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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DEL ESTADO DE MÉXICO

CENTRO UNIVERSITARIO UAEM ATLACOMULCO

LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA

RELACIÓN ENTRE DEPENDENCIA EMOCIONAL E


INDEFENSIÓN APRENDIDA EN MUJERES VÍCTIMAS DE
VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

TESIS
QUE PARA OBTENER EL TÍTULO DE
LICENCIADO EN PSICOLOGÍA

PRESENTA
VANESA JHOVANA PEÑA ARCE

No. DE CUENTA:
1424106

ASESOR
DR. ARTURO ENRIQUE OROZCO VARGAS

Marzo de 2019
ÍNDICE

AGRADECIMIENTOS…………………………………………………………………….4
RESUMEN......................................................…………………………………………5
ABSTRACT...................................................................………………………………6

INTRODUCCIÓN………………………………………………………………………….7

MARCO TEÓRICO

CAPÍTULO I. VIOLENCIA INTRAFAMILIAR……………………………………………9


1.1 Definición de violencia intrafamiliar……………………………………….....9
1.2 Causas del origen de la violencia intrafamiliar…………………………….11

1.3 Modelos teóricos que explican la violencia intrafamiliar………………….13


1.4 Formas de violencia intrafamiliar…………………………………………...16

1.5 Ciclo de la violencia intrafamiliar……………………………………………17


1.6 Características de una mujer víctima de violencia intrafamiliar………….20
1.7 Consecuencias de la violencia intrafamiliar……………………………….23

CAPÍTULO II. DEPENDENCIA EMOCIONAL…………………………………………31


2.1 Definición de dependencia emocional……………………………………..31
2.2 Causas de la dependencia emocional……………………………………..32
2.3 Modelos teóricos que explican la dependencia emocional………………35
2.4 Formación de la dependencia emocional………………………………….38

2.5 Características de la dependencia emocional…………………………….41


2.6 Dependencia emocional en mujeres maltratadas………………………...44

CAPÍTULO III. INDEFENSIÓN APRENDIDA………………………………………….48


3.1 Definición de indefensión aprendida……………………………………….48
3.2 Causas de la indefensión aprendida……………………………………….49
3.3 Modelos teóricos que explican la indefensión aprendida………………...52

3.4 Fases de la indefensión aprendida…………………………………………54


3.5 Consecuencias de la indefensión aprendida………………………………56

MÉTODO

Objetivos…………………………………………………………………………..59
Planteamiento del Problema…………………………………………………….59

Pregunta de Investigación……………………………………………………….62
Hipótesis…………………………………………………………………………..63
Tipo de Estudio…………………………………………………………………...63

Variables…………………………………………………………………………..63
Instrumentos……………………………………………………………………...64
Población………………………………………………………………………….69

Muestra……………………………………………………………………………69
Diseño de la Investigación……………………………………………………….69
Captura de Información………………………………………………………….69

Procesamiento de Información………………………………………………….70

RESULTADOS…………………………………………………………………………..71
DISCUSIÓN………………………………………………………………………………83
CONCLUSIONES………………………………………………………………………..86
SUGERENCIAS………………………………………………………………………….87

ÍNDICE DE TABLAS Y FIGURAS...........................................................................88


REFERENCIAS………………………………………………………………………….89
RESUMEN

La presente investigación tuvo por objetivo relacionar la dependencia emocional con


la indefensión aprendida en mujeres víctimas de violencia intrafamiliar que son
atendidas en una institución especializada en violencia ubicada en el municipio de
Atlacomulco, para lo cual fue necesario describir cada una de las variables con los
resultados obtenidos de los instrumentos aplicados y posteriormente mediante la
correlación de Pearson identificar si es que existía relación entre las variables en
cuestión.

Es así que de acuerdo con los resultados obtenidos, se encontró que la violencia
psicológica es el tipo de maltrato que tiene más prevalencia y que frecuentemente
genera más daño en las víctimas atendidas en dicha institución, además de que el
nivel de dependencia emocional predominante en las participantes es el alto,
mientras que el nivel de indefensión aprendida es el bajo, lo cual al realizar la
correlación correspondiente permitió que se aceptara la hipótesis de trabajo donde
se establece que existe relación entre variables por lo que a mayor nivel de
dependencia emocional mayor será el nivel de indefensión aprendida.

De esta manera es como se realizan algunas sugerencias tanto para la investigación


como para el Centro Universitario UAEM Atlacomulco y para la institución en la que
se llevó a cabo dicho trabajo, debido a que se encontraron datos que pueden dar
pauta para la realización de investigaciones futuras contribuyendo a que se indague
más acerca de dicha problemática y por consiguiente que se tomen las medidas
para disminuir o erradicar tal situación.

Palabras clave: víctimas, violencia intrafamiliar, correlación, dependencia


emocional, indefensión aprendida.

5
ABSTRACT

The aim of this research was to relate emotional dependence with the learned
helplessness in women victims of domestic violence who are cared for in an
institution specializing in violence located in the municipality of Atlacomulco, for
which it was necessary to describe each of the variables with the results obtained
from the instruments applied and later, by correlation of Pearson, to identify if there
was relationship between the variables in question.

Thus, according to the results obtained, it was found that the psychological violence
is the type of abuse that has more prevalence and that frequently generates more
damage in the victims served in that institution, in addition to the prevailing level of
emotional dependence in the participants is the high, while the level of learned
helplessness is the low, which in the corresponding correlation allowed to accept the
work hypothesis where it is established that there is relationship between variables
so that the higher level of emotional dependence will be the level of learned
helplessness.

This is how some suggestions are made for both the research and the University
Center UAEM Atlacomulco and the institution in which this work was carried out,
because data were found that can provide a guideline for future research, helping to
inquire more about the problem and therefore taking steps to reduce or eradicate
such a situation.

Key words: victims, domestic violence, correlation, emotional dependence, learned


helplessness.

6
INTRODUCCIÓN

Desde la aparición de la humanidad, las personas se han visto involucradas en un


conjunto de problemáticas que les impiden tener en menor o mayor medida un
bienestar y desarrollo óptimo, toda vez que dichas situaciones suelen generar
secuelas ya sea a corto o largo plazo dependiendo del nivel de afectación en la
persona; no obstante, de acuerdo con el Centro Nacional de Información [CNI]
(2018) uno de los acontecimientos que ha ido en aumento durante los últimos años
es la violencia, la cual es entendida como “el uso intencional de la fuerza o el poder
físico contra uno mismo u otra persona para causar lesiones o daños” (Organización
Mundial de la Salud [OMS], 2003).

De esta manera, la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el


Empoderamiento de las Mujeres [ONU Mujeres México] (2018) destaca que la
violencia de pareja o intrafamiliar es la que suele tener mayor prevalencia tanto a
nivel mundial y nacional ya que 6 de cada 10 mujeres refieren haber sufrido
agresiones por parte de su pareja en algún momento de su vida; lo cual “además
de las lesiones físicas sufridas como consecuencia directa de las agresiones, tiene
gran impacto psicológico y también supone un factor de riesgo para la salud a largo
plazo” (Koss, Koss & Woodruff, 1991).

Es así como el presente trabajo tiene como objetivo relacionar la dependencia


emocional con la indefensión aprendida en mujeres víctimas de violencia
intrafamiliar ya que en estudios realizados por el Instituto de la Mujer Oaxaqueña
[IMO] (2009) se ha encontrado que en su mayoría las mujeres que soportan el
maltrato son aquellas que padecen dependencia por lo que generan una falta de
autonomía y reaccionan con pasividad ante las agresiones por parte de su pareja.

Así pues, en primer momento se presenta el marco teórico donde se incluye


información tanto de violencia intrafamiliar como de dependencia emocional e
indefensión aprendida, esto para que se conozcan definiciones, antecedentes,
enfoques o modelos teóricos, causas, consecuencias y fases o ciclos de desarrollo
de las variables en cuestión, lo cual es importante tener en cuenta porque de esta

7
manera es como se puede explicar el fenómeno estudiado y por consiguiente
comprender y predecir comportamientos futuros.

En segundo momento se encuentra el método de trabajo donde se plantean los


objetivos de la investigación, se describe la importancia de desarrollar tal estudio,
así como la población y muestra con la que se trabajó, los métodos de recolección
de información, el procedimiento bajo el cual se obtuvo la información y como es
que se procesaron los datos obtenidos para finalmente cumplir los objetivos
planteados y por consiguiente aceptar o rechazar las hipótesis de trabajo.

Finalmente, se presentan los resultados obtenidos de los instrumentos aplicados


donde principalmente se describe la dependencia emocional y la indefensión
aprendida así como la relación que existe entre estas, lo cual da pauta a la discusión
donde se explica cómo se comportan las variables en cuestión de acuerdo con lo
encontrado tanto teóricamente como a lo largo de la investigación, esto con el
objetivo de aceptar o rechazar la hipótesis de trabajo y por consiguiente plantear
conclusiones y sugerencias tanto para la investigación, como para el Centro
Universitario y para la institución en la que se llevó a cabo dicho trabajo.

8
MARCO TEÓRICO

Capítulo I.

Violencia intrafamiliar

En el presente capítulo se incluye información acerca de la violencia intrafamiliar


comenzando con la definición de tal variable, las posibles causas que la originan,
algunos modelos teóricos que explican dicha situación, las formas en las que se
manifiesta, así como el ciclo y las características que presentan las personas que
se encuentran inmersas en esta problemática y finalmente se describen las
consecuencias que esta condición ocasiona en las víctimas.

1.1 Definición de violencia intrafamiliar


El término violencia tiene una raíz etimológica que remite al concepto de fuerza, el
cual se corresponde con verbos como violentar, violar o forzar; es así que se puede
definir como:
cualquier relación, proceso o condición por la cual un individuo o grupo
social viola la integridad física, psicológica o social de otra persona. Es
considerada como el ejercicio de una fuerza indebida de un sujeto sobre
otro, siempre que sea experimentada como negativa (Almenares, Louro
& Ortiz, 1999).

9
De acuerdo con tal definición se puede decir que la violencia involucra
comportamientos que una persona ejerce sobre otra con el objetivo de causarle
daño, sin embargo, estas actitudes son diversas y pueden suscitarse en diferentes
contextos principalmente en el familiar, dando lugar a lo que se denomina como
violencia intrafamiliar.

Cabe mencionar que el término de violencia intrafamiliar ha sido definido por


diversos autores entre los que destacan Palacio (1993), quien considera que la
violencia intrafamiliar es:
toda acción u omisión cometida en el seno de la familia por uno o varios
de sus miembros que de forma permanente ocasione daño físico,
psicológico o sexual a otros de sus miembros, que menoscabe su
integridad y cause un serio daño a su personalidad y/o a la estabilidad
familiar.

Por otro lado, en la Ley Contra la Violencia a la Mujer y la Familia (2014) se define
como violencia intrafamiliar a “toda acción u omisión que consista en maltrato físico,
psicológico o sexual ejecutado por un miembro de la familia en contra de la mujer o
demás integrantes del núcleo familiar”, mientras que el Consejo de Europa (citado
en Wiborg, Alonso, Fornes & Vai, 2000) propone que la violencia intrafamiliar es:
todo acto u omisión sobrevenido en el marco familiar por obra de uno de
sus componentes que atente contra la vida, la integridad corporal o
psíquica, o la libertad de otro componente de la misma familia, o que
amenace gravemente el desarrollo de su personalidad.

Es así como se puede notar que la violencia intrafamiliar hace referencia al uso de
poder que se tiene hacia un miembro de la familia, el cual se manifiesta mediante
agresiones tanto físicas como verbales que tienen por objetivo dañar la integridad
de la persona en cuestión, sin embargo, es importante destacar que principalmente
las víctimas suelen ser las mujeres cuyo rol es el de esposa y/o madre de familia.

10
Por lo tanto, para los fines de la presente investigación se empleó la siguiente
definición de violencia intrafamiliar:
Es el acto abusivo de poder u omisión intencional, dirigido a dominar,
someter, controlar o agredir de manera física, verbal, psicológica,
patrimonial, económica y sexual a las mujeres, dentro o fuera del
domicilio familiar, cuyo agresor tenga o haya tenido relación de
parentesco por consanguinidad o afinidad, de matrimonio, concubinato o
mantengan o hayan mantenido una relación de hecho (Flores, 2014).

1.2 Causas del origen de la violencia intrafamiliar


La violencia intrafamiliar es toda manifestación de fuerza ya sea física o verbal que
ejerce algún miembro del núcleo familiar sobre alguno de sus consanguíneos
trasgrediendo el bienestar tanto de la víctima como de los ofendidos; no obstante,
en diversos estudios se ha encontrado que principalmente son las mujeres quienes
son víctimas de los malos tratos de su pareja, y es que como señalan Cherniak,
Grant, Mason y Moore (2005) “todas las mujeres están en riesgo de violencia,
independientemente del nivel socioeconómico, raza, orientación sexual, edad, etnia,
estado de salud y la presencia o ausencia de pareja actual”.

Si bien, es cierto que cualquier persona es susceptible de ser víctima de eventos


violentos, pero se han encontrado algunas causas que pueden ser determinantes
para desencadenar episodios de violencia intrafamiliar, las cuales van desde lo
biológico al considerar que determinados problemas de desarrollo pueden ser los
responsables de las reacciones violentas que una persona pueda tener sobre otra,
entre los que destacan “las lesiones en el sistema límbico, en los lóbulos frontales
y temporales o anormalidades en el funcionamiento de la serotonina” (Garza, 1994).

Así mismo, los factores psicológicos también suelen asociarse a la aparición de


eventos violentos toda vez que “quienes más maltratan son aquellos que poseen
baja autoestima, los que tienen antecedentes de maltrato, los que están deprimidos,

11
los que tienen baja tolerancia a la frustración y los dependientes al alcohol”
(Yoshikawa, 1994).

Siguiendo esta misma línea, en diversos estudios se ha encontrado que “la


enfermedad mental también es un factor de riesgo para la violencia, por lo que el
riesgo de violencia está vinculado a características limítrofes o antisociales, con la
depresión, la distimia y trastornos de angustia” (Mulvey, 1994). De igual manera,
McNeil y Binder (1994) encontraron que “pacientes violentos internados fueron
diagnosticados más frecuentemente como esquizofrénicos, maniacos o poseedores
de algún trastorno orgánico, quienes a su vez poseían altos niveles de hostilidad,
suspicacia y agitación”.

Por otro lado, el IMO (2009) establece que la violencia intrafamiliar surge como
consecuencia de aspectos sociales tales como:
1. Los procesos de socialización y de incorporación de las personas a los
espacios donde aprenden y desarrollan formas de vida, pensamientos,
actitudes y expectativas sociales.
2. La desigualdad y el argumento de por qué algunas formas de violencia son
socialmente toleradas.
3. El entorno y, en particular, las relaciones sociales crean las condiciones
necesarias que generan la violencia contra las mujeres; mientras que el
abono lo aportan las creencias sobre lo femenino y lo masculino.
4. El comportamiento masculino de dominación y control toda vez que el
sistema patriarcal ha colocado a los hombres como los ostentadores de
prestigio social y, en consecuencia, de poder; mientras, las mujeres han
ocupado la “prestigiosa” posición secundaria y carente de poder.
5. La expansión de la violencia hacia los hijos debido a que también se
convierten en víctimas o en observadores de la violencia que se ejerce
principalmente sobre la madre. Este proceso favorece que desde temprana
edad, niñas y niños se vayan socializando con el ambiente de violencia,
mediante el cual se va creando la “normalización” del fenómeno, de manera

12
tal que los niños van aprendiendo a usarla y las niñas a padecerla y al llegar
a la edad adulta, el proceso está tan “normalizado” que no se cuestiona, pues
se ha aprendido a vivir en el esquema.

Las causas mencionadas permiten notar que los motivos por los cuales una persona
ejerce comportamientos violentos sobre otros pueden ser tanto internos como
externos, aunque es importante destacar que en su mayoría el contexto y la historia
personal son los principales factores que repercuten en el comportamiento de una
persona toda vez que esta va adquiriendo pensamientos, creencias y actitudes que
lo hacen formar cierta identidad y sentido de pertenencia en el medio que le rodea.

1.3 Modelos teóricos que explican la violencia intrafamiliar


La presencia de violencia en el entorno familiar aún sigue siendo un tema que causa
cierta controversia ya que por un lado se explica mediante aspectos propios de la
persona pero por otro lado también es posible explicar su existencia con base a
determinados modelos teóricos que han sido elaborados a raíz de las
investigaciones realizadas sobre la problemática en cuestión.

