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Sorpresas y cambios en la vida de Rei

Rei reflexiona sobre los cambios en su vida tras el Torneo Asiático, donde su relación con Kai se profundiza. A medida que entrenan juntos, ambos comienzan a reconocer sus sentimientos, lo que genera una mezcla de confusión y esperanza. La historia explora el crecimiento personal de Rei y su conexión con Kai, sugiriendo un nuevo inicio en su relación.
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Sorpresas y cambios en la vida de Rei

Rei reflexiona sobre los cambios en su vida tras el Torneo Asiático, donde su relación con Kai se profundiza. A medida que entrenan juntos, ambos comienzan a reconocer sus sentimientos, lo que genera una mezcla de confusión y esperanza. La historia explora el crecimiento personal de Rei y su conexión con Kai, sugiriendo un nuevo inicio en su relación.
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˗ˏˋ Sorpresas ˎˊ˗

La vida es una serie de sorpresas.

Remembranzas surgieron evocadas por una ligera oscuridad alrededor de Rei. La falta de luz no
era dañina ni molesta, era una simple ausencia natural a causa de la noche, parecida a la de
aquella ocasión, ocho años atrás, cuando las gratas sorpresas comenzaron en su vida.

Los Bladebreakers habían triunfado en el Torneo Asiático. Entusiasmados, celebraron con paseos,
comidas en restaurantes y noches de desvelo durante tres días consecutivos, aunque llegada la
cuarta noche, Tyson, Max y Kenny se encontraban lo suficientemente cansados como para irse a
dormir temprano. Por su parte, ella no se encontraba con deseos de dormir; los últimos días la
habían dotado de energía en lugar de agotarla. Asumió que eso fue causado por la conjunción de
liberadores eventos. Las paces con los White Tigers, el fortalecimiento de su relación con su
equipo actual y la reafirmación de que había hecho lo correcto al irse de su pueblo. Pasar por todo
aquello le sirvió en muchos aspectos, y eso se vio ciertamente reflejado en un muy pequeño
cambio de aspecto.

No se privó de soltar una risa suave ante la sorpresa que reflejaron los rostros de los niños, como
si el haber cambiado el pantalón por unas medias negras al muslo y un short hubiera sido gran
cosa. O quizás fue su larga cabellera suelta lo que causó tanta admiración. No tuvo modo de
saberlo, dado que sólo obtuvo varios halagos torpes de parte de los tres menores. El chico de su
edad se limitó a mirarla sin decir una palabra, sin realizar ningún gesto en particular, pero atrapó
su atención por un rato, estuvo segura de ello porque se dio cuenta de unas pocas miradas
ocasionales que Kai le dirigió en los primeros minutos de ese día.

Días después, el tema pareció ser noticia antigua. Pareció.

En su camino a la habitación compartida con sus compañeros tuvo deseos de esperar un poco más
antes de entrar. Observaría el cielo estrellado desde el abierto pasillo por un rato, el que hiciera
falta hasta que su energía aminorara y pudiera dormir. Un inconveniente con nombre, apellido y
aura que le causaba curiosidad se encontraba en dicho lugar.

Bueno, el sitio era lo suficientemente grande para ambos, así que no iba a abstenerse de disfrutar
las nocturnas vistas.

En un silencio bastante habitual en ella, se puso a un lado del capitán del equipo, este le observó
oblicuamente unos segundos, antes de regresar su vista al oscuro manto. Y ya desde ese momento
le pareció un tanto sorpresivo que el chico no se fuera; generalmente se apartaba de todos.

No señaló el particular comportamiento, no rompió el cómodo silencio por un tiempo impreciso.


La presencia de su capitán tenía en ella un efecto que no podía poner en palabras. Añadiendo más
confusión a ello, ni siquiera sabía cuándo o cómo había dado inicio eso. ¿Fue cuando hablaron
bajo la lluvia luego de que perdiera a Driger? ¿Fue cuando Kai la hizo reaccionar al estar perdiendo
su enfrentamiento contra Lee?
—Kai, quiero… darte las gracias.

