El Capital" de Karl Marx
"El Capital" es la obra fundamental de Karl Marx y una de las más influyentes
en la historia del pensamiento económico, político y filosófico. Publicado en
1867 (Tomo I), con los Tomos II y III editados póstumamente por Friedrich
Engels, el libro es un análisis profundo del capitalismo, sus dinámicas,
contradicciones y su posible superación. Marx no solo describe el
funcionamiento del sistema, sino que lo critica desde una perspectiva
materialista e histórica, mostrando cómo la explotación de la clase trabajadora
es inherente a su estructura.
El texto es denso y complejo, pero puede desglosarse en varios conceptos
clave que explican la lógica del capitalismo y sus consecuencias.
1. La mercancía y el valor: el punto de partida del capitalismo Marx inicia su
análisis con la mercancía, que es la unidad fundamental del capitalismo. Cada
mercancía tiene dos dimensiones:
Valor de uso: Su utilidad para satisfacer una necesidad humana (ejemplo: una
silla sirve para sentarse).
Valor de cambio: Su capacidad de intercambiarse por otras mercancías en el
mercado (ejemplo: la silla puede venderse por dinero).
Lo que determina el valor de cambio de una mercancía no es su utilidad, sino la
cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en su producción. Esta idea
se resume en la teoría del valor-trabajo, donde el trabajo humano es la fuente
del valor.
Un concepto crucial es que el trabajo mismo se convierte en una mercancía
dentro del capitalismo. El trabajador vende su fuerza de trabajo a cambio de un
salario, pero lo que recibe no equivale al valor que genera. Esto nos lleva a la
teoría de la explotación.
2. La plusvalía y la explotación del trabajo
Marx sostiene que el capitalista obtiene ganancias apropiándose de la
plusvalía, que es la diferencia entre el valor producido por el trabajador y el
salario que recibe.
Por ejemplo, si un trabajador produce bienes por un valor de $100 en una
jornada laboral, pero solo recibe $50 como salario, la diferencia ($50) es
plusvalía, que se queda el capitalista. Esto significa que la explotación no
ocurre porque los capitalistas "roben" directamente a los trabajadores, sino
porque el sistema está diseñado para que el trabajador siempre produzca más
valor del que recibe.
Para aumentar la plusvalía, los capitalistas pueden:
Extender la jornada laboral para que los trabajadores produzcan más (plusvalía
absoluta).
Aumentar la productividad con nuevas tecnologías o métodos de trabajo sin
subir los salarios (plusvalía relativa).
El problema es que esta búsqueda constante de maximizar la plusvalía genera
conflictos, ya que los trabajadores luchan por mejores salarios y condiciones,
mientras los capitalistas buscan reducir costos.
3. La acumulación de capital y sus efectos en la sociedad
El capitalismo se basa en la acumulación del capital, donde los capitalistas
reinvierten sus ganancias para expandir la producción. Sin embargo, este
proceso tiene consecuencias estructurales:
Concentración del capital: A medida que algunos capitalistas se enriquecen y
expanden sus empresas, los pequeños productores y empresarios
independientes son absorbidos o eliminados. Esto lleva a la formación de
grandes monopolios o corporaciones que dominan sectores enteros.
Crisis de sobreproducción: La competencia entre capitalistas los obliga a
producir cada vez más, pero los trabajadores, que son los principales
consumidores, no tienen suficiente poder adquisitivo para comprar todo lo que
se produce. Esto genera ciclos de crisis económicas, donde las empresas
quiebran y el desempleo aumenta.
Polarización social: La riqueza se concentra en unas pocas manos, mientras
que la mayoría de la población ve empeorar sus condiciones de vida. Esto
alimenta la lucha de clases y el descontento social.
El capitalismo, según Marx, no es un sistema estable ni armonioso, sino que
está lleno de contradicciones que lo llevan a crisis periódicas.
4. El fetichismo de la mercancía: la ilusión del mercado
Uno de los conceptos más filosóficos de El Capital es el fetichismo de la
mercancía. Marx explica que, en el capitalismo, las relaciones entre personas
parecen ser relaciones entre cosas.
Por ejemplo, cuando alguien compra un teléfono, solo ve el producto y su
precio, pero no las condiciones de explotación bajo las cuales fue producido. El
mercado oculta las relaciones sociales y laborales detrás de la mercancía,
haciendo que el sistema parezca "natural" e inmutable.
Este fetichismo es lo que permite que la explotación continúe sin ser evidente
para la mayoría de la gente. El dinero y las mercancías parecen tener vida
propia, cuando en realidad son resultado del trabajo humano.
