ANA
ANA
ANA
Fabián Alpuche
III
Todos los derechos reservados ©2018
Fabian Alberto Alpuche Pérez
[email protected]
ISBN-13: 978-1721595846
ISBN-10: 1721595848
PRIMERA EDICIÓN
Ilustración de portada:
“Ana”
Luz María Asencio González
Edición
Colectivo Editorial
[email protected]
IV
A tus demonios,
mis demonios.
V
VI
LIMINAR
Fabián Alpuche
VII
VIII
CONTENIDO
IX
X
ANA
1
2
CAPÍTULO 1
CIRCUNSTANCIAS
3
4
La lluvia que caía sobre la ciudad, un arrullo para
Nolan mientras recorría las calles de un pueblo
pintoresco; luces de colores adornaban las casas y los
negocios, un pueblo pesquero con el encanto
carnavalesco de una ciudad cultural, ningún automóvil
a la vista, solo él caminando, inmerso dentro de un
mundo de angustia y temor. Sus preocupaciones
crecían mientras él seguía su paso, pensando en cómo
salvar un matrimonio donde los problemas opacaron el
amor y la carencia de comunicación los volvió completos
extraños, cómo criar a un hijo que a la corta edad de 4
años no se explicaría por qué sus padres ya no vivían
en la misma casa. Pensando en las deudas que lo han
agobiado desde su despido. El recorte de personal de la
empresa lo había dejado al borde de la ruina, con
hipotecas pendientes y demandas por evasión de
impuestos por un mal manejo de su contador; un robo
fue el último de sus problemas, al parecer el delincuente
rompió la puerta trasera mientras nadie estaba en casa,
no se llevaron más que las joyas de oro de su esposa,
reliquias invaluables heredadas por generaciones y una
televisión grande de pantalla plana, como si supieran
exactamente lo que querían y no les importó los demás
bienes en el hogar. 32 años en los cuales se sintió
incompleto, abandonado, a la deriva, mientras soñaba
con la simple fantasía de arreglar todo lo que estaba mal
en su vida. La pérdida de su padre y su hermana a la
edad de 13 años marcó un antes y un después, el joven
alegre y sin preocupaciones desapareció, convirtiéndose
en un adulto con responsabilidades, ayudando a su
madre a superar la terrible noche de aquel accidente.
Nolan, una buena persona, a la que el destino le jugó
una mala pasada y una madre que poco a poco se volvió
una desconocida.
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Un bar a unos cuantos pasos, un par de cervezas y
una cajetilla de cigarros lo mantuvieron tranquilo;
mientras Nolan caminó hacia la entrada, la lluvia
desaparecía para dejar un ambiente fresco y relajante.
El único bar en la manzana, agradable, mesas de billar,
luces de neón y muchas carcajadas resonando como
música de fondo; atendido por Daniel Argenis.
—Una cerveza por favor.
Nolan le pidió al cantinero mientras se quitó la
chamarra y se sentó en la barra. Su cabeza no dejó de
pensar en la situación tan delicada por la que estaba
pasando. Recordando una infancia alegre e inocente, y
una adolescencia complicada.
—Otra cerveza por favor.
Mientras él encendió un cigarro.
Ella entró en el bar hace 30 minutos, cabello negro,
tez blanca, ojos muy expresivos, verdes; mirada
inocente, a pesar de su vestimenta sencilla, su belleza
era notable. Nolan, tan inmerso en sus pensamientos,
nunca la vio pasar.
—¿Me tengo que acercar a la barra para pedir una
simple cerveza? —Palabras al aire de la bella mujer
mientras se sentó en la barra, cansada de la falta de
atención en su mesa.
Nolan solo reaccionó con una sonrisa desganada
mientras la observó disimuladamente.
—Llevo 30 minutos sentada en una mesa para dos, y
dos al parecer no llegará, lo único que me pondría de
buen humor sería una buena cerveza y un cigarro —
Sonrió mientras observó a Nolan; eran los únicos dos
sentados en la barra.
—Te puedo ayudar con el cigarro pero si viene el dos
le dices que lo compraste en la calle —Nolan respondió
a la mujer sin voltear a verla, mientras extendió la mano
con la cajetilla abierta y mostrando que uno de los
cigarrillos estaba dispuesto para ella; Nolan, con esa
mirada amable que siempre lo había caracterizado,
observando hacia la nada.
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—No creo que venga —Mencionó la mujer mientras
se acercó a Nolan para tomar uno de sus cigarros—. Se
suponía que nos veríamos aquí para tratar de arreglar
nuestras pequeñas diferencias pero creo que ya no
habrá nada que arreglar.
Una mujer carismática y siempre con una sonrisa
dibujándose en sus labios.
—¿Cómo te llamas?
—Nolan —Respondió mientras observó el cenicero.
—Ok, Nolan, número uno vino a encontrarse con
número dos pero en vez de eso, número tres salió al
rescate con un cigarro y una muy animosa platica —
respondió la mujer mientras se alejó poco a poco
sintiendo que Nolan no estaba de humor para una
conversación.
Nolan respondió con esa sonrisa característica
observándola con un gesto de vergüenza.
—Discúlpame tengo mi cabeza en otro lado, no fue
mi intensión ser grosero, ¿cómo te llamas tú?
—Lo siento, perdiste la oportunidad de saber el
nombre de la mujer más hermosa y divertida de la
ciudad —ella volteó disimuladamente con una sonrisa
pícara en su rostro, tratando de jugar con él, fingiendo
molestia e indignación.
Nolan se sintió ligeramente apenado y no supo qué
decir en ese momento.
—Me llamo Ana, solo quería molestarte un rato.
Risas disimuladas y amistosas de los dos.
—¿Qué haces aquí tan solo, Nolan?, yo ya te dije por
qué estoy aquí, un poco molesta, aunque a la vez
aliviada de no regresar a una relación que ya no tenía
sentido… así que te toca.
En ese momento el cantinero vio a Nolan con una
mirada extraña, como si estuviera sorprendido de la
suerte que tiene de que una mujer como ella estuviera
hablando con una persona sin ninguna intención mas
que de entablar una amistad.
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—Emmm solo salí a relajarme —Nolan tenía una
sensación de confianza como nunca la había tenido,
quería contarle todo lo que pasaba en su cabeza en ese
momento pero no sintió que fuera correcto compartir
todos sus problemas a una completa extraña.
—Aja, y yo te creí, ¿verdad? Completamente mojado,
en tu bolsillo izquierdo veo lo que parecen las llaves de
un auto, así que tengo dos teorías, tu coche se averió y
en tu camino a casa te topaste con este bar o, y creo que
es la correcta, saliste de tu casa a tomar aire para
resolver algunas cosas que tienes en mente, te
sorprendió la lluvia y terminaste en el lugar menos
esperado, tomando una cerveza y compartiendo tus
cigarros con una completa desconocida, así que ¿cuál
de las dos es?
Nolan sorprendido por la manera en que
acertadamente describió su noche respondió extrañado.
—La segunda, apenas te conozco y sabes que es lo
qué hice, eso es extraño, espero que no seas una
investigadora privada o alguna clase de cobradora de
una nueva especie que no trae uniforme de alguna
oficina donde trabajan más de 10 horas seguidas —
Nolan se aventuró a hacer una broma.
—De hecho vengo siguiéndote desde que entraste al
bar, mis jefes me pidieron que entregue un informe
preliminar de tus movimientos para saber dónde te
pueden encontrar —seriedad total para seguir con un
pequeño juego.
—Así que, ¿tienes problemas económicos, eh?
—Problemas es un poco menos de lo que tengo, pero
bueno ese tema no va con una plática de bar.
—Es la plática perfecta para un bar, cerveza, dos
personas con situaciones complicadas y un encantador
cantinero que no deja de vernos como si fuéramos
adolecentes pidiendo alcohol con una identificación
falsa, así que hablemos; tal vez eso me ayude a sacar
unas cuantas palabras más de tu boca; ¿o prefieres que
yo empiece mi historia para que vayas animándote a
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contarme la tuya? —Sonrisa y ojos encantadores de una
mujer interesada en una plática sincera.
—Primero las damas, Ana, siempre soy un caballero
y en esta ocasión me conviene más.
—Mmmmm bueno, soy Ana Sorrento, veintidiez años
recién cumplidos, trabajo como psicóloga en mi propio
consultorio, no me quejo, no me va mal, a pesar de un
exnovio que está jugando a quitarle los pétalos a una
flor; me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere.
Familia unida, papás viviendo en la ciudad disfrutando
su pensión, mientras yo sigo enganchada con el encanto
de este pequeño pueblo pintoresco, un hermano que
está en la Marina y un pequeño pero agradable
departamento con vista al mar, y cuando digo vista al
mar, digo vista al muelle empedrado lleno de
pescadores. Buenos amigos, aunque casi no los veo y
una ligera adicción a coleccionar antigüedades, como
mi VW caribe 1979 que cada mes tiene que consultar al
doctor por alguna dolencia… hasta aquí las noticias
Charly, volvemos contigo. Un pequeño resumen para un
desconocido, no puedo revelar más porque no sé si eres
un secuestrador, un ladrón, o un chef de comida
vegana; si eres alguno espero que no sea el chef.
La primera carcajada de Nolan en mucho tiempo.
—Ok, Nolan te toca, sorpréndeme —Ana observó con
interés mientras Nolan se animó a responder.
—Bueno, Ana, soy Nolan Franco.
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CAPÍTULO 2
CONOCIDOS DESCONOCIDOS
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Nolan despertó en un lugar ajeno, arrepentido y
sorprendido, eso nunca había pasado. Intentó
explicarse por qué actuó de manera tan impulsiva, solo
fueron 4 cervezas y una noche larga, no podría culpar
al alcohol, y aunque pudiera, no era el tipo de
comportamiento que Nolan tendría en estado de
ebriedad. Un muelle se observaba en la ventana,
pescadores y compradores negociando sus productos;
sabía lo que había hecho, desde el inicio de su
matrimonio no había dormido fuera de su casa y nunca
había estado con otra mujer, la culpa lo atormentó, pero
también su deseo de encontrar a Ana que no estaba
dentro de la habitación. Un pequeño departamento,
acogedor y agradable, como ella lo describió, era
temprano en la mañana y su celular estuvo apagado, no
recordó haberlo hecho pero esa fue su menor
preocupación.
—Buenos días, Nolan —se abrió la puerta del
departamento mientras Ana sonrió y le enseñó una
bolsa con comida—. Moría de hambre y no quería
esperar a que despiertes, me pongo de malas si no
desayuno, te traje una limonada y dos sándwiches a la
parrilla con jamón de pavo y queso crema de “Momma
Nela Deli”.
Los sentimientos de Nolan fueron confusos, sintió
mucho arrepentimiento por lo que pasó en la noche,
pero también sintió mucha felicidad de estar con Ana.
—¿Yo te dije que me encantan esos sándwiches?
—Emmm sip, ayer hablamos de muchas cosas y
antes de dormir murmuraste que morirías por un
sándwich así, creo que ya estabas más dormido que
despierto, a propósito, me debes una cerveza por
aguantar tus ronquidos toda la noche, por tu culpa
tendré que cancelar a un paciente para poder dormir un
rato, va a llegar con muchos problemas y no le quiero
responder que no me importa y que se vaya —una
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broma para tratar de calmar la tensión que se sentía
entre los dos.
Nolan sonrió: —Tal vez te confundiste de trabajo,
pudiste llegar a tener un buen cargo público con esa
actitud.
Las sonrisas aparecieron y desaparecieron para
empezar una plática más seria
—Escucha, Ana, no sé cómo decir esto, en realidad
nunca me había sentido así con una mujer y sabes que
soy casado; la verdad sonará extraño ya que nos
conocemos apenas unas 12 horas atrás pero siento una
conexión muy especial, me alegraste la noche cuando
mi cabeza iba a explotar, pero también tengo que pensar
en mi familia, en mi hijo, ahorita mi esposa debe estar
muy preocupada y furiosa y aunque ya no sienta lo
mismo por ella, no me gusta hacerle eso…
Ana lo interrumpió con una voz cálida: —Mira, Nolan,
si no eres feliz en tu matrimonio, tal vez es momento de
pensar en ti y lo que realmente quieres, tienes que
pensar que te vas a morir algún día y que tu obligación
es ser feliz en esta vida, yo sé que te sientes mal por lo
que hiciste pero no te martirices por una relación en la
que tú sientes que los dos no quieren dar más. Sé que
te duele lo que está pasando, por tu hijo más que nada,
pero él te amará estés o no con su mamá. Yo también
siento una conexión contigo y quisiera seguir viéndote,
pero tú tienes que decidir cuál es tu prioridad. De algo
me sirvió la escuela ¿no? Solo observa dentro de ti y
toma una decisión, los problemas económicos vienen y
van, y buscaremos la manera de resolverlos.
Nolan se sintió sorprendido y aliviado por esas
últimas palabras. No se imaginó que una persona que
no sabía más que lo que escuchó en una noche, le diera
el apoyo que necesitaba.
—¿Me quieres ayudar? Apenas me conoces, no quiero
ser grosero pero, ¿no crees que es un poco extraño para
alguien que acabas de conocer?
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—No suelo hacer esto, Nolan, solo que hay algo en ti
que me da confianza, nunca había estado con un
hombre casado, y tú con alguien más desde que te
casaste, así que hoy es el día de hacer algo por primera
vez, sé que tienes complicaciones y me gustaría
ayudarte, si me dejas, claro.
—¿Por qué no te conocí 2 años antes de casarme
cuando estaba soltero?
—Porque no observabas a tu alrededor —Ana sonrió
mientras le dio un trago a su taza de café.
Nolan hizo la pregunta que quería decir desde que
empezó la conversación:
—Ana, espero no me tomes a mal lo que voy a decir,
no quiero que te ofendas pero no quiero dejar de verte,
¿podemos seguir conociéndonos mientras arreglo mis
problemas y resuelvo los asuntos de mi matrimonio?
Los segundos de silencio fueron desesperantes para
Nolan que esperó una respuesta que temía escuchar.
—Claro, Nolan, tus problemas económicos y legales
no me importan, pero tengo que decirte que terminar un
matrimonio es difícil y no quiero ser una de las razones
de tu decisión, así que, podemos seguir conociéndonos,
y a pesar de que el sexo fue descomunal, increíble y
fuera de este mundo, a propósito, tú no estuviste tan
mal; no me gustaría que esto vuelva a pasar hasta que
tengas todos tus pensamientos en orden, por ahora
tienes mi teléfono, podemos platicar, podemos vernos
en lugares que no estén a la vista, pero tienes que
terminar de resolver tus problemas. Sé que como
psicóloga no actué correctamente al estar contigo y
tener tanto interés en ti es extraño pero la vida es un
riesgo y no quería dejar pasar una oportunidad como
esta, Nolan.
—No sé cómo agradecerte, Ana, realmente siento
como si te conociera desde siempre. Lo más importante
es mi hijo, veré la manera de hacer las cosas bien por
los 3, ella es una buena mujer, solo que ya no somos
compatibles, tal vez esto es lo mejor, pero tengo que
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arreglar lo que tenga que arreglar lo más rápido posible.
¿Entonces quedamos como amigos?
—¿Yo? ¿Amiga de un extraño? No te conozco ni un
día, vete de mi casa antes de que llame a la policía pero
antes termina tu desayuno.
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Una casa grande, en el centro del pueblo pintoresco,
detalles de madera al estilo de una cabaña en el bosque,
diseño minimalista digno de un arquitecto moderno, un
hogar que daba indicios de mejores días, patio grande
con un árbol que le daba sombra a una camioneta
Ranger verde modelo 2008, que Nolan prefirió no usar
un día antes para caminar y tratar de resolver sus
problemas, de inmediato la imagen de Ana adivinando
lo que le sucedía dibujó una sonrisa en todo su rostro.
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quieres estar conmigo, solo soy una carga, no me
escuchas, no te intereso. ¿Eso querías que diga?
Silencio…
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“Te prometo que todo estará bien entre nosotros de
una u otra manera.” Con esas últimas palabras Nolan
terminó la conversación.
—Lárgate…
Nolan despertó en la madrugada con la voz de Liz
rompiendo en llanto y coraje.
—Lárgate, lárgate de aquí, no quiero volver a verte—
Nolan no entendió lo que estaba pasando mientras que
Liz se contuvo de gritar a todo pulmón; su hijo estaba
en la casa.
—¿Qué te pasa, Liz? —Nolan preguntó desconcertado
—La próxima vez que quieras ocultar tus mensajes,
ponle una clave a tu celular y déjalo en silencio mientras
duermes conmigo.