Aquellos bonitos rubíes se fijaron en ella. Devolvió la mirada, sabiendo de algún modo que el chico
vaciló entre darle a entender que no sabía el motivo de sus palabras o decirle que no tenía por qué
agradecer, o tal vez incluso consideró decirle que su agradecimiento era irrelevante e innecesario.
Sí, seguramente se inclinó más por lo último luego de titubear.

—Por ayudarme cuando me enfrentaba a Lee —aclaró, percatándose de un sutil desagrado en la


masculina expresión—. Si no te hubieras acercado a mí cuando lo hiciste… No estoy segura de lo
que habría ocurrido. Gracias.

—No iba a permitir que perdieras —hubo una pausa de algunos segundos—. El equipo habría sido
descalificado por tu culpa.

Arisco, esa era su intratable manera de ser. Pese a su ácida respuesta, algo sobresalió en su forma
de hablar. Las últimas palabras le parecieron una excusa, similar a cuando alguien ha dicho algo
incorrecto y añade otra frase para corregirse o corregir lo que otros puedan pensar. ¿O podría
estar imaginándolo? Ese muchacho no era fácil de entender.

—Y… —se cruzó de brazos, mirándolo con incredulidad— ¿Pensabas ayudarme gritándome?

—Funcionó ¿o no?

La verdad en esa oración le provocó un pequeño gesto de molestia y una maldición pensada, pero
no dicha.

Sí, funcionó. Incomprensiblemente, Kai supo las palabras exactas para ayudarla a no dejarse llevar
por meros recuerdos. En el instante de la beybatalla, no pensó demasiado en cómo lo hizo ya que
estaba ocupada dando todo de sí para derrotar a su antiguo compañero. Sorpresivamente, en
medio de la cascada de pensamientos que tuvo en ese momento, uno en particular le infundió
fuerza y claridad. Kai Hiwatari.

No tenía ningún caso el intentar negarse algo tan obvio. Sabía lo que sentía, no era la primera vez
que experimentaba el sentimiento. Por eso le había parecido familiar aquel efecto que Kai tenía en
ella, con la diferencia de que ahora su sentir era, considerablemente, distinto. No se sentía tan
liviano y frágil, se sentía más pesado —para bien o para mal—, y más real. Se sentía como si
estuviera echando raíces profundas. En un intento por frenar sus emociones, por retener el
ingenuo enamoramiento, se dio a sí misma un golpe de realidad.

“Es Kai. Testarudo, brusco, casi intratable. Kai. Llenaría un bey estadio con sus fans y no le
importaría en lo absoluto. Kai. Nadie le interesa, nadie le atrae”

Cada palabra se aseguró de aprenderla y repetírsela, como un mantra con el cual pretendía
deshacerse de lo que sentía. No podía permitirse desarrollar esa clase de sentimientos por ese
chico o podría causarse problemas. Podría romperse el corazón y no gracias, no necesitaba eso.

—Sí… Funcionó —concordó tras unos momentos, poco convencida, pero resignada—. Supongo
que no se pueden cuestionar tus resultados, sólo tus métodos. Y a pesar de tu carácter difícil y tu
manera inusual de hacer las cosas, debo decir que eres un buen capitán.
Quiso convencerse de que sus palabras habían sido las que cualquier beyluchador le diría a un
buen capitán de equipo y no las palabras de una chica que estaba enamorándose de un chico. El
autoconvencimiento pasó a último término cuando un destello perplejo iluminó las pupilas
escarlatas. Su capitán pareció no entender, por segunda vez, la razón de su comentario. Eso puso
una sonrisa en sus labios y una ínfima esperanza en su interior de que algo podría haber entre
ellos. ¿En algún instante Kai se había comportado así con alguien más? La sencilla respuesta
alimentó más esa esperanza. No, nunca se había comportado así con nadie más.

No recibió ninguna respuesta, pero no tomó a mal el hecho.