5. La tendencia a la caída de la tasa de ganancia y las crisis capitalistas
Otro punto crucial en El Capital es la tendencia del capitalismo a reducir su
propia rentabilidad. A medida que los capitalistas invierten más en maquinaria y
tecnología para aumentar la productividad, la proporción de trabajo humano en
la producción disminuye. Como solo el trabajo genera valor, esto significa que
la tasa de ganancia tiende a caer con el tiempo.
Para contrarrestar esta tendencia, los capitalistas buscan nuevas formas de
explotación:
Reduciendo salarios o precarizando el empleo.
Expandiéndose a nuevos mercados (colonialismo, globalización).
Aumentando el consumo con crédito y deuda.
Sin embargo, estas soluciones solo retrasan las crisis, que inevitablemente
vuelven a aparecer.
6. La lucha de clases y la posible superación del capitalismo
Marx no ve al capitalismo como un sistema eterno, sino como una etapa en la
historia. Sus propias contradicciones generan un conflicto creciente entre la
burguesía (los dueños del capital) y el proletariado (los trabajadores)
A medida que el capitalismo se desarrolla, los trabajadores toman conciencia
de su explotación y pueden organizarse para luchar contra el sistema. Marx
plantea que la solución no es reformar el capitalismo, sino abolirlo y
reemplazarlo por un sistema basado en la propiedad colectiva de los medios de
producción.
El manifiesto comunista
Publicado en 1848 por Karl Marx y Friedrich Engels, El manifiesto comunista es
un texto político que busca explicar las bases del comunismo y llamar a la
acción a la clase trabajadora. A diferencia de El capital, que es un análisis
teórico profundo del capitalismo, este es un documento más breve y combativo,
escrito en un tono accesible y con una intención clara: movilizar a los
trabajadores para cambiar el sistema.
1. La lucha de clases como motor de la historia
Marx y Engels comienzan con una frase célebre: "La historia de todas las
sociedades hasta ahora es la historia de la lucha de clases."
Para ellos, la sociedad siempre ha estado dividida en clases con intereses
opuestos: amos y esclavos, señores feudales y siervos, burgueses y
proletarios. Esta lucha ha sido el motor del cambio social. En la era moderna, el
conflicto central es entre la burguesía (los dueños de los medios de producción)
y el proletariado (los trabajadores que solo poseen su fuerza de trabajo).
La burguesía, al desarrollar el capitalismo, ha revolucionado el mundo: ha
creado industrias, ha globalizado la economía y ha transformado la sociedad.
Sin embargo, también ha generado una enorme desigualdad y explotación.
2. El capitalismo y su contradicción interna
Los autores destacan que el capitalismo ha sido un sistema históricamente
progresista porque ha destruido el feudalismo, ha impulsado la producción a
niveles nunca antes vistos y ha conectado al mundo en una economía global.
Pero al mismo tiempo, este desarrollo contiene una contradicción:
La burguesía necesita explotar a los trabajadores para obtener ganancias.
Pero al explotar a los trabajadores, genera miseria y desigualdad, lo que puede
llevar a la rebelión.
Así, el capitalismo está sembrando las semillas de su propia destrucción. A
medida que se intensifica la explotación, los proletarios toman conciencia de su
situación y comienzan a organizarse.
3. El papel del proletariado y la revolución comunista
A diferencia de las revoluciones anteriores, que solo han cambiado una clase
dominante por otra, Marx y Engels proponen que la revolución comunista sea
diferente:
No busca reemplazar a la burguesía con otra élite, sino abolir las clases
sociales.
Para lograrlo, el proletariado debe tomar el poder, controlar los medios de
producción y eliminar la propiedad privada del capital.
El objetivo final es una sociedad sin explotación, sin propiedad privada y sin
Estado, donde la producción esté organizada en función de las necesidades de
la sociedad y no de la ganancia individual.
4. El programa comunista
En esta sección, Marx y Engels proponen una serie de medidas para la
transición hacia el comunismo, algunas de las cuales incluyen:
Abolición de la propiedad privada de los medios de producción
Impuestos progresivos (los que más tienen, más pagan
Nacionalización de la banca y los transportes
Educación gratuita y pública para todos
Organización del trabajo bajo un plan colectivo
Aunque estas medidas son reformistas en apariencia, los autores dejan claro
que su objetivo es abolir completamente el capitalismo.
