En defensa del Positivismo
Auguste Comte, nacido en 1798 y muerto en 1857, en Francia, fue el pensador más decisivo del
siglo XIX y con gran influencia en el XX. Hizo un aporte central a la constitución del positivismo
(principalmente en su "opúsculo fundamental", encarnado en su Plan de trabajos cientificos
necesarios para reorganizar la sociedad de 1822), y dio las bases primeras y fundamentales para
el establecimiento de la Sociología como ciencia. Dejó, asimismo, su legado sobre el historicismo
y el cientificismo, habiéndose sumado, respecto de este último, al puntapié inicial dado por
Francis Bacon' en el siglo XVII. Su obra, fiel reflejo de la época, marcó una profunda huella en el
mundo contemporáneo.
En términos generales, propuso un estudio racional de los fenómenos sociales asentado sobre el
método positivo, en abierta crítica a la filosofía previa y a su método especulativo-imaginativo.
Sostenía que "la ciencia o Filosofía Positiva se caracterizaba por la subordinación necesaria y
permanente de la imaginación a la observación, que constituye sobre todo el espíritu científico
propiamente dicho, en oposición al espíritu teológico o metafísico" (Robles Morchón, 2005:14).
De hecho, se encargó de aclarar el significado de una denominación que en principio podía
resultar confusa para el objeto que lo convocaba en uno de sus principales trabajos, el Curso de
Filosofía Positiva, y que, en efecto, había sido criticada y malinterpretada como tal por sus pares.
Más exactamente, se lamentaba de que, por carecer de otro término más adecua-do, se hubiera
visto obligado a usar el de "filosofía" para referirse al contenido de su [Link] que, tan
abusiva y diversamente, había sido utilizado por la historia, y que solía asociarse,
paradójicamente, con aquella especulación metafísica a la que consideraba en gran parte
superada por la evolución del conocimiento humano y de la cual el estudio de los fenómenos
sociales debía poder desvincularse por completo para convertirse finalmente en una plena
ciencia.
No obstante, destacaba, "el adjetivo "positiva' que a él se añade y a través del cual se modifica
su sentido, me parece que basta para hacer desaparecer desde un
principio todo equívoco esencial, al menos para aquellos que conocen el valor de este vocablo"
(Comte, 2009:11). A lo largo de toda su obra solo emplearía el término
"filosofia" en el sentido que lo habían hecho los antiguos: designando el sistema general de los
conocimientos humanos, y no como divagaciones abstractas precien-tíficas.
Ni el término newtoniano de "flosofía natural", ni el de "filosofía de las cien-cias". le resultaba
más exacto que el de "filosofía positiva", para referirse al tercer y último estado evolutivo de la
filosofía general, primitivamente teológica y luego me-tafísica, ya que ninguna de aquellas dos
denominaciones se ocupaba del tratamiento de todos los órdenes de los fenómenos, incluidos
los sociales, como sí lo hacía la de
"filosofía positiva", designando una manera uniforme de razonar, aplicable a todos los temas
sobre los que podía ejercitar el espíritu humano. De este modo, al agregar el término "positiva",
indicaba un modo especial de filosofar que radicaba en examinar las teorías de cualquier orden,
teniendo por objetivo la coordinación de los hechos observados.
El
Positivismo era una corriente o escuela filosófica que afirmaba que el único conocimiento
auténtico era el conocimiento científico, y que tal saber solamente podía surgir de la afirmación
positiva de las teorías a través del método científico.
Dicha corriente derivaba de la epistemología francesa de comienzos del siglo XIX, de la mano del
pensador francés y del británico, pero se extendió y desarrolló por el resto de Europa en la
segunda mitad de dicho siglo. Según esta escuela, todas las actividades filosóficas y científicas
debían efectuarse únicamente en el marco del análisis de los hechos reales verificados por la
experiencia.
Esta epistemología nació como una manera de legitimar el estudio científico naturalista del ser
humano, tanto individual como colectivamente. Según distintas versiones, la necesidad de
estudiar científicamente al ser humano aparecía debido a la experiencia extraordinaria de la
Revolución francesa, que obligaba, por primera vez, a ver a la sociedad y al individuo como
objetos de estudio científico.
