La Ética en el ejercicio profecional del abogado, pilar fundamental para la justicia y
la sociedad
El presente ensayo tiene la finalidad de explorar como los principios éticos
inciden en el ejercicio profecional del abogado, y como estos cumplen un componente
fundamental que guía el actuar de los profesionales del derecho, conl fin de que no
solo se garantizae el respeto a las normas jurídicas, sino también para salvaguardar la
dignidad humana y fortalecer la confianza en el sistema judicial, permitiendo que las
relaciones sociales y la justicia se consoliden en un marco de legitimidad. Mismo que
está basado en obras como “Ética” de Adela Cortina y Emilio Martínez (1996), y en la
segunda edición de Ética de las profesiones jurídicas de Miguel Grande Yáñez (2010),
abordando temas referente a los desafíos éticos que enfrenta el abogado en el ejercicio
de su profesión.
La abogacía es una profesión en la cual no solo se necesita un profundo
cononocimiento de la norma o las leyes, al ser una profesión con la cual se practica
constantemente las relacionnes interhumanas, el ejercicio de esta debe estar
acompañada por el compromiso con la verdad, la justicia y velar por el bien social.
Según Cortina y Martínez (1996), la ética no solo regula las acciones externas de los
individuos, sino que también realiza un ejercicio de consciencia a la responsabilidad
del actuar mediante principios, como lo son la justicia, responsabilidad, autonomía,
etc. Esta dimensión ética adquiere mayor relevancia en los abogados quienes, al
interpretar y aplicar las leyes, deben evitar priorizar sus intereses personales sobre el
bien colectivo.
Grande Yáñez (2010) hace mencion a que sin estos principios, los sistemas
judiciales son tendientes a prácticas corruptas y nada éticas, mermamdo el derecho a
un juicio justo y la credibilidad de las instituciones. Por lo que se puede decir que la
ética no es solo un conjunto de normas profesionales, sino una estructura moral que
refuerza el ejercicio de la abogacía, es por ello que la ética, no debe ser vista como una
opción, sino como una obligación, para que todos los abogados ejersan la profesión de
manera responsable y comprometida con valores fundamentales.
El papel de un abogado no solo se limita a la defensa de los intereses de sus
clientes, sino más bien implica una función social, como Grande Yáñez (2010), lo
señala; el abogado no debe ser unicamente un "técnico del derecho" que utiliza las
leyes a conveniencia, sino más bien el encargado de la promoción de la justicia y la
defensa de los derechos. Esta perspectiva coincide con la idea de que la abogacía
trasciende lo normativo, y se incluye el componente ético, llegando a articular la teoría
con la práctica profesional.
Cortina y Martínez (1996) hablan que los dilemas éticos no son extraños al
ejercicio profesional. En el caso de los abogados, situaciones como el conflicto entre la
confidencialidad del cliente y el deber de denunciar, ejemplifican la complejidad ética
en su práctica. Estos desafíos enfatisan la importancia de una buena formación ética
desde los estudios de pregrado, misma que debería enfocarse en la construcción de un
sentido crítico y reflexivo. La ética en la abogacía no solo es una cuestión de
procedimientos, sino una actitud moral ante la práctica legal que influye directamente
en la justicia, además los abogados deben ser conscientes de las implicaciones que sus
decisiones tienen para la vida de las demás personas, lo que requiere un ejercicio
constante de reflexión sobre su actuar.
El abogado funciona como un puente entre las personas y el sistema legal,
siendo fundamental para solucionar conflictos. Su labor no se limita al conocimiento
técnico, sino que también incluye una responsabilidad moral que exige respetar la
dignidad de todas las partes implicadas.
Por su parte, Cortina y Martínez (1996) enfatizan que la responsabilidad del
abogado no termina con el cumplimiento de las leyes. Su actuación debe alinearse con
un concepto de justicia que vaya más allá de la legalidad, promoviendo diferentes
valores en cada caso. Los abogados deben, por tanto, desarrollar una visión integral
del derecho, que considere no solo los intereses de sus clientes, sino el impacto social
de las decisiones que tomen. El abogado, como mediador, tiene la responsabilidad de
velar por el equilibrio entre las partes, buscando siempre una resolución justa y
equitativa de los conflictos, evitando que el ejercicio del derecho se convierta en un
juego de poder o manipulación.
Uno de los mayores desafíos éticos en la abogacía es combatir la corrupción,
que erosiona la confianza en el sistema judicial. Según Cortina y Martínez (1996), la
ética no solo establece normas abstractas, sino que se traduce en prácticas concretas
que fomentan la transparencia y la rendición de cuentas. La corrupción en la
abogacía puede manifestarse en actos como el soborno a jueces o el uso indebido de
información privilegiada, acciones que contravienen los principios fundamentales de
la profesión.
Grande Yáñez (2010) enfatiza que la lucha contra estas prácticas requiere no solo
sanciones legales, sino también una educación ética sólida desde las universidades.