Nolan se paralizó
—¿Querías que lo viera? Leí todo, me despertó una
llamada que te hizo esa tal Ana en la madrugada, esa
mujer realmente es muy buena haciéndote reír, ella si
te entiende, ¿verdad? Ella si te escucha, no como la
estúpida de tu esposa. Eres todo suyo no quiero saber
nada mas de ti.
Liz estaba destrozada, no encontró más palabras,
solo una pregunta.
—Es ella, ¿verdad? Con ella pasaste la dichosa noche
que te quedaste en un hotel, según tú, a pensar.
El silencio lo delató.
Nolan estaba estupefacto, no sabía qué decir, estaba
nervioso, asustado, sabía que ese era el fin. Sabía que
eso era lo que quería, pero al volverse tan real, tenía
otros pensamientos. Al final nada de lo que pensaba
importó, Liz averiguó la verdad y él sabía que no había
nada qué pudiera hacer para reparar el daño. Sabía que
lo habían descubierto, no tenía nada qué decir, solo
escuchó mientras ella dejó salir su desprecio por lo que
ha pasado, lo hizo lo más discreto posible porque
Samuel estaba dormido.
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Liz lo dejó quedarse en la sala de estar hasta que sea
de día y pudiera despedirse correctamente de su hijo, lo
hizo por él, no quería que esa situación le causara un
trauma irreparable.
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CAPÍTULO 3
ENCUENTROS
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22
Departamento número 5 en un segundo piso, al
parecer, acababa de ser deshabitado, incluso, todavía
conservaba un dulce olor a perfume de mujer; pequeño,
servirá, se dijo; 2 cuartos, perfecto para las visitas de su
hijo, al menos tenía televisión, lo distraerá en los días
de soledad. De repente, un recuerdo, Ana llegó a su
mente, no pudo evitar pensar en mandarle un mensaje,
era muy pronto pero quería saber de ella, quería
platicarle lo que está pasando en esos momentos, quería
saber qué pensaba y quería su opinión.
“Hola, Ana”
“Hola, Nolan, ¿qué te trae al mundo de los mensajes?”
“Lo que hablamos pasó, me separé de mi esposa, ya
no hay nada que hacer.”
“Wooow, y ¿qué pasará ahora? ¿Cómo estás? ¿Te
saliste de tu casa?”
“Sí, me salí, creo que fue lo más razonable, era lo mejor
para los dos, como te dije, ella es una buena mujer, pero
ya no es lo mismo.”
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Nolan sorprendido y un poco preocupado no sabía
qué decir.
—Ja, ja, ja, ja; no fue difícil, tienes encendida tu
ubicación en la mensajería, looseeer, solo le pregunté al
casero en que cuarto estaba Nolan Franco y listo.
—No me había dado cuenta que estaba encendida mi
ubicación, ya me habías asustado. —Nolan respondió
con alivio.
—Te dejas engañar muy fácil, peque, hoy fue un día
lento, no tuve muchos pacientes, apenas terminé pensé
en visitarte, si eso está bien contigo.
—Por supuesto, pasa, te invito a mi nuev… —Ana lo
besó sin poder dejarlo terminar su oración.
Un cálido beso, miradas penetrantes y una sensación
emocionante recorrió sus cuerpos; casi se les olvidó
cerrar la puerta, la intensidad del acercamiento hizo
que sus corazones palpitaran más rápido y la
desesperación por estar juntos no los dejó llegar ni a la
habitación.
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Nolan despertó al quinto día con una nota en la orilla
de la cama.
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ahora no sé si hice lo correcto, no dejo de pensar en ella,
y Ana me complementa, así que estoy jodido.
—Nolan, eso solo significa que quieres estar con tu
familia, si no, no tendrías que pensarlo, estarías con
Ana y punto, lo que tú quieres es regresar con Liz, si no,
¿porque no dejas de pensar en ella?
Nolan pensó, sabía en el fondo que Lucas tenía razón,
pero no sabía cómo recuperarla y lo más importante, si
sería posible. También, no sabía cómo hablar con Ana,
no tenía idea de cómo tomaría la noticia, al final solo se
conocieron por unos cuantos días y él no se imaginaba
la reacción de ella ante una situación como esa.
—Tal vez deba darle otra oportunidad a mi
matrimonio, puede ser solo una mala etapa en nuestra
relación, pero ¿cómo la recupero? Luc, la engañé, eso
no es fácil de olvidar y menos para ella.
—Solo lo sabrás hablando con ella, no le llames ni le
mandes mensaje, ve a tu casa, así no le darás opción,
tendrá que salir y hablar contigo. A propósito, ¿tienes
una foto de Ana? Me da curiosidad saber si es tan bonita
como dices, a ver si mínimo valió la pena el problema en
el que te metiste.
Nolan desbloqueó su celular para enviarle la única
foto que él tiene de ella, una foto en su departamento
que solo le envió para pedirle su opinión sobre un
conjunto de blusa y jeans para ir al trabajo.
Una carcajada de Lucas al ver la fotografía no se hizo
esperar.
—¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!, ¿me estás jodiendo,
Nolan, qué es esto?
Nolan preocupado por la reacción de Lucas
respondió: —¿Por qué? ¿Qué tiene de malo? Tienes que
admitir que esta preciosa ¿o la conoces? ¿Por qué la
risa?
Nolan se sintió un poco ofendido por la reacción de
su amigo, no la entendió, no encontró nada graciosa la
fotografía, mientras que Lucas observó la seriedad y
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sinceridad de Nolan, lo cual, le hizo cuestionar su
situación.
—Nolan ¿está es la mujer con la que has estado?
¿Con ella engañaste a Liz?
—Pues sí, ya sé que piensas que es extraño que una
mujer como ella quiera algo con un hombre como yo,
pero la verdad sentimos algo intenso, solo dime, ¿por
qué la risa? ¿Crees que ella es mucho para mí? Porque
si es así, yo igual lo pensé ja, ja, ja, ja…
Lucas estaba atónito, no sabía qué decir ni qué
responder, algo le pasó y Nolan lo sabía.
—Pues sí, por eso me reí, la verdad si fue mucho para
ti, ja, ja, ja, ja, no sé qué le pasaba por la mente al fijarse
en ti. —Lucas respondió, trató de disimular su
incomodidad pero no lo hizo muy bien.
—Oye, Nolan ya me tengo que ir, tengo que regresar
al trabajo.
—Lucas tú entras a las 4 ¿qué te pasa? —Nolan
respondió confundido.
—Pero tengo pendientes que liberar, solo me escapé
para ver cómo estabas; te marcó mañana para que me
digas si pudiste arreglar las cosas con Liz, ¿ok?
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CAPÍTULO 4
DECISIONES
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Nolan caminó rumbo a su casa, sabía que Liz estaba
ahí, su horario de trabajo era flexible debido a su hijo,
no sabía qué decir, no sabía cómo empezar, la quería de
vuelta, quería estar con su familia, quería resolver los
problemas que hicieron que cometiera el error de estar
con otra mujer, se prometió a sí mismo que si Liz lo
perdonaba se dedicaría a reparar el daño que le causó
el resto de su vida, a ser un mejor esposo, más tolerante,
olvidar los malos momentos que destruyeron su
relación y demostrarle todo el cariño que se merece,
sabe que él es un buen padre pero promete nunca hacer
algo que lastime a su hijo, promete no perderse todos
los eventos importantes para él.
Llegó la hora, Nolan estaba fuera de su casa,
observando, pensando cuáles serán sus primeras
palabras, miró el árbol que le da sombra al automóvil,
los detalles de madera, y a Liz por la ventana que deja
ver la sala donde estaba sentada leyendo. Su corazón
palpitó más fuerte, sintió que aquellos sentimientos que
lo hicieron pedirle matrimonio regresaron como ese
mismo día; solo esperaba que no fuera demasiado tarde
y tener un poco de esperanza para recuperar lo que se
había perdido. Liz presintió que la observaban, miró
hacia la ventana, estaba Nolan parado en el cerco de
madera. Ella no supo qué hacer, lo ama pero no lo
puede perdonar, quería salir a hablar con él pero a la
vez deseaba que se fuera, que la dejara en paz. Al final
ella sintió que salir era lo mejor, tal vez quería hablar
sobre Samuel, o sobre el proceso que se llevaría para
empezar los trámites de divorcio.
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—¿No estábamos bien? ¿Qué te hacía creer eso?
Siempre te he amado y siempre te he apoyado, tú eres
el que cambió pero no me imaginé que cambiaras tanto
como para revolcarte con otra mujer, pensé que solo era
una etapa en la cual te distanciaste, no que estabas
decidido a tirar todo a la basura. ¿De qué problemas
hablas? Yo no tenía idea de que estabas pasando por
todos esos problemas.
Nolan no podía creer que Liz no afrontara que su
relación estaba deteriorada, él sabía que ella igual
sentía lo mismo pero no lo quería admitir. Aun así Nolan
estaba decidido a recuperarla quería volver con ella e
intentarlo de nuevo.
—Liz te hablaré sin rodeos, te suplico me perdones,
fui un imbécil, quiero a mi familia, te amo, nunca lo he
dejado de hacer, sé que te lastimé como nunca nadie lo
había hecho, no tengo excusa, te lo ruego, fue un error
que nunca más cometeré, lo demás no te lo quise decir
porque me sentía acorralado y sentía que no me ibas a
apoyar en todo esto…
Nolan no terminó de hablar cuando Samuel salió
emocionado de ver a su papá.
—¡Hola, enano! —Nolan se agachó para recibir a su
hijo mientras corría hacia él.
—Le dije que te fuiste a un largo viaje Nolan —Liz
tuvo que mentirle a su hijo, no sabía cómo decirle a un
niño tan pequeño que sus papás estaban separados.
Nolan vio a Samuel con la felicidad y emoción que
sintió la primera vez que lo vio recién nacido, mientras
lo levantó y le dio un tierno abrazo.
—Mamá dijo que te fuiste a trabajar a otro lugar.
—Sip me fui, pero ya regresé, te prometí que te
llevaría a la feria ¿no?
La emoción de Samuel no se hizo esperar, faltaban
dos días para que la feria llegara a la ciudad.
—Entra a la casa, enano, hace fresco, tengo que
hablar con mamá y me regreso al trabajo, pero te veré
pronto, ¿está bien?
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Samuel entró a la casa mientras Nolan y Liz siguieron
discutiendo el futuro de su relación.
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Nolan no podía ocultar su incomodidad pero Ana no
le dio importancia, tal vez solo era un mal día con todo
lo que le había pasado últimamente.
—Te presento a los 5 degenerados que tengo por
amigos. Él es Alex, un animal más que un veterinario.
Ella es Niza, es una excelente contadora que odia los
números; él es Bashir, una joven promesa del futbol con
un tobillo destruido y un trabajo administrativo poco
satisfactorio; ella es Luz, una diseñadora industrial con
poca tolerancia a sus clientes, y por último y mucho
menos importante, Tobías, ingeniero civil y exnovio de
Niza, como nos cae tan bien lo dejamos como mascota
del grupo.
—Y ella es Ana, una psicóloga que cree que todos los
problemas de sus pacientes se resuelven recomendando
el suicidio —la broma de Alex divirtió a todos, menos a
Nolan que sonrió falsamente para evitar alguna
sospecha de lo que estaba a punto de suceder.
34
Es de madrugada y todos se empezaron a despedir,
culpando a Ana por convocar una reunión en plena
semana y con trabajo el día siguiente.
35
—¡¿Crees que siendo sincero no me lastimas, Nolan?!
Te sentía tan seguro de tus decisiones que me empecé
a enamorar de ti, carajo, Nolan no puedes estar jugando
con los sentimientos de las personas solo porque no
estás seguro de tus actos.
Por primera vez Ana levantó la voz desde que se
conocieron, su dolor era grande y no podía disimularlo
mientras Nolan la miró con angustia.
36
Nolan no sabía qué hacer, sintió que todo estaba
saliéndose de control, pero aun así no cambió su
opinión con lo que había hecho.
—Nolan si no tienes nada que decir ahora te puedes
largar, no me interesa lo que hagas, no me interesa tu
vida, solo sé feliz con tu maldita decisión, vete que lo
único que haces es lastimarme más —las lágrimas en
los ojos de Ana conmovieron a Nolan, sabía que no
tenían mucho tiempo de conocerse, pero lo que tenían
se sentía real, especial, como si fuera un nuevo
comienzo, pero era solo una ilusión, era solo una
manera de tapar lo que sentía por Liz, de ocultar sus
problemas.
37
38
CAPÍTULO 5
SUCESOS EXTRAÑOS
39
40
Ningún mensaje de Ana, ni una llamada, no había
rastros de intentos de comunicación con Nolan, habían
pasado dos días desde aquella madrugada en su
departamento cuando terminó su relación. Nolan sintió
un malestar, sintió que no fue debido sentir alivio de
que el problema de impuestos que tenía ya no lo
atormentaba, sintió que se aprovechó de alguien
aunque no fuera cierto. Nolan siempre se había
caracterizado por ser una buena persona, y por lo
mismo se prometió a saldar su deuda con Ana aunque
ella no quisiera. Era temprano en la mañana, le había
mandado 5 mensajes a Liz, el último mensaje decía que
le encantaría que ella los acompañara a la feria, le había
prometido a Samuel que pasarían el día juntos, tal vez
sea una oportunidad para empezar a ganarse el corazón
de su esposa de nuevo, Liz contestó fría que los
acompañará para que el pequeño tuviera una tarde
agradable. Nolan sintió la emoción y esperanza que
tanto había anhelado. Un mensaje, esperó que fuera de
Liz, o de Lucas, que desde el día que platicaron en el
restaurante no había vuelto a comunicarse.
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—Disculpe, señor Nolan, nadie me ha preguntado por
usted, lo único me ha llegado es su correspondencia.
Nolan estaba completamente paralizado, empezó a
recordar aquel día que llegó Ana por primera vez al
departamento, recordó que él nunca le dio la dirección,
que ella afirmaba que su ubicación estaba activada en
su mensajería, y él no le tomó la mayor importancia,
pero sabe que algo no estaba bien, el casero aseguró que
nadie preguntó por él.
Nolan se atrevió a mandarle un mensaje a Ana
pidiéndole una explicación.
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económica, era víctima de fraude, pero no había a quien
culpar. Tal vez sea un buen momento para visitar el
despacho contable y afrontar a la persona que le causó
tantos problemas y de paso pedir su expediente
completo si es que había alguno, no le tomaría mucho
tiempo, el despacho estaba solo a 20 minutos del
pueblo, y todavía no llegaba la hora de ir a la feria.
En camino al despacho, Nolan se cuestionó cómo
reaccionaría, cómo tomaría la situación, tenía tiempo
para planearlo, el autobús hacía suficientes paradas
para pensar en lo que diría una vez que estuviera frente
a frente con el contador.
Llegó a su destino, una parte de la ciudad
completamente diferente a donde él vivía, pequeños
comercios, restaurantes, tiendas de mascotas, unos
cuantos locales en renta, centros comerciales a lo lejos,
una zona un poco más agitada a la que él estaba
acostumbrado. Nolan estaba parado frente al despacho,
cintas policiacas rodeaban la entrada, evidencia de
incendio en el edificio, no entendió que pasó, no había
policías cerca, pero le preguntó a la primera persona
que vio pasar por la calle.
—Disculpe, señorita, ¿tiene idea de lo que pasó aquí?
—Tiene alrededor de dos semanas, al parecer fue un
robo e incendio provocado, al menos eso me dijeron los
policías, yo trabajo a dos cuadras, caminando al trabajo
al día siguiente lo vi, creo que una persona murió pero
no estoy segura, los que saben más del caso son los del
restaurante de enfrente, vi a unos detectives hablando
con ellos 4 días seguidos.
Nolan sabía que no debía sentir satisfacción por lo
sucedido pero no lo pudo evitar, después de todo, le
habían hecho mucho daño. Sintió curiosidad, quería
averiguar más sobre el caso por lo que decidió entrar al
restaurante para indagar más sobre lo sucedido.
—Hola, amigo ¿está el gerente o alguien que me
pueda ayudar? Las personas de enfrente llevaban mi
contabilidad y me dijeron que ustedes sabrían más del
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caso. —Nolan le preguntó a uno de los meseros que le
indicó donde estaba el gerente que tenía la información
que él pidió.
—Fue robo y homicidio, borraron las pistas con el
incendio, pero los detectives encontraron lo suficiente
para determinarlo, al parecer el contador se dedicaba a
estafar a sus clientes pero siempre encontraba la
manera de eludir las consecuencias, firmas falsas,
cheques que rebotaban entre otras cosas, suponen que
fue algún tipo de venganza, pero nada comprobable.
El gerente le dijo a Nolan todo lo que quería saber.
—¿Y han dado con el asesino?
