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Biografía de Carlos Menem: Nacimiento y Carrera

Carlos Menem fue un abogado y político argentino que se desempeñó como presidente de Argentina entre 1989 y 1999, tras haber sido gobernador de La Rioja. Su presidencia estuvo marcada por un drástico programa de ajuste económico que incluyó privatizaciones masivas y reformas en el sistema de seguridad social, lo que generó tanto crecimiento económico como críticas por el impacto social. Menem también implementó reformas constitucionales que permitieron su reelección y modificaron la estructura del gobierno argentino.

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Biografía de Carlos Menem: Nacimiento y Carrera

Carlos Menem fue un abogado y político argentino que se desempeñó como presidente de Argentina entre 1989 y 1999, tras haber sido gobernador de La Rioja. Su presidencia estuvo marcada por un drástico programa de ajuste económico que incluyó privatizaciones masivas y reformas en el sistema de seguridad social, lo que generó tanto crecimiento económico como críticas por el impacto social. Menem también implementó reformas constitucionales que permitieron su reelección y modificaron la estructura del gobierno argentino.

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CARLOS MENEM

SU
PRESIDENCIA

Alumna: Brisa Mariel Gutierrez


Curso: 5to
Division: 2da
¿Quién era Menem? ¿Cómo su fue su vida y como llego a su
presidencia?
Nacido en la rioja un 2 de julio de 1930 Carlos Saul Menem
fue un abogado y político argentino, presidente de la
Nación Argentina entre 1989 y 1999 y gobernador de la
provincia de La Rioja en los períodos 1973-1976 y 1983-
1989. Desde 2005 hasta 2021 fue senador nacional, en
representación de la provincia de La Rioja.