Defendía el monismo metodológico, concepción según la cual solo existía un único método de
investigación posible, el de las Ciencias Fisico-naturales, que era aplicable a todas las demás
disciplinas. De este modo, la explicación científica había de tener la misma forma en cualquier
área del conocimiento que aspirara a ser considerada una ciencia.
Finalmente, sostenía que el conocimiento debía explicar causalmente los fenómenos por medio
de leyes generales y universales, a través del uso de la razón instrumental. Su forma de conocer
era por tanto inductiva, despreciando la creación de teorías a partir de principios que no habían
sido percibidos objetivamente. Estos trabajos solían tener excesiva acumulación documental y
una escasa sintesis interpretativa.
comprender lo que pasa en el mundo y lo que le esta pasando a el mismo en su punto de
- INTRODUCCIÓN A LA SOCIOLOGÍA
Esta ciencia positiva debía orientarse a la búsqueda de "Teyes naturales" en la explicación de los
fenómenos sociales, subestimando el poder de la voluntad humana para modificar su curso en
pos de sus descos o intereses. Ello era así debido a que
'la sociedad tenía sus propias reglas, que habían de ser descubiertas por la ciencia y risobre las
cuales el legislador contaba con poco margen de influencia. Desentrañar las leyes de la sociedad
permitiría a la ciencia hacer previsiones racionales rigurosas sobre el devenir de la misma y
actuar con precisión en el futuro.
La -Fisica social": coronando la evolución del sistema de las Ciencias Naturales
Inmerso en un clima de época profano, desencantado, teleológico, optimista respecto del poder
de la razón humana y de la ciencia, y evolucionista, Comte trazó una suerte de línea histórica de
las etapas ascendentes atravesadas por el conocimiento humano, comenzando por la fase
teológica (antes del nacimiento de la sociedad feNoMevos moderna, cuando muchas personas
creían que los sucesos naturales eran causa directa de la voluntad divina o de ciertos espiritus,
(Giddens, 2010:30), siguiendo por la metafísica (o filosófica especulativa, sin correlato empírico
directo), y arribando,
DiViNAS O
finalmente, a la positiva (el estudio sistemático de la sociedad, desde fines del siglo
XVIII y comienzos del XIX).
SOBRE SUS COUSES ULTIMOS USANDO LA OBSERVAI
Por ello, y a los fines de comprender convenientemente la auténtica naturaleza y con y el
ROgONALIENTO
-.
el carácter propio de la Filosofía Positiva, proponía dar una mirada retrospectiva a la marcha
progresista del espíritu humano considerado en su conjunto (Comte,
2009:17). De hecho, coherente con su visión de la ciencia, creía haber descubierto una gran ley
fundamental a la que se sujetaba inevitablemente el desarrollo total de la inteligencia humana en
sus distintas esferas de actividad, desde sus comienzos
hasta el presente.
"Esta ley consiste en que cada una de nuestras principales especulaciones, cada rama de
nuestros conocimientos, pasa sucesivamente por tres estados teóricos distintos: el estado
teológico o ficticio, el estado metafísico o abstracto, y el estado cientifico o positivo. En otras
palabras, que el espiritu humano, por su naturaleza, se vale sucesivamente, en cada una de sus
investigaciones, de tres métodos de filosofar, cuyos caracteres son en esencia diferentes e,
incluso, radicalmente opuestos: primero, el método teológico; a continuación, el método
metafísico; por último, el método positivo. De aqui, tres clases de filosofias, o de sistemas
generales de pensamiento sobre el conjunto de los fenómenos que se excluyen entre si el
primero es el punto de partida necesario de la inteligencia humana, el tercero su estado fijo y
definitivo, y el segundo está destinado en forma exclusiva a servir de transición" (Comte,
2009:17-18).
