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Reflexiones sobre la identidad y el deseo

El documento narra la lucha interna de un personaje llamado Ivo, quien enfrenta sus frustraciones y la ambigüedad de su propia identidad a través de diálogos con su niño interior y su madre. A lo largo de la historia, Ivo reflexiona sobre sus emociones, la percepción del amor y el odio, y su relación con la literatura y la educación, culminando en un momento de catarsis personal. La narrativa explora temas de autoconocimiento, la búsqueda de conexión emocional y la crítica a los sistemas educativos tradicionales.

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Reflexiones sobre la identidad y el deseo

El documento narra la lucha interna de un personaje llamado Ivo, quien enfrenta sus frustraciones y la ambigüedad de su propia identidad a través de diálogos con su niño interior y su madre. A lo largo de la historia, Ivo reflexiona sobre sus emociones, la percepción del amor y el odio, y su relación con la literatura y la educación, culminando en un momento de catarsis personal. La narrativa explora temas de autoconocimiento, la búsqueda de conexión emocional y la crítica a los sistemas educativos tradicionales.

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El sueño eterno

Acto primero

En una hipnagogia de intenciones frustradas y de seres alternativos me encuentro.


Nada resulta ser como me lo habían dicho, al final estoy solo con mi propia consciencia
y ese es el momento más peligroso de un fracasado moral, un loco que no diferencia
entre las barreras tan bien definidas del bien y del mal que nos pintan cuando somos
pequeños. Como dije, la percepción es ambigua y el cambio trae una nueva realidad a la
que cada vez me siento más ligero: dejo que el viento me lleve allá donde quiera
perdiendo el sentido de autonomía. Sin embargo, me siento tan vacío que es como si al
dejarme llevar he perdido lo que originalmente me componía y me hacía persona.

“Soy yo, Ivo. No te preocupes, estamos aquí para ti. Mientras estemos no te faltará de
nada. Eres nuestro pequeñito de oro, nuestro único hijo, ¿pero en realidad sabes por
qué es así? Pues porque con un niño tan especial, el siguiente estaría tan envidioso de ti
que seríais Caín y Abel.”

Y sí, es verdad, pero con cuál de ellos me identifico yo…

En otra noche insomne vuelven a mí todas las expresiones del subconsciente, todas tan
violentas y repentinas. Cada vez se hacen más oscuras, a la vez que mi propia
consciencia es perturbada por pulsiones incandescentes.

“¿Eres yo mismo? ¿Por qué estás así? Casi no te puedo ver de lo translúcido que eres.”
– La incredulidad de mi niño interior es profunda.

“¡Cuidado! ¡Te estás quemando! Pero, claro, no sentirás nada.” – El momento en el que
se percató todavía me abrasa por dentro.

“Me has decepcionado, no creía que me convertiría en ti.” – En ese instante el cuchillo
se me clava en la entrepierna.

La sombra de mi yo pasado se esfuma como esa vez en la que me sentí mal por ser yo
mismo, culpable de mi sentir intenso. Tan intenso como el abrazo de la abuela o la
bofetada redentora de aquella vez en la que mentí a mi madre:

“Dime la verdad, sé que no eras tú. Lo sé cuándo te miro a los ojos, veo tu miedo.”

“Sí… Fui yo”

Y ese calambre físico vuelve a mí como la primera vez. Baja por mis mejillas enrojecidas
del estruendo hacia mi columna en forma de escalofrío. Porque el mundo nuevo es
hostil, nadie me lo dijo en un principio: el amor y el odio se entremezclan
indistinguiblemente en un chapapote de intenciones difusas. Lo sensible y lo inteligible
se intercambian en sus favores eternos, como aquella vez en la que vislumbré mis
intenciones desenmascaradas en su niñez.

¿Cómo se puede sentir tan cerca a una persona si solo existe su distancia hacia mí?
¿Cómo llegué a desearla tanto sólo por un momento imaginario? La imaginación es el
momento en el que se muestran todas las facetas de mí. Se deslizan y agarran como
queriendo alabar la figura idealizada de una musa. Su piel multicolor y la gracia de sus
trazos, sólo puedo verla en el claroscuro, hacia la penumbra de la habitación como en
una pintura de Caravaggio, gloria en sus contornos. Tus ojos se dirigen a mi alma
agresivos, por eso te quiero como el lobo que come a la presa, impulsivo.