—Por desgracia no, hasta donde estoy enterado, hay
un vídeo tomado de nuestra cámara de seguridad que
da a la calle y se logra apreciar a una persona saliendo
del edificio momentos antes que empezara el incendio
pero desafortunadamente no encuentran a nadie con la
descripción de la grabación.
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Se acercó la hora, Nolan estaba nervioso y
emocionado de ver a Liz y Samuel. Mientras se alistó
encontró el ultimo recado que le dejó en la cama, la
nostalgia lo invadió, Ana siguió siendo muy importante
para él pero seguía sólido en su decisión, recuperaría a
su familia cueste lo que cueste.
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—¿Heeeeey, enano, que tal el paseo?
—Quiero subir de nuevo, déjame una vez más papá.
—Bueno, súbete, a eso viniste, aquí te vemos.
El celular de Nolan vibró mientras habla con Samuel,
temía que Ana le mandara un mensaje cuando estuviera
con Liz por lo que silenció su celular. El aprovechó un
descuido para ver el mensaje que recibió esperando que
no sea ella, quería que fuera Lucas, le quería contar que
estaba tratando de regresar con su familia.
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—Ana, ¡¿qué demonios estás haciendo?! ¿Me estás
siguiendo? ¿Qué carajos te pasa? —Nolan, exaltado le
exigió a Ana una explicación para su comportamiento,
sabía que no es normal y que ya no podía ser una simple
coincidencia.
—¿Esto es por tu dinero? Te dije que te iba a pagar
hasta el último centavo no tienes por qué ponerte así.
—Ya te dije que no quiero tu dinero, Nolan, solo
quiero saber cómo va tu vida, y si será tan interesante
como sería conmigo a tu lado —Ana lo observó con
admiración, con una mirada perdida.
—Ana, este comportamiento es de locos, no puedes
seguirme, te dije que lo nuestro no puede continuar, así
que creo que lo mejor es que no me vuelvas a hablar.
—No lo entiendes, ¿verdad? Siempre estaré junto a ti,
no importa cuánto quieres que me aleje, pronto te darás
cuenta de que la única persona que necesitas en tu vida
es a mí, piensa en eso cada vez que hagas algo, como ir
a ver a tu antiguo contador, o entrar al restaurante de
enfrente —Nolan estaba asustado, sabía que algo
estaba mal, la mirada de Ana cambió, sus pupilas se
dilataron, demostró rencor como nunca lo había visto,
como si fuera una persona completamente diferente a
la que creía conocer.
—¡¿Ana, cómo carajos supiste donde estaba?! —La
desesperación de Nolan fue notable, empezó a sudar
frío, sus nervios estaban a punto de colapsar, nunca
había estado en una situación como esa en su vida.
—Será mejor que regreses con Liz y Samuel,
empezaran a buscarte y no creo que te convenga que me
vean aquí contigo.
—¡¡¡Escucha, Ana, no quiero que esto vuelva a pasar,
no quiero que me sigas, ni que me mandes mensajes, ni
que estés cerca de mi familia, lo nuestro terminó, tú y
yo no estaremos juntos nunca más!!!
Nolan alzó la voz mientras la agarró de los brazos
exaltado y temeroso.
—Eso crees ahora…
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—¿Algún problema? —Un guardia de seguridad se
acercó, vio la discusión subida de tono y prefirió
intervenir. Nolan la soltó y ella caminó entre la gente
tranquilamente desapareciendo entre la multitud.
—Todo bien, señor, solo fue una diferencia de
opiniones, nada grave.
—El guardia se alejó mientras observó a Nolan
sospechosamente, temiendo algún tipo de agresión
hacia la mujer.
—¿Todo bien? Tardaste —Liz le preguntó a Nolan
mientras caminó hacia ella fingiendo un ligero malestar.
—Creo que me cayeron un poco pesadas las papas,
nada importante.
Nolan mintió para ocultar su verdadero malestar, el
encuentro con Ana fue desagradable y bizarro, no podía
entender lo que estaba pasando, pero tampoco podía
decírselo, sería un golpe fuerte para Liz saber que la
causante de la ruptura de su matrimonio estaba
observándolos muy de cerca.
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Esas últimas palabras llenaron de esperanza a
Nolan, Liz le había dado la pauta para seguir intentando
recuperarla, sintió alivio y emoción, tenía esperanza de
regresar por fin con su familia y olvidar todos los
problemas que habían pasado.
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CAPÍTULO 6
REVELACIONES
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Tocaron la puerta, Nolan despertó, estaba exhausto,
no descansó bien en la noche, el sonido no paró, había
alguien que estaba insistiendo demasiado y recordó a
Ana, se exaltó, temía que fuera ella. Nolan se levantó de
la cama, se aproximó a la puerta y observó por la mirilla
esperando que no fuera la persona que temía, abrió la
puerta… —Buen día, ¿Nolan Franco?
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Nolan otra vez estaba paralizado, Ana sabía que el
detective estaba ahí, lo seguía observando.
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Nolan mintió, no pensó decir que una persona lo
apoyó para saldar sus deudas.
—Tengo unos ahorros que estaba cuidando para esta
situación, entonces cuando junté el dinero necesario
hice los tramites y resolví mi problema.
El detective cerró su libreta agradeciendo la
cooperación de Nolan mientras se dirigió hacia la
puerta.
—Se me olvidaba, Señor Nolan, tenemos un vídeo de
la cámara de seguridad del restaurante, si conoce a
alguien con la descripción por favor comuníquese
conmigo, aunque el vídeo se ve muy lejos.
El detective sacó su celular para mostrarle la
grabación, no tenía ninguna sospecha hacia él, solo
necesita la mayor ayuda posible para resolver un
asesinato. Nolan observó el vídeo que era justamente
como se lo describió el gerente, a lo lejos se apreciaba la
oficina de un piso, pequeña y con dos ventanas al frente,
de pronto humo saliendo de la puerta y una persona
caminando hacia afuera. El detective Gerard mencionó
que el atacante al parecer entró por alguna de las
ventanas traseras ya que no se vio a nadie entrando con
esa descripción en horas de vídeo. La cara de Nolan se
descompuso, conocía a esa persona, recordó muy bien
esa silueta, y esa vestimenta, era Ana, tenía el mismo
conjunto de ropa que utilizó el día que la conoció hace
dos semanas.
El detective notó algo raro en el rostro de Nolan, sabe
que vio algo, sabe que reconoce a la mujer. Nolan estaba
concentrado en el vídeo pero el detective estaba
enfocado en las facciones de Nolan, que por más que
intentó, no pudo disimular.
—¿Señor Nolan, conoce a esa persona?
El detective preguntó tranquilamente, esperando la
respuesta de Nolan, pero mintió, él sabía que si llegaba
a mencionar algo relacionado a Ana, ella lo sabría y
temía a las consecuencias.
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—No, detective, no tengo idea de quién es y los lentes
obscuros no dejan ver bien su rostro.
El detective Gerard sabía que Nolan mentía, el sudor
en su rostro y el cambio en su forma de hablar lo
delataron, pero el detective decidió jugar su juego, dejó
que Nolan creyera que no tenía ninguna sospecha,
mientras, siguió su investigación pero existía una pieza
importante que no contempló, él podía ser la clave para
llegar a la mujer.
Una llamada.
—Hola, Nolan, que gusto que me hables, ¿ya se fue
el detective? Espero que no le hayas dicho nada como
habíamos quedado.
Nolan tenía miedo, estaba despavorido.
—Ana, tú lo mataste, ¿cómo pudiste, por qué lo
hiciste?
Nolan no entendía, Ana y él no se conocían en ese
momento, fue antes de verse por primera vez en el bar,
es ilógico, y el esperó una respuesta que al menos
pudiera quitarle esa duda de la mente.
—¿Recuerdas la mañana siguiente de la noche que
nos conocimos?, ¿recuerdas tus palabras? Me
preguntaste por qué no me conociste dos años antes de
casarte, y te respondí que no observabas a tu alrededor,
realmente no lo hacías, nunca me observaste, pero yo
sí, estaba ahí, mirándote, pero no me atrevía a
acercarme, te enamoraste, te casaste, y yo seguía ahí,
dispuesta a hacer todo por ti, sabía que tú y yo
estaríamos juntos algún día, y mi paciencia fue
recompensada hace unas semanas, pero cuando al fin
pensé que eras mío, me diste la espalda, a mí, a la que
se sacrifica por ti, a la que cometió delitos por ti, sabía
lo que estabas pasando, tus problemas económicos, la
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estafa de la que fuiste víctima, las complicaciones de tu
matrimonio, todo, solo que como tú no podías actuar,
yo sí, porque si ibas a la cárcel, por algo que no fue tu
culpa, no te volvería a ver, así que hice lo necesario para
ayudarte, apenas pude juntar todo el dinero posible,
pague tus deudas, Niza me ayudo a pesar de que no
estaba de acuerdo, ella piensa que te conozco hace unas
semanas, pero no sabe que en realidad te conozco desde
hace mucho tiempo.
Nolan escuchó, no podía creer lo que estaba pasando,
ella lo conocía, todo fue planeado desde el principio.
—Matar a ese estafador, fue solo una muestra de lo
que puedo llegar a hacer si se meten contigo, creo que
me dio más coraje que a ti, peque, y no pude
contenerme, y para serte sincera, lo disfruté, realmente
disfruté lo que hice, espero que entiendas, eres mío,
siempre serás mío, no te dejaré, siempre te protegeré.
Nolan se dio cuenta de algo que Ana dijo, algo que
tuvo que preguntar.
—Dijiste delitos. ¡¿Qué significa eso, Ana, qué más
hiciste carajo?!
—Nada que puedas hacer por Lucas ahora.
Nolan estuvo en silencio, esas últimas palabras lo
enmudecieron y paralizaron.
—¿No te parecía un poco extraño que no se ha
comunicado contigo para saber cómo va tu intento de
recuperar a Liz?, él estaba arriesgando nuestra relación,
fui a visitarlo, hablamos y… no volverás a verlo. Por el
momento te dejaré aclarar tus ideas, peque, creo que
fueron muchas cosas que procesar para una mañana,
espero verte pronto, y no te preocupes por Liz y Samuel,
ella no sospechó nada y nunca haría algo que podría
afectar a tu hijo, se parece demasiado a ti, solo
recuerda, no puedes decirle a nadie lo que he hecho por
ti y también recuerda que puedo hacer muchas cosas
para complicar tu existencia.
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Ana colgó, Nolan trató de marcar de nuevo, pero no
respondió, todo lo que ha pasado es su culpa, si no
hubiera cometido el error de estar con ella no hubieran
pasado tantas cosas, ella estaba demente, y él estaba
en medio de una tormenta; rehacer su vida ya no era
parte del plan. En un arranque de furia y desesperación,
Nolan arrojó muebles hacia los lados, destruyó una silla
en contra de la mesa, y se sentó en una esquina
tratando de ver la manera de resolver la situación
mientras se tomó del cabello fuertemente. Trató de
calmarse para aclarar sus ideas y pensar en el primer
paso. Ana dijo que Liz y Samuel estaban fuera de
peligro, pero no se confía, tal vez sea por ahora, pero no
sabía lo que una mujer enferma pudiera hacer, los
visitaría, no llamaría a Liz, temía que Ana tuviera algún
tipo de intervención en su teléfono, ahora Nolan estaba
pensando en todas las opciones por las cuales sabría
todos sus movimientos.
Nolan salió de su departamento, los vecinos de los
lados estaban asomados, escucharon los golpes y la
rabieta desde sus cuartos. Aprovechando esa situación,
Nolan se acercó para hacer preguntas.
—¿Han visto una mujer merodear por aquí? Puede
tener el cabello negro o rubio, es de tez blanca, ojos
verdes, baja de estatura, normalmente usa unos jeans
y blusas casuales.
Los vecinos respondieron que no habían visto a
ninguna mujer merodeando por los departamentos,
Nolan agradeció y se retiró. Caminó a paso veloz hacia
el minisúper más cercano, observó todas las direcciones
en busca de Ana, al parecer no había nadie, compró una
cajetilla de cigarros para disimular y un celular nuevo,
él sabía que no serviría de nada, ella sabía dónde vive,
si no podía comunicarse con él, ella tarde o temprano
iría a verlo, por lo que decidió cambiar de departamento
después de ver que su familia estuviera bien.
Nolan salió del minisúper por la salida de
emergencia, casi paranoico mientras se dirigió hacia su
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casa. Decidió no tomar las avenidas más concurridas,
cambió su ruta para despistar a Ana si es que ella lo
estaba observando, caminó entre las calles pequeñas y
poco transitadas, tomó más tiempo llegar a su destino
pero al menos no dejó pistas.
Nolan llegó a su casa, no había nadie a primera vista,
entró al patio y revisó el exterior, no encontró nada, la
Ranger estaba cerrada y tenía alarma, no creía posible
que Ana pudiera hacer algo relacionado con la
camioneta. La puerta de la casa estaba entre abierta,
nunca estaba así, Nolan se preocupó y abrió
lentamente, Liz y Samuel no estaban en la sala, no se
escuchó nada, Nolan temía lo peor, empezó a subir
lentamente, un llanto tenue en el cuarto de su hijo, era
Samuel, Nolan subió las escaleras abruptamente al
escucharlo.
—¡¡¡Nolan!!! ¿Qué haces aquí? —Liz gritó del susto
mientras Nolan abrió la puerta de la habitación. Sintió
un gran alivio, los dos estaban bien y a salvo, Sam lloró
mientras se cubrió la rodilla con su mano.
—¿Qué paso? Vi la puerta entre abierta y me
preocupé, no escuchaba a nadie.
—Sami estaba jugando en el patio y se cayó, su
rodilla chocó con una roca, lo cargué a su cuarto, por
eso no alcancé a cerrar la puerta.
Liz estaba muy extrañada con el comportamiento de
Nolan, estaba exagerando y estaba muy agitado. Nolan
abrazó a Samuel mientras lo consoló y le sobó la rodilla.
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CAPÍTULO 7
DESESPERACIÓN
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—Estás muy extraño —Liz le dijo a Nolan, había
pasado unas horas desde que llegó a la casa, habían
platicado en la sala después de atender a Samuel, sus
sospechas eran ciertas, Nolan no podía dejar de pensar
en todo lo que Ana había hecho, temía por su familia,
no se quería ir, pero sabía que Liz no estaba muy
cómoda con su presencia, a pesar de que ya se abrió el
diálogo entre ellos, todavía era muy pronto para estar
tanto tiempo con ella, no la quería presionar, sabía que
una reconciliación llevaría su tiempo pero ahora había
algo más importante que resolver, aunque no tenía idea
de cómo hacerlo.
—No, estoy bien, solo estoy un poco intranquilo de
que estén aquí solos, nunca habías pasado tanto tiempo
sola en la casa.
—No te preocupes, estamos bien, creo que ya es hora
de que nos despidamos, tengo muchas cosas que hacer
aquí y Sam en cualquier momento despierta.
—¿Y también muchas cosas que pensar? —Nolan
preguntó con toda franqueza, quería escuchar su
respuesta.
—Sí, muchas —Liz respondió mientras observó a
Nolan directamente a los ojos con una mirada cálida
pero a la vez indecisa.
—Ok, Liz, me voy, por favor dale un beso al enano de
mi parte, no quiero interrumpir su siesta.
Nolan salió de la casa, sospechó que Ana estaba ahí,
observando desde algún lugar, pero no tenía otra opción
que fingir que no pasaba nada, Ana había sido clara, si
decía algo, si alguien sospechaba, ella tomaría medidas,
y por lo que había visto no serán a la ligera.
El detective Gerard Pierce estaba en un automóvil
siguiendo los pasos de Nolan de cerca, había empezado
su investigación, su asistente le ha enviado todo lo que
pudo averiguar sobre él, fecha y lugar de nacimiento,
empleos, situación económica, prestamos, teléfono,
seguro social, entre otros, sabía que algo estaba mal,
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desde que le mostró el vídeo no se había sacado de la
cabeza que sabe algo, que conocía a esa mujer, y por
alguna razón la estaba protegiendo o no quería revelar
su identidad. En sus datos, se repetía mucho un
nombre, Lucas Rojo, cada vez que Nolan pedía algún
tipo de préstamo, contrato telefónico o la apertura de
algún servicio él aparecía como su contacto y referencia,
Lucas podía ser una pista.
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algún inconveniente. Era una casa pequeña, a Lucas le
gustaba darse ciertos lujos, era soltero, así que lo que
menos le importaba era el tamaño de su hogar, le
gustaba gastar en otras cosas, como su camioneta de
lujo y su bote en el cual muchas veces él y Nolan fueron
a pescar y tomar unas cervezas.
