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Teorías Éticas: Aristóteles, Kant y Más

El documento aborda las principales teorías éticas, dividiéndolas en dos grupos: las que buscan la felicidad (aristotélica y hedonista) y las que se centran en la dignidad humana (kantiana y dialógica). Se exploran conceptos como la prudencia, el hedonismo, los mandatos morales de Kant y la ética discursiva, enfatizando la importancia del diálogo y la participación en la toma de decisiones morales. Cada teoría ofrece un enfoque distinto sobre cómo debemos actuar y considerar a los demás en nuestras elecciones éticas.

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Teorías Éticas: Aristóteles, Kant y Más

El documento aborda las principales teorías éticas, dividiéndolas en dos grupos: las que buscan la felicidad (aristotélica y hedonista) y las que se centran en la dignidad humana (kantiana y dialógica). Se exploran conceptos como la prudencia, el hedonismo, los mandatos morales de Kant y la ética discursiva, enfatizando la importancia del diálogo y la participación en la toma de decisiones morales. Cada teoría ofrece un enfoque distinto sobre cómo debemos actuar y considerar a los demás en nuestras elecciones éticas.

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Universidad autónoma de Nuevo León

Licenciatura en lengaje y produccion audiovisual

Ética y cultura de la legalidad

Principales teorías éticas

Liliana Reyes Manzanares 2106623

Prof. Catalina Martínez García

09/08/2024
El objeto de la ética

La ética busca definir lo moral. Según Xavier Zubir los seres humanos contamos
con inteligencia sentiente, somos a la vez sentimientos y razón; de forma que ni
nuestros sentimientos son puramente irracionales ni nuestra razón fría e
insensible. Esto se muestra con claridad en el ámbito moral, en el que hemos de
realizar elecciones. Para explicar cuándo una elección es moralmente razonable
han nacido distintas teorías éticas, de las cuales cuatro son más relevantes.

Las teorías se pueden dividir en dos grupos:

Teorías aristotélica y la hedonista: sostienen que la moral consiste en la


búsqueda de la felicidad.

Teorías la kantiana y la dialógica: consideran que la verdadera cuestión moral


es si existe algún tipo de seres a los que no se deben manipular, a los que hay
que reconocer con dignidad, y qué criterio debemos aplicar al tomar decisiones
para respetar realmente esa dignidad.

La tradición aristotélica

Aristóteles sostiene que todas nuestras acciones y elecciones tienen como


objetivo final la felicidad. La felicidad es el fin último que nos proponemos de forma
inevitable.

Una persona prudente es quien considera lo que le conviene a lo largo de su vida


y establece un orden para obtener el mayor bien posible. Una persona que solo
piensa en el presente y no en el futuro es imprudente.

Una persona prudente se enfoca en fines buenos, a diferencia de alguien que


puede ser hábil, pero lo usa para propósitos negativos. La prudencia implica
aplicar principios morales a situaciones concretas, ya que cada situación es única.

Es importante discernir qué deseos satsfacer para alcanzar la felicidad y cuáles


evitar, buscando siempre un término medio como sugiere Aristóteles. Este término
medio es clave en las virtudes, pues la virtud se encuentra en el exceso y el
defecto. La virtud no es solo un punto medio simple, sino el equilibrio adecuado
para cada persona. Lo que es suficiente para uno puede no serlo para otro.

La prudencia es una cualidad que se puede adquirir y requiere tanto una actitud
adecuada como entrenamiento. Se basa en la experiencia, lo que significa que
recordar las lecciones del pasado puede mejorar nuestra vida actual. La memoria
es el arte de conservar recuerdos que pueden ser útiles en el futuro.

Es importante instruirse y aprender los medios más adecuados para cada


situación. También se debe tener en cuenta las circunstancias relevantes, ya que
mientras los principios son curciales, los detalles específicos de cada situación son
fundamentales para tomar decisiones racionales.

La capacidad para prever el futuro es esencial, especialmente en un mundo lleno


de incertidumbre. Aquellos que pueden anticipar lo que podría suceder suelen
hacer elecciones más razonables.

La tradición hedonista

Epicuro de Samos inició una tradición ética hedonista al abordar la pregunta de


cómo ser felices. Se basa en tres puntos fundamentales.

 Todos los seres vivos buscan el placer y evitan el dolor.


 El comportamiento humano y animal está motivado por la búsqueda del
placer.
 La felicidad se logra organizando nuestra vida para maximizar el placer y
minimizar el dolor.

El hedonismo epicúreo se caracteriza por ser individualista, enfocándose en la


búsqueda del placer personal. Con el tiempo, se transforma en algo más social
llamado utilitarismo.