De esta manera, la teoría del aprendizaje social de Bandura postula que la conducta
violenta “se ve influida por la confluencia de factores biológicos, la experiencia
directa y el aprendizaje observacional, teniendo un mayor peso este último, y
planteando, a su vez, un determinismo recíproco entre estos tres factores”
(Bandura, 1987).

En lo que respecta a las variables biológicas refiere que aspectos genéticos u


hormonales influyen en el desarrollo físico y éste a su vez repercute en la conducta
del individuo, mientras que la experiencia facilita la formación de pautas de conducta
nuevas y “los procesos de aprendizaje parten de la observación (aprendizaje
vicario), la imitación del comportamiento y las instrucciones directas de los padres

13
determinando así el origen de esquemas que guían la acción del niño y permiten la
incorporación de modelos de comportamiento” (Garrido, Herrero & Massip, 2004).

Así mismo, la teoría sobre el procesamiento de la información social de Dodge parte


de la importancia del conocimiento social sobre el mundo que el niño desarrolla y la
influencia que dicho conocimiento ejerce sobre la conducta de los menores, por lo
que uno de sus colaboradores propone que “las experiencias vitales, a través de la
crianza o la exposición a la violencia en diversos medios, llevan a algunos individuos
a desarrollar representaciones mentales acerca de las conductas agresivas en las
interacciones sociales” (Huesmann, 1988).

De este modo, cabe destacar que la teoría de Dodge tiene una postura
biopsicosocial toda vez que atribuye la aparición de conductas violentas tanto a
aspectos biológicos como psicológicos y sociales, siendo estos últimos los que
ejercen mayor impacto durante la primer infancia, por lo que la teoría sobre el
procesamiento de la información social se refiere principalmente a las repercusiones
que tienen las experiencias tanto positivas como negativas experimentadas por la
persona en algún momento de su vida.

Por otro lado, el modelo de coerción de Patterson propone que:


A medida que el niño aprende habilidades más coercitivas, las disciplina
se vuelve más complicada de manera que con el paso del tiempo y el
entrenamiento, el niño y otros familiares aumentan gradualmente la
intensidad de los comportamientos de coacción, lo que a menudo
conduce a un incremento en la intensidad de las conductas, dando lugar
a la aparición de golpes y/o ataques físicos (Patterson, DeBaryshe &
Ramsey, 1989).

De acuerdo con lo anterior se puede decir que los modelos de crianza, el nivel de
atención de los padres hacia los hijos y la percepción que los menores tengan de la
interacción de sus padres suelen ser factores desencadenantes de conductas

14
violentas, por lo que si la relación de los progenitores no es tan cercana o los
cuidados que se dan a los hijos son mínimos, estos últimos tienden a desarrollar
comportamientos de indisciplina y violencia.

Así mismo, el modelo explicativo de la violencia filio-parental de Cottrel y Monk


establece que:
A través de la socialización en roles sexuales y estereotipos masculinos
sobre el poder y el control de la mujer, así como el rechazo de los límites,
el consumo de sustancias, la presencia de una disciplina rígida y punitiva
o bien situaciones de observación de violencia y/o victimización por
abuso físico, emocional o sexual contribuyen a la aparición de conductas
desadaptadas por parte de los menores (Monk, 1997).

No obstante, de acuerdo con Abbott, Johson, Koziol-McLain y Lowenstein (1995) el


comportamiento violento se explica a partir de un modelo psicopatológico donde
el origen de la agresividad radica en cuadros clínicos de psicopatología
sufridos por el agresor y por lo tanto la violencia es una conducta
patológica de un hombre psicológicamente perturbado, además de que
el estar bajo los efectos del alcohol propicia que se desencadenen crisis
de violencia al facilitar la desinhibición de los impulsos agresivos y
disminuir el autocontrol y los escrúpulos de orden moral.

Con base a lo anterior, se puede notar que la violencia intrafamiliar puede originarse
tanto por aspectos sociológicos, biológicos e incluso psicológicos, sin embargo,
para fines de la presente investigación se retoma el modelo de atribución de
causalidad de Peterson y Seligman (1981) quienes explican que la violencia surge
en función de tres dimensiones:
la primera referida al lugar o ubicación de causa interna o externa a la
persona, la segunda es la estabilidad concerniente a la naturaleza
temporal de una causa, que varía de estable a inestable; y finalmente la
especificidad, que precisa si unas determinadas consecuencias se deben

15
a una sola causa que repercute en un gran abanico de situaciones
(global) o si se limita a una situación concreta (específica).

Es así que la primera dimensión se refiere al nivel de culpabilidad que le atribuye la


víctima a su agresor, en la segunda dimensión se incluye la frecuencia con la que
se cree volverá a suceder un episodio de violencia y la tercer dimensión se enfoca
en estudiar las áreas afectadas a raíz de tales eventos violentos, por lo tanto, el
modelo planteado por tales autores difiere de otras teorías ya que explica la
conducta violenta desde la percepción que tiene la víctima sobre la situación que
está pasando y las causas que llevaron a su agresor a cometer tales actos, por lo
que se puede decir que la violencia no tiene un patrón establecido.

1.4 Formas de violencia intrafamiliar


La violencia es una problemática que ha resultado difícil de erradicar por la variedad
de manifestaciones que tiene que, si bien, pueden ser o no intencionadas por parte
del agresor para causar daños que vayan contra la integridad de su víctima, es así
como los tipos de violencia definidos por el Instituto Nacional de las Mujeres
[INMUJERES] (2009) son los siguientes:
a) Violencia psicológica: Es cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad
psicológica, que puede consistir en: negligencia, abandono, descuido
reiterado, celotipia, insultos, humillaciones, devaluación, marginación,
indiferencia, desamor, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo,
restricción a la autodeterminación y amenazas, las cuales conllevan a la
víctima a la depresión, al aislamiento, a la devaluación de su autoestima e
incluso al suicidio.
b) Violencia física: Es cualquier acto que inflige daño no accidental, usando la
fuerza física o algún tipo de arma u objeto que pueda provocar o no lesiones
ya sean internas, externas, o ambas.
c) Violencia patrimonial: Es cualquier acto u omisión que afecta la supervivencia
de la víctima. Se manifiesta en: la transformación, sustracción, destrucción,

16
retención o distracción de objetos, documentos personales, bienes y valores,
derechos patrimoniales o recursos económicos destinados a satisfacer sus
necesidades y puede abarcar los daños a los bienes comunes o propios de
la víctima.
d) Violencia económica: Es toda acción u omisión del agresor que afecta la
supervivencia económica de la víctima. Se manifiesta a través de limitaciones
encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones económicas, así
como la percepción de un salario menor por igual trabajo, dentro de un mismo
centro laboral.
e) Violencia sexual: Es cualquier acto que degrada o daña el cuerpo y/o la
sexualidad de la víctima y que por tanto atenta contra su libertad, dignidad e
integridad física. Es una expresión de abuso de poder que implica la
supremacía masculina sobre la mujer, al denigrarla y concebirla como objeto.
f) Violencia de género: Es una manifestación de las relaciones de poder
históricamente desiguales entre mujeres y hombres, relaciones que han
causado la dominación de la mujer por parte del hombre y la discriminación
contra la mujer, así mismo es todo ataque material y simbólico que afecta su
libertad, dignidad, seguridad, intimidad e integridad moral y/o física (Heise,
Pitanguy & Germain, 1994).
g) Cualquier otra forma análoga que lesione o sea susceptible de dañar la
dignidad, integridad o libertad de las mujeres.

1.5 Ciclo de la violencia intrafamiliar


La violencia al ser definida por algunos autores como un proceso o un conjunto de
actos de poder ejercidos hacia otra persona, así mismo, al tener diversas maneras
de manifestarla, va ocasionando que se forme un ciclo tanto en los agresores como
en las víctimas por lo que ciertos comportamientos indican el inicio de esta
problemática y algunos otros van mostrando cierto grado de avance o nivel de
afectación que va teniendo principalmente la víctima con el paso del tiempo.

17
De esta manera, Walker (1994) distingue que el ciclo de la violencia comprende tres
fases, las cuales pueden ser variables de una pareja a otra en cuanto a la intensidad
o duración, sin embargo, la primer fase denominada como acumulación de la
tensión se caracteriza porque
el agresor demuestra su violencia de forma verbal y, en algunas
ocasiones, con agresiones físicas, con cambios repentinos de ánimo, que
la mujer no acierta a comprender y que suele justificar, ya que no es
consciente del proceso de violencia en el que se encuentra involucrada.
De esta forma, la víctima siempre intenta calmar a su pareja, complacerla
y no realizar aquello que le moleste, con la creencia de que así evitará
los conflictos e, incluso, con la equivoca creencia de que esos conflictos
son provocados por ella, en algunas ocasiones.

Es así como esta primer fase se considera de baja intensidad toda vez que las
agresiones tienden a ser en su mayoría de carácter verbal, además de que suele
marcar el inicio de la violencia en la relación de pareja, por lo que la víctima aún no
se percata de que esta en dicha situación o en caso de que ya se haya dado cuenta,
intentará justificar las acciones de su agresor como parte de una negación de la
problemática que está enfrentando.

No obstante, en la segunda fase denominada agresión aguda estalla la violencia,


ya sea física, psicológica y/o sexual, toda vez que implica una descarga sin control
de las tensiones acumuladas las cuales pueden ser mediante abuso sexual,
amenazas, patadas, mordidas, golpes e incluso uso de armas; es así que en esta
etapa los actos de violencia son más severos y frecuentes ocasionando en la víctima
estados de ansiedad, temor y aislamiento, lo cual origina que se nieguen a los
hechos y traten de minimizarlos o justificarlos.

De modo que, la fase descrita suele ser la de mayor riesgo e impacto para la víctima
debido a que la intensidad del maltrato es superior en comparación con la primera
fase, así mismo, si no se toman las medidas correspondientes para erradicar las

18
situaciones de violencia, estas pueden incrementar en frecuencia y magnitud, por lo
que después de cierto periodo de tiempo comienzan a notarse secuelas tanto físicas
como psicológicas.

Sin embargo, esto da pauta a la tercera fase denominada conciliación o “luna de


miel”, la cual se caracteriza por un período de calma, no violento y de muestras de
amor y cariño donde el golpeador puede tomar cierta responsabilidad por el episodio
agudo, dándole a la pareja la esperanza de algún cambio en la situación a futuro
debido a que promete que no volverá a repetirse y que ha explotado por otros
problemas ajenos a él, o bien, hace creer a la víctima que tales agresiones se han
dado como consecuencia de una actitud de ella o que ella lo provocó.

De acuerdo con lo anterior, cabe mencionar que dicha etapa genera cierta
tranquilidad en la víctima porque esta considera que fue la última vez que recibió
agresiones y se comienza a formar ideas positivas respecto al futuro de su relación
de pareja, pero esta suele ser una estrategia por parte de los agresores para calmar
a su víctima y por consiguiente lograr que esta permanezca a su lado con la creencia
que todo va a cambiar, lo cual no es así ya que en poco tiempo aumentará la
irritabilidad y la tensión dando apertura nuevamente al ciclo de violencia.

Por tanto, se puede notar que la violencia suele comenzar con acciones que podrían
parecer insignificantes para la víctima pero que con el paso del tiempo van
aumentando en intensidad y frecuencia, ocasionando que se caiga en el ciclo de la
violencia por permitir los malos tratos y por creer que en algún momento tal situación
desparecerá, ya que es importante mencionar que al tratarse de un ciclo, este tiende
a repetirse cuantas veces sea permitido por las personas involucradas, hasta el
momento en que una o ambas partes decidan romper con tal situación.

19
1.6 Características de una mujer víctima de violencia intrafamiliar
La violencia intrafamiliar al ser una problemática de tipo social, no distingue entre
nivel educativo o condición socioeconómica de las personas que se ven inmersas
en tal situación, y es que en diversos estudios se ha demostrado que intervienen
otros aspectos como la cultura, la historia personal y circunstancias propias de las
víctimas, es decir, no se tiene establecido un patrón que permita identificar qué
población es la más susceptible de sufrir malos tratos por parte de su pareja.

No obstante, se ha encontrado que quienes tienen antecedentes de violencia


principalmente a manos de los propios padres, así como quienes refieren haber sido
testigos de episodios de violencia en su familia de origen, son más propensos a
sufrir malos tratos por parte de su pareja, aunque es importante destacar que tal
condición puede variar de una persona a otra, por lo que no es una regla que
siempre se cumplirá ya que como se mencionaba, intervienen aspectos tanto
internos como externos.

Así pues, Guerra (s.f.) refiere que la mayoría de mujeres que sufren violencia por
parte de sus parejas tienden a presentar las siguientes conductas:
1. Tener perfectamente asumido su rol sexual y las obligaciones que se derivan de
él por lo que conservan actitudes y creencias sexistas.
2. Existencia de una serie de cogniciones previas al comienzo del abuso conyugal,
tales como pensar que los golpes son cosa normal en el matrimonio, lo cual
contribuye a que aumente su situación de vulnerabilidad una vez que ocurre la
violencia.
3. Minimizar y racionalizar la violencia cometida contra ellas, buscando el bienestar
de su familia, sin apreciar su propia vida, que consideran destrozada e inútil.

De este modo es como se puede notar que ciertos factores pueden considerarse
como predictores para la aparición de cualquier tipo de violencia, pero existen otros
tales como “las humillaciones y desvalorizaciones constantes, las agresiones y
castigos incongruentes, el refuerzo de conductas de sometimiento o el progresivo

20
aislamiento social” (Zubizarreta et al., 1994) que suelen marcar el inicio de dicha
problemática en la pareja y que pueden incrementar en frecuencia e intensidad si
no se solicita la ayuda correspondiente para detener tal situación.

De ahí que las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar al estar expuestas al


maltrato por parte de su pareja desarrollen una serie de características que las
hacen estar propensas a sufrir cualquier tipo de agresiones a lo largo de su relación,
las cuales de acuerdo con Torres (2018) son las siguientes:
1. Reaccionar de forma defensiva con facilidad: Quienes han sufrido malos tratos
de manera continuada acostumbran a sobresaltarse o a adoptar una postura
defensiva rápidamente cuando notan que alguien quiere tocarlas de manera
inesperada.
2. Mostrar una sumisión explícita con frecuencia: Las mujeres maltratadas abrazan
el hábito de mostrarse sumisas ante la persona que las ataca, pero
frecuentemente también adoptan este estilo de comportamiento con “figuras de
autoridad”, por lo que en algunos casos evitan el contacto visual manteniendo la
mirada baja.
3. Signos de estrés: En muchos casos los niveles de estrés se mantienen altos
durante mucho tiempo, lo cual se plasma en cansancio, problemas de sueño,
respiración acelerada y posturas corporales que denotan rigidez de los
músculos.
4. Baja autoestima: Las víctimas manifiestan creencias relacionadas a su
incapacidad para realizar tareas relativamente sencillas, y tenderán a desconfiar
de su propio punto de vista.
5. Mostrar poco la piel: Quienes han sufrido abusos físicos tienden a adoptar una
apariencia que les permita ocultar marcas provocadas por su agresor.
6. Actitud desconfiada: En su mayoría, las mujeres maltratadas se ven forzadas a
ocultar mucha información sobre sus vidas por miedo, y eso hace que eviten
situaciones en las que deben hablar sobre sí mismas, incluso en las relaciones
con sus amistades y sus familiares.

21
7. Cargar con culpas: Cuando algo sale mal, las víctimas tienden a asumir que la
responsabilidad ha sido suya, incluso cuando falta información sobre lo que ha
pasado y se genera una cierta ambigüedad. Esto es uno de los indicios de su
falta de autoestima, y es también un mecanismo de protección para evitar
agravar el problema, ya que en situaciones de abusos constantes el maltratador
echa las culpas a la mujer maltratada de manera sistemática debido a que no
quiere ser cuestionado.
8. Sentir vergüenza con facilidad: La baja autoestima también ocasiona que sea
más fácil avergonzarse ya que las víctimas de maltrato aprenden que las
personas muestran un nivel de exigencia muy alto, y que salirse de esos
esquemas de perfección “no es normal”.
9. Evitar llegar al lugar del maltrato: Se refiere a cuando las víctimas intentan
retrasar su llegada a un lugar en el que las espera su agresor, para ello realizan
actividades que les permitan “matar el tiempo”.
10. Anticipar el enfado del maltratador y evitar ciertas preguntas: Las mujeres
maltratadas tienden a evitar preguntarle ciertas cosas a su agresor ante la
previsión de que este entre en cólera, lo cual origina que la comunicación entre
ambos sea poco fluida, llena de silencios y momentos en los que la mujer duda
acerca de lo que quiere expresar.