Nolan abrió la puerta, no hubo nada sospechoso, la
casa estaba como él la recordaba, intentó marcarle a su
celular, estaba apagado, la angustia lo invadió, temía
que Ana lo haya asesinado pero no entendió por qué a
él, él es su mejor amigo, nunca le había hecho nada
para lastimarlo.
Una llamada, sabía que era Liz, ella era la única
persona que tenía su número nuevo.
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—¿Cómo sabes eso? ¿Qué te dijo Lucas?, ¡¿Que le
hiciste?!
—Lucas dijo muchas cosas cuando fui a visitarlo, y
tú sabes que fue lo que hice, no creo que quieras saber
los detalles, solo te pido que te alejes de esa casa, que
si alguien te ve ahí quedaras marcado como sospechoso.
—¿Por qué, Ana, qué hice, por qué estuve contigo,
por qué me haces esto?
—Estuviste conmigo porque me amas y lo único que
hago es hacerte saber que yo también te amo y que
nuestro destino es estar juntos, no lo entiendes ahora,
no lo quieres ver, pero te prometo que todo estará bien
entre nosotros, solo quiero que te des cuenta lo más
rápido que puedas y regreses a mí.
—Por favor, Ana, déjame en paz, deja de lastimar a
los demás, tú no estás bien, si quieres que arreglemos
esto veámonos de frente, voy a verte, pero te lo ruego,
tienes que parar. Nolan le pidió entre lágrimas a Ana
que detuviera sus acciones.
—No llores, peque, todo esto es parte de un proceso
para darte cuenta quien es la persona más importante
para ti, y con la que debes estar siempre, no te molestes
en ir a mi departamento, no me encontraras, ya casi
nunca estoy ahí.
Nolan vomitó, su estómago no pudo aguantar la
presión, soltó el teléfono mientras lloró en el suelo, tuvo
las manos atadas, pensó en ir a la policía, pero Ana lo
sabría, y Liz y Samuel correrían peligro, contempló el
suicidio pero pensó en lo que pasaría con su hijo, no
tenía escapatoria, no tenía la respuesta, pensó que
podía encontrar una salida, pero por el momento no
había nada por hacer.
Unas horas había pasado, Nolan observó por la
ventana, al parecer no había nadie afuera de la casa,
Ana tenía razón, que él estuviera ahí era peligroso,
podía ser tomado como un sospechoso. Cerró la puerta
y salió lo más rápido posible.
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—Está desaparecido.
Nolan escuchó a alguien, volteó para reconocer a una
persona bajando de un vehículo, era el detective Pierce.
—Lleva unos días, su teléfono está desconectado, no
hay pistas de su paradero —el detective observó a
Nolan mientras caminó hacia él, calmado, sabía que en
cualquier momento se desmoronaría, solo era cuestión
de tiempo para que hiciera algo, cometiera algún error
que lo delate.
—¿Qué haces aquí, Nolan?, ¿Por qué estabas dentro
de la casa? ¿Cómo entraste? —El Detective le preguntó
directamente, no dejó de observarlo y Nolan supo que
sospecha, aunque no tenía nada contra él podía estar
en problemas si no pensaba bien una respuesta.
—Tengo llave de su casa, él me la dio, como no tenía
encendido su celular pensé venir a verlo, estaba
preocupado por él no sé dónde pueda estar.
—Pues ya sabes por qué no contesta.
Nolan estaba nervioso y le hizo preguntas al oficial
para despistarlo, él sabía qué pasó y quién era la
responsable.
—¿Alguna pista de dónde está o si estará bien?
El detective sonrió, sabía el juego, llevaba muchos
años en él, hasta ahora no sabía si Nolan era
responsable por los sucesos pero estaba seguro que él
tenía algo que ver de alguna manera.
—No, no tenemos ninguna pista de su paradero, pero
testigos dicen que la última vez que lo vieron fue en un
restaurante al mediodía, contigo.
Nolan no supo qué decir.
—No sé qué estará pasando, Nolan, pero lo
averiguaré, esta es tu oportunidad de decirme todo lo
que sabes, quién es la mujer del vídeo y qué pasó con
tu amigo Lucas.
Nolan estaba tentado a decir la verdad, pero no lo
hizo, tuvo miedo de lo que pasaría si mencionaba todo
lo que sabía.
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—Detective realmente no tengo la menor idea de lo
que está pasando, si la tuviera se lo diría, estoy
preocupado por mi amigo y apreciaría que si llega a
saber algo que pueda llevarlos a su paradero me lo diga.
El detective se acercó a Nolan, cara a cara mientras
lo observó con esa sonrisa que demostró enojo más que
otra cosa.
—Sé que sabes algo, Nolan —el detective se dio la
vuelta y mientras caminó al coche le dijo unas últimas
palabras: —Hoy en la mañana no llegó a trabajar el
gerente del restaurante frente a la oficina del incendio,
tampoco llegó a dormir a su casa, apuesto que tampoco
sabes qué pasó con Joseph, ¿verdad?
El detective subió a su automóvil y se retiró de la casa
de Lucas, sabía que no era momento de entrar, Nolan
estaba cerca, esperó un tiempo para investigar pistas
dentro de la residencia, por mientras siguió indagando,
juntando evidencia para tener un caso sólido y llevar a
Nolan o a la persona que estuviera encubriendo ante la
ley, por ahora se dirigió a la estación para aclarar sus
ideas y pensar mejor.
Nolan ya sabía que Ana era responsable de lo que le
pasó a Joseph, era demasiada coincidencia, todas las
personas que habían tenido contacto con él en esos días
habían terminado desaparecidos, temía por su familia,
Ana seguro los tenía en la mira y no se lo dijo para
despistarlo y tranquilizarlo.
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Liz le dio el teléfono a Samuel para que platicara con
su papá.
—Hola, enano, ¿cómo va esa rodilla?
—Hola, papá, bien, ya no duele, ¿cuándo vienes a la
casa?
Nolan quería ver a su hijo, hablar con él y decirle que
debía tener mucho cuidado y estar siempre alerta a su
entorno, por lo que le pidió que le devuelva el teléfono a
su mamá.
—Liz, le compré una pelota a Sam, ¿puedo pasar a
dársela? Ya sé que es muy pronto, apenas nos vimos
pero realmente quiero verlo un rato.
Liz tuvo sus reservas, pero supo que Nolan siempre
ha sido un excelente padre, que no iría a platicar con
ella, iría a ver a su hijo, a lo que accedió de buena gana.
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le dio todas las indicaciones necesarias a Samuel. —
¿Me prometes que lo harás?, no quiero que les pase
nada.
—Sí, papi —Samuel observó a Nolan, pero sus
siguientes palabras le recorrieron el cuerpo como
electricidad.
—Ana me dijo que estaré bien, que siempre me
cuidará.
Nolan se estremeció, Ana había tenido contacto con
él, con su propio hijo.
—¿Quién es Ana, enano, dónde la viste, qué quería
contigo? —Nolan le preguntó a Samuel mientras lo
sujetó de los hombros delicadamente.
—Entró a mi cuarto en la noche, me acarició la
cabeza y me dijo que me protegería de todo, pero que no
podía decirle a mamá, y que si veía que papá estaba
asustado te dijera que te prometió que nada me haría
daño.
—Sam, ¿por qué no me habías dicho eso?
—Ana me dijo que no dijera nada, me hizo prometerle
que sería un secreto entre nosotros.
—Sam, necesito que me digas cuándo pasó eso,
necesito saberlo —Nolan estaba exasperado.
—El día de la feria, estaba dormido, Ana me despertó,
se quedó conmigo hasta que me dormí de nuevo.
Nolan estaba alterado, Samuel no sabía que ella era
extremadamente peligrosa, que su vida corría peligro, él
tenía que actuar de alguna manera.
—Samuel, escúchame y escúchame bien, no quiero
que te acerques a esa mujer, si la ves en la calle o si
vuelve a visitarte quiero que me avises, ¡¿me
escuchaste?!, no quiero que tengas ningún contacto con
ella. —Sam asintió con la cabeza, Nolan le dio un beso
en la frente y lo abrazó, el miedo pasó a segundo plano,
ahora lo invadió una sensación de impotencia y rabia,
Samuel era lo más sagrado que tenía y ella estaba
jugando con él.
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Nolan se despidió de Samuel y lo acompañó a la
puerta donde Liz lo esperó para recibirlo, Nolan dio la
media vuelta y se dirigió a la barda de madera.
—¡¡¡Nolan!!! —Volteó, Liz se acercó a él, lo abrazó, un
abrazo tan cálido que por unos segundos, hizo que
olvidé todo el problema en el que estaba metido, ella lo
miró a los ojos, una lagrima se escapó mientras le dijo
unas palabras fuertes pero sinceras.
—No te prometo poder perdonarte, pero estoy
haciendo el intento —Liz regresó a la puerta de la casa,
no volteó, solo cerró. Nolan caminó, lágrimas en sus
ojos, Liz estaba tratando de intentarlo, lo que Nolan
quería, pero ahora, estar con ella era un riesgo, si Ana
se enteraba, si Ana vio ese abrazo, sabía que Liz estaría
en grave peligro. Nolan tomó el teléfono, se escondió en
un callejón y marcó el número de esa persona con la
que no quiere hablar.
—Esto me hace feliz, al fin me marcas tú —Ana
contestó el teléfono.
—¡¡¡Viste a mi hijo, te metiste con mi hijo, lo que más
quiero!!! —Nolan gritó tan fuerte que algunas personas
que caminaban por el callejón se dieron cuenta.
—Cálmate, peque, no fue nada malo, solo quería
compartir tu amor por él.
—¡¡¡¡Tú no tienes un carajo que compartir con él, es
mi hijo, él no es nada tuyo, no te metas con mi familia,
perra!!!
—No me insultes, Nolan, tú eres un caballero, no
puedes tratar a una mujer así, cálmate solo quería
saber por qué lo querías tanto es todo, no lo volveré a
hacer hasta que tú me lo permitas.
—¡¡¡No te lo voy a permitir nunca, aléjate de mí, de
Samuel y de Liz o no me importa cuánto me cueste ni lo
que hagas conmigo, no descansaré hasta que estés en
la cárcel por lo que has hecho!!!, ¿me entendiste,
maldita?
71
Un silencio de unos segundos, Ana en su forma de
pensar estaba desconcertada, estaba lastimada por la
manera en la que Nolan le habló.
—¿Realmente le hablarías al detective Pierce de mí?
—La voz de Ana se empezó a quebrar y a Nolan no le
sorprendió que ella supiera sobre el detective, lo sabía
todo…
—Oblígame y lo sabrás, estás advertida, no quiero
saber que te acercas a mi familia, aléjate de mí y de
ellos, si tú me haces la vida complicada yo te la haré
aún más —decisión y enojo en las palabras de Nolan,
no le importó que pasaría con él, siempre y cuando no
se metieran con su familia.
—Puedo hacer que te inculpen de muchas cosas,
Nolan, del incendio, de Lucas y sé que te imaginas que
yo tuve algo que ver con el gerente del restaurante, sé
que hablaste con él, te vi, muchas de las cosas que
haces las sé porque no puedo evitar verte, y sé que tú
nunca me ves porque no te fijas tan bien como crees, te
prometo no meterme con tu familia, es muy importante
para ti y no quiero lastimarte, te pido perdón por Lucas,
pero ya sabes por qué hice lo que hice, y sobre el
incendio, sé que en el fondo disfrutaste que esa escoria
recibiera su merecido, tengo todos los recursos para
destruir tu vida pero si lo hago, destruiría la mía, espero
recapacites todo lo que me estás diciendo y le des una
oportunidad a nuestra relación, recuerda que te amo y
que siempre lo he hecho, por el momento es mejor que
no hablemos, necesitas enfriarte y yo superar la manera
tan fea en la que me hablaste, que pases un buen día.
Ana colgó, no dejó que Nolan le respondiera, trató de
volver a marcarle, pero ella tenía el teléfono apagado,
ahora él se sintió perdido, no sabía su destino, pero
debía encontrar la manera de librarse de todo.
72
CAPÍTULO 8
ACCIONES
73
74
Ayer fue un día muy largo, las emociones de Nolan
fluctuaron entre el miedo y la rabia, no pudo dormir en
toda la noche, solo entró en un trance por momentos,
buscando la manera de salir de la complicación tan
difícil que se le había presentado. Su cuarto de Hotel
serviría por ahora para alojarlo, ya no le interesaba
buscar un nuevo lugar, no había donde se pudiera
esconder, así que tuvo que pensar en otra estrategia,
tuvo que pensar en cómo ganarle a Ana en su propio
juego. La cabeza de Nolan dio vueltas cuando llegó una
idea, la fiesta, sus amigos, Ana mencionó que Niza no
estaba de acuerdo con el apoyo que le estaba brindando,
tal vez significa que ella realmente no sabía que es lo
que estaba pasando, que Ana estaba enferma, tal vez
ella pudiera ayudarlo de alguna manera, tenía los
mensajes grabados como prueba en su celular, cuando
Niza los lea, se daría cuenta de lo retorcida que estaba
la mente de su amiga; ahora Nolan debía de pensar
como acercarse a ella sin que Ana se enterara.
Nolan observó su cuarto, tuvo una idea, dejó la
televisión prendida a un volumen alto, caminó con la
cortina de la ventana abierta por toda la habitación, Ana
sabría que estaba ahí, siempre lo estaba observando;
después de unos minutos Nolan cerró la cortina y con
sábanas de sobra hizo un bulto en el colchón para fingir
que él seguía acostado por si ella pudiera observarlo
desde fuera, con suerte Ana pensaría que estaba tan
alterado que no podía dormir en toda la noche e intentó
descansar unas horas, para el momento que se diera
cuenta que fue un engaño, Nolan ya estaría fuera de su
alcance. Nolan salió por la ventana trasera del cuarto,
era peligroso pero decidió arriesgarse a saltar, era la
única manera en la que pudo distraerla. Nolan hizo el
salto, era un segundo piso, no era lo suficientemente
alto para que fuera una caída mortal pero podía
causarle algún daño.
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Nolan se levantó adolorido, un fuerte dolor en su
hombro y su tobillo, nada grave, fue el impacto de la
caída, y no se pudo detener, tenía poco tiempo. Primera
parada, una tienda de ropa usada, debía cambiarse,
ponerse una chamarra voluminosa y una gorra para
evitar ser descubierto, caminar con la cabeza baja y
esperar que no lo encontrara mientras realizaba su
búsqueda. Segunda parada, teléfono público, debía
tratar de localizar a Niza pero Ana podría estar
rastreando la llamada si marcaba desde su celular.
Nolan terminó su búsqueda, un teléfono público con
directorio. No sabía su apellido pero aún con tan poca
información, solo había 7 mujeres con ese nombre en la
ciudad y la probabilidad de que más de una sea
contadora era poca.
—¿Hola, Niza?, soy Nolan ¿eres amiga de Ana
Sorrento, no? —Nolan recibió una negativa pero insistió
con las demás.
—Disculpa no conozco a esa persona y no soy
contadora.
—No la conozco.
—Está equivocado…
Nolan estaba intrigado, todas las respuestas fueron
negativas, Niza no estaba registrada en el directorio, lo
sabía por qué recordaba su voz y no era parecida a la de
ninguna de las mujeres a las que llamó, su plan estaba
cayendo, pero se le ocurrió otra solución, los demás
amigos de Ana tienen nombres más comunes será muy
difícil buscarlos a todos en el directorio, pero todos
tienen trabajo y creía recordar cuáles eran, solo
esperaba que pudiera encontrar alguno en internet.
Nolan entró al primer Cibercafé que pudo encontrar,
solicitó una computadora para empezar su
investigación. Revisó todos los nombres uno por uno,
no encontró ningún veterinario llamado Alex, ni a Luz y
mucho menos a Tobías, y justo cuando estaba a punto
de perder la esperanza, recordó a Bashir, un trabajador
administrativo de una dependencia gubernamental, jefe
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de departamento del área de recursos materiales,
concordaba, no era un nombre muy común, lo había
pasado por alto, era hora de visitarlo, seguramente él
tiene la información de los demás, para contarle a todos
que es lo que está pasando con su amiga, contarles todo
lo que había hecho y pudieran ayudarlo a resolver esa
situación.
Pasaron unas horas, era pasado el mediodía, Nolan
llegó a la dirección de la dependencia.
—Hola, quisiera hablar con Bashir, es el jefe del área
de recursos materiales, estoy pidiendo información para
poder entrar a surtir productos de limpieza, soy Gabriel
Constantino —Nolan disimuló su desesperación para no
parecer un loco y mintió para no revelar su identidad.
—Un momento por favor —la secretaria se comunicó
y Nolan esperó impaciente.
—Pasé a la oficina, justamente estaba desocupado.
Nolan tocó la puerta, una voz le pidió que pase.