5. Respuesta a las críticas al comunismo
El Manifiesto también responde a las principales objeciones de sus detractores:
"El comunismo destruirá la propiedad privada" Marx y Engels responden que,
en realidad, la propiedad privada ya no es un derecho universal, sino un
privilegio de la burguesía. La gran mayoría de la población no posee medios de
producción
"El comunismo eliminará la libertad" Dicen que, en el capitalismo, la única
libertad real es la de los ricos para explotar a los pobres.
"El comunismo destruirá la familia" Argumentan que la familia obrera ya ha sido
destruida por el capitalismo, que obliga a los trabajadores a jornadas
extenuantes y explota a mujeres y niños en fábricas.
Resumen de la Encíclica Rerum Novarum
La encíclica Rerum Novarum fue publicada el 15 de mayo de 1891 por el papa
León XIII. Es un documento fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia y
aborda la cuestión obrera en plena Revolución Industrial. Su objetivo es ofrecer
una respuesta cristiana a los problemas económicos y sociales de la época,
buscando un equilibrio entre el capitalismo y el socialismo.
1. Contexto histórico
A finales del siglo XIX, la industrialización había transformado la economía y la
sociedad. La migración del campo a la ciudad había generado:
Condiciones de trabajo inhumanas (jornadas largas, bajos salarios, explotación
infantil).
Crecimiento de la pobreza y la desigualdad.
Conflictos entre obreros y empresarios.
Ante esto, la Iglesia, que hasta entonces había mantenido cierta distancia del
problema, interviene con esta encíclica para fijar su postura sobre la cuestión
social.
2. La dignidad del trabajo y los derechos del trabajador
León XIII reconoce que las condiciones de los trabajadores son injustas y
establece principios para garantizar su dignidad:
Derecho a un salario justo: Los empleadores deben pagar lo suficiente para
que los trabajadores puedan vivir con dignidad.
Jornada laboral moderada: Se rechaza la explotación laboral y se defiende el
derecho al descanso.
Protección del trabajo infantil y de las mujeres: Se exige que los menores y las
mujeres no sean sometidos a trabajos que dañen su salud o moral.
Derecho a la propiedad privada: Aunque critica la miseria obrera, rechaza el
socialismo y defiende la propiedad privada como un derecho natural.
3. El rechazo del socialismo y el capitalismo salvaje
León XIII critica dos posturas extremas:
El capitalismo sin control: Denuncia la explotación de los trabajadores por parte
de empresarios que solo buscan lucro sin considerar la dignidad humana.
El socialismo: Rechaza la abolición de la propiedad privada, argumentando que
es un derecho legítimo y necesario para el desarrollo humano.
Propone un modelo intermedio basado en la justicia social y la caridad
cristiana.
4. La importancia de la Iglesia y la moral en la economía
La encíclica insiste en que la solución a los problemas sociales no debe ser
solo económica o política, sino también moral y espiritual. Para ello, la Iglesia
debe desempeñar un papel clave:
Promoviendo valores cristianos en el mundo laboral.
Educando a empresarios y trabajadores en la justicia y la solidaridad.
Apoyando organizaciones obreras católicas que defiendan los derechos de los
trabajadores.
5. El derecho a la asociación y los sindicatos
Uno de los puntos más innovadores de Rerum Novarum es su defensa de las
asociaciones obreras (sindicatos). Aunque rechaza la lucha de clases,
reconoce que los trabajadores tienen derecho a organizarse para defender sus
intereses.
Estas organizaciones deben basarse en la cooperación entre empresarios y
obreros, buscando acuerdos justos sin recurrir a la violencia o la revolución.
La Ley Chapelier (1791)
La Ley Chapelier, aprobada en Francia el 14 de junio de 1791, fue una de las
primeras leyes en prohibir las asociaciones obreras y gremiales. Se enmarca
dentro de la Revolución Francesa y refleja el espíritu liberal de la época, que
buscaba eliminar los privilegios de los antiguos gremios y establecer un
mercado basado en la libre competencia.
Su principal objetivo fue suprimir cualquier tipo de organización colectiva que
pudiera interferir en el funcionamiento del mercado, incluyendo gremios de
artesanos, sindicatos y asociaciones de trabajadores.
1. Contexto histórico
Para entender la Ley Chapelier, hay que situarse en plena Revolución
Francesa. En el Antiguo Régimen, la economía estaba dominada por los
gremios, organizaciones que regulaban cada oficio (zapateros, panaderos,
herreros, etc.). Los gremios controlaban precios, calidad, aprendizaje y acceso
a las profesiones. Aunque protegían a los trabajadores, también limitaban la
competencia y el libre comercio.