Anillaco: ciudad de la rioja en la que nació Carlos menem

En 1951 en un viaje a la capital del equipo de baloncesto


universitario donde jugaba, conoció al presidente Juan
Domingo Perón y a su esposa, Eva Duarte de Perón,
experiencia que iba a determinar su militancia en el
Movimiento Justicialista fundado y acaudillado por el
general. Se licenció en Derecho por la Universidad de
Córdoba y comenzó a ejercer la abogacía en su provincia
natal como defensor de oficio de los presos políticos
encarcelados a raíz del golpe de Estado militar de aquel
año.
En 1957, al cabo de un período de cárcel de varios meses
por apoyar una intentona golpista contra el Gobierno militar
de Pedro Eugenio Aramburu, fundó la Juventud Peronista de
La Rioja y pasó a asistir legalmente a la Confederación
General del Trabajo (CGT), poderosa central sindical
justicialista, actividad que ejerció hasta 1970.
Cargos que ocupo hasta su presidencia
-En 1962 resultó elegido diputado provincial por el
departamento de Castro Barros, aunque el golpe de Estado
militar que derrocó el Gobierno radical de Arturo Frondizi le
imposibilitó desempeñar el cargo.
-En 1963 fue elegido presidente en La Rioja del Partido
Justicialista.
-En 1973 bajo la fórmula del Frente Justicialista de
Liberación (Frejuli), Menem ganó con el 67% de los
sufragios el mandato de gobernador provincial de La Rioja.
-El 30 de octubre de 1983 volvió a ser elegido gobernador
de La Rioja con el 54% de los votos. (luego de haberse visto
envuelto en los golpes de estado y siendo liberado de su
encierro)
- En las elecciones legislativas de septiembre de 1987
Menem, quien justamente ese mes obtuvo la reelección en
La Rioja con el 63% de los votos, y de Cafiero como
presidente y vicepresidente del Consejo Nacional del PJ,
gracias al prestigio cosechado por ambos con sus éxitos
electorales en sus respectivas circunscripciones, que
salvaguardaban las esperanzas de una victoria sobre los
radicales a nivel nacional.
-El 14 de mayo de 1989, como candidato del Frente
Justicialista Popular (Frejupo), una coalición del PJ con
diversos partidos menores, Menem se impuso al postulante
del oficialismo radical, Eduardo César Angeloz, con el 49,3%
de los votos.
Economía desde los comienzos de su presidencia
Menem heredó una economía en rápida descomposición,
con una previsión de recesión acumulada al final del año
del 6% del PIB, una hiperinflación cercana al 5.000% y
deuda exterior totalizando los 63.000 millones de dólares.
Con celeridad y poniéndose en las antípodas de los
mensajes populistas prodigados en su campaña electoral, el
flamante mandatario aplicó un extraordinariamente duro
programa de ajuste.
Los dos primeros años del Gobierno de Menem fueron
singularmente angustiosos, ya que el programa exhaustivo
de desregulaciones, privatización general de las empresas
públicas, reducción del gasto público y bloqueo de los
salarios, que se situaron por debajo del índice de precios,
multiplicados varias veces en el caso de algunos servicios
públicos, tardaba en generar la deseada estabilidad, y,
entre tanto, tenía efectos devastadores sobre el poder
adquisitivo de las clases medias y bajas.
Por lo que se refiere a la campaña de privatizaciones,
calificada de "salvaje" por quienes se oponían a la venta de
los activos del Estado a compañías foráneas, fue de tal
magnitud que al final de la presidencia de Menem
virtualmente no quedaba ninguna empresa en manos del
Estado. La petrolera YPF (vendida a la española Repsol), la
operadora de telecomunicaciones Entel (repartida entre
France Telecom, Telecom Italia y Telefónica de España),
Aerolíneas Argentinas (de cuyo capital la española Iberia
pasó a ser el mayor propietario), el Sistema Eléctrico del
Gran Buenos Aires (SEGBA, repartida entre la española
Endesa, la francesa EDEF y el grupo chileno Enersis), Obras
Sanitarias, Ferrocarriles Argentinos, Gas del Estado,
Vialidad Nacional y Líneas Marítimas del Estado eran los
nombres más emblemáticos de una lista de más de 400
empresas públicas que fueron privatizadas.
Ni siquiera el sistema de seguridad social se libró de la
vorágine desreguladora. Con el argumento de que había
que sanear sus finanzas y librarlo de la ineficiencia y el
despilfarro, el Gobierno de Menem sometió a profundas
reformas a los regímenes de jubilaciones y pensiones y a
los seguros contra riesgos laborales, enfermedad y
desempleo, en un sentido acusadamente regresivo.
Recortando las coberturas legales y, trasladando la gestión
de los servicios a manos privadas, Menem, siempre en aras
de la modernización, la eficacia y la extinción de los abusos
del asistencialismo, propició el desmantelamiento del
sistema de previsión social y liquidó lo que quedaba del
Estado-providencia argentino fundado, precisamente, por el
general Perón cuatro décadas atrás. La retirada general del
Estado afectó de lleno también al sistema [Link]
de la ineficiencia y el despilfarro, el Gobierno de Menem
sometió a profundas reformas a los regímenes de
jubilaciones y pensiones y a los seguros contra riesgos
laborales, enfermedad y desempleo, en un sentido
acusadamente regresivo. Recortando las coberturas legales
y, trasladando la gestión de los servicios a manos privadas,
Menem, siempre en aras de la modernización, la eficacia y
la extinción de los abusos del asistencialismo, propició el
desmantelamiento del sistema de previsión social y liquidó
lo que quedaba del Estado-providencia argentino fundado,
precisamente, por el general Perón cuatro décadas atrás.
La retirada general del Estado afectó de lleno también al
sistema educativo.

