0% encontró este documento útil (0 votos)
11 vistas9 páginas

Tema 1

La novela histórica es un género literario que combina ficción con eventos y personajes históricos, diferenciándose de la novela de ambientación histórica y la historia novelada. Este género, que se popularizó en el siglo XIX con autores como Walter Scott, ha evolucionado a lo largo del tiempo, adaptándose a nuevas formas y contextos sociales. Además, se exploran las representaciones de las mujeres en la literatura a través de diferentes épocas, destacando su papel en la sociedad y cómo han sido retratadas en la narrativa histórica.

Cargado por

Aida Ramos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Temas abordados

  • patriarcado,
  • Walter Scott,
  • novelas de ambientación,
  • novelas ambientadas en la Edad…,
  • personajes históricos,
  • mujeres en el siglo XVIII,
  • historias de mujeres,
  • realismo,
  • mujeres en la literatura román…,
  • ilustración
0% encontró este documento útil (0 votos)
11 vistas9 páginas

Tema 1

La novela histórica es un género literario que combina ficción con eventos y personajes históricos, diferenciándose de la novela de ambientación histórica y la historia novelada. Este género, que se popularizó en el siglo XIX con autores como Walter Scott, ha evolucionado a lo largo del tiempo, adaptándose a nuevas formas y contextos sociales. Además, se exploran las representaciones de las mujeres en la literatura a través de diferentes épocas, destacando su papel en la sociedad y cómo han sido retratadas en la narrativa histórica.

Cargado por

Aida Ramos
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Temas abordados

  • patriarcado,
  • Walter Scott,
  • novelas de ambientación,
  • novelas ambientadas en la Edad…,
  • personajes históricos,
  • mujeres en el siglo XVIII,
  • historias de mujeres,
  • realismo,
  • mujeres en la literatura román…,
  • ilustración

TEMA 1: Novela histórica en lengua española

Panorama teórico.

1. Definición de novela histórica.

La novela histórica es aquella que, siendo una obra de ficción, recrea un período
histórico preferentemente lejano y en la que forman parte de la acción personajes y
eventos no ficticios. Debe distinguirse por tanto entre novela histórica propiamente
dicha, con estas condiciones, y la novela de ambientación histórica, que presenta
personajes y eventos ficticios ubicados en un pasado remoto. Puede establecerse una
distinción más con lo que se ha denominado historia novelada, en que la historia
narrada con estrategias propias de la novela, aunque sin incluir elementos de ficción.
Suele afirmarse que la novela histórica se inicia en el siglo XIX en el marco del
Romanticismo de la mano de WALTER SCOTT. Scott publicó una serie de novelas
ambientadas en la Edad media inglesa como Waverley e Ivanhoe. Este tipo de novela
obtuvo mucha popularidad porque respondía a la exaltación del nacionalismo y del
pasado, propio del movimiento romántico. A partir de aquí muchos autores publicaron
novelas parecidas como VÍCTOR HIGO, MANZONI, TOLSTOI o FLAUBERT.
Posteriormente el género ha pasado por períodos de mayor y menor fecundidad. A lo
largo del siglo XX se ha ido adaptando a la evolución del género novelesco
introduciendo novedades formales. Algunos clásicos del género son Yo, Claudio de
GRAVES, Los pilares de la tierra de KEN FOLLET o con gran carga erudita como En
nombre de la roca de UMBERTO ECO.
En España se dieron obras relevantes de autores como JOSÉ LARRA, ESPRONCEDA
o GALDÓS. En la actualidad, se recrean acontecimientos como la Segunda República o
la Guerra Civil (Soldados de Salamina, CERCAS) o del Siglo de Oro como El capitán
Alatriste de REVERTE.