Con la Revolución Francesa y la llegada de ideas liberales, se buscó eliminar
todo lo que restringiera la libertad económica. En este contexto, el diputado
Isaac Le Chapelier impulsó una ley para suprimir los gremios y cualquier otra
forma de asociación laboral que pudiera "obstaculizar" la libre empresa.
2. Contenido de la Ley Chapelier
La ley establece varios principios clave:
Prohibición de los gremios: Se eliminan todas las corporaciones de oficios,
permitiendo que cualquier persona pueda trabajar en la profesión que elija sin
restricciones.
Prohibición de sindicatos y huelgas: Se considera ilegal que los trabajadores se
unan para negociar salarios o condiciones laborales.
Libertad de trabajo: Cada individuo puede vender su fuerza de trabajo
libremente, sin intervención de asociaciones ni restricciones.
Defensa del interés general: Se argumenta que las asociaciones laborales van
en contra del bien común, pues crean divisiones dentro de la nación.
En teoría, la ley buscaba garantizar igualdad de oportunidades y eliminar
restricciones artificiales impuestas por los gremios. Sin embargo, en la práctica,
favoreció a los empresarios y debilitó la posición de los trabajadores, quienes
perdieron cualquier forma de representación o defensa colectiva.
3. Consecuencias de la Ley Chapelier
Las consecuencias fueron profundas y contradictorias:
Beneficio para los empresarios: Sin gremios ni sindicatos, los dueños de
talleres y fábricas pudieron contratar libremente y fijar condiciones sin
necesidad de negociar con trabajadores organizados.
Empobrecimiento de los trabajadores: Al no poder asociarse ni hacer huelga,
los obreros quedaron en una situación de vulnerabilidad, con salarios bajos y
jornadas extenuantes.
Consolidación del liberalismo económico: La ley reflejaba el pensamiento liberal
de la Revolución Francesa, que promovía el libre mercado y la competencia
como base del desarrollo económico.
Represión de los movimientos obreros: Cualquier intento de protesta o
asociación era considerado ilegal, lo que llevó a la represión de los
trabajadores que intentaban organizarse.
La ley estuvo en vigor durante todo el período revolucionario y napoleónico, y
no fue hasta mediados del siglo XIX que comenzaron a surgir nuevas leyes que
permitieron la existencia de sindicatos y asociaciones laborales.
4. Críticas y evolución posterior
La Ley Chapelier ha sido muy criticada por su impacto negativo en la clase
trabajadora. Aunque buscaba igualdad y libertad económica, terminó
beneficiando solo a los empresarios y dejando a los trabajadores sin
herramientas para defender sus derechos.
A lo largo del siglo XIX, con la industrialización y el crecimiento de las ciudades,
el problema se hizo más evidente. La prohibición de sindicatos y huelgas llevó
a condiciones laborales extremas, lo que impulsó movimientos obreros y luchas
por derechos laborales.
Finalmente, en Francia, la prohibición de sindicatos fue derogada con la Ley
Ollivier de 1864, que reconoció el derecho a la huelga, y más adelante con la
Ley Waldeck-Rousseau de 1884, que permitió la formación de sindicatos.
La riqueza de las naciones (1776) – Adam Smith
La riqueza de las naciones, escrita por Adam Smith y publicada en 1776, es
una de las obras más influyentes de la economía moderna. En este libro, Smith
expone los principios fundamentales del liberalismo económico, defendiendo el
libre mercado, la división del trabajo y la no intervención del Estado en la
economía.
Su principal argumento es que la prosperidad de una nación no se mide por su
acumulación de oro y plata (como sostenía el mercantilismo), sino por su
capacidad de producir bienes y servicios de manera eficiente.
1. Contexto histórico
Adam Smith escribió La riqueza de las naciones en un momento de grandes
transformaciones económicas:
La Revolución Industrial estaba comenzando en Inglaterra, aumentando la
producción a niveles nunca antes vistos.
El mercantilismo, que dominaba la política económica de los Estados europeos,
favorecía la acumulación de metales preciosos y el control estatal del comercio.
Se estaban consolidando los mercados nacionales e internacionales, facilitando
el intercambio de bienes y servicios.
En este contexto, Smith propone un modelo económico basado en la libertad
de mercado y la competencia, sentando las bases del capitalismo moderno.
2. La división del trabajo y la productividad
Uno de los conceptos más importantes del libro es la división del trabajo, que
consiste en especializar a los trabajadores en tareas específicas para aumentar
la eficiencia y la producción.
