CAPITULO I
Disposiciones generales
Artículo primero
1. El derecho fundamental al honor, a la intimidad personal y familiar y a
la propia imagen, garantizado en el artículo dieciocho de la Constitución,
será protegido civilmente frente a todo género de intromisiones ilegítimas,
de acuerdo con lo establecido en la presente Ley Orgánica.
2. El carácter delictivo de la intromisión no impedirá el recurso al
procedimiento de tutela judicial previsto en el artículo 9.º de esta Ley. En
cualquier caso, serán aplicables los criterios de esta Ley para la
determinación de la responsabilidad civil derivada de delito.
3. El derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia
imagen es irrenunciable, inalienable e imprescriptible. La renuncia a la
protección prevista en esta ley será nula, sin perjuicio de los supuestos de
autorización o consentimiento a que se refiere el artículo segundo de esta
ley.
Artículo segundo
Uno. La protección civil del honor, de la intimidad y de la propia imagen
quedará delimitada por las leyes y por los usos sociales atendiendo al ámbito
que, por sus propios actos, mantenga cada persona reservado para sí misma
o su familia.
Dos. No se apreciará la existencia de intromisión ilegítima en el ámbito
protegido cuando estuviere expresamente autorizada por Ley o cuando el
titular del derecho hubiere otorgado al efecto su consentimiento expreso o,
por imperativo del artículo 71 de la Constitución, cuando se trate de
opiniones manifestadas por Diputados o Senadores en el ejercicio de
sus funciones. Iniciado un proceso civil en aplicación de la presente
Ley, no podrá seguirse contra un Diputado o Senador sin la previa
autorización del Congreso de los Diputados o del Senado.
La previa autorización será tramitada por el procedimiento
previsto para los suplicatorios.
Declarada la inconstitucionalidad y nulidad del inciso destacado del apartado 2
por Sentencia del TC 9/1990 de 18 de enero. Ref. BOE-T-1990-3964.
Tres. El consentimiento a que se refiere el párrafo anterior será revocable
en cualquier momento, pero habrán de indemnizarse en su caso, los daños y
perjuicios causados, incluyendo en ellos las expectativas justificadas.
Artículo tercero
Uno. El consentimiento de los menores e incapaces deberá prestarse por
ellos mismos si sus condiciones de madurez lo permiten, de acuerdo con la
legislación civil.
Dos. En los restantes casos, el consentimiento habrá de otorgarse
mediante escrito por su representante legal, quien estará obligado a poner
en conocimiento previo del Ministerio Fiscal el consentimiento proyectado. Si
en el plazo de ocho días el Ministerio Fiscal se opusiere, resolverá el Juez.
Artículo cuarto
Uno. El ejercicio de las acciones de protección civil del honor, la intimidad
o la imagen de una persona fallecida corresponde a quien ésta haya
designado a tal efecto en su testamento. La designación puede recaer en
una persona jurídica.
Dos. No existiendo designación o habiendo fallecido la persona designada,
estarán legitimados para recabar la protección el cónyuge, los
descendientes, ascendientes y hermanos de la persona afectada que
viviesen al tiempo de su fallecimiento.
Tres. A falta de todos ellos, el ejercicio de las acciones de protección
corresponderá al Ministerio Fiscal, que podrá actuar de oficio a instancia de
persona interesada, siempre que no hubieren transcurrido más de ochenta
años desde el fallecimiento del afectado. El mismo plazo se observará
cuando el ejercicio de las acciones mencionadas corresponda a una persona
jurídica designada en testamento.
Cuatro. En los supuestos de intromisión ilegítima en los derechos de las
víctimas de un delito a que se refiere el apartado ocho del artículo séptimo,
estará legitimado para ejercer las acciones de protección el ofendido o
perjudicado por el delito cometido, haya o no ejercido la acción penal o civil
en el proceso penal precedente. También estará legitimado en todo caso el
Ministerio Fiscal. En los supuestos de fallecimiento, se estará a lo dispuesto
en los apartados anteriores.
Artículo quinto
Uno. Cuando sobrevivan varios parientes de los señalados en el artículo
anterior, cualquiera de ellos podrá ejercer las acciones previstas para la
protección de los derechos del fallecido.
Dos. La misma regla se aplicará, salvo disposición en contrario del
fallecido, cuando hayan sido varias las personas designadas en su
testamento.
Artículo sexto
Uno. Cuando el titular del derecho lesionado fallezca sin haber podido
ejercitar por sí o por su representante legal las acciones previstas en esta
ley, por las circunstancias en que la lesión se produjo, las referidas acciones
podrán ejercitarse por las personas señaladas en el artículo cuarto.
Dos. Las mismas personas podrán continuar la acción ya entablada por el
titular del derecho lesionado cuando falleciere.
CAPITULO II
De la protección civil del honor, de la intimidad y de la
propia imagen
Artículo séptimo
Tendrán la consideración de intromisiones ilegítimas en el ámbito de
protección delimitado por el artículo segundo de esta Ley:
1. El emplazamiento en cualquier lugar de aparatos de escucha, de
filmación, de dispositivos ópticos o de cualquier otro medio apto para grabar
o reproducir la vida íntima de las personas.
