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Video Bombón

El documento analiza el experimento del bombón de Stanford, que estudia la capacidad de los niños para retrasar la gratificación y su relación con el autocontrol emocional y el éxito en la vida. Los resultados muestran que aquellos que pudieron esperar por una recompensa mayor desarrollaron mejores habilidades sociales y emocionales en la adolescencia y adultez. El texto también reflexiona sobre la importancia del autocontrol en la vida universitaria y personal del autor.
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El documento analiza el experimento del bombón de Stanford, que estudia la capacidad de los niños para retrasar la gratificación y su relación con el autocontrol emocional y el éxito en la vida. Los resultados muestran que aquellos que pudieron esperar por una recompensa mayor desarrollaron mejores habilidades sociales y emocionales en la adolescencia y adultez. El texto también reflexiona sobre la importancia del autocontrol en la vida universitaria y personal del autor.
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Universidad Autónoma de Baja California

Unidad de Aprendizaje
Desarrollo de redacción y comunicación

Universidad Autónoma de Baja California


Facultad de Ciencias Administrativas

Habilidades de redacción y comunicación


Patricia Guadalupe García Cabrales

Meta 3.7

Video Bombón
Grupo:411

Maria Fernanda González Méndez 1193438

30/11/2022
Universidad Autónoma de Baja California
Unidad de Aprendizaje
Desarrollo de redacción y comunicación

Video Bombón
Presentado por: Daniel Goleman
Fecha: 2008
Imagínese que tiene cuatro años y alguien le hace la siguiente proposición: Si
espera a que esa persona termine la tarea que está haciendo, podrá recibir
dos bombones de obsequio. Si no puede esperar sólo conseguirá uno, pero
podrá recibirlo de inmediato. Este es un desafío que sin duda pone a prueba
el alma de cualquier criatura de cuatro años, un microcosmos de la eterna
batalla que existe entre el impulso y la restricción, el yo y el ego, el deseo y
el autocontrol, la gratificación y la postergación. La elección que hace el niño
constituye una prueba reveladora; ofrece una rápida interpretación no sólo
del carácter, sino también de la trayectoria que probablemente seguirá a lo
largo de su vida.
Tal vez no existe herramienta psicológica más importante que la de resistir el
impulso. Es la raíz de todo autocontrol emocional, dado que las emociones
-por su naturaleza misma- llevan a uno u otro impulso a entrar en acción.
Recordemos que el origen de la palabra EMOCION es ‘mover’. La
capacidad de resistirse a ese impulso, de sofocar el movimiento incipiente,
probablemente traduce el nivel de la función cerebral en inhibición de las
señales límbicas enviadas al motor de la corteza, aunque esta interpretación
debe considerarse, de momento, una mera especulación. En cualquier
momento, un importante estudio en el que el desafío del bombón se planteó
a niños de cuatro años muestra lo fundamental que resulta la capacidad de
contener las emociones y, de ese modo, demorar el impulso. Iniciado por el
psicólogo Walter Mischel en la década del sesenta en un jardín de infantes
del campus de la Universidad de Stanford, en el que participaron sobre todo
niños de la Facultad de Stanford, alumnos graduados y otros empleados, el
estudio siguió la trayectoria de los niños de cuatro años hasta que
concluyeron la escuela secundaria
Algunos de esos niños fueron capaces de esperar los interminables quince o veinte
minutos que el experimentador tardó en regresar. Con el fin de ayudarse en
su lucha se taparon los ojos para no tener que ver la fuente de la tentación,
o apoyaron la cabeza en los brazos, hablaron solos, cantaron, jugaron con
las manos y los pies e incluso intentaron dormir. Estos valientes niños en
edad preescolar consiguieron la recompensa de dos bombones. Pero otros,
más impulsivos, se apoderaron del único bombón, casi siempre pocos