Es así como, en el estado teológico, el espiritu humano dirigía sus investigaciones hacia la
naturaleza íntima de los seres, hacia las causas primeras y finales de todos los efectos que le
interesaban, hacia los conocimientos absolutos. Tales fenómenos eran representados como
producidos directa y continuadamente por agentes sobrenaturales, cuya intervención arbitraria
explicaba todas las anomalías del uni-verso. Eran elucidaciones sobre cuestiones abstractas,
relativas a las esencias, a lo interno, a lo intangible e imposibles de ser comprobadas
empíricamente. De fuerte impronta fantástica. La mayor perfección de este estado se alcanzaba
cuando lograba sustituir el juego variado de numerosas divinidades independientes primitivas,
por la acción providencial de un dios único.
El estado metafísico era una simple modificación del primero, donde los agentes sobrenaturales
eran sustituidos por fuerzas abstractas, abstracciones personificadas, inherentes a los diversos
seres del mundo y concebidas como capaces de generar por sí todos los fenómenos
observados, cuya explicación consistía, de ese modo, en asignar a cada uno su correspondiente
entidad. Su momento cúlmine ocurría cuando podía concebir, en lugar de entidades particulares,
una sola entidad general, la natu-raleza, reconocida como la fuente última de todos los
fenómenos.
Por último, el estado positivo era aquél en el cual el espiritu humano reconocía la imposibilidad
de alcanzar nociones absolutas y. por ello, renunciaba a buscar el origen y el destino del
universo y a conocer las causas intrínsecas (o esencias) de los fenómenos. En su lugar, se
dedicaba exclusivamente a descubrir, a través del razonamiento y la observación, sus leyes
efectivas, sus relaciones invariables de sucesión y de similitud, por encima del caos de la
enorme diversidad de las cualidades sensoriales particulares de cada cosa. De los hechos, solo
pretendía explicar sus términos reales, y solo a partir de la coordinación establecida entre los
diferentes fenómenos particulares y algunos hechos generales, esto es, focalizando en lo co-
mún, lo repetido, lo compartido, lo perdurable en el tiempo, lo invariable, aquello que podía
formularse como ley. Su perfección, aún inalcanzada (y probablemente inaleanzable), se
acercaría de la mano de la representación de todos los fenómenos observables como casos
particulares de un solo hecho general, como, por ejemplo, la gravitación universal (Comte,
2009:19).
Sin embargo, aclaraba que no todas las ramas de nuestros conocimientos habian recorrido con
igual rapidez las tres grandes fases de su desarrollo, por lo que tampo- No co todas, como la
Sociología, habían llegado a alcanzar el último estado, el positivo.
Aun así, existía ese cierto orden invariable y necesario, que habían ido recorriendo
en su progresión, el cual era conforme a la diversa naturaleza de los fenómenos, y determinado
por su grado de generalidad, de simplicidad y de independencia reciproca (Comte, 2009:30).
*A priori parece claro que los fenómenos más sencillos, las que son menos complejos que los
otros, son a su vez los más generales; porque lo que se advierte en el mayor número de casos
está por esto mismo muy alejado de las circunstancias particulares de cada caso aislado. Por
consiguiente, se debe comenzar por el estudio de los fenómenos más generales o más sencillos,
procediendo sucesivamente hasta llegar después a los enomenos más particulares o más
complejos, sí queremos concebir la filosofía natural de una forma efectivamente metódica, pues
este orden de generalidad o de simplicidad. que determina necesariamente el encadenamiento
racional de las diversas ciencias fundamentales por la dependencia sucesiva de sus fenómenos,
establece también su grado de facilidad" (Comte, 2009:91-92).
De este modo, "los fenómenos astronómicos han sido los primeros en ser estudiados de una
manera positiva, ya que son los más generales, los más simples y los más independientes; a
continuación, por los mismos motivos, los fenómenos de la física terrestre propiamente dicha,
después los de la química y por último los fenómenos fisiológicos" (Comte, 2009:30). Fue una
revolución gradual, desarrollada a lo largo de mucho tiempo, y cuya etapa final positiva había
comenzado hacia aproximadamente dos siglos atrás de su época, con los descubrimientos de
Galileo Galilei*, que comenzaban a dejar en el camino a los espíritus teológicos y metafísicos. No
obs-tante, y como mencionamos más arriba, no todos los órdenes de fenómenos habían sido
igualmente abarcados por esta filosofía positiva, por ejemplo, los fenómenos sociales.