Por tanto, se puede notar que no existe un modelo específico que permita predecir
si una persona va a ser víctima de violencia en algún momento de su vida, pero si
se tienen algunos factores que podrían contribuir a identificar si es que ciertas
mujeres son susceptibles de verse afectadas por dicha problemática, así mismo,
determinadas conductas ayudan a detectar cuando alguien está siendo víctima de
malos tratos por parte de su pareja ya que los cambios en el comportamiento son
significativos cuando se está viviendo tal situación.

22
1.7 Consecuencias de la violencia intrafamiliar
El impacto que tiene la violencia sobre sus víctimas suele ser de gran trascendencia
ya que al ser una problemática cuyas formas de manifestarse son tan diversas,
estas tienden a generar secuelas que afectan las diferentes áreas en las que se
encuentra inmersa la persona en cuestión, es así que entre las principales
consecuencias se encuentran las de tipo físico, psicológico y social.

1.7.1 Consecuencias físicas


En cuanto a las consecuencias físicas, estas van desde la presencia de moretones
y golpes hasta lesiones o fracturas de menor o mayor grado dependiendo de la
intensidad de la agresión; no obstante, es importante mencionar que un alto
porcentaje de estas heridas requieren de tratamiento médico, pero las víctimas se
niegan a solicitarlo ya sea por falta de recursos, para ocultar lo que les ocurre o para
evitar futuros maltratos por parte de su pareja.

Así mismo, el Instituto de Psicología Integral Riqchariy [IPIR] (2015) refiere que “la
violencia familiar provoca un debilitamiento en las defensas físicas debido al estrés
que provoca el maltrato, el auto descuido y una mayor proclividad a tomar riesgos”,
por lo que es común que quienes se encuentren en dicha situación padezcan
enfermedades autoinmunes, o bien, recurran al consumo de sustancias como el
alcohol o determinadas drogas para ocultar su dolor.

Del mismo modo, otra consecuencia de tipo físico son los embarazos no deseados,
los cuales pueden ser causados por una violación o por no usar métodos
anticonceptivos, y es que cuando las víctimas ya se encuentran en una fase
avanzada de violencia, estas suelen ser forzadas a tener relaciones sexuales con
su pareja y sobre todo a hacerlo sin usar algún anticonceptivo, por lo que ante el
temor de ser golpeadas o abandonadas ellas ceden sin importar las repercusiones
que dicha situación les genere, así mismo, por falta de comunicación con su
cónyuge se tiende a no abordar este tipo de temas y por consiguiente no tener una
vida sexual responsable y plena.

23
1.7.2 Consecuencias psicológicas
En diversos estudios se ha encontrado que las consecuencias psicológicas son las
que tienen mayor impacto en las víctimas de violencia intrafamiliar debido a que su
gravedad suele ir aumentando con el paso del tiempo si no se detienen los malos
tratos, por lo que a largo plazo ciertas repercusiones emocionales podrían dar
apertura a la presencia de algún trastorno.

De esta manera, la Asociación Mujeres para la Salud [AMS] (2017) destaca que
entre los problemas emocionales más frecuentes se encuentran “el miedo, estrés,
la conmoción psíquica aguda, desorientación, sentimientos de subordinación,
dependencia, sometimiento, sentido de culpabilidad, desmotivación, profunda
ausencia de esperanza, incertidumbre, impotencia, irritabilidad, dudas e
indecisiones por bloqueo emocional”.

No obstante, es importante resaltar que las situaciones mencionadas son la base


para la aparición de otras problemáticas cuyos efectos son mayormente
significativos en la vida de las víctimas toda vez que afectan los diversos ámbitos
en los que estas se desenvuelven, de ahí que los problemas con mayor prevalencia
sean la baja autoestima, alteraciones en los hábitos alimenticios y del sueño,
trastornos psicosomáticos, ansiedad, adicciones, depresión, estrés postraumático,
síndrome de la mujer maltratada e intentos de suicidio.

Así pues, respecto a la baja autoestima se ha notado que con el paso del tiempo y
conforme siguen avanzando los episodios de violencia en la pareja, esta presenta
una disminución hasta llegar a niveles muy bajos, lo cual se manifiesta mediante “la
tendencia de sentir y pensar constantemente en forma negativa, de vivir a la
defensiva y tener una comunicación evasiva, tener miedo al cambio y no poner
límites en las relaciones por miedo a ser abandonadas” (Valencia, 2011).

Ahora bien, en cuanto a los hábitos alimenticios se denotan ciertas alteraciones ya


sea por tener un incremento o una disminución del apetito, lo cual origina que la

24
persona afectada tenga cambios significativos en su peso, o en su caso, desarrolle
enfermedades gastrointestinales como consecuencia de una alimentación
desequilibrada; así mismo, en los hábitos del sueño se tienen algunas
modificaciones toda vez que las víctimas “presentan dificultad para dormir, tienen
pesadillas en las que reviven lo pasado, permanecen en alerta continua,
hipervigilantes, irritables y con dificultades de concentración” (Zubizarreta et al.,
1994).

Por otra parte, el IPIR (2015) refiere que “los estados depresivos, las situaciones de
tensión emocional prolongada y el estrés, producen disminución en las
inmunodefensas, por esto cuando la respuesta inmunológica se halla disminuida,
se pueden presentar síntomas y enfermedades somáticas”, los cuales pueden
afectar tanto a una parte del cuerpo como una función, es por ello que la presencia
de trastornos psicosomáticos “se manifiestan en la persona que sufre de violencia
con dolores de cabeza, caída del cabello, pérdida del apetito, ansiedad crónica,
fatiga, problemas intestinales y alteraciones menstruales” (Aguirre, 2012).

Cabe destacar que otra reacción bastante frecuente en las víctimas de violencia
intrafamiliar es la ansiedad ya que al encontrarse constantemente en peligro, estas
tienden a permanecer en estado de alerta ante las posibles agresiones por parte de
su pareja, “por ello no es de extrañar que las mujeres maltratadas presenten
síntomas de ansiedad tales como trastornos del sueño, palpitaciones, temblor o
nudo en la garganta casi desde el comienzo del maltrato” (IPIR, 2015).

Es por ello que algunas víctimas buscan alternativas que les permitan olvidar por un
momento su situación, por lo que “el uso de psicofármacos, ansiolíticos e hipnóticos,
es frecuente en las mujeres maltratadas y la mayoría los usa como una forma de
disminuir los síntomas de ansiedad” (Arias, 2011); sin embargo, tales sustancias
pueden desencadenar cierta dependencia o adicción a las mismas debido a que los
efectos producidos les permiten a las personas afectadas sobrellevar su

25
problemática y dejar de sentir sentimientos de culpa o impotencia por estar viviendo
episodios de violencia y por no ser capaz de erradicarla.

De este modo, con relación a la depresión Gascón (2003) destaca que entre los
principales síntomas que presentan las víctimas de violencia intrafamiliar se
encuentran los siguientes:
1. Baja autoestima.
2. Respuestas emocionales limitadas.
3. Altos niveles de autocrítica.
4. Dificultades para formar y retener relaciones íntimas.
5. Sensación persistente de tristeza, ansiedad, vacío y desamparo.
6. Sentimientos persistentes de falta de esperanza, pesimismo y culpa.
7. Pérdida de interés o placer en actividades que anteriormente se experimentaban
con alegría.
8. Insomnio, despertarse de madrugada de una manera crónica o estar
constantemente dormido.
9. Falta de apetito y pérdida de peso o por el contrario comer constantemente y
ganar peso.
10. Descenso de energía, fatiga constante y sensación de estar y sentirse con
menos fuerza.
11. Pensamientos de muerte o suicidio.
12. Irritabilidad y desasosiego.
13. Dificultad para concentrarse, para recordar y para tomar decisiones.
14. Síntomas físicos persistentes tales como dolores de cabeza, desórdenes
digestivos y dolores crónicos.

De ahí que dicha consecuencia sea una de las más significativas en la vida de la
víctima debido a que afecta diversas áreas de desarrollo de esta e incluso podría
traer consigo otra serie de repercusiones, y es que de acuerdo con Núñez y Carvajal
(2004) “en casos más severos, la mujer empieza a pensar y planificar su muerte y
la de su agresor, hasta llegar al intento de suicidio, o en el peor de los casos, a la

26
autoeliminación”, todo ello para terminar con los malos tratos y dejar de sentir culpa
por la situación en la que se encuentra inmersa.

Así mismo, el estrés postraumático es otra de las consecuencias significativas en


las víctimas debido a que suele ser de las primeras en aparecer y la que perdura
durante todo el ciclo de la violencia e incluso después de que se rompe con este,
de manera que las mujeres maltratadas con dicho trastorno tienden a revivir
constantemente el acontecimiento traumático ya que ciertas situaciones les hacen
recordar la problemática que están sufriendo o que vivieron en algún momento de
su vida.

De acuerdo con Núñez y Carvajal (2004) “cuando el individuo se expone a estímulos


desencadenantes que recuerdan o simbolizan un aspecto del acontecimiento
traumático, suele experimentar un malestar psicológico intenso o respuestas de tipo
fisiológico”, es por ello que los principales síntomas presentes en las víctimas de
violencia intrafamiliar incluyen una disminución de la capacidad para sentir
emociones, dificultades para dormir o concentrarse, estar constantemente alerta,
pérdida de interés por actividades que antes resultaban gratificantes y alejamiento
o enajenación de los demás.

Sin embargo, cabe resaltar que cuando ya se ha perdido toda esperanza de


erradicar el maltrato en la pareja o bien cuando los episodios de violencia han sido
continuos y persistentes durante un lapso de tiempo prologando, las víctimas se
involucran en un proceso patológico de adaptación denominado “Síndrome de la
mujer maltratada”, el cual de acuerdo con el IMO (2009) se integra por los siguientes
elementos:
a) Indefensión aprendida: Como consecuencia de la baja autoestima, la víctima
termina asumiendo que ella es la culpable de los malos tratos que su pareja tiene
hacia ella, por lo que ya no trata de contener los actos violentos ni toma las
medidas necesarias para erradicar dicha situación.

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b) Pérdida de control: Se refiere a la postura de pasividad que la víctima toma ante
la situación violenta que está viviendo, lo cual ocasiona que esta ya no piense
en posibles medidas para poner fin a su problema sino que dejará que la solución
recaiga en terceras personas.
c) Baja respuesta conductual: La manera de actuar de la víctima en los diferentes
contextos tiende a ser pasiva y por consiguiente suele mostrarse indiferente ante
cualquier situación incluso a la violencia que sufre, ya que de esta manera es
como puede sentir menos culpa y así limitar su capacidad de oponerse a ésta.
d) Identificación con el victimario: Una vez que la mujer decide no continuar con la
búsqueda de estrategias que le permitan evitar el maltrato, intentará justificar
todas las actitudes violentas que su agresor tenga hacia ella, principalmente si
estos ocurren ante la presencia de otras personas.
e) Dependencia: El constante paso de un estado de tensión a uno de afecto
ocasiona que la mujer maltratada sienta cierta necesidad de permanecer con su
agresor ante la preocupación de lo que hará si es que decide dejarlo, no
obstante, dicha situación puede empeorar cuando la dependencia también es
económica.

Por el contrario, como consecuencia de intentos fallidos para darle fin a los
episodios de violencia así como de la desesperación de las víctimas por salir de tal
situación, se toma como posible alternativa el suicidio que de acuerdo con el IPIR
(2015) es “un testimonio dramático de la escasez de opciones de que dispone la
mujer para escapar de las relaciones violentas”, es por ello que muchas víctimas
consideran que la mejor forma de terminar con los malos tratos es quitándose la
vida, sin embargo, quienes tienden a ejecutar dicha acción son principalmente
aquellas cuyo agotamiento emocional y físico es altamente intolerable.

1.7.3 Consecuencias sociales


Con relación al impacto social que genera la violencia intrafamiliar, cabe destacar
que esta afecta principalmente las relaciones interpersonales de la víctima debido
a que tienden a mantener “actitud de desconfianza y hostilidad hacia todo el mundo,

28
aislamiento social, sentimiento de peligro y amenaza constantes por parte de todo
lo que les rodea” (García, 2018), es por ello que se alejan tanto de personas
cercanas como del resto de la sociedad, ocasionando que pierdan redes de apoyo
cuya ayuda podría contribuir a sobrellevar o erradicar la situación que están
viviendo.

Así pues, de acuerdo con el Fondo de Población de las Naciones Unidas [UNFPA]
(2005) la participación social de la víctima suele verse perjudicada toda vez que
presenta:
a) Pérdida de posibilidades de satisfacer sus necesidades e intereses, por no poder
ejercer control sobre sus condiciones de vida, independientemente de sus
capacidades.
b) Baja participación en la toma de decisiones en el hogar y en el medio.
c) Limitación del acceso a la educación, la formación laboral, la movilización
personal y la participación social y política.
d) Imposibilidad de ejercer sus derechos.

No obstante, el ámbito laboral también suele verse afectado con la presencia de


violencia dentro del hogar ya que en casos donde la persona afectada tiene un
empleo o realiza actividades que le permiten tener un ingreso económico, se
comienza a notar un incremento de ausentismo, así como una disminución del
rendimiento laboral, el cual podría terminar en el abandono del trabajo si es que los
malos tratos persisten después de cierto periodo de tiempo.

De esta manera, la AMS (2017) destaca que las consecuencias de la violencia


intrafamiliar suelen generar cambios culturales tanto en las víctimas como en las
personas que presencian los actos violentos, que en su mayoría tienden a ser los
hijos, ya que estos empiezan a percibir la violencia como algo normal dentro del
matrimonio, además de que comienzan a interiorizar el machismo y ciertos roles
sexistas, por lo que las conductas de los menores en un futuro pueden ser tanto
agresivas como de sumisión.

29
Por lo tanto, con base a lo anterior es como se puede notar la gravedad de la
violencia debido a que suele tener una serie de repercusiones que afectan diversos
ámbitos de la vida de las víctimas y no solo eso sino que también representa un
problema para las personas cercanas a estas, sin embargo, muchos sujetos suelen
acostumbrarse a vivir en esta situación por lo que tienden a verla como algo común
y no toman las medidas necesarias para erradicarla ni solicitan la ayuda
correspondiente para tratar ciertos signos y síntomas ocasionados por la misma.

30
Capítulo II.

Dependencia emocional

La violencia intrafamiliar es una problemática que afecta a las víctimas a nivel físico,
psicológico y/o social, no obstante, entre las principales consecuencias se
encuentra la formación de dependencia emocional, es por ello que en el presente
capítulo se incluye información correspondiente a dicha variable, teniendo en primer
lugar su definición, posteriormente las causas que la originan, algunos modelos
teóricos que explican tal condición, las fases y características por las que pasan las
personas en este estado y finalmente se explica cómo es que la dependencia
emocional se desarrolla y actúa en las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar.

2.1 Definición de dependencia emocional


El término dependencia emocional ha sido definido a lo largo del tiempo por diversos
autores, lo cual ha permitido distinguir diversos enfoques y características que
amplían tal concepto, es así que en primer lugar se tiene la definición de Hirschfeld
et al. (1977) quienes conciben dicha variable como “la sobre-dependencia en una
relación interpersonal importante, que afecta tanto la visión de sí mismo como al
tipo de relaciones que se mantienen con los demás”; así mismo, Rathus y O´Leary
(1997) complementan tal definición mencionando que “esto se debe a que el
dependiente emocional basa su bienestar personal en los sentimientos de su
pareja”.

No obstante, Castelló (2005) refiere que la dependencia emocional es una


“dimensión disfuncional de un rasgo de personalidad, que consiste en la necesidad

31
extrema de orden afectiva que una persona siente hacia su pareja”, mientras que
Lemos, Londoño y Zapata (2007) afirman que es “un patrón de componentes
emocionales, cognitivos, motivacionales y comportamentales orientados a la
búsqueda de la proximidad del otro para la consecución de sentimientos de
satisfacción y seguridad”.

Es así como se puede decir que la dependencia emocional es un conjunto de


pensamientos y conductas orientados a la permanencia de la vida en pareja ya que
esta brinda cierta estabilidad y seguridad al dependiente, además de que satisface
determinadas demandas afectivas que este pudiese tener sin importar que se
reciban malos tratos e incluso se tenga que asumir una postura de sumisión ante la
pareja ya que de esta manera se evitan los sentimientos de soledad y abandono.

Por lo tanto, para los fines de la presente investigación se tomó como referencia la
definición propuesta en un segundo momento por Castelló (2005) donde menciona
que la dependencia emocional es un “patrón crónico de demandas afectivas
frustradas, que buscan desesperadamente satisfacerse mediante relaciones
interpersonales estrechas, afectando la cognición, la afectividad, la actividad
interpersonal y el control de los impulsos”.

