Impacto de Las Torres
Impacto de Las Torres
Principales Impactos
Impacto Global
A su vez generan un gran impacto en el ambiente global por la energía utilizada para
proveer a los edificios de los servicios necesarios y de la energía contenida en los
materiales utilizados en la construcción.
El consumo de energía que supone mantener los ambientes interiores en unas
condiciones adecuadas es el gasto energético más importante de los edificios, y causa
uno de los mayores impactos sobre el medio ambiente, ya que se produce durante todo
el período de funcionamiento de los mismos. (cambio climático - efecto invernadero).
El uso intensivo de aire acondicionados y la falta de ventilación provocan el síndrome
de edificio enfermo.
Islas de calor
Las islas de calor urbano, que se crean por efecto del calor sobre el pavimento y los
edificios de las grandes ciudades costeras, hacen que el aire caliente suba e interactúe
con las brisas marinas, hecho que crea lluvias más frecuentes y más fuertes en las
ciudades y en los espacios donde llega el aire.
Según la NASA, las zonas urbanas con las concentraciones más elevadas de edificios,
autopistas y otras superficies artificiales retienen el calor, lo cual hace que las
temperaturas de los alrededores suban y se creen islas de calor. El aire caliente que se
eleva, ayudado por las altas temperaturas, puede ayudar a producir nubes lo cual
provoca más lluvias en torno a las ciudades. Los edificios de diferentes alturas hacen
que los vientos converjan y los conducen hacia arriba, lo cual facilita la formación de
nubes.
Impacto Regional
Las torres son iluminadas en su parte exterior, reduciendo la confortabilidad del sueño
de habitantes y vecinos.
Por su altura pueden ser usados para antenas transmisoras de la telefonía celular móvil
produciendo radiación electromagnética no ionizante, de gran riesgo para la salud
humana.
Impacto Social
Un no lugar es un sitio que carece de identidad propia. Es algo que puede estar en
cualquier lugar del mundo, porque no pertenece a la cultura local. Por ejemplo, un
shopping o un aeropuerto son idénticos con independencia del país en el que nos
encontremos.
El caso de Puerto Madero es sugestivo, porque los viejos docks le dieron una fuerte
identidad inicial, que ahora está perdiendo a medida que se levantan nuevas torres,
idénticas a las que podrían levantarse en Nueva York o en Hong Kong. Además, los no
lugares son maneras de privatizar los espacios públicos. Esta privatización del espacio
público no tiene por qué ser económica o jurídica. Es decir, que no hace falta vender un
espacio público para privatizarlo. También se lo puede privatizar culturalmente, si se le
da un signo diferente al de nuestra identidad cultural.
Fuentes:
20 de octubre de 2005
Además, el impacto de los actuales edificios, que ocupan cada vez más una
mayor parte del territorio, crea un ambiente físico hostil para el desarrollo
cotidiano de las actividades de los ciudadanos. Muchos edificios modernos
crean atmósferas interiores insalubres y hasta peligrosas para sus ocupantes,
pudiendo dar lugar a problemas como el denominado "síndrome del edificio
enfermo". Los nuevos edificios herméticos con climatización controlada
retienen COV que pueden llegar a ser tóxicas para sus ocupantes. En cuanto a
los residuos sólidos urbanos, el mayor volumen no se genera en el período de
construcción de los edificios, sino en su utilización diaria durante su vida útil.
No hemos podido comprobar la estimación de vida útil del Proyecto en ninguna de las
publicaciones consultadas, a pesar de las largas chácharas que respecto a su hito urbano
nos han proporcionado sus autores y asociados. Sin entrar en conclusiones psicológicas
acerca del deseo oculto (a veces no tanto) de la inmortalidad de sus obras, es justo
estimar que una obra de estas características debiera tener una vida útil de 150 años,
siempre y cuando no se vea amenazada por la dinamita de una nueva excepción o un
nuevo hito urbano.
En los párrafos siguientes iremos explicando mejor estas etapas, a la luz de los impactos
de cada una de ellas y resaltando las brechas existentes en el Plan de Mitigación de Obra
presentado por el Titular y lo que en realidad debiera exigírsele al respecto.
