Sistema inmunitario
ENFERMEDADES DEL SISTEMA INMUNITARIO
La inmunidad es la protección frente a infecciones, proporcionada por el sistema
inmunitario, compuesto por células y moléculas que defienden al cuerpo de
microorganismos patógenos. Defectos en este sistema causan inmunodeficiencia, lo
que facilita las infecciones, mientras que una respuesta inmunitaria excesiva puede
causar daño a los tejidos, lo que se conoce como trastorno de hipersensibilidad. Este
texto aborda enfermedades relacionadas con deficiencias inmunitarias, respuestas
excesivas y la amiloidosis, un trastorno en el que se acumulan proteínas anómalas en
los tejidos. Se revisan las respuestas inmunitarias normales como base para entender
estos problemas.
RESPUESTA INMUNITARIA NORMAL
La defensa frente a microorganismos patógenos incluye dos tipos de respuestas:
Inmunidad innata, que es la primera línea de defensa y actúa de inmediato, y la
Inmunidad adaptativa, que es más especializada y se activa frente a microorganismos
que resisten a la inmunidad innata. La inmunidad innata combate infecciones de forma
rápida y también participa en la eliminación de células dañadas, mientras que la
inmunidad adaptativa genera respuestas más potentes para neutralizar y eliminar
patógenos específicos.
INMUNIDAD INNATA
La inmunidad innata es la primera línea de defensa del cuerpo contra infecciones. Sus
componentes principales incluyen barreras epiteliales, células fagocíticas (neutrófilos y
macrófagos), células dendríticas, linfocitos NK y proteínas plasmáticas como el sistema
del complemento. Estas células reconocen microorganismos a través de receptores
especializados que detectan patrones moleculares asociados a patógenos y células
dañadas. Los receptores más conocidos son los TLR, que activan la inflamación y otras
respuestas. Los receptores de tipo NOD, a través del inflamasoma, también responden
a señales de daño y activan la inflamación, implicándose en trastornos como la gota y
la diabetes tipo 2.
Los receptores de la inmunidad innata incluyen las lectinas tipo C (CLR), que detectan
hongos, y receptores citosólicos que reconocen ácidos nucleicos virales, activando
citocinas antivirales. Otros receptores en leucocitos detectan proteínas bacterianas y
azúcares microbianos, estimulando la fagocitosis y las respuestas quimiotácticas. Los
receptores RIG-I y otros sensores reconocen ARN y ADN microbianos.
Las dos principales reacciones de la inmunidad innata son:
1. Inflamación, donde se reclutan leucocitos para eliminar microorganismos y células
dañadas.
2. Defensa contra virus, mediante interferones tipo 1 que inhiben la replicación viral.
Además, la inmunidad innata prepara el cuerpo para una respuesta adaptativa más
potente.
LA INMUNIDAD ADAPTATIVA
Está compuesta por linfocitos y anticuerpos. A diferencia del sistema inmunitario innato,
puede reconocer una gran variedad de sustancias extrañas. Se divide en dos tipos:
1 Inmunidad humoral, que involucra anticuerpos producidos por linfocitos B y protege
contra patógenos extracelulares, y
2 Inmunidad celular, mediada por linfocitos T, que actúan contra microbios
intracelulares al matar células infectadas o activar fagocitos. Los linfocitos T también
producen citocinas para coordinar la respuesta inmune.
CÉLULAS Y TEJIDOS DEL SISTEMA INMUNITARIO
Las células del sistema inmunitario incluyen linfocitos B y T, que tienen receptores
específicos para antígenos, CPA especializadas que presentan antígenos a los
linfocitos, y células efectoras que eliminan los microbios. El sistema se caracteriza por
la diversidad de receptores, la especialización celular para diferentes funciones y
mecanismos de control precisos que aseguran respuestas adecuadas y previenen
respuestas dañinas.
LINFOCITOS
Los linfocitos se originan en órganos linfoides primarios, con los linfocitos B madurando
en la médula ósea y los T en el timo. Cada linfocito expresa un único receptor para
antígenos, permitiendo el reconocimiento de millones de ellos.
Los linfocitos T y B
Maduran y recirculan por los órganos linfoides periféricos, activándose ante antígenos
extraños.
Los linfocitos T incluyen los CD4+ (colaboradores), que secretan citocinas para ayudar
a los macrófagos y linfocitos B, y los CD8+ (citotóxicos), que destruyen células
infectadas. También existen linfocitos T reguladores y otros que reconocen moléculas
no proteicas, como los linfocitos NKT.
LINFOCITOS B
1. Los linfocitos B, derivados de la médula ósea, producen anticuerpos y representan el
10-20% de los linfocitos circulantes.
2. Reconocen antígenos mediante receptores de inmunoglobulina M (IgM) en su
superficie y pueden responder a varias estructuras químicas sin necesidad del CPH.
3. Tras la activación, se diferencian en células plasmáticas que secretan anticuerpos de
diversas clases (IgG, IgM, IgA, IgE e IgD).
4. Los linfocitos NK pertenecen a la inmunidad innata, actúan sin activación previa y
eliminan células infectadas o estresadas.
5. Las células linfoides innatas (CLI) no tienen TCR, pero producen citocinas similares
a los linfocitos T y proporcionan defensa temprana en los tejidos.
CELULAS PRESENTADORAS DE ANTIGENO
Las principales son las celulas dendriticas
LAS CELULAS DENDRITICAS
Las células dendríticas (CD) son las principales presentadoras de antígenos para iniciar
la respuesta de los linfocitos T. Se localizan debajo de los epitelios y en los tejidos,
capturando antígenos a través de receptores como los TLR. Tras detectar microbios,
migran a los órganos linfoides para activar a los linfocitos T. Expresan grandes
cantidades de moléculas del CPH. Las CD plasmocitoides, presentes en sangre,
producen interferón de tipo I en respuesta a virus. Las células dendríticas foliculares, en
los centros germinales, presentan antígenos a los linfocitos B, favoreciendo la
producción de anticuerpos.
TEJIDOS LINFOIDES
Los tejidos linfoides incluyen órganos generadores (primarios) y periféricos
(secundarios). Los primarios son el timo, donde maduran los linfocitos T, y la médula
ósea, donde se producen todas las células sanguíneas y maduran los linfocitos B. Los
órganos periféricos, donde se inician las respuestas inmunitarias adaptativas frente a
microbios, incluyen ganglios linfáticos, bazo y tejidos asociados a mucosas.
Activación Linfocítica y las Respuestas Inmunitarias Adaptativas
Introducción
La activación linfocítica es un proceso crucial en la respuesta inmunitaria adaptativa,
que permite al sistema inmunitario reconocer y responder eficazmente a patógenos y
antígenos. Esta respuesta es altamente específica, adaptándose a la naturaleza del
antígeno y generando una memoria inmunitaria que proporciona protección a largo
plazo. En este informe, se analizarán las etapas de la activación linfocítica, la
inmunidad celular mediada por linfocitos T, la inmunidad humoral mediada por linfocitos
B, y la eliminación de patógenos. Además, se abordará la desaparición de las
respuestas inmunitarias y el concepto de memoria inmunitaria.
