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Ser para La Muerte

Martin Heidegger sostiene que el ser humano es un 'ser-para-la-muerte', lo que implica que la muerte es una parte intrínseca de la vida y no un evento final. La muerte influye en la autenticidad y libertad del individuo, ya que aceptar nuestra finitud nos permite vivir de manera plena y auténtica. La filosofía de Heidegger invita a enfrentar la muerte como una posibilidad que autentifica la existencia humana, en lugar de huir de ella.

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Ser para La Muerte

Martin Heidegger sostiene que el ser humano es un 'ser-para-la-muerte', lo que implica que la muerte es una parte intrínseca de la vida y no un evento final. La muerte influye en la autenticidad y libertad del individuo, ya que aceptar nuestra finitud nos permite vivir de manera plena y auténtica. La filosofía de Heidegger invita a enfrentar la muerte como una posibilidad que autentifica la existencia humana, en lugar de huir de ella.

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Martin Heidegger y el Ser para la muerte

Desde que nacemos, recorremos una senda que nos lleva directos a nuestro fin. "Es ley de
vida", solemos decir. La historia de la humanidad podría resumirse en la imagen de un ciclo de
nacimientos y defunciones de personas que nos precedieron, y de otras que nos seguirán cuando
ya no estemos. Como partes de una cadena quizá sin fin, convivimos con este hecho. Sin embargo,
estamos lejos de haber integrado la presencia de la muerte en nuestra vida.

El filósofo alemán Martin Heidegger (1889-1976) afirmó que el ser humano no es alguien
que muera, sino que en sí mismo es un ser-para-la-muerte. Con este concepto quiso transmitir
que la muerte, más que una situación que encontraremos al final de nuestra vida, es una línea de
meta a la que estamos abocados. El eje central de la filosofía de Heidegger es volver a formular la
pregunta por el Ser. Y el hombre es el ser que se interroga acerca del Ser. Es el ser capaz de
reflexionar sobre su propio ser y sobre el ser-en-general.

El miedo y el temor
Aunque comúnmente se los asocie como sinónimos, los términos de miedo y temor no son
lo mismo. El primero encuentra su origen en algo externo. Siempre se tiene miedo de una persona
o cosa determinada, no obstante solo un ser que se preocupe por su Ser puede sentir miedo. Al
tener miedo el hombre se preocupa por su propio ser-en-el-mundo. El hombre en su falta de
autenticidad no huye del miedo sino del temor.

El temor, en cambio, no encuentra su origen en un objeto determinado y definido. Lo que


al hombre le inspira temor es el mundo como tal. En el temor el mundo se le aparece al hombre
irremediablemente en toda su nada: un mundo que es ajeno a él. En el temor el hombre se
encuentra a sí mismo como un ser arrojado a un estado en el que no está a gusto, y si trata de
escapar de este hecho duro, si se refugia en el ser uno-como-muchos (das Man), su ser, su
existencia se vuelve inauténtica.

El temor es lo que constituye el significado propio, genuino y auténtico del yo. En el


derrumbamiento el hombre se escapa de sí mismo, de su ser auténticamente el mismo, en última
instancia de su ser hombre. En el temor el hombre se enfrenta con su ser como proyecto
inacabado, su ser como posibilidad. El hombre ejerce la ejecución de su propio ser, pero siendo un
proyecto caído. Caído porque aún no adquirido perfecto dominio sobre sí mismo. El temor
descubre en el hombre la posibilidad de ser proyecto, y esta posibilidad es la muerte. La muerte es
entendida entonces como fin del ser potencial del hombre. La muerte es el fin de todo proyecto, o
dicho de otra manera, todo proyecto se acaba con la muerte. Por consiguiente todo temor es
temor a la muerte.
El Dasein y la Muerte
Lejos de situarse en el ocaso de la vida, la muerte está presente en cada uno de nuestros
actos, decisiones y sentimientos. El constante intento de dejar huella en el mundo, el temor a
perder a nuestros seres queridos o, sencillamente, el miedo a dejar de existir son ejemplos de su
constante presencia. Eso es lo que nos convierte en seres-para-la-muerte, el hecho de que,
hagamos lo que hagamos, siempre lo hacemos impulsados por ella.

