El problema del libre albedrio en filosofía
¿Qué es el libre albedrío?
El libre albedrío o libre elección es la capacidad de los seres humanos de tomar decisiones
autónomas, o sea, de elegir entre varias alternativas. Esto implica asumir la responsabilidad de las
propias acciones. El término proviene de las voces latinas liber (“libre”) y arbitrium (“juicio”).
La existencia del libre albedrío ha sido uno de los debates centrales de la filosofía, la ciencia y la
teología. Este debate puede sintetizarse entre aquellos que la niegan, por considerar que todo
hecho en el universo es causalmente inevitable, y los que la afirman, sobre la base de que al
menos algunos hechos ocurren por azar. La adopción de cualquiera de las dos posturas tiene
implicancias éticas, psicológicas y jurídicas.
Libre albedrío y libertad
Las nociones de libre albedrío y de libertad están estrechamente relacionadas. Tanto es así que
con frecuencia se utilizan como sinónimos. Sin embargo, existen diferencias entre ellas.
La libertad, en un sentido básico, es la capacidad de actuar sin ser obligado a ello y sin obstáculos
que lo impidan. El libre albedrío es la capacidad de decidir o elegir y, eventualmente, llevar a la
práctica la decisión tomada.
El ejercicio del libre albedrío requiere poner en juego ciertas facultades, como la de representarse
posibilidades y argumentar los pros y los contras de cada posibilidad. Esto hace que el libre
albedrío sea una capacidad exclusiva del ser humano, mientras que la libertad puede también
atribuirse a los animales (así, se habla de ser libre como un pájaro o de la liberación de un animal
que ha estado en cautiverio).
Libre albedrío en filosofía
La cuestión del libre albedrío ha sido abordada muchas veces a lo largo de la historia de la filosofía.
Al respecto, hay tres posturas principales:
Determinismo: Parte de la idea de que todo evento en el universo físico posee una causa
identificable, de modo tal que si se maneja la información suficiente es posible determinar de
antemano lo que sucederá en cada situación. Aplicada a la conducta humana, esta idea implica
que no hay acciones verdaderamente libres, sino, en todo caso, una comprensión errónea o
insuficiente de las causas de las acciones.
El determinismo extremo, conocido como determinismo duro, considera incompatible el libre
albedrío con la idea de un universo determinista. Por eso, esta postura recibe el nombre de
incompatibilismo.
Indeterminismo: Sostiene la idea de que los acontecimientos no ocurren de manera necesaria,
sino que son fruto del azar (entendido como un sistema de causas no lineales o no coordinadas).
De aquí se deduce que las acciones humanas pueden ser fruto de la voluntad (es decir, del libre
albedrío).
La versión más radical del indeterminismo es el libertarismo, que postula que el libre albedrío es
incompatible con el determinismo. Al igual que el determinismo duro, el libertarismo es una forma
de incompatibilismo.
Compatibilismo: También conocido como determinismo blando, considera que el determinismo y
el libre albedrío son compatibles. Si bien los acontecimientos están determinados causalmente, el
ser humano puede actuar libremente, en la medida en que lo haga impulsado por los propios
deseos, y no por la coacción. Desde esta perspectiva, el libre albedrío es la capacidad de
identificarse con los propios deseos.
Libre albedrío en teología
En teología, la cuestión del libre albedrío ocupa un lugar importante. El problema central ha sido el
de conciliar el libre albedrío del ser humano con la omnipotencia y omnisciencia de Dios.
Libre albedrío en el catolicismo: En el catolicismo, uno de los principales aportes al tema fue
realizado por san Agustín, quien diferenció la libertad propiamente dicha del libre albedrío. Este
último es la capacidad del ser humano de tomar decisiones, mientras que la libertad es la
capacidad de usar correctamente el libre albedrío y elegir el bien.
Puesto que el ser humano, como consecuencia del pecado original, no puede por sí solo orientarse
hacia el bien –argumenta san Agustín–, Dios le otorga su gracia. La gracia divina no suprime el libre
albedrío, sino que coopera para que el ser humano alcance la libertad. Si no existiera el libre
albedrío, el ser humano no sería responsable ante Dios de sus actos.
Libre albedrío en el protestantismo: En contraposición al catolicismo, varias ramas del
protestantismo rechazan la existencia del libre albedrío o, al menos, niegan que el ser humano
pueda usar correctamente su libre albedrío. Tanto Martín Lutero como Juan Calvino consideraban
que la naturaleza humana ha quedado totalmente corrompida como consecuencia del pecado
original. (El catolicismo, por el contrario, afirma que el pecado original debilitó la naturaleza
humana, pero no la corrompió de manera absoluta).