Captura y Muestra de los Antígenos
La primera etapa en la activación de la respuesta inmunitaria adaptativa es la captura y
presentación de antígenos por células presentadoras de antígenos (CPA), que incluyen
células dendríticas, macrófagos y linfocitos B. Este proceso es fundamental para la
activación de los linfocitos T y B, y se lleva a cabo de la siguiente manera:
Fagocitosis y Endocitosis: Las CPA capturan los antígenos a través de procesos como
la fagocitosis (en el caso de partículas grandes) o la endocitosis (en el caso de
antígenos solubles). Tras la internalización, los antígenos son procesados y
degradados en fragmentos peptídicos.
Presentación de Antígenos: Los fragmentos de antígeno se asocian con moléculas del
Complejo Mayor de Histocompatibilidad (MHC) en la superficie de las CPA. Los
antígenos procesados por las CPA son presentados a los linfocitos T de dos maneras:
MHC Clase I: Presenta péptidos derivados de proteínas intracelulares (por ejemplo,
virus) a linfocitos T CD8+ (citotóxicos), lo que permite la eliminación de células
infectadas.
MHC Clase II: Presenta péptidos derivados de proteínas extracelulares (por ejemplo,
bacterias) a linfocitos T CD4+ (helper), lo que activa a otros componentes del sistema
inmunitario.
Coestimulación: La activación de los linfocitos T requiere no solo el reconocimiento del
antígeno, sino también señales de coestimulación, que son proporcionadas por las
CPA a través de moléculas como CD80/CD86, que se unen a CD28 en los linfocitos T.
Esta coestimulación es esencial para evitar respuestas autoinmunitarias.
Inmunidad Celular: Activación de los Linfocitos T y Eliminación de los Microbios
Intracelulares
La inmunidad celular es mediada principalmente por linfocitos T, que son
fundamentales para la eliminación de patógenos intracelulares. La activación de los
linfocitos T ocurre en los siguientes pasos:
Activación de Linfocitos T CD4+: Tras la presentación del antígeno por células
dendríticas, los linfocitos T CD4+ se activan y proliferan, convirtiéndose en células T
helper (Th). Estas células son esenciales para coordinar la respuesta inmunitaria, ya
que secretan citoquinas que:
Activan macrófagos para mejorar su capacidad fagocitaria y destruir patógenos.
Estimulan la producción de anticuerpos por los linfocitos B.
Promueven la activación de linfocitos T CD8+.
Activación de Linfocitos T CD8+: Los linfocitos T CD8+ son activados por la
presentación de antígenos por CPA que expresan MHC clase I. Una vez activados,
proliferan y se diferencian en células T citotóxicas, capaces de reconocer y destruir
células infectadas por virus o células tumorales. Utilizan mecanismos como la
liberación de perforinas y granzimas para inducir apoptosis en células objetivo.
Eliminación de Microbios Intracelulares: La respuesta celular es crucial para eliminar
patógenos intracelulares. Los linfocitos T citotóxicos son capaces de reconocer células
infectadas mediante la interacción de su TCR (receptor de células T) con el complejo
MHC-clase I cargado con péptidos virales, lo que lleva a la muerte celular programada.
Inmunidad Humoral: Activación de los Linfocitos B y Eliminación de los Microbios
Extracelulares
La inmunidad humoral es mediada por linfocitos B, que son responsables de la
producción de anticuerpos. Este proceso incluye las siguientes etapas:
Activación de Linfocitos B: Los linfocitos B pueden ser activados de dos maneras:
Independiente de T: Algunos antígenos, especialmente los polisacáridos, pueden
activar directamente a los linfocitos B sin la ayuda de linfocitos T.
Dependiente de T: La mayoría de las activaciones de linfocitos B requieren la ayuda de
linfocitos T CD4+. Cuando un linfocito B presenta un antígeno a un linfocito T helper, se
produce la coestimulación y liberación de citoquinas que favorecen la activación del
linfocito B.
Diferenciación y Producción de Anticuerpos: Tras la activación, los linfocitos B
proliferan y se diferencian en células plasmáticas, que son responsables de la
producción de anticuerpos específicos. Los anticuerpos se unen a antígenos y los
neutralizan, facilitando su eliminación. La producción de anticuerpos es crucial para
neutralizar toxinas, opsonizar patógenos y activar el sistema del complemento.
Eliminación de Microbios Extracelulares: Los anticuerpos cumplen diversas funciones
en la respuesta inmunitaria, incluyendo:
Neutralización: Impiden la entrada de patógenos en las células.
Opsonización: Facilitan la fagocitosis por macrófagos y neutrófilos al marcar los
patógenos.
Activación del Complemento: Los anticuerpos activan la vía clásica del complemento, lo
que lleva a la lisis de patógenos y la inflamación.
Desaparición de las Respuestas Inmunitarias y Memoria Inmunitaria
Una vez que el patógeno ha sido eliminado, es esencial que la respuesta inmunitaria
disminuya para evitar daño a los tejidos sanos. Este proceso involucra:
Apoptosis de Células Efectivas: Tras la eliminación del patógeno, las células T y B
efectivas que fueron activadas se eliminan mediante apoptosis, un proceso que
asegura que solo permanezcan las células de memoria.
Células de Memoria: Algunas células T y B sobreviven como células de memoria, que
son cruciales para la respuesta a futuras exposiciones al mismo antígeno. Estas células
de memoria pueden responder más rápidamente y con mayor eficacia, lo que se
traduce en una respuesta inmunitaria más rápida y efectiva en caso de reinfección.
Importancia de la Memoria Inmunitaria: La memoria inmunitaria es el fundamento de las
vacunas. Al introducir un antígeno de manera controlada, se puede generar una
respuesta inmunitaria sin provocar la enfermedad, y establecer una memoria
inmunitaria que proteja contra infecciones futuras.
Hipersensibilidad: Lesión Tisular Mediada por Mecanismos Inmunitarios
La hipersensibilidad es un fenómeno complejo y multifacético del sistema inmunitario,
que se manifiesta como una respuesta inmunitaria inadecuada o excesiva a antígenos,
resultando en lesiones tisulares y enfermedades. Este proceso puede ser
desencadenado por una variedad de factores, incluidos alérgenos ambientales,
autoantígenos y agentes infecciosos. La clasificación de las reacciones de
hipersensibilidad en tipos específicos permite una mejor comprensión de los
mecanismos involucrados y facilita el desarrollo de estrategias terapéuticas
adecuadas..
Causas de las Reacciones de Hipersensibilidad
Las reacciones de hipersensibilidad pueden ser desencadenadas por diversos factores,
que incluyen:
Antígenos Exógenos: Incluyen sustancias ambientales que pueden inducir una
respuesta alérgica. Los alérgenos comunes son el polen, el moho, los ácaros del polvo,
los alimentos (como nueces y mariscos), medicamentos (como penicilina) y venenos de
insectos. La exposición repetida a estos alérgenos puede sensibilizar al individuo,
conduciendo a reacciones exageradas en exposiciones posteriores.
