REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA DEFENSA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL POLITÉCNICA
DE LA FUERZA ARMADA NACIONAL BOLIVARIANA
UNEFA- NÚCLEO LARA
SECCION 0313-D1 ENFERMERÍA.
SISTEMA INMUNOLÒGICO
INTEGRANTES
AMARO ALBANIS
COLMENÁREZ DAYANA
EVIES DANIELA
GARCIA LORIANNYS
ANA GOMEZ
VANESSA MORAN
AZUAJES CASSANDRA
REYES MARIA .F
BARQUISIMETO, ABRIL 2024
INTRODUCCIÓN
Nuestro organismo se ve expuesto a microorganismos patogénicos que
intentan colonizarnos, causan enfermedades e incluso comprometen nuestra
supervivencia. El sistema inmune es la herramienta fisiológica formada por un
conjunto de moléculas, células y tejidos que nos defienden de las agresiones
causadas por los patógenos o los tumores. En esta actualización se aborda la
relevancia del sistema inmune para asegurar nuestra supervivencia. La
responsabilidad del sistema inmunológico es enorme y debe presentar y debe
presentar una gran diversidad, con objeto de reaccionar de forma adecuada con
los miles de antígenos, patógenos potenciales diferentes, que pueden invadir el
cuerpo. Aún no se conoce en su totalidad los mecanismos fisiológicos complejos
implicados en el sistema inmunológico pero la investigación médica continua
desentrañándolos.
Sistema Inmunológico
Se conoce como sistema inmunológico, sistema inmune o sistema
inmunitario a un mecanismo defensivo del cuerpo humano contra otros seres
vivos que permite a través de reacciones físicas, químicas y celulares
coordinadas, mantener el organismo libre de agentes extraños y potencialmente
nocivos, como pueden ser toxinas, venenos, o infecciones virales, bacterianas y
de otros microorganismos.
Dichos cuerpos y elementos extraños al organismo se
denominan antígenos, y su presencia en el organismo desata una reacción
altamente especializada para impedir que se esparza o que permanezca en el
cuerpo. Dicha reacción, denominada antígeno-anticuerpo, consiste principalmente
en la segregación de las células y sustancias defensivas, como los distintos tipos
de glóbulos blancos (anticuerpos), cuya misión es reconocer y expulsar del
organismo a los invasores.
No obstante, el sistema inmunológico también dispone de estrategias
mecánicas o físicas que incluyen la inflamación de la zona afectada , el
incremento de la temperatura corporal o fiebre, y otras respuestas especializadas.
El sistema inmune lo componen diversas células y órganos del cuerpo,
sobre todo los órganos y glándulas productores de glóbulos blancos, pero también
toda una serie de mucosas y barreras aislantes para impedir el ingreso de
elementos extraños. En todo caso, a la hora de defender el organismo, muchos
otros sistemas colaboran o se ven afectados por el funcionamiento de las
defensas del cuerpo.
El sistema inmunológico opera en base a sus dos variantes: el sistema inmune
natural y el adquirido o aprendido:
Sistema inmune natural:
Llamado también sistema inmune innato o inespecífico, nace con los
individuos ya que consta de mecanismos de defensa propios de la química de la
vida. Es común en mayor o menor medida a casi todos los seres vivientes, incluso
a las formas más simples y unicelulares, pero que son capaces de lidiar con los
invasores segregando enzimas y proteínas defensivas.
Sistema inmune adquirido:
Exclusivo ya de los vertebrados y de los seres vivos más complejos,
dispone de células totalmente dedicadas a la defensa y limpieza del organismo,
altamente especializadas en su tarea. Su nombre proviene del hecho de que se
adapta y posee una “memoria” celular para reconocer los agentes infecciosos con
los que ya ha combatido, de modo lidiar mejor con ellos a futuro. De eso último es
de lo que se valen las vacunas: le brindan microbios atenuados para que pueda
alimentar su memoria sin tener primero que sufrir la enfermedad.
Organización Morfo funcional:
El sistema inmune se compone de una red de glóbulos blancos que recorre el
organismo y que tiene presencia tanto la sangre, la médula ósea y otras
sustancias propias del cuerpo, como del sistema linfático que emplea para
movilizarse a lo largo de los ganglios y órganos de filtrado del cuerpo, como el
bazo.