Los impulsos me nacen así desde que los que me rodean me dieron la libertad de que el
deseo se manifieste impetuosamente por las cavernas de mis adentros. Parece que vivo
viendo sombras de mi plenitud emocional, que luego se pasean y desaparecen por las
paredes de la gruta en la que me encuentro. Todo es vano, nada prevalece y me indigna
saber que hay más ahí fuera. Que este alma ansiosa y aventurera tiene miedo de sí
misma, ¡Qué pena que no pueda ver más allá de las cuatro paredes de mi
empecinamiento! ¡Qué pena que mis emociones se repriman conmigo dentro! Es como
si cada mañana tuviera la oportunidad de salir, de ver nuevo mundo, pero me
entumezco en las consecuencias del desenfreno.

- “¿La idea de haber perdido el control como forma de salir de la cueva?” “Eso
solo te remite a acuíferos mucho más profundos de tu ser”
- ¿Quién eres tú ahora?
- Soy yo, tu madre querida y abierta en corazón para decirte la verdad... De mí
heredaste la sensibilidad, la empatía, pero también mis taras obsesivas. Con los
años, te das cuenta de que, aunque quieras transmitir algo a tu hijo, también
hay otros factores que no controlas. Esa manera de sentir peligrosa nos ha
llevado a los dos a vivir a nuestra manera.
- Mamá, todavía recuerdo cuando no había nubes bajo nuestro cielo y solo el
aburrimiento del domingo nublaba la semana ¿Dónde ha ido ese tiempo? ¿A
dónde fueron aquellos momentos en los que tu amor por mí me mantenía en la
ignorancia?
- Bueno, entiendo tu nostalgia, pero en estos momentos en los que has perdido el
rumbo no puedes mirar hacia atrás. No escuches a las sirenas, no las oigas
cantar su melodía que tiñe de rosa lo que alguna vez no lo fue ¡y tú lo sabes
bien! Estás en una época de mala mar y no culpes al capitán por el temporal, tú
solo sigue sus órdenes y verás cómo llegaréis a casa. Todos pasamos por tramos
así, solo guíate por el que te llevará a puerto, no por aquellas voces que te
desvían de tu trayectoria. Si quieres te pondré cera en los oídos…

Entre tanto éter de sueño, también existe una criatura mitológica a la cual rindo culto
en secreto, en realidad es una persona de carne y hueso, pero con un alma de hierro.
Voraz y feroz, incansable por nuevos retos, manteniendo las distancias emocionalmente
con una barrera invisible para evitar que le salpique, obviamente. Es tan estable que
parece que pueda cargar con el peso del mundo y nunca derrumbarse, mientras yo me
derrito por la luz que desprenden sus hazañas. Además, mientras lleva todo ese peso a
cuestas parece ser coherente, ¡nunca se contradice! Es impresionante como una
persona puede llegar a ser tan estoica y… ¿libre?

(El prota vive la vida del coloso y se da cuenta de sus muchos fallos para reconciliarse
consigo mismo en un final catártico.)

Acto segundo:

- Buenos días, mami. – Voy a su cama y le doy un beso.


- Hola, Marc ¿Qué tal has dormido?
- ¡Bien! - Bueno, me voy a vestir. Tú sigue aquí. Descansa cuanto puedas.
- OK - me susurra y da una vuelta sobre sí misma en las sábanas.

Son las seis en punto. Desayuno un descafeinado, una tostada integral de masa madre
con rodajas de tomate ecológico y jamón con 0% materia grasa. He leído en un
bestseller de nutrición de mucho prestigio que somos lo que comemos. Por
consecuencia, los alimentos que ingerimos no son más que combustible para nuestro
cerebro. Ahora me toca lavarme la cara con cuatro champús y una mascarilla, lo cual
me suele tardar una media hora.

Con todo esto hecho salgo de casa, no sin antes ver el reloj y a mi madre. Mi madre me
dijo que me vaya muy bien en mi día y que no me “complique” tanto la vida, el reloj sin
embargo, me daba la respuesta que quería, eran las siete y veinte. Me dirigía a la
piscina municipal. Me encanta respirar el aire de la ciudad y ver el acerado sobre el que
piso.

Ya allí, completé unos largos en tiempo récord y salgo con mi uniforme hacia el
instituto. Hoy me espera un buen día. Entro en el edificio y espero a que el timbre
suene. Me asomo y todavía no hay nadie de mi clase, “seguirán fuera” pensé y acto
seguido cojo el libro de matemáticas y observo con detenimiento la clase de hoy. Una
vez, un sabio chino dijo: "Adelántate al enemigo: conoce sus intenciones antes de que él
mismo las descubra, y prepárate para contrarrestar sus movimientos antes de que los
ponga en práctica." Y no puedo estar más de acuerdo con él.