Menem acometió una serie de medidas dirigidas a resolver


definitivamente la cuestión militar, en la línea avanzada por
el Gobierno de Alfonsín con sus leyes de protección jurídica
de los miembros del estamento implicados en la violación
de los Derechos Humanos. Las principales actuaciones de
Menem en este terreno fueron los polémicos indultos del 5
octubre de 1989 y el 30 de diciembre de 1990, que
excarcelaron a los máximos culpables de la represión de la
dictadura que permanecían en prisión, entre ellos los ex
presidentes Jorge Rafael Videla, Roberto Eduardo Viola y
Leopoldo Fortunato Galtieri, así como Mario Eduardo
Firmenich, máximo jefe de los Montoneros.
La segunda medida de gracia se aplicó precisamente a las
tres semanas de frustrarse la última asonada de militares
carapintadas en Buenos Aires, liderados por el coronel
ultraderechista Mohamed Alí Seineldín, contumaz
reincidencia en este tipo de desafíos al poder civil que
obligó a Menem a declarar, por primera y última vez en su
largo mandato, el estado de sitio, con una duración de 48
horas. Los indultos de Menem fueron valorados como
afrentosos por los familiares de las víctimas y por el general
de los comentaristas como una muestra de la debilidad del
Gobierno ante las presiones castrenses. Pero el presidente,
hostil a toda investigación tendente a depurar
responsabilidades por la guerra sucia, justificó sus
decisiones en aras de la superación del pasado. En ese
sentido, el reemplazo de mandos y la abolición por decreto,
el 31 de agosto de 1994, del Servicio Militar Obligatorio,
que había durado casi un siglo, favorecieron la
profesionalización y la despolitización de las Fuerzas
Armadas argentinas, finalizando la tradición, sistemática
entre 1955 y 1983, de entrometerse en la vida política
nacional. En lo sucesivo, los uniformados iban a atenerse
estrictamente a su función constitucional, sin importar el
grado de crispación social o política reinante fuera de los
cuarteles.
En 1991 la tensión social comenzó a aminorar a la par que
el programa de choque, capitaneado por el ministro de
Economía (desde el 31 de enero) Domingo Felipe Cavallo,
empezaba a dar sus frutos macroeconómicos. Luego de fijar
la cotización del austral en razón de 10.000 unidades por
dólar, el año se cerró con un crecimiento positivo del PIB,
del 4,5%, y una inflación de sólo el 173%. El 1 de enero de
1992 entró en vigor la última previsión del Plan de
Convertibilidad lanzado en abril del año anterior. Tildado en
algunos medios de "monetarista heterodoxo", el Plan
recuperaba el peso como unidad de cuenta nacional sobre
la paridad exacta (muy sobrevalorada, de hecho) y fija con
el dólar, y prohibía toda emisión de moneda sin el debido
respaldo en las reservas internacionales de divisas.
Beneficiada la actividad
económica por la caída de
los tipos de interés a unos
valores racionales, la
tendencia al crecimiento
se sostuvo en los años
siguientes salvo en 1995,
cuando sobrevino una
repentina recesión del -
4,4%, en parte debida a la
crisis financiera y
monetaria sufrida por
México el año anterior.
Entre 1990 y 1999 la
economía nacional creció
un promedio del 3,3%
anual, un resultado
realzado por la fortísima
tasa registrada en 1997,
el 8,4%. Al comportamiento positivo del PIB se añadió una
evolución inflacionaria espectacular; en 1996 esta variable
se contrajo nada menos que hasta el 0,1% anual, el índice
más bajo del mundo aquel año, y a lo largo de la década se
registraron trimestres con inflación negativa o deflación.
Y sin embargo, en todo este tiempo Menem había
conseguido imponer un poco de orden en las filas
justicialistas y pronto se benefició de la relativa calma
social. El PJ confirmó su primacía en las legislativas
parciales del 8 de septiembre de 1991 y el 3 de octubre de
1993, aunque, con el 43,1% de los votos y los 126 escaños
obtenidos en la última convocatoria, siguió privado de la
mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. El mandatario
se apuntó un extraordinario éxito personal cuando
consiguió que la UCR, por el denominado Pacto de Olivos
con Alfonsín, anunciado el 14 de noviembre de 1993 y
firmado el 13 de diciembre siguiente, aceptara sacar
adelante una revisión de la Constitución para introducir,
evitando el referéndum nacional, una importante reforma
política y de las instituciones cuyo punto más llamativo era
la reelección presidencial para un segundo período
cuatrienal consecutivo en lugar del mandato sexenal no
prorrogable.
Ésta era la segunda ocasión en la historia argentina en que
un presidente disponía lo necesario para sucederse a sí
mismo, y es que Menem se inspiró en la Constitución de
1949, que permitió a Perón presentarse de nuevo a las
elecciones en 1951. El 22 de diciembre de 1993 la Cámara
de Diputados aprobó el proyecto reformista con 188 votos a
favor, 53 en contra y tres abstenciones, el 10 de abril de
1994 fue elegida la preceptiva Asamblea Constituyente y el
23 de agosto siguiente quedó promulgada la nueva Carta
Magna, que sustituía a la vigente desde 1853.
Principales puntos de la reforma
Las reformas de 1994 fueron amplias y comprendieron
tanto la parte dogmática (derechos y garantías) como la
orgánica (organización de los Poderes).
Se acortó de seis a cuatro años los períodos presidenciales,
pero con posibilidad de una reelección. El objetivo fue
reducir el hiperpresidencialismo, y para ello se creó la
figura del Jefe de Gabinete de Ministros. Y se establecieron
controles cruzados sobre el Poder Ejecutivo. Por ejemplo,
con la creación de la Auditoria General de la Nación, como
un organismo de control externo del sector público
nacional, y con la Sindicatura General de la Nación y el
Defensor del Pueblo.
El Poder Ejecutivo, además, amplió su posibilidad legislar a
través de la facultad de dictar decretos de necesidad y
urgencia (DNU).
Por otro lado, se modificó la composición del Senado: se
elevó a tres los senadores de cada provincia y de la Ciudad
de Buenos Aires, dos por la mayoría y uno por la minoría.
Se amplió el período ordinario de sesiones del Congreso
Nacional a nueve meses. Y se facilitó el acceso a la justicia
de los ciudadanos al incorporar, por ejemplo, las acciones
de amparo individual o colectivo.
La nueva Constitución otorgó mayor independencia a la
justicia. Se creó el Consejo de la Magistratura de la Nación
para el nombramiento de los jueces. Y se transformó al
Ministerio Público Fiscal en un órgano autónomo. Respecto
de la designación de jueces de la Corte Suprema, se
mantuvo el mismo procedimiento pero se agregó el
requisito de mayoría de dos tercios de los presentes del
Senado.
Los tratados internacionales de derechos humanos
adquirieron rango constitucional. Y se reconocieron las
garantías de amparo, habeas corpus y habeas data.
También el derecho a la iniciativa popular, es decir, el
derecho de los ciudadanos a presentar proyectos de ley y la
consulta popular de determinados proyectos de ley.