2.2 Causas de la dependencia emocional


La dependencia emocional al ser un patrón de conductas afectivas frustradas suele
tener origen principalmente por vivencias o situaciones del pasado que buscan ser
reparadas mediante ciertos comportamientos ya que
el desarrollo emocional y cognitivo, tanto el sano como el patológico, no
es fruto únicamente de una serie de experiencias, aprendizajes o
actitudes de los demás, es también el conjunto de acciones y reacciones
que el sujeto, en tanto organismo individual y activo, lleva a cabo en sí
mismo y en su medio (Castelló, 2005).

32
Es así como en diversos estudios se ha encontrado que algunos acontecimientos
vividos en la infancia suelen ser factores desencadenantes de la dependencia
emocional, los cuales de acuerdo con Castelló (2005) son los siguientes:
1. Factores Causales: Son aquellas situaciones a las que se expone la persona en
algún momento de su vida y que originan futuras pautas de comportamiento,
entre las que se encuentran:
a) Carencias afectivas y relaciones insatisfactorias en fases tempranas de la
vida: Las personas tienden a recoger información del exterior que les
permiten formar esquemas sobre cómo actuar ante determinadas
circunstancias y lo que se espera de tales acciones, es así que en el caso de
los dependientes, tales pautas se ven alteradas toda vez que las personas
que consideran significativas no cumplen con lo que se tiene estipulado. De
esta manera, se hace notar una ausencia de cariño por parte de los padres,
el cual es sustituido por elementos negativos como el descuido, la
agresividad física y psíquica y algunas actitudes frías, lo cual ocasiona que
estas personas comiencen a asumir que no tienen que quererle, que alguien
le falte al respeto, le humille, le rechace o incluso le maltrate físicamente.
b) Subestimación: Durante la infancia los padres suelen estar continuamente
pendientes de sus hijos, tratando de brindar los cuidados y educación
necesarios que los guíen hacia un bienestar óptimo, sin embargo, en algunos
casos se puede caer en la sobreprotección e incluso en la subestimación de
los menores, considerando que estos son incapaces de realizar por sí solos
ciertas acciones, originando con ello que se interiorice la idea de que alguien
más les debe decir que hacer o que se debe actuar bajo la supervisión de
otras personas.
c) Mantenimiento de la vinculación y focalización excesiva en fuentes externas
de la autoestima: A lo largo de la vida las personas continuamente estarán
en búsqueda de la atención y afecto de las personas que consideran
significativas, lo cual trae consigo ciertas consecuencias como una
desatención de sí mismo, la excesiva sumisión y entrega para congraciarse
a tales individuos.

33
d) Factores causales de tipo biológico: La pertenencia a un sexo influye de
cierta manera para desarrollar dependencia emocional debido a que los
hombres tienen mayor facilidad para efectuar una desvinculación en
circunstancias adversas mientras que la mujer suele mantener una mayor
vinculación afectiva hacia los demás, lo cual la hace más susceptible de
presentar tal condición. Así mismo, el temperamento influye en la formación
de dependencia emocional ya que algunas personas tienen mayor
predisposición que otras a mantener la vinculación afectiva en circunstancias
desfavorables incluso si han estado expuestos a carencias emocionales
tempranas.
e) Factores socioculturales y género: La cultura es un factor determinante para
la formación de dependencia emocional debido a que se tienen muy
marcadas las diferencias entre el género masculino y femenino, por lo que al
hombre se le asigna un rol más individualista, agresivo, competitivo y con un
cierto desarraigo afectivo mientras que a la mujer se le otorga un papel más
comprensivo, moderado, con mayor tendencia a la empatía y al cuidado.
Además, en ciertas culturas se considera que la mujer debe someterse
incondicionalmente al marido, que debe ocupar un lugar secundario y que el
más importante es el hombre por lo que este será quien tome las decisiones
en la relación de pareja.

2. Factores mantenedores: De acuerdo con Castelló (2005) “la dependencia


emocional es un conjunto de rasgos de la personalidad disfuncionales, que como
tales son consistentes y estables en el transcurso del tiempo”, es por ello que
los factores mantenedores son aquellas circunstancias que permiten prolongar
y mantener las conductas dependientes en personas que han presentado alguno
de los factores causantes.

De esta manera, cabe resaltar que las carencias afectivas se mantendrán en la


mayoría de los sujetos con dependencia emocional, a pesar de que en el
transcurso de su vida encuentren personas afectuosas, así mismo, los rasgos

34
de personalidad no cambian de manera sustancial por lo que el sujeto
dependiente seguirá recibiendo escaso aporte emocional del ambiente.

Del mismo modo, Safran y Segal (1994) refieren que existen reacciones
complementarias que fortalecen la presencia de dependencia emocional ya que
estas suelen ser “un tipo de respuestas de las personas con las que
interactuamos que refuerzan nuestras propias pautas de interacción con ellos, y
que a su vez están parcialmente condicionadas por estas”, es por ello que en los
casos de dependencia emocional ambas partes tienden a complementarse toda
vez que el dependiente idealiza a su pareja mientras que esta demanda halagos
y se deja admirar.

Por tanto, las causas mencionadas permiten distinguir que las situaciones vividas
durante la infancia suelen ser determinantes para la consolidación de la
personalidad, así como para la formación de ciertas pautas de comportamiento que
se verán reflejadas en posteriores etapas de desarrollo, las cuales pueden verse
reforzadas ante determinados acontecimientos a los que se va exponiendo la
persona a lo largo de su vida.

2.3 Modelos teóricos que explican la dependencia emocional


La dependencia emocional es una condición que puede ser explicada de acuerdo a
ciertos factores tanto internos como externos de la persona que la padece, sin
embargo, a lo largo del tiempo diversos autores han propuesto modelos teóricos
cuyo objetivo es exponer las principales causas que propician la aparición de dicha
variable, así como la manera en que se exterioriza durante las diferentes etapas de
la vida.

De este modo, Balint (1968) refiere que una falla básica en la vida de ciertos
individuos es la causa primordial para desarrollar dependencia emocional debido a
que esta “se experimenta cuando alguien ha defraudado a la persona, por un

35
cuidado deficiente, ansioso, rígido, fuera de tiempo, sobre estimulado o
simplemente incomprendido e indiferente”, lo cual tiene repercusiones
principalmente en las relaciones interpersonales futuras ya que constantemente se
está en la búsqueda de seguridad y de mantener una unión estrecha con los objetos
amados por lo que la separación podría implicar un desequilibrio emocional para el
dependiente.

Así mismo, el modelo de la dependencia emocional como apego propuesto por


Bowlby (1989) establece que “la seguridad emocional es la base de las relaciones
sociales a futuro y ello depende de la satisfacción a sus necesidades de apego”, lo
cual hace referencia a la búsqueda de proximidad que tienen las personas con sus
cuidadores durante sus primeros años de vida, es por ello que si la relación tiende
a ser positiva producirá sentimientos de agrado, placer y seguridad mientras que
una relación negativa generará inseguridad e insatisfacción en el menor, de modo
que esto “en la adultez se traduce como la percepción negativa de la imagen de uno
mismo y muy positiva de los demás, el temor intenso al abandono y separaciones,
y el extremado aferramiento para evitarlas” (Castelló, 2005).

Por otra parte, en el modelo cognitivo de Beck y Freeman (1995) se propone que la
dependencia emocional surge “a partir de las ideas o pensamientos que tiene la
persona sobre sí misma y la manera en cómo procesa la información del exterior, lo
que le lleva a configurar nuevos esquemas de creencias que fortalecen las
creencias nucleares”, es decir, la percepción que tengan los individuos sobre lo que
ocurren en su entorno influye de manera significativa para la formación de ciertos
juicios y pautas de comportamiento que les sirven para cumplir con lo que está
estipulado en la sociedad.

No obstante, el modelo relacional de la dependencia emocional destaca que:


en la formación de la pareja se da implícita o explícitamente una forma
de convivencia sobre el lugar y la función de cada miembro, respecto a
la posición de poder de cada uno (simetría: equilibrada y o

36
desequilibrada) y a la compatibilidad y suficiencia de ambos respecto al
todo (complementariedad: satisfactoria o insatisfactoria) (Villegas, 2005).

En otras palabras, las conductas que se tengan en una relación de pareja suelen
determinar el tipo de rol que cada parte asumirá a lo largo de esta, por lo que si en
dicha relación se desempeñan papeles de poder y sumisión esto dará origen a la
presencia de dependencia emocional ya que se tendrá la necesidad constante de
satisfacer al ser amado y por consiguiente evitar que la relación llegue a su fin, lo
cual suele ser devastador para los dependientes emocionales.

Es así como surge el modelo de la vinculación afectiva, el cual manifiesta que:


la extrema necesidad de tipo amoroso que experimenta un individuo por
otro, generalmente se da en las relaciones de pareja, con una importante
tendencia de incluir este tipo de comportamiento a lo largo de su vida,
llevándolo a adoptar actitudes poco saludables para encontrar ese muy
ansiado afecto y conservarlo, como la subordinación y sumisión
(Castelló, 2005).

De acuerdo con lo anterior, se puede notar que la dependencia emocional no solo


se dirige hacia una persona sino que puede ser hacía varias debido a que los
individuos afectados por dicha problemática suelen estar en constante búsqueda de
afecto y seguridad, por lo que en sus diferentes relaciones de pareja tienden a
asumir un papel de subordinación o sumisión con el objetivo de satisfacer ciertas
necesidades afectivas.

Sin embargo, para los fines de la presente investigación se empleó el modelo de


atribución de causalidad de Peterson y Seligman (1981) donde se establece que:
en el intercambio con el ambiente un organismo recibe información sobre
el grado objetivo de contingencia entre acontecimientos, sea entre
respuestas y consecuencia, esta información es procesada y

37
transformada en una representación subjetiva del grado de contingencia
o expectativa, tal expectativa es la causa de los déficit conductuales.

Es así como desde este enfoque se puede explicar la presencia de dependencia


emocional debido a que de acuerdo a la información que se recaba del exterior así
como de los acontecimientos considerados como traumáticos es como se producen
ciertos cambios y alteraciones emocionales, por lo que en el caso de los
dependientes estos suelen formarse algunas expectativas acerca de sus relaciones
interpersonales y por consiguiente tenderán a actuar de acuerdo a como consideran
que obtendrán afecto y seguridad por parte de sus seres amados.

Cabe resaltar que el modelo planteado difiere de otras teorías ya que se centra en
el estudio tanto de las causas que llevan a un individuo a actuar de determinada
manera como de la percepción que tiene la persona sobre el problema en el que se
encuentra inmersa ya que esta va descubriendo por sí sola cuales fueron las
atribuciones que le llevaron a caer en dicha situación.

2.4 Formación de la dependencia emocional


La dependencia emocional al ser un patrón de demandas frustradas tiende a seguir
un modelo de conductas y pensamientos que buscan satisfacer las carencias de la
persona que la presenta, por lo que es importante mencionar que tales pautas de
comportamiento tienden a repetirse de manera progresiva durante las diferentes
relaciones de pareja en las que se encuentre inmerso el dependiente. Es así como
Castelló (2005) plantea que la dependencia emocional sigue un ciclo de formación
que puede tener ciertas variaciones a lo largo de sus fases toda vez que puede
haber regresiones, un estancamiento en alguna de las estas o una rápida progresión
hacia el final del ciclo.

De ahí que, la primera etapa denominada fase de euforia comienza con la búsqueda
de una persona que pueda satisfacer las necesidades de afecto demandadas por el

38
dependiente y una vez que esta se encuentra se tienden a liberar los sentimientos
de soledad, prestándole demasiada atención a la pareja con el objetivo de agradarle
y así preservarla por un periodo de tiempo prolongado, no obstante, tales conductas
suelen cautivar a la otra parte, lo cual ocasiona que se comience a presentar cierto
desequilibrio en la relación con la aparición de roles como el de sumisión y poder.

De esta manera, se da paso a la fase de subordinación donde se consolidan los


papeles que cada persona asumirá en la relación de pareja, por lo que el
dependiente ocupará el rol de subordinación mientras que el ser amado tendrá el
de dominación, en consecuencia, el primero se encargará de satisfacer a su pareja
y evitar rupturas en la relación ya que comienza a creer que su vida no tiene sentido
sin la presencia del ser querido, en cambio, el segundo reforzará las conductas del
dependiente ya que así gratifica su ego y aumenta su poder.

Así pues, con el paso del tiempo dichos roles se van interiorizando y pronunciando
cada vez más hasta llegar a la fase de deterioro donde el dependiente emocional
ya no actúa por iniciativa propia o convencimiento sino que ahora lo hace porque
así se lo demanda su pareja, lo cual hace notar que durante esta etapa el ser amado
es quien tiene el control de la relación por lo que en algún momento llegará a ejercer
maltrato tanto físico como psíquico hacia el dependiente con tal de que este siga
manteniendo una postura de sumisión y subordinación.

Cabe mencionar que la necesidad extrema de afecto obliga al dependiente


emocional a tolerar dichas conductas sin importar el sufrimiento que estas le
generen ya que de esta manera es como evita que la relación llegue a su fin y por
consiguiente que se pierda al ser amado, es por ello que dicha situación a largo
plazo tiene repercusiones principalmente a nivel psicológico comenzando con una
disminución significativa en la autoestima del dependiente hasta llegar a la
presencia de ciertos signos de ansiedad y depresión.

39
No obstante, conforme van aumentado las conductas violentas hacia el dependiente
es como este se va dando cuenta el daño que la relación le está generando mientras
que el ser amado comienza a cansarse de tal situación llegando así a la fase de
ruptura y síndrome de abstinencia donde una de las partes decide terminar con el
vínculo construido hasta ese momento, sin embargo, es importante destacar que el
dependiente seguirá intentando reanudar la relación a pesar de lo nociva que esta
sea.

Además, de acuerdo con Castelló (2005) “la mezcla entre la soledad y el dolor por
la ruptura, y los intentos por restablecer la relación” conforman lo que se conoce
como síndrome de abstinencia el cual suele ser acompañado por un episodio de
depresión mayor toda vez que los intentos por recuperar el vínculo afectivo suelen
ser fallidos prolongando de esta manera el dolor por la pérdida del ser amado; no
obstante, en caso de que se decida reanudar la relación es muy probable que se
regrese a ciertas etapas del ciclo de dependencia emocional, repitiendo así algunas
de las situaciones anteriormente vividas.

Por el contrario, si se decide terminar definitivamente con el vínculo afectivo se da


paso a la fase de relaciones de transición, en la cual el dependiente tiende a buscar
otra pareja que le permita satisfacer sus necesidades de afecto y seguridad, sin
embargo, al no hallar a alguien que cumpla con tales expectativas suele caer en la
formación de relaciones “pasajeras” mientras encuentra a quien le permita llenar
ese vacío, es así que con estas personas no siguen los patrones de dependencia
emocional por lo que no hay sumisión, admiración ni necesidad excesiva de
permanecer junto a la pareja.

En cambio, una vez que se encuentra a la persona que puede reparar el daño
sufrido tras la última ruptura es como se llega a la última fase denominada
recomienzo del ciclo, donde el dependiente comienza a pasar por cada una de las
etapas de formación de dependencia emocional para evitar ser abandonado
nuevamente por la pareja; así mismo, durante esta fase se puede presentar la idea

40
de retomar el antiguo vínculo afectivo sin importar que tan nocivo haya sido este
para ambas partes debido a que se tienen ciertos sentimientos de culpa sobre la
pérdida del ser amado, pero ante el posible rechazo de este es como se decide
continuar con la nueva relación.

Por tanto, se puede notar que la dependencia emocional es una condición que las
personas afectadas buscaran desarrollar a largo de sus diferentes relaciones ya que
de esta manera es como se pueden sentir queridas e importantes para los demás,
sin embargo, se ha entrado en controversia acerca de los sentimientos que estos
sujetos tienen hacia su pareja debido a que se ha descubierto que suele ser más
importante la satisfacción de demandas afectivas frustradas que el amor que se
pudiese tener hacia la otra persona, lo cual ocasiona que se caiga constantemente
en el ciclo de dependencia emocional.

