TUTELA
REPORTE DE CONSULTA
RELEVANTE
SALA DE CASACIÓN CIVIL Y AGRARIA
ID : 647971
M. PONENTE : LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
NÚMERO DE PROCESO : T 1100102030002018-03147-00
NÚMERO DE PROVIDENCIA : STC14336-2018
CLASE DE ACTUACIÓN : ACCIÓN DE TUTELA - PRIMERA
INSTANCIA
TIPO DE PROVIDENCIA : SENTENCIA
FECHA : 02/11/2018
DECISIÓN : CONCEDE TUTELA
ACCIONADO : SALA CIVIL FAMILIA DEL TRIBUNAL
SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE
BUCARAMANGA
ACCIONANTE : CARLOS ORDULIO CALDERÓN
CARVAJAL
FUENTE FORMAL : Ley 25 de 1992 art. 11 / Código Civil
art. 2530 y 2541 / Constitución Política
de Colombia art. 42, 44 y 45 / Código
General del Proceso art. 281
ASUNTO:
PROBLEMA JURÍDICO ¿Se vulnera el derecho al debido proceso del
accionante al no tramitar la nulidad de la partición realizada
notarialmente, como una acción de petición de herencia por considerar
que se encontraba prescrita la acción, sin contabilizar el término de
prescripción a partir del momento en que el peticionario cumplió la
mayoría de edad?
TEMA: ACCIÓN DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIA JUDICIAL -
Procedencia excepcional de la acción - Flexibilización del principio de
inmediatez
Tesis:
«Únicamente las determinaciones judiciales arbitrarias con directa
repercusión en las garantías fundamentales de las partes o de terceros,
son susceptibles de cuestionamiento por vía de tutela, siempre y
cuando, claro está, su titular haya agotado los medios legales ordinarios
dispuestos para hacerlas prevalecer dentro del correspondiente proceso.
2. El auxilio se concreta en establecer si se menoscabaron las
prerrogativas superiores de Carlos Ordulio Calderón Carvajal con el
proveído de 7 de diciembre de 2017, emitido por la Sala Civil Familia del
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bucaramanga, mediante el cual
declaró la inexistencia de la nulidad de la partición alegada en el litigio
sublite y la prescripción de la acción.
3. Si bien la providencia atacada data de hace más de nueve (9) meses,
situación que tornaría inviable estudiar de fondo el presente resguardo
por inmediatez, esta Corte al ponderar la cuestión aquí planteada,
observa que esa eventualidad resulta intrascendente respecto a la
magnitud de la violación del derecho al debido proceso examinado,
como pasa a explicarse:».
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de nulidad de partición
notarial - Vulneración: defecto sustantivo al considerar que la acción de
petición de herencia se encontraba prescrita sin tomar en cuenta que el
gestor de la acción era un menor de edad y tramitar el proceso como
nulidad de la partición herencial, realizada por vía notarial
DERECHO PROCESAL - Facultad extra y ultra petita del juez en asuntos
de familia
DERECHO CIVIL - Acción de petición de herencia - Prescripción de la
acción: suspensión del término para los sujetos de especial protección
mientras se encuentren en imposibilidad de hacer valer sus derechos
DERECHO CIVIL - Acción de petición de herencia - Prescripción de la
acción: cómputo del término cuando se trata de menores de edad
DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de nulidad de partición
notarial: obligación del funcionario judicial de aplicar la suspensión de la
prescripción en defensa del interés superior del menor
DERECHO PROCESAL - Prescripción de la acción - Sujetos de especial
protección: suspensión del término de prescripción hasta tanto
desaparezcan las circunstancias que los inhabilitan o los afectan
Tesis:
«Auscultada la sentencia confutada, se tiene que la corporación
accionada, razonó:
“(…) [Q]uien demanda siempre tiene la carga de invocar y probar al
menos una causal de nulidad, lo que en este caso (…) brilla por su
ausencia, pues el actor no invocó ninguna (…), es más la nulidad por
causa ilícita que declaró la juez no se configura, pues si bien el artículo
1524 del Código Civil define la causa como el motivo que induce al acto
o contrato en este caso, ese motivo no es otro para cualquier heredero
que la adjudicación de los bienes relictos, es decir, la liquidación de la
universalidad jurídica que constituye la herencia mediante la
adjudicación a los herederos de los bienes o derechos que en concreto la
forman. No puede entenderse que el móvil en este caso fue
simplemente excluir al verdadero heredero, aun a sabiendas de su
existencia, y menos aun podía la juez declarar de oficio esta nulidad sin
que se la hubieran pedido en la demanda, pues allí no se invocó la causa
ilícita, para ello tiene que estar manifiesta en el acto o contrato según
las voces del artículo 1742 del C.C. modificado por el artículo 2 de la Ley
50 de 1936, y en este caso es claro que de la lectura de la escritura
pública y de la partición contenida en ella, no se advierte, no se hace
manifiesto que el causante era casado y tenía descendencia, que sería
la mentira que se le endilga a la demandada y que ocasionaría (…) una
nulidad por causa ilícita, no se desprende de allí, luego de oficio no
podría declararse (…)”.