"En efecto, entre las cuatro categorias principales de fenómenos naturales -los astronómicos,
los físicos, los químicos y los fisiológicos- se advierte una laguna notable relativa a los
fenómenos sociales, si bien quedan comprendidos implicitamente en los fenómenos fisiológicos,
merecen bien por su importancia, bien por las dificultades propias
de su estudio, constituir una categoría distinta. Este último orden de especulaciones, que hace
referencia a los fenómenos más particulares, a los más complicados y a los más dependientes
del resto, ha debido, por esto solo, perfeccionarse con mayor lentitud que todos los
precedentes, incluso sin tener en cuenta las especiales dificultades (.). Sea como fuere, resulta
evidente que no han entrado todavía en el dominio de la filosofía positiva.
Los métodos teológicos y metafísicos, que para el resto de los fenómenos han sido ya
abandonados (...), no obstante siguen siendo utilizados todavía de manera exclusiva bajo uno y
otro aspecto, para todo lo que a los fenómenos sociales respecta, aunque su insuficiencia con
relación a esto ha sido ya enteramente sentida..." (Comte, 2009:33).
Nuevamente desde su postura cientificista, positivista y evolucionista sostenía, sin embargo, que
esa gran laguna en ese entonces, aún pendiente para terminar de constituir la Filosofía Positiva
sobre el sistema de las ciencias de la observación, se terminaría de rellenar cuando se fundase
finalmente la física social. A esta última empresa, si bien era consciente de que se demoraria en
dotar de la perfección que ya poseían las restantes partes de la filosofía natural, se orientaba a
contribuir en sus obras.
fue
La Sociología, llamada también física social, era así adicionada al conjunto de las Ciencias
Naturales, al modo de una rama diversa más, unida a un tronco único, en lugar de conformarse
como cuerpos aislados. Todas estas ciencias positivas compartían asimismo un único método
positivo, el que había sido aplicado progresivamente desde los fenómenos menos complejos a
los más complejos, y que se hallaba respaldado por el conocimiento de las leyes principales de
los fenómenos anteriores.
No obstante, si bien todas estas disciplinas observacionales se adosaban al tronco de las
Ciencias Naturales, ocurría también que *cada rama del sistema científico se separa
gradualmente del tronco, cuando ha crecido lo suficiente como para soportar un estudio
separado, es decir, cuando es capaz por sí sola de atraer la atención exclusiva de algunas
mentes" (Comte, 2009:37). A ese reparto de estudios, a esa división del trabajo, se debía el gran
desarrollo de los conocimientos humanos hasta entonces, y que hacía evidente a los modernos
la imposibilidad de la universalidad de investigaciones especiales, tan fácil y común en los
tiempos antiguos.
SA GORO MLa especialización en diversas disciplinas, que permitía el perfeccionamiento de sus
trabajos, era, de ese modo, otro de los atributos centrales de la filosofía positiva natural, la que,
por su parte, constituía en sí misma, una gran especialidad nueva dedicada al estudio de las
generalidades científicas, de las relaciones y coordinación entre sus disciplinas, de sus
principios comunes, de sus conformaciones a las máximas fundamentales del método positivo.
En busca del objeto perdido
Llegados a esta instancia, advertimos cómo Comte denominó a la Sociologia de diversas
maneras, según el sentido particular que pretendía destacar. En efecto, la llamaba "fisica social",
"ciencia sociológica", "ciencia del comportamiento social",
"Sociología positiva", "fisica social", "filosofia sociológica". De un modo similar, tampoco lograba
delimitar un objeto puntual de conocimiento sociológico, aunque priorizaba el interés por la
humanidad en su conjunto más que por el individuo y se refería asiduamente al "estudio de los
fenómenos sociales".
Sin embargo, es posible indagar más profundamente en este último asunto. En efecto, el autor
atribuía a la Filosofía Positiva el carácter fundamental de considerar a todos los fenómenos como
sujetos a leyes naturales invariables, cuyo descubrimiento preciso, y posterior reducción al
menor número posible, constituía la finalidad de toda ciencia.