2.5 Características de la dependencia emocional


Durante la consolidación de las relaciones de pareja se suele buscar a una persona
que permita satisfacer determinadas necesidades afectivas por lo que comúnmente
se elige a alguien con quien se tenga empatía y se puedan cubrir tales demandas
de manera equilibrada, sin embargo, hay quienes tienden a desestabilizar tal vínculo
afectivo cayendo en un estado de dependencia emocional cuyas características de
acuerdo con Castelló (2005) se clasifican de la siguiente manera:

2.5.1 Características cognitivas


a) Necesidad de agradar: En los dependientes emocionales se presenta mediante
el autorrechazo y el menosprecio debido a que la persona se encuentra
insatisfecha consigo misma por lo que constantemente tiende a buscar la
aprobación y admiración de los demás teniendo conductas que considera
agradables para estos, todo ello con el objetivo de darle sentido a su existencia.
b) Idealización de la pareja: Se refiere a aquellas características que tiende a
buscar el dependiente en sus posibles parejas, las cuales van encaminadas

41
inconscientemente hacia las carencias que en algún momento de su vida este
pudo haber tenido, por lo que entre las principales cualidades que se han
encontrado en los seres amados de dichas personas es que estos sean
ególatras, con gran seguridad en sí mismas y frías emocionalmente, ya que de
este modo es como le permiten satisfacer tales necesidades frustradas, además
de brindarle cierta seguridad y estabilidad al dependiente emocional.
c) Miedo a la ruptura: Es el temor constante que se tiene ante la idea del término
de la relación ya que esta le permite al dependiente eliminar ciertos sentimientos
de soledad y abandono, sin embargo, en caso de que el vínculo afectivo llegue
a su fin, es muy probable que se tengan continuos pensamientos e intentos de
reanudación para así evitar perder al ser amado.
d) Miedo e intolerancia a la soledad: De acuerdo con Castelló (2005), esta situación
se presenta cuando “el individuo se siente prisionero de sí mismo, no se ama y
se desprecia lo que conduce que tenga un especial miedo a la soledad ya que
en esos momentos tendrá que lidiar consigo mismo”, de ahí que ante la falta de
aceptación propia ocasione en el dependiente la necesidad constante de tener
compañía principalmente de su pareja.

2.5.2 Características conductuales


a) Deseos de exclusividad en las relaciones: Este factor hace referencia al
distanciamiento que tiene el dependiente hacia su entorno social ya que
considera que únicamente necesita al ser amado para sentirse completo por lo
que las demás personas no son indispensables en su vida, así mismo, se espera
que la pareja renuncie a cualquier vínculo social que tenga para de esta manera
cumplir con la idea de la pareja perfecta donde solo se tiene el uno al otro.
b) Necesidad excesiva del otro: Son aquellas conductas que el dependiente lleva
a cabo ya sea para permanecer cerca de su pareja o para estar al pendiente de
esta mientras no se encuentran juntos ya que se tiene un miedo intenso a
perderla, no obstante, esta situación suele ser incómoda para el otro por lo que
se hacen presentes ciertas amenazas hacia el dependiente generando en este
ansiedad y sumisión por temor a la ruptura de la relación.

42
c) Sumisión y subordinación: Esta característica se presenta cuando el
dependiente considera a la pareja como lo más importante de su vida por lo que
frecuentemente buscará agradarle haciendo todo lo que este le pida sin importar
el daño tanto físico como psíquico que se le pudiese ocasionar, de ahí que el ser
amado se sienta fascinado ante tales atenciones y por consiguiente asuma un
rol de dominación cuya característica principal suele ser el abuso de poder hacia
la pareja obteniendo con ello gratificación y un aumento de poder en la relación.
d) Déficit en las habilidades sociales: Como consecuencia de la dependencia
emocional, las personas suelen tener alteraciones en cuanto a su manera de
relacionarse con los demás ya que constantemente sienten la necesidad de
expresar sus sentimientos o demandas personales pero cuando alguien más les
quiere mostrar su sentir estas muestran indiferencia y desinterés hacia la otra
persona.
Así pues, Castelló (2005) refiere que al dependiente emocional “no se le puede
catalogar por esto como un ser egoísta ya que en realidad lo que le lleva a
hacerlo es el sufrimiento y la necesidad de agarrarse de otros para desahogar
sus penas, no comprenden el verdadero significado de la reciprocidad y la
correspondencia en el afecto”, de ahí que se tenga una constante necesidad de
evitar el rechazo.

2.5.3 Características emocionales


a) Autoestima y autoconcepto bajos: Las personas que presentan dependencia
emocional con frecuencia suelen tener una percepción negativa de sí mismas
debido a que no se aceptan como son y frecuentemente se están juzgando por
las acciones que realizan, es así que en sus relaciones de pareja buscan
compensar tales deficiencias incluso soportando malos tratos ya que de esta
manera es como satisfacen sus necesidades de afecto y se sienten importantes
en la vida de los demás.
b) Relaciones de pareja desequilibradas: Se refiere a la presencia de relaciones de
pareja donde se tienen muy marcados los roles de sumisión y dominación ya
que de esta manera es como el dependiente emocional puede sentirse vivo y

43
satisfacer sus necesidades de afecto frustradas, por esto ante la ruptura de un
vínculo afectivo se suele buscar uno nuevo que del mismo modo permita
compensar las carencias afectivas de la persona en cuestión.
c) Estado de ánimo negativo y comorbilidades frecuentes: La dependencia
emocional es una condición que tiene una serie de repercusiones en la vida de
las personas que la presentan principalmente por el temor a ser abandonado y
a la soledad, por lo que inicialmente se pueden presentar sentimientos de
tristeza, infelicidad, angustia, nerviosismo e inseguridad personal, los cuales con
el paso del tiempo van incrementando en frecuencia e intensidad hasta dar
origen a otro tipo de problemáticas como lo son la presencia de trastornos
depresivos, ansiosos, de angustia o de alimentación.

De este modo, cabe resaltar que la dependencia emocional reúne los criterios
suficientes para ser considerada como una problemática psicopatológica ya que
afecta diversas áreas de la vida de la persona tales como la mental, la emocional y
la conductual, por lo que de esta manera es como se puede identificar cuando un
sujeto presenta comportamientos fuera de lo común así como la gravedad de estos
para posteriormente comenzar a indagar sobre el origen de tal situación y qué
medidas se podrían tomar al respecto.

2.6 Dependencia emocional en mujeres maltratadas


Desde el comienzo de la historia de la humanidad, las personas se han visto en la
necesidad de ser aceptadas por sus semejantes y por consiguiente tener un sentido
de pertenencia en la sociedad ya que de esta manera es como se asegura su
supervivencia, es por ello que se han establecido ciertas normas o patrones que
rigen el comportamiento de los individuos y que les hacen diferenciar aquello que
es considerado como aceptable de lo que se encuentra fuera de lo común.

De esta manera, una de las pautas que se ha conservado a lo largo del tiempo es
la formación de vínculos afectivos toda vez que estos sientan las bases de la sana

44
convivencia entre iguales, además de que generan cierta satisfacción en la vida de
las personas ya que les permiten tener seguridad y estabilidad tanto a nivel físico
como psíquico.

No obstante, cuando tales vínculos no cumplen con lo que se tiene establecido


pueden traer consigo una serie de repercusiones en la vida de la persona afectada,
tal es el caso de la dependencia emocional cuyo origen se remonta a la falta de
afecto durante los primeros años de vida ya que de acuerdo a tales experiencias es
como el menor comienza a interiorizar que los demás no deben quererle, que
pueden faltarle al respeto, rechazarlo e incluso maltratarle físicamente.

Es así como Massa, Pat, Keb, Canto y Chan (2011) refieren que la dependencia
emocional es una “vinculación insana basada en el dolor, la rabia y el miedo en un
ambiente abusivo, posesivo e inaccesible, la cual se basa en el desequilibrio y en la
desigualdad, ya que una persona es sometida por otra”, es por ello que tal situación
se hace notar principalmente durante las relaciones de pareja cuando se permiten
todo tipo de abusos con tal de satisfacer las carencias experimentadas a lo largo de
las primeras etapas de desarrollo.

No obstante, cabe destacar que dicha situación suele tener mayor prevalencia en
las mujeres por lo que se puede decir que los roles sociales intervienen de manera
significativa durante el desarrollo de tal variable, toda vez que al hombre se le
atribuyen características de poder y superioridad mientras que a la mujer se le
considera como alguien débil e inferior que debe estar a disposición del hombre
para cumplir con las demandas que este le vaya manifestando.

De ahí que una de las consecuencias de la dependencia emocional sea la presencia


de violencia por parte de la pareja ya que de acuerdo con Bonino (1998), dicha
situación “aparecerá en los momentos en los que el agresor ve peligrar su
supremacía en la relación, independientemente de la conducta reactiva o sumisa de
la mujer”, por lo que este intentará mantener su postura de dominación usando la

45
fuerza si es necesario para que la víctima le siga dando el poder y control de la
relación.

De acuerdo con lo anterior Saltijeral, Ramos y Caballero (1998) refieren que “en la
dependencia emocional el sometimiento no es un fin sino un medio ya sea para
preservar la relación, para contentar a la pareja idealizada o por el miedo a la
ruptura”, lo cual lleva a las víctimas a mantener su postura de sumisión y
subordinación para evitar que el ser amado se aleje ya que este es quien satisface
sus necesidades afectivas sin importar el daño que le pudiese ocasionar.

De este modo, se ha encontrado que los dependientes emocionales suelen


permanecer con su agresor a pesar de los malos tratos ya que su necesidad de
afecto los hace vulnerables a no darse cuenta de la situación que están viviendo por
lo que tienen una percepción errónea de lo que ocurre justificando las conductas de
su pareja ya sea mediante sentimientos de culpa o al pensar que de esa manera es
como el ser amado le demuestra su afecto.

Así pues, Deza (2012) refiere que “uno de los factores asociados a la permanencia
de la mujer en relaciones violentas es la percepción de amor romántico que tiene
de las relaciones de pareja”, lo cual implica entregarse por completo a su compañero
sin importar lo que se tenga que sacrificar, ya que este es quien velará por sus
intereses y le brindará todo tipo de atenciones aunque estas deriven de malos tratos,
por lo que la víctima tiende a considerar que permaneciendo junto a su pareja es
como le puede gratificar tales manifestaciones de afecto.

Sin embargo, después de cierto periodo de tiempo los malos maltratos comienzan
a generar en la víctima determinadas alteraciones ya sea a nivel cognitivo,
emocional o conductual, de las cuales las víctimas no se percatan toda vez que
centran su atención en satisfacer las necesidades y peticiones de su pareja por lo
que estas suelen ir aumentando tanto en intensidad como en frecuencia hasta
generar problemáticas aún mayores.

46
Con base a ello, Villegas y Sánchez (2013) encontraron que “las características
psicológicas más sobresalientes de dependencia afectiva en las víctimas de
maltrato por su pareja fueron expresión límite, miedo a la soledad, ansiedad por
separación, así como modificación de planes”, lo cual permite notar que quienes
sufren de dependencia emocional suelen someterse tanto a su pareja que incluso
pueden soportar cualquier manifestación de violencia por parte de esta, todo ello
con el objetivo de alargar la relación y por consiguiente evitar posibles rupturas en
los vínculos afectivos.

Por lo tanto, de acuerdo con lo descrito es como se puede notar que la dependencia
emocional está altamente vinculada con la violencia debido a que las víctimas
suelen ser personas carentes de afecto, por lo que ante la búsqueda de tal
sentimiento se tiende a tolerar todo tipo de humillaciones y agresiones por parte de
la pareja ya que así se evita perder al único ser que ha demostrado atención y cariño
hacía la persona en cuestión.

Así mismo, la presencia de ciertas normas y roles dentro de la sociedad originan


que principalmente las mujeres caigan en tales problemáticas ya que se ha
establecido que estas deben depender tanto emocional como económicamente del
ser amado por lo que tratarán de satisfacer todas las demandas que este tenga sin
importar el daño que le pudiesen ocasionar como muestra de agradecimiento por
solventar sus necesidades afectivas y materiales.

47
Capítulo III.

Indefensión aprendida

La violencia intrafamiliar es una problemática cuyas consecuencias suelen ser


significativas en la vida de la víctima, siendo las de carácter psicológico aquellas
que tienen mayor impacto debido a que generan en la persona cambios tanto
emocionales como conductuales que si no son tratados a tiempo generan otro tipo
de cuestiones como la indefensión aprendida donde se mantiene una postura de
pasividad ante la pérdida de esperanza por terminar con los malos tratos.

Es así como en el presente capítulo se incluye información relacionada con dicha


variable, teniendo inicialmente su definición, posteriormente las causas que la
originan, los modelos teóricos que explican el fenómeno en cuestión así como las
fases por los que estas pasan para consolidar tal situación y finalmente se describen
las consecuencias que esta condición genera en las víctimas de violencia
intrafamiliar.

3.1 Definición de indefensión aprendida


El termino indefensión aprendida ha sido definido a lo largo del tiempo por diversos
autores quienes destacan que dicha variable principalmente corresponde a “una
falta de motivación y fracaso al actuar después de exponerse a un evento o estímulo
no placentero, sin que el individuo pueda tener control sobre este” (American
Psychological Association [APA], 2007).

No obstante, Guerri (2017) refiere que la indefensión aprendida es:

48
un tipo de comportamiento que aparece cuando una persona es incapaz
de reaccionar frente a situaciones dolorosas. Esta persona empieza a
creer que no tienen ningún control sobre una situación que le está
causando un daño físico o psicológico, y se inhibe mostrando pasividad
para modificar las cosas.

De esta manera se puede decir que la indefensión aprendida es una condición en


la que las personas tienden a reaccionar con indiferencia ante sucesos que les
producen sufrimiento, esto como consecuencia de intentos fallidos por controlar
tales situaciones, lo cual ocasiona que ya no se haga nada para evitar dichos
estímulos displacenteros debido a que se ha aprendido a tolerar el sufrimiento que
estos producen.

Sin embargo, para los fines de la presente investigación se tomó como referencia la
definición propuesta por Seligman (1983) donde destaca que “la indefensión es el
estado psicológico que se produce frecuentemente cuando los acontecimientos son
incontrolables”, haciendo referencia a estos últimos como a las situaciones donde
no se puede hacer nada para cambiarlas debido a que siempre ocurrirá lo mismo
independientemente de las acciones que se lleven a cabo para evitarlas.

3.2 Causas de la indefensión aprendida


La indefensión aprendida es el estado psicológico donde las personas tienden a
mantener una postura de pasividad ante situaciones que principalmente suelen ser
desagradables por lo que ya no buscan la manera de evitar o erradicar la presencia
de tales estímulos, sin embargo, es una situación que no solo se origina ante la
presencia de tales sucesos sino que también intervienen otros factores para que se
tenga cierta vulnerabilidad de desarrollar tal condición en algún momento de la vida.

Es así que entre los aspectos que originan la indefensión aprendida se encuentran
los de tipo familiar donde la educación recibida en los primeros años de vida tiene

49
un papel primordial para que en la vida adulta se desarrolle dicho estado
psicológico, toda vez que durante la infancia se promueve la presencia de ciertos
roles sociales teniendo que las mujeres deben adquirir una actitud de sumisión y
pasividad mientras que los hombres deben mantener una postura de dominación e
imposición ante las situaciones que se les van presentando.

Así mismo, Maldonado (2018) refiere que “la indefensión aprendida suele estar muy
presente en personas criadas bajo un régimen muy autoritario, caracterizado por el
castigo y bajas recompensas”, por lo que quienes sufrieron algún tipo de violencia
durante las primeras etapas de su vida es muy probable que en la adultez
mantengan una postura de sumisión ante ciertas dificultades o agresiones ya que
no intentarán evitarlas aunque tengan a su alcance los medios para hacerlo.

De esta manera, se tienen las causas de tipo social donde se plantea que “las
experiencias infantiles de no-continencia entre la respuesta y el resultado, incluidas
las prácticas de socialización que fomentan la pasividad y la dependencia, deberían
incrementar la vulnerabilidad al desarrollo de indefensión aprendida en la relación
de maltrato” (Walker, 2009); de ahí que las maneras de entablar relaciones sociales
durante las primeras etapas de desarrollo suelan ser determinantes para la
formación de personalidad ya que constantemente el ser humano está en búsqueda
de la aprobación de los demás por lo que tiende a actuar con base en lo que la
sociedad le va imponiendo, cayendo así en un estado de conformidad donde ya no
se indaga o actúa más allá de tales normas por temor al rechazo.

Así pues, Vázquez-Valverde y Polaino-Lorente (1982) ponen de manifiesto que “el


brote sintomático de la indefensión aprendida son las expectativas de
incontrolabilidad del medio, en el proceso percepción-atribución-expectativa existe
un sesgo que produce la expectativa de falta de control” lo cual hace referencia a
cuando las personas ya no analizan las posibles consecuencias que determinadas
situaciones podrían traer consigo ya sean positivas o negativas, debido a que

50
consideran que el destino de estas ya está establecido por lo que ya no pueden
hacer nada para cambiarlo.