De la lectura de La novela histórica de G. Lukács se derivan siete características


para definir la novela histórica en sus formas clásicas. ¿Cuáles son?
Una de ellas es el sentido histórico, pues a diferencia de las novelas anteriores que
integraban elementos del pasado, la novela histórica se distingue por este rasgo. Las
características de los personajes se vinculan con la época a la que pertenecen. Por otro
lado, se produce una revitalización profunda del pasado: la novela histórica es un
acercamiento literario al pasado. Para ello, es fundamental el realismo, una imitación de
la realidad pero de tinte literario, de esta manera se distingue de la historia propiamente
dicha. El carácter popular se vincula con el realismo; es el reflejo de la realidad social y
la crisis histórica que necesita comprenderse antes de abordar los personajes principales.
El siguiente punto son los personajes típicos: son personajes que representan los rasgos
concretos pero que se relacionan con el movimiento social de la época. También hay
una aplicación al presente: el pasado que se intenta recrear se considera útil o
relacionado con el presente que se está viviendo. Son hechos que ayudan a explicar la
realidad presente o a exaltar aspectos que conciernen a la época actual. Por último, debe
haber un anacronismo necesario: para transmitir interés y permitirnos interpretar el
pasado es necesario cierto anacronismo, que el tema se traduzca a las costumbres y al
lenguaje de la época en la que vivimos. De esta manera se logra una mayor comprensión
histórica.
Asimismo, A. Alonso destaca el conflicto entre historia y ficción, al que solo se
presentan dos salidas: que el autor debe ser conocedor pleno del pasado que está
recreando o, en caso contrario, que tan solo recree una ficción realista contemporánea.
Por otro lado, en los diccionarios de términos literarios encontramos los rasgos
siguientes; que el período en el que se desarrolla la acción novelesca sea considerado
histórico, que se mezclen asuntos públicos y privados, que el protagonista sea una figura
real del pasado o inventada. Sin embargo, se busca un terreno común entre pasado y
presente siendo lo más fiel posible a la realidad histórica, pero que por otra parte
permita una comprensión por parte del lector y se aleje de la definición de historia
propiamente dicha. En este sentido, el lector debe leer la novela como algo verosímil,
pero no como historia.

En el capítulo dedicado a la pragmática de la novela histórica se defiende que para


definir este género se han de analizar las condiciones en que se produce la
comunicación literaria. Explique por qué.
Fundamentalmente, porque los autores justifican la cualidad de novela histórica en sus
notas introductorias para preparar al lector y que este comprenda la novela. El autor es
el que pone los límites entre ficción e historia, según el objetivo que quiera conseguir
con ella. El autor sabe que la historia se conoce e intenta respetarla, pero para que tenga
un interés en el presente se tiene que llevar a cabo una interpretación en forma de
anacronismo. Por su parte, el lector debe tener una curiosidad histórica, pero no debe
leer la literatura como si fuera historia, sino como novela histórica verosímil. Además,
debe estar dispuesto a aprender algo relacionado con su tiempo. La novela que se lee
desde un sentido arqueológico y sin aceptar una dosis de invención fracasará, de la
misma forma que si no se acepta su sentido histórico, es decir, las diferencias con
nuestro presente.

La novela como interpelación al discurso histórico


En el fin del milenio se ha hablado de la muerte de la novela, de la tragedia o de la
desaparición del sujeto, el autor y de la Historia. La búsqueda de la objetividad
inherente al discurso histórico llevó a los posestructuralistas al cuestionamiento de las
teorías tradicionales del lenguaje. Además, la crítica deconstructivista concibe el
lenguaje como realidad, no como medio para llegar hasta ella. Barthes denuncia la
confusión entre la objetividad que se busca en la Historia con el efecto de realidad, que
es a lo más que puede aspirar el historiador. El discurso histórico es para el autor una
elaboración ideológica imaginaria.
Para Foucault, el discurso histórico busca y produce el efecto de verdad. La voluntad de
verdad que todo discurso proclama está relacionada con la voluntad de poder. Concibe
la historia como artefacto lingüístico y afirma la imposibilidad de conocer nada
objetivamente, puesto que la objetividad es un constructo histórico y cultural. El pasado
que se ha construido no deja de ser una interpretación por parte del historiador. La
narrativa histórica puede explicar el pasado, pero no significa que sea la única
explicación posible, pues el presente limita y condiciona la versión de este.
White resalta el papel fundamental de la retórica en la construcción del significado del
texto. No son los hechos los que imponen sentido, sino la estructura argumental y la
retórica. A partir de un mismo acontecimiento pueden derivarse significados distintos
dependiente del género literario con el que se configure. La historia no proporciona una
realidad objetiva, sino la ideología desde la que se recogen los datos.
Por último, Warner rescata del silencio de la historia las representaciones de la
feminidad, la historia de las mujeres omitida y silenciada en los textos históricos
oficiales.

