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Evolución política y cultural de Al-Ándalus

El documento detalla la evolución política, económica, social y cultural de Al-Ándalus y los reinos cristianos durante la Reconquista. Al-Ándalus se formó tras la conquista musulmana de la Península Ibérica en el siglo VIII, destacando su diversidad cultural y avances económicos, mientras que los reinos cristianos consolidaron su poder a través de la resistencia y la repoblación. La Baja Edad Media vio un fortalecimiento del poder real en Castilla y Aragón, así como crisis políticas en Navarra, con un sistema político basado en pactos y cortes.
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Temas abordados

  • legado judío,
  • nobleza,
  • repoblación,
  • campesinos,
  • almorávides,
  • expansión musulmana,
  • batalla del Salado,
  • batalla de Las Navas de Tolosa,
  • sociedad andalusí,
  • batalla de Alarcos
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Evolución política y cultural de Al-Ándalus

El documento detalla la evolución política, económica, social y cultural de Al-Ándalus y los reinos cristianos durante la Reconquista. Al-Ándalus se formó tras la conquista musulmana de la Península Ibérica en el siglo VIII, destacando su diversidad cultural y avances económicos, mientras que los reinos cristianos consolidaron su poder a través de la resistencia y la repoblación. La Baja Edad Media vio un fortalecimiento del poder real en Castilla y Aragón, así como crisis políticas en Navarra, con un sistema político basado en pactos y cortes.
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  • batalla de Las Navas de Tolosa,
  • sociedad andalusí,
  • batalla de Alarcos

RESÚMENES BLOQUE 2

2.1. AL ÁNDALUS: EVOLUCIÓN POLÍTICA.

En el siglo VII, los árabes musulmanes iniciaron una expansión que culminó en el 711, cuando
cruzaron el estrecho de Gibraltar y conquistaron la Península Ibérica. Derrotaron al rey visigodo
Rodrigo en la batalla de Guadalete y, aunque conquistaron casi toda la península, las zonas
cantábrica y pirenaica permanecieron intactas. Esta ocupación dio origen a Al-Andalus, un
emirato dependiente, aunque sufrieron derrotas en Covadonga (722) y Poitiers (732), que
marcaron el n de su expansión.

En el siglo VIII la dinastía omeya fue víctima de la revolución Abasí. Abderramán I convirtió al
Andalus en un emirato independiente de Bagdad, y jó su capital en Córdoba.

En el año 912 llegó al trono Abderramán III (califa), lo que signi có la independencia política y
religiosa de al Andalus. Durante el siglo X los califas supieron mantener la riqueza y la fuerza del
ejército. Cuando Al Hakam murió, Hisham II vivía sin poder político y fue Almanzor el que
ejercía de hachib. Su muerte llevó al n del califato en 1031.

Tras este hecho, los grupos dirigentes se enfrentaron por el poder, lo que llevó a la disolución
del califato por una Asamblea de Notables y al Andalus se divide en reinos de taifas (andalusíes,
esclavos y bereberes). Las taifas más importantes fueron Sevilla, Badajoz, Valencia, Málaga… El
periodo se divide en tres etapas. En la primera Alfonso VI conquistó Toledo y el Cid tomó
Valencia. Ante esta situación llegaron los almorávides en auxilio, conquistaron todos los reinos
de taifas y derrotaron a los cristianos. En las segundas taifas, el poder de los almorávides
empieza decaer, por lo que llegan los almohades, los cuales vencen a las tropas de Alfonso VIII
en la batalla de Alarcos. En 1212 es el n del dominio almohade con la pérdida de Córdoba. Por
último, en las terceras, llegaron los Benimerines para recuperar al Andalus, pero fueron
derrotados en la batalla del Salado.

Por último, en 1238, se estableció el reino nazarí de Granada, que mantuvo su independencia,
aunque en el siglo XV Castilla fue conquistando algunas ciudades. Finalmente, en 1492, los Reyes
Católicos tomaron Granada, marcando el n de la presencia musulmana en la península.
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2.2. AL ÁNDALUS: ECONOMÍA, SOCIEDAD Y CULTURA. EL LEGAO JUDÍO EN LA
PENÍNSULA IBÉRICA.