De este modo es como se tienen causas de tipo personal donde el estilo cognitivo
influye significativamente para que se presente cierta vulnerabilidad hacia la
indefensión ya que las atribuciones de no poder controlar ciertas situaciones
impiden que la persona afronte de manera efectiva las problemáticas que se le van
presentando, por lo que mantendrá una postura de pasividad ante tales eventos sin
importar el daño que estos le ocasionen.

Ante ello, Abrahamson, Seligman y Teesdale (1995) mencionan que “los factores
internos tales como el sentido de responsabilidad que tiene una víctima, donde más
que las responsabilidades, asumen que tienen culpa de lo sucedido” es otra
cuestión que influye para desarrollar tal condición, es decir, la persona afectada
empieza a tener sentimientos de culpa por no haber evitado que se suscitara cierta
situación desagradable y en consecuencia comienza a interiorizar la idea de que es
incapaz de detener cualquier evento que se le pudiese presentar por lo que a largo
plazo tiende a caer en la resignación y justificación de sus actitudes dañando tanto
su autoestima como su dignidad.

Por lo tanto, con base a lo anterior es como se puede notar que la educación y
experiencias vividas durante los primeros años de vida suelen ser fundamentales
para que una persona desarrolle ciertos rasgos de personalidad tales como la
pasividad o sumisión, los cuales tienden a hacer susceptible al individuo para
involucrase en ciertas problemáticas sociales como la violencia cuyas
consecuencias repercuten principalmente a nivel psicológico desarrollando estados
como el de indefensión aprendida donde se considera que no tiene sentido evitar la
presencia de determinados fenómenos ya que el resultado siempre va a ser el
mismo independientemente de las acciones que se realicen.

51
3.3 Modelos teóricos que explican la indefensión aprendida
La indefensión aprendida es un estado psicológico que puede tener su origen con
base a factores tanto internos como externos del individuo que lo presenta, es por
ello que a lo largo del tiempo se han realizado diversos estudios para describir cómo
es que este fenómeno se manifiesta en algunas personas lo cual da apertura a la
formación de ciertos modelos teóricos que explican de manera más clara el proceso
de consolidación de dicha variable.

De esta manera, desde la perspectiva fisiológica se tiene la hipótesis de la


inactividad inducida por estrés donde se explica que “cuando los organismos son
expuestos a shocks incontrolables severos se produce una deficiencia en la
actividad noradrenérgica central” (Weiss, Brunning & Kennedy, 1975), lo cual
ocasiona una reducción en la actividad motora por lo que es imposible ejecutar
respuestas ante el estímulo presentado.

Así mismo, Anisman, Wahlsten y Kokkinidis (1975) complementaron que “con shoks
de intensidad alta, el mecanismo mediador sería de naturaleza neuroquímica y
responsable de trastornos emotivos; y con shocks de intensidades bajas, de efectos
no transitorios, el mecanismo sería de naturaleza aprendida”, lo cual quiere decir
que cuando una situación es percibida como traumática, se tendrán cambios
significativos tanto a nivel físico como psíquico pero si tal acontecimiento no fue
relevante se le atribuirá como una experiencia más de vida.

Es así como las teorías fisiológicas permiten comprender como es que


determinados sucesos influyen para que se tengan cambios a nivel neuronal y por
consiguiente esto repercuta en la conducta de las personas toda vez que el sistema
nervioso suele ser el responsable del óptimo funcionamiento del cuerpo humano,
es por ello que si se le expone a eventos traumáticos las repercusiones serán
principalmente de tipo comportamental.

52
Por el contrario, la perspectiva conductual propone una hipótesis de inactividad
aprendida donde se postula que “los organismos sometidos a shocks inescapables
ejecutan peor un aprendizaje posterior de escape-evitación por haber aprendido a
ser inactivos durante la exposición anterior” (Bracewell & Black, 1974), es decir,
cuando una persona pasa por una situación desagradable en la cual no pudo hacer
nada para evitarla, es muy probable que tampoco lo pueda hacer posteriormente
debido a que tal suceso se considera como algo inevitable e incontrolable.

Por otra parte, la perspectiva cognitiva refiere que “la percepción de los eventos es
lo que controla las emociones y el comportamiento de las personas” (Beck, 2000),
por lo que tales percepciones principalmente se basan en las creencias y normas
que se tengan en la sociedad, de ahí que ante determinadas situaciones se actué
con base a lo que se tiene estipulado como correcto o dentro de los índices de
normalidad ya que de esta manera es como se asegura el bienestar tanto físico
como emocional.

Sin embargo, el modelo de indefensión aprendida de Seligman (1975) pone de


manifiesto que “los organismos que experimentan que las consecuencias son
independientes de su conducta, es decir, son incontrolables, forman una expectativa
de que tampoco habrá contingencia respuesta-consecuencia en el futuro”, por lo
que tienden a mantener una postura de pasividad ante las problemáticas que se les
van presentando debido a que consideran que no pueden hacer nada para evitar o
erradicar tales sucesos, lo cual a largo plazo puede repercutir tanto a nivel
conductual como cognitivo y emocional.

No obstante, para los fines de la presente investigación se tomó como base el


modelo de atribución de causalidad de Peterson y Seligman (1981) donde además
de lo propuesto en el modelo de indefensión aprendida se refiere que “cuando una
persona percibe que las consecuencias son incontrolables hace una atribución
causal respecto al por qué de esa carencia de control y en función de tal proceso
atribucional desarrollará la expectativa de no-contingencia futura".

53
Es decir, cuando una persona considera que algunos acontecimientos no se pueden
evitar comienza a evaluar las causas de porque no se puede hacer nada al respecto
por lo que se analiza si tal impotencia es de carácter interno o externo, si tal situación
suele tener una temporalidad y el grado de afectación del mismo, lo cual ocasionará
que en eventos posteriores se decida mantener la postura de pasividad o bien se
decida hacer algunas modificaciones para que el estado de indefensión sea único y
se obtengan las respuestas deseadas.

Por tanto, se puede decir que el modelo de atribución de causalidad difiere de otras
teorías ya que estudia el fenómeno de indefensión aprendida en sus diferentes
áreas, teniendo con ello que indaga acerca de la percepción que tiene la persona
sobre la situación que está experimentando, las actitudes que tiene para afrontar
tales sucesos así como las posibles consecuencias que estas le generan al sujeto
en cuestión ya sea a corto o largo plazo tanto a nivel cognitivo, conductual y/o
emocional.

3.4 Fases de la indefensión aprendida


La indefensión aprendida al ser una condición que desarrollan las personas como
consecuencia de la constante interacción con situaciones traumáticas, suele pasar
por una serie de etapas que la van consolidando hasta llegar a un estado donde ya
no se hace nada para evitar o controlar tales circunstancias, de ahí que la presencia
de cada una de estas fases permita notar tanto el daño como los cambios que van
presentando las víctimas conforme va avanzando la problemática.

Es así que Canales (2011) refiere que el proceso de formación de indefensión


aprendida consta de cuatro etapas, donde la primera es denominada fase
desencadenante donde después de haber sufrido maltrato psicológico por cierto
periodo de tiempo aparece la primer agresión física hacia la víctima, la cual “tiene
el efecto traumático de una ruptura del espacio de seguridad y confianza construido
sobre una relación afectiva”.

54
Es por ello que ante la percepción de que la relación se ha roto es como las víctimas
entran en un estado de ansiedad por querer reparar el daño ocasionado, generando
con ello el comienzo de cierta inestabilidad emocional toda vez que se generan
sentimientos negativos hacia la pareja, pero al haber sido un suceso inesperado les
impide tomar decisiones eficazmente por lo que se les dificulta abandonarla en ese
instante.

De esta manera es como se da apertura a la fase de reorientación en la que la


víctima percibe la gravedad del suceso vivido ya que de acuerdo con Williams,
Watts, McLeod y Mathews (1988) “los individuos afectados por estados de ansiedad
desarrollan una clase de sesgos en el procesamiento preatencional de la
información ambiental que favorecen, de modo automático, la captación de
estímulos amenazantes”, lo cual ocasiona que se comience a notar el riesgo de
permanecer en la relación de pareja.

De este modo, la víctima pasará por una etapa donde tratará de mantener un
equilibrio entre lo sucedido, su sistema de creencias y las consecuencias que tal
situación le provoca, por lo que al tener un realineamiento cognitivo sobre las
normas que se tienen impuestas en la sociedad y las expectativas de la relación,
ocasionarán que la víctima sienta la necesidad de salir de la problemática en
cuestión, pero sin terminar con el vínculo afectivo que tiene con su pareja.

En consecuencia, se dará paso a la fase de afrontamiento donde la víctima tiende


a mantenerse completamente aislada de su entorno ya sea porque su agresor así
se lo ha solicitado o porque siente vergüenza de que las demás personas se enteren
de la situación que está viviendo, lo cual ocasiona que se tenga una pérdida
significativa de redes de apoyo que ayuden a afrontar eficazmente la problemática
en cuestión.

De ahí que se llegue a la consolidación de la indefensión aprendida con la fase de


adaptación en la que “con un profundo daño y deterioro psicofisiológico, consciente

55
de su situación de inferioridad que la hace dependiente de su agresor, la víctima
desplaza la culpa hacia el exterior o factores externos, instalando en su mente la
adaptación total a esta situación” (Canales, 2011), de tal forma que se mantendrá
una postura de pasividad y sumisión ante los malos tratos por lo que ya no se hará
nada para evitarlos o erradicarlos.

Por lo tanto, se puede notar que la indefensión aprendida es una condición que se
va formando de acuerdo a factores tanto internos como externos a la víctima por lo
que cualquier persona puede ser susceptible de desarrollarla si es que no cuenta
con adecuados recursos de afrontamiento los cuales son fundamentales para que
se pueda hacer frente a los problemas que se van presentando a lo largo de la vida.

3.5 Consecuencias de la indefensión aprendida


La indefensión aprendida es una problemática que afecta a un gran número de
personas siendo en su mayoría víctimas de violencia intrafamiliar debido a que estas
son quienes constantemente están expuestas a experimentar sucesos
desagradables o traumáticos por lo que son más susceptibles de desarrollar dicho
estado psicológico y por consiguiente tener cambios a nivel motivacional, cognitivo,
emocional y biológico.

De acuerdo con Martínez (2011), las consecuencias motivacionales “se traducen en


inactividad por parte de la persona porque piensa que es inútil realizar cualquier
acción dado que no va a obtener ningún refuerzo”, lo cual en las víctimas de
violencia intrafamiliar se evidencia cuando estas tienden a mantener una postura de
sumisión y pasividad ya que perciben que los malos tratos van en aumento cada
vez más por lo que consideran que ya no pueden hacer nada para evitar tal
situación.

Así mismo, ante la creencia que determinados acontecimientos son ajenos a la


propia persona es como se va teniendo una pérdida de control debido a que las

56
víctimas le atribuyen toda responsabilidad a su entorno, principalmente a su
agresor, quien frecuentemente les impondrá las decisiones que deben tomar, por lo
que a largo plazo se dificultará resolver problemas de manera autónoma
considerando que lo mejor es dejar que todo suceda sin intervenir.

De este modo, se tienen las consecuencias cognitivas donde Hirigoyen (2006)


refiere que por lo regular la víctima de violencia intrafamiliar “está confusa y
desorientada, llegando a renunciar a su propia identidad y atribuyendo al agresor
aspectos positivos que la ayudan a negar la realidad”, es decir, como resultado de
las constantes agresiones la víctima comenzará a percibir tal problemática como
algo normal en su relación de pareja por lo que a largo plazo empezará a justificar
las acciones de su agresor para así evitar futuras agresiones o el abandono de la
misma.

De ahí que se desarrollen consecuencias a nivel emocional con manifestaciones


tales como “falta de esfuerzos cognitivos, carencia de confianza en sus propias
habilidades, incapacidad para tomar la iniciativa, desmotivación marcada por un
negativismo extremo, aislamiento social, escasez de motivación para aprender, baja
autoestima y malas habilidades adaptativas” (Verma & Gera, 2014), los cuales
suelen ser los principales síntomas de indefensión aprendida, problemas de
ansiedad, depresión y frustración.

Sin embargo, estas no son las únicas repercusiones de la problemática en cuestión


sino que Martínez (2011) destaca que también se tienen afecciones a nivel biológico
tales como “una conducta sexual alterada, trastornos alimenticios, decremento de
la norepinefrina y serotonina, úlceras y alteraciones en el sistema inmunológico”, no
obstante, cabe destacar que estas suelen ser manifestaciones ocasionadas
principalmente por la presencia de ciertos trastornos o problemáticas de tipo
emocional.

57
Por lo tanto, los efectos de la indefensión aprendida suelen considerarse muy
significativos debido a que impactan en la vida de las víctimas ya sea a nivel físico,
psicológico y/o social, además que permiten explicar porque las personas afectadas
tienden a comportarse de determinada manera ante la presencia de ciertos
estímulos ya que esta condición puede desarrollarse en diferentes ámbitos siendo
el familiar cuya prevalencia es mayor toda vez que los roles y pautas de
comportamiento estipulados por la sociedad hacen que algunos individuos sean
susceptibles de caer en un estado de pasividad donde ya no se hace nada por evitar
o erradicar las problemáticas cotidianas sino que estas se le atribuyen a factores
externos.

58
MÉTODO

Objetivos
Objetivo general
Relacionar la dependencia emocional con la indefensión aprendida en mujeres
víctimas de violencia intrafamiliar atendidas en una institución especializada en
violencia ubicada en el municipio de Atlacomulco.

Objetivos específicos
a) Describir la dependencia emocional en mujeres víctimas de violencia intrafamiliar
atendidas en una institución especializada en violencia ubicada en el municipio de
Atlacomulco.
b) Describir la indefensión aprendida en mujeres víctimas de violencia intrafamiliar
atendidas en una institución especializada en violencia ubicada en el municipio de
Atlacomulco.
c) Describir los tipos de violencia predominantes en mujeres víctimas de violencia
intrafamiliar atendidas en una institución especializada en violencia ubicada en el
municipio de Atlacomulco.

Planteamiento del problema


A lo largo de la historia de la humanidad, las personas se han ido enfrentando a una
serie de problemáticas que impiden que satisfagan sus necesidades y por
consiguiente no tengan un bienestar y desarrollo óptimo; no obstante, en últimos
años, una de las situaciones que ha ido en incremento es la violencia, la cual es
entendida como:
el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho, o como
amenaza, contra uno mismo, otra persona, un grupo o comunidad, que

59
cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños
psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones (Organización
Mundial de la Salud [OMS], 2003).

La violencia se refiere a aquellos comportamientos que tienen como objetivo dañar


a otra persona ya sea de manera directa o indirecta en cualquiera de sus áreas de
desarrollo; sin embargo, de acuerdo con el Informe Mundial sobre la Violencia y la
Salud realizado en 2002, se encontró que las mujeres son las que se encuentran en
mayor condición de vulnerabilidad para sufrir violencia toda vez que el 35% de
mujeres ha sido víctima de maltrato por parte de su pareja, por lo que en entornos
domésticos o familiares es donde esta problemática tiene mayor incidencia.

Del mismo modo, en estudios realizados por la Organización de las Naciones


Unidas (ONU), se encontró que América Latina y el Caribe es la región del mundo
con mayor índice de violencia de pareja, donde México se encuentra entre los
países que tiene mayor prevalencia debido a que 6 de cada 10 mujeres han sufrido
algún tipo de violencia en determinado momento de su vida. De acuerdo con la
Encuesta Nacional sobre Violencia contra las Mujeres llevada a cabo en 2006, se
encontró que las cinco entidades con mayor prevalencia de violencia de pareja en
orden descendente fueron el Estado de México (45.6%), Nayarit (39.6%), Quintana
Roo (39.6%), Durango (37.6%) y Yucatán (36.2%).

Así pues, la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México [CODHEM]


(2018) destaca que en la entidad se ha tenido un incremento en los casos de
violencia doméstica principalmente en los municipios de Ecatepec de Morelos,
Nezahualcóyotl, Tecámac, Zumpango, Chimalhuacán y Chalco; no obstante, de
acuerdo con datos brindados por una institución especializada en violencia ubicada
en el municipio de Atlacomulco se puede notar que en la zona norte del estado
también se tuvieron cambios significativos ya que el número víctimas atendidas en
dicha dependencia aumento un 53.3% durante el último año, donde las agresiones
predominantes fueron las de tipo físico y psicológico.

60
Con base en lo anterior, Del Río, Olaiz y Uribe (2009) refieren que “por tipo de
violencia la psicológica ocupa un 28.5%, la física 16.5%, la sexual 12.7% y la
económica 4.42%”, las cuales suelen generar un gran número de secuelas en la
vida de quienes sufren los malos tratos debido a que en la mayoría de casos las
agresiones experimentadas por las víctimas abarcan diversos tipos, aunque cabe
destacar que la que tiene mayor prevalencia y por consiguiente mayor impacto es
la psicológica.