En fracción de segundos supo que su capitán y compañero no tuvo idea de cómo responder a sus
palabras y sencillamente por ello no lo hizo. Sólo regresó su vista al cielo; ella le imitó casi de
inmediato.

Creyó que la conversación había terminado ahí. A nadie en el mundo le gusta equivocarse, sin
embargo, apenas la voz de Kai rompió el silencio, Rei agradeció haberse equivocado.

—Rei…

Su nombre en labios de Kai sonó… Demasiado agradable. Unos segundos se distrajo en esa idea y
en apartarla de su mente. Logró echar el pensamiento a lo profundo de sus ideas, pero no logró
quitarse cierto aleteo del estómago.

—¿Sí?

Dejó su natural curiosidad alcanzar sus doradas pupilas al fijar estas en el rostro del chico. Él no le
regresó la mirada, ocupado en —lo que a ella le pareció—, calcular lo que iba a decir.

—Ahora que arreglaste tus diferencias con tu antiguo equipo, ¿irás con ellos durante el tiempo
que queda para el siguiente torneo?

Poco común la pregunta, aun así, no se mostró indispuesta a hablar sobre sus planes.

—No.

Una negativa ingeniosamente simple. No averiguaría el motivo de que le cuestionara eso


añadiendo una trillada pregunta de “¿Por qué?” o “¿Por qué lo preguntas?”. Kai había iniciado esa
conversación, Kai la continuaría o le daría fin. El muchacho era controlador, así que darle el poder
para escoger el rumbo de la plática seguramente le brindaría más tranquilidad y libertad. No se
sentiría presionado y no pondría un mundo de distancia entre ellos como solía hacer.

—Tu cambio…

Bingo. Incluso si pareció obligarse a callar, esas dos palabras revelaron lo suficiente.

—Sí, los White Tigers tuvieron algo que ver en mi pequeño cambio de imagen, pero no lo hice
porque vaya a visitarlos y quiera impresionarlos —explicó casualmente, procurando quitarle peso
a la conversación—. Después de haberme reconciliado con ellos, de dejar de sentirme como una
traidora y de asegurar mi lugar y amistad con los Bladebreakers, creí que era un buen momento
para cambiar. Eso es todo.
Alcanzó a vislumbrar satisfacción en el rostro del chico. En favor de no pensar demasiado, optó por
no cuestionarse la particular actitud que presenciaba.

Un asentimiento en respuesta a su explicación y Kai no hizo ni dijo más.

—No habías mencionado mi cambio, hasta ahora —dijo, sabiendo que se adentraba a un camino
peligroso—. Fuiste el único que no mencionó nada al respecto, supongo que fue porque no te
importó.

En sus palabras hubo una trampa de doble punta, colocada por sus sospechas, por sus
presentimientos, por su deseo de saber la verdad. Siempre decidida a averiguar las cosas que no
sabía, dispuesta a enfrentar las consecuencias con entereza; así lo hizo al abandonar su pueblo
natal, así lo haría si se equivocaba con aquel chico de hosco carácter.

Un filo considerable acudió a las pupilas escarlatas, lo notó. El dueño de esa mirada no se molestó
en ocultar que la escudriñaba. Percibió la trampa. Por unos segundos creyó que se abstendría de
decir palabra alguna. Se equivocó por segunda vez en la noche.

—Te queda bien.

No esperaba eso, en lo absoluto. El corazón le martilleó en el pecho conforme veía a Kai dar media
vuelta y dirigirse al interior de la habitación.

—¿Te gusta?

Soltó la pregunta tan inesperadamente como una lluvia cayendo en un día soleado. Y aunque las
probabilidades eran bajas, la simple respuesta del chico fue como un arcoíris producido por esas
condiciones.

—Sí.

Sin volverse ni un solo segundo, Kai dio su respuesta con sinceridad. No estuvo en sus planes que
su voz adquiriera un tinte apacible, ni que esa sencilla palabra resultara tan expresiva.
Simplemente… Salió de su corazón decirle la verdad. Cuando estaba con ella, sentía que podía ser
distinto, no alguien que no era y no precisamente él mismo, sino… alguien mejor.