Antígenos Endógenos: En condiciones autoinmunitarias, el sistema inmunitario no
puede distinguir entre el tejido propio y los antígenos extraños. Esto da lugar a la
producción de autoanticuerpos que atacan a las células del propio organismo, lo que
resulta en daño tisular y enfermedad. Ejemplos incluyen enfermedades como el lupus
eritematoso sistémico (LES) y la artritis reumatoide.
Infecciones: Ciertas infecciones pueden desencadenar reacciones de hipersensibilidad
a través de la formación de anticuerpos que cruzan reaccionan con antígenos propios.
Además, algunas infecciones virales pueden alterar la regulación del sistema
inmunitario, contribuyendo al desarrollo de enfermedades autoinmunitarias.
Factores Genéticos y Ambientales: La predisposición genética puede influir en la
susceptibilidad a la hipersensibilidad. Los antecedentes familiares de enfermedades
alérgicas aumentan la probabilidad de que los individuos desarrollen reacciones
hipersensibles. Además, factores ambientales, como la exposición a contaminantes y la
dieta, también pueden modificar la respuesta inmunitaria.
Clasificación de las Reacciones de Hipersensibilidad
Las reacciones de hipersensibilidad se clasifican en cuatro tipos, cada una con
características distintivas y mecanismos subyacentes:
Hipersensibilidad Tipo I (Inmediata): Este tipo se caracteriza por reacciones rápidas a
antígenos específicos y está mediado por inmunoglobulinas E (IgE). Las exposiciones
iniciales a un alérgeno conducen a la sensibilización, donde se produce IgE que se une
a mastocitos y basófilos. En la reexposición, el alérgeno provoca la degranulación de
estas células, liberando mediadores como histamina, que desencadenan la inflamación.
Hipersensibilidad Tipo II (Mediada por Anticuerpos): En este tipo, los anticuerpos IgG o
IgM se dirigen contra antígenos en la superficie de células. Estos anticuerpos pueden
activar el sistema del complemento, causando lisis celular, o facilitar la fagocitosis por
macrófagos. Ejemplos de enfermedades asociadas incluyen la anemia hemolítica
autoinmune y la enfermedad de Graves.
Hipersensibilidad Tipo III (Mediada por Inmunocomplejos): Este tipo implica la
formación de complejos inmunitarios (antígeno-anticuerpo) que se depositan en los
tejidos, activando el complemento y provocando una respuesta inflamatoria. Esto
puede resultar en enfermedades como el lupus eritematoso sistémico y la
glomerulonefritis.
Hipersensibilidad Tipo IV (Tardía): A diferencia de los otros tipos, este tipo es mediado
por células T y no involucra anticuerpos. La exposición a un antígeno provoca la
activación de linfocitos T que, tras un período de tiempo, inducen daño tisular. Ejemplos
incluyen la dermatitis de contacto y la reacción tuberculínica.
Hipersensibilidad Inmediata (Tipo I)
La hipersensibilidad de tipo I es uno de los tipos más comunes y se caracteriza por una
respuesta rápida y potencialmente peligrosa a alérgenos.
Mecanismo: Tras la primera exposición a un alérgeno, las células B producen IgE, que
se une a los mastocitos y basófilos. En exposiciones subsiguientes, el alérgeno se une
a las IgE en la superficie de estas células, causando su degranulación. Esto resulta en
la liberación de mediadores inflamatorios, como histamina, leucotrienos y
prostaglandinas.
Efectos Clínicos: Los síntomas pueden variar desde rinitis alérgica (estornudos,
picazón y congestión nasal) y urticaria (ronchas en la piel) hasta reacciones más
graves como el asma bronquial y anafilaxis, que es una emergencia médica que puede
provocar shock anafiláctico y muerte.
Ejemplos de Enfermedades:
Asma alérgica: Caracterizada por inflamación crónica de las vías respiratorias y
episodios recurrentes de sibilancias y dificultad respiratoria.
Rinitis alérgica: Inflamación de las mucosas nasales causada por la exposición a
alérgenos.
Anafilaxis: Una reacción severa y potencialmente mortal que requiere tratamiento
inmediato, a menudo con epinefrina.
Enfermedades Mediadas por Anticuerpos (Hipersensibilidad de Tipo II)
La hipersensibilidad de tipo II se caracteriza por la mediación de anticuerpos que
atacan células propias.
Mecanismo: Los anticuerpos IgG o IgM se unen a antígenos en la superficie celular, lo
que desencadena la activación del complemento o la fagocitosis mediada por
macrófagos. Esta respuesta puede resultar en la destrucción de células, tejidos y
órganos afectados.
Efectos Clínicos: Las manifestaciones clínicas pueden incluir anemia hemolítica, donde
los glóbulos rojos son destruidos, y púrpura trombocitopénica idiopática, que se
presenta como una disminución de plaquetas en la sangre.
Ejemplo:
Enfermedad de Graves: Una enfermedad autoinmunitaria donde los anticuerpos
estimulan la tiroides, llevando a hipertiroidismo y síntomas como pérdida de peso,
nerviosismo y exoftalmos (ojos saltones).
Reacciones a transfusiones: Cuando un individuo recibe sangre incompatible, puede
producir anticuerpos contra los glóbulos rojos transfundidos, resultando en hemólisis y
complicaciones severas.
Enfermedades Mediadas por Inmunocomplejos (Hipersensibilidad de Tipo III)
La hipersensibilidad de tipo III se produce debido a la formación de inmunocomplejos
que se depositan en los tejidos, causando inflamación local.
Mecanismo: Los complejos antígeno-anticuerpo se forman en el torrente sanguíneo y,
cuando están en exceso, se depositan en las paredes de los vasos sanguíneos y en
otros tejidos. Esto activa el complemento y atrae leucocitos, lo que provoca inflamación
y daño tisular.
Efectos Clínicos: Las enfermedades mediadas por inmunocomplejos pueden causar
lesiones en órganos y sistemas, como riñones, piel y articulaciones.
Enfermedades autoinmunitarias
Las enfermedades autoinmunitarias son trastornos en los cuales el sistema inmunitario
ataca de forma incorrecta los tejidos y células sanas del cuerpo, debido a una
respuesta inmunitaria dirigida contra los propios antígenos ("propios").
Se estima que este tipo de enfermedades afectan al 1-2% de la población. Las pruebas
más comunes que apoyan la autoinmunidad incluyen la presencia de autoanticuerpos
(anticuerpos que atacan tejidos del cuerpo) y la activación de linfocitos T
autorreactivos, que atacan las células propias.
Clasificación:
1. Específicas de órgano: Afectan a un órgano en particular. Por ejemplo, la
tiroiditis autoinmune afecta a la glándula tiroides.
2. Sistémicas: Afectan a múltiples órganos o tejidos. Ejemplos incluyen lupus
eritematoso sistémico y artritis reumatoide, que pueden causar lesiones en
varios órganos, afectando vasos sanguíneos y tejidos conectivos.