2. La utilización de aparatos de escucha, dispositivos ópticos, o de
cualquier otro medio para el conocimiento de la vida íntima de las personas
o de manifestaciones o cartas privadas no destinadas a quien haga uso de
tales medios, así como su grabación, registro o reproducción.
3. La divulgación de hechos relativos a la vida privada de una persona o
familia que afecten a su reputación y buen nombre, así como la revelación o
publicación del contenido de cartas, memorias u otros escritos personales de
carácter íntimo.
4. La revelación de datos privados de una persona o familia conocidos a
través de la actividad profesional u oficial de quien los revela.
5. La captación, reproducción o publicación por fotografía, filme, o
cualquier otro procedimiento, de la imagen de una persona en lugares o
momentos de su vida privada o fuera de ellos, salvo los casos previstos en el
artículo octavo, dos.
6. La utilización del nombre, de la voz o de la imagen de una persona
para fines publicitarios, comerciales o de naturaleza análoga.
7. La imputación de hechos o la manifestación de juicios de valor a través
de acciones o expresiones que de cualquier modo lesionen la dignidad de
otra persona, menoscabando su fama o atentando contra su propia
estimación.
8. La utilización del delito por el condenado en sentencia penal firme para
conseguir notoriedad pública u obtener provecho económico, o la divulgación
de datos falsos sobre los hechos delictivos, cuando ello suponga el
menoscabo de la dignidad de las víctimas.
Artículo octavo
Uno. No se reputará, con carácter general, intromisiones ilegítimas las
actuaciones autorizadas o acordadas por la Autoridad competente de
acuerdo con la ley, ni cuando predomine un interés histórico, científico o
cultural relevante.
Dos. En particular, el derecho a la propia imagen no impedirá:
a) Su captación, reproducción o publicación por cualquier medio cuando
se trate de personas que ejerzan un cargo público o una profesión de
notoriedad o proyección pública y la imagen se capte durante un acto público
o en lugares abiertos al público.
b) La utilización de la caricatura de dichas personas, de acuerdo con el
uso social.
c) La información gráfica sobre un suceso o acaecimiento público cuando
la imagen de una persona determinada aparezca como meramente
accesoria.
Las excepciones contempladas en los párrafos a) y b) no serán de
aplicación respecto de las autoridades o personas que desempeñen
funciones que por su naturaleza necesiten el anonimato de la persona que
las ejerza.
Artículo noveno
Uno. La tutela judicial frente a las intromisiones ilegítimas en los derechos
a que se refiere la presente Ley podrá recabarse por las vías procesales
ordinarias o por el procedimiento previsto en el artículo 53.2 de la
Constitución. También podrá acudirse, cuando proceda, al recurso de amparo
ante el Tribunal Constitucional.
Dos. La tutela judicial comprenderá la adopción de todas las medidas
necesarias para poner fin a la intromisión ilegítima de que se trate y, en
particular, las necesarias para:
a) El restablecimiento del perjudicado en el pleno disfrute de sus
derechos, con la declaración de la intromisión sufrida, el cese inmediato de
la misma y la reposición del estado anterior. En caso de intromisión en el
derecho al honor, el restablecimiento del derecho violado incluirá, sin
perjuicio del derecho de réplica por el procedimiento legalmente previsto, la
publicación total o parcial de la sentencia condenatoria a costa del
condenado con al menos la misma difusión pública que tuvo la intromisión
sufrida.
b) Prevenir intromisiones inminentes o ulteriores.
c) La indemnización de los daños y perjuicios causados.
d) La apropiación por el perjudicado del lucro obtenido con la intromisión
ilegítima en sus derechos.
Estas medidas se entenderán sin perjuicio de la tutela cautelar necesaria
para asegurar su efectividad.
Tres. La existencia de perjuicio se presumirá siempre que se acredite la
intromisión ilegítima. La indemnización se extenderá al daño moral, que se
valorará atendiendo a las circunstancias del caso y a la gravedad de la lesión
efectivamente producida, para lo que se tendrá en cuenta, en su caso, la
difusión o audiencia del medio a través del que se haya producido.
Cuatro. El importe de la indemnización por el daño moral, en el caso de
los tres primeros apartados del artículo cuarto, corresponderá a las personas
a que se refiere su apartado dos y, en su defecto, a sus causahabientes, en
la proporción en que la sentencia estime que han sido afectados. En los
casos del artículo sexto, la indemnización se entenderá comprendida en la
herencia del perjudicado.
En el caso del apartado cuatro del artículo cuarto, la indemnización
corresponderá a los ofendidos o perjudicados por el delito que hayan
ejercitado la acción. De haberse ejercitado por el Ministerio Fiscal, éste
podrá solicitar la indemnización para todos los perjudicados que hayan
resultado debidamente identificados y no hayan renunciado expresamente a
ella.
Cinco. Las acciones de protección frente a las intromisiones ilegítimas
caducarán transcurridos cuatro años desde que el legitimado pudo
ejercitarlas.