“Ahora, una cosa debe precisarse, la única acción que procedía en este
caso, es la acción de petición de herencia, que precisamente está
contemplada por el artículo 1321 del C.C., para la defensa de la calidad
de heredero y es precisamente la que tiene un heredero contra quien
ocupa la herencia también en calidad de heredero o haciéndose pasar
por heredero, para que se le adjudique la herencia y se le restituya los
bienes que la componen junto con sus frutos”.
“(…) Habrá de precisarse que el término de prescripción de la acción de
nulidad absoluta es de 10 años, por tratarse genéricamente de una
acción ordinaria en los términos del artículo 2536 del Código Civil (…) y
por otra parte hay que decir que contrario a lo expuesto a la juez a quo
el tránsito de legislación de las leyes sobre la prescripción, sí lo regula el
artículo 41 de la Ley 153 de 1887, y por ello el término de prescripción
que debe aplicarse en este caso es de 10 años, es decir el previsto por
la Ley 791 de 2002 (…), y a esto fue precisamente a lo que se acogió la
demandada al exponer desde que propuso la excepción que el término
legal ya había transcurrido porque ya habían pasado más de 12 años
(…). En el caso de marras la prescripción empezó a correr el 27 de
diciembre de 2002, porque en esa fecha empezó a regir la Ley 791 de
2002, y en consecuencia ya había pasado el término previsto de 10
años, al momento de presentarse la demanda, pues esto sucedió el 24
de julio de 2014 (…)”.
“En gracia de discusión se podría decir que en este caso sería aplicable
el artículo 281 del Código General del Proceso (…), que obliga al juez a
fallar extra petita para proteger a ciertas personas (…) como los
incapaces (…), como en este caso a un menor de edad, y entonces se
podría (…) fallar o decidir sobre la acción de petición de herencia, pero
realmente esos derechos (…) tiene[n] sus límites, uno de ellos es el
debido proceso, porque, por un lado en este caso la demandada a pesar
de que tuvo la posibilidad de defenderse frente a la acción de nulidad
impetrada (…) no lo hizo frente a la de petición de herencia, y por otro
lado (…) esa acción está prescrita, [por tanto] no se estaría protegiendo
al menor de edad, porque igual se le fallaría en contra (…)”.
“(…) Debe precisarse que si bien es cierto la prescripción extintiva se
suspende según el artículo 2541 del C.C., en favor de las personas
previstas en el artículo 2530, entre las cuales se contempla a los
incapaces, como los menores de edad y que en este caso Carlos Ordulio
(…), cuando se presentó la demanda era menor de edad, lo cierto es que
también conforme al inciso segundo del artículo 2541 y con la
modificación que le hizo la Ley 791 de 2002, la suspensión de la
prescripción no opera una vez transcurrido el término de 10 años, es
decir la suspensión que simplemente consiste en el no conteo del
término (…), desde que se configura una causal, como por ejemplo la
minoridad (…) hasta que se supere la misma, si ello se ha presentado al
comienzo del conteo de la prescripción que usualmente, para unos es
desde que la obligación se hace exigible o desde que se puede
interponer la acción respectiva, como lo es en este caso (…), esto es
desde que se elaboró la partición 6 de agosto de 2002, fecha de la
escritura 176 de esa fecha (…), y para otros desde que se posee la
herencia por el heredero putativo, lo cierto es que (…) si en el momento
del conteo de esas fechas ya existe esa incapacidad, como en este caso,
pues la suspensión empieza desde ahí (…), el término máximo de
suspensión (…) es de 10 años, no se espera por más tiempo a la persona
interesada sea cual sea la causal, así sea la imposibilidad total (…)”.