La muerte es parte constitutiva de la vida del ser del hombre. El hombre desde que nace
comienza a morir, comienza a vivir con la muerte. Tan pronto como el hombre viene a la vida ya es
lo suficientemente viejo para morir.

La muerte no es, o no debe ser, un hecho vivido externamente sino que debe ser vivido
como algo que es algo intrínseco a la propia vida del hombre. Mas el hombre, en su cotidianeidad,
en su praxis, es absorbido por el anonimato del uno como muchos y de esta manera huye de la
posibilidad más propia de su existencia, la muerte. En nuestro tiempo la muerte se esconde, es
algo de lo que no se habla. Nuestra época es la expresión de una obsesión por la vida y la juventud
perpetua más allá de los límites naturales, más allá de la muerte. Esta fuga no es otra cosa que la
expresión del temor a la muerte y por tanto el escape de este temor. El ser de uno como muchos
es un ser enajenado de dos maneras. En primer lugar respecto de sí mismo, ya que se encuentra
fuera de sí, negando la propia finitud; y en segundo lugar, respecto de su posibilidad más propia, la
muerte.

Por lo general, se trata de una presencia incómoda: tardamos años en entender las
implicaciones de nuestra mortalidad, que nuestra vida tendrá un fin. Encontramos incluso a
quienes nunca llegan a tomar conciencia de este hecho, aunque esté llamando a su puerta. Nos
duele nuestra finitud, nos hace sentir efímeros, vulnerables, y no lo soportamos.

Rechazamos lo que nos parece intolerable, y quizá la muerte sea para nosotros la mayor
de las injusticias. Por ello, la negamos. Hacemos de la muerte un evento que, por mucho que se
repita, siempre parece sorprendernos. Si nos sorprende la llegada de algo que ha sido anunciado
cada día de nuestra vida es porque nuestros esfuerzos por ignorarla a veces consiguen sus
objetivos, y logramos vivir eludiendo la conciencia de la muerte.

La vemos aparecer en los demás, pero es como si una parte de nuestra mente nos
susurrase al oído que nosotros seremos una excepción, que no nos pasará lo mismo. O, al menos,
que queda tanto para que ocurra que no es necesario tenerla presente. Pero la negación, el
rechazo de lo que es, siempre tienen consecuencias negativas.

Heidegger nos advirtió que el carácter fundamental de nuestra relación con la muerte es la
huida, y que es imposible el desarrollo interno en ese estado. Si el individuo está llamado a ser la
mejor versión de sí mismo, no podrá responder a este impulso si está ocupado huyendo. La
muerte es un hecho natural, una condición de la realidad, que no puede ser ocultada. No será
posible una vida auténtica sin afrontar las verdades de la existencia, y la muerte es una de ellas.
Afrontar la muerte no es obsesionarse con ella, ni tenerla constantemente presente. Es,
sencillamente, no negarla. Podríamos morir hoy, o dentro de muchos años: no podemos saberlo, y
por tanto, no debemos esforzarnos en intentarlo. Si la muerte es una condición de la existencia,
aceptarla nos permitirá sumergirnos en nuestra vida de forma plena.

La muerte no es lo contrario de la vida, tan solo su conclusión. Su constante presencia nos


reconcilia con lo efímero, con lo que es temporal y podría acabar en cualquier momento. Esa es la
belleza de la naturaleza. Es la constante extinción del día, el movimiento huidizo del sol, lo que
aporta su valor al atardecer. Si se detuviese, si estuviese constantemente presente, perdería
nuestra atención. Es liberador darse cuenta de que eso que hace bello el atardecer, su finitud, es
algo que poseen el resto de momentos de nuestra vida. Algo no es triste porque se acabe, sino
que es bello porque lo hace.

Aceptar nuestro ser-para-la-muerte nos permitirá tener una vida más plena. Conscientes
de nuestro fin, no temeremos que llegue. Sabedores de que podría aparecer en cualquier
momento, nos entregaremos al momento presente en cuerpo y alma. Así, cuando llegue la
muerte, nos encontrará haciendo lo que sentíamos que debíamos hacer: nos encontrará siendo
nosotros.