Causas y mecanismos:
El fallo de la autotolerancia (mecanismo mediante el cual el cuerpo evita atacar sus
propias células) es la causa principal de la autoinmunidad. En condiciones normales, el
sistema inmunitario reconoce y tolera los propios tejidos, pero en las enfermedades
autoinmunitarias, esta tolerancia falla, y se producen respuestas inmunitarias contra los
propios antígenos.
Impacto:
La gravedad de estas enfermedades varía, y pueden provocar daños significativos en
los tejidos afectados. Aunque se han identificado algunos mecanismos y pruebas
experimentales, en muchos casos, la causa exacta de la autoinmunidad sigue sin estar
completamente clara.
La tolerancia inmunitaria
La tolerancia inmunitaria es la incapacidad del sistema inmunológico para reaccionar
ante un antígeno, y ocurre cuando los linfocitos específicos se exponen a ese antígeno
sin generar una respuesta. La autotolerancia es la falta de reactividad inmunitaria
contra los antígenos del propio cuerpo, lo cual es crucial para evitar enfermedades
autoinmunes.
Mecanismos de la tolerancia inmunitaria:
1. Tolerancia central:
o Ocurre en los órganos linfoides generadores (timo para linfocitos T y
médula ósea para linfocitos B).
o Los linfocitos autorreactivos (que reconocen antígenos propios) son
eliminados por apoptosis (muerte celular programada) en un proceso
llamado selección negativa.
o La proteína AIRE en el timo presenta antígenos restringidos de los tejidos
periféricos para eliminar linfocitos T autorreactivos. Mutaciones en AIRE
causan poliendocrinopatía autoinmunitaria.
o Algunos linfocitos autorreactivos escapan a la eliminación y evolucionan a
linfocitos T reguladores.
2. Tolerancia periférica:
o Es necesaria porque no todos los antígenos propios están presentes en
los órganos linfoides centrales.
o Anergia: Los linfocitos autorreactivos se vuelven inactivos si encuentran
antígenos propios sin señales coestimuladoras.
o Supresión por linfocitos T reguladores: Estas células (CD4+ y CD25+ con
FOXP3) inhiben respuestas inmunitarias contra antígenos propios
mediante citocinas inmunodepresoras como IL-10 y TGF-β. Mutaciones
en FOXP3 causan el síndrome IPEX, una enfermedad autoinmune grave.
o Apoptosis: Los linfocitos que reconocen antígenos propios pueden morir
por señales que inducen apoptosis, como la vía mitocondrial o el receptor
de muerte Fas. Mutaciones en Fas causan el síndrome linfoproliferativo
autoinmunitario (SLPA).
o Secuestro de antígenos: Algunos antígenos propios, como los presentes
en el ojo, encéfalo o testículos, están ocultos del sistema inmunitario. Si
se liberan (por trauma o infección), pueden desencadenar una respuesta
autoinmunitaria, como en la uveítis o la orquitis postraumáticas.
Mecanismos de autoinmunidad
Los mecanismos de autoinmunidad explican cómo se rompe la autotolerancia y el
sistema inmunitario comienza a atacar los propios tejidos, causando enfermedades
autoinmunitarias. No existe una respuesta única sobre por qué esto ocurre, pero se
cree que es el resultado de la interacción entre factores genéticos predisponentes y
factores ambientales.
Factores genéticos:
1. Herencia: Las enfermedades autoinmunes tienden a aparecer en familias, con
mayor frecuencia en gemelos monocigóticos en comparación con gemelos
dicigóticos.
2. Relación con el HLA: Muchas enfermedades autoinmunes están asociadas con
alelos del complejo mayor de histocompatibilidad (HLA), en particular con los de
la clase II (HLA-DR, HLA-DQ). Por ejemplo, el alelo HLA-B27 está fuertemente
asociado con la espondilitis anquilosante, con un riesgo relativo de más de 100.
o Sin embargo, no todos los portadores de estos alelos desarrollan la
enfermedad, lo que indica que los genes del HLA son solo uno de varios
factores implicados.
3. Polimorfismos genéticos: Los estudios han identificado varios polimorfismos
genéticos asociados a diferentes enfermedades autoinmunes. Algunos
polimorfismos son específicos de ciertas enfermedades, mientras que otros
están presentes en múltiples trastornos, lo que sugiere que afectan mecanismos
inmunitarios comunes.
Factores ambientales:
Infecciones y lesiones tisulares pueden alterar la presentación de antígenos
propios o desencadenar respuestas inmunitarias que promueven la
autoinmunidad.
El desarrollo de enfermedades autoinmunitarias se relaciona con una combinación de
factores ambientales como infecciones, lesiones tisulares y otros desencadenantes
externos. Entre los mecanismos principales:
1. Infecciones: Las infecciones bacterianas, víricas u otras pueden provocar
inflamación y necrosis, estimulando la expresión de moléculas coestimuladoras
en células presentadoras de antígenos (CPA), lo que rompe la tolerancia
inmunitaria y activa linfocitos T autorreactivos.
o También pueden ocurrir reacciones cruzadas, conocidas como mimetismo
molecular, donde los microbios comparten epítopos con antígenos
propios. Un ejemplo es la cardiopatía reumática, donde los anticuerpos
contra estreptococos reaccionan con antígenos cardíacos.
2. Microbioma: La flora microbiana normal (microbioma) de la piel e intestino
podría influir en el balance entre linfocitos T reguladores y efectores. Esto puede
modular la respuesta inmunitaria del huésped, aunque aún no se sabe qué
microbios específicos están implicados en las enfermedades autoinmunitarias.
3. Factores ambientales:
o Radiación ultravioleta (UV): Puede provocar la exposición de antígenos
nucleares y desencadenar respuestas autoinmunitarias, como en el lupus,
donde la luz solar es un desencadenante.
o Tabaco: Relacionado con la artritis reumatoide (AR), posiblemente debido
a la modificación química de los antígenos propios.
o Lesión tisular: Cualquier lesión puede liberar antígenos propios,
desencadenando una respuesta autoinmunitaria.
4. Sesgo de sexo: Las enfermedades autoinmunes son más comunes en mujeres
que en hombres, posiblemente debido a factores hormonales.
5. Propagación del epítopo: La lesión tisular por una respuesta autoinmunitaria
puede exponer epítopos antes ocultos, provocando que la respuesta inmunitaria
se expanda y perpetúe el daño, contribuyendo a la cronicidad de estas
enfermedades.
Lupus Eritematoso Sistémico (LES)
El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmunitaria que afecta
múltiples órganos, caracterizada por la producción de autoanticuerpos, especialmente
anticuerpos antinucleares (ANA). La lesión se produce principalmente por el depósito
de inmunocomplejos y la unión de anticuerpos a células y tejidos. El LES afecta
comúnmente la piel, las articulaciones, los riñones y las membranas serosas, aunque
cualquier órgano puede verse afectado. Es una enfermedad frecuente, con prevalencia
de hasta 400 por cada 100,000 personas en algunas poblaciones, y suele manifestarse
entre la tercera y cuarta décadas de la vida, aunque puede aparecer a cualquier edad.