Kilpatrick y Otto (1987), afirman que “como consecuencia de una agresión se


producen cambios ya que las personas han sido expuestas a hechos inesperados
e incontrolables a las que reaccionan con pasividad”, desarrollando así una
condición de indefensión aprendida la cual de acuerdo con Seligman (1983) es “el
estado psicológico que se produce frecuentemente cuando los acontecimientos son
incontrolables”, haciendo referencia a estos últimos como a las situaciones donde
no se puede hacer nada para cambiarlas debido a que siempre ocurrirá lo mismo
independientemente de las acciones que se lleven a cabo para evitarlas.

Así pues, el IMO (2009) refiere que la indefensión aprendida se presenta en las
víctimas de violencia intrafamiliar cuando estas asumen que son las culpables de
los malos tratos que su pareja les brinda, por lo que con el paso del tiempo
comienzan a ver su problemática como algo cotidiano, y ya no se preocupan por
buscar alternativas para erradicar tal situación, es decir, se tiene una baja respuesta
conductual ocasionando que se tienda a soportar todo tipo de maltrato y se
mantenga una postura pasiva e incluso de sumisión con la pareja.

El modelo teórico de Seligman (1983) plantea que la indefensión aprendida incluye


“tres tipos de cogniciones de autoinculpación en mujeres maltratadas: por creer que
son ellas las causantes de los episodios de violencia, por no ser capaces de
detenerlos y por tolerar la violencia”, lo cual en comparación con el daño físico
genera mayor problemática debido a que como se mencionaba, la constante lucha
por tolerar la violencia ocasiona gran deterioro emocional y por consiguiente el

61
desarrollo de ciertas patologías, aunado a ello que “quienes sufren estos abusos
son muy susceptibles de establecer relaciones de pareja patológicas y
desequilibradas asumiendo en ellas un rol subordinado” (Arana, 2005).

Con base en ello, se ha notado que las mujeres que soportan el maltrato, lo hacen
porque padecen dependencia económica o emocional, la cual es entendida como
un “patrón crónico de demandas afectivas frustradas, que buscan
desesperadamente satisfacerse mediante relaciones interpersonales estrechas,
afectando la cognición, la afectividad, la actividad interpersonal y el control de los
impulsos” (Castelló, 2005); tal condición se hace evidente cuando las víctimas
desarrollan pensamientos de sumisión y miedo a ser ignoradas o abandonadas, por
lo que tienden a tolerar cualquier tipo de maltrato por parte de su pareja.

De manera que, la importancia de la presente investigación radica en determinar si


la presencia de dependencia emocional tiene relación con el desarrollo de
indefensión aprendida en víctimas de violencia intrafamiliar, ya que se ha observado
que las mujeres que acuden a la institución especializada en violencia ubicada en
el municipio de Atlacomulco suelen presentar tales condiciones al momento de la
valoración psicológica, además de que “la mayoría de personas que presencian esta
problemática soportan el maltrato como consecuencia de la falta de autonomía y la
aparición de ciertas ideas de autoinculpación” (IMO, 2009), lo cual a largo plazo
genera dependencia y pasividad ante la situación que están viviendo. Por lo tanto,
con base en lo descrito, se plantea la siguiente pregunta de investigación:

Pregunta de investigación
¿Habrá relación entre la dependencia emocional y la indefensión aprendida en
mujeres víctimas de violencia intrafamiliar atendidas en una institución
especializada en violencia ubicada en el municipio de Atlacomulco?

62
Hipótesis
Hipótesis de trabajo
Existe relación entre la dependencia emocional y la indefensión aprendida en
mujeres víctimas de violencia intrafamiliar atendidas en una institución
especializada en violencia ubicada en el municipio de Atlacomulco.

Hipótesis Nula (Ho)


No existe relación estadísticamente significativa entre la dependencia emocional y
la indefensión aprendida en mujeres víctimas de violencia intrafamiliar atendidas en
una institución especializada en violencia ubicada en el municipio de Atlacomulco.

Hipótesis alterna (Ha)


Existe relación estadísticamente significativa entre la dependencia emocional y la
indefensión aprendida en mujeres víctimas de violencia intrafamiliar atendidas en
una institución especializada en violencia ubicada en el municipio de Atlacomulco.

Tipo de estudio
De acuerdo con los objetivos que se proponen en la presente investigación, el tipo
de estudio es correlacional (Fidell & Tabachnick, 2001).

Variables
Dependencia emocional
Definición conceptual: De acuerdo con Castelló (2005), la dependencia emocional
hace referencia a un patrón crónico de demandas afectivas frustradas, que buscan
desesperadamente satisfacerse mediante relaciones interpersonales estrechas,
afectando la cognición, la afectividad, la actividad interpersonal y el control de los
impulsos.
Definición operacional: Son las respuestas que emitieron las participantes en el
Cuestionario de Dependencia Emocional (Lemos & Londoño, 2006).

63
Indefensión Aprendida
Definición conceptual: De acuerdo con Seligman (1983) la indefensión aprendida,
o adquirida, es el estado psicológico que se produce frecuentemente cuando los
acontecimientos son incontrolables, haciendo referencia a estos últimos como a las
situaciones donde no se puede hacer nada para cambiarlas debido a que siempre
ocurrirá lo mismo independientemente de las acciones que se lleven a cabo para
evitarlas.
Definición operacional: Son las respuestas que emitieron las participantes en la
Escala de Indefensión Aprendida (Álvarez – Monteserín et al., 2004).

Violencia Intrafamiliar
Definición conceptual: De acuerdo con Flores (2014), la violencia intrafamiliar es
el acto abusivo de poder u omisión intencional, dirigido a dominar, someter, controlar
o agredir de manera física, verbal, psicológica, patrimonial, económica y sexual a
las mujeres, dentro o fuera del domicilio familiar, cuyo agresor tenga o haya tenido
relación de parentesco por consanguinidad o afinidad, de matrimonio, concubinato
o mantengan o hayan mantenido una relación de hecho.
Definición operacional: Son las respuestas que emitieron las participantes en el
Cuestionario de Violencia Sufrida y Ejercida de Pareja (Moral & Ramos, 2015).

Instrumentos
Cuestionario de Dependencia Emocional (Lemos & Londoño, 2006).
El Cuestionario de Dependencia Emocional (CDE) tiene por objetivo determinar
características psicológicas en función de las concepciones que la persona tiene de
sí misma y de los otros así como la identificación de los estímulos que le son
particularmente amenazantes y sus estrategias interpersonales respecto a sus
relaciones de pareja. Consta de 23 indicadores con seis opciones de respuesta en
escala tipo Likert las cuales son: completamente falso de mí, la mayor parte falso
de mí, ligeramente más verdadero que falso, moderadamente verdadero de mí, la

64
mayor parte verdadero de mí y me describe perfectamente, en las que la persona
debe elegir la opción que más la describe de acuerdo con sus relaciones de pareja.

Cabe destacar que el CDE fue construido y validado en Colombia con una muestra
conformada por 815 participantes cuyas edades oscilaban entre los 16 y los 55
años, obteniendo con ello un Alfa de Cronbach de 0.927 y un porcentaje de la
varianza total de 64.7%, lo cual plantea que lo evaluado a través de esta prueba
confirman la fiabilidad y validez del constructo. La aplicación de dicho instrumento
es individual en un tiempo aproximado de 10 a 15 minutos y evalúa los siguientes
factores:
1. Ansiedad de separación: Se refiere a expresiones emocionales de miedo que se
producen ante la posibilidad de disolución de la relación así como a las
características esenciales de ansiedad excesiva concerniente al alejamiento de
aquellas personas con quienes el sujeto está vinculado, las cuales van desde
una preocupación excesiva y persistente por la posible pérdida y separación de
una figura vincular importante hasta aferrarse demasiado a la pareja, asignarle
significados y sobrevalorarla, ya que lo percibe como necesario para vivir feliz y
en calma, y como la opción directa para no sentir la angustia que le genera la
soledad.
2. Expresión afectiva: Hace referencia a la necesidad del sujeto de tener
constantes expresiones de afecto de su pareja que reafirmen el amor que se
sienten y que calme la sensación de inseguridad, lo cual lleva a que el
dependiente emocional demande de su pareja expresiones constantes de afecto
que le aseguren que es amado.
3. Modificación de planes: Es el cambio de actividades, planes y comportamientos
debido a los deseos implícitos o explícitos por satisfacer a la pareja o a la simple
posibilidad de compartir mayor tiempo con ella. Este comportamiento se da en
ambos sentidos, tanto del dependiente que deja de involucrarse en otras
actividades para estar enteramente dispuesto para su pareja, como en el deseo
que su pareja realice lo mismo.

65
4. Miedo a la soledad: Se refiere al temor por no tener una relación de pareja, o por
sentir que no es amado, es así que el dependiente emocional necesita a su
pareja para sentirse equilibrado y seguro, de tal forma que la soledad es vista
como algo aterrador, tanto que es consciente de su necesidad del otro, de no
poder vivir sin su pareja, de la necesidad de contar con el otro y tenerlo a su
lado.
5. Expresión límite: Se presenta cuando la posible ruptura de una relación para el
dependiente emocional puede ser algo tan catastrófico por su enfrentamiento
con la soledad y la pérdida del sentido de vida, que puede llevar a que el sujeto
realice acciones y manifieste expresiones impulsivas de autoagresión,
relacionadas con las características de una persona con trastorno límite de la
personalidad.
6. Búsqueda de atención: Hace referencia a la necesidad psicológica que el
dependiente tiene hacia su pareja mediante la asunción de una posición pasiva
y sumisa con el objetivo de detener la atención de su pareja en forma exclusiva,
de tal forma que lleva a cabo lo que sea necesario para tener siempre su
atención.
Para obtener los resultados, se suman los valores conseguidos en todo el
cuestionario, donde una puntuación de 0 a 15 equivale a un nivel de dependencia
emocional nula, de 16 a 39 puntos corresponde a un nivel medio, de 40 a 68 puntos
equivale a un nivel alto y de 69 a 92 puntos refleja un nivel severo de dependencia
emocional.

Escala de Indefensión Aprendida (Álvarez – Monteserín et al., 2004).


La Escala de Indefensión Aprendida tiene como objetivo describir aspectos
relacionados con la percepción de control versus la indefensión del individuo, es
decir, evalúa el control que tiene la persona sobre determinadas situaciones. La
escala consta de 29 indicadores con cinco opciones de respuesta en escala tipo
Likert, las cuales son: muy en desacuerdo, algo en desacuerdo, ni de acuerdo ni en

66
desacuerdo, algo de acuerdo y muy de acuerdo, en las que la persona debe elegir
la opción que más se adecua a su conducta habitual.

Cabe destacar que la escala fue construida y validada en España con una muestra
conformada por 123 participantes cuyas edades oscilaban entre los 28 y los 57
años, obteniendo con ello un Alfa de Cronbach de 0.8555 para el primer factor, de
0.7325 para el segundo y de 0.5657 para el tercero, así como un porcentaje de la
varianza total de 40%, lo cual plantea que lo evaluado a través de esta prueba
confirma la fiabilidad y validez del constructo. La aplicación de dicho instrumento es
individual en un tiempo aproximado de 20 a 25 minutos y se evalúa de acuerdo con
los siguientes factores:
1. Indefensión como pesimismo y dificultad para resolver problemas: Consta de 12
elementos de carácter negativo que reflejan una marcada tendencia a
pensamientos negativos y pesimistas, dificultades para resolver problemas y
tensiones emocionales o sus manifestaciones somáticas (ansiedad, aislamiento,
palpitaciones, molestias en el estómago, pocas ganas de comer).
2. Percepción de control y calidad de vida: Consta de 10 elementos que reflejan
percepción de una buena integración social, de control sobre los problemas,
valoración de la calidad de la vida actual, ausencia de infecciones y la falta de
control sobre lo que sucede.
3. Confusión y aturdimiento: Consta de 7 elementos, en los que se manifiesta la
dificultad para tomar decisiones, falta de energía, altibajos emocionales,
dificultad para predecir lo que va a pasar y tendencia a establecer pocas
relaciones.
Para obtener los resultados se interpreta por factores, donde en el factor 1 si se
tiene una puntuación de 12 a 21 equivale a un nivel de indefensión leve o mínima,
de 22 a 32 moderada y de 34 a 57 severa; en el factor 2 de 31 a 39 puntos equivale
a un nivel de indefensión severa, de 40 a 45 moderada y de 46 a 36 leve o mínima;
y en el factor 3 si se tiene una puntuación de 6 a 12 equivale a un nivel de
indefensión leve o mínima, de 13 a 18 moderada y de 19 a 28 severa.

67
Cuestionario de Violencia Sufrida y Ejercida de Pareja (Moral & Ramos, 2015).
El Cuestionario de Violencia Sufrida y Ejercida de Pareja (CVSEP) evalúa
frecuencia y daño de victimización y perpetración de violencia en la pareja. Consta
de 39 indicadores los cuales deben ser respondidos bajo dos escalas: la primera
denominada Frecuencia con cinco opciones de respuesta en escala tipo Likert
donde 1 equivale a nunca y 5 a siempre, mientras que en la segunda escala
denominada Daño las opciones de respuesta van de 1 equivalente a nada a 5
correspondiente a mucho, donde las participantes deben colocar con qué frecuencia
ocurren tales situaciones en su relación de pareja y que tanto se sienten dañadas o
agredidas por cada una de estas.

Cabe destacar que el CVSEP fue construido y validado en México con una muestra
conformada por 240 participantes cuyas edades oscilaban entre los 18 y los 57
años, obteniendo con ello un Alfa de Cronbach de 0.95 y un porcentaje de la
varianza total de 52.3% para la escala de frecuencia y de 59.5% para la escala de
daño, lo cual plantea que lo evaluado a través de esta prueba confirman la fiabilidad
y validez del constructo. La aplicación de dicho instrumento es individual en un
tiempo aproximado de 15 a 20 minutos y evalúa los siguientes factores:
1. Violencia física: Dirigida al cuerpo para ocasionar dolor o incluso la muerte.
2. Violencia psicológica/social: Se refiere al daño a la autoestima, autoconcepto y
equilibrio emocional.
3. Violencia económica: Hace referencia al control de ingresos, gastos y bienes.
4. Violencia sexual: Dirigida a imponer o coartar las relaciones sexuales, o a
vulnerar la autoestima e integridad sexuales.
Para obtener los resultados, por escala se suman los valores asignados en cada
uno de los factores y se determina cual es el tipo de violencia más frecuente en la
persona y cuál es la que le genera mayor daño, posteriormente se suman los valores
colocados en los indicadores de cada escala y se establece si es mayor la
frecuencia del maltrato o el daño que este ocasiona en las víctimas.

68
Población
La población que se utilizó para la presente investigación fueron personas del
género femenino que hayan sido víctimas de violencia intrafamiliar y que estén
siendo atendidas en la institución especializada en violencia ubicada en el municipio
de Atlacomulco.

Muestra
La muestra que se utilizó fue de tipo no probabilística por conveniencia, obteniendo
un total de 90 participantes del género femenino de entre 17 y 62 años de edad,
residentes de la zona norte del Estado de México, que hubiesen sido víctimas de
violencia intrafamiliar y que estuvieran siendo atendidas entre los meses de julio y
noviembre de 2018 en la institución especializada en violencia ubicada en el
municipio de Atlacomulco.

Diseño de investigación

De acuerdo con los objetivos propuestos, el diseño de la presente investigación fue


de tipo no experimental transeccional (Hernández, Fernández & Baptista, 2014).

Captura de información
Los pasos a seguir para la recolección de datos de la presente investigación fueron
los siguientes:
 Solicitar autorización a las usuarias que eran valoradas en el área de
Psicología de la institución especializada en violencia ubicada en el municipio
de Atlacomulco para participar en el estudio.
 Dar a firmar el consentimiento informado a cada una de las participantes.
 Proporcionar uno de los instrumentos a contestar y explicar la forma de
llenado de este.

69
 Una vez que la usuaria terminó de contestar el primer instrumento, se le
proporcionó el segundo explicando las instrucciones de llenado y así
sucesivamente con cada una de las escalas.
 En cuanto las usuarias acababan de contestar todos los instrumentos se les
agradecía por su participación en el estudio.

Procesamiento de información
En la investigación se trabajó con la estadística inferencial de tipo paramétrica,
utilizando el análisis de correlación de Pearson, con un nivel de significancia de .05
y un intervalo de confianza de 95%.