Al-Ándalus tuvo un notable desarrollo económico, destacando en agricultura con la


introducción del regadío y nuevos cultivos como cítricos y algodón. En la ganadería se impulsó el
ganado ovino y la cría de caballos, mientras que la minería y las manufacturas, como el textil y la
cerámica, también orecieron. El comercio, se vio favorecido por una red viaria e ciente y la
monetización del dinar de oro y dirhem de plata. A pesar de la mayoría rural, las ciudades tenían
un papel crucial, con Córdoba como centro importante, y mantuvieron un intenso comercio
exterior.

La sociedad era diversa en etnias y religiones, incluyendo árabes, bereberes, muladíes,


mozárabes y judíos. Estaba organizada en grupos sociales, la aristocracia árabe en el poder,
clases medias de mercaderes y militares, las clases populares de campesinos y artesanos, los
judíos y mozárabes y los esclavos, dedicados al servicio doméstico y al ejército.

La cultura mantuvo contacto con el mundo musulmán, lo que permitió la difusión de


conocimientos cientí cos y losó cos de origen griego, persa e indio. Córdoba fue un
importante centro cultural, donde orecieron las letras (Ibn Hazam), las ciencias (Al-Mayriti) y
las artes. En loso ía destaca Averroes. Además, su legado arquitectónico se re eja en mezquitas
(Mezquita de Córdoba), palacios y otros monumentos como la Alhambra. El arte musulmán
combinó in uencias bizantinas y visigodas, como el arco de herradura.

El legado judío experimentó un gran orecimiento cultural tras la llegada de los musulmanes,
favoreciendo la arabización de los sefardíes y su participación en el ámbito losó co-cientí co.
Destacaron guras como Maimónides y la colaboración judía en la Escuela de Traductores de
Toledo. En arquitectura sobresalen sinagogas como las de Toledo y Córdoba, y en literatura,
obras losó cas (Guía de Perplejos) y cientí cas (Atlas Catalán). La música sefardí, dejó un
legado de canciones espirituales, romances y coplas.
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2.3. LOS REINOS CRISTIANOS: EVOLUCIÓN DE LA CONQUISTA DE LA PENÍNSULA
Y ORGANIZACIÓN POLÍTICA.

Tras la invasión musulmana (711), se consolidaron núcleos cristianos en el norte de la Península


Ibérica, como el Núcleo Astur y la Marca Hispánica. Este proceso de resistencia culminaría en la
Reconquista, una campaña militar de los cristianos contra los musulmanes entre los siglos VIII
y XV para restaurar la monarquía visigoda. En la primera etapa (S. VIII X), tras la Batalla de
Covadonga (722) los cristianos realizaron avances limitados debido a la superioridad de Al-
Ándalus. Sin embargo, en la segunda etapa (S.XI y primera mitad del S.XII), tras la
desintegración del Califato, los reinos cristianos lograron avances importantes (conquista de
Toledo). En la segunda mitad del siglo XII, los Almohades frenaron temporalmente el avance
cristiano, se crearon las Órdenes Militares (La de Calatrava, Santiago y Alcántara) y se rmaron
tratados entre el reino de Castilla y León y la corona de Aragón (tratado de Tullidén y tratado de
Cazola). En el siglo XIII, tras la victoria en Las Navas de Tolosa, los cristianos expandieron su
control sobre la Península, dejando solo el Reino Nazarí de Granada como último bastión
musulmán. Fernando III y Jaime I.

Durante la Edad Media, el feudalismo fue el sistema político, social y económico dominante. En
la Península Ibérica, los reinos cristianos se fueron conformándose territorialmente a través de
alianzas matrimoniales y guerras, formando monarquías feudales. El rey se apoyaba en la
Curia, que se transformó en las Cortes, donde participaban el clero, la nobleza y representantes
populares. Las Cortes, no permanentes, aprobaban leyes, impuestos y proclamaban al nuevo
rey. En Castilla y Aragón, las Cortes tenían estructuras diferentes, en Castilla, se fusionaron tras
la unión de León y Castilla y en Aragón, mantenían independencia. El régimen señorial
entregaba tierras a nobles y eclesiásticos a cambio de apoyo militar, con varios tipos de señoríos
según el control de la tierra, señoríos de realengo, eclesiásticos y nobiliarios.
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2.4. MODELOS DE REPOBLACIÓN ORGANIZACIÓN ESTAMENTAL EN LOS REINOS
CRISTIANOS MEDIEVALES.