Esto permitiría a los futuros abogados interiorizar los valores necesarios para resistir
presiones externas y actuar con integridad. Además, la educación ética debe ser
continua a lo largo de la carrera profesional, ya que los dilemas éticos no desaparecen
con la obtención del título, sino que surgen constantemente con los casos que los
abogados enfrentan en su práctica diaria.
La corrupción, en cualquiera de sus manifestaciones, es un atentado contra el
propio concepto de justicia. A través de la ética profesional, el abogado tiene la
oportunidad de denunciar estas prácticas y contribuir activamente a la creación de un
sistema judicial más transparente y eficiente. Es esencial que los abogados sean
conscientes de su rol en la prevención de la corrupción, tanto a nivel personal como
colectivo, promoviendo la ética no solo dentro de la práctica profesional, sino también
a nivel institucional y social.
La formación ética de los abogados debe ser integral, no solo centrada en las
reglas que rigen la profesión, sino también en la reflexión sobre la responsabilidad
moral que conlleva el ejercicio del derecho. Como advierten Cortina y Martínez
(1996), la educación en ética debe ir más allá de los aspectos normativos, orientándose
hacia el desarrollo de un sentido de justicia y equidad que permita a los abogados
tomar decisiones que beneficien a la sociedad en su conjunto.
Por otro lado, la autoregulación profesional se erige como otro mecanismo de
control ético dentro de la abogacía. Los colegios y asociaciones de abogados tienen la
responsabilidad de promover prácticas profesionales que respeten los estándares
éticos más altos. La existencia de códigos de ética y la implementación de sanciones
efectivas frente a los comportamientos que vulneran la ética profesional son
fundamentales para preservar la integridad de la profesión y garantizar que los
abogados actúen siempre en beneficio de la justicia.
La autoregulación también puede contribuir a la prevención de la corrupción, ya que
los propios miembros de la profesión se convierten en los primeros responsables de
velar por el cumplimiento de los principios éticos. Los mecanismos de autorregulación
deben ser transparentes y accesibles, permitiendo que cualquier miembro de la
profesión pueda denunciar irregularidades o comportamientos antiéticos sin temor a
represalias.
En la práctica cotidiana, los abogados enfrentan situaciones que requieren una
constante reflexión ética. Como profesionales encargados de administrar justicia, los
abogados deben ponderar constantemente la relación entre el derecho y la moralidad,
actuando con principios rectores que protejan la dignidad de todos los individuos
involucrados. Este comportamiento ético, sin embargo, no solo depende de las
directrices profesionales, sino también de la construcción de valores personales sólidos
que permitan al abogado tomar decisiones que promuevan el bien común.
Uno de los aspectos fundamentales en la práctica diaria de los abogados es el
equilibrio entre la defensa del cliente y el respeto a la verdad. En ocasiones, el
abogado debe enfrentarse a clientes que solicitan la representación de intereses que no
siempre se alinean con la justicia o la moralidad. En estos casos, el abogado debe ser
capaz de rechazar casos que impliquen la manipulación de la verdad o el apoyo a
injusticias evidentes. Este tipo de dilema ético puede ser particularmente desafiante,
ya que puede estar en juego el bienestar de una persona o la presión de un cliente
poderoso. La ética en la abogacía exige, entonces, que los abogados se conviertan en
modelos de rectitud y honestidad, incluso cuando esto signifique rechazar un caso.
La ética de los abogados tiene un impacto directo en la sociedad, ya que influye
en la calidad de la justicia que se imparte. Una abogacía comprometida con principios
éticos sólidos contribuye al fortalecimiento de las instituciones democráticas y al
respeto de los derechos fundamentales. La justicia no es un concepto abstracto, sino
un principio que se materializa a través de las acciones diarias de quienes administran
la ley. Por lo tanto, la ética en la abogacía no es solo una cuestión interna de la
profesión, sino una responsabilidad colectiva que afecta a toda la sociedad.
Como conclusión se puede determinar que la ética en la abogacía no es un
complemento, sino el eje que articula el ejercicio del derecho con la justicia y el
respeto a los derechos humanos. Tanto Adela Cortina como Miguel Grande Yáñez
coinciden en que el abogado tiene un rol trascendental en la sociedad, que va más allá
de la técnica jurídica para incorporar una dimensión ética insoslayable. Enfrentar
dilemas morales y actuar con integridad no solo fortalece la confianza en el sistema
judicial, sino que también asegura que los derechos de todas las personas sean
defendidos con equidad y justicia. En este sentido, la ética se configura como la
brújula que orienta a los abogados hacia la construcción de un orden social más justo
y humano.
Bibliografia
Cortina, A., & Martínez, E. (1996). Ética. Akal Ediciones.
Grande Yáñez, M. (2010). Ética de las profesiones jurídicas (2.ª ed.). Unijes.