70
RESULTADOS

Con base en los instrumentos aplicados a cada una de las personas que componen
la muestra, se realizó un análisis descriptivo tanto de las variables
sociodemográficas como de las variables de estudio, obteniendo de las primeras los
siguientes resultados:

Figura 1. Edad de las participantes.

De acuerdo con la edad de las participantes, se puede notar que estas se


encuentran en un rango de 17 a 62 años de edad, sin embargo, las edades que más
predominan en la muestra es de entre 21 y 30 años (43%) (véase Figura 1).

71
Figura 2. Escolaridad de las participantes.

De acuerdo con la escolaridad de las participantes, se observa que una gran parte
de las víctimas tiene estudios de preparatoria concluida (31%) y de secundaria
concluida (29%) (véase Figura 2).

Figura 3. Lugar de residencia de las participantes.

De acuerdo con el lugar de residencia de las participantes, se aprecia que en su


mayoría pertenecen al municipio de Atlacomulco (20%), seguido de Jilotepec (11%)
e Ixtlahuaca (11%) (véase Figura 3).
72
Por otro lado, respecto a los análisis descriptivos correspondientes a la variable de
dependencia emocional se obtuvieron los siguientes resultados:

Figura 4. Niveles de ansiedad de separación de las participantes.

En cuanto al factor de ansiedad de separación, el nivel predominante en víctimas


de violencia es el alto, toda vez que el 45% de la muestra presenta tal característica
(véase Figura 4).

73
Figura 5. Niveles de expresión afectiva de las participantes.

Respecto al factor de expresión afectiva, se distingue que el nivel predominante en


las participantes es el bajo, ya que el 39% de la muestra se ubica en esta categoría
(véase Figura 5).

Figura 6. Niveles de modificación de planes de las participantes.

En el factor de modificación de planes, el nivel predominante en las víctimas es el


bajo, debido a que el 42% de la muestra presenta dicho nivel (véase Figura 6).
74
Figura 7. Niveles de miedo a la soledad de las participantes.

En cuanto al factor de miedo a la soledad, el nivel predominante en las víctimas de


violencia es el bajo, toda vez que el 37% de las participantes se ubica en tal nivel
(véase Figura 7).

Figura 8. Niveles de expresión límite de las participantes.

Respecto al factor de expresión límite, se puede notar que el nivel predominante en


las víctimas es el alto, ya que el 38% de la muestra presenta esta característica
(véase Figura 8).
75
Figura 9. Niveles de búsqueda de atención de las participantes.

En el factor de búsqueda de atención, se advierte que el nivel predominante en las


participantes es el alto, debido a que el 42% de la muestra se encuentra en tal
categoría (véase Figura 9).

Figura 10. Nivel de dependencia emocional de las participantes.

En cuanto al nivel dependencia emocional, el nivel predominante en víctimas de


violencia es el alto, toda vez que el 47% de la muestra se encuentra en dicho nivel
(véase Figura 10).
76
Así mismo, en los análisis descriptivos correspondientes a la variable de indefensión
aprendida se obtuvieron los siguientes resultados:

Figura 11. Niveles de indefensión como pesimismo y dificultad para resolver


problemas de las participantes.

En el factor de indefensión como pesimismo y dificultad para resolver problemas, se


puede percatar que el nivel predominante en las víctimas es el alto, debido a que el
49% de la muestra presenta esta característica (véase Figura 11).

77
Figura 12. Niveles de percepción de control y calidad de vida de las participantes.

Respecto al factor de percepción de control y calidad de vida, se encontró que el


nivel predominante en las víctimas es el bajo, ya que el 48% de la muestra presenta
tal categoría (véase Figura 12).

Figura 13. Niveles de confusión y aturdimiento de las participantes.

En el factor de confusión y aturdimiento, se aprecia que el nivel predominante en


las participantes es el alto, toda vez que el 41% de la muestra se ubica en dicho
nivel (véase Figura 13).
78
Figura 14. Nivel de indefensión aprendida de las participantes.

En cuanto al nivel de indefensión aprendida, el nivel predominante en víctimas de


violencia es el bajo, toda vez que el 38% de la muestra se encuentra en esta
categoría (véase Figura 14).

Del mismo modo, se realizaron análisis descriptivos correspondientes a la variable


de violencia donde se obtuvieron los siguientes resultados:

Figura 15. Tipos de violencia sufrida por las participantes.

En cuanto a los tipos de violencia sufrida por las participantes, se distingue que la
psicológica y social es la que más predomina, ya que el 39% de la muestra presenta
con mayor frecuencia este tipo de violencia (véase Figura 15).
79
Figura 16. Daño causado por los tipos de violencia en las participantes.

Respecto al daño que causan los diferentes tipos de violencia en las participantes,
la violencia psicológica y social es la que más impacto tiene en las víctimas, ya que
el 38% de la muestra presenta mayor daño ante tal tipo de agresiones (véase Figura
16).

Figura 17. Porcentaje de frecuencia y daño de violencia en las participantes.

En cuanto a la frecuencia y daño ocasionados por la violencia, se denota que el


daño suele ser más común en las víctimas con un 52% en comparación con la
frecuencia con la que presencian los malos tratos (48%) (véase Figura 17).
80
Finalmente se realizaron las correlaciones existentes entre las variables de estudio
y se encontraron relaciones estadísticamente significativas entre las dimensiones
de dependencia emocional y las de indefensión aprendida, teniendo así que las
víctimas cuya dependencia les impide alejarse de su pareja suelen ser aquellas que
tienen miedo a la soledad por lo que la ruptura de la relación podría ser algo
catastrófico para estas, lo cual ocasiona que constantemente se encuentren
confundidas respecto a cómo solucionar dicha problemática y que actúen de
manera irracional mientras perdure tal vínculo afectivo.

Así mismo, las mujeres que experimentan malos tratos por parte de su pareja
tienden a mantener una actitud de pesimismo y falta de control para resolver los
problemas que se les vayan presentando a diario, además de que su expresión
afectiva tiene repercusiones significativas toda vez que suelen estar confundidas
respecto a las actitudes que su agresor tiene hacia ellas por lo que constantemente
estarán en la búsqueda de atención de su pareja sin importar el daño que este les
ocasione, lo cual a largo plazo ocasionara una disminución significativa en su
calidad de vida.

Por lo tanto, se denota que la dependencia emocional tiene una relación


estadísticamente significativa con la indefensión aprendida, por lo que si los niveles
de dependencia emocional tienden a incrementar o a disminuir, también los niveles
de indefensión aprendida actuaran de la misma manera; además, si la frecuencia y
daño de la violencia es significativa, se verá reflejada principalmente en las víctimas
mediante la presencia de modificación de planes, miedo a la soledad, confusión y
aturdimiento (véase Tabla 1).

81
Tabla 1. Correlaciones entre las variables de estudio.

Variables 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
1. Ansiedad de separación ----
2. Expresión afectiva .403** ----
3. Modificación de planes .337** .212* ----
4. Miedo a la soledad .388** .334** .171 ----
5. Expresión limite .254* .331** .157 .272** ----
6. Búsqueda de atención .350** .343** .089 .140 .124 ----
7. Dependencia emocional .766** .665** .530** .572** .471** .479** -----
8. Indefensión como pesimismo
y dificultad para resolver .261* .267 .007 .260* .343** .146 .367** ----
problemas
9. Percepción de control y
-.288** -.366** .062 -.156 -.112 -.401** -.321** -.370** -----
calidad de vida
10. Confusión y aturdimiento .363** .385** .100 .426** .213* .280** .417** .277** -.411** -----
11. Indefensión aprendida .221* .160 .098 .316** .285** -.107 .289** .618** .208* .359** -----
12. Frecuencia de violencia .103 -.069 .261* .122 -.047 -.007 .033 .021 -.056 .243* .043 -----
13. Daño de violencia .165 .001 .298** .225* .034 -.041 .112 .017 -.009 .257* .086 .915** ------

*sig=0.05 **sig=0.01

82
DISCUSIÓN

El presente trabajo de investigación tuvo como objetivo relacionar la dependencia


emocional con la indefensión aprendida en mujeres víctimas de violencia
intrafamiliar que son atendidas en una institución especializada en violencia ubicada
en el municipio de Atlacomulco, para conocer cómo es que algunos efectos de la
violencia se vinculan con otros y por consiguiente determinar el daño psicológico
que tienen las víctimas como consecuencia de los malos tratos recibidos por parte
de su pareja.

De acuerdo con el modelo de atribución de causalidad propuesto por Peterson y


Seligman (1984) “los organismos que perciben que las consecuencias son
independientes de su conducta, tenderán a producir una creencia de ineficacia en
sus respuestas para controlar una situación de aprendizaje posterior, y cuando el
acontecimiento es lo suficientemente traumático, produce cambios y alteraciones
emocionales”.

De esta manera, en el caso de las víctimas de violencia intrafamiliar se han notado


una serie de respuestas psicológicas como consecuencia del maltrato recibido por
parte de su pareja que, de acuerdo con el IMO (2009) suelen presentarse
principalmente por una falta de autonomía y la presencia de ciertas ideas de
autoinculpación, ocasionando que después de determinado tiempo de estar
viviendo dicha problemática ya la perciban como algo normal y no hagan nada por
evitar que tal situación se detenga, lo cual a largo plazo genera la aparición de
efectos tanto emocionales como conductuales, entre los que destacan la
dependencia y la pasividad o indefensión.

En cuanto a dependencia emocional, Arana (2005) refiere que “las mujeres que
soportan el maltrato, lo hacen porque padecen dependencia económica o
emocional, además de que son muy susceptibles de establecer relaciones de pareja

83
patológicas y desequilibradas asumiendo en ellas un rol subordinado”, lo cual se
corrobora con los resultados obtenidos en la investigación debido a que en la
mayoría de participantes se encontraron ciertos niveles de dependencia, sin
embargo, el nivel predominante fue el alto, toda vez que casi la mitad de la muestra
se encuentra en dicha categoría, seguido del bajo y sólo un porcentaje mínimo
presenta niveles extremadamente bajos de dependencia.

Dicho lo anterior, cabe mencionar que entre las características que presentan las
víctimas de violencia referentes a dependencia emocional, sobresalen los
sentimientos de abandono, ansiedad ante la separación, idealización de la pareja,
baja autoestima y en algunos casos la presencia de agresiones tanto físicas como
psicológicas a lo largo de su relación de pareja ya que, por la necesidad de
permanecer junto a esta, las víctimas “adoptan actitudes poco saludables para
encontrar ese muy ansiado afecto y conservarlo, como la subordinación y sumisión”
(Castelló, 2005), donde lo que se busca es satisfacer al otro sin importar el daño
que esto ocasione.

Por otro lado, respecto a la indefensión aprendida, Kilpatrick y Otto (1987) afirman
que “como consecuencia de una agresión se producen cambios ya que las personas
han sido expuestas a hechos inesperados e incontrolables a las que reaccionan con
pasividad”. De esta manera, los resultados obtenidos reflejan que las víctimas de
violencia intrafamiliar presentan ciertos niveles de indefensión aprendida teniendo
como nivel predominante el bajo, toda vez que aproximadamente un tercio de la
muestra se encuentra en dicha categoría.

Así pues, es importante mencionar que entre las características que distinguen la
presencia de indefensión aprendida se encuentran el pesimismo, dificultad para
resolver problemas, confusión y aturdimiento, las cuales fueron las que tuvieron
niveles más altos en las participantes, lo cual corrobora lo mencionado por dichos
autores debido a que se tienen cambios significativos en las víctimas por lo que
estas tienden a considerar que todo lo que hagan por erradicar tal situación será

84
inútil, ocasionando así que mantengan una actitud de pasividad y tolerancia hacia
las agresiones cometidas por parte de su pareja.

Además, se encontró que el tipo de violencia que más prevalece y frecuentemente


mayor daño ocasiona en las participantes es la psicológica y social, ya que
aproximadamente un tercio de la muestra presenta signos asociados a este tipo de
maltrato entre los que se encuentran la dependencia emocional e indefensión
aprendida, lo cual corrobora lo propuesto por el IMO (2009) quienes establecen que
cuando ya se ha perdido toda esperanza de erradicar el maltrato en la pareja o bien
cuando los episodios de violencia han sido continuos y persistentes durante un
lapso de tiempo prologando, las víctimas se involucran en un proceso patológico de
adaptación donde además de las variables en cuestión se tiene una pérdida de
control, una baja respuesta conductual y cierta identificación con el victimario.

Por otra parte, para corroborar la relación existente entre las variables en cuestión
se realizó una correlación de Pearson con las dimensiones y niveles
correspondientes tanto a dependencia emocional como a indefensión aprendida,
donde se encontraron relaciones estadísticamente significativas, por lo que si el
nivel de dependencia emocional es mayor también lo será el nivel de indefensión
aprendida y viceversa.

Por lo tanto, con los resultados obtenidos en la presente investigación se acepta la


hipótesis de trabajo donde se señala que existe relación entre dependencia
emocional e indefensión aprendida en mujeres víctimas de violencia intrafamiliar y
se corrobora lo propuesto en el modelo de atribución de causalidad, lo cual en el
caso de las participantes se ve reflejado principalmente en una falta de autonomía
y en la presencia de ideas de autoinculpación que las hacen desarrollar cierta
dependencia hacia su agresor y por consiguiente tolerar todo tipo de maltrato que
este les genere a lo largo de su relación de pareja.

85
CONCLUSIONES

Con base a los resultados obtenidos en la presente investigación, se puede concluir


que la dependencia emocional está relacionada con la indefensión aprendida en
víctimas de violencia intrafamiliar atendidas en la institución especializada en
violencia ubicada en el municipio de Atlacomulco. Así mismo, se identificó que el
nivel de dependencia emocional predominante en las víctimas es el alto, mientras
que el nivel de indefensión aprendida es el bajo, además de que el tipo de violencia
que tiene mayor frecuencia y daño es la psicológica y social.

86
SUGERENCIAS

Se recomienda que en investigaciones posteriores se continúe indagando acerca


de la indefensión aprendida debido a que aún es un tema con poca evidencia
científica y empírica, por lo que se podría explorar cada una de las dimensiones que
esta comprende o relacionarla con otras variables tales como el estrés, la
motivación o la ansiedad, las cuales son algunas de las consecuencias más
frecuentes en las víctimas de violencia intrafamiliar.

Así mismo, para el Centro Universitario se sugiere impartir seminarios o talleres


relacionados con Psicología de la Violencia ya que dentro del programa educativo
no se cuenta con unidades de aprendizaje que aborden tal temática y cómo es que
un psicólogo puede intervenir ante dicha problemática.

Por otro lado, para la institución en la que se llevó a cabo el presente trabajo se
propone la realización de campañas de prevención donde se impartan algunas
conferencias y se brinde información sobre los indicadores de violencia intrafamiliar
y qué acciones tomar en caso de que ya se esté siendo víctima de tal situación,
debido a que quienes sufren malos tratos por parte de su pareja suelen tener
dificultad para resolver problemas y cierto grado de confusión ante la problemática
que están viviendo.

Finalmente, sería conveniente que se continúe con la investigación en otras


regiones del Estado de México debido a que es la entidad federativa con mayor
índice de violencia, por lo que sería importante conocer cómo es que se comporta
tanto la dependencia emocional como la indefensión aprendida con otro tipo de
muestras y por consiguiente comprender mejor tales variables.

87
ÍNDICE DE TABLAS Y FIGURAS

Figura 1. Edad de las participantes……………………………………………………..71


Figura 2. Escolaridad de las participantes……………………………………………..72

Figura 3. Lugar de residencia de las participantes…………………………………….72


Figura 4. Niveles de ansiedad de separación de las participantes…………………..73
Figura 5. Niveles de expresión afectiva de las participantes…………………………74

Figura 6. Niveles de modificación de planes de las participantes……………………74


Figura 7. Niveles de miedo a la soledad de las participantes………………………...75
Figura 8. Niveles de expresión límite de las participantes……………………………75

Figura 9. Niveles de búsqueda de atención de las participantes…………………….76


Figura 10. Nivel de dependencia emocional de las participantes……………………76
Figura 11. Niveles de indefensión como pesimismo y dificultad para resolver
problemas de las participantes………………………………………………………….77
Figura 12. Niveles de percepción de control y calidad de vida de las
participantes………………………………………………………………………………78

Figura 13. Niveles de confusión y aturdimiento de las participantes………………...78


Figura 14. Nivel de indefensión aprendida de las participantes……………………...79
Figura 15. Tipos de violencia sufrida por las participantes…………………………...79

Figura 16. Daño causado por los tipos de violencia en las participantes……………80
Figura 17. Porcentaje de frecuencia y daño de violencia en las participantes…......80

Tabla 1. Correlaciones entre las variables de estudio………………………………...82

88
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