Imagen literaria de las mujeres medievales


En la Edad Media, las mujeres ocuparon un papel destacado en las distintas actividades
de tareas repobladoras. Las que pertenecían a la nobleza dejaron su huella en la política
y otras materias como el arte, la cultura, la legislación foral o las costumbres religiosas.
Sin embargo, en las obras literarias como El libro del Buen Amor se las identifica con la
vida familiar, la reclusión o la oración, y no desde una perspectiva intelectual, que se
llevaba a cabo gracias al mecenazgo real o por monasterios femeninos.
Entre los siglos IV y XV destacan figuras como Dhuoda de Septimania, Trotula,
Hildegarda de Bingen o Cristina de Pizan. Dentro del marco peninsular destacan reinas
castellanoleonesas como Sancha de León, Urraca de León o María de Molina. También
fueron esenciales las aportaciones de sus colaboradoras que han llegado hasta nosotros a
través de sus escritos. Por ejemplo, Leonor López de Córdoba que desarrolló una
importante labor en la corte de la reina Catalina de Lancaster. Escribió sus Memorias
hacia 1412 y son la primera manifestación autobiográfica documentada en prosa de la
literatura castellana escrita por mujeres. Ella no actuó por medio de un mecenas, sino
que afirmó su autoría intelectual acudiendo a un escribano que legitimara su palabra,
para así dejar constancia de la vida de una mujer de su tiempo y actuando lejos de las
prácticas sociales.
Imagen literaria de las mujeres del Siglo de Oro
Vitse propone una clasificación de las imágenes de la mujer transmitidas por la
literatura del Siglo de Oro que se divide en dos tipos:

- Imágenes en las que la mujer aparece en una clara dependencia de un hombre


(hija, esposa o madre)
- Imágenes en las que la mujer tiene cierta independencia (hijas liberadas, viudas,
mujeres con papel político, bandoleras o vestidas de hombre).

En las obras de la época de autores como Tirso Molina, Lope de Vega o Calderón de
la Barca, solían aparecer mujeres independientes como fórmula comercial. De esta
manera se presentaban situaciones extraordinarias. Pero también se mostraban
mujeres en el papel de sumisas, como en refranes o coplas de Quevedo, Cervantes o
en la novela picaresca y moralista. Así como las imágenes misóginas y satíricas no
solo de su aspecto físico. También se presenta una imagen ideal: las damas con
ciertas características físicas ideales, su indumentaria o sus habilidades arquetípicas.
Este visión se configura en un mundo dominado por el cristianismo y una doctrina
que incluía a las mujeres en cuatro estados: una doncella a cargo de un padre o un
hermano con un papel pasivo en la sociedad; una mujer casada que debía ser dócil,
discreta y callada, con ocupaciones propias del hogar y de su papel como madre o
esposa; la viuda que se veía como una mujer débil, pues había dependido toda la
vida del marido y la monja, la única vía posible para no depender de otro hombre.
Así pues, según señala Focault, históricamente se ha construido una ética masculina
donde las mujeres solo figuran como objetos o compañeras de un padre, marido o
tutor.
En el Siglo de Oro se alababa aparentemente a la mujer, pero había una creencia
sobre su inferioridad intelectual, moral y física. Un ejemplo son las obras de La
perfecta casada de Fray Luis de León o De institutione feminae christianae de Juan
Luis Vives.
Existen dos métodos para definir el género femenino y las relaciones entre hombre y
mujer en la literatura de este período:

a) El estudio de la representación literaria de la mujer en obras escritas por


hombres: Melveena Mckendrick observa que en la literatura del Siglo de Oro se
muestra un sistema patriarcal. Joan Kelly recomienda tener en cuenta los
siguientes aspectos para medir las relaciones entre los distintos sexos: la
regulación de la sexualidad femenina, los papeles políticos y económicos de la
mujer, su papel cultural y el acceso a las instituciones, la ideología que existe
acerca de la mujer y los géneros literarios asentados en convenciones masculinas
(literatura caballeresca, novela pastoril o la picaresca).
b) Análisis de obras escritas por mujeres: aunque la crítica tradicional se ha
centrado en pocas escritoras de la época (Santa Teresa de Jesús, María de Zayas
o Sor María de Agreda) se ha conseguido que algunas tengan mayor renombre.
Destacan los estudios de Julia Kristeva o Luce Irigaray de la escuela feminista
francesa llamada ginesis o el femenismo angloamericano con una metodología
llamada ginocritics.