Es más común en mujeres (relación 9:1 en edades reproductivas) y tiene una mayor
prevalencia en individuos de raza negra e hispanos en comparación con los de raza
blanca.
Características inmunológicas:
Autoanticuerpos: Los pacientes con LES presentan una amplia gama de
autoanticuerpos que reconocen componentes nucleares, citoplásmicos y
antígenos de la superficie de células sanguíneas. Entre ellos destacan los ANA,
que pueden agruparse en cuatro categorías (contra el ADN, histonas, proteínas
unidas al ARN y antígenos nucleolares). Estos anticuerpos tienen un papel
diagnóstico y patogénico, como en la glomerulonefritis mediada por
inmunocomplejos.
Factores de riesgo:
Factores genéticos: El LES tiene una predisposición genética, con mayor
riesgo en personas con familiares afectados, gemelos monocigóticos, y con
haplotipos HLA-DR2 y HLA-DR3. También se han encontrado deficiencias en
proteínas del complemento y polimorfismos en receptores de linfocitos.
Factores ambientales: La exposición a luz UV puede desencadenar o
exacerbar la enfermedad, al inducir apoptosis y modular la respuesta
inmunitaria. Además, el LES es más frecuente en mujeres debido a la influencia
de hormonas sexuales y genes en el cromosoma X.
Factores inmunológicos: La falla de la autotolerancia de los linfocitos B, la
activación de linfocitos T autorreactivos, el papel de interferones de tipo I,
señales de los receptores TLR y la citocina BAFF contribuyen a la activación
inmunitaria anormal en el LES.
Mecanismos de lesión:
Inmunocomplejos: La mayoría de las lesiones del LES, incluidas las lesiones
renales y vasculares, son causadas por inmunocomplejos depositados en los
tejidos, lo que desencadena una respuesta inflamatoria y el consumo de
proteínas del complemento.
Autoanticuerpos específicos: Los autoanticuerpos pueden opsonizar células
sanguíneas, provocando citopenias. También pueden estar relacionados con
manifestaciones neuropsiquiátricas del LES, donde los anticuerpos cruzan la
barrera hematoencefálica y afectan el sistema nervioso.
Síndrome por anticuerpos antifosfolipídicos: Un subgrupo de pacientes con
LES presenta este síndrome, caracterizado por trombosis venosas y arteriales, y
abortos espontáneos recurrentes.
Clinica
El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmune multisistémica
que presenta gran variabilidad clínica. Su diagnóstico se basa en observaciones
clínicas, serológicas y morfológicas, y puede tener un inicio agudo o lento. A menudo
afecta a mujeres jóvenes y se manifiesta con síntomas como erupción en mariposa en
la cara, fiebre, dolor articular sin deformidad, dolor torácico pleurítico, fotosensibilidad y
afección renal, entre otros. La presencia de anticuerpos antinucleares (ANA) es común
en casi el 100% de los casos, pero no es específica del LES.
La evolución del LES es impredecible, con fases de exacerbaciones y remisiones, y
puede llevar a complicaciones graves como insuficiencia renal, infecciones y
enfermedad arterial coronaria. Las principales causas de muerte son la insuficiencia
renal y las infecciones.
Existen formas más localizadas de lupus, como el lupus eritematoso discoide crónico,
que afecta principalmente a la piel y rara vez progresa a LES sistémico, y el lupus
eritematoso cutáneo subagudo, que presenta erupciones generalizadas y síntomas
leves. También puede desarrollarse un lupus inducido por fármacos, que remite al
suspender el medicamento causal.
El tratamiento suele incluir corticoesteroides y fármacos inmunosupresores. Las tasas
de supervivencia a 5 y 10 años son aproximadamente del 90% y 80%,
respectivamente.
Artritis reumatoide
La artritis reumatoide es una enfermedad autoinmunitaria que afecta sobre todo a las
articulaciones, pero que también puede afectar a tejidos extraarticulares como la piel,
los vasos sanguíneos, los p ulmones y el corazón.
Síndrome de Sjögren
El síndrome de Sjögren es una enfermedad autoinmune crónica caracterizada por
sequedad ocular (queratoconjuntivitis seca) y oral (xerostomía), causada por la
destrucción inmunitaria de las glándulas lagrimales y salivales. Puede presentarse de
forma aislada (síndrome seco) o asociada a otras enfermedades autoinmunes, como la
artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico, polimiositis o esclerodermia.
En el síndrome de Sjögren, las glándulas afectadas muestran infiltrados linfocíticos que
incluyen principalmente linfocitos T CD4+ y algunos linfocitos B, con anticuerpos
comunes como los dirigidos contra los antígenos SS-A (Ro) y SS-B (La). Su patogenia
no está completamente aclarada, pero se cree que puede involucrar una predisposición
genética y desencadenantes como infecciones virales que generan una respuesta
inmunitaria autodestructiva.
La morfología de las glándulas afectadas incluye infiltrados linfocíticos, hiperplasia de
las células epiteliales ductales, atrofia, fibrosis y, en algunos casos, un mayor riesgo de
linfoma de linfocitos B.
Clínicamente, el síndrome afecta principalmente a mujeres de entre 50 y 60 años. Los
síntomas incluyen visión borrosa, ardor ocular, sequedad bucal, dificultad para tragar,
fisuras en la boca, agrandamiento de las glándulas parótidas, y sequedad en otras
áreas como la nariz y los bronquios. Aproximadamente un tercio de los pacientes
experimenta manifestaciones extraglandulares, como artritis, fibrosis pulmonar y
neuropatía periférica. Aunque son raras las complicaciones renales graves, pueden
presentarse defectos en la función tubular, como acidosis tubular renal.
El síndrome de Sjögren suele estar asociado a otras enfermedades autoinmunes en
aproximadamente el 60% de los casos, con la artritis reumatoide siendo la más común.
Esclerodermia
La esclerosis sistémica, o esclerodermia, es un trastorno autoinmunitario caracterizado
por fibrosis excesiva en múltiples tejidos, alteraciones vasculares y producción de
autoanticuerpos. Aunque se usa el término "esclerodermia", "esclerosis sistémica" es
más preciso debido a su impacto en varios órganos, no solo en la piel.
Se clasifica en dos formas:
1. Esclerosis sistémica difusa: Afectación cutánea generalizada con progresión
rápida y compromiso visceral temprano.
2. Esclerosis sistémica limitada: Afectación cutánea leve, comúnmente en
manos y cara, con compromiso visceral tardío, también conocido como síndrome
CREST (calcinosis, fenómeno de Raynaud, alteración de la motilidad esofágica,
esclerodactilia y telangiectasias).
Patogenia
La causa de la esclerosis sistémica es desconocida, pero se cree que involucra:
Autoinmunidad: Linfocitos T CD4+ activan a células inflamatorias y fibroblastos,
estimulando la producción de colágeno.
Daño vascular: Lesión endotelial y activación plaquetaria, que conducen a
isquemia y fibrosis vascular.