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segundos después de que el experimentador saliera de la habitación para


terminar su ‘tarea’. El poder diagnóstico de la forma en que se manejó ese
impulso resultó evidente unos doce o catorce años más tarde, cuando esos
mismos chicos fueron observados durante su adolescencia. La diferencia
emocional y social entre los niños que se apoderaron del bombón y sus
compañeros que demoraron la gratificación fue notable. Los que habían
resistido la tentación a los cuatro años, como adolescentes eran más
competentes en el plano social: personalmente eficaces, seguros de sí
mismos, y más capaces de enfrentarse a las frustraciones de la vida.
Tenían menos probabilidades de derrumbarse, paralizarse o experimentar una
regresión en situaciones de tensión, o ponerse nerviosos y desorganizarse
cuando eran sometidos a presión; aceptaban desafíos y procuraban
resolverlos en lugar de renunciar, incluso ante las dificultades; confiaban en
ellos mismos y eran confiables; tomaban iniciativas y se comprometían en
proyectos. Y más de una década después aún eran capaces de postergar
la gratificación para lograr sus objetivos. Sin embargo, aproximadamente la
tercera parte de los chicos, los que se quedaron con el bombón, mostraron
estas cualidades en menor medida y, en cambio, compartían rasgos
psicológicos relativamente más conflictivos. Durante la adolescencia
mostraron más inclinación a rehuir los contactos sociales; a ser tercos e
indecisos; a sentirse fácilmente perturbados por las frustraciones; a
considerarse ‘malos’ o inútiles; a aportar actitudes regresivas o quedar
paralizados por el estrés; a ser desconfiados y resentidos por no ‘obtener lo
suficiente’, a ser propensos a los celos y a la envidia; a reaccionar de forma
exagerada ante la irritación con actitudes bruscas, provocando así
discusiones y peleas. Y aún después de todos esos años seguían siendo
incapaces de postergar la gratificación. Lo que se manifiesta de forma leve
en los primeros años de vida alcanza una amplia gama de capacidades
sociales y emocionales a medida que pasan los años.
La capacidad de retrasar el impulso es la base de una serie de esfuerzos, desde
comenzar una dieta hasta obtener el título de médico. Algunos chicos,
incluso a los cuatro años, habían dominado lo esencial: eran capaces de
interpretar la situación social como una situación donde la postergación
resultaba beneficiosa, de apartar su atención de la tentación que tenían a
mano, y de distraerse mientras conservaban la necesaria perseverancia con
respecto a su objetivo: los dos bombones.
¿Qué es la prueba del bombón?
En un estudio hecho por investigadores de la Universidad de Stanford, jugaron con
los niños sujetos del experimento y les mostraban un bombón y les ofrecían
un trato con dos opciones. Los investigadores entonces salían de la

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habitación durante unos minutos. Si durante ese tiempo los niños no comían
los dulces que habían quedado sobre la mesa, ganaban un dulce extra.
Es decir, ellos podrían comer los dulces que habían quedado allí justo enfrente de
ellos DE INMEDIATO o podrían esperar unos minutos para obtener dos
dulces. Ahora imagina la situación, un niño solo con un dulce disponible en
frente de él.
¿Qué crees que pasaría?
Como era de esperar, la mayoría de los niños no podían soportar la espera y se
comían inmediatamente el dulce que se les había dejado en frente de ellos.
Pero otros niños mostraron disciplina y perspectiva de «largo plazo» al
esperar unos minutos y luego ganar dos dulces. En este video se puede
demostrar Psicológicamente el buen control de los impulsos es considerado
un rasgo de personalidad positiva, que el psicólogo Daniel Goleman indica
como un rasgo importante en la inteligencia emocional. Por otra parte, las
personas que carecen de este rasgo psicológico se dicen que necesitan una
gratificación instantánea y podrían sufrir de un pobre control de los
impulsos. (D., 2008) La prueba del bombón de Stanford indica que el control
de impulsos bien podría ser psicológicamente importante para el logro
académico y el éxito en la vida adulta. (Goleman, 1998)
El experimento del bombón de Stanford fue un estudio sobre la satisfacción
aplazada llevado a cabo en 1972 por el psicólogo Walter Mischel de la
Universidad de Stanford. Un bombón se le ofreció a cada niño y se le
prometía que si podía resistirse a comer el malvavisco le darían dos en vez
de uno. Los científicos analizaron el tiempo en que cada niño resistió la
tentación de comer el bombón, y si ello tuvo un efecto en su éxito futuro.
Aunque el experimento se ha repetido muchas veces desde entonces, el estudio
original de Stanford ha sido considerado "uno de los experimentos sobre el
comportamiento de más éxito". Este experimento tiene sus raíces en
Trinidad, donde los diferentes grupos étnicos que viven en la isla
presentaban varios tipos de comportamiento. Se realizó un experimento
similar al experimento de malvavisco, aunque con una barra de chocolate,
y se descubrió que la etnicidad no afectaba a la gratificación diferida,
mientras que los estratos sociales y económicos si lo hacían.
El propósito del estudio original era entender cómo, el control de la gratificación
diferida, (la habilidad de esperar para obtener algo que uno quiere) se
desarrolla en los niños. El experimento original se llevó a cabo en la Escuela
Infantil Bing ubicado en la Universidad de Stanford, con niños de la edad de
cuatro a seis años como sujetos de prueba. Los niños fueron conducidos a

