0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas5 páginas

ENSAYO

El documento explora el concepto de 'cerebro social', destacando cómo las interacciones sociales son esenciales para la supervivencia y el bienestar humano. Se argumenta que las decisiones no son solo racionales, sino que están influenciadas por emociones y experiencias pasadas, lo que subraya la importancia de las relaciones sociales en el desarrollo personal. Además, se discuten las funciones cerebrales involucradas en la regulación emocional y la toma de decisiones, enfatizando la interconexión entre la biología y la vida social.

Cargado por

melaniecruz40102
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas5 páginas

ENSAYO

El documento explora el concepto de 'cerebro social', destacando cómo las interacciones sociales son esenciales para la supervivencia y el bienestar humano. Se argumenta que las decisiones no son solo racionales, sino que están influenciadas por emociones y experiencias pasadas, lo que subraya la importancia de las relaciones sociales en el desarrollo personal. Además, se discuten las funciones cerebrales involucradas en la regulación emocional y la toma de decisiones, enfatizando la interconexión entre la biología y la vida social.

Cargado por

melaniecruz40102
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Universidad Politécnica de Pachuca

Desarrollo Interpersonal
Bedolla Samperio Federico
Hernández Herrera Frida Guilliana
Rodríguez Tovar Lizeth Eileen
Cerebro social

A lo largo de la historia, tanto en la antigüedad como en tiempos modernos, se ha


considerado a los seres humanos como entidades racionales. Los filósofos griegos
antiguos, por ejemplo, creían que las decisiones humanas eran el resultado de un
análisis cuidadoso y del razonamiento. Esta visión ha permanecido constante a lo largo
del tiempo. Desde el inicio de la existencia humana, las personas han enfrentado la
necesidad de tomar decisiones continuamente. Cada día, deben decidir desde
cuestiones triviales como qué comer, hasta asuntos más complejos y significativos en
diversas circunstancias de su vida, abarcando desde elecciones simples hasta dilemas
más profundos y complejos. Para que un nuevo conjunto de circuitos aparezca en el
cerebro, debe proporcionar una ventaja significativa a sus poseedores, aumentando la
probabilidad de supervivencia y transmisión de estos circuitos a futuras generaciones.
La vida en grupo ha sido un mecanismo de adaptación crucial para los primates. Los
primates, incluyendo a los humanos, viven en grupos que les permiten satisfacer las
necesidades vitales más eficientemente, multiplicando los recursos accesibles para
cualquier individuo aislado y subrayando la importancia de las buenas relaciones
sociales. El "cerebro social" parece ser el mecanismo adaptativo desarrollado por la
naturaleza para enfrentar el desafío de sobrevivir como parte de un grupo.

Los neurocientíficos, al hablar del cerebro social, se refieren a la idea de que el cerebro
está compuesto por áreas interconectadas que no trabajan de manera aislada para
tareas específicas. Esta visión es muy diferente a la antigua creencia de que cada área
cerebral tenía una función específica y aislada, como proponía la frenología del siglo
XIX. En la actualidad, se sabe que los circuitos neuronales involucrados en una tarea
mental determinada están distribuidos por todo el cerebro, y cuanto más compleja es la
tarea, más amplia es esta distribución.

Las diferentes zonas del cerebro interactúan de manera tan compleja que términos
como "cerebro social" son más bien metáforas útiles para describir estas interacciones.
Para comprender mejor estas funciones, los científicos han identificado y agrupado
sistemas cerebrales que se activan durante el desempeño de funciones específicas.
Por ejemplo, los centros que controlan el movimiento y la actividad sensorial se han
conceptualizado como "cerebro motor" y "cerebro sensorial", respectivamente. Esta
organización refleja la comprensión moderna de que las funciones cerebrales no están
confinadas a áreas discretas, sino que son el resultado de la cooperación y la
interacción entre múltiples regiones cerebrales distribuidas. El cerebro humano, aunque
representa solo el 2% del peso corporal total, consume aproximadamente el 20% de la
energía del cuerpo (Clark & Sokoloff, 1999). Esta elevada demanda energética subraya
la importancia del cerebro para el organismo y sus interacciones con el entorno. El
cerebro es fundamental para procesar información del entorno, permitiendo al individuo
interpretar y responder a estímulos externos. Este proceso es vital para la supervivencia
tanto del individuo como de la especie en su conjunto (Kandel, Schwartz, & Jessell,
2000).