Imagen literaria de las mujeres del siglo XVIII


Para entender la imagen literaria de las mujeres en este período se parte del debate del
colectivo ilustrado sobre el papel social femenino. La creencia de la inferioridad
femenina que viene dada desde la Edad Media se retoma en toda Europa, y en España
tenemos el discurso de Defensa de las mujeres de Feijoo, en él rebate argumentos
biológicos, bíblicos e históricos que justificaban dicha inferioridad.
Se reflejaron temas como la capacidad intelectual de la mujer, su subordinación al
padre, hermano o esposo, su labor doméstica o la maternidad. Uno de los temas
prioritarios era educar a la mujer para que tuviera una función social útil en el Estado.
En consecuencia la literatura neoclásica intenta ensalzar la figura de la perfecta esposa,
el modelo de mujer doméstica llamado Ángel del hogar y a su lado un hombre de bien,
buen ciudadano. Así pues, presentaban con una finalidad moralista y didáctica y que
afectaban a la construcción de los nuevos paradigmas del género masculino y femenino
desde un planteamiento sociológico y un deseo reformista.
En la comedia se valoraba a la mujer que respondía a la imagen que trazó Rousseau que
en Emilio o la educación llegó afirmar que las mujeres debían agradar a los hombres,
serles útiles, educarlos desde niños, hacerles suaves la vida.
En otra obras encontramos la defensa del núcleo familiar, el respeto a las costumbres
tradicionales frente a las modernas o la confrontación entre la mujer prudente,
responsable frente a la moderna petimetra.

Las tres épocas de la novela histórica romántica


A mediados del siglo XIX la novela histórica era el género literario de moda. Muchos
autores seguirán la estela de Víctor Hugo, Alejandro Dumas y, sobre todo, Walter Scott.
En las novelas históricas del romanticismo español el tema iba en consonancia con los
problemas contemporáneos. Por ejemplo, las luchas de bandos medievales se
relacionaban con las guerras carlistas. El género va evolucionando hacia una
ambientación más compleja y el uso de fuentes históricas le aportó más verosimilitud y
solidez, aunque se caía con frecuencia en reconstrucciones excesivamente
arqueológicas. Siguiendo a Scott las narraciones están protagonizadas por personajes
ficticios y personajes secundarios históricos. Una tendencia del romántica es añadir la
opinión del autor en el relato que provoca una clara separación entre el pasado y el
presente.
Las tres épocas de la novela histórica española son:

- Primera época: Sebold considera a El Rodrigo de Pedro Montegón como


primera novela histórica romántica. Este período está dominado por la influencia
de Scott. Algunos autores son Ramón López Soler, Rafael de Húmara o
Telesforo de Trueba.
- Segunda época:

- Tercera época: se distancia notablemente de la influencia de Scott y hay un


exceso de erudición y cuidadosa ambientación. Víctor Balaguer con Don Juan
de Serrallonga, Manuel Fernández con El doncel don Pedro de Castilla.

Una clasificación de la novela histórica del siglo XX


La novela de ambientación histórica tiene una gran popularidad pero a no ser que tengan
una gran calidad literaria pueden caer en el olvido. La mayoría de autores lograron la
fama por otros géneros que cultivaron antes de publicar su novela histórica. Podemos
establecer una distinción entre autores según la correspondencia temporal entre la época
de la obra y la suya propia:

- Cuando hay un distanciamiento entre ambos (Robert Graves y la época de


Claudia por ejemplo) debe haber un trabajo previo de documentación, aunque es
mayor la dosis de imaginación que pueden utilizar.
- Cuando hay una contemporaneidad (Pérez Galdós en Los episodios nacionales).
La experiencia del autor suele bastar pero se expone mucho más sus opiniones.

