedad argentina
monopolizó el centro turístico de Mar del Plata, concentrándose en la
Playa Bristol y el área fundacional, donde se erigieron edificios y
clubes exclusivos. Sin embargo, la creciente afluencia de turistas y
residentes diversificó la ciudad, aumentando la población y creando
una segregación social: la élite porteña en la zona litoral, y los
inmigrantes dedicados a la pesca y servicios en la periferia, como los
españoles al norte y los italianos al sur.

Con la crisis de los años treinta y el cambio en el modelo económico


nacional hacia la industrialización, la élite argentina empezó a
desplazarse hacia Europa, cediendo lugar a una clase media
emergente. Esta transición permitió la expansión del turismo masivo
y llevó al desarrollo de nuevos espacios turísticos, como el complejo
Playa Grande (1930), la Rambla Bustillo y el Casino (1938), y
proyectos de parquización que unieron playas como La Perla y Punta
Mogotes. Así, Mar del Plata comenzó a redefinirse como un destino
turístico accesible para un público más amplio, dejando atrás el
monopolio aristocrático.

El cuarto periodo, "producción fordista en serie" (1940-1980), se


caracteriza por el fin del turismo elitista y el auge del turismo social
en Mar del Plata. La pavimentación de la Ruta Nacional Nº 2 y el
crecimiento del uso del automóvil facilitaron el acceso de una nueva
clase social con menores ingresos, menos exigente y que hace un uso
intensivo del espacio. El Estado Benefactor implementó políticas que
transformaron el turismo, con medidas como el pago de aguinaldos,
vacaciones pagas e indemnizaciones, fomentando el turismo social a
través de la construcción de colonias de vacaciones como
Chapadmalal. El "Plan Mercante" permitió el acceso al turismo de
sectores de bajos recursos, consolidando la hotelería sindical y
gremial.

Este proceso resultó en el declive de los hoteles lujosos, que fueron


vendidos a sindicatos, y en la demolición de las villas veraniegas,
reemplazadas por torres de departamentos favorecidas por la Ley de
Propiedad Horizontal de 1948. La población turística y residente
creció rápidamente, y Mar del Plata se expandió sin planificación
adecuada, lo que generó problemas de infraestructura. La ciudad se
popularizó, convirtiéndose en un destino masivo y accesible.
Durante las décadas de 1960 y 1970, la Playa Bristol perdió su
carácter elitista y se volvió un espacio para el turismo popular. La
masificación del turismo promovió un producto estandarizado basado
en la playa, espectáculos y una gastronomía simple. Sin embargo, las
crisis económicas y el surgimiento de destinos alternativos, junto con

la llegada del gobierno militar, llevaron al agotamiento del modelo


turístico tradicional de la ciudad.

El quinto periodo, "de la información y comunicación" (1980 a la


actualidad), se caracteriza por los esfuerzos de Mar del Plata por
recuperar su demanda turística elitista. A comienzos del siglo XXI, una
gestión conjunta entre el sector público y privado impulsa la creación
de nuevo equipamiento turístico-recreativo y la remodelación de
infraestructuras, orientadas a captar turismo de mayor poder
adquisitivo y a promover la permanencia anual.

En los años 80 y 90, la aparición de destinos como Villa Gesell y


Pinamar para jóvenes y turistas de alto poder adquisitivo, y la
competencia internacional impulsada por la paridad cambiaria,
obligan a Mar del Plata a reposicionarse mediante inversiones
hoteleras de alta gama, como los hoteles Costa Galana y Sheraton.
También se desarrollan complejos de balnearios privados con
servicios exclusivos.

La crisis financiera de 2001 desencadena una pérdida de confianza en


el sistema financiero, favoreciendo la inversión en inmuebles y el
desarrollo inmobiliario de alta gama. Esto, junto con la remodelación
del paseo costanero y la aparición de nuevas torres y complejos, da
forma a un nuevo paisaje urbano en la ciudad.

Mar del Plata, influenciada por modelos urbanísticos europeos, busca


revitalizar su paseo costero. El Complejo Rambla Casino y Gran Hotel
Provincial, diseñado por Alejandro Bustillo, simboliza esta
transformación con un enfoque en el lujo y la historia. A lo largo de
este periodo, la ciudad intenta combinar modernidad y tradición,
rescatando su pasado elitista mientras se adapta a un mercado
turístico más amplio y competitivo.

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