El cerebro contiene las estructuras necesarias para establecer y mantener relaciones


sociales, que son esenciales para la supervivencia. La destrucción de estas estructuras
puede causar déficits irreparables en la sociabilidad y en la interacción adecuada con el
entorno (Damasio, 1994). Cuando se habla, se escucha o se ve a otra persona, las
redes cerebrales regulan estas interacciones a través de funciones cognitivas
específicas. Estas funciones se basan en diversas zonas cerebrales que trabajan en
conjunto para gestionar las relaciones con el mundo exterior (Gazzaniga, 2008).

Las neuronas espejo son un tipo particular de neuronas que se activan tanto cuando un
individuo realiza una acción como cuando observa una acción similar realizada por otro
individuo (Rizzolatti & Craighero, 2004). Estas neuronas juegan un papel crucial en la
teoría de la mente, que se refiere a la capacidad de atribuir estados mentales a otros.
Atribuir mente a otro es una actividad teórica, ya que no podemos observar
directamente la mente de los demás, pero generamos hipótesis sobre lo que están
pensando o sintiendo e interpretamos así su comportamiento (Frith & Frith, 2005).

Los circuitos neuronales que conectan el sistema límbico con las cortezas orbitofrontal y
cingulada anterior son fundamentales para ajustar nuestras respuestas emocionales al
percibir las emociones de otros. Estas regiones se activan para ayudarnos a modular
nuestras emociones y mantener la concentración en la conversación, incluso si lo que la
otra persona dice nos molesta. La corteza prefrontal, especialmente las regiones
dorsolateral y ventromedial, juega un papel clave en evaluar el mensaje emocional de
los demás y considerar las respuestas más adecuadas, teniendo en cuenta tanto la
situación inmediata como los objetivos a largo plazo.

Las interacciones sociales implican la percepción y regulación de emociones tanto


propias como ajenas. El sistema límbico, que incluye estructuras como la amígdala y el
hipocampo, es crucial para el procesamiento emocional. Estas estructuras se conectan
con la corteza prefrontal, que ayuda a modular y regular nuestras respuestas
emocionales (Pessoa, 2008). Durante una interacción social, el cerebro debe procesar
una gran cantidad de información en tiempo real. Esto incluye interpretar el lenguaje
corporal, las expresiones faciales, el tono de voz y el contenido verbal. La corteza
prefrontal y otras áreas corticales se encargan de la atención, la memoria de trabajo y la
toma de decisiones, permitiendo que respondamos adecuadamente a los estímulos
sociales (Ochsner & Gross, 2005). El funcionamiento cerebral puede ser cartografiado
estudiando las habilidades dañadas en pacientes con lesiones neuronales. Este
enfoque permite a los neurocientíficos identificar qué áreas del cerebro son
responsables de funciones específicas, como el lenguaje o el movimiento, al observar
qué habilidades se ven afectadas por las lesiones. Este método es crucial para
comprender la organización funcional del cerebro, desarrollar tratamientos y
rehabilitaciones, y estudiar la plasticidad cerebral.

Los marcadores somáticos son respuestas emocionales automáticas y fisiológicas que


ayudan a guiar la toma de decisiones al asociar ciertas opciones con experiencias
emocionales pasadas. Cuando una persona enfrenta una situación que involucra riesgo
o recompensa, su cerebro evalúa las opciones basándose en experiencias emocionales
pasadas. Las emociones asociadas con experiencias previas crean un "marcador" que
influye en la decisión actual.