Dichos glóbulos blancos pueden ser de dos tipos:
Linfocitos. Se ocupan de detectar y reconocer a los cuerpos extraños,
así como de aprender sus características para sumarlas a la memoria
inmunológica, para reconocerlos en caso de que vuelvan a ingresar al
organismo.
Fagocitos. Aquellos encargados de lidiar con los cuerpos extraños, es
decir, hacer el trabajo sucio: fagocitan (engloban en su interior) a los
invasores y luego se expulsan del organismo con ellos dentro, a través
de la orina, las heces, los mocos u otras secreciones.
El sistema inmune actúa gracias a la participación de diferentes
poblaciones celulares conocidas como células inmunocompetentes. Estas células,
que mayoritariamente son leucocitos, que encuentran en todo el organismo y
principalmente en los órganos linfoideos.
Estos órganos linfoides, se comunican entre sí a través de la circulación
sanguínea y linfática que es por donde circulan estas células de unos lugares a
otros. Esto hace posible el encuentro de las células inmunocompetentes con los
antígenos y además que ellas mismas interactúen, aspectos éstos que
son necesarios para una respuesta inmune adecuada.
Células inmunocompetentes:
Las células con función inmune más relevante son los leucocitos o células
blancas entre los cuales se encuentran diferentes subtipos dependiendo de su
estructura y función. Entre ellos destacan los neutrófilos, eosinófilos, basófilos,
mastocitos, monocitos, macrófagos, linfocitos B, linfocitos T, células NK, células
NKT y células dendríticas. De todas ellas veremos cómo se diferencian y
sus principales características funcionales.
Diferenciación células inmunocompetentes.
Las células con función inmune proceden por diferenciación de las células
madre CD34+ presentes en la médula ósea. Este proceso se conoce
como hematopoyesis.
En concreto de las células madre pluripotentes, se diferencian, hacia dos tipos
distintos de células algo más maduras. Son los progenitores mielomonocíticos y
los progenitores de leucocitos o glóbulos blancos. Estos procesos de
diferenciación no ocurren al azar, sino que están estrechamente regulados por
sustancias conocidas como factores estimuladores de colonias producidos por el
estroma y macrófagos de la médula ósea.
Tipos de células inmunocompetentes
Entre las células con función inmune más relevante destacan los
neutrófilos, eosinófilos, basófilos, mastocitos, monocitos, macrófagos, linfocitos B,
linfocitos T; células NK, células NKT y células dendríticas. Vemos algunos de sus
aspectos diferenciales.
Neutrófilos.
Estas células, que pertenecen al grupo de leucocitos polimorfo nucleares, tienen
como función principal la de fagocitar y destruir patógenos. Se encuentran en
continua renovación debido a que su vida media es de tan sólo varios días. Son
células de gran tamaño con un núcleo segmentado en varios lóbulos y gran
cantidad de gránulos en su citoplasma con enzimas líticas con capacidad de
destruir microorganismos.Tienen un origen similar a los macrófagos ya que proce-
den de un precursor común, la unidad formadora de colonias granulocítico-
macrofágicas CFU-GM, presente en la médula ósea.
Eosinófilos
Pertenece la familia del polimorfo nuclear, están recubiertos de IgE e IgG y son
muy ricos en gránulos repletos de histamina que la vierten al exterior produciendo
fuertes respuestas inflamatorias. Cuando son estimulados pueden dañar la
membrana de los parásitos debido a la propiedad que tienen estas células de
unirse a ellos.
Basófilos y Mastocitos
Los basófilos suelen encontrarse en la circulación, mientras que los
mastocitos esencialmente se ubican en los tejidos. Ambos tipos celulares poseen
receptores para el extremo Fc de las Igs y participan en reacciones alérgicas,
como consecuencia de la liberación de sus gránulos el mediador histamina.
Monocitos y Macrófagos
Los monocitos normalmente se encuentran circulando en sangre, mientras
que los macrófagos se encuentran en los tejidos. Los monocitos son células
grandes con un solo núcleo, expresan CD14, poseen un aparato de Golgi muy
desarrollado, gran cantidad de lisosomas muy ricos en enzimas, tales como
proteasas, peroxidasas y lipasas.
Cuando los monocitos se encuentran en los tejidos, sufren ciertas
modificaciones y se les conoce como macrófagos, aunque pueden recibir distintos
nombres según el tejido donde se encuentran (Tabla: Leucocitos en sangre).