De ese modo, y cuando la física social llegase a alcanzar finalmente la última etapa positiva de
desarrollo, el sistema filosófico de los modernos se fundaría de manera definitiva, "pues todos
los fenómenos observables quedarán contenidos en una de las cinco grandes categorías
establecidas de los fenómenos: astronómicos, físicos, químicos, fisiológicos y sociales" (Comte,
2009:33-34). Cuando todas las especulaciones del hombre hubieran llegado a ser homogéneas,
la filosofia estaria finalmente constituida en el estado positivo.
El autor no tenía "la más mínima intención de exponer cuáles son las causas generadores de los
fenómenos", "por el contrario, pretendemos analizar con exactitud las circunstancias de su
producción y coordinar unos fenómenos con otros, mediante relaciones normales de sucesión y
de similitud" (Comte, 2009:27). Como, por ejemplo, la Ley de gravitación newtoniana, teoría que
daba cuenta de una enorme variedad de hechos astronómicos como si fueran uno y el mismo.
Ahora bien, en qué consistía esa atracción (su esencia o naturaleza íntima) o cuáles eran sus
causas, representaban cuestiones insolubles y, por ello, ajenas al ámbito de la Filosofia Posi-tiva,
no así al de la Teológica o Metafísica.
.. si bien toda teoría positiva debe estar basada necesariamente en la observación, también es
necesaria una teoría cualquiera que coordine esta observación. Si al contemplar los fenómenos
no los relacionáramos inmediatamente con algunos principios, no solo nos seria imposible
combinar estas observaciones aisladas, y por tanto sacar provecho alguno de ellas, sino que
seríamos incluso completamente incapaces de retenerlas, y ciertamente los hechos
permanecerían desapercibidos ante nuestros ojos" (Comte, 2009:22-23).
Precisiones metodológicas
En términos epistemológicos, se orientó por el método biológico al momento de delimitar los tres
pasos básicos para llevar a cabo el análisis social: la observación pura, la experimentación y la
comparación. No obstante, también admitía la necesidad de una teoría cualquiera que coordinara
los hechos, dada la evidente imposibilidad del espíritu humano de sistematizar una teoría
partiendo de la mera observación
(Comte, 2009:21).
Desde su encuadre positivista, el abordajo metodológico adoptado era más bien inductivista,
esto es, la investigación partia de la observación de los hechos, de la empiria, sin embargo, esa
información percibida sensorialmente debia ser luego ordenada y sistematizada en la forma de
una teoría más amplia que diera cuenta de las regularidades detectadas y las explicase. La teoría
ocupaba un lugar central en el proceso de conocimiento, pero este se iniciaba con la pura
observación que daba después, en un segundo momento, lugar a la formulación de leyes y a la
elaboración teórica.
Tal razonamiento inductivo podía rastrearse desde los tiempos de Galileo Galilei, quien basaba la
investigación en la observación de la realidad, ofrecía pruebas experimentales de sus
afirmaciones, y publicaba los resultados para que pudiesen ser repetidas. Con ello, plantaba una
ruptura con la deducción, dominante hasta ese mo-mento, sustentada en argumentos basados
en la autoridad, el bien de filósofos como Aristóteles o las Sagradas escrituras.
Para Comte, el espiritu humano estaba forzado, por un lado, por la necesidad de observar para
poder obtener teorías reales, y por otro, por la urgencia, no menos imperiosa, de crearse algunas
teorías para poder continuar estas observaciones
(Comte, 2009:22): A diferencia de la Filosofía Positiva inductiva y empírica, encargada de los
aspectos externos de los objetos evidentes a los sentidos, la filosofía teológica, propia del
momento infantil y primitivo del desarrollo de tal espíritu, se abocaba, contrariamente, a la
especulación sobre la naturaleza íntima de los seres, al origen y fin de todos los fenómenos,
despreciando, como indigno de una meditación seria, aquello que constituyeran problemas
solubles, La Filosofia Posi-tiva, propia de una instancia ya madura de la evolución de la
inteligencia humana, aspiraba más fervientemente a descubrir las leyes regulares de los
fenómenos tan-
gibles, y consideraba como prohibitivos para el conocimiento racional todos estos sublimes
misterios relativos a las esencias inaprehensibles. La filosofía metafísica vino a hacer de puente
y transición entre aquella etapa puramente sobrenatural y esta última simplemente natural del
proceso cognitivo.