Los pacientes con lesiones en las regiones prefrontales ventromediales estudiados por
Damasio tienen déficits emocionales y, específicamente, son incapaces de generar y
usar efectivamente el marcador somático, lo cual repercute en su forma de tomar
decisiones. Estas dificultades se observan más exactamente a la hora de producir una
respuesta normal en conductancia de la piel a la hora de tomar decisiones, como en la
prueba Iowa Gambling Task -que simula la toma de decisiones en la vida real- donde
estos pacientes tienen un bajo rendimiento. Estas deficiencias en la toma de decisiones
se presentan aún cuando las funciones cognitivas del paciente –medidas por pruebas
de Cociente Intelectual- se encuentran en rangos normale

En años recientes, las investigaciones han replanteado el proceso de toma de


decisiones, sugiriendo que no se trata únicamente de un proceso racional, como se
había considerado anteriormente. Ahora se reconoce que las emociones, derivadas
tanto de experiencias personales como de situaciones similares vividas por otros,
juegan un papel crucial en la toma de decisiones. Según Lempert y Phelps (2015), las
emociones pueden motivar acciones en las decisiones, manifestándose en
comportamientos como la evitación o la aproximación.

Nacemos siendo seres sociales porque nuestra evolución biológica y nuestra estructura
cerebral nos predisponen a la vida en sociedad. Las interacciones sociales son
esenciales para nuestra supervivencia, desarrollo y bienestar. Desde el momento en
que nacemos, dependemos de otros para aprender, crecer y prosperar, lo que refleja la
profunda interconexión entre nuestra biología y nuestra necesidad de relaciones
sociales. “Cerebro social" destaca cómo las capacidades cerebrales para manejar las
interacciones sociales son fundamentales para el crecimiento y el bienestar individual.
El cerebro social no solo regula cómo entendemos y respondemos a las emociones y
comportamientos de los demás, sino que también influye en nuestra habilidad para
construir y mantener relaciones saludables. Comprender el cerebro social permite a los
individuos mejorar su capacidad para interactuar de manera efectiva, gestionar sus
emociones y tomar decisiones informadas en sus relaciones. Estas habilidades son
clave para el crecimiento personal, el desarrollo de una red de apoyo sólida y la
creación de una vida social satisfactoria. La especie humana es social por naturaleza
así que la capacidad de trabajar juntos y ayudarse mutuamente ha sido fundamental
para el éxito de los seres humanos como especie. Las interacciones sociales permiten
la coordinación de esfuerzos y el logro de objetivos comunes

Referencias bibliográficas
Clark, D. D., & Sokoloff, L. (1999). Circulation and energy metabolism of the brain. In
G. J. Siegel, B. W. Agranoff, R. W. Albers, S. K. Fisher, & M. D. Uhler (Eds.), Basic
Neurochemistry: Molecular, Cellular and Medical Aspects (6th ed.). Lippincott-
Raven.
Damasio, A. R. (1994). Descartes' Error: Emotion, Reason, and the Human Brain.
Avon Books.
Gazzaniga, M. S. (2008). Cognitive Neuroscience: The Biology of the Mind (3rd ed.).
W.W. Norton & Company.
Kandel, E. R., Schwartz, J. H., & Jessell, T. M. (2000). Principles of Neural Science
(4th ed.). McGraw-Hill.

Frith, C. D., & Frith, U. (2005). Theory of mind. Current Biology, 15(17), R644-R645.
Rizzolatti, G., & Craighero, L. (2004). The mirror-neuron system. Annual Review of
Neuroscience, 27, 169-192.

Ochsner, K. N., & Gross, J. J. (2005). The cognitive control of emotion. Trends in
Cognitive Sciences, 9(5), 242-249.
Pessoa, L. (2008). On the relationship between emotion and cognition. Nature
Reviews Neuroscience, 9(2), 148-158.

También podría gustarte