La función principal de estas células es la de fagocitar cuerpos
extraños como bacterias y sustancias de desecho de los tejidos. También en
ciertas circunstancias actuar como células presentadoras de antígenos y
produciendo citocinas pro inflamatorias TNF-a, IL-1 e IL-6. Así mismo, estas
células poseen capacidad de adherirse a los tejidos, de moverse sobre los mismos
(quimiotaxis) y pueden sobrevivir
Linfocitos
Estas células poseen un núcleo muy voluminoso y sufren un proceso muy
complejo de maduración desde las células madre progenitoras. En humanos,
maduran bien en la médula ósea (los linfocitos B) o en el timo (los linfocitos T)
En la respuesta innata como en la adquirida, por lo que son de interés debido a su
papel clave en las respuestas anti-cáncer y anti-virus. De ahí que exista gran
expectativa en su uso en vacunas así como por su participación en mecanismos
de tolerancia inmunológica.
Órganos linfoides
Las células que componen el sistema linfoide se agrupan en órganos
discretamente encapsulados que reciben en su conjunto el nombre de sistema
linfoide. Estos órganos desde el punto de vista funcional se dividen en órganos
linfoides primarios, en los que se producen la diferenciación de linfocitos y
en órganos linfoides secundarios en los que se agrupan células de diferentes
tipos para desarrollar la respuesta inmune.
Órganos linfoides primarios
Los órganos linfoides primarios son la médula ósea y el timo,
donde maduran los linfocitos B y T respectivamente y aprenden a discriminar entre
antígenos propios (auto antígenos), que serán tolerados y antígenos extraños en
cuya destrucción colaborarán una vez maduros.
La médula ósea está formada por un tejido esponjoso de color rojizo que
se encuentra en el interior de los grandes huesos y albergan una gran cantidad de
células madre de donde derivan las restantes células de la sangre, entre ellas los
leucocitos. Aquí maduran los linfocitos B a través de un proceso conocido
como linfopoyesis B que es independiente de los estímulos antigénicos. En este
proceso, que se inicia a partir de las células progenitoras B (CFU-B), se van
formando progresivamente células pre-pre-B, células pre-B, células
El Timo
El timo es un órgano situado en la parte superior del mediastino anterior y
es donde maduran los linfocitos T. El timo presenta su máximo desarrollo en el feto
a partir de los últimos meses de gestación y hasta la adolescencia. A partir de los
18-20 años comienza un proceso y degenerativo con gran invasión grasa, de tal
forma que en las personas mayores de 65 años sólo quedan residuos funcionales
del mismo.
El timo está constituido por una malla de células epiteliales rellena de
células, timoncitos, que es como se denominan a los linfocitos en fase de
maduración en el timo. El timo se organiza en lobulillos tabicados por trabéculas
conjuntivas y dentro de cada uno de ellos se distingue una zona externa o
corteza, que contiene la gran mayoría de los timoncitos, y una zona interna o
medular que es pobre en timoncitos.
En la médula existen, además, unas estructuras denominadas corpúsculos
de Hassal formados por células epiteliales y macrófagos dispuestos de forma
concéntrica. Las células epiteliales del timo, tanto de la corteza como de la
médula, expresan altas cantidades de moléculas de histocompatibilidad,
imprescindibles para el reconocimiento de antígenos propios por los linfocitos
El Bazo
Se trata de un órgano situado en el hipocondrio izquierdo, detrás del
estómago y cerca del diafragma. En el bazo se distingue la pulpa roja que es un
reservorio de hematíes y la pulpa blanca que contiene el tejido linfoide, el cual se
dispone alrededor de una arteriola central, presentando áreas más ricas en
linfocitos T y otras en linfocitos B.imas y alrededor de la arteriola central, mientras
las áreas B se disponen exteriores a la misma. También son frecuentes las células
reticulares dendríticas y macrófagos en el centro germinal, así como macrófagos
especializados en la zona marginal (área que rodea a los folículos linfoides) que
junto a las células foliculares dendríticas de los folículos primarios (folículos no
estimulados sin centro claro germinal) se ocupan de la presentación del antígeno
al linfocito B.
Ganglios linfáticos
Los ganglios linfáticos conforman, junto a los vasos linfáticos, una compleja
red corporal cuya función es filtrar los antígenos procedentes del espacio
extracelular y la linfa durante su circulación desde la periferia hasta el conducto
torácico. Los ganglios linfáticos, en el humano, son redondeados y presentan un
hilio donde los vasos sanguíneos entran y salen. Básicamente, se distingue una
área B denominada córtex, un área T denominada para córtex.