Durante la Reconquista, los territorios musulmanes conquistados necesitaban ser repoblados


para consolidar su dominio. La repoblación no fue homogénea debido a la diversidad en la
población musulmana y los efectivos demográ cos, lo que dio lugar a distintos modelos de
repoblación que in uyeron en las estructuras de propiedad.

El modelo de repoblación por presura (S. VIII X), aplicado en territorios despoblados del
norte del Duero y el Pirineo, permitió a campesinos y nobles adueñarse de tierras al cultivarlas
(presura), generando pequeñas y medianas propiedades. La repoblación concejil (S. XI XII) se
desarrolló en zonas entre el Duero y los Montes de Toledo y el valle del Ebro, donde se fundaron
concejos regidos por una ciudad o villa, otorgando un fuero o carta puebla. Este modelo produjo
propiedades medianas y tierras comunales.

En el siglo XIII, las órdenes militares participaron en la repoblación del valle del Guadiana,
Teruel y norte de Castellón, estableciendo encomiendas con grandes latifundios, dedicados a la
ganadería. Finalmente, la repoblación por repartimientos en la segunda mitad del siglo XIII
afectó al valle del Guadalquivir y la costa levantina, donde las tierras se distribuyeron en grandes
latifundios para la nobleza y pequeñas parcelas para los campesinos.

La sociedad feudal, basada en una estructura estamental, estaba dividida en nobleza, clero y
campesinos, con los dos primeros grupos controlando el poder y disfrutando de privilegios,
como el no pagar impuestos, mientras que los campesinos trabajaban y pagaban tributos.
También existían minorías religiosas, como judíos y mudéjares, integradas en esta jerarquía
social.
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2.5. LA BAJA EDAD MEDIA EN LAS CORONAS DE CASTILLA Y DE ARAGÓN Y EN
EL REINO DE NAVARRA.

Durante los siglos XIV y XV, la Corona de Castilla experimentó un fortalecimiento del poder real,
pese a las constantes sublevaciones de la nobleza. Castilla era la potencia más importante por la
unión de Castilla y León (Fernando II). Los reyes buscaron aumentar su autoridad, apoyándose en
los concejos municipales, aunque los conflictos con la nobleza continuaron. A nivel estatal, las
principales instituciones fueron las Cortes, que representaban a la nobleza, clero y ciudades, pero
sin atribuciones legislativas, la Cancillería, encargada de la documentación real, el Consejo Real,
que asesoraba al monarca, la Audiencia, que era el tribunal de justicia, y las Contadurías,
responsables de la Hacienda Real. A nivel local, los concejos municipales quedaron controlados por
la oligarquía urbana, con corregidores designados por el rey para supervisar el poder municipal.
También se dividió el territorio en Merindades, administradas por un Merino o juez.

En la Corona de Aragón, los monarcas enfrentaron resistencia para consolidar su poder,


dependiendo de las Cortes y de pactos con diferentes estamentos, un sistema conocido como
pactismo. Cada reino mantenía sus propias leyes y cortes, lo que limitaba la autoridad real. A partir
del reinado de Jaime I, se unificaron leyes en Aragón, Cataluña y Valencia. En el ámbito estatal,
las Cortes, formadas en el siglo XIII, estaban dominadas por la nobleza y el clero, controlando el
poder del rey, de estas aparecieron instituciones como la Diputación General y el Justicia Mayor
que supervisaban al monarca y defendían los derechos feudales, mientras que la administración
local variaba entre los reinos y los municipios eran gestionados por consejos y magistrados.

Por último, en los siglos XIV y XV, Navarra estuvo más ligada a Francia y enfrentó una crisis
política tras la muerte de la reina Doña Blanca, lo que provocó una guerra civil (1451-1461) entre
su esposo, Juan II de Aragón, y su hijo, Carlos de Viana. La política navarra se caracterizaba por la
doctrina pactista, con instituciones como las Cortes, que tenían capacidad legislativa, el Consejo
Real, que asesoraba al rey y La Diputación de los Tres Estados que supervisaba el cumplimiento de
los fueros y la recaudación de impuestos.

Common questions

Con tecnología de IA

Al-Andalus' economic development was significantly boosted by agricultural innovations like the introduction of irrigation systems and the cultivation of new crops such as citrus fruits and cotton. Additionally, the region advanced in livestock breeding, mining, and manufacturing, particularly textiles and ceramics. An efficient road network facilitated robust external trade, supported by a monetized economy using gold dinars and silver dirhams. Key urban centers, especially Córdoba, became vital trade and cultural hubs, reinforcing Al-Andalus' economic power in medieval Europe .