Tres frases, seis palabras, con las cuales ambos lo supieron todo.

Supieron que algo había cambiado, supieron que habían caído el uno ante el otro, supieron que
era un nuevo inicio, uno que habría de tener un final o muy dulce, o muy amargo.

Una sonrisa iluminó su rostro tras el recuerdo.

Fue afortunada. Tuvo varios nuevos inicios, cada uno marcado por finales dulces como el
chocolate de la taza entre sus manos. La misma bebida la llevó a un nuevo viaje por las memorias,
dejando su mente en otro suceso ocurrido semanas después del Torneo Asiático, justo en medio
del Torneo Ruso.

Las cosas habían pasado muy rápido. Kai acudiendo solo a la abadía, pero yéndose de ahí para
revelarles por fin su secreto, el motivo por el que los rechazaba. Kai escogiéndolos a ellos sobre de
las ordenes de su abuelo. Kai… perdiendo a Dranzer en su enfrentamiento contra Spencer.
Demasiado en cuatro días.

—Permanece alerta. No bajes tu guardia en ningún momento, porque no sabemos qué clase de
sucios trucos puedan utilizar.

Estuvo completamente de acuerdo con Kai, haciéndole saber esto mediante un asentimiento,
antes de prepararse para lanzar su blade una vez más. Había perdido la cuenta de las veces en que
lanzó a Driger y había perdido la noción del tiempo. Mas no había perdido el entusiasmo ni la
determinación de mejorar, de aprender, de estar plenamente preparada para su enfrentamiento
contra los Demolition Boys. Y teniendo clases particulares con aquel chico a quien admiraba cada
vez más, el entrenamiento se veía mejor que nunca.

—¡Tras él, Driger!

Envió a su blade con ferocidad detrás del blade de su capitán, este evadía sus ataques y
entrampaba a su tigre blanco en cada oportunidad que tenía, logrando con ello vencerla en
ocasiones previas, incluso sin la fuerza de la bestia bit de fuego.

—Nada mal.

El orgullo latente en las pupilas escarlatas y la media sonrisa que le fue dedicada se encargaron de
calentar su pecho y convertir sus latidos en golpeteos erráticos cuyo sonido llegaba hasta sus
oídos. Movió su cabeza con disimulo en un intento de mantener la concentración, después de lo
cual imitó aquella sonrisa y mandó a Driger a un ataque directo apenas Dranzer dejó de escapar.

—Eso no es todo lo que tengo.

Cierta presunción adornó sus palabras, pero su actuar respaldó lo dicho.

Certeros golpes del tigre al blade azul lo debilitaron lo suficiente, así, cuando Kai se decidió a
atacarle en un golpe definitivo, no sólo resistió el ataque, sino que al contraatacar consiguió lanzar
el blade de su capitán a sus pies, mientras Driger continuaba girando sobre la nieve.

No olvidó que el poder de Kai no era el mismo sin Dranzer, pese a ello, se permitió levantar el
rostro con satisfacción y mostrar una sonrisa.

En la habitual expresión imperturbable vislumbró resignación conforme el chico se inclinaba a


recoger su blade. La nostalgia se hizo muy visible en las escarlatas pupilas por escasos segundos.
Fue un instante tan fugaz que no tuvo tiempo de reaccionar. Al segundo siguiente, esa hermosa
mirada se posó en su persona, manifestándole indicios de orgullo, orgullo de ella. ¿Por sus
habilidades? ¿Por su fuerza? No logró saberlo, pese a lo mucho que se esforzó en averiguarlo. Y no
fue que desistiera de querer saber, sino que el cansancio escogió ese momento exacto para hacer
acto de presencia.

Cayó de rodillas en la nieve. Sumergida en observar a Hiwatari, no había notado lo exhausta que se
encontraba. Supo lo pesado del entrenamiento cuando los jadeos se hicieron inevitables y
levantarse se convirtió en una tarea complicada.

—Es hora de volver.