Esta etapa es la de mayor dimensión, de acuerdo al tamaño físico del Proyecto. Aunque
más allá de las etapas independientes en que se van a construir ambas torres, es posible
diferenciar otras etapas que son necesarias a la hora de construir proyectos de esta
envergadura.
Entre estas sub etapas podemos distinguir: despeje del terreno, excavaciones,
instalaciones de cimientos, instalación de faenas de obra, instalación de estructura
soportante, hormigonado, construcción de áreas verdes y finalización de detalles de
obra.
Por ello mismo debiera ser importante para el Titular la conservación y el conocimiento
de las especies arbustivas y arbóreas con que cuenta su lote y las veredas aledañas al
Proyecto. De esta manera, el Titular podrá privilegiar aquellas especies que paisajística
y biológicamente le otorguen mayor riqueza al proyecto paisajístico de sus áreas verdes,
además de conservar la continuidad arbórea de la rambla aledaña.
Una vez estimados los impactos, el Titular debiera proponer las medidas de mitigación
necesarias para disminuir tales efectos, que pudiesen ir desde el establecimiento de días
y horas específicas de trabajo que afecten lo menos posible a vecinos y transeúntes hasta
la utilización de herramientas manuales sin emisión de ruido para evitar los efectos
sobre la biota circundante.
En esta etapa el Titular realiza la nivelación del terreno, las excavaciones necesarias
para la construcción de los estacionamientos subterráneos y la colocación de los
basamentos de la obra gruesa.
Para la nivelación y excavación inicial del terreno, el Titular utiliza maquinaria mayor,
del tipo bull-dozer, motoniveladoras, rodillos hidráulicos y retroexcavadoras, las cuales
tienen diferentes efectos sobre el componente aire. En primer lugar, la operación de esta
maquinaria levanta polvo y material en suspensión del terreno, conocido también como
material particulado (MP). De este material, existe una porción que posee un diámetro
menor a 10 micrones, que es nocivo para la salud humana y que se denomina MP-10.
Este material en suspensión es levantado desde el terreno y de acuerdo al
comportamiento de los vientos puede ser arrastrado a varios kilómetros de distancia, por
lo que la dimensión territorial de dicho impacto se debería evaluar de acuerdo a los
vientos reinantes en condiciones normales que existen en el período de excavación y
movimientos de tierras.
La dispersión de este material también puede afectar la visibilidad del sector, lo cual no
sólo puede afectar los índices de accidentabilidad al interior de las faenas, sino también
al aumento del riesgo de accidentes vehiculares y atropellamientos de peatones en las
calles y avenidas aledañas al Proyecto. Finalmente, la dispersión de MP-10 afecta la
visibilidad de las aves de la Reserva Costanera Sur y causa irritación en las mucosas de
aves y mamíferos del sector, afectando los ojos, sistema olfativo y respiratorio.
En términos de prevención y mitigación de estos efectos por parte del Titular, se pueden
realizar diversas actividades que disminuyan la dispersión del material particulado.
Ellas pueden ser la humectación de las superficies a ser removidas, la realización de
faenas en las horas con menores velocidades de viento, en las cargas de camiones con
tierra disminuir la altura de descarga, humedecer los neumáticos que se retiran de las
faenas para no dispersar el material en calles aledañas, recubrimiento de los cierres
perimetrales de las obras con redes de nylon, etc.
Los impactos ambientales no sólo tienen un efecto inmediato, sino que pueden tener un
efecto acumulativo, lo cual deriva en situaciones que podrían manifestarse años después
de finalizadas las obras. En el caso del material particulado respirable (MP-10) este
efecto crónico se visualiza en los trabajadores y operarios que han sido expuestos
sistemáticamente a dicho material por un período determinado de tiempo, como sucede
en el Proyecto en cuestión. Por lo tanto, se recomienda el uso de equipo de protección
personal adecuado por parte de los trabajadores, consistente en barbiquejos con filtro o
máscaras con filtro para material particulado, además de algún recubrimiento en los ojos
como antiparras o lentes de seguridad que no permitan el paso de este material. Este
equipo de seguridad debiera ser provisto por el Titular para resguardar la salud física de
sus trabajadores.
