SANTA MARÍA DE LA MERCED
REDENTORA DE CAUTIVOS Y PRESOS
24 de septiembre de 2008
Libéranos, Señora de gracia,
Dios te salve, llena de gracia, de cuanto nos ata y oprime.
Dios te salve, Madre del Divino cautivo, Alcánzanos la libertad de los hijos de Dios
Señora la Merced, abogada de nuestras penas, y los frutos redentores de tu Hijo.
dulce paño de lágrimas
y baluarte de nuestra dignidad. Sé, Virgen María,
Madre de preso sublime,
A ti acudimos, hombres y mujeres privados de libertad. el norte que guíe nuestros pasos,
En tu regazo maternal ponemos nuestros pesares. para que nunca más tropecemos
Dios te salve, Madre del Cristo, y tengamos la oportunidad
libertador de encarcelados, de poder volver a empezar.
fiel compañero de infortunio y esperanza nuestra.
Ayúdanos, Señora, a vivir en tu amor,
Serenísima Madre, detén la espiral de violencia diferentes, juntos y en paz, y haz presentes
y ayúdanos a no combatir el mal con el mal. nuestros anhelos ante tu Hijo.
Que la indulgencia venza al odio,
y la prudencia encamine nuestros pasos Madre de todas las gracias,
por la senda de la Justicia que tú quieres, no mires nuestros méritos,
la que endereza lo torcido, sino la sinceridad de nuestra oración
la que restaura y reconcilia, y llévale al Cristo preso
la que responsabiliza y repara. la súplica del buen ladrón: “a pesar de todo,
‘Acuérdate de mi Señor’”.
Multiplica, Madre de amor infinito,
los esfuerzos de quienes se empeñan No nos olvides,
en dignificar y humanizar las prisiones, Madre de la Merced,
y de cuantos no reniegan de la causa y regálanos cuanto antes la anhelada
del ser humano y de su suprema libertad. libertad.
Ayúdales a ofrecer más oportunidades, Amén.
a construir más puentes y a colocar menos rejas.
Virgen de los privados de libertad,
de los de cerca y de los de lejos,
no nos abandones ni de noche ni de día.
Recuérdanos que nuestro compromiso
+ Vicente Jiménez Zamora
es abrir las fronteras, superar los muros de las prisiones Obispo de Santander y
y humanizar las leyes de extranjería, para que todos Encargado de la Pastoral Penitenciaria
nos reconozcamos como hijos del mismo Padre.