Fibrosis: Proliferación de fibroblastos y acumulación de colágeno como
resultado de la inflamación y el daño isquémico.
Características Clínicas
La enfermedad es más común en mujeres de 50 a 60 años. Presenta síntomas como:
Fenómeno de Raynaud: Vasoconstricción en extremidades.
Rigidez cutánea: Aumento de la fibrosis en la piel, especialmente en las manos.
Disfagia: Dificultad para tragar debido a fibrosis esofágica.
Compromiso pulmonar: Puede llevar a fibrosis pulmonar y hipertensión
pulmonar.
Compromiso renal: Proteinuria y, en algunos casos, hipertensión maligna.
La mayoría de los pacientes presenta anticuerpos antinucleares (ANA), con dos
específicos asociados a la esclerosis sistémica: anti-Scl 70 y anticuerpos contra
centrómeros, que están relacionados con el síndrome CREST.
El pronóstico varía; aunque la progresión puede ser lenta, las complicaciones
cardiovasculares y pulmonares son las principales causas de muerte. La enfermedad
tiende a ser más severa en individuos de raza negra. Con el avance en el tratamiento,
la esperanza de vida ha mejorado.
Miopatias inflamatorias: Las miopatías inflamatorias son un grupo de trastornos
caracterizados por la inflamación y daño en los músculos esqueléticos, posiblemente
causados por un mecanismo autoinmunitario. Se identifican tres tipos principales de
miopatías: polimiositis, dermatomiositis y miositis con cuerpos de inclusión. Cada una
de estas condiciones puede presentarse de manera aislada o asociada a otras
enfermedades autoinmunitarias, como la esclerosis sistémica.
•enfermedad mixta del tejido conjuntivo: Es un trastorno que presenta
características clínicas que se solapan con el lupus eritematoso sistémico (LES), la
esclerosis sistémica y la polimiositis. Serológicamente, se distingue por títulos elevados
de anticuerpos contra la ribonucleoproteína U1. Los primeros síntomas incluyen
sinovitis en los dedos, fenómeno de Raynaud y miositis leve. Aunque la afectación
renal es leve, la enfermedad responde bien a los corticoesteroides a corto plazo. Esta
patología puede evolucionar hacia un LES clásico o esclerosis sistémica, aunque no
siempre ocurre. Entre las complicaciones más graves se encuentran la hipertensión
pulmonar, la enfermedad pulmonar intersticial y la afectación renal.
•Enfermedades relacionadas con la IgG4
Las enfermedades relacionadas con IgG4 (IgG4-RD) son un grupo de trastornos
fibroinflamatorios que presentan infiltrados de células plasmáticas productoras de IgG4
y linfocitos en los tejidos afectados, acompañados de fibrosis y flebitis obliterante. Estas
enfermedades pueden afectar a múltiples órganos, como las glándulas salivales,
riñones, pulmones y otros. Aunque los niveles de IgG4 en suero pueden estar
elevados, el diagnóstico depende principalmente de la detección de estas células en
los tejidos. Su causa exacta es desconocida, pero se ha observado que los linfocitos B
desempeñan un papel importante, y tratamientos como el rituximab, que los
antagonizan, han mostrado eficacia clínica.
•Rechazo de los trasplantes
El rechazo de los trasplantes es una respuesta inmunitaria en la que el sistema inmune
del receptor ataca el injerto o trasplante debido a la identificación del tejido trasplantado
como extraño. Esta respuesta se puede dar de diversas maneras, y está mediada
principalmente por la activación de linfocitos T y B, que desencadenan una cascada de
eventos inmunológicos que resultan en daño y posible rechazo del órgano o tejido
trasplantado.
•Reconocimiento y rechazo de aloinjerto
El reconocimiento de un aloinjerto ocurre cuando el sistema inmunológico del receptor
identifica las moléculas de histocompatibilidad (MHC) del injerto como extrañas. Los
linfocitos T juegan un papel crucial en esta fase, activándose al detectar las diferencias
entre las moléculas de MHC del donante y las propias del receptor. Este proceso
desencadena una respuesta inmunitaria que puede culminar en el rechazo del injerto.
•Los mecanismos de rechazo de un injerto
El rechazo del injerto puede ocurrir a través de varios mecanismos. El rechazo
hiperagudo sucede en minutos u horas, siendo mediado por anticuerpos preformados
contra el injerto. El rechazo agudo ocurre en días o semanas y está mediado por
linfocitos T citotóxicos que atacan el injerto. Finalmente, el rechazo crónico se
desarrolla a lo largo de meses o años, siendo caracterizado por la fibrosis y pérdida
progresiva de la función del injerto debido a la activación persistente del sistema
inmunológico.
•Los tipos de rechazo
Los tipos de rechazo se dividen en tres categorías principales: hiperagudo, agudo y
crónico. El rechazo hiperagudo ocurre casi inmediatamente después del trasplante y es
mediado por anticuerpos preexistentes. El rechazo agudo puede ser celular o humoral
y ocurre en días o semanas después del trasplante. El rechazo crónico es un proceso
lento que conduce a la fibrosis y fallo del injerto a lo largo del tiempo, siendo el más
difícil de tratar y prevenir.
•El trasplante de células madre hematopoyéticas
El trasplante de células madre hematopoyéticas implica la transferencia de células
madre capaces de regenerar la médula ósea del receptor. Este procedimiento se utiliza
principalmente en el tratamiento de enfermedades hematológicas malignas, como la
leucemia, así como en trastornos autoinmunitarios. Uno de los principales riesgos es la
enfermedad injerto contra huésped (EICH), donde las células inmunitarias
trasplantadas atacan los tejidos del receptor.
•Inmunodeficiencias primarias
Las inmunodeficiencias primarias son trastornos genéticos que afectan el desarrollo o
la función del sistema inmunológico, resultando en una susceptibilidad aumentada a
infecciones. Estas deficiencias pueden implicar defectos en los linfocitos T, B, fagocitos
o el complemento. Ejemplos de estas enfermedades incluyen la inmunodeficiencia
combinada grave (SCID) y el síndrome de DiGeorge.
•Inmunodeficiencias secundarias
Las inmunodeficiencias secundarias son adquiridas y resultan de factores externos
como infecciones, malnutrición, envejecimiento o el uso de ciertos medicamentos
inmunosupresores. A diferencia de las inmunodeficiencias primarias, estas no son
hereditarias. Entre las causas comunes se encuentran el VIH, que lleva al síndrome de
inmunodeficiencia adquirida (SIDA), y los tratamientos contra el cáncer como la
quimioterapia.
•El síndrome de la inmunodeficiencia adquirida
El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) es una enfermedad causada por el
virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), que ataca y destruye los linfocitos T CD4+,
células esenciales para la respuesta inmune. A medida que el número de linfocitos
CD4+ disminuye, el cuerpo se vuelve cada vez más vulnerable a infecciones
oportunistas y ciertos tipos de cáncer. El VIH se transmite a través de fluidos
corporales, como sangre, semen y leche materna.