Según el contenido (ambiental o argumental):

- Novelas históricas ambientadas en la Antigüedad:


Egipto. Sinuhé el egipcio de Mika Waltari es la novela más representativa del género.
El personajes tiene cierta base real y es un ejemplo de personaje que al final de su vida
rememora los acontecimientos de su país que ha vivido en primera persona. Otros
ejemplos son Noches de la Antigüedad de Normal Mailer ambientada en la época de
Ramsés II. Así como No digas que fue un sueño de Terenxi Moix sobre los amores entre
Cleopatra y Marco Antonio.
Mesopotamia y Persia. Los poemas sobre la creación y los héroes de Gilgamesh y
Endiku son la materia prima de Gilgamesh rey de Robert Silverberg. En Creación Gore
Vidal intenta abordar el período comprendido entre el siglo VII y el V a.C.
El mundo helénico. Suele ser el escenario más recurrente. Apolonio de Rodas fue
quien inició el género de la ficción histórica con Los argonautas, raíz de la novela
bizantina. Destaca Robert Graves con El vellocino de oro, un compendio de los héroes y
los pueblos de la generación anterior a la guerra de Troya. También destaca Teseo, rey
de Atenas de Mary Renault, a través del protagonista recrea la formación de la polis.
Roma. Las novelas de Robert Graves han dado lugar a adaptaciones cinematográficas
como Yo, Claudio. De Hubert Monteihlet es Nerópolis, inspirada en Calígula y Nerón,
con su sueño de bautizar a Roma con su nombre después de que desaparezca el Imperio.
La vieja sirena de José Luis Sampedro muestra una sociedad hedonista, su inestabilidad
política y el nuevo cristianismo emergente.
Cristianismo. El autor más representativo es Henryk Sienkiewicz conocido por su obra
llevada al cine Quo vadis? En ella, frente a la corrompida Roma neroniana emerge la
noble figura de San Pedro, que anula las clases sociales en obediencia al nuevo mensaje
de fraternidad. Con una popularidad parecida está Ben Hur de Lewis Wallace sobre el
mundo judío.

- Novelas históricas ambientadas en la Edad Media

Edad Media en las novelas decimonónicas. La época romántica fue la que puso más
énfasis en reconstruir la historia medieval, pues de ella extraería argumentos para
fundamentar posturas políticas. Walter Scott se interesó por ella porque defendía que en
la Edad Media estaban las raíces de la estética romántica. De hecho, sus novelas
presentan a héroes impecables, obedientes e ideales. En ellas triunfa la justicia, la
evocación optimista y las nobles acciones. En Ivanhoe Robin Hood desempeña el papel
de justiciero transgrediendo la verdad histórica y con un claro anacronismo, pues la
leyenda de Robin es anterior.
Scott fue el modelo de Francisco Navarro Villoslada y con su novela Doña Urraca y
Doña Blanca de Navarra pretendió fortalecer el espíritu nacional y regionalista. Salvo
algunas biografías noveladas de Carlomagno parece haber un lapso hasta el siglo XI que
no atraído la atención literaria. La Inglaterra del siglo XI es el punto de partida de El
médico de Noah Gordon, sobre el panorama de la ciencia estimulado por Avicena y su
saber innovador. En el mismo escenario se sitúa Los pilares de la Tierra de Ken Follet
de la mano de un maestro constructor de catedrales con un lucha de poder como telón de
fondo. El nombre de la rosa de Umberto Eco está ambientada en el turbulento ambiente
religioso del siglo XIV. Ambientado en el siglo XV estarían El manuscrito carmesí de
Antonio Gala o En busca del unicornio de Juan Eslava.

- Novelas históricas ambientadas entre el Renacimiento y la Revolución Francesa.

Algunas de las obras que ofrecen una visión del fenómeno renacentista son Opus
Nigrum de Marguerite Yourcenar, Bomaco de Miguel Mújica Láinez y Fieramosca
de Massimo d’Azeglio.

También podría gustarte