The end of Muslim rule in Spain had profound implications for the cultural and demographic landscape. It marked the ascendancy of Castilian language and Christian religion, leading to the marginalization and expulsion of Jewish and Muslim communities. The Catholic Monarchs' policies focused on religious uniformity, resulting in socio-economic challenges due to the loss of culturally vital populations. However, the architectural and scientific legacies of Al-Andalus continued to influence Iberian art and knowledge, while the Reconquista's completion facilitated Spain's emergence as a formidable European power .

Collaboration among Muslims, Christians, and Jews in Al-Andalus was instrumental in its cultural achievements. This pluralistic environment fostered the translation of classical texts, leading to a vibrant intellectual milieu. Jewish scholars, greatly influenced by their Arab counterparts, made significant contributions in philosophy and science. The shared space allowed for the free exchange of ideas, resulting in advancements in astronomy, medicine, and literature. The cultural synthesis seen in Al-Andalus laid important foundations for the European Renaissance .

The society in Al-Andalus was notably diverse, comprising various ethnic and religious groups, including Arabs, Berbers, Muladíes (Muslim converts), Mozarabs (Christians under Muslim rule), and Jews. This diversity was mirrored in a complex social hierarchy with the Arab aristocracy at the top, followed by merchants, military personnel, and artisans. The Jewish community played a crucial role in science and philosophy, facilitated by the atmosphere of relative tolerance, which allowed cultural flourishing .

The political structures of Christian kingdoms were characterized by feudal systems and the prominence of institutions like the Cortes, which provided checks on royal power. In Castilla and Aragón, these structures evolved into more centralized forms, with expanded royal authority through the support of municipal councils and newly established administrative bodies like the Audiencia. This allowed for more organized responses to internal rebellions and external threats such as the emerging Ottoman power, while treaties and military campaigns against Muslim states reflected coordinated regional strategies .

Military orders played a pivotal role in the territorial consolidation of Christian kingdoms by serving as both military and administrative entities. Orders like Santiago, Calatrava, and Alcántara provided military support against Muslim forces and helped secure newly conquered territories. Their involvement was crucial in populating and defending frontier areas, often through the establishment of encomiendas, large military estates. These efforts facilitated the integration of these territories into the expanding Christian kingdoms, aiding the overall Reconquista strategy .

The Reconquista allowed for significant cultural exchanges between Muslims and Christians, profoundly impacting medieval Spain's intellectual landscape. This period saw the translation and transmission of classical Greek, Persian, and Indian knowledge through Arabic intermediaries. The School of Translators of Toledo became a focal point where Jewish and Muslim scholars translated texts into Latin, facilitating the European Renaissance. The cross-cultural interactions enriched philosophical and scientific dialogue, producing figures like Averroes and Maimonides, and integrating diverse architectural and artistic styles .

Agricultural advancements during Al-Andalus included the introduction of sophisticated irrigation techniques and new crops such as rice and sugarcane, significantly boosting agricultural productivity and sustainability. Architecturally, Al-Andalus left an enduring legacy through structures like the Mezquita of Córdoba and the Alhambra, showcasing the synthesis of Islamic, Visigothic, and Byzantine influences. These advancements not only bolstered the economy but also enriched Iberian cultural and architectural heritage, influencing future European development .

In the 8th century, Abderramán I declared Al-Andalus an independent emirate separate from the Abbasid Caliphate in Baghdad. This marked a significant political change as it allowed the region to assert its autonomy and centralize its governance in Córdoba. This autonomy helped maintain political stability and facilitated cultural and economic development, particularly under the rule of Abderramán III, who later declared the region a caliphate in 912 .

The decline of Al-Andalus as a singular political entity was driven by several factors. The internal strife following the death of Almanzor weakened central authority, leading to the fragmentation into taifa kingdoms. External pressures from the Christian Reconquista further exacerbated these divisions. Strategic defeats, such as the Almoravid and Almohad losses to advancing Christian forces, also contributed to its decline. The lack of a unified political response led to the gradual absorption of Muslim territories by Christian kingdoms, culminating in the fall of Granada in 1492 .

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