El utilitarismo sostiene que todos tenemos sentimientos que nos conectan con los
demás, como la simpatía, que nos permite entender y compartir las emociones
con otras personas.
La idea principal del utilitarismo es buscar la mayor felicidad posible para la mayor
cantidad de personas. Al tomar decisiones, debemos pensar en cómo nuestras
acciones afectan a otros y tratar de hacer lo que beneficie a más personas.

La razón calculadora es esencial para entender los diferentes tipos de placeres.


Epicuro distingue entre placeres inestables, que se experimentan al no sentir dolor
físico o emocional, y placeres positivos, como la alegría, que son considerados
superiores.

Jeremy Bentham propone que los placeres pueden medirse y compara su


intensidad, duración, proximidad y seguridad para maximizar el bienestar de la
mayor cantidad de personas. Por otro lado, J.S. Mill argumenta que los placeres
deben diferenciarse por su cualidad, no solo por su cantidad, Según Mill, quienes
han experimentado ambos tipos de placeres son los más capacitados para juzgar
cuál es cuál.

La tradición kantiana

Immanuel Kant propone un enfoque moral diferente. Aunque todos buscamos ser
felices, cada persona tiene su propia idea distinta de la felicidad. Por eso, la razón
prudencial solo puede ofrecer consejos sobre cómo ser felices. Sin embargo, hay
mandatos morales que debemos seguir sin pensar en nuestra felicidad, como “no
matar” o “no ser hipócrita”. Para Kant, quienes actúan en contra de estos
mandatos no son auténticamente humanos.

La razón de las leyes morales que guían nuestro comportamiento hacia la


autenticidad. Estas leyes son mandatos categóricos, lo que significa que son
incondicionales y no depende de si queremos ser felices. El valor de ser una
buena persona es más importante que cualquier otra meta. Así, la razón práctica
es la que fundamenta estas leyes morales y orienta nuestras acciones sin
condiciones.

Kant sugiere un test para determinar si una norma es una ley moral, expresada
como un imperativo categórico. Este test tiene tres pasos:
 Preguntarse si la norma debería ser cumplida por todos los seres humanos,
ya que debe respetar y promover seres que tienen valor en sí mismos.
 La norma debe proteger a fines en sí, es decir, seres racionales que no
deben ser tratados como simples medios para otros fines.
 Se debe considerar si esta norma podría ser válida en un “reino de los
fines”, donde todos los seres racionales se tratan como fines y no como
medios, evitando así la manipulación entre ellos.

Formulaciones del imperativo categórico de Kant se expresan en tres principios:

 Actúan solo según aquella máxima que desearías que se convirtiera en una
ley universal.
 Trata a la humanidad, tanto en ti como en los demás, siempre como un fin
en sí mismo y nunca solo un medio.
 Actúa según máximas que podrían ser adoptadas por un legislador
universal en un posible reino de los fines.

La autonomía es la capacidad de las personas para establecer sus propias


normas morales, en lugar de seguir órdenes externas o dejarse llevar solo por sus
deseos. Esto significa que, al tomar decisiones sobre lo que es correcto o
incorrecto, podemos considerar cómo nuestras acciones afectan a los demás.

Según Kant, los seres humanos son valiosos en sí mismos y no pueden ser
vendidos ni intercambiados por un precio. Ya que no tienen equivalente. Esta idea
de que las personas son absolutamente fundamentales y no pueden ser tratadas
como mercancías es aceptada por todas las éticas contemporáneas.

La tradición dialógica

La tradición dialógica en ética, que se remonta a Sócrates y de desarrolla a través


de pensadores como Martin Buber, ha cobrado nueva vida con la ética discursiva
de Karl-Otto Appel y Jürgen Habermas. Estos autores consideran que la
aportación de Kant es valiosa, pero adolece de un defecto. Ellos sostienen que las
normas morales no se determinan de manera individual, sino a través del diálogo
con otros.
Por ejemplo, si se cuestiona la moralidad del servicio militar obligatorio, en lugar
de aplicar el imperativo categórico kantiano de forma aislada, se propone un
diálogo entre los afectados por esa norma. Este enfoque se basa en dos
principios: el principio de universalización y el principio de ética del discurso.

El primero establece que una norma es válida si todos los afectados pueden
aceptar sus consecuencias. El segundo indica que solo las normas aceptadas por
todos los involucrados en el diálogo pueden considerarse válidas. Así, el acuerdo
no es un simple pacto estratégico, sino un resultado comunicativo que busca
satisfacer intereses universales.

La ética discursiva enfatiza la importancia de la comunicación transparente y la


participación equitativa en las decisiones que afectan a todos. Hablar de dignidad
humana implica reconocer que todos somos dignos y debemos ser considerados
en la deliberación sobre las normas que nos afectan. Por lo tanto, es fundamental
participar en diálogos donde se respeten las condiciones de simetría y equidad.

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