Los minutos pasan, todos llegan y se llena la clase de un barullo apabullante, casi me
tengo que tapar los oídos, pero no quiero que me vean. De repente entra la profe, mi
salvación y la de mi paciencia que ya tenía ganas de avanzar de aquel estruendo.
Realizamos unos cuantos ejercicios, los cuales son cuanto menos inofensivos y
cerramos los libros, “otro día más” pensé. Entonces, llega la clase de lengua. Hoy tocaba
corregir el primer comentario de texto “en condiciones” sobre el archiconocido poema
de Gustavo Adolfo Bécquer: “Volverán las oscuras golondrinas”. Yo ya lo había
trabajado de arriba abajo, ni un solo verso sin medir, ni uno sin analizar. Cuando me
dispongo a levantar la mano, un chaval con pelos alborotados me quita el turno de
palabra:

- Este poema ha calado en mí y verdaderamente siento, profe, que este es el


significado de la literatura, transmitir y vivir interiormente el sentimiento. Qué
bonito es cuando humildemente se adornan las palabras para querer que
suenen como lo hacen las golondrinas, y que su vuelo nos de a entender ese
desamparo amoroso que todos habremos sentido alguna vez. No encuentro
palabras para describirlo, excepto sublime, un estado de pérdida de toda la
capacidad de raciocinio y análisis crítico causado por una belleza extrema, fuera
de los límites de lo ordinario. Por ello, encuentro inútil dividirla en partes, lo
siento, pero una vez que sientes el poema no puedes maltratarlo de una manera
tan cínica descuartizando la obra como si fuera un cadáver, muerto e inerte. No
quiero poner mis manos sobre el poema sino mi alma.

Después de este discurso se hizo el silencio y el profesor tuvo que defender su posición
incrédulo:

- Es increíble lo que has dicho pero un insulto a mi profesión. Se supone que os


debo dar las herramientas necesarias para ir más allá de lo que pone en el papel
que os he entregado y que lo sepáis ubicar dentro de un marco temporal y
dentro de la trayectoria del autor. Sin esto y la información que complementa al
sentimiento en su núcleo, no podríamos nutrirnos de la literatura en su
totalidad, ¿No es así, Ivo? – Se había acercado a su mesa y le desafiaba con la
mirada.

A continuación, responde mi compañero con valentía:

- ¡Qué pena, Don Evaristo, que el conocimiento se implante por poder y estatus!
Entonces, nuestro maestro después de una pausa prolongada contesta con un tono muy
distinto:

- Mira, Ivo. Si crees que puedes sentir la literatura como nadie sin tener la
necesidad de indagar en el contexto histórico ni fielmente seguir una lectura
correspondiente con las intenciones del autor, adelante. Te invito a que sigas.
Como profesor tengo la obligación de haceros crecer de maneras que vosotros ni
sabíais que podíais, pero ahora me estoy encontrando con alguien que duda del
método tradicional y ha osado a poner su pasión por delante de los numeritos
que figuran en la hoja de un examen. Ese es verdaderamente el objetivo del arte,
desarrollar el sentimiento y el pensamiento crítico de cada uno. Por ello resulta
absurdo tener que evaluar y ceñiros a todos a “analizar o sentir de una única
manera, la correcta”. Con este comentario de vuestro compañero, me he dado
cuenta de que la posición de un profesor tiene que ser más flexible, atento a sus
alumnos, a las realidades que viven. Tomando esto en cuenta voy a tener que
redefinir la manera en la que imparto las clases y estas quejas las llevaré al
claustro. Sin embargo, os tengo que decir una última cosa, toda esta renovación
tiene un techo, que es el estado. Mirad, nosotros no somos más que peones de
un sistema jerárquico mucho más grande de lo que pensáis. Nosotros solo
cumplimos órdenes y acatamos las leyes de educación que se impongan porque
trabajamos para el gobierno, somos sus vasallos. Entonces, lo que quiero decir
con esto es que los nuevos cambios van a tener límites, pero aún así no dejaré de
escucharos porque en cierta parte tenéis razón. Haremos lo posible para
mejorar vuestra relación con asignatura porque ya que vais a pasar aquí gran
parte de vuestro día, que al menos sea gustosamente. Chicos, a partir de ahora
tendremos que ser como Aquiles y Patroclo, leales y comprensivos los unos con
los otros porque creedlo o no cada día es una lucha para seguir vivos. Unas
veces resulta más arduo el combate con aquellas fuerzas que te animan a
rendirte y desistir en tu combate, pero creedme, si vamos todos a una como el
ejército aqueo, conseguiremos todos llegar ilesos a nuestro bachillerato.