Nolan estaba desconcertado, fue una coincidencia
muy extraña, no era la persona que buscaba.
—Qué tal, Gabriel, me dijeron que estás interesado
en surtirnos productos de limpieza.
—Lo siento me equivoqué de oficina —Nolan salió de
la oficina mientras Bashir lo observó sorprendido y
extrañado.
Nolan salió rápidamente de la dependencia, sus
esperanzas se esfumaron, tuvo que pensar en otro plan,
pero primero llamó a Liz, necesitaba saber si ella y
Samuel estaban bien, se dirigió a la primera caseta
telefónica que encontró, esa conversación no la debía
escuchar Ana, no quería arriesgar a su familia por una
llamada desde su celular, ya no confiaba en nada, sus
nervios estaban al límite.
—¿Liz?
—Hola, Nolan, ¿qué pasó? —Liz contestó, él estaba
aliviado.
—Hola, Liz, solo quería saber cómo están tú y Sam.
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—Estamos muy bien, ¿quieres hablar con Sam?
Liz dejó que Nolan y Samuel hablaran.
—Hola, papá…
—Hola, enano, escucha, no tengo mucho tiempo y
necesito que me respondas solo sí o no a lo que te voy a
preguntar, ¿la muchacha de la que habíamos hablado,
te ha buscado de nuevo?
—No, papá.
—¿Te has fijado cuando sales con mami si la ves en
la calle?
—Sí papa.
—Ok, enano, qué bueno, oye, te quiero mucho, ¿eh?
Estaré por la casa en un tiempo, ya casi termino de
trabajar y volverá a ser todo como antes.
—Sí, papa.
—Iremos a comer waffles donde te gusta te lo
prometo.
—Sí, papá…
—Ja, ja, ja, ja, ja, ya puedes dejar de decir sí o no,
enano, ¿me pasas a tu mama?
Nolan y Liz hablaron por unos minutos, arreglando
asuntos de la casa, organizándose para comer los tres
juntos, nada importante, hasta que Liz dijo unas
palabras que Nolan sintió profundamente dolorosas
pero a la vez cálidas.
—Nolan, he estado pensando, no estoy preparada
para tener una relación de nuevo ahora, te juro que lo
estoy intentando, pero te visualizo con otra mujer y el
resentimiento regresa, tal vez podamos intentarlo como
amigos por un tiempo y ver a donde nos lleva, no te
estoy diciendo que no llegaremos a reconciliarnos, pero
entiéndeme, tu engaño no puedo olvidarlo tan rápido, te
amo, quiero que Sam crezca con su padre, pero esto
tomara mucho tiempo, si tú estás dispuesto a esperar,
podemos intentarlo.
—Estoy dispuesto a esperarte el tiempo que sea
necesario, Liz, y si me perdonas, toda mi vida será
dedicada a ti y a Sam, quiero estar junto a ti por el resto
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de mis días, y haré lo necesario para que eso pase, te
amo con todo mi corazón y no te dejaré ir tan rápido,
siempre estaré junto a ti, no importa cuánto quieres que
me aleje —esas últimas palabras fueron exactamente
las que le dijo Ana, eso era escalofriante, ella se había
metido tanto en su cabeza que ahora repitió sus frases.
—Gracias por entender, Nolan, luego platicamos, ¿te
parece?
—Ok, Liz, pero no me hables al celular, yo te marcaré,
hay una falla últimamente, no están entrando las
llamadas.
Una mentira, Liz la creyó, aunque la verdadera razón
era el miedo que tenía de que Ana estuviera
escuchando, de ahora en adelante se comunicaría con
ella en teléfonos públicos, pensó cambiar de número,
pero creía que lo mejor era conservarlo, seguiría
recolectando mensajes de Ana por si llega a haber
alguna oportunidad de usarlos en su contra.
—Adiós, Nolan —Liz colgó.
Nolan caminó sin rumbo, tuvo poco tiempo, lo supo,
en cualquier momento Ana se daría cuenta que no
estaba en el Hotel y empezaría a buscarlo. Tal vez en
estos momentos pudiera utilizar a su favor la situación,
Ana no estaba en su departamento, era una
oportunidad de entrar y buscar alguna pista con la cual
pudiera librarse de ella, algo que la inculpe de sus
crímenes, alguna agenda o directorio donde estuvieran
sus contactos, hablar con Niza y los demás amigos que
estuvieron en aquella reunión sin que ella se enterara,
detenerla y evitar más asesinatos, prevenir lo que más
temía, que su familia peligraba.
Nolan temía pero era lo único que pudo hacer en esos
momentos, estaba parado frente al edificio de
departamentos de Ana, estaba observando al casero,
quería entrar lo más silencioso posible sin que él se
diera cuenta. Su oportunidad, entró al baño de la
oficina, Nolan se apresuró a subir las escaleras para
llegar al departamento. Pegó su oído a la puerta, al
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parecer no había nadie, no se escuchaban ruidos, era
momento de entrar y Nolan sabía exactamente dónde
estaba la llave de repuesto del departamento, se acercó
al pequeño masetero empotrado en la pared, parte de
los adornos del diseñador encargado de desarrollar el
proyecto; Nolan movió las piedras que rodearon el ficus
del macetero rogando que la llave siguiera ahí, temía
que Ana haya tomado sus precauciones cambiándola de
lugar, pero ahí estaba la llave. Temía entrar, no sabía
que encontraría ahí, pero no tenía más opción, abrió la
puerta.
Nolan la encontró tal y como la recordaba, la sala, el
comedor y la cocina no tenían nada inusual, pero temía
por lo que encontraría en el cuarto; abrió la puerta y
descubrió algo perturbador. Parte de su ropa estaba ahí,
cosas que dejó en el departamento justo cuando se fue
al hotel, no podía llevarse todo así que solo tomó lo
esencial, lo demás lo dejó y Ana había entrado, había
sacado algunas cosas, su televisión también estaba ahí,
empotrada en la pared, ella le había robado, su locura
era demasiada, pero no era momento de bloquearse,
debía encontrar algo que pudiera usar en su contra. No
había agenda, revisó entre los cajones de ropa alguna
pista, entre sus pertenencias personales, solo encontró
productos femeninos, unos cuantos tampones, pinta
labios, maquillaje y un perfume, no había nada, pero
aquella caja de zapatos fuera de su lugar al lado de la
cama con la tapa mal puesta se veía sospechosa. Nolan
no pudo creer lo que encontró dentro, lejos de ser
zapatos, era un arma, y sabía exactamente cuál era,
una pistola Beretta PX4 Storm de 10 mm, y a quién
pertenecía.
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Nolan llegó a casa de Lucas, él estaba afuera
emocionado, apurándolo para entrar a la sala.
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en su poder y utilizarla para cometer otra atrocidad.
Nolan decidió tomar el arma y salir del departamento
cuidadosamente para no mover nada de su lugar.
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—Ya era mi pistola, Nolan, aparte yo no te robé, solo
tomé unas cosas y las mudé al mío para que te sientas
más cómodo cuando regreses a mí —Nolan trató de no
exaltarse, le convenía que Ana hablara lo más posible
para descubrir algo, cualquier indicio que le diera la
ventaja.
—Ana, no voy a regresar contigo, no quiero más
problemas, quiero que pares, yo no he dicho nada a
nadie, pero es suficiente, detente, todavía estás a
tiempo, nadie sabe que has hecho.
—¿Dónde estás? Sé que no estás en tu cuarto de
hotel, me engañaste ja, ja, ja, ja, bien jugado, peque —
Ana no supo dónde estaba, tal vez sea su ventana de
oportunidad, ya estaba lejos de su departamento y el
callejón no era un lugar muy público.
—Por el momento no creo conveniente que sepas —
Nolan colgó, si ella no sabía dónde estaba, tal vez sea
momento para recurrir a medidas más drásticas, era su
única opción y esperaba que todo saliera bien.
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CAPÍTULO 9
DETECTIVE GERARD PIERCE
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Gerard Pierce, detective policiaco, subió demasiado
rápido de rango debido a sus habilidades, su reputación
era respaldada por años implementando la ley,
incorruptible y con una honestidad que no muchos
oficiales tenían, 36 años, alto, robusto, cabello castaño,
barba de candado desarreglada, se podía ver que el
trabajo no le daba mucho tiempo para su arreglo
personal, una voz profunda pero suave; se unió a la
fuerza apenas lo dejo la mayoría de edad, una persona
agradable, pero muy dedicada a su trabajo, tanto que
su dedicación era confundida con altanería y
arrogancia, una vez que estaba sobre un caso no lo
dejaría hasta que estuviera resuelto y Nolan no
abandonó sus pensamientos; desde aquella vez que fue
a visitarlo a su casa para un interrogatorio de rutina
sabía que estaba ocultado algo, lo vio en sus ojos, su
sudor, la manera en la que movía los labios después de
ver el video, lo ha seguido a muchas partes, lo ha visto
hablar por teléfono en una ocasión con una persona que
al parecer lo tenía muy alterado, pero no alcanzaba a
escuchar nada. Lo siguió a casa de Lucas y esperó a que
saliera para interceptarlo, Nolan estaba nervioso, el
detective lo detectó y sus sospechas se hicieron aún más
grandes, no había podido revisar la casa debido a
problemas legales, todavía no le daban autorización sus
superiores y sabía que encontraría alguna pista que
llevaría al paradero del desaparecido, sabía que había
una conexión entre el incendio y asesinato del contador,
Lucas, el gerente, Joseph, todas esas personas estaban
relacionadas con Nolan, pero estaba detenido, no sabía
dónde estaba la unión con la mujer del vídeo, en todo
momento que lo había seguido, Nolan estaba solo,
ninguna mujer se le ha acercado con esa descripción, ni
su esposa; la mujer del vídeo se veía a lo lejos, una
silueta, lentes obscuros de noche, es obvio que quería
que no la reconocieran, nunca se vio que entrara a la
oficina, solo que saliera, lo más lógico era que pudo
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pasar por la ventana trasera, y los vecinos no detectaron
nada, la mujer fue silenciosa, cabello negro, jeans y
blusa de botones, un conjunto normal, sin nada
extraordinario que la pudiera delatar. Gerard fue al
lugar del incendio una vez las llamas fueron apagadas
y el lugar era seguro para empezar la investigación, todo
se perdió, no hubo nada que rescatar, no había una lista
de clientes, poco a poco fue recabando información por
el pueblo, pero nada con mucho significado, lo único
que se sabía es que muchos de sus clientes habían sido
estafados en menor o mayor grado, pero gracias a su
fuerte amistad con algunos miembros de alto rango de
dependencias de gobierno él estaba bien protegido, ellos
lo niegan, como era de esperarse, pero era lógico, en
muchas ocasiones, testigos afirmaron ver entrar al
contador Souza a las oficinas de ciertos servidores
públicos con dos maletines; el detective supuso que uno
estaba lleno de billetes y el otro de documentos, si a eso
se agrega que él manipulaba a muchos de sus clientes
de manera de que no había ningún contrato, falsificaba
papeles, utilizó recibos de procedencias ilegales, el
señor Souza era prácticamente intocable. Solo lo
reconocieron por su dentadura, su cuerpo estaba
completamente irreconocible, carbonizado de pies a
cabeza, sin indicios de algún disparo o alguna bala que
haya impactado en algún hueso u órgano.
La investigación sobre el paradero de Lucas estaba
estancada, sin acceso a su casa no había mucho que
hacer. Testigos afirmaron haberlo visto en un
restaurante al mediodía en compañía de Nolan, él se fue
primero, Nolan se quedó un tiempo más, eso fue lo
único que sabía hasta el momento, la burocracia lo
frenaba, no le otorgaban el permiso de registro para
poder investigar el interior de su hogar.
El restaurante, Gerard revisó el vídeo de la cámara
de la entrada, la única que había, Joseph salió por la
puerta principal completamente solo y dar la vuelta en
la esquina, según los meseros y cocineros del lugar, él
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siempre se quedaba un poco más tarde después de que
todos se retiraban para revisar que todas las cuentas y
dejar en orden su lugar de trabajo para empezar
tranquilamente el día siguiente. Esa fue la última
imagen del gerente, su coche lo estacionó en la parte de
atrás del restaurante, donde no hay cámaras, todo
indicaba que alguien lo estaba esperando, no había
aparecido su auto, alguien debió subirse con él, nunca
llegó a su casa, era casado, su esposa no tenía idea de
dónde estaba, solo pidió ayuda para encontrarlo.
Gerard analizó el caso en la oficina privada que tenía
al fondo de la estación de policía, tenía una foto de su
esposa y sus pequeños hijos en el escritorio, unos
pequeños trofeos de futbol y tae kwon do en la repisa,
torneos locales en los que había participado y ganado
primeros lugares, una computadora y sus apuntes
entre las manos, leyendo todo lo que había podido
investigar, tratando de encontrar alguna conexión y
algún indicio que hubiera pasado por alto.
Tocaron la puerta.
—Señor, una persona lo busca, dice llamarse Nolan
Franco —estaba completamente sorprendido, sospechó
de él y Nolan lo sabía, lo único por lo que pudo ir a verlo
era porque tenía algo que confesar.
—Dile que pase inmediatamente, y por favor ve a
tomarte un café mientras yo hablo con él, procura que
nadie me interrumpa.
Gerard lo esperó en la puerta, Nolan se acercó
nervioso.
—Pasa, Nolan, siéntate —el detective no sabía con
qué clase de persona estaba tratando, por lo que decidió
quitarle el seguro a la pistola que tenía en el estuche de
su cinturón disimuladamente, Nolan no lo notó.
—¿Qué haces aquí, Nolan? —Gerard sacó una
grabadora pequeña para que la conversación pudiera
ser utilizada en caso de confesión.
—Detective, sé que usted me considera un
sospechoso de todo lo que está pasando pero puedo
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asegurarle que lo que cree es completamente falso, lo
que sí le puedo decir, es que confié en mí cuando le digo
que apague su grabadora si quiere que hable —Nolan
miró directamente a Gerard mientras él estaba con los
brazos cruzados, analizó la situación, no tenía nada en
contra de él que pudiera servir para procesarlo, pero si
sabe algo de lo que estaba pasando, tendría que seguir
sus instintos.
Apagó la grabadora.
—Ok, Nolan, habla…
—Se quién es la mujer del vídeo, le mentí porque me
tiene amenazado.
—Empieza a explicar, Nolan —El detective se levantó
de su asiento y se dirigió hacia él mientras encendió un
cigarro.
—La conocí el día del incendio, yo estaba en un bar,
ella se acercó a mí, tenía el mismo conjunto con el que
aparece en el vídeo, al parecer lo único que quería era
una simple plática, se sentía igual de sola que yo pero
con el tiempo las cosas empezaron a cambiar.
—¿Era tu amante? —La pregunta que el detective
hizo fue directa y Nolan contestó humillado.
—Sí, esa madrugada fue la primera vez que
estuvimos juntos, fue la primera vez que engañé a mi
esposa, nos fuimos a un motel, gracias a eso me separé
y tratamos de tener una relación ella y yo pero las cosas
se salieron de control cuando le dije que extrañaba a mi
familia, a partir de eso las cosas se empezaron a tornar
un poco extrañas, sabía mis movimientos, sabía todo lo
que hacía, el día que usted apareció en mi puerta y me
mostró el vídeo, yo estaba impactado, era ella.
—¿Cuál es su nombre?
—Ana Sorrento detective, ella ocasionó tres muertes
hasta donde sé, me las ha confesado, dice que todo es
para que ella y yo estemos juntos y que nadie se
interponga entre nosotros, la primera fue la del
contador, ella me dijo que lo hizo por mí por el daño que
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me había hecho, está loca, me dijo que me ha seguido
desde hace muchos años y yo nunca me di cuenta.
El detective observó a Nolan mientras él habló, su
angustia era real, pero era una historia muy extraña.
—La primera muerte fue la del contador, me dijo que
lo hizo por mí, por el daño que me había ocasionado.
Lucas era mi mejor amigo, ella me dijo que ya no me
tengo que preocupar por él, estoy seguro de que también
lo asesinó, me dijo que él era un obstáculo en nuestra
relación, de alguna manera ella nos observó hablando,
el vio una foto de ella y se puso extraño, primero se reía
y luego se preocupó, no le tome importancia porque ese
mismo día terminaría con ella. La última fue la del
gerente del restaurante, ella me dijo que ya sabía que yo
sospechaba que ella lo mató.
—¿En dónde vive, cómo la localizas?
—Nunca supe dónde vivía, nos veíamos en mi
departamento o en un motel, sé que suena extraño pero
nunca me dejo visitarla —Nolan omitió detalles y
cambió la verdad, sabía que por el momento no le
convenía que supiera dónde vivía, si ella lo veía por su
departamento, inmediatamente sabría que Nolan fue a
hablar con él y temía que su reacción fuera
extremadamente peligrosa.