Posterior a escuchar la voz de Kai, lo sintió a su lado, agachándose, poniéndole una mano en el
hombro y preocupándose por ella, eso si es que no estaba alucinando por el agotamiento o
malinterpretando al muchacho.

—No tengo fuerzas para discutirte que me gustaría entrenar más.

—Gracias entonces al cansancio, por librarme de tu obstinación.

Bromearon espontáneamente.

Raro, pero agradable. Así lo pensó y, por el atisbo de extrañeza en la expresión que observaba, se
permitió suponer que el chico pensó del mismo modo.

El plácido momento pareció terminar sin brusquedad, cuando en verdad no terminó en absoluto.
Un amable confort continuó presente. Lo sintió en la preocupación casi completamente oculta en
las pupilas escarlatas. Lo sintió en la mano que Kai le tendió para ayudarla a levantarse. Lo sintió
durante el camino al hotel, en el momento de caminar tan cerca el uno del otro que sus brazos se
rozaban.

Su amistad y las cosas entre ellos que parecían más que amistad… ¿Eran reales?

Una corriente helada la extrajo de sus pensamientos en un poco sutil recordatorio del sitio en
donde estaban y de que, una vez dejado atrás el entrenamiento, el frío comenzaba a hacerse
notar. Pese a llevar pantalón nuevamente, un ligero temblor recorrió su cuerpo, movimiento que
pareció ser lo suficientemente llamativo para su acompañante, pues obtuvo su atención e interés
de inmediato.

—Creo que nos vendrá bien un chocolate caliente.

Le dijo a Kai con una sonrisa, enterneciéndose a causa del ligero desconcierto reflejado en su rojiza
mirada. Quizás, el chico se halló sorprendido de que se preocupara por él cuando era ella quien
había temblado. O quizás no comprendió el porqué de incluirlo en cualquier plan. Cualquier idea
que tuviera en mente no la dijo. Lo usual. Sin embargo, accedió mediante un asentimiento.
Inusual.

En cuanto llegaron al hotel le pidió adelantarse, diciéndole que lo alcanzaría en pocos minutos. Él
la escuchó y una vez más aceptó en silencio.

Al separarse, se puso en marcha hacia la cocina del lugar.

Entenderse con los cocineros no fue tarea fácil. Pese al pequeño inconveniente, consiguió pedir
dos chocolates calientes preparados a su manera, algo que tomó por sorpresa a Kai cuando llegó a
la habitación con las humeantes tazas.

Tuvo que admitirse algo: Le encantaba sorprenderlo. Le hacía feliz poder observar cosas de él que
otros no veían. Y respecto a esas cosas, un halo de nostalgia. Nadie lo notó, para los demás, su
capitán aceptó con fortaleza la pérdida de Dranzer, mostrándose casi impávido después de lo
sucedido. Ella no lo veía así. Ella percibía el dolor perfectamente escondido. Ella haría algo al
respecto.
—No perderé, Kai —estaba resuelta a ello, lo hizo saber a través de la decisión en su voz—. Ganaré
para continuar en el Torneo y tener la oportunidad de recuperar a Dranzer.

—¿Por qué?

Parpadeó, sin comprender la razón de esa pregunta, misma que le hizo ladear ligeramente la
cabeza, sabiendo que no tendría que esperar demasiado por una explicación.

—¿Por qué lo haces? Ir a buscarme a la abadía, confiar en mí después de lo que estuve a punto de
hacer, preocuparte por mí. ¿Por qué?

De entre el basto abanico de posibles respuestas que le evitarían sincerarse, entre ellas la más
simple “Porque somos amigos”, casi todas parecieron cobardes ante sus ojos. Kai sospechaba.
Evitar decir la verdad sellaría en un ataúd la posibilidad de que existiera algo romántico entre
ellos. Eso en caso de que siquiera existiera esa posibilidad. ¿Existía? Si estaba haciéndole esa
pregunta tan directa era por un motivo, ¿no? Concluyó eso conforme respiraba profundo,
reuniendo todo el valor que poseía. Sólo hasta ese momento fue consciente del valor que requería
confesar sus sentimientos.