Asimismo, es necesario considerar que las maquinarias descritas anteriormente para esta
etapa funcionan generalmente con petróleo, lo cual ocasiona una emisión de gases
contaminantes a la atmósfera, como dióxido de carbono (CO2) y gases nitrosos (NOx).
Estos gases son nocivos para la salud humana en emisiones muy concentradas y en
situaciones donde existe poca dispersión de los mismos por efectos de vientos (poco
viento, capas de inversión térmica, vientos descendentes). Asimismo, impactan
negativamente a las aves del sector. Para controlar los efectos adversos de estos gases se
puede operar con maquinarias con convertidores o filtros catalíticos, realizar adecuadas
y pertinentes mantenciones y cambios de los filtros de hidrocarburos y evitar las
operaciones en días con condiciones meteorológicas adversas para la dispersión de los
gases.
En primer lugar es importante señalar que nuevamente esta operación ofrece efectos
acústicos sobre el nivel basal original en el sector, tanto en la instalación de los pilotes
como en el funcionamiento de las electrobombas sumergibles para deprimir las napas.
Las medidas de mitigación relacionadas a este aspecto son similares a las descritas
anteriormente, sin perjuicio de que el efecto del ruido proveniente de un nivel
subterráneo pueda ser menor a los anteriores (maquinarias y desmalezamiento) y de que
las electrobombas sumergibles de última generación han disminuido considerablemente
la emisión de ruido en sus versiones más recientes.
Estas vibraciones pueden tener efectos adversos sobre el medio humano construido. Su
intensidad podría provocar quebraduras de vidrios en edificios cercanos, caídas de
objetos y daños materiales en los mismos edificios, rajaduras y contracciones de
pavimentos de aceras y calzadas cercanas, inclinaciones y hasta caídas de postaciones
eléctricas, etc. A los seres humanos no genera efectos sobre la salud, pero sí riesgo de
pánico o inseguridad en habitantes no acostumbrados a estas vibraciones por no residir
en un área considerada sísmica.
Para descartar que el Proyecto pudiera ocasionar un daño ambiental de tal magnitud, el
Titular debiera encargar un estudio técnico de vibraciones que le permitiera calcular la
dispersión territorial que va a tener las vibraciones. Este cálculo no sólo depende de la
intensidad y frecuencia de las vibraciones emitidas por la instalación de los 64 pilotes,
sino que deben agregarse variables como la calidad de los suelos circundantes, su
mecánica de suelos y rocas, su estructura geológica, la existencia de napas subterráneas
que faciliten la transmisión, entre otras.
Finalmente, y no por ello menos importante, es necesario abordar el tema del manejo de
las posibles napas freáticas que pudiese atravesar el Titular en su tarea de instalar los 64
pilotes.
Es muy probable la existencia de dichas napas, sobre todo en este sector tan cercano al
Río de la Plata. La depresión de las napas con electrobombas pudiese tener efectos
adversos sobre el normal gradiente hídrico del acuífero, pero se asume que la recarga
del mismo mediante lluvias no provocaría situaciones de cuidado en el mediano y largo
plazo.
En el caso de ser “conducidas sin más al bañado de la costanera del río”, se debe ser
cuidadoso en los caudales a ser conducidos hacia el bañado ya que, a pesar de que a
primera vista se ve como un humedal capaz de soportar niveles inmensos de agua, es en
realidad un ecosistema en perfecto equilibrio cuyas características pudiesen ser alteradas
drásticamente si se aumentan de manera rápida sus caudales. Aunque en términos
naturales una inundación posee un efecto similar y el ecosistema se recupera y se
regenera en el mediano plazo, los efectos inmediatos igual son grandes. Por otra parte,
el impacto ambiental causado por una obra humana no posee la misma justificación
moral que aquellos causados por un fenómeno natural.
Más allá del problema de los caudales, se hace imperativo que, ante la descarga de las
aguas al bañado de la costanera del río, se realice un examen físico a las aguas
bombeadas desde las napas freáticas. Esto debido a que las condiciones de temperatura,
Ph, turbidez y TSD (Sólidos Totales Disueltos) pudiesen ser considerablemente
diferentes a las reinantes en el bañado, lo que podría alterar ciertos elementos del
ecosistema como la microflora, la flora arbustiva y la microfauna, extendiéndose
gradualmente su impacto al resto de la cadena alimentaria del ecosistema.