—¿Por qué la estabas encubriendo?
—Porque tengo miedo de lo que pueda llegar a hacer,
siempre me dijo que no le cuente a nadie y después de
saber de las muertes que provocó, solo pensaba en mi
familia y si ella se enteraba de que decía algo podía
lastimarlos.
—¿Y qué es lo que le está haciendo venir a
confesarme todo esto?
—Que estoy desesperado, tomé medidas para
despistarla y me dio un indicio de que en este momento
no sabe dónde estoy, así que decidí venir a pedir ayuda.
Nolan le mostró ciertos mensajes de sus dos celulares
al detective, parecían reales pero aun así, Gerard tuvo
sus sospechas.
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El detective no hizo más preguntas, solo apuntó su
nombre para empezar a indagar. Después de unos
minutos más y seguir escuchando la historia de Nolan
él lo interrumpió.
—Nolan, lo que me estás contando es increíble, temo
que tendré que tenerte aquí hasta resolver esta
situación, no quiero decir que me estás mintiendo pero
tengo que estar seguro de que no eres cómplice de algo.
Nolan se desesperó, pensó que el detective
entendería, no le quedó más remedio que tratar de
negociar con él.
—Detective, por favor, no puede hacerme eso —
lágrimas en sus ojos y desesperación en su expresión.
—Si Ana se entera de esto matará a mi familia antes
de que ustedes puedan hacer algo, no la han podido
encontrar después de tres asesinatos, por favor se lo
ruego, déjeme ayudarlo, no puede decirle a ningún
compañero suyo, no le puede decir a nadie, solo déjeme
apoyarlo y la atraparemos juntos.
—¿Y cómo planeas que hagamos eso? —El detective
preguntó con cierta ironía en sus palabras y Nolan le
dio una respuesta que tal vez no era tan irrealizable.
—Yo vine con usted detective, yo estoy tan interesado
en llevar a la justicia a la culpable como usted, déjeme
seguir en su juego, déjeme evitar más muertes, en el
momento que ella esté conmigo usted puede apresarla
y así evitar que se escape, lo ha visto ella es escurridiza,
pero hagámoslo solo usted y yo, así como ella tuvo la
manera de saber mi número telefónico justo cuando lo
cambie y en que hotel me hospedaba, temo que tenga
algún contacto en la policía y puedan atacar a mi
familia.
Gerard pensó por unos segundos, nada le pudo
quitar del pensamiento que su historia era extraña,
analizó como poder llevar a cabo ese plan sin que Nolan
se pudiera escapar. Después de un tiempo llegó a una
conclusión.
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—Nolan si lo que estás diciendo es verdad, te
ayudaré, pero si todo esto es una farsa te encerraré por
el resto de tu vida, ¿estás consiente de eso?
—Lo estoy y no me importa lo que pase, quiero que
todo esto se solucione —Nolan respiró un poco con
cierto alivio.
—Está bien, Nolan, nadie sabrá esto, quedará entre
tú y yo, cuando ella se comunique contigo, irás al primer
teléfono público que encuentres y me llamarás, me dirás
el punto de reunión y la hora exacta.
—Claro que sí, detective.
—Puedes retirarte, Nolan, recuerda lo que dije, tengo
las herramientas para buscarte si quieres escapar.
Nolan cerró la puerta y se retiró de la oficina de
Gerard.
No sospechó nada, el detective solo estaba jugando
su juego, primero pensó en la seguridad de la familia de
Nolan, enviará a un policía incognito a vigilar su casa,
si Nolan o la mujer se acercaban, él lo sabría
inmediatamente y pediría refuerzos. Habló con algunos
amigos suyos en la frontera de la ciudad, si veían a
Nolan lo detendrían antes que pudiera salir.
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CAPÍTULO 10
REACCIONES
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Nolan salió del departamento policiaco, recogió la
pistola donde la dejó, atrás del edificio escondida entre
el matorral, inmediatamente salió de la vista pública
buscando callejones y calles poco transitadas, como
últimamente estaba haciendo para evitar ser vigilado.
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desordenar cada esquina del lugar, estaba seguro de
que hablaba de la pistola.
Nolan tomó fotos a los mensajes escritos, tal vez
serviría como evidencia en un futuro, los borró para no
dejar sospechas en el hotel, y se retiró lo más rápido
posible con un maletín lleno de ropa y objetos
personales.
Un hotel diferente, Nolan se sintió fuera de peligro
por un momento, Ana no lo encontraba y a partir del
último mensaje que le envió, no había vuelto a intentar
comunicarse, descansaría, había sido un día largo
mañana planearía la manera de reunirse con ella.
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temprano, abrió la puerta, solo quería recordar esa
noche. El mismo cantinero, lo observó de una manera
extraña, seguro lo recordó, pero no entendió por qué se
estaba dirigiendo hacia él con precaución.
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en todo, temía que la comida tuviera algún somnífero o
estuviera envenenada, pero él se sentó primero, ella no
sabía dónde, el escogió su lugar, se arriesgó, tomó los
cubiertos dispuesto a servirse el primer bocado.
Pasaron unos minutos de silencio y Ana empezó la
conversación.
—¿Te gustó, peque? —Nolan no respondió.
—Ay, Nolan, no estés tan tenso, este es momento
para disfrutar.
—No hay nada qué disfrutar, solo dime porque estoy
aquí…
Ana sonrió.
—Solo quería que pasemos un momento solos, es
todo, volver a vernos, hace tiempo no estábamos frente
a frente, quería que por una vez tú me vieras como yo
te veo, a parte, quería hacerte una cena especial para
que te tranquilices, apuesto a que Liz no te cocina como
yo lo hago.
—No te atrevas a mencionarla, Ana —Nolan la miró
a los ojos con rabia.
—Uuuuuuuy perdón, señor gruñón.
—Amenazas a mi familia, me amenazas a mí y
quieres que estemos platicando como si nada estuviera
pasando, qué clase de estúpido crees que soy.
Ana cambió esa sonrisa, seriedad en su rostro.
—Nolan, te prometí que no iba a lastimar a tu familia,
perdón por decir que les haría daño pero era la única
manera que podía llamar tu atención y hoy quería verte
y sabía que solo así vendrías, ha pasado tiempo desde
la última vez que cenamos, bueno, es de madrugada
pero es el único tiempo que tuve para hacer esto, he
estado ocupada entre pacientes, y cosas relacionadas
con nosotros.
Nolan no esperó más, ella prometió que no los
lastimaría.
Se levantó estrepitosamente de la silla, arrojó la mesa
a un lado, la comida y bebida volaron por los aires
mientras él fue directamente hacia a sujetar el cuello de
100
Ana, ella cayó al suelo con la mano de Nolan
sofocándola, Nolan sacó la pistola que tenía escondida
en su ropa y le apuntó directamente a su cabeza, nunca
pensó llegar a eso, pero tal vez la única manera de que
todo acabara era asesinándola, su mano tembló, el dedo
directamente en el gatillo, sus nervios empezaron a
jugar con sus emociones, la adrenalina recorrió su
cuerpo mientras él aplicó todo su peso sobre ella, Nolan
nunca le había levantado la mano a una mujer, algo
estaba mal, sintió que lo que estaba haciendo no estaba
bien, tuvo segundos pensamientos pero no dejó de
someterla.
—¡¿Eso querías, maldita?!, a esto me orillaste, todo
lo que me has causado, tanto maldito dolor por el que
he tenido que pasar, tantas muertes por tu mano,
tantas mentiras, y todo porque eres una psicópata que
se metió con la persona equivocada.
—Nolan por favor para… —Ana alcanzó a decir unas
palabras, estaba a punto de perder el conocimiento, la
falta de aire la estaba desvaneciendo.
Nolan aflojó un poco la mano para escuchar lo que
ella tenía que decir.
—Si me matas solo te lastimaras tú mismo, tú no eres
así, no te atreverías.
—¡¡¡Si me atrevería, me has jodido la vida!!!
—No, Nolan, no lo harías, eres demasiado bueno, lo
he visto en toda tu vida, no te atreverías a lastimarme.
Ana tomó la mano de Nolan, él por alguna extraña
razón sintió cálido el toque de sus dedos, como si su
coraje desapareciera por un momento, una caricia, Ana
le tocó el rostro, mientras él soltó una lagrima, se sintió
incapaz de matarla, ella tuvo razón, no pudo hacerlo.
—Nolan, sabes que me amas, siempre lo has hecho,
solo no te das cuenta, solo estamos tú y yo, no importan
los demás, yo siempre estaré para ti, y tú siempre
estarás para mí, no me odies, sabes que el odio no te
llevara a nada.
101
Nolan poco a poco alejó el arma de la cabeza de Ana,
mientras se levantó del suelo, ella se quedó ahí,
observándolo.
—Escúchame bien, Ana, no te acerques a mí de
nuevo, te lo advierto, te juro que te mataré —Nolan dio
media vuelta para salir del departamento, pero Ana dijo
algo que hizo que se quedara a escuchar.
—No lo harás, me amas demasiado, solo lo sigues
negando, solo déjate llevar, yo te amo, desde que tu
hermana y tu papa murieron, juré que siempre serás
mío, que siempre te protegeré.
Es imposible, Nolan ya sabía, desde que ella era una
pequeña niña lo observó, la noticia lo impactó tanto que
sintió un pequeño temblor en las piernas, su mirada se
nubló, poco a poco se desvaneció hasta caer al suelo
inconsciente, Ana se levantó, lo arrastró para poder
cerrar la puerta y lo acostó en la cama, ella se quedó
con él, lo acarició, él no sintió nada, ella lo miró
mientras le dio un beso en la frente.
—Pronto entenderás todo, y sabrás que estamos
hechos el uno para el otro.
Las últimas palabras de Ana.
102
CAPÍTULO 11
SOSPECHAS Y ENGAÑOS
103
104
Gerard Pierce había agotado todas las opciones, Ana
Sorrento no apareció en ningún registro, tal vez todo
este tiempo había engañado a Nolan, probablemente no
era su nombre. El detective estaba cubriendo todas las
opciones posibles.
Solo hay 3 consultorios en el pueblo, a los tres había
ido a investigar, no existía ninguna Ana Sorrento, la
historia de Nolan cada vez se volvió más extraña y difícil
de creer. Llegó el momento, no quedaron más pistas
sobre el paradero de Ana, tuvo que romper algunas
reglas para completar el caso, irrumpiría sigilosamente
en casa de Nolan, intentó en la noche que había mayor
probabilidad de pasar desapercibido.
105
bomba de gasolina, pero alcanzó a regresar al camino
era un Jetta negro polarizado, de esos nuevos…
El detective supo que si la persona del automóvil
fuera Joseph, podría estar en grave peligro, no había
explicación por la cual quisiera salir de la ciudad a altas
horas de la noche sin avisarle a nadie.
El detective y su asistente subieron a su auto y se
dirigieron hacia la dirección que el trabajador de la
gasolinera les dijo que lo vio hasta perderlo de vista.
—Detective, ¿a dónde vamos?
—Me temo que Joseph está en un lago a unos dos
kilómetros de aquí.
El detective sabía que había un pequeño lago en el
lugar, cuando era pequeño, sus amigos y él pasaban el
fin de semana nadando y acampando con sus familias,
era un lugar que su papá le mostró, no era muy turístico
y debido a un recorte de presupuesto, la construcción
de un balneario público se había cancelado, pero ya
habían abierto el camino suficiente para llegar al lago
sin problemas, aunque la entrada ya casi no se
distinguía por el crecimiento del matorral. Muy pocas
personas sabían que estaba ahí pero estaba casi seguro
de que la persona que estaba conduciendo sabía
exactamente adónde ir.
El matorral de la entrada estaba aplastado, un auto
pasó por ahí, había huellas secas de llantas en el lodo,
algunas ramas caídas, Gerard entró.
El lago estaba tal y como lo recordaba, el agua azul
turquesa, y un pequeño muelle.
—Llama a los buzos, las huellas llegan hasta la orilla
del lago.
Las horas pasaron, la grúa llegó y el detective esperó
a que los buzos salieran del agua para darle la noticia.
Ahí estaba, uno de los buzos gritó:
—¡¡¡Lo encontramos!!!
La grúa se acercó para que los buzos pudieran jalar
el cable de acero y enganchar el auto. El vehículo se fue
asomando hasta que llegó a la orilla, el auto tiene los
106
cristales polarizados, no se ve nada desde afuera, no se
puede abrir, por lo que el detective tomó la barreta que
estaba en su vehículo y forzó la puerta. Ahí estaba el
cuerpo de Joseph en descomposición en los asientos
traseros, sus manos, pies y boca atados con cinta, una
bala en su cabeza, lo asesinaron no había otra
explicación.
—Abran la cajuela —el detective se hizo a un lado
mientras Navarro tomó la barreta de sus manos y se
dispuso a forzar la cerradura. Una mochila entre abierta
dejó ver un pantalón, una blusa, una peluca, ropa
interior, todo de mujer, a excepción de la cartera de
Joseph, su identificación estaba ahí, pero no había
dinero.
El detective ya vio demasiado, le pidió a Navarro que
se quedara a supervisar la investigación, mientras él se
dispuso a registrar la casa de Nolan.
Arrancó su auto y se dirigió a su lugar de destino, en
el camino trató de encontrar una explicación a la ropa
de mujer, la cartera vacía era una preocupación menor,
el asesino tomó el dinero. Gerard creyó que pudo haber
sido Ana, tal como dijo Nolan, ella estaba enferma, eso
explicaría por qué no le dio su nombre verdadero y las
pelucas para pasar desapercibida, tal vez se cambió la
ropa por temor a ser reconocida.
Gerard llegó a la casa de Nolan, se estacionó unas
cuantas casas atrás para despistar a quien quiera que
pudiera estar observando, tomó el radio.
—Masaki, puedes retirarte, descansa, si te necesito
mañana te llamo.
—Sí, detective.
Gerard dio la orden al policía encubierto que mandó
para vigilar la casa de Nolan, un coche se encendió a lo
lejos y se retiró. La luna llena brilló al máximo, una
noche iluminada y fría. El detective saltó sigilosamente
el cerco de madera, Liz y Samuel estaban dentro de la
casa sin sospechar que había alguien en la entrada.
Gerard rondó el patio, no encontró nada sospechoso,
107
solo le quedó revisar la camioneta de Nolan, desde la
ventana se encendió un foco rojo cada 2 segundos, no
era opción abrirlo se dispararía el mecanismo, eso
podría despertar a Liz y causarle problemas. Decidió
darle una pequeña patada al vehículo y si suena la
alarma, Liz lo escucharía, vería que no había nadie y la
desbloquearía, con suerte no le pondría la alarma de
nuevo y él podría investigar si había algo adentro. El
Plan resultó, Gerard pateó el coche y se escondió
inmediatamente atrás de la casa; Liz se asomó desde la
ventana de su cuarto, observó a los alrededores, supuso
que alguna rama o alguna ardilla pudieron activarla,
tomó el control que estaba en su meseta y la apagó. No
la volvió a poner, Gerard decidió tomarse unos minutos
para asegurarse de que Liz estaba completamente
dormida.
Ha pasado media hora, Gerard decidió revisar la
camioneta, no había nada fuera de lo normal, una
cajetilla de cigarros, algunas botellas de agua vacías,
aromatizante, las cosas que normalmente se
encontrarían en un vehículo, hasta que revisó la
guantera. El expediente de Nolan, se suponía que se
perdió en el incendio del despacho contable, la situación
se tornó negativa, Gerard se asombró, estaba seguro de
que él y Ana estaban confabulados, el mintió sobre sus
papeles, no se quemaron, ella fue a buscarlos antes de
incendiar el lugar, los debió meter a su pequeña mochila
por eso no se ve que tuvieran algún archivo en sus
manos en el vídeo.
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casa, observó la camioneta y el bote de Lucas; decidió
investigar, tal vez la respuesta no estuvo nunca dentro
de la casa. Gerard abrió la camioneta, no tenía seguro,
no encontró nada, pero aún quedaba el bote. Subió,
buscó pistas; unas pequeñas pintas rojas, alguien trató
de limpiar sangre, al parecer estaba desesperado, no lo
hizo bien, un pequeño destello del reflejo de la lámpara
llamó su atención, se acercó al asiento trasero para
darse cuenta que entre los cojines había un celular.
Gerard intentó prenderlo pero al parecer la humedad lo
había dañado, alguien en el departamento de policía
podrá extraerle la información al dispositivo.