3. Bajo esa tesitura, se avizora palmaria la vulneración de la
prerrogativa fundamental al debido proceso del actor, por cuanto existe
un defecto sustantivo, al establecer el ad quem que si bien pudo fallar el
asunto bajo estudio, como una petición de herencia, a la luz del artículo
281 del Código General del Proceso, ello no era procedente, pues dicha
acción se encontraba prescrita, aun siendo el gestor menor de edad al
momento de configurarse el acto demandado, argumento que contraría
la jurisprudencia de esta Corte, teniendo en cuenta que frente a
personas especialmente protegidas, no corre el término extintivo de la
prescripción mientras estén en imposibilidad de hacer valer sus
derechos.
Al tratarse sustantivamente de la reclamación de una herencia cual
devenía incontrastable de la causa petendi, con independencia de la
eventual nulidad deprecada, se imponía por la vigencia directa de la
regla 44 de la Carta y por el interés superior de los menores, enfrentar el
fenómeno de la suspensión de la prescripción. En consecuencia, brotaba
necesario aplicar la espera para contabilizar el eventual decaimiento del
derecho reclamado por la excepcionante.
La ponderación de los principios de seguridad jurídica y de confianza
legítima para que las relaciones jurídicas no permanezcan
indefinidamente inciertas o, sin solución en el tiempo las controversias
que surjan a su alrededor y que minan la paz social, y a cuya solución
acude justificadamente la prescripción; en frente de los derechos de los
menores y de los discapacitados mentales, torna inexcusable que en
casos como el sometido, a juicio de la Sala, tenga efecto, la insoslayable
circunstancia constitucional de la suspensión de la prescripción a favor
de quienes ostentan protección reforzada. En efecto, tratándose de
menores o discapacitados, la prescripción no corre, hasta tanto no
desaparezcan las circunstancias que los inhabilitan o afectan, sean de
raigambre, antropológicas, sociológicas, jurídicas en lo procesal y
sustantivo, psicológicas, etc. Más aún, si los derechos discutidos se
hallan a la deriva por la transitoriedad de su representación e
imposibilidad para ejercer su propia defensa, por ausencia sustantiva de
capacidad de obrar, del mismo modo que por la procesal para actuar
directamente o sin el ministerio de la ley.
La Constitución y el derecho interamericano, así como las convenciones
internacionales ejercen una celosa protección con los derechos de los
niños, niñas y adolescentes y en general, con los discapacitados
mentales.
A esa tarea y propósito jamás se ha sustraído el Código Civil patrio en
las reglas 2530 y 2541 desde su vigencia, de tal manera que los jueces
como guardianes de la Constitución, de la justicia, de los principios,
valores y derechos, en la labor de ponderación y de subsunción del
ordenamiento, atendiendo para ello los hechos debatidos, deben dar
paso incondicional a la referida protección especial.
Al respecto, esta Colegiatura en sentencia CSJ SL 30 de octubre de 2012
Nº. 39631, adoctrinó:
“(…) [A]l acudir la Corte Suprema de Justicia a la normativa civil que
consagra la figura de la suspensión de la prescripción, artículos 2541 y
2530, se evidencia que el Tribunal no advirtió la insoslayable
circunstancia de que la acción fue promovida, entre otros, por los hijos
menores de edad del señor Carlos Arturo Cajar Rivera y, por tanto, la
prescripción no puede correr para ellos, mientras no se haya llegado a la
mayoría de edad, porque tanto procesal como sustancialmente el
eventual derecho discutido en el juicio no hace parte del haber
patrimonial del representante legal de los incapaces, sino de sus
representados (…)” (negrillas propias).
Lo anterior guarda concordancia con lo establecido por la Corte
Constitucional, quien ha resaltado la imposibilidad de los menores de
edad de velar directamente por sus derechos, y el de cuidar y exigir su
propio patrimonio. En sentencia C-466 de 2014, esa Colegiatura adujo:
“El legislador no puede desproteger a estas personas, que por sus
condiciones materiales o civiles están en una clara situación de
desventaja, en cuanto están más expuestas a perder la propiedad sobre
sus cosas que los civilmente capaces y materialmente habilitados para
interrumpir la prescripción. Tampoco puede dejar de adoptar medidas
que se ajusten a las circunstancias particulares del grupo especial, pues
es su obligación promover “las condiciones para que la igualdad sea real
y efectiva (…)”.