La para corteza, contiene linfocitos T y abundantes células presentadoras de
antígeno (células dendríticas), quienes presentan abundantes antígenos MHC
clase II en superficie. La zona medular presenta algunos cordones linfoides
separados por espacios vasculares (senos medulares) que contienen la mayor
parte de las células plasmáticas y los macrófagos sin úsales de los ganglios
linfáticos.
Tejido linfoide asociado a mucosas (MALT)
En áreas mucosas gastrointestinales, respiratorias y urogenitales se observan
acúmulos dispersos de tejido linfoide no encapsulado que es el tejido linfoide
asociado a mucosas (MALT) En el intestino, se observan estos elementos
linfoides difusos en la submucosa formando folículos linfoides con centro germinal
en áreas denominadas placas de Peter.
Los antígenos pueden atravesar los epitelios de las mucosas transportados por las
células dendríticas y a través de las células M. En sentido contrario, se transporta
la IgE secretora producida por las células plasmáticas muy abundantes en los
tejidos MALT (Figura: Mucosa Intestinal). En humanos, además se encuentra
abundante tejido linfoide con centros germinales en las amígdalas faríngeas y
también en paredes bronquiales y a lo largo del tracto urogenital.
Importancia del sistema inmunitario:
El sistema inmunitario protege al organismo de sustancias posiblemente
nocivas, reconociendo y respondiendo a los antígenos .Los antígenos son
sustancias (por lo general proteínas) que se encuentran en la superficie de las
células, los virus, los hongos o las bacterias.
Patologías del sistema inmunológico:
A pesar de lo extraordinario del sistema inmunológico, no siempre es 100%
eficaz. En muchos casos, de hecho, su funcionamiento se ve comprometido y
requiere de la incorporación de medicamentos. Estos casos son:
Alergias.
Que no son más que una reacción desproporcionada del sistema
inmunitario, que responde a la presencia de unasustancia inocua como si se
tratara de un atacante.
Enfermedades autoinmunes.
En las que el sistema inmunológico se convierte en el problema, pues ataca
células o tejido sanos y del propio organismo, identificándolos por error como
infectados o como ajenos.
Enfermedades inmunosupresoras
Como el SIDA, cuyos agentes infecciosos justamente atacan a los glóbulos
blancos encargados de la defensa, mediante diversas estrategias que no permiten
su captura y expulsión ordinaria. Como resultado de estas enfermedades, las
personas quedan inmunosuprimidas (es decir: sin defensas) y otras enfermedades
oportunistas pueden sacar ventaja de dicha condición.
Complicaciones debido a una respuesta inmunitaria alterada
Una respuesta inmunitaria eficiente protege contra muchas enfermedades y
trastornos, mientras que una respuesta inmunitaria ineficiente permite que las
enfermedades se desarrollen. Una respuesta inmunitaria excesiva, deficiente o
equivocada causa trastornos del sistema inmunitario. Una respuesta inmunitaria
hiperactiva puede llevar al desarrollo de enfermedades autoinmunitarias, en las
cuales se forman anticuerpos contra los tejidos del propio cuerpo.
Las complicaciones a raíz de la alteración de las respuestas inmunitarias son,
entre otras:
Alergia o hipersensibilidad
Anafilaxia, una reacción alérgica que amenaza la vida
Trastornos autoinmunitarios
En, una complicación del trasplante de médula ósea
Trastornos por inmunodeficiencia
Enfermedad del suero
Rechazo al trasplante
La Inmunidad:
Es la forma en que el sistema inmunitario protege el cuerpo contra las
enfermedades causadas por infecciones. Es un proceso fisiológico muy complejo
de percepción de los cambios que tienen lugar dentro del organismo y de sus
interacciones con otros organismos y sustancias externas encaminadas a
colaborar de forma primordial en su desarrollo embrionario, en el mantenimiento
de su homeostasis, en el establecimiento de su identidad individual y en su
integración en el ecosistema. Entre todas estas acciones, la más conocida ha sido
y es la de la defensa frente a las infecciones, y será este el aspecto en que se
centre este artículo. La inmunidad, entendida así como mecanismo de defensa,
involucra tanto a componentes específicos como inespecíficos. Los componentes
inespecíficos, más antiguos en la filogenia, actúan como barreras o como
mecanismos innatos y fijos de detección y eliminación de los microorganismos
patógenos para detener la infección antes de que puedan causar la enfermedad.