109
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CAPÍTULO 12
DESCUBRIMIENTO
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112
Nolan abrió los ojos, reconoció el lugar, era el
departamento de Ana, era temprano en la mañana, lo
último que recordó fueron las palabras de ella revelando
que lo había seguido desde que era una niña; la pistola
estaba a su lado, ella no estaba en el cuarto. Se levantó
de la cama sigilosamente y estiró su mano para tomar
el arma, la puerta del cuarto estaba cerrada, la
televisión estaba prendida, un fuerte dolor de cabeza
por tantas emociones; Nolan se acercó a la puerta y pegó
su oído, no escuchó nada, ella no estaba, pero era
ilógico que no hubiera tomado el arma. Abrió la puerta,
se aseguró, no había nadie, no tuvo idea de dónde
estaba, pero era el momento para escapar, sintió que
algo anda mal, ella, seguramente estaba preparando
algún tipo de plan contra él o su familia, tenía que
actuar rápido, antes de que ella tomará alguna
venganza por hablar con el detective Gerard.
Salió a prisa del departamento, bajó las escaleras y
escuchó una voz a lo lejos.
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sospechando que algo estaba mal, la cara de Nolan no
le dio confianza—. Señor usted nos avisó, que aquí
empezaría a llegar su correspondencia, eso fue unos
días después de que rentó con nosotros, si gusta
acompañarme a la oficina y le muestro sus depósitos.
Nolan dudó, pero lo siguió, el casero entró a la
oficina, la dejó abierta, estaba nervioso, desconfió de la
salud mental de Nolan.
—Aquí tiene, señor —le extendió sus comprobantes
de pago de la renta.
Nolan los observó, sus manos temblaron, su nombre
estaba ahí, el departamento estuvo todo el tiempo a
nombre de Nolan Franco.
Nolan no entendió lo que estaba pasando, seguro Ana
de alguna manera suplantó su identidad. Se retiró de la
oficina del casero mientras él se quedó sentado
observándolo, se alejó. Nolan estaba desesperado, sintió
que sus piernas empezaron a flaquear de nuevo, pero se
resistió, tuvo que subir al departamento otra vez y
averiguar que estaba pasando. Abrió la puerta pero se
olvidó de cerrarla, tenía muchas cosas en su cabeza, la
desesperación se reflejó en lágrimas, en un punto,
pensó en lo impensable, el suicidio cada vez se sintió
más real, no entendió la situación y en su desesperación
creyó que era la única salida. Abrió la alacena, había
una botella de vodka a medio tomar, la bebida favorita
de Ana, tomó un vaso y se sirvió un trago grande.
Se sentó en el mueble de la sala, analizó todo lo que
había pasado, no entendía por qué él había tenido que
correr con esa suerte, por qué murió su hermana, por
qué murió su papá, por qué su mamá tuvo que padecer
una enfermedad mental tan fuerte después de la
tragedia, por qué tuvo que crecer tan rápido, fue víctima
de una estafa, una mujer psicópata estaba obsesionado
con él, destruyó su vida, asesinó a su mejor amigo y
ahora él es sospechoso de todos los crímenes.
Llegó el momento, dio un trago grande al vaso de
vodka, tomó el arma y con mucho miedo la presionó a
114
su cabeza, para Nolan era el final, solo esperó que su
hijo pudiera crecer sin traumas, que Liz se recuperara
de la perdida y que pudieran vivir felices. Puso el dedo
en el gatillo listo para acabar con su vida.
—¡¡¡Nolan, no!!! —Él no la vio entrar, Ana estaba
frente a él—. No lo hagas por favor, no me dejes.
—¿Por qué me haces esto, Ana? Déjame acabar con
todo, déjame liberarme —Nolan sollozó con la voz
quebrada y su rostro lleno de lágrimas, completamente
destruido.
Ana se arrodilló frente a Nolan mientras que él tenía
los ojos cerrados, sintió como ella le tomó la mano
donde tenía el arma, unas lágrimas brotaron.
—No, peque, esto no es lo que quería, no lo hagas por
favor, te necesito, tú eres todo para mí, te lo ruego, te
juro que te dejaré de molestar, te dejaré de observar,
dejaré que regreses a tu vida pero por favor no lo hagas.
Nolan siguió sosteniendo la pistola contra su cabeza,
cada vez más iba aflojando el gatillo, Ana lo abrazó y
lloró, él por alguna extraña razón le devolvió el abrazo.
—Por favor, arroja el arma, aquí estoy, aquí estoy,
peque, tírala —Ana le dijo a Nolan con una calidez en
sus palabras que no sentía hace muchos años, se sintió
protegido por la mujer que le había destruido la vida.
Nolan obedeció, arrojó el arma a un costado y abrazó
a Ana con todas sus fuerzas.
—Nolan, estás bajo arresto por sospecha de asesinato
—el detective había llegado al departamento, le apuntó
con un arma, Nolan y Ana lo estaban observando.
—Peque, por favor solo deja que intente arrestarte, yo
arreglaré esto —Ana le dijo al oído mientras se paró
cautelosamente.
Nolan lo observó directamente mientras levantó las
manos.
—No intentes nada, Nolan, ya lo sé todo, da la vuelta
despacio y deja que te ponga las esposas.
Nolan lo pensó, seguía sentado, observó directamente
a Ana y al detective Gerard.
115
—¡¡¡Nolan, haz lo que te digo!!! —El detective levantó
la voz y apuntó directamente al pecho de Nolan.
—Hazlo, peque —la voz dulce de Ana lo tranquilizó,
se levantó del sillón y dio la espalda preparado para que
le pusieran las esposas. El detective sujetó las manos
de Nolan mientras las bajó lentamente para esposarlo.
—¡¡¡Nolan empújalo!!! —Ana gritó y Nolan arrojó su
cabeza hacia atrás para asestarle un golpe directo a la
nariz del detective, lo empujó para crear un espacio y
Ana pudiera alcanzar el arma. Gerard cayó al suelo con
la nariz rota, la sangre brotó, el detective estaba
desconcertado, trató de alcanzar su arma pero Ana ya
le estaba apuntando con la pistola de Lucas.
Un disparo, el pecho de Gerard se tiñó de rojo, poco
a poco se desvaneció hasta perder el conocimiento,
Nolan observó cómo Gerard cerró los ojos, se acercó
gateando hacia él, no reaccionó.
Ana bajó el arma, se acercó para tocar el hombro de
Nolan.
—¿Qué hiciste? —Nolan con una voz llena de lamento
y las manos llenas de la sangre del detective le preguntó
a Ana.
—Hice lo que era mejor para nosotros.
—Esto no era lo mejor para nosotros, no hay
nosotros, Ana.
—Sí lo hay, Nolan, siempre hemos sido nosotros dos,
juntos, nada nos separará.
Nolan se levantó y corrió al baño para lavarse las
manos, cerró la puerta para que Ana no pudiera entrar.
—Nolan no estás solo, nunca lo estarás —Ana dijo del
otro lado de la puerta mientras Nolan trató de quitarse
la sangre de sus manos.
—Estamos juntos en esto, siempre lo hemos estado.
—¡¡¡Déjame en paz!!! —Nolan gritó desesperado—
¡¡¡Tú y yo nunca estaremos juntos, eres un error en mi
vida, eres una psicópata!!!
—Siempre hemos estado juntos, peque, solo mírate
al espejo.
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Una petición extraña de Ana, Nolan la ignoró por un
momento, pero algo en sus palabras lo obligó a voltear
al espejo lentamente. El reflejo de Ana lo miró
directamente a los ojos.
Nolan estaba aterrorizado, dio unos pasos hacia
atrás y cayó en la bañera, no podía creer lo que estaba
pasando, el vio directamente al espejo, solo vio a Ana.
—Te dije que siempre estaremos juntos.
Nolan gritó, Ana estaba a un lado observándolo, la
puerta estaba cerrada no entendió cómo pudo entrar.
—¡¿Qué está pasando?! —Nolan empezó a sentir que
el aire le estaba faltando, que se estaba sofocando.
—¿Sigues sin entender, peque? Siempre hemos sido
uno mismo, siempre hemos estado juntos, tú y yo.
Nolan estaba paralizado, empezó a tener pequeños
recuerdos de todo lo que ha hecho.
—Déjalo salir, recuerda todo, recuerda el robo de las
joyas, recuerda los mensajes que te mandaste de mi
celular para que Liz los pueda ver, los momentos en los
que la gente te veía de manera extraña, el cantinero, la
feria, recuerda al contador, a Lucas, a Joseph —Nolan
palideció, todos los recuerdos llegaron a su mente, él
siempre fue el culpable, él ocasiono todo, él es Ana.
—No eras feliz, siempre me has amado a mí, tu
relación con Liz nunca tuvo problemas, solo fue tu
manera de protegerte, tus problemas de dinero y con el
Fisco finalizaron en el momento en que robamos tu casa
y sabes que inconscientemente no te tenías que
preocupar por dinero, solo no lo veías, fuimos a pagar
tus deudas juntos, al abogado, a todo, lo solucionamos,
nos tenemos el uno al otro.
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CAPÍTULO 13
ROBO
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—Amor, iré a cenar con Lucas, está un poco molesto
por unos problemas en el trabajo, no quiero que te
quedes sola en la casa, quédate en casa de Martha
hasta que yo llegue.
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había cambiado la vestimenta para aparentar que Nolan
era la persona a la que estaba ayudando.
—Gracias, Don Ernesto, ya la puedo cargar desde
aquí —el casero se despidió de Nolan amablemente
mientras él cerró la puerta.
Ana salió del departamento, se subió a la camioneta
de Nolan lista para dirigirse al restaurante. Nolan llegó
a su reunión con Lucas, una plática amena, hablaron
sobre su despido y los problemas laborales de Lucas,
unas cuantas risas y unos cuantos tragos para
amenizar la noche.
Nolan salió del restaurante, fue una reunión rápida,
solo para darle apoyo a su amigo, no quería tardar, no
quería que Liz y Samuel estuvieran mucho tiempo en
casa de Martha, no quería abusar de su confianza.
“Amor, ya voy para la casa, ya puedes llegar, dile a
Martha que le agradezco que tenga más tiempo para
ustedes.”
Nolan mandó el mensaje mientras se dirigió a la casa.
La puerta trasera estaba forzada, habían entrado;
Nolan tomó un cuchillo de la cocina previniendo que
todavía hubiera alguien dentro de la casa. La planta
baja estaba vacía, no había nadie; Nolan subió la
escalera sigilosamente con el cuchillo en su mano
derecha, estaba nervioso, tenía que algún atacante
estuviera armado. El cuarto de Samuel estaba intacto,
pero la puerta entreabierta del suyo dejó ver que alguien
entró. Nolan abrió la puerta y entró, estaba alerta; no
había nadie, se llevaron la televisión, el armario estaba
abierto, Nolan temía lo peor. Las joyas de Liz no
estaban.
Liz y Samuel llegaron a la casa, bajaron del taxi,
había policías afuera y Nolan habló con ellos.
—Nolan, ¿qué paso? —Liz se aproximó mientras le
tomó la mano a Samuel, su voz denotó preocupación,
pero no por la casa, temía que le hubiera pasado algo a
su esposo.
—Nos robaron, Liz…
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CAPÍTULO 14
SOUZA
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Ana había planeado asesinar al contador Souza
desde el momento en que empezaron las amenazas de
enviarlo a la cárcel por parte de las autoridades, él había
lastimado al hombre que amaba y buscó vengarse.
Era una noche obscura, después de vigilar los
movimientos del contador, al fin se presentó la
oportunidad que estaba buscando, Souza se quedó más
tiempo en su oficina para terminar algunos pendientes.
Ana había caminado desde su departamento para no
levantar sospechas escondiéndose en callejones y
tratando de pasar desapercibida entre los peatones. La
puerta delantera estaba cerrada, ya no era hora de
atender a ningún cliente y no era opción entrar por ahí,
sería muy obvio tocar la puerta. La ventana trasera,
debía de llamar su atención para que se dirigiera a ella
y poder atacarlo. Ana caminó por detrás de la calle de
la oficina sigilosamente hasta que llegó a su destino, la
luz estaba prendida, Ana observó desde los arbustos,
esperando el momento indicado. Saltó la barda y se
dirigió a la ventana, tocó delicadamente una vez con la
punta de sus dedos mientras se agachó para no ser
vista, sonó como una pequeña piedra o una rama, quiso
llamar la atención del contador por lo que lo hizo
repetidas veces. Alguien se acercó a la ventana, era el
momento, Souza observó, cuando Souza no vio nada
decidió abrirla para tener un mejor panorama. Ana se
levantó para asestar un golpe directo a la quijada del
contador, él retrocedió desconcertado mientras Ana
entró a la oficina. Un forcejeo rápido, el contador no
tenía oportunidad contra la fuerza de ella.
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—Esto es por Nolan, maldito viejo estúpido, jodiste a
la persona equivocada, ahora mírame a los ojos, quiero
ver cómo te mueres —Ana susurró con rabia, mientras
Souza la observó aterrorizado. El contador dejó de
pelear, se desvaneció hasta quedar completamente
inmóvil, Ana disfrutó ese momento, arrancarle la vida a
alguien que le había hecho tanto daño a la persona que
tanto amaba.
El archivo, Ana se acercó a buscar los papeles de
Nolan, una carpeta pequeña pero de algo serviría. Una
botella de soda llena de gasolina terminaría el trabajo
que ella empezó. El fuego se avivó, Ana tomó la llave del
despacho que estaba en el pantalón de Souza, metió el
archivo de Nolan a su mochila y salió caminando por la
puerta principal tranquilamente mientras se puso unos
lentes obscuros. Ana llegó caminando a casa de Nolan,
siempre tratando de utilizar las calles menos
concurridas, tomó la llave de la camioneta que tenía en
su pantalón, metió en la guantera el archivo, nadie
buscaría ahí. Abrió su mochila, Liz estaba dormida, no
hacía ruido, la ropa de Nolan estaba adentro, tenía que
cambiarse rápidamente y deshacerse de su ropa en el
primer callejón que viera.
La lluvia que caía sobre la ciudad, un arrullo para
Nolan mientras recorría las calles de un pueblo
pintoresco, luces de colores adornaban las casas y los
negocios, un pueblo pesquero con el encanto
carnavalesco de una ciudad cultural, ningún automóvil
a la vista, solo él caminando, inmerso dentro de un
mundo de angustia y temor…
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CAPÍTULO 15
LUCAS
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Era de madrugada, Lucas despertó, alguien estaba
tocando la puerta, estaba desconcertado, no eran horas
para una visita, pero reconoció esa voz.
—Lucas —Nolan susurró mientras con sus nudillos
tocaron delicadamente para no espantarlo.
Lucas se levantó preocupado y se dirigió a la puerta,
Nolan denotó tristeza en su voz.
—¿Qué haces aquí, Nolan? Es tarde —Lucas lo miró
con sospecha, no tenía idea de lo que estaba pasando.
—Quería hablar con alguien, y tú eres la única
persona que puede ayudarme —Nolan estaba nervioso,
mirando al piso. Lucas titubeó por un momento, pero lo
dejó pasar, era su mejor amigo, confiaba en él.
—¿Qué pasa? ¿Es sobre Liz? —Lucas estaba
preocupado, los dos se sentaron en la sala, la mirada de
Nolan era triste.
—No, soy yo, algo está mal en mí, no sé qué me pasa.
—¿Lo dices por la foto que me enviaste?
—En parte, no sé qué puedo hacer —Nolan se tapó el
rostro con sus manos mientras las lágrimas cayeron de
sus ojos. Lucas puso su mano en el hombro de Nolan
para darle apoyo.
—Mira, Nolan, nos conocemos desde hace muchos
años, te conozco mejor que Liz, y hoy supe que algo está
mal, una foto tuya vestido de mujer no es normal, pensé
que era una broma, pero tu mirada me desconcertó, hoy
me iba a despertar temprano para buscarte ayuda, tal
vez un psiquiatra te pueda apoyar, solo estás pasando
por un momento muy estresante en tu vida —Lucas se
sintió inseguro pero es su mejor amigo no podía dejarlo
solo. —No hablé con Liz por los problemas que tienen,
pero si es necesario que busques ayuda, creo que estás
al borde de un colapso nervioso.
—Tienes razón, Luc, necesito ayuda —Nolan rompió
en llanto y Lucas se quedó a su lado para tranquilizarlo.
—Estoy hecho un desmadre, préstame tu baño, voy
a orinar y lavarme la cara para despertarme.
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Lucas accedió, el baño estaba dentro de su cuarto y
Nolan entró mientras él se quedó sentado en la sala.
Nolan salió empuñando el arma de Lucas, sabía
exactamente dónde estaba guardada.
—Nolan, ¿qué estás haciendo? —Lucas estaba
paralizado, su mejor amigo le estaba apuntando con un
arma. Lágrimas en los ojos de Ana.