•La epidemiología
La epidemiología del VIH/SIDA describe la distribución y el impacto del virus a nivel
global. Aunque el VIH se identificó por primera vez en la década de 1980, continúa
siendo un importante problema de salud pública, especialmente en regiones como
África subsahariana. Las estrategias de prevención incluyen la educación sobre
prácticas sexuales seguras, el uso de antirretrovirales y programas de tratamiento para
personas infectadas.
Síndrome de insuficiencia adquirida
Introducción
El síndrome de insuficiencia adquirida (SIDA) es una enfermedad causada por el virus
de la inmunodeficiencia humana (VIH), un retrovirus que provoca una profunda
inmunodepresión. Esta condición puede conducir a infecciones oportunistas,
neoplasias secundarias y manifestaciones neurológicas, caracterizando el impacto del
virus en el sistema inmunológico del individuo afectado.
Epidemiologia
Estudios realizados en Estados Unidos han identificado cuatro grupos de adultos con
alto riesgo de desarrollar SIDA:
1. Hombres homosexuales y bisexuales: Constituyen el grupo más grande,
representando aproximadamente el 50% de los casos reportados. Dentro de
este grupo, un 5% también consume drogas por vía intravenosa.
2. Contactos heterosexuales de alto riesgo: Este grupo incluye contactos de
personas pertenecientes a otros grupos de alto riesgo, representando alrededor
del 20% de las infecciones registradas entre 2001 y 2004.
3. Consumidores de drogas por vía intravenosa: Sin antecedentes de
homosexualidad, este grupo constituía aproximadamente el 20% de los
individuos infectados, con un aumento al 9% de los nuevos casos hasta 2009.
4. Receptores de sangre y hemoderivados infectados por VIH: Este grupo
incluye a personas que recibieron transfusiones de sangre completa o
componentes como plaquetas y plasma. Representan alrededor del 1% de los
pacientes diagnosticados.
Principales vías de administración
El VIH se transmite principalmente a través de tres vías: transmisión sexual,
transmisión parenteral y transmisión de madre a hijo.
1. Transmisión Sexual
Esta es la vía predominante de infección a nivel mundial, responsable de más
del 75% de los casos de transmisión del VIH. Predomina entre hombres
homosexuales debido a la prevalencia de prácticas de riesgo en este grupo. El
virus se transporta en el semen y entra al cuerpo del receptor a través de
abrasiones en la mucosa rectal, oral, o mediante contacto directo con células
mucosas. La diseminación del virus ocurre a través de:
Inoculación directa en los vasos sanguíneos por traumatismo.
Infección de células dendríticas o linfocitos CD4 en la mucosa.
La coexistencia de enfermedades de transmisión sexual, especialmente
aquellas que causan úlceras genitales, incrementa significativamente el
riesgo de transmisión del VIH.
2. Transmisión parenteral
Esta vía incluye la transmisión a través del uso de drogas intravenosas,
transfusiones de sangre o productos sanguíneos contaminados, como los
concentrados del factor VIII y IX en hemofílicos.
3. Transmisión de madre a hijo
Es la principal causa de SIDA pediátrico. Las madres infectadas pueden
transmitir el virus a sus hijos a través de:
Diseminación transplacentaria durante el embarazo.
Durante el parto, al pasar por un canal del parto infectado.
A través de la leche materna después del nacimiento.
La transmisión intraparto y en el período periparto es el modo más
frecuente de transmisión en este grupo.
Propiedades del VIH Y el SIDA
El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un retrovirus no transformador
perteneciente a la familia de los lentivirus. En este grupo se incluyen otros virus como
el virus de la inmunodeficiencia felina, el virus de la inmunodeficiencia de los simios, el
virus visna de las ovejas, el virus de la inmunodeficiencia bovina y el virus de la anemia
infecciosa equina. Se han clasificado dos tipos principales de VIH: VIH-1 y VIH-2.
Estructura del VIH:
El VIH-1, similar a otros retrovirus, es de forma esférica y contiene un núcleo en
forma de cono electro denso, rodeado por una envuelta lipídica derivada de la
membrana celular del huésped. En el núcleo del virus se encuentran los
siguientes componentes:
Proteína de la cápside (p24): Componente principal de la cápside del virus.
Proteínas nucleocápsides (p7 y p9): Ayudan a estabilizar la estructura del
genoma viral.
Genoma viral: Dos copias de ARN genómico viral.
Enzimas virales: Incluye proteasa, transcriptasa inversa, e integrasa,
esenciales para la replicación y ensamblaje del virus.
Patogenia de la infección por el VIH y el SIDA
El VIH puede infectar varios tejidos, pero las principales dianas son el sistema
inmunitario y el sistema nervioso central. La característica principal del SIDA es una
inmunodeficiencia profunda, principalmente afectando la inmunidad celular, debido a la
infección y pérdida de linfocitos CD4 y la alteración de la función de los linfocitos
sobrevivientes y otras células inmunitarias.
Ciclo Vital del VIH
El ciclo vital del VIH incluye la infección de células, integración del provirus en el
genoma del huésped, activación de la replicación viral y producción del virus infeccioso.
1. Infección de las células: El VIH infecta células usando las moléculas CD4
como receptor y co-receptores de quimiocinas, como CCR5 y CXCR4. La unión
de la gp120 del VIH al CD4 es esencial, determinando el tropismo por linfocitos
T CD4, monocitos, macrófagos y células dendríticas. Sin embargo, la gp120
también debe unirse a co-receptores como CCR5 (preferido por cepas R5) o
CXCR4 (preferido por cepas X4).
2. Replicacion del virus: Una vez dentro de la célula, el ARN viral sufre
transcripción inversa para sintetizar ADN complementario. En linfocitos T en
reposo, el ADN puede permanecer en el citoplasma, mientras que en linfocitos
en división, el ADN viral se integra en el genoma del huésped, pudiendo
permanecer latente por meses o años. La activación celular posterior puede
llevar a la producción de nuevas partículas virales y la muerte de las células
infectadas.
El VIH prefiere linfocitos T de memoria y activados, y no infecta linfocitos T vírgenes. La
activación celular es necesaria para completar el ciclo viral y, en la mayoría de los
casos, resulta en la destrucción de las células CD4.
Mecanismo de eliminación de linfocitos T en la infección por el VIH
Impacto de la Muerte de Linfocitos T CD4: La muerte diaria de linfocitos T CD4 es
una causa clave de la progresiva inmunodeficiencia. La pérdida de estas células
contribuye al deterioro de la inmunidad celular, lo que agrava la inmunodeficiencia en
los pacientes con VIH.
Mecanismos Adicionales de Pérdida o Alteración de Linfocitos T CD4
1. Activación Crónica de Células No Infectadas: Estas células responden al VIH
y a otras infecciones frecuentes en pacientes con SIDA, lo que agrava la pérdida
de linfocitos T.
2. Infección de Órganos Linfoides: El VIH infecta células en órganos linfoides
como el bazo, ganglios linfáticos y amígdalas, provocando una destrucción
progresiva de la arquitectura y composición celular de estos tejidos.
3. Formación de Sincitios: La fusión de células infectadas con células no
infectadas forma sincitios, que son células gigantes, contribuyendo a la
disfunción inmune.