Comte reconocía el agrupamiento que hacían los ingleses, bajo el término de
"filosofía natural", del conjunto de las ciencias de la observación, en sus más detalladas
especialidades. A ello, sumaba su noción de "Filosofía Positiva", referida a dichas ciencias
positivas y encargada del estudio de las generalidades de las diversas disciplinas, sometidas a
un método único (el de las Ciencias Naturales) e integrando las diversas partes de un plan
general de investigación.
En función de la antes vista inserción de la "física social" en la serie sucesiva de disciplinas
naturales emergidas, de las más sencillas a las más complejas para el autor, en la medida en que
surgía una nueva ciencia, la última recurría al modelo de las anteriores ya consagradas con miras
a definir su método, debido a las semejanzas detectables entre ambos objetos: "así, el modelo
de la Sociología ha de ser lógicamente la Biología, puesto que ha sido esta la última ciencia en
desarrollarse"
(Robles Morchón, 2005:15). De este modo, proponía pensar la Sociología en términos
equivalentes a los de la Biología.
Sostiene que toda ciencia positiva ejerce su actividad distinguiendo dos planos o "estados" el
estático y el dinámico. Cada objeto puede ser contemplado en su estar o en su devenir.
La estática biológica es la anatomía, y la dinámica biológica es la fisiología. La Sociología ha de
desenvolverse "de una manera perfectamente análoga", al distinguir el "estudio fundamental de
las condiciones de existencia de la sociedad" y "el de las leyes de su movimiento continuo". La
"física social" contiene, pues dos ciencias: la "estática social" y la "dinámica social". La primera
estudia el orden social; la segunda, el progreso. En el orden social, los diversos hechos sociales
coexisten; en el aspecto del progreso, se suceden.
Este es el doble punto de vista desde el que hay que contemplar "los hechos sociales": el
"de su armonía con los fenómenos coexistentes" y el "de su encadenamiento con el estado
anterior y el posterior de la evolución humana". De esta manera, se llegará a "descubrir las
verdaderas relaciones generales" que ligan a unos hechos con otros. En eso consiste la
explicación de los hechos sociales (Robles Morchón, 2005:16).
Más adelante, sin embargo, acudiría también al método histórico sucedáneo, a los fines de
facilitar la aplicación, nada sencilla, de tales procedimientos biológicos
al terreno social.
En este sentido se decía que "su obra, si bien sienta las bases filosóficas del nuevo método, es
ante todo una filosofía de la historia" (Robles Morchón 2005:17). Es por
ello que Émile Durkheim, fiel seguidor, discípulo y considerado asimismo como uno de los tres
pilares (junto con Marx y Weber) sobre los que se erigiría luego la Sociología Científica,
consideró a su pensamiento como aún perteneciente a la filosofía social, más que a la Sociología
propiamente dicha, en tanto que no podía concretizar su formulación, quedándose, en cambio,
en las generalidades relativas a la naturaleza de las sociedades, a las relaciones del reino social
y el biológico, y a la marcha general del progreso; esto es, en "las nubes de la filosofía
meramente
especulativa" (Ídem).
Sin embargo, se mantendría fiel en su rechazo del pretendido método psicológico de
autoobservación interior del espíritu humano, o de análisis de los fenómenos intelectuales, en
tanto requería que el individuo pensante apareciese escindido en sujeto y objeto de estudio, algo
del todo imposible. Quienes así trabajaban eran los metafísicos, aunque sin haber podido llegar a
coincidir sobre una sola proposición inteligible y sólidamente inmutable: "la observación interior
engendra casi tantas opiniones divergentes como individuos hay que la practiquen. Los
auténticos inves-tigadores, los hombres dedicados a los estudios positivos, todavía están
preguntando vanamente a estos psicólogos por un solo descubrimiento real, grande o pequeño,
que se deba a este método tan alardeado" (Comte, 2009:46). A sus ojos era una ciencia
individualista y falsa, que no se acomodaba a las exigencias de la fisiología
(Negro Pavón, 2000:XVII).