—Porque me gustas.

El tiempo se detuvo justo ahí, en su directa confesión, responsable de poner una vez más cierta
sorpresa en esa hermosa mirada. De alguna forma, esa pequeña reacción le sacudió los nervios y
el miedo, llevándola a continuar sin darle tiempo a su compañero de una respuesta.

—Me gustas de una manera que me cuesta mucho explicar. Ni siquiera sé si tiene una explicación,
porque no puedo decir cuándo o cómo comenzaste a gustarme. Sólo sé… Que te convertiste en
alguien importante y especial para mí. Antes de darme cuenta, ya eras mi persona favorita en el
mundo, ya tenías mi interés, mi preocupación, mis pensamientos. Antes de darme cuenta, ya me
tenías a mí.

Si era lo que él esperaba o no, no pudo saberlo por lo medida que fue su expresión. Los
sentimientos entremezclados en su mirada no ayudaron a hacerle saber sus pensamientos,
aunque hubo algo que le pareció un suave brillo que se esfumó tan rápido como apareció.

—Rei… No soy una buena persona.

—Kai —dijo su nombre dulcemente—, tal vez no seas el ideal de la virtud, pero yo te quiero, tal
cual eres.

Acompañando lo dicho se permitió tomarle una mano con suavidad, aprovechando la ausencia de
ambas tazas que ahora reposaban en una mesa baja frente a ellos.

—Estuve a punto de traicionarlos.

—Pero no lo hiciste —recordó con amabilidad—. Al final te quedaste con nosotros, a pesar de que
tuviste en tus manos a esa bestia bit en dos ocasiones. Escogiste hacer lo correcto.

—No estoy seguro de que siempre vaya a escoger hacer lo correcto.


No estuvo sorprendida, ni tampoco preocupada por esa confesión. El chico cargaba con un pasado
bastante tormentoso que le hacía inclinarse hacia la oscuridad. Aun así, no tuvo miedo.

—No espero que siempre hagas lo correcto. Tendrás aciertos, así como también tendrás errores.
Es lo normal. Yo sólo... —un ligero rubor adornó sus mejillas— Sólo quiero que me permitas
acompañarte en cada uno de esos momentos.

Tener compañía jamás sonó tan bien para Kai.

Nunca había podido quitarse de encima las cálidas sensaciones recorriendo su interior, su piel y su
ser cuando estaba cerca de Rei, cuando la observaba o siquiera cuando la pensaba. Tuvo miedo,
aún lo tenía. Le preocupaba lo insuficiente que era para ella y le preocupaba hacerle daño con lo
peor que él tenía. E incluso así... Sentía pertenecer a su lado y sentía que podía hacer cualquier
cosa por ella.

Hubo un instante de silencio. Después, una vez reunió el suficiente valor, puso su mano en la
mejilla de la chica. Acarició la piel sonrojada, disfrutando de ver el color aumentar suavemente. Y
al poner de nuevo su mirada sobre las doradas pupilas, se prometió a sí mismo —decidido como
nunca antes—, esforzarse por ser lo que ella merecía.

El final llegó con un beso, uno inocente y tierno, apenas una suave presión de sus labios que, al
mismo tiempo, significó un nuevo comienzo.

Ahora se tenían el uno al otro para enfrentar el futuro juntos.

Rei suspiró. Seguía estando tan enamorada de Kai como en aquel entonces. Mucho más, en
realidad.

—¿En qué piensas?

El dueño de sus recuerdos y su corazón le realizó aquella pregunta conforme tomaba asiento a su
lado en el sofá, al mismo tiempo, le acercaba un plato con galletas, ofreciéndole el postre que él
mismo había preparado para ella.

—No pensaba —tomó una galleta—, recordaba. Recordaba cuando estábamos en los
Bladebreakers.

Después de ahorrarle el preguntar qué recordaba, llevó la galleta a su boca, devorándola en dos
bocados. Su amado pareció pensar, recordar cosas del pasado, justo como ella había hecho
momentos antes.