Extinguir derechos patrimoniales, por la simple razón de que el
representante legal del incapaz o quien ejerce su curaduría, no adelantó
las acciones pertinentes dentro de los plazos establecidos por la ley, y
transmitir las consecuencias de esa desidia, en este caso, a un menor de
edad, desconoce abiertamente nuestra Carta Política, la cual ordena
proteger “especialmente a aquellas personas que por su condición
económica, física o mental, se encuentren en circunstancias de debilidad
manifiesta”.
[...]
Así, el desafuero enrostrado a la corporación tutelada, da vía libre a la
intervención de esta especial jurisdicción para salvaguardar las
garantías constitucionales del promotor, por cuanto aquél fue privado
del estudio de su caso por la senda correcta, esto es, como una acción
de petición de herencia.
Al ocuparse de problemas jurídicos que guardan simetría con el aquí
abordado, la Sala ha sostenido:
“(…) [E]xisten circunstancias verdaderamente excepcionales que,
puntual y casuísticamente verificadas, posibilitan que sólo y únicamente
cuando la decisión cuestionada encierra, per se, una anomalía en grado
tal que el yerro enrostrado luzca bajo cualquier óptica inadmisible, por
causa de producir de manera desmesurada un menoscabo y «peligro
para los atributos básicos», es posible la extraordinaria intervención del
juez de amparo (…)”».
DERECHO INTERNACIONAL - Convención Americana sobre Derechos
Humanos: importancia de la prevalencia del interés superior del menor
Tesis:
«El principio de interés superior del menor goza de especial protección
en el marco del orden público internacional y en el ámbito del derecho
nacional.
El artículo 42 de la Constitución Política de 1991, perfila a la familia
como el núcleo fundamental de la sociedad, imponiendo como
obligación al Estado y a esta última la de garantizarle protección
especial. Con miras a proteger el desarrollo integral de los niños, las
niñas y los adolescentes, recalca la ley, deberá reglamentar la
progenitura responsable, disponiendo que los hijos tienen iguales
derechos y deberes bien sea habidos en el matrimonio o fuera de él,
adoptados o procreados naturalmente o con asistencia científica; y,
adicionalmente, apunta que aunque la pareja tenga derecho a escoger
libremente el número de hijos, correlativamente tiene el deber de
mantenerlos y educarlos mientras sean menores.
Esta norma ha sido desarrollada parcialmente por la Ley 25 de 1992, en
su artículo 11 cuando dispone que en caso de divorcio de los padres,
aunque quede diluido el vínculo del matrimonio civil y se disuelva la
sociedad conyugal, subsisten los deberes y derechos de las partes
respecto de los hijos comunes.
Asimismo, en forma específica el artículo 44 del tinglado constitucional,
señala que los derechos de los niños prevalecen sobre los de los demás,
enunciando una larga lista de garantías fundamentales.
El mencionado texto, responsabiliza a la familia, la sociedad y al Estado
en la asistencia y protección de los niños, para garantizar su desarrollo
armónico e integral y el ejercicio pleno de sus derechos. Además, da vía
libre para que cualquier persona pueda exigir de la autoridad
competente su cumplimiento.
El amparo especial se hace extensivo a los adolescentes, quienes en
virtud del artículo 45 superior, tienen derecho a la protección y a la
formación integral. Por esta razón, con la Ley 1098 de 2006 se expide el
C.I.A., Código de la Infancia y de la Adolescencia, derogando el Decreto
2737 de 1989, que se refería unívocamente a éstos como menores de
edad».
DERECHO INTERNACIONAL - Convención Americana sobre Derechos
Humanos - Control de convencionalidad: obligatoriedad
Tesis:
«(...) la Corte hará el control constitucional inherente a la acción de
tutela, así como también el de convencionalidad, dimanante del bloque
de constitucionalidad, según lo previsto en la Convención Americana de
Derechos Humanos, que obliga a los países suscriptores de ese
instrumento de procurar armonizar el ordenamiento interno al mismo,
para evitar cualquier disonancia entre uno y otro. Así se consignó en sus
preceptos primero y segundo:
“(…) Artículo 1. Obligación de Respetar los Derechos: 1. Los Estados
Partes en esta Convención se comprometen a respetar los derechos y
libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a
toda persona que esté sujeta a su jurisdicción, sin discriminación alguna
por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o
de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica,
nacimiento o cualquier otra condición social”.