Libre albedrío en el judaísmo: Fuera del cristianismo, la existencia del libre albedrío es una verdad
evidente para el judaísmo, íntimamente vinculada a la justicia divina, que premia y castiga a por
sus actos. La relación entre la omnisciencia divina y el libre albedrío es explicada en los términos
de una paradoja: Dios existe fuera del tiempo, de manera que conoce tanto el pasado como el
futuro, y así como el conocimiento divino del pasado no afecta el libre albedrío humano, tampoco
lo hace el conocimiento que Dios posee del futuro.
Libre albedrío en el islam: Por su parte, para el islam el libre albedrío constituye la base en la que
se asiente la responsabilidad del ser humano sobre sus actos. Las acciones que las personas
realizan mediante el ejercicio de su libre albedrío son contabilizadas para el Día del Juicio, ya que
solo estas acciones son verdaderamente propias. Ello no impide que el libre albedrío ocurra con el
permiso de Dios.
Libre albedrío en la religión: En el pensamiento religioso, el tema del libre albedrío suele ocupar
un lugar de importancia. En primer lugar, porque la existencia de un Dios todopoderoso,
omnisciente y omnipresente, tal y como lo proponen las grandes religiones monoteístas, hace que
la voluntad divina sea la razón determinante de absolutamente todo en el universo.
Según esta lógica, si Dios sabe lo que ocurrirá y tiene la potestad para evitarlo, pero no lo hace,
significa entonces que lo permite, y que por ende es el responsable de todo.
El problema de semejante visión es que se pude interpretar como que exculpa al ser humano de la
responsabilidad moral de sus actos, y por lo tanto no podría ser luego juzgado por Dios en base a
sus decisiones de vida o a su fidelidad al código moral que la religión misma plantea. Después de
todo, ¿por qué no nos hizo Dios como tendríamos que ser?
Para resolver esta contradicción, surgió en la tradición religiosa Occidental la idea de que Dios le
entregó al ser humano el libre albedrío para que actúe con libertad y tome sus propias decisiones.
Esta noción, según distintas tradiciones, tendría que ver con la existencia misma del alma, y en la
tradición del pensamiento judío es vital para que pueda haber un premio o un castigo divinos. Así,
según la literatura rabínica, todo estaría previsto por Dios, pero al mismo tiempo el libre albedrío
está garantizado.
Otros teólogos, como el fraile católico Santo Tomás de Aquino (1224-1274) consideraba a los seres
humanos como entidades preprogramadas por Dios para perseguir determinadas metas, pero
dotadas de la libertad interior suficiente para elegir el camino hacia ellas.
En cambio, en el Concilio de Trento del siglo XVI, se decidió que el ser humano poseía un libre
albedrío terminado y animado por Dios, con el que puede cooperar con la voluntad divina o
puede, por el contrario, oponérsele.
Libre albedrío en la Biblia: En la Biblia no se menciona explícitamente la expresión libre albedrío.
Sin embargo, tanto la tradición judía como el catolicismo y otras corrientes cristianas consideran
que numerosos pasajes bíblicos aluden al concepto de libre albedrío, es decir, a la capacidad del
ser humano de elegir entre dos o más posibilidades de acción.
Ante todo, la caída en el pecado de Adán y Eva (narrada en el capítulo 3 del libro del Génesis)
suele considerarse el fundamento bíblico del libre albedrío. Dicha caída es consecuencia de haber
elegido voluntariamente desobedecer a Dios.
La idea de que el ser humano es libre de cumplir los preceptos divinos también está presente en el
libro del Deuteronomio. En el capítulo 30, Dios, a través de Moisés, dice a los israelitas: «Hoy tomo
por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra; yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la
bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes.» (Dt 30, 19)
Del mismo modo, puede afirmarse que Jesús reconoce que el ser humano es libre de seguirlo a Él
o no: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me
siga.» (Mc 8, 34).
Libre albedrío en la ciencia
La cuestión del libre albedrío ha sido motivo de debate e investigación en la ciencia. Los
principales aportes han provenido de la física, la genética, la neurociencia y la psicología.
Libre albedrío y física: Al contrario de la física clásica, de carácter determinista, la física actual
admite que no es posible establecer si realmente existe el determinismo en el universo, es decir, si
para cada causa hay un efecto que se produce necesariamente. La mecánica cuántica predice los
fenómenos únicamente en términos de probabilidades, lo que pone en duda el determinismo.
Esto apoyaría la tesis de la existencia del libre albedrío.
Libre albedrío y genética: En el campo de la genética, uno de los principales debates es acerca de
la influencia de los factores genéticos y evolutivos en el desarrollo del comportamiento humano.
