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Jesús y la Eternidad: Reflexión de Juan 8

En el Evangelio de hoy, Jesús afirma que quien guarda su palabra no verá la muerte para siempre, desafiando a los judíos que lo acusan de estar endemoniado. La controversia se profundiza al afirmar su relación con el Padre y su existencia antes de Abraham, lo que provoca la ira de sus oponentes. La reflexión invita a cuestionar nuestras actitudes hacia Dios y a ser discípulos que rompan con el egoísmo, encontrando en Jesús la verdadera felicidad y sentido de vida.

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Jesús y la Eternidad: Reflexión de Juan 8

En el Evangelio de hoy, Jesús afirma que quien guarda su palabra no verá la muerte para siempre, desafiando a los judíos que lo acusan de estar endemoniado. La controversia se profundiza al afirmar su relación con el Padre y su existencia antes de Abraham, lo que provoca la ira de sus oponentes. La reflexión invita a cuestionar nuestras actitudes hacia Dios y a ser discípulos que rompan con el egoísmo, encontrando en Jesús la verdadera felicidad y sentido de vida.

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Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:


«En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre».
Los judíos le dijeron:
«Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: “Quien
guarde mi palabra no gustará la muerte para siempre”? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que
murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?».
Jesús contestó:
«Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien
vosotros decís: “Es nuestro Dios”, aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera “No lo conozco” sería,
como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de
gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría».
Los judíos le dijeron:
«No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?».
Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: antes de que Abrahán existiera, yo soy».
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.
Palabra del Señor
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
En el Evangelio de hoy la controversia entre Jesús y sus enemigos se profundiza. Ahora le acusan de estar
poseído por un demonio. El testimonio que Jesús da de sí mismo les desconcierta y sus palabras les desafía,
pues para Él no hay coherencia entre ser hijos de Abraham y querer asesinar al Mesías al que los
antepasados esperaron con tanto anhelo.
Las palabras y las obras de Jesús manifiestan la gloria del Padre que le ha enviado como testigo de la
verdad. Jesús habla de lo que conoce, Él es el Logos del Padre, su Palabra elocuente y liberadora, y como tal
es principio y fin del universo. Nuestra esperanza de salvación se ve realizada en el humilde nazareno. Él es
quien nos hace entrar en una nueva relación con Dios, haciéndonos personas nuevas por el amor. Nuestra
relación con el Padre se realiza sin condición alguna, sin la necesidad de lugares, linaje, sacrificios o normas,
pues Jesús nos lleva por su Palabra al que es origen de la vida.
En la vida ordinaria fácilmente nos disfrazamos de personas justas y cumplidoras de la ley, cuando en
realidad nuestro ego lleva siempre un espejo narcisista en el cual sólo desea ver su efímera e ilusoria
belleza. Nos convertimos en jueces de los demás sin percatarnos del paso de Dios en nuestra historia. No
damos cabida a la novedad del Evangelio cuando nos afirmamos en posiciones de seguridad, cuando
cerramos nuestro corazón a los otros.
De allí que ser discípulos de Jesús nos exige romper con ese “yo ególatra” y corresponder con amor al amor
gratuito de Dios, el Padre de la misericordia. Hoy estamos llamados a cuestionarnos: ¿Qué pensamientos o
actitudes debemos cambiar en nuestra relación con Dios y con nuestro prójimo? ¿Qué es lo que predomina
en nuestras decisiones: ¿el mensaje de Jesús, nuestros preconceptos o nuestro egoísmo solapado? ¿Por
qué seguimos a Jesús?
Manteniéndonos fieles a la Palabra del Maestro, encontraremos el sentido a la vida y experimentaremos la
auténtica felicidad. Dios es fiel a su Alianza y nos ofrece a Jesús como motivo del verdadero gozo. Jesús
puede renovar en nuestra existencia si le acogemos con una fe humilde y generosa.
PETICIONES PARA CADA MISTERIOS
- Señor, Jesús, te rogamos por los que no pueden o no quieren creer en ti. Que al menos sean personas
que sigan los dictados de su conciencia, ROGUEMOS AL SEÑOR

- Señor, Jesús, danos la gracia de creer en tu palabra y de guardarla y cumplirla en nuestra vida diaria,
ROGUEMOS AL SEÑOR

- Señor, Jesús, te rogamos para que el pueblo judío se acerque más a nosotros, cristianos, a través de la
fidelidad a la Alianza que sellaste con Abrahán, ROGUEMOS AL SEÑOR

- Por los que son perseguidos por su fe, para que se mantengan firmes, aun en medio de la tortura y del
martirio, ROGUEMOS AL SEÑOR.

- Por todos los que nos confesamos descendientes de Abrahán: judíos, cristianos y musulmanes, para
que cada uno de nosotros, a nuestra manera, tengamos profunda confianza en Dios, ROGUEMOS AL
SEÑOR.

- Por las personas que tienen que tomar decisiones difíciles en la vida, para que sigan su conciencia
intentando siempre hacer con honestidad lo que es verdadero, bueno y justo, ROGUEMOS AL SEÑOR.

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