—Créeme que esto me duele más a ti que a mí, Lucas,
eres el mejor amigo de Nolan y sé que lo voy a lastimar
haciendo esto pero te metiste en nuestra relación, él es
solo mío y ya está pensando en regresar con Liz por tu
culpa.
Lucas quedó mudo, no pudo creer lo que estaba
pasando.
—Sabía que si venía vestida tal vez llames a alguien
para pedir ayuda, así que tomé la ropa de Nolan para
poder pasar, en verdad perdóname por esto.
—Nol… Nol... Nolan… —las únicas palabras que logró
pronunciar Lucas.
—Estás confundido, Lucas, Nolan está dormido en
nuestro departamento, ahora levántate, saldremos a
dar una vuelta en bote.
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Los dos subieron al bote mientras Lucas condujo
hasta que desaparecieron en el horizonte.
—Aquí estamos bien —Lucas dejó de manejar, sabía
que debía atacar, si no lo hacía lo matarían pero fue
demasiado tarde, un golpe con la cacha de la pistola
directo a su nuca lo desvaneció.
Lucas despertó sentado en el asiento trasero del bote
amarrado con cuerda que había en la caja de
herramientas y un ancla pequeña de reserva atada a
sus pies, su celular cayó de su bolsa y ninguno de los
dos se dio cuenta.
—En serio, perdóname Lucas, Nolan te quiere como
si fueras su hermano, pero te volviste un obstáculo
entre nosotros.
—Nolan, por favor —Las últimas palabras de Lucas,
un disparo directo al corazón, Ana lo arrojó al mar.
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CAPÍTULO 16
JOSEPH
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Ya era tarde, el restaurante cerró hace dos horas,
pero había pendientes administrativos que terminar
antes de poder ir a descansar, fue un día productivo,
Joseph estaba de buen humor, no podía esperar a llegar
a su casa, tomar una copa de vino y ver una película
hasta quedarse dormido. Joseph salió del restaurante,
cerró con llave y se dirigió hacia su auto estacionado en
la parte trasera del local. Todo estaba muy tranquilo,
una noche fresca, la brisa del mar alcanzó a dejar un
ambiente agradable, incluso, aunque el restaurante
estuviera alejado del océano.
Joseph tomó la llave de su auto, pero notó algo
extraño, una figura distorsionada se reflejó en la
ventana polarizada de la puerta del conductor, una
figura un tanto femenina con el cabello largo negro.
Antes de que pudiera voltear para reconocer a la
persona su mirada se nubló, le habían asestado un
golpe directo a la sien.
Joseph despertó, estaba atado de manos y pies, no
podía hablar, también había cinta en su boca, no
alcanzó a ver a la persona que estaba conduciendo, solo
vio una cabellera negra, no sabía dónde lo estaban
llevando y poco a poco el pánico empezó a recorrer su
cuerpo. Quería hacer algo para poder escapar y su
primera reacción fue levantarse discretamente para que
el conductor no lo viera y asestarle un golpe en la
cabeza, el automóvil derrapó, el conductor trató de
recuperar el control antes de estrellarse con las bombas
de una gasolinera. El golpe que asestó Joseph dejó caer
una peluca, el conductor tomó el arma que tenía en el
asiento del copiloto y apuntó directamente a su cabeza,
Joseph reconoció a esa persona, fue a preguntar sobre
el incendio que hubo frente al restaurante, era Nolan.
Las puertas del coche estaban aseguradas, Joseph
no podía abrirla para intentar escapar, lo intentó
aunque tuviera las manos atadas; siguió acostado, no
distinguió donde estaba, solo sintió una calle irregular
135
parecida a la terracería. El auto se detuvo, Ana salió del
auto y abrió la puerta trasera mientras le apuntó a
Joseph con la pistola.
—Nunca debiste mostrar el vídeo —Ana le dijo a
Joseph con el dedo en el gatillo— pudiste meter en
muchos problemas a Nolan, y nadie se mete con él sin
que yo haga algo al respecto.
Joseph estaba petrificado, llegó su fin.
—Lo siento, Joseph, no quería hacerlo, pero fuiste
demasiado lejos —Ana terminó de hablar y disparó
directo a la cabeza de Joseph.
Ana no quería llamar la atención, tomó la maleta del
piso del asiento del conductor, la ropa de Nolan estaba
ahí, se quitó su ropa y se puso la de él, arrojó la cinta a
los matorrales con todas sus fuerzas y guardó sus
pertenencias en la maleta para colocarlas en la cajuela
del auto, ese lugar no lo conocía nadie, Lucas se lo
mostró a Nolan hace algunos años en un día de pesca,
no tendrían la sospecha de que Joseph estaba ahí. Con
todas sus fuerzas, Ana empujó el vehículo hacia el lago
con Joseph adentro y observó mientras se hundió en lo
más profundo del agua. Ana terminó por ese día, el auto
desapareció en el lago, ahora tenía que caminar un
largo camino a casa para regresar con su amado Nolan.
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CAPÍTULO 17
TRANCE
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Nolan recordó todo, los asesinatos, el robo, las
miradas extrañas de las personas cuando hablaba solo.
El cantinero, Daniel Argenis, recordó la noche que entró
al bar y pretendía hablar con una persona que no estaba
ahí y por miedo no lo dejó quedarse la noche que caminó
hacia el departamento. El guardia de seguridad de la
feria observó a Nolan hacer ademanes y levantar la voz
a la nada. La foto que Lucas tenía en su celular, recordó
haberla tomado y mandársela a él mismo. Los mensajes
que Liz descubrió, era él siendo Ana, mandándolos
silenciosamente en momentos donde iba al baño para
conversar sin problemas para que Liz no se diera cuenta
hasta que Ana fingió estar dormida para marcar y
despertar a Liz con el propósito de que ella observara
esos mensajes. Ana siempre sabía sus números, ella no
tenía manera de intervenir su teléfono, ella no tenía
contactos en la policía, recordó entrar al cuarto de
Samuel y estar con él hasta que se durmió, el
departamento de Nolan era el departamento de Ana,
nunca existió una reunión con sus amigos, él nunca
forzó la cerradura para entrar, todo el tiempo, todo lo
que ha pasado es porque ella era él, y todo lo que él
sabía, ella lo sabía, pero ella no permitía que Nolan lo
supiera.
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—Ok, Ana —Nolan se desplomó, estaba inconsciente
en el suelo.
Pasaron pocos minutos, Ana se levantó, entró al
cuarto, debajo de la cama había ropa de ella en una
pequeña maleta y un frasco pequeño de perfume, el
mismo que Nolan percibió el primer día que llegó al
departamento. No creyó que sea prudente utilizar sus
cosas, prefirió tener la ropa de Nolan puesta para ir a
casa de Liz y Sam, si ella iba como era, Liz se alarmaría
y no le convenía que eso sucediera, para deshacerse de
ella tenía que fingir que era Nolan.
Ana salió del departamento, algunos vecinos
observaron desde sus puertas, ella hizo caso omiso y
bajó tranquilamente las escaleras, tenía un objetivo, Liz
era el último obstáculo entre Nolan y ella.
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—Estaba por aquí y quería saber cómo estaban,
quería platicar con Sam y contigo.
Un ligero tono de desesperación en la voz de Ana,
estaba apresurada, Liz no le dio mucha importancia.
—Claro, pasa.
Ana entró a la casa, Liz no sospechó nada. Samuel
estaba jugando en la sala, Ana lo observó con emoción.
—¡¡¡Papa!!! —La emoción de Sam era notable, Liz
estaba parada a un lado con una sonrisa disimulada en
el rostro
—¡¡¡Enano!!! ¿Cómo estás? Te extrañé muchísimo —
Ana abrazó con fuerza a Samuel
—Oye, vamos a jugar con tus juguetes al cuarto un
rato, ¿te late?.
Ana tomó de la mano a Samuel mientras se dirigieron
al cuarto solos, Liz se quedó en la sala dispuesta a leer
una revista mientras ellos conviven.
Ana y Samuel subieron las escaleras y entraron al
cuarto. Unos minutos de diversión entre ellos dos, Ana
estaba contenta, pero había llegado el momento.
—Escucha, Sam, todo va a estar bien, tu papi y yo te
prometimos que siempre te protegeremos, solo necesito
que te quedes aquí un momento, cerraré la puerta y por
ninguna razón salgas del cuarto, ¿puedes hacer eso por
mí?
—Samuel asintió con la cabeza, mientras miró a su
papa salir del cuarto.
Ana bajó las escaleras lenta y silenciosamente. Pudo
observar a Liz en la sala leyendo una revista.
—Nolan —Liz miró a Nolan desconcertada,
petrificada, él le estaba apuntando directamente con un
arma.
—No grites, Sam se va a asustar —Ana estaba parada
frente a Liz—. Tú siempre has sido un obstáculo entre
Nolan y yo —Liz no entendió nada de lo que estaba
pasando, Nolan habló en tercera persona.
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—Tú siempre serás la persona que me lo quitó, tú
hiciste que me abandonara; ahora es tú turno de
abandonarlo; él y yo estaremos juntos por siempre.
Liz estaba petrificada, Ana puso el dedo en el gatillo.
Algo pasó, Ana no pudo disparar, algo se lo impidió,
quería hacerlo pero no tuvo el valor para asesinarla, su
mano tembló, sudor brotó de su frente y lágrimas de sus
ojos.
—¿Por qué no puedo? —Ana se frustró, Liz no
entendió que pasó, pero al ver esa reacción saltó del sofá
para dirigirse al cuarto de Samuel.
Ana la tomó fuertemente del brazo antes de que Liz
llegara a las escaleras, Liz levantó la mano para arrojar
un golpe directo a la cara de Ana, ella esquivó el golpe,
Ana la empujó y Liz salió proyectada a la mesa de la
sala.
Liz tomó los platos de la mesa y los lanzó como
proyectiles, uno de ellos golpeó directamente la cara de
Ana ocasionándole una herida profunda en la frente.
—¡¡¡Nolan para!!! —Liz gritó mientras Ana se
abalanzó hacia ella, lo único que quería era llegar al
cuarto de Samuel pero Ana era demasiado fuerte. Ana
abrazó a Liz para no dejarla ir pero ella era escurridiza,
un golpe directo a los testículos hizo que la soltara. Liz
se dirigió a las escaleras, Samuel salió del cuarto con
lágrimas en los ojos, estaba asustado, sabía que algo
estaba pasando. Liz lo vio pero antes de llegar a los
últimos escalones, Ana la tomó de los pies y la arrastró
hasta la planta baja de nuevo.
—¡¡¡Ya deja de pelear!!! —Ana gritó mientras la sujetó
para que no se pudiera levantar.
Un fuerte golpe por parte de Ana, azotó la cabeza de
Liz contra el suelo, estaba aturdida, había perdido la
fuerza para luchar. Samuel observó desde la escalera,
lloró con todas sus fuerzas.
—¡¡¡Samuel, entra al cuarto ya!!! —Ana le gritó
desesperadamente para que no viera lo que estaba a
punto de pasar.
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Samuel corrió despavorido hacia su cuarto…
—Lo siento, Liz, tengo que hacerlo —Ana apuntó el
arma directamente a la cabeza de Liz. El mismo
sentimiento, no pudo hacerlo, algo la detuvo.
Dos disparos.
Ana se desplomó encima de Liz. La sangre brotó de
su espalda, Liz la empujó para quitársela de encima.
Navarro y otros policías llegaron justo a tiempo para
evitar que Ana cometiera su último crimen.
—Lo tenemos, Liz está bien, vayan a buscar al niño
al cuarto, yo ayudaré a la señora —Navarro tomó a Liz
de la mano para ayudarla a levantarse.
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CAPÍTULO 18
LOCURA
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Habían pasado 11 meses desde aquel día, Liz y
Samuel condujeron dos horas en la camioneta de Nolan,
era temprano en la mañana, estaban cerca de su
destino, un lugar alejado de la ciudad.
—¿Nombre?
—Liz Ferrec —una reja grande, el vigilante de la
entrada revisó su libreta, estaba en la lista, la dejó
pasar.
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cuando él se sienta indefenso, y los problemas y
angustias que vivió en estos últimos meses, hicieron
que Ana se manifestara. Esto es todo lo que hemos
podido averiguar, ha sido difícil recabar información. La
ciencia ha investigado extensivamente los trastornos
que forman parte del padecimiento de Nolan, pero a
pesar de todos los esfuerzos, es muy poco lo que se sabe
respecto a su caso, y él nos dificulta aún más nuestro
trabajo.
—Sam, ve a la camilla a jugar con tus muñecos por
favor —Liz no quería que Samuel escuchara.
—¿Por qué dice que ha sido difícil doctor? ¿Qué es lo
que hace Nolan que dificulta su trabajo?
—Su esposo toma la personalidad de Ana cada vez
que alguno de nosotros quiere conversar con él, es un
mecanismo de defensa que le ha resultado efectivo, y
Ana es muy reservada, solo nos exige que dejemos en
paz a Nolan, que ella es la única que lo puede ayudar.
Esta información la hemos obtenido a base de
tratamiento con sedantes, Nolan regresa por momentos,
pero Ana sigue luchando para que los dejen tranquilos,
en realidad su caso es muy extraño, su mamá paso por
una depresión clínica severa a partir del día del
accidente hasta el día que falleció, tal vez ese suceso
también afecto la mente de Nolan.
—¿Puedo verlo? Liz preguntó al doctor.
—En este momento lo tenemos aislado en su cuarto
por su seguridad y la de los demás, pero puede
observarlo por la ventanilla si gusta.
—Sam, necesito que te quedes aquí un momento, el
doctor y yo saldremos un minuto.
—No se preocupe, mi secretaria cuidará que no vaya
a ningún lado.
Liz y el doctor Pauls caminaron por el pasillo
principal, un camino que Liz sintió eterno. Se
detuvieron en una de las puertas para abrir una
pequeña ventanilla y observar a Nolan.
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Liz tenía roto el corazón, su esposo estaba sentado en
el piso mirando hacia la nada, el cuarto acolchonado
evitaba que se hiciera daño, estaba completamente
quieto, solo parpadeaba. Liz no pudo ver más, cerraron
la ventanilla y se retiraron al consultorio, esa sería la
última vez que vio a Nolan.
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CAPÍTULO 19
EL VIAJE
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—Ana, apúrate, mi amor, ya tenemos que irnos.
David Franco tocó la puerta de la habitación de su
hija, les esperaba un viaje largo al aeropuerto.
—Voy, papá —Ana salió de su habitación unos
minutos después, Nolan estaba tras de ella ayudándola
con sus maletas.
—Hija no se te olvide tu pasaporte —Selene Franco
aconsejó a su hija, llegaba a ser muy olvidadiza, no
podían llegar al aeropuerto sin él, no les daría tiempo de
regresar a buscarlo.
—Nolan lo tiene en su boca mamá Ana volteó a ver a
su hermano para tomar el pasaporte, estaba triste, no
vería a su hermana en un año, su relación era muy
estrecha, era su mejor amiga, protectora y confidente.
—Ana, ya llegaron tus amigos, solo falta Niza —
Bashir, Alex, Luz y Tobías llegaron a la casa, Niza estaba
un poco retrasada y David Franco comenzó a subir las
maletas al automóvil.
—Tranquilo, papá, estamos a tiempo ¿verdad,
enano? Ana volteó a ver a su hermano menor, él sonrió.
Pasaron unos minutos, Nolan convivió con su
hermana y sus amigos esperando la llegada de la última
persona.
—Ya llegó Niza —Selene observó el taxi desde la
ventana. David se levantó del sofá para salir de la casa
y subirse a la minivan que rentó para llevar a los
muchachos al aeropuerto.
—Súbanse todos —los amigos de Ana pasarían unos
días con ella, aprovecharían para tomar sus vacaciones
en el lugar donde ella estudiaría su postgrado en
psicología.
Ana abrazó a su madre mientras una pequeña
lágrima de felicidad corrió por sus mejillas. Nolan
observó tristemente como su hermana se acercó a él y
le dio un cálido abrazo.
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—Enano, por favor no le causes problemas a papá,
¿ok? Te quiero muchísimo, recuerda que siempre estaré
para ti, siempre te protegeré, un año pasa rápido.
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SOBRE EL AUTOR
Fabián Alpuche nació en Chetumal, Quintana Roo;
desde pequeño se ha interesado en las expresiones
artísticas, desde la música hasta la escritura,
empezando a escribir desde temprana edad pequeños
poemas que compartía con su familia y que fueron
sembrando la inquietud por hilar palabras en una
trama complicada; paso a paso fue construyendo una
historia que hoy se muestra en las páginas de este libro.
Su primera novela, ANA, ha sido recibida con
grandes elogios del público.
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