Aunque el Titular postula “que las aguas extraídas en esta zona no están contaminadas,
razón por la cual pueden ser vertidas al río”, no adjunta ni presenta ningún análisis
químico de las mismas. Este análisis es de suma importancia, ya que habrá de dispersar
las dudas acerca de la concentración de elementos químicos en las aguas y si alguna de
estas concentraciones superan normas de carácter nacional o internacional, ya sean estas
normas primarias (que afecten la salud humana) o secundarias (que afecten a la flora y
fauna).
Se puede dar el caso de que la calidad química del agua de las napas se vea alterada
también por elementos orgánicos, como coliformes fecales si es que existieran aguas
arriba en el acuífero contactos imprevistos de las napas con redes de alcantarillado. Este
aspecto también debiera ser estudiado, por cuanto el exceso de materia orgánica
también puede afectar negativamente al bañado, además de provocar malos olores y
aumento de insectos.
Para prevenir cualquier efecto adverso al respecto, también el Titular puede disponer de
un análisis de las características físicas y químicas del bañado de la costanera del río ya
que, en caso de que sus características fueran similares a las de las aguas extraídas de
los pozos de bombeo y éstas no superaran ninguna norma primaria ni secundaria de
calidad de aguas, podrían disponerse en el bañado, siempre teniendo en cuenta lo
relativo al caudal desaguado, ya mencionado con anterioridad.
Estas instalaciones no poseen un mayor impacto sobre el medio ambiente fuera del
recinto de construcción, pero generan efectos adversos sobre los trabajadores y sobre
algunos elementos físicos del ambiente.
En primer lugar, se hace necesario que los trabajadores que operen maquinaria con
emisiones mayores de decibeles, usen protectores auditivos adecuados. Estas
maquinarias se usan comúnmente para cortar metales, pulirlos, lijado de maderas, corte
de maderas, etc.
Un caso particular son las bodegas, sobre todo de aquellas que contienen materiales de
carácter peligrosos químicamente y que son combustibles, como pinturas, solventes,
vinílicos, aditivos y pegamentos. En primer lugar, se debe velar por la seguridad de los
operarios, por lo que se hace necesario que cada material cuente con su Hoja de
Seguridad (HDS), provista por el fabricante. Esta Hoja da cuenta de la peligrosidad del
producto, de las recomendaciones del fabricante para su disposición y manipulación,
como también de las medidas inmediatas de primeros auxilios que deben ser aplicadas a
un trabajador que accidentalmente pueda haberlos ingerido, o hubiese tenido contacto
con su nariz, boca u ojos. Asimismo, es necesario que las bodegas estén ordenadas por
tipo de materiales, ya que existen recomendaciones contra el almacenamiento adyacente
de sustancias químicas que pudieran activar explosiones o incendios si entran en
contacto.
Otro aspecto que debe velarse en las bodegas es que éstas tengan un piso o losa
impermeable que impida el escurrimiento accidental de sustancias químicas hacia el
suelo y eventualmente a las napas freáticas subterráneas, alterando la calidad ambiental
de estos elementos físicos del medio ambiente.
2.1.2. d) Hormigonado
Esta fase es la que toma en cuenta en mayor medida el Plan de Mitigación presentado
por el Titular y, la única que a su juicio, vale la pena analizar.
En un análisis preliminar del tema, el Titular estima que los mayores impactos que
pudiese ocasionar esta etapa sobre el medio ambiente se refieren casi exclusivamente a
las molestias viales y peatonales que sobre calzadas y aceras pudieran ocasionar los
camiones y maquinarias relacionadas con la provisión de hormigón al Proyecto.
Es evidente que tales impactos son reales, sobre todo si se considera construir casi
60.000 m2 de obra en hormigón. También menciona el impacto acústico, aunque lo
circunscribe a los peatones, debiéndose agregar los vecinos y también a la fauna vecina
de la Reserva Costanera Sur. Este aspecto ha sido desarrollado in extenso en capítulos
anteriores, por lo que no vale la pena dejar