Y se incorporó una serie de derechos: al medio ambiente


sano y a la utilización racional de los recursos naturales, la
protección de los intereses de los consumidores y usuarios,
el secreto de la fuente periodística, y los derechos de los
pueblos indígenas.
También se decidió la autonomía de la Ciudad de Buenos
Aires. Así, los vecinos de la ciudad lograron empezar a
elegir a sus autoridades de manera autónoma.
Menem culminó con éxito su estrategia continuista en las
elecciones generales del 14 de mayo de 1995. Él fue
reelegido en las presidenciales con el 49,6% de los votos
sobre el 29,2% de su inmediato rival, José Octavio Bordón,
del Frente País Solidario (Frepaso), una pujante amalgama
de centro-izquierda formada por socialistas y disidentes de
los dos partidos principales, donde se sucedían las voces
críticas al "peronismo traidor" y al "radicalismo light". En los
comicios a la Cámara de Diputados, el PJ consiguió, con el
43% de los sufragios y 134 escaños, remontar el 37,6%
obtenido en las constituyentes del año anterior y, de paso,
su primera mayoría absoluta desde 1951. En el discurso de
toma de posesión el 8 de julio, Menem anunció que en su
segundo mandato iba a concentrarse en "aniquilar" el paro
y en atender el malparado capítulo social y si bien consiguió
en estas consultas un respaldo electoral que reconocía sus
éxitos en la estabilización de la economía, no dejó de ser
objeto de duras acusaciones desde diversos colectivos
considerados agraviados por su gestión, desde los
sindicatos movilizados contra el ajuste hasta las
organizaciones de víctimas de la dictadura, pasando por
asociaciones populares de base y el gremio de periodistas.
Estos últimos fueron objeto de repetidas agresiones físicas
y atentados por individuos no identificados y
supuestamente auspiciados desde el poder, que intentaría
amedrentar a los profesionales de la información dedicados
a investigar y aventar los trapos sucios del menemismo.