Según la opinión de diversos investigadores, muchas conductas humanas pueden explicarse en
términos genéticos. Esto podría llevar a sostener que el libre albedrío es solo una ilusión. Sin
embargo, algunos biólogos sostienen que la determinación genética no equivale a la falta de
responsabilidad. Además, consideran que el ambiente puede ser igual o más determinante que la
genética.
Libre albedrío y neurociencia: Algunos experimentos han demostrado que las personas toman
conciencia de la ejecución de una acción varios milisegundos después de que el cerebro haya
tomado la decisión de ejecutarla. Para algunos científicos esto sugeriría que el libre albedrío no
interviene en la decisión y que, por lo tanto, es una ilusión.
Libre albedrío y psicología: En el campo de la psicología experimental, se han llevado a cabo
experimentos para estudiar las inferencias que las personas realizan respecto de su
comportamiento a partir de la información que se les suministra. De este modo, se ha podido
observar que las personas pueden llegar a creer haber realizado voluntariamente ciertos
comportamientos, sin que esto sea así. Estos y otros experimentos han llevado a algunos
investigadores a sostener que la idea de que siempre hay un control consciente de las acciones
voluntarias es una ilusión. Por lo tanto, no es posible afirmar la existencia del libre albedrío.
Libre albedrío en Filosofía
La mayoría de los filósofos suponen que el concepto de libre albedrío está estrechamente
relacionado con el concepto de responsabilidad moral. Actuar con libre albedrío, para tales
posturas, es simplemente satisfacer el requisito metafísico de ser responsable de la propia acción.
Aristóteles: Aristóteles creía en el libre albedrío como la capacidad de tomar decisiones racionales
y actuar de acuerdo con la razón, siendo consciente de las consecuencias de esas decisiones.
San Agustín: San Agustín, un filósofo y teólogo cristiano, sostenía que el libre albedrío era la
capacidad de elegir entre el bien y el mal, pero solo podía ejercerse correctamente con la gracia
divina.
Tomás de Aquino: Este filósofo medieval argumentaba que el libre albedrío era la facultad de la
voluntad humana de elegir entre diferentes opciones, pero siempre en función de la razón y el
bien común.
Baruch Spinoza: Spinoza sostenía que el libre albedrío era una ilusión y que las acciones humanas
estaban determinadas por la naturaleza y las leyes de la causalidad.
Immanuel Kant: Kant propuso una perspectiva conocida como "libertad trascendental". Según él,
el libre albedrío consiste en la capacidad de actuar de acuerdo con la ley moral,
independientemente de las inclinaciones personales.
Jean-Jacques Rousseau: Rousseau argumentaba que el libre albedrío era inherente a la voluntad
general de una comunidad y que solo se podía ejercer dentro de las limitaciones impuestas por el
contrato social.
Jean-Paul Sartre: Sartre sostenía que el libre albedrío se basaba en la "mala fe" y que los
individuos son completamente libres para tomar decisiones, aunque esto conlleva una gran
responsabilidad.
David Hume: Hume argumentaba que el libre albedrío podía ser compatible con el determinismo,
ya que las acciones humanas podrían ser determinadas por la causalidad y, al mismo tiempo, ser
consideradas libres si se actuaba de acuerdo con la propia voluntad.
ACTIVIDADES:
1- ¿Cómo definirías el libre albedrío en tus propias palabras?
2- ¿Crees que las personas tienen la capacidad de tomar decisiones libres y voluntarias?
¿Por qué o por qué no?
3- ¿Cuál es la diferencia entre el libre albedrío y el determinismo? ¿Pueden coexistir?
4- ¿Puedes citar ejemplos de situaciones en las que sientes que has ejercido tu libre
albedrío al tomar decisiones importantes en tu vida?
5- ¿Hasta qué punto crees que las influencias externas, como la educación, la cultura o la
genética, afectan nuestra capacidad de tomar decisiones libres?
6- ¿Cuál es la relación entre el libre albedrío y la responsabilidad personal? ¿Deberíamos
ser responsables de nuestras elecciones si no tenemos libre albedrío?
7- ¿Qué opinas sobre la idea de que el libre albedrío es una ilusión y que nuestras
decisiones están determinadas por factores biológicos y sociales?
8- ¿Cómo crees que el concepto de libre albedrío se relaciona con la moral y la ética?
¿Puede alguien ser considerado moralmente responsable sin libre albedrío?
9- ¿Existen situaciones en las que el concepto de libre albedrío se vuelve especialmente
relevante o problemático, como en la discusión sobre la adicción o la psicología del
comportamiento?