—Recordabas cómo comenzó todo esto entre nosotros —comentó él, seguro de sus palabras y
tomándole la mano derecha—. A una semana de la boda, también pienso en eso.

Junto a la admisión, vino un beso siendo depositado sobre el dorso de su mano en donde portaba
el anillo de compromiso que seis meses atrás su novio le había dado al proponerle matrimonio.
Una hermosa velada en las bonitas calles de un festival en China. Aunque la noche actual, sin
ningún tipo de iluminación más que la proporcionada por la chimenea, sentados en un mullido
sofá con galletas, chocolate y la última nevada de Japón cayendo afuera, no tenía nada que
envidiarle a la de su compromiso.
—¿En qué pensabas?

Quiso saber, acercándose a darle un corto beso en los labios antes de su respuesta. La alegría por
su pronto matrimonio la hizo querer llenar de besos a su amado.

—En que debí decirte de frente cuánto me gustó tu cambio de ropa.

Lo recordaba. Él también lo recordaba. Eso le dio un radiante brillo a sus doradas pupilas,
haciéndola incluso más feliz.

—Me gusta lo que pensabas —se rio tersamente, dándole uno, dos, tres besos más—. Sólo no
puedo creer que te tomara ocho años decírmelo de frente.

La inocente burla le sacó un pequeño bufido a su prometido, pero en su mirada y en sus labios
había clara diversión.

—Te he dicho halagos de frente —eso fue una disimulada queja—. Como el de hace un mes. ¿O lo
olvidaste? El vestido que usaste para la cena en la playa.

“¿Cómo olvidarlo?” Se dijo, con el entusiasmo revoloteándole en el pecho y el estómago a causa


del simple recuerdo. La manera en que Kai la miraba, la forma en que le dijo que era “hermosa y
perfecta”. El pulso se le detuvo y se le aceleró al mismo tiempo, casi igual a como ocurrió en ese
instante.

—De ningún modo lo olvidaría. Recuerdo todos tus halagos, y recuerdo muy bien esa noche.

Sin quererlo, un tenue calor subió hasta su rostro.

Esa ocasión había sido un grato momento en compañía de todos los bladers, pero lo que más la
marcó como una noche inolvidable, fue el íntimo momento compartido con Kai una vez estuvieron
en su habitación. Los besos, las caricias, las silenciosas promesas de amor mientras se entregaban
el uno al otro por primera vez.

Él se dio cuenta de lo que pasaba por su cabeza, estuvo segura por la cálida sonrisa que le dedicó y
el cariñoso beso que dejó en su frente. Aún le sostenía la mano derecha, eso le recordó
fugazmente a su primer beso en Rusia. Un principio y un final. Uno de tantos, uno como el que
estaba a punto de suceder en ese mismo instante una vez retomó la palabra.

—Kai… Tengo algo importante que decirte.

En cuanto pronunció esas palabras tuvo entera atención. Se había asustado un poco días atrás,
cuando lo descubrió, pero ahora, con el hombre de su vida a su lado, el miedo se sentía muy
lejano, inexistente, ahogado por las muestras de afecto y el amor que le era exclusivamente
dedicado a ella. Lo único que quedaba era emoción y dicha. Ya no dudó en compartir la noticia con
su pareja.

—Estoy embarazada —soltó la noticia con desbordante alegría—. Seremos padres.

Y esta vez sí pudo saber los pensamientos de aquel chico que tanto amaba.
En medio de un cómodo silencio, Kai abrazó a Rei, lo mejor que se lo permitieron el plato con
galletas en sus piernas y la taza con chocolate en las piernas de ella. Ocultó su rostro en el espacio
entre su cuello por unos segundos, después, besó ahí y besó debajo de su oreja.

—Gracias, Rei. Por todo —lo único que pudo hacer fue agradecerle con todo el amor verdadero
que le tenía—. Siempre voy a amar las maneras en que me sorprendes.

Ella lo estrechó contra sí con cuidado y el mismo amor.

—Siempre voy a amar sorprenderte.

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