En el verano de 1996 se reactivó la protesta sindical por el


incremento del desempleo, que alcanzó en 1995 su cota
máxima del 18,4%, la reforma liberalizadora de la
legislación laboral, la desarticulación de los servicios
sociales y, en definitiva, por las tremendas penurias de una
población que en un 25% se situaba ya por debajo del
umbral de la pobreza. Este descontento quedó bien de
manifiesto en las elecciones legislativas del 26 de octubre
de 1997, en las que la nueva Alianza entre la UCR, el
Frepaso y pequeños partidos regionalistas batió con el
45,7% de los votos al PJ, que sólo obtuvo el 36,2% y perdió
la mayoría de diputados por primera vez desde 1987. La
oposición, una de cuyas primeras medidas legislativas fue
la revocación, el 24 y el 25 de marzo de 1998, de las leyes
de Punto Final (1986) y Obediencia Debida (1987) -votación
simbólica, ya que la derogación no tenía carácter
retroactivo y por lo tanto no afectaba a los varios
centenares de militares que se beneficiaron de la
impunidad-, advirtió que tenía en la punta de los dedos la
capacidad de desalojar al peronismo del poder en las
presidenciales de 1999.

De cara a esta convocatoria, Menem expresó su deseo de


postularse de nuevo, mediante una segunda reforma
constitucional ad hoc si era preciso, lo que levantó una
corriente de oposición interna liderada por Eduardo Alberto
Duhalde, popular gobernador de la provincia de Buenos
Aires desde 1991 tras cesar en la Vicepresidencia de la
Nación e identificado como su principal rival en el
justicialismo. A pesar de que la cláusula transitoria 9 de la
Constitución puntualizaba que el mandamiento del
presidente en ejercicio en el momento de sancionarse la
reforma era ya el primer mandato cuatrienal, los llamados
"ultramenemistas", partidarios indeclinables del presidente,
insistieron en buscar un resquicio jurídico que permitiera
considerar el período presidencial iniciado en 1995 no el
segundo, sino el primer cuatrienio.
Ante las resistencias suscitadas por doquier, el 21 de julio
de 1998 Menem anunció que renunciaba a pugnar por la
"re-reelección", dejando en apariencia el camino libre para
la nominación de Duhalde, pero en febrero de 1999 reactivó
la ofensiva política en busca de apoyos para su propósito. A
esas alturas, una parte considerable de la militancia ni
siquiera deseaba que se presentara a las elecciones
primarias (para lo que sí le declaró hábil un magistrado), y
el 10 de marzo la aspiración de Menem fue definitivamente
anulada al rechazar la Cámara de Diputados la segunda
reelección presidencial por 159 votos sobre 257. En ese
momento, el grado de aceptación del mandatario en los
sondeos, que tras su elección en 1989 había alcanzado el
65%, no llegaba al 15%.
El 9 de mayo de 1999 Menem cosechó una nueva derrota al
perder las primarias para el candidato peronista a la
gobernación de Buenos Aires su apuesta personal, Cafiero,
ante el hombre de Duhalde, Carlos Federico Ruckauf, a la
sazón vicepresidente de la Nación desde 1995, que arrasó
con el 80% de los votos. Por su parte, Duhalde, una vez
desembarazado de su archirrival, fue proclamado candidato
presidencial el 16 de junio sin necesidad de someterse a las
urnas internas del PJ.
Relaciones con el exterior durante el gobierno de menem
Durante la presidencia de Menem las relaciones entre
Argentina y Estados Unidos alcanzaron la plena
normalización tras medio siglo de desencuentros desde que
el general Perón explorara una tercera vía en política
internacional y sus sucesores se prodigaran en el
Movimiento de países No Alineados. Con este viraje
histórico en la política exterior del país sudamericano,
Menem buscaba el anclaje de Argentina en el grupo de
países occidentales para no quedarse desconectado del
flujo de decisiones y tendencias globales que nacen en el
Norte, renunciando a la identificación exclusiva con las
problemáticas del Tercer Mundo. Alfonsín había considerado
compatible la pertenencia de Argentina a Occidente, por
cultura y vínculos históricos, con su exclusión del concierto
de los países más desarrollados, tanto en los aspectos
económicos como en los de seguridad; para Menem, por
contra, la identidad occidental dejó de ser un hecho ético-
cultural y la reinterpretó en términos de alineamiento
político con el grupo de países liderados por Estados
Unidos.