Muerte y Libertad
La muerte se relaciona directamente con la libertad del hombre, ya que la libertad de ser
auténticamente uno mismo se revela en el temor como libertad-para-la-muerte. La amenaza de la
muerte no nace del cuándo llegará, sino que nace del no-cubrimiento del hombre en tanto que
corre delante de sí. En otras palabras, para que el hombre sea libre es necesario que sea
consciente de su finitud, del fin de sus posibilidades, de su ser para la muerte (Sein zum Tode). De
esta manera se conducirá por la vida de otra forma, de una forma auténtica y libre, y no diluido en
el uno como muchos, impersonal e inauténtico.

Este ponerse en libertad frente a la irrebasabilidad de la muerte, ha merecido fuertes


críticas de Sartre. Bajo el título de Mi muerte Sartre, en el Ser y la Nada, critica la posibilidad de
una libertad frente a la muerte. No hay una tal muerte libre, pues la muerte, sostiene Sartre, es
un puro hecho, nos viene desde afuera y nos transforma en un afuera. Ante la muerte, tal es el
ejemplo de Sartre, nos encontramos todos ante la situación del condenado a la pena capital que se
prepara valerosamente para su ejecución, y fallece la víspera de una gripe vulgar. La muerte,
desde esta perspectiva, más que un acto biográfico, es algo que padecemos y respecto de lo cual
nada tenemos que hacer.

Ciertamente, la crítica de Sartre revela aspectos decisivos y determinantes para una fina y
acertada interpretación de la muerte. Sin embargo, otra cosa es si Sartre ha interpretado
correctamente a Heidegger. A este respecto, estimamos que la libertad para la muerte a que se
refiere Heidegger, dista mucho de no eludir las dificultades consignadas por Sartre. En primer
lugar, porque la parte medular de la argumentación de Heidegger está dirigida, precisamente, a
mostrar que la muerte se rehúsa a ser tratada bajo la forma de lo puramente disponible. Libertad
para la muerte no significa, pues, hacer de ella un objeto de dominio, negar su total
irrebasabilidad y exterioridad, sino justamente abrirse a ella. La expresión libertad en Heidegger,
según es patente en múltiples obras, tiene un sentido extremadamente débil. No significa
tanto la aplicación decidida de la voluntad, cuanto el sentido de liberar, abrir, dejar ser. De lo
que se trata no es de una voluntad de dominio frente a la muerte como acontecer, sino de un
dejar ser su posibilidad como posibilidad.

El sentido de la libertad frente a la muerte –y, por lo mismo, de la apropiación


específicamente humana de ella– lo resume Heidegger diciendo que la fórmula “libertad para la
muerte”(freiheit zum Tode), destacada originalmente no significa sino aquella forma en que el
hombre se libera, se desliga, del estado de perdido en la interpretación pública de la muerte. El
hombre, ante la presencia de la muerte, ante la liberación de su posibilidad, no solo singulariza y
totaliza su existencia, sino además –y finalmente– puede ser él mismo. La presencia de la
muerte autentifica, por así decirlo, la existencia humana. Ser sí mismo es una posibilidad que sólo
acontece en una existencia vivida de cara a la muerte.

Libertad para la muerte no significa, por consiguiente, determinar ni disponer, ni menos


elegir la muerte, sino abrirse y, en cierto modo, “abandonarse” a ella como una posibilidad
extrema e indeterminada; posibilidad sin la cual no cabe salvar ni recuperar el propio ser sí
mismo. Más todavía, toda “realización” de la muerte como posibilidad, ya sea comportándose
frente a ella como algo “ante los ojos” o “ante la mano”, constituye una forma de huida y
ocultamiento. Lo que así se oculta es la misma existencia en su total singularidad. Por ello,
sólo a la luz de la muerte el Dasein propiamente existe.

Actividades:
1- ¿Cómo aborda Martin Heidegger la cuestión de la muerte en su filosofía?
2- ¿Cuál es el papel de la muerte en la concepción heideggeriana de la existencia humana?
3- ¿En qué sentido Heidegger sugiere que la muerte es una posibilidad fundamental de la
existencia?
4- ¿Cómo influye la noción de la muerte en la comprensión de la libertad en la filosofía de
Heidegger?
5- ¿Cuál es la relación entre la libertad y la autenticidad en la existencia según Heidegger?
6- ¿Qué significa Heidegger cuando habla de la "posibilidad más propia" de la muerte en
relación con la libertad?
7- ¿En qué medida la filosofía de Heidegger sobre la muerte y la libertad puede aplicarse a
la comprensión de la vida contemporánea?

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