Otros componentes más modernos en la evolución del sistema inmunitario se
adaptan a cada nuevo microorganismo encontrado, se especializan en su
detección y generan una memoria para posibles futuros contactos.
Clasificación de la inmunidad:
Los tres tipos de inmunidad son innata, adaptativa y pasiva. La inmunidad
innata incluye barreras, como la piel y las membranas mucosas, que evitan la
entrada de sustancias dañinas en el cuerpo. Este tipo de inmunidad es la primera
respuesta del sistema inmunitario contra una sustancia extraña. La inmunidad
adaptativa se produce como respuesta del cuerpo a una infección o vacunación
contra un microorganismo, de manera que se previenen futuras infecciones por el
mismo microorganismo. Es posible que la inmunidad adaptativa dure toda la vida.
La inmunidad pasiva se presenta cuando una persona recibe anticuerpos contra
una enfermedad, en lugar de producirlos en su sistema inmunitario. La protección
de la inmunidad pasiva es inmediata, pero solo dura pocas semanas o meses.
La inmunidad celular está principalmente especializada en la lucha contra patógenos
intracelulares, como pueden ser los virus, parásitos o patógenos que han
sido fagocitados. Para ello, cuentan con la ayuda de células como los macrófagos o las
células dendríticas, que les presentan los antígenos a través de moléculas MHC I. Los
principales efectores son los linfocitos T citotóxicos. Si bien, otro tipo de células T, los
linfocitos T cooperadores, también pueden participar en la gestión inmunitaria de
antígenos extracelulares a través de MHC-II, activando otras células de la inmunidad y
mediante la secreción de citoquinas.
La inmunidad humoral sin embargo, actúa más bien contra patógenos extracelulares a
través de moléculas que circulan en la sangre y en secreciones de las mucosas, como
son los anticuerpos. En este caso intervienen los linfocitos B, que al
reconocer antígeno se convierten en células plasmáticas productoras de anticuerpos.
Hay que recordar que después de producirse este tipo de respuesta inmunitaria quedará
como remanentes los linfocitos B de memoria. Los mismos que facilitarán que la
respuesta secundaria sea más rápida.
Ambos tipos, células T y B, trabajan de manera coordinada y secuencial para conseguir
una eficacia máxima con el mínimo gasto energético posible.
Respuesta Inmune:
Es un Mecanismo de defensa del cuerpo contra sustancias que considera
dañinas o extrañas. Durante esta respuesta el sistema inmunitario reconoce y
ataca los antígenos superficiales (por lo general, proteínas) de sustancias o
microorganismos, como bacterias o virus, de manera que los ataca y en ocasiones
los destruye. Las células cancerosas también tienen antígenos en su superficie,
por ello el sistema inmunitario a veces los reconoce como antígenos extraños y
produce una respuesta inmunitaria contra las células cancerosas que ayuda a
combatir el cáncer. También se llama reacción inmunitaria y respuesta
inmunológica.
Respuesta inmunitaria de hipersensibilidad:
Según la definición clásica, se entendía por alergia una reacción específica
adversa de origen inmunológico secundaria a la exposición a un antígeno ajeno,
generalmente inocuo para las personas sanas. El concepto de alergia fue
introducido en 1905 por el pediatra vienés von Pirquet para referirse a la diferente
reactividad inmunológica. La acuñó a partir de dos palabras griegas: allos (otros)
y ergos (reacción).
La nueva clasificación separa los términos "hipersensibilidad" y "alergia",
abarcando el primero un concepto más amplio. La hipersensibilidad denota los
síntomas y signos recurrentes causados por la exposición a un agente a dosis
tolerada por individuos sanos, independientemente del mecanismo.
En la hipersensibilidad alérgica el mecanismo es inmunológico.
La hipersensibilidad no alérgica puede desarrollar el mismo cuadro clínico que la
hipersensibilidad alérgica, pero su patomecanismo es diferente (como la
hipersensibilidad al ácido acetilsalicílico) o desconocido.