4. Defectos Cualitativos en la Función de Linfocitos T: Se han observado
defectos en la función de los linfocitos T incluso en pacientes asintomáticos,
incluyendo una reducción en la proliferación inducida por antígenos.
Evolución natural y curso de la infección por el VIH
La infección por el VIH se caracteriza por una progresión en varias fases que van
desde la infección aguda hasta el desarrollo del SIDA, reflejando una serie de cambios
en la respuesta inmunitaria del huésped.
1. Fase Aguda
Inicia cuando el virus entra a través de superficies mucosas.
Se caracteriza por la infección de linfocitos T CD4 de memoria que expresan
CCR5 en tejidos linfoides asociados a mucosas, con la muerte de muchas de
estas células.
A esta infección inicial le sigue la diseminación del virus y la activación de
respuestas inmunitarias del huésped.
2. Fase Crónica
En esta fase, los ganglios linfáticos y el bazo son los principales sitios de
replicación continua del VIH y destrucción celular.
Durante este período, la infección por VIH generalmente presenta pocas o
ninguna manifestación clínica, por lo que se denomina "periodo de latencia
clínica".
3. SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida)
Representa la fase final de la infección por VIH.
Se caracteriza por una pérdida severa de las defensas del huésped, un aumento
significativo de la carga viral en plasma y la aparición de enfermedades graves
que ponen en riesgo la vida.
Los síntomas típicos incluyen fiebre prolongada (más de un mes), astenia,
pérdida de peso y diarrea.
Los pacientes suelen desarrollar infecciones oportunistas severas, neoplasias
secundarias o enfermedades neurológicas clínicas.
Características clínicas del Sida
A. Infecciones Oportunistas
Las infecciones oportunistas son responsables de aproximadamente el 80% de
las muertes en pacientes con SIDA. Estas infecciones suelen ser reactivaciones
de infecciones latentes que están controladas por un sistema inmunitario
robusto, permitiendo la coexistencia de los microorganismos infecciosos.
Neumonía por Pneumocystis jirovecii: Una de las infecciones
oportunistas más comunes y representativa en la fase inicial del SIDA,
antes de la llegada de tratamientos antirretrovirales (TARGA), presente en
alrededor del 20% de los casos.
Candidiasis: La infección micótica más frecuente en pacientes con SIDA,
afectando la cavidad oral, la vagina y el esófago.
Citomegalovirus (CMV): Puede causar enfermedad diseminada,
afectando principalmente los ojos y el tracto digestivo.
Micobacterias No Tuberculosas: Aparecen en etapas tardías de la
inmunodepresión grave.
Criptococosis: Se presenta en aproximadamente el 10% de los
pacientes con SIDA, siendo la meningitis la principal manifestación
clínica.
Virus JC (John Cunningham Virus): Causa infecciones del sistema
nervioso central en pacientes con VIH, produciendo leucoencefalopatía
multifocal progresiva.
B. Tumores
Sarcoma de Kaposi: Tumor vascular poco frecuente, considerado una
neoplasia maligna definitoria del SIDA. Su aparición fue notable al inicio
de la epidemia. Hasta el 30% de los hombres homosexuales o bisexuales
infectados presentaban sarcoma de Kaposi. Sin embargo, con el uso de
tratamientos antirretrovirales (TARGA), ha disminuido notablemente su
incidencia en los últimos años.
Linfomas: La incidencia de linfomas es significativamente mayor en
pacientes con SIDA, convirtiéndose en otro tumor definitorio de la
enfermedad. Alrededor del 5% de los pacientes con SIDA presentan
linfoma, y otros 5% desarrollarán este tipo de tumor durante su evolución.
La incidencia de linfomas en sujetos infectados por VIH es al menos 10
veces mayor que en la población general. Los linfomas pueden ser
inducidos por virus oncogénicos, y la inmunidad de los linfocitos T es
crucial para el reconocimiento y la proliferación de linfocitos B infectados.
Carcinoma del Cuello Uterino: Este tumor está asociado a la infección
por el virus del papiloma humano (VPH), cuya control es deficiente en
pacientes con inmunodepresión.
Amiloidosis
La amiloidosis es una enfermedad en la que se acumulan proteínas anormales en los
tejidos del cuerpo. Estas proteínas, llamadas amiloides, se forman por el mal
plegamiento de proteínas normales. Este depósito de amiloides daña los tejidos y
afecta su funcionamiento. Aunque se llama "amiloidosis," no está relacionada con el
almidón. La acumulación de estas proteínas puede ocurrir en diferentes órganos,
causando varios problemas de salud.
Patogenia del depósito amiloide
Las tres formas más comunes de amiloidosis son:
1. Amiloide de cadena ligera (AL): Proviene de las cadenas ligeras de
inmunoglobulinas, ya sea en su forma completa o fragmentada.
2. Amiloide asociado a la proteína (AA): Deriva de una proteína llamada SAA,
producida por el hígado. Su producción aumenta durante la inflamación crónica, y esta
forma de amiloidosis se conoce como amiloidosis secundaria.
3. Amiloide beta (Aβ): Se encuentra en las placas cerebrales de la enfermedad de
Alzheimer. Esta proteína proviene de la degradación de una proteína precursora más
grande llamada proteína precursora del amiloide.
Clasificación de los amiloidosis y mecanismos de formación del amiloide
1. Amiloidosis primaria (AL):
Asociada a trastornos de células plasmáticas.
Común en pacientes con mieloma múltiple.
Las cadenas ligeras de inmunoglobulinas se depositan como amiloide en los tejidos.
2. Amiloidosis sistémica reactiva (AA):
Se produce por condiciones inflamatorias crónicas (como artritis reumatoide).
Se caracteriza por depósitos de proteína AA, que proviene de una proteína producida
en el hígado durante la inflamación.
3. Amiloidosis hereditaria:
Trastornos genéticos, como la fiebre mediterránea familiar, que causa crisis
inflamatorias y exceso de producción de IL-1.
4. Amiloidosis asociada a hemodiálisis:
Ocurre en pacientes con insuficiencia renal crónica debido a la acumulación de
microglobulina β2.
5. Amiloidosis localizada:
Depósitos de amiloide limitados a un solo órgano, como la piel o los pulmones.
6. Amiloidosis endocrina:
Deposiciones en tumores endocrinos, como el carcinoma medular de tiroides.
7. Amiloidosis del envejecimiento:
Depósitos en ancianos, comúnmente en el corazón, conocida como amiloidosis
cardíaca senil.
Características Clínicas de la Amiloidosis
Síntomas iniciales
a) Inespecíficos: debilidad, pérdida de peso, mareo, síncope.
b) Manifestaciones más específicas:
Afectación renal: edema, proteinuria, insuficiencia renal.
Afectación cardíaca: trastornos de conducción, arritmias (potencialmente
mortales).
Afectación digestiva: trastornos gastrointestinales.
Afectación de la lengua: Aumento de tamaño y falta de elasticidad, dificultando
el habla y la deglución.