Luego de enviar en 1990 unidades navales al golfo Pérsico


para la vigilancia del embargo a Irak y de posicionarse del
lado de Estados Unidos en enfoques estratégicos como el
caso de Cuba, Menem, que a lo largo de su mandato realizó
diversas visitas a la superpotencia norteamericana (la
primera, el 27 de septiembre de 1989, marcando un
precedente en un mandatario peronista), recibió en Buenos
Aires a un agradecido Bill Clinton el 16 de octubre de 1997.
En el curso de su visita a la nación austral, Clinton anunció
la concesión del estatus de Aliado Importante No de la
OTAN (MNNA), una condición que fue efectiva el 6 de enero
de 1998 y que convirtió a Argentina en el primer
representante americano de un restringido grupo de países
en relaciones especiales con Washington, siendo los otros
Israel, Egipto, Japón, Corea del Sur, Australia y Jordania.

También con el Reino Unido, enemigo bélico en 1982, los


tratos entraron por la senda de la normalización. El 15 de
febrero de 1990 se reanudaron las relaciones diplomáticas
y el 27 de octubre de 1998 Menem inició la primera visita a
Londres de un presidente argentino desde la guerra de las
Malvinas, durante la cual, el día 29, firmó con el primer
ministro Tony Blair una declaración de reconocimiento
mutuo de las respectivas reclamaciones de soberanía sobre
las islas. Además, el 27 de septiembre de 1995 los países
adoptaron una Declaración Conjunta de Cooperación sobre
Actividades Costa Afuera en el Atlántico Sudoccidental para
la exploración y explotación de hidrocarburos. Por otro lado,
el 25 de junio de 1998 Menem realizó la primera visita
también de un mandatario de su país a Rusia, cuyo
Gobierno se refirió a Argentina como su principal socio en
Latinoamérica. Asimismo, dentro de esta línea de
cooperación y de plena inserción en la comunidad
internacional, Argentina renunció el 28 de noviembre de
1990 a desarrollar armas nucleares.

Menem y el trafico de armas


La salida de la Casa Rosada desprotegió a Menem frente a
las pesquisas judiciales tras la pista de determinados
manejos sospechosos de constituir delito. El 24 de abril de
2001 el fiscal federal Carlos Stornelli solicitó al juez
instructor Jorge Urso la citación indagatoria del ex
presidente como presunto "jefe de una asociación ilícita"
dedicada al contrabando de armas a Croacia y Ecuador. El
fiscal apreció también indicios de "falsedad ideológica" en
tres decretos firmados por Menem que permitieron el
desvío de 6.500 toneladas de material militar a aquellos
países, coincidiendo respectivamente con las guerras en los
Balcanes contra Yugoslavia (1991) y en los Andes contra el
Perú (1995). La venta de armas a Croacia supuso, además,
una violación del embargo de la ONU.

El asunto venía coleando desde hacía tiempo. Ya en 1996


Menem declaró como testigo por escrito respondiendo de
una reunión del gabinete fechada el año anterior en la que
habría ordenado al procurador de la nación una
investigación sobre los teletipos que alertaron de la venta
ilegal de armas a Ecuador. En septiembre de 2000 el
mandatario hizo una segunda declaración por escrito, pero
sin abrírsele cargos en su contra. En este proceso, cuando
el juez Urso ordenó el embargo de sus bienes Menem se
declaró insolvente, no obstante haber declarado al fisco la
posesión de una fortuna dineraria de 1,8 millones de
dólares y un cuantioso patrimonio de bienes inmuebles,
vehículos, caballerías y acciones empresariales.

Estas imputaciones acentuaron la sensación de cerco


judicial contra el ex presidente, que en los días previos y
siguientes presenció los arrestos por presunta implicación
en la trama de su cuñado Emir Yoma, de su amigo íntimo
Antonio Erman González, que fuera ministro de Economía
(1989-1991), de Defensa (1991-1993) y de Trabajo (1997-
1999), y del general Martín Balza, ex comandante en jefe
del Ejército y responsable en abril de 1995 de una histórica
declaración reconociendo en nombre de las Fuerzas
Armadas las violaciones de los Derechos Humanos
cometidas durante la dictadura de 1976-1983. Al principio,
Menem, que seguía presidiendo el Consejo Nacional del PJ,
recibió una defensa cerrada de sus correligionarios por
encima de las diferencias faccionarias mientras que para el
Gobierno aliancista el espinoso asunto constituía una
preocupación añadida en medio de la tribulación económica
que zarandeaba al país, ya que una actitud de no defensa
de la honorabilidad del estadista podría malograr la
tramitación en el Senado, último bastión federal del
menemismo, de unas leyes consideradas imprescindibles
para atajar la crisis.