El término "hipersensibilidad" no incluye las respuestas clásicas a las infecciones,
los fenómenos autoinmunes, reacciones tóxicas, y reacciones como la
"sensibilidad a todos los medicamentos", "sensibilidad química múltiple", o las
reacciones inespecíficas a los empastes de amalgama o las ondas
electromagnéticas. La hipersensibilidad no debe confundirse con la
hiperreactividad, que significa reacción excesiva a un estímulo.
En la hipersensibilidad alérgica, los mecanismos inmunes pueden depender de los
anticuerpos o de las células. A menudo, los anticuerpos son inmunoglobulinas de
clase IgE. La tendencia hereditaria a un exceso de producción de IgE específicas
en respuesta a dosis normales de alérgenos se denomina atopia. Es una de las
predisposiciones genéticas más comunes (afecta ≥20-40 % de la población),
aunque no es una enfermedad en sí misma. El término "atopia" no debe usarse
hasta que se identifiquen IgE específica (en suero o mediante pruebas cutáneas).
Clasificación de la hipersensibilidad:
Tipo I: inmediata o anafiláctica:
Incluye tejidos en los que están presentes numerosos mastocitos (células
cebadas): piel, conjuntiva, vías respiratorias altas o bajas y tracto digestivo.
Manifestaciones como urticaria y angioedema, rinitis, broncoespasmo, diarrea,
vasodilatación e hipotensión generalmente aparecen a los 15-20 min de la
exposición al antígeno (alérgeno). A veces, el tiempo de reacción se retrasa entre
6 y 12 h. Es lo que se conoce como fase tardía de la reacción alérgica. Esta
reacción se inicia por la desgranulación de los mastocitos y/o basófilos IgE-
dependiente que ocurre después del contacto con antígenos extrínsecos. En la
fase tardía, la reacción se ve reforzada por los eosinófilos, las plaquetas y los
neutrófilos.
Tipo II: cito tóxica:
se desarrolla en diversos tejidos y órganos. El antígeno, presente en la
superficie de las células dañadas, es intrínseco o se forma por la combinación de
un compuesto químico extrínseco (heptano) con una proteína de alto peso
molecular. Esta reacción se caracteriza por una dinámica muy diferente que puede
desarrollarse en minutos u horas. Sus mediadores son las inmunoglobulinas de
clase M (IgM) y clase G (IgG) y las proteínas del sistema del complemento.
También involucra a células con receptores de inmunoglobulina, especialmente los
fagocitos FcγR+ y las células K (antibody-dependent citotóxica cells, ADCC).
Ejemplos de enfermedades por hipersensibilidad tipo II son las anemias
hemolíticas adquiridas inducidas por fármacos, las anemias hemolíticas asociadas
a un test de Coombs positivo, y la enfermedad hemolítica del recién nacido.
Tipo III: por la formación de inmunocomplejos:
Puede ser generalizada (p. ej. enfermedad del suero), o afectar a órganos
específicos (p. ej. glomerulonefritis lúpica, artritis reumatoide, vasculitis
sistémicas). La reacción se desarrolla 3-10 h después de la exposición al
antígeno. Sus mediadores son complejos de anticuerpos solubles (principalmente
IgG, menos frecuente IgM) con un antígeno extrínseco o intrínseco que es soluble
y está ausente en la superficie de las células. En esta reacción participan las
proteínas del sistema del complemento, neutrófilos y otras células FcγR+.
Tipo IV: retardada o celular:
Puede afectar a muchos tejidos, pero el eritema y el infiltrado son
característicos en la piel. La hipersensibilidad de tipo IV está desencadenada por
antígenos microbianos que provocan cambios inflamatorios específicos
(tuberculosis, toxoplasmosis); por antígenos intrínsecos en enfermedades
autoinmunes; por antígenos de contacto (productos químicos, medicamentos,
metales, plantas). La reacción alcanza su máxima intensidad a las ~48 h de la
exposición. El antígeno (alérgeno) es reconocido por los linfocitos CD4+ con perfil
Th1 (a diferencia de la reacción tipo IV "clásica", los linfocitos CD8+ desempeñan
un papel importante en la dermatitis de contacto). El infiltrado y la lesión
acompañante se deben a la acción de citoquinas liberadas por los monocitos
y macrófagos presentes en el infiltrado.
Las respuestas inmunitarias patológicas pueden dirigirse frente a diferentes tipos
de antígenos y pueden ser el resultado de varias anomalías subyacentes.
La clásica división de las reacciones de hipersensibilidad alérgica propuesta por
Gell y Coombs sigue siendo útil en la práctica clínica, aunque se sabe que no es
precisa ya que los diferentes mecanismos de hipersensibilidad suelen aparecer
Mecanismos Fisiopatológicos:
Los mecanismos fisiopatológicos de las reacciones de hipersensibilidad
varían según el tipo de reacción, pero en general involucran los siguientes pasos:
Sensibilización:
El sistema inmunológico se expone al alérgeno por primera vez y produce
anticuerpos o células T sensibilizadas contra el mismo.
Reexpedición:
El individuo se vuelve a exponer al alérgeno.
Activación de células inmunitarias:
Los anticuerpos o células T sensibilizadas se unen al alérgeno y activan las
células efectoras (mastocitos, basófilos, células T, células fagocíticas).
Liberación de mediadores inflamatorios:
Las células efectoras liberan mediadores inflamatorios, como histamina,
prostaglandinas, leucotrienos y citosinas.
Inflamación y daño tisular:
Los mediadores inflamatorios causan inflamación y daño tisular, lo que da lugar
a los síntomas de la reacción alérgica.
Autoinmunidad:
Reacciones contra antígenos propios. Normalmente, el sistema
inmunitario no reacciona contra los antígenos propios. Este fenómeno se
llama autotolerancia e implica que el cuerpo «tolere» sus propios antígenos. En
ocasiones, esta autotolerancia falla, lo que da lugar a reacciones contra las
células y los tejidos propios. En conjunto, tales reacciones constituyen
la autoinmunidad, y las enfermedades causadas por la autoinmunidad se
denominan enfermedades autoinmunitarias. Volveremos a los mecanismos de la
autotolerancia y la autoinmunidad más tarde en este capítulo.
Reacciones contra los microbios:
Hay muchos tipos de reacciones contra los antígenos microbianos que
pueden causar enfermedad. En algunos casos, la reacción parece excesiva o el
antígeno microbiano es inusualmente persistente. Si se producen anticuerpos
contra tales antígenos, los anticuerpos pueden unirse a los antígenos
microbianos y producir inmunocomplejos, que se depositan en los tejidos y
desencadenan la inflamación; este es el mecanismo subyacente de la
glomerulonefritis postestreptocócica. Las respuestas de los linfocitos T contra los
microbios persistentes pueden dar lugar a una inflamación acentuada, a veces
con la formación de granulomas; esta es la causa de la lesión tisular que se
produce en la tuberculosis y en otras infecciones. Algunas veces, los anticuerpos
o los linfocitos T que reaccionan con un microbio reaccionan de forma cruzada
con un tejido del huésped; se cree que tal reactividad cruzada es la base de la
cardiopatía reumática. En algunos casos, la respuesta inmunitaria causante de la
enfermedad puede ser completamente normal, pero, en el proceso de
erradicación de la infección, los tejidos del huésped resultan dañados. En la
hepatitis vírica, el virus que infecta a los hepatocitos no es citopático, pero es
reconocido como extraño por el sistema inmunitario. Los linfocitos T citotóxicos
intentan eliminar las células infectadas, y esta respuesta inmunitaria normal
daña a los hepatocitos.
Reacciones contra antígenos ambientales:
Casi el 20% de la población es alérgica a sustancias ambientales
frecuentes (p. ej., pólenes, epitelios de animales y ácaros del polvo), así como a
algunos iones metálicos y medicamentos. Tales sujetos tienen una
predisposición génica a realizar respuestas inmunitarias inusuales a antígenos
no infecciosas habitualmente inocuas a los cuales todas las personas están
expuestas pero contra los cuales solo algunos reaccionan.
.
CONCLUSIÓN
El sistema inmunológico es un mecanismo autónomo que todo ser vivo
posee desde que este percibe la vida .Este mecanismo actúa desde el instante
en que nos exponemos al ambiente y allí donde los cuerpos extraños como
bacterias, hongos, virus parásitos protozoarios que invaden al cuerpo, son
expulsados por macrófagos. El conocimiento en profundidad de los mecanismos
y las acciones llevadas a cabo por el sistema inmune ha permitido que se lograra
avances terapéuticos importantes, como el mejor desarrollo de vacunas y
terapias genéticas en individuos inmunodeficientes
BIBLIOGRAFÍAS
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https://medlineplus.gov
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