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una habitación libre de distracciones, donde se colocó un bombón en una


mesa, junto a una silla. Los niños podían comer el malvavisco, dijeron los
investigadores, pero si esperaban durante quince minutos sin ceder a la
tentación serían recompensados con un segundo malvavisco.
Se observó cómo algunos niños se tapaban los ojos, o se daban la vuelta para no
ver el bombón, otros empezaban a patear la mesa, oler el malvavisco y
besarlo, mientras que otros simplemente se lo comieron al instante en el
que el investigador dejó la habitación. En más de 600 niños que participaron
en el experimento, una minoría se comió el malvavisco inmediatamente. De
aquellos que intentaron no caer en la tentación de comérselo, un tercio
aguanto lo suficiente para obtener la gratificación prometida; la edad fue un
factor determinante.
Fue el resultado del estudio que tendría lugar muchos años después lo que
sorprendió a los investigadores. El primer estudio de seguimiento realizado
en 1988 demostró que los niños en edad pre-escolar, quienes aguantaron
la tentación de comerse el malvavisco, fueron descritos 10 años después
por sus padres como adolescentes significativamente más competentes. Un
segundo estudio de seguimiento, en 1990 demostró que la capacidad de
demorar la gratificación también se correlaciona con una mayor puntuación
en el SAT (prueba de admisión a universidades norteamericanas). Un
estudio en este año, de los mismos participantes indica que la habilidad ha
perdurado hasta este momento en sus vidas. Además, imágenes cerebrales
mostraron diferencias clave entre los dos grupos en dos áreas: La corteza
prefrontal (más activo en los que aguantaron más) y el estriado ventral (un
área vinculada a las adicciones).
Los resultados sugieren que toda la información obtenida puede ser un marcador
en el desarrollo posterior de las diferencias individuales en este sistema en
la adolescencia y la adultez. Con este experimento que crearon este hombre
y su investigación a largo plazo puedo percatarme de algo increíble, las
micro señales que aporta el cuerpo son increíbles si las ves detenidamente,
puedo poner esta investigación aprueba con mi yo del pasado y el de ahora
y puedo percatarme que tal vez hubiese sido uno de los niños que apenas
hubiera esperado 5 minutos sin comer el malvavisco.
El resultado más conocido del experimento es que ayudó a identificar a niños que
pudieron luchar contra el deseo de gratificación instantánea, y tal
comportamiento posterior los ha ayudado a convertirse en grandes
profesionales, personas que han logrado más metas en la vida. Es bastante
interesante, los estudios que se hicieron varios años después han indicado
que los niños que lograron controlar su impulso de gratificación instantánea
también obtienen mejores calificaciones, tienen menos problemas con el

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abuso de sustancias, menos obesidad, pueden superar mejor el estrés y


tienen mejores relaciones. Si yo puedo controlar la necesidad de
gratificación instantánea, puedo dejar de atiborrarme de dulces, de ver
demasiada televisión. Puedo entrenar más duro en el gimnasio, estudiar por
períodos más largos, con perseverancia y disciplina.
Y ahora con esto mismo puedo decir que puedo notar la gran diferencia con la
comprobación que dio Goleman, este hombre aporto un porcentaje de
diferencia de los pequeños que aguantaron en comerse ese dulce y los que
no aguantaron en hacerlo, Sé que mi desarrollo socioemocional no está
desarrollado completamente y que me falta aún mucho en tener esto entre
lo que cabe “controlado”, tal vez pueda poner un claro ejemplo de ahora con
mi paciencia y que hago para que esto sea más hábil.