Nadie, absolutamente nadie podía procesar lo que había acabado de suceder. Ni yo, que
siempre intento predecir cada movimiento. Todo esto me parecía un sueño, como si de
repente Ivo hubiera sabido perfectamente lo que decir para darle a Don Evaristo donde
duele invitándole a una reflexión. Impresionante.
Acto Tercero

Suena el timbre para cortar el tour de force formidable de una verdadera alma sensible.
Sabía de antemano que Don Evaristo era una persona receptora y solidaria pero
desconocía su habilidad para conectar emocionalmente con sus alumnos. Todo aquello
había sido surrealista para todos, incluso para mí que al sentirme tan cómodo
interiormente aproveché ese estado para propiciar una crítica feroz, nunca esperando
volver a ese sentimiento de comodidad anterior. Solo se me venían a la cabeza
interjecciones, extranjerismos exagerados de asombro.

El recreo llegó con sus ganas de griterío y sus niños cantando y jugando, yo leía para
distraerme del bullicio y en parte para navegar en los mares de la felicidad que sentía
¡Era tan honda que no tenía fin!

De pronto, noto como se acerca un navío extranjero. Entre tanta niebla no podía
descifrar su verdadera procedencia, pero al imponerse entre la niebla del día supe no
era ningún pirata malvado listo para robarme el desayuno, sino un bajel revestido de
curiosidad e ímpetu.

- Hola, Ivo, simplemente quería saber cómo has podido hacer que Don Evaristo
te entienda. Nunca pensaba que ningún alumno podía hacer reflexionar a un
maestro. – Aquello me sorprendió viniendo de él, una persona tan calculada y
perfeccionista, casi como yo.
- Pues sí, Marco. A veces hay que dejarse llevar y hablar cuando te sientes
preparado para decir algo importante. En ese momento preciso es cuando las
almas sensibles se hablan en un idioma que solo ellas entienden, en realidad no
lo puedo explicar, fue algo que escapa de mí. A lo mejor así se puede dar la
explicación a lo divino. – Se me escapo una sonrisa que él recogió en forma de
admiración.
- Me maravillas, Ivo, cada vez que hablo contigo ¡Tenemos que quedar un día
para hablar! – Yo afirmé su proposición y rápidamente hizó las velas para
dirigirse a la biblioteca a seguir estudiando.

En una travesía a ciegas que era el instituto, me visitó el Atlas que tanto idealizaba
en sueños. Aquella persona de carne y hueso pero con alma de hierro se presentó
ante mí como un niño, deseoso de conocerme más, algo que muy pocas personas
han sabido hacer.

Al final de todo ¿Cómo puede ser que dos incomprendidos y excluidos sociales
deseen desprenderse de sus identidades antagónicas para convertirse en la otra
persona? Es como si en este caso, yo, la persona que creo ser (“emocionalmente
desbocada”) quiera ser “completamente estoico”, y él quiera también probar un
poco de mi espontaneidad y de mi locura. En mi cabeza y en mi corazón se
desfigura la realidad, como en el estado de hipnagogia, nada prevalece y son estas
valoraciones fuera de contexto las que crean personajes que realmente no son como
yo me los imagino. En ese sentido me odio a mí mismo y deseo con todo mi ser al
menos un poco más como él, quiero ser más sencillo y organizado y realista y
coherente… Pero en realidad nada de eso existe ¿qué te estás diciendo? Deja de
soñar, nada de eso existe, Marco tampoco existe y es fruto de tus inseguridades
rencarnadas en pensamientos negativos hacia tu persona. Porque él supuestamente
es todo lo que tú no eres. Seguro que come sano, se despierta antes que su madre,
va a la piscina antes de ir al colegio, lee El arte de la Guerra de Sun Tzu… Pero, ya
basta.

- ¡José, qué haces despierto en mi clase, para eso no vengas, descansa en casa!

Y la realidad es que ese día me fui a mi casa y vi que no era ni Ivo ni Marco, nadie de
ellos era de carne y hueso pero sabía que eran manifestaciones de mi subconsciente. Lo
que sí existía era el olor a orín que entraba por mis fosas nasales al coger por la calle
donde nací, aquella donde también se crio mi madre tan vulnerable como yo en estos
momentos, expulsado y consternado por querer cambiar una realidad que me persigue
como mi propia sombra. En la casa donde vivo, mi padre solo viene por la noche y le
oigo pelear con mi madre una noche sí y otra no. Aquí, se respira tensión y es por eso
que me refugio en un sueño eterno.

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