“2. Para los efectos de esta Convención, persona es todo ser humano”.
“Artículo 2. Deber de Adoptar Disposiciones de Derecho Interno. Si el
ejercicio de los derechos y libertades mencionados en el artículo 1 no
estuviere ya garantizado por disposiciones legislativas o de otro
carácter, los Estados Partes se comprometen a adoptar, con arreglo a
sus procedimientos constitucionales y a las disposiciones de esta
Convención, las medidas legislativas o de otro carácter que fueren
necesarias para hacer efectivos tales derechos y libertades (…)”.
La Convención citada resulta aplicable por virtud del canon 9 de la
Constitución Nacional, cuando dice:
“(…) Las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en la
soberanía nacional, en el respeto a la autodeterminación de los pueblos
y en el reconocimiento de los principios del derecho internacional
aceptados por Colombia (…)”.
La regla 93 ejúsdem, señala:
“(…) Los tratados y convenios internacionales ratificados por el
Congreso, que reconocen los derechos humanos y que prohíben su
limitación en los estados de excepción, prevalecen en el orden interno”.
“Los derechos y deberes consagrados en esta Carta, se interpretarán de
conformidad con los tratados internacionales sobre derechos humanos
ratificados por Colombia (…)”.
Y, del mismo modo, el mandato 27 de la Convención de Viena, sobre el
derecho de los tratados de 1969, debidamente ratificada por Colombia,
según el cual: “(…) Una parte no podrá invocar las disposiciones de su
derecho interno como justificación del incumplimiento de un tratado
(…)”.
5.1. Aunque podría argumentarse la viabilidad del control de
convencionalidad sólo en decursos donde se halla el quebranto de
garantías sustanciales o cuando la normatividad interna es contraria a la
internacional sobre derechos humanos, se estima trascendente efectuar
dicho seguimiento en todos los asuntos donde se debata la conculcación
de prerrogativas iusfundamentales, así su protección resulte procedente
o no.
Lo aducido porque la enunciada herramienta le permite a los Estados
materializar el deber de garantizar los derechos humanos en el ámbito
doméstico, a través de la verificación de la conformidad de las normas y
prácticas nacionales, con la Convención Americana de Derechos
Humanos y su jurisprudencia, ejercicio que según la Corte
Interamericana se surte no sólo a petición de parte sino ex officio.
No sobra advertir que el régimen convencional en el derecho local de los
países que la han suscrito y aprobado, no constituye un sistema opcional
o de libre aplicación en los ordenamientos patrios; sino que en estos
casos cobra vigencia plena y obligatoriedad con carácter impositivo para
todos los servidores estatales, debiendo realizar no solamente un control
legal y constitucional, sino también el convencional; con mayor razón
cuando forma parte del bloque de constitucionalidad sin quedar al
arbitrio de las autoridades su gobierno».
DERECHO INTERNACIONAL - Convención Americana sobre Derechos
Humanos - Control de convencionalidad: finalidad
DERECHO INTERNACIONAL - Convención Americana sobre Derechos
Humanos: obligación de los Estados partes de impartir una formación
permanente de DDHH y DIH en todos los niveles jerárquicos de las
fuerzas armadas, jueces y fiscales
Tesis:
«El aludido control en estos asuntos procura, además, contribuir judicial
y pedagógicamente tal cual se le ha ordenado a los Estados
denunciados -incluido Colombia, a impartir una formación permanente
de Derechos Humanos y DIH en todos los niveles jerárquicos de las
Fuerzas Armadas, jueces y fiscales; así como realizar cursos de
capacitación a funcionarios de la rama ejecutiva y judicial y campañas
informativas públicas en materia de protección de derechos y garantías.
Insistir en la aplicación del citado control y esbozar el contenido de la
Convención Interamericana de Derechos Humanos en providencias como
la presente, le permite no sólo a las autoridades conocer e interiorizar
las obligaciones contraídas internacionalmente, en relación con el
respeto a los derechos humanos, sino a la ciudadanía informarse en
torno al máximo grado de salvaguarda de sus prerrogativas.
Además, pretende contribuir en la formación de una comunidad global,
incluyente, respetuosa de los instrumentos internacionales y de la
protección de las garantías fundamentales en el marco del sistema
americano de derechos humanos».
JURISPRUDENCIA RELACIONADA: Rad: CSJ SL, 30 oct. 2012, rad.
39631, CC C-466/14