La justicia siguió con sus diligencias y el 7 de junio de 2001


Menem, desposado el 26 de mayo en La Rioja con la ex
modelo y Miss Universo chilena Cecilia Bolocco, fue puesto
bajo arresto domiciliario en una finca en las afueras de
Buenos Aires en lugar de la prisión preventiva, de no
aplicación en esta fase procesal por rebasar el encausado la
edad máxima (70) para ello. El 26 de junio Menem tramitó
por escrito su testimonio al juez Urso negando todo
conocimiento de la venta de equipos bélicos a Croacia y
Ecuador y vinculándola a redes delictivas convencionales.
Los únicos suministros de armas reconocidos fueron unos
efectuados a Panamá y Venezuela.

El 4 de julio el magistrado formuló la acusación formal


contra Menem por asociación ilícita, así como contra Balza,
González y el ministro de Exteriores entre 1991 y 1999,
Guido di Tella. De ser hallado culpable en el juicio que
comenzaba, Menem se exponía a una sentencia de hasta
10 años de prisión. A pesar de la difícil travesía que tenía
ante sí, el ex presidente hizo saber a través de sus leales,
con su hermano Eduardo a la cabeza, que no renunciaba a
recuperar algunas opciones políticas, como inscribir su
candidatura a un mandato de senador suplente, dejado
vacante por Eduardo Menem a tal fin.

Dado que la Constitución argentina, sobre la base de la


Convención Americana sobre Derechos Humanos
incorporada en su articulado, faculta a los acusados por la
justicia pero no condenados el ser candidatos electorales,
de prosperar aquella operación Menem ganaría
automáticamente fuero parlamentario y por tanto obtendría
la libertad hasta el inicio del juicio. Sin embargo, Menem
salió bien parado del trance, rotunda y tempranamente. El
20 de noviembre la Corte Suprema de Justicia presidida por
Julio Nazareno, un jurista riojano que fue socio del bufete
del ex presidente y que presidía el alto tribunal desde 1994,
falló que no había indicios de los delitos de asociación ilícita
y falsedad ideológica, tal que Menem recuperó su libertad
ese mismo día. Emir Yoma, acusado de ser el organizador
de la banda de venta ilegal de armas, salió también de
prisión.
Conclusión sobre la presidencia de menem
Si bien es inobjetable que las medidas tomadas por el
gobierno de Menem detuvieron casi de forma total la
inflación, que era el principal problema que había afectado
a la clase media argentina durante toda la década de 1980,
las consecuencias fueron fatales. La paridad cambiaria, que
dio una sensación de riqueza irreal en un principio, terminó
por generar una situación explosiva, ya que el Estado
carecía de la posibilidad de emitir moneda, con lo que
solucionar el problema de la falta de dinero, y además se
veía continuamente obligado a financiarse a través de
créditos internacionales que dieron como resultado el
colapso económico apenas 2 años después de terminado el
período.
Como ya hemos planteado antes, la solución ideal hubiese
sido una devaluación gradual de la moneda, que le
permitiese a la industria nacional poder ser competitiva en
el mercado, ya que había en un principio, logrado un fuerte
aumento de su capacidad de producción y de la calidad de
los productos, gracias a las importaciones de maquinarias
que se hicieron con la convertibilidad.
Es claro que en el 2001 vivimos el final de un proceso
neoliberal que dejó como resultado la destrucción total del
aparato productivo del país, y una deuda externa tan
grande que la única posibilidad fue declarar el default.
Cabe aclarar que esta es una interpretación exclusivamente
económica, para analizar lo social, que es aún más
importante no me siento totalmente capacitado, pero yo
calificaría la situación vivida durante esos años y que
explotó en 2001 como algo inmoral. No parece creíble que
en un país donde lo único que se siguió produciendo luego
de las privatizaciones y el cierre de empresas sean
alimentos, la población haya pasado hambre durante los
meses previos al colapso económico.
El desempleo y la pobreza masiva son factores graves, pero
la indigencia ya es algo que afecta a la dignidad humana.

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