Smith lo explica con un ejemplo famoso: En una fábrica de alfileres, si cada
trabajador hace todas las tareas, producirá pocos alfileres al día. Pero si el
trabajo se divide en tareas específicas (uno estira el alambre, otro corta, otro
afila, etc.), la producción se multiplica.
La división del trabajo permite:
Aumentar la productividad.
Desarrollar mejores habilidades en cada trabajador.
Reducir el tiempo de producción y los costos.
Sin embargo, Smith advierte que una excesiva especialización puede hacer el
trabajo repetitivo y monótono, afectando la creatividad y la moral del trabajador.
3. El mercado y la “mano invisible”
Uno de los conceptos más famosos de Smith es la idea de la mano invisible,
que describe cómo los intereses individuales benefician al conjunto de la
sociedad sin necesidad de intervención estatal.
Cada persona busca su propio beneficio, pero al hacerlo, contribuye al
bienestar general. Por ejemplo:
Un panadero no hace pan por caridad, sino porque quiere venderlo y ganar
dinero.
Sin embargo, al producir buen pan y ofrecerlo a un precio competitivo, satisface
la necesidad de los consumidores y mejora la economía.
Este mecanismo de oferta y demanda permite que los mercados se
autorregulen sin necesidad de control estatal. Para Smith, cuando el gobierno
interviene demasiado, limita la eficiencia del mercado.
4. Crítica al mercantilismo y defensa del libre comercio
En su época, el mercantilismo dominaba la economía europea. Este sistema
promovía:
Proteccionismo: Altos impuestos y restricciones al comercio exterior.
Acumulación de metales preciosos como medida de riqueza.
Intervención estatal en la economía para regular precios y producción.
Smith rechaza el mercantilismo y propone el libre comercio, argumentando que:
La riqueza de una nación no depende de cuánto oro tenga, sino de su
capacidad para producir y comerciar eficientemente.
Las restricciones comerciales limitan el crecimiento económico y benefician
solo a ciertos sectores.
El intercambio libre entre países permite que cada nación se especialice en lo
que mejor produce (lo que más tarde se llamaría “ventaja comparativa”).
Esta idea influenció el desarrollo del liberalismo económico y las políticas de
libre comercio que se expandieron en el siglo XIX.
5. El papel del Estado en la economía
Aunque Smith defiende el libre mercado, no es un absolutista del laissez-faire
(dejar hacer). Reconoce que el Estado tiene funciones esenciales:
1. Defensa nacional: Proteger al país de amenazas externas.
2. Justicia: Garantizar el cumplimiento de contratos y derechos de propiedad.
3. Obras públicas: Construcción de infraestructura (carreteras, puentes) que
beneficien a la economía pero que el sector privado no financiaría por sí solo.
4. Educación: Smith sugiere que el Estado debería fomentar la educación para
evitar que la división del trabajo convierta a los trabajadores en personas
ignorantes y sin oportunidades.
A pesar de esto, advierte que el Estado no debe intervenir en el comercio ni
fijar precios, ya que esto generaría ineficiencias y corrupción.
6. Los impuestos y el financiamiento del Estado
Smith también habla sobre los impuestos y establece cuatro principios básicos
para que sean justos y eficientes:
1. Equidad: Los ciudadanos deben pagar impuestos en proporción a su
capacidad económica.
2. Certeza: Los impuestos deben ser claros y predecibles, sin cambios
arbitrarios.
3. Comodidad: Deben cobrarse de manera práctica y accesible para los
contribuyentes.
4. Eficiencia: No deben ser tan altos que desmotiven la producción o el
comercio.
Para Smith, los impuestos son necesarios, pero deben ser diseñados para no
frenar la actividad económica.
7. Impacto y legado de La riqueza de las naciones
Las ideas de Adam Smith tuvieron un impacto enorme en la economía y la
política: Fundaron el liberalismo económico, influyendo en pensadores como
David Ricardo y John Stuart Mill.
Inspiraron políticas de libre comercio, especialmente en el siglo XIX con la
expansión del capitalismo.
Criticaron el proteccionismo, sentando las bases de la globalización económica.
Plantearon el debate sobre el papel del Estado en la economía, una discusión
que sigue vigente hoy.
Sin embargo, con el tiempo también surgieron críticas a sus ideas:
La “mano invisible” no siempre garantiza justicia social ni equidad.
El libre mercado puede generar monopolios y explotación laboral si no hay
regulaciones.
La desigualdad económica ha llevado a repensar el papel del Estado en
redistribuir la riqueza.
A pesar de estas críticas, La riqueza de las naciones sigue siendo un texto
fundamental para entender cómo funciona la economía moderna.