Ahora viene la parte interesante que pocas personas saben: cómo hacerle frente a
esta necesidad de gratificación instantánea. Todos los niños estaban
interesados en conseguir dos golosinas. Ese fue el enfoque. Pero cuando
vieron el dulce delante de ellos, era como tener una distracción. Lo que hizo
posible para los niños luchar contra la tentación de perder el enfoque era
precisamente perder el enfoque, pero canalizándolo. La distracción es lo
que nos quita el enfoque y nos perjudica. La canalización es también algo
que toma nuestro enfoque, pero en última instancia nos ayuda. En cuanto
a los niños que estuvieron en esa pequeña habitación, esperando a que los
minutos pasen, si simplemente se quedaban allí, mirando el dulce que el
científico había dejado frente a ellos, la tentación sería demasiado fuerte.
Ellos no tendrían ningún medio para superar la distracción.

Pero algunos de ellos muy inteligentemente conmutaron el foco de jugar con


algunos de los objetos que se encontraban en la habitación, jugando con
sus uñas, hicieron todo lo que pudieron para mantener sus mentes
ocupadas, canalizando sus pensamientos en algo más que comer los
dulces que estaban en la habitación.
Antes era capaz de hacer un berrinche o ponerme de malas si la comida tardaba,
ahora, aunque puedo ponerme de malas, trato de entretener mi cerebro,
jugando, hablando incluso observando el lugar entre mi espera, aunque no
trate de justificar que mis acciones hayan sido las correctas es claro que, si
hubiese tenido un desarrollo más completo de mi desarrollo
socioemocional, tal vez en estos momentos haya tenido unas mejoras más
radicales a las que veo yo en estos momentos. Y como conclusión puedo

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cerrar diciendo que el autocontrol es de suma importancia debido a que los


niños que no lo tengan, cuando crezcan, no serán capaces de resistir a las
tentaciones que hay en la vida. Claramente esto lo tomo para mí ya que
esto va para mí, ya que la paciencia es más que una virtud ahora estando
en la universidad me ha quedado más que claro que esperar y tener
conciencia de cada acción me llevara a un mejor lugar al que estoy ahora,
la universidad no es más que estudio es un autocontrol a diferentes
pensamientos y actitudes las cuales, aunque. claro a este punto, ser algo
mas liberalitas a la forma de pensar es algo necesario para la sociedad que
vivimos.
La atención abocinada perjudica nuestra capacidad de trabajar en un alto
rendimiento. Sin concentración no puedes lograr resultados. Tu potencial se
dispersa. Y la peor parte es cuando dejas de creer en ti mismo.
Con todo este gran documento me pude percatar de cosas que ni siquiera había
podido darme cuenta sobre mi pensamiento que la compresión de esta
materia lo cual me deja maravillada este punto de vista me asombra claro
que estoy feliz de haber tenido esto en cuenta al final y cuentas este plan
de vida es algo especial ya que más de hablar de mi percate de cada
emoción y experiencia trasfondo del punto de vista tan literal del asunto.
Otros documentos de mi vida personal no se comparan a este ya que
gracias a las citas de cada experto identificando cada momento lo hace algo
más certero al respecto de respaldar lo que digo con bases estables. En
estos momentos puedo decir que la vida a dado muchas vueltas que en 18
años hasta mi forma de pensar y actuar a cambiado no olvidar cada
prioridad que eh tenido ahora y espero seguir mejorando cada factor que
aún me falta en mi día a día.
Hay una necesidad de gratificación inmediata dentro de nosotros, y cuando tenemos
una visión a largo plazo y sabemos cómo controlar nuestros impulsos,
podemos lograr grandes ganancias y beneficios para la vida. Para ello es
importante saber cómo identificar cuáles son nuestras verdaderas
prioridades y contar con buenas estrategias para combatir las distracciones
y mantener la concentración. Si sientes que va a ser beneficioso para ti
aprender cómo mejorar tu enfoque ahora, Me gustó mucho. He leído con
atención y he visto lo que tengo que cambiar y dar prioridad a lo que es
importante para mí, y no me distraigo con cosas que no me traerán ningún
beneficio. ¡Y me gustó mucho en la misma pregunta a mí misma, empecé a
hacer eso y funcionó! Bueno espero que pueda continuar con este trabajo,
el contenido es muy bueno, el lenguaje está bien informado, y la lectura es
muy buena.

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Referencias
Goleman D. (1996), “Inteligencia emocional”, Barcelona, Kairos.
Goleman D. (1998) "La práctica de la inteligencia emocional".
Goleman D. (1985). “La inteligencia emocional, porque es más importante que el
coeficiente intelectual”.
Goleman D. (2008), “La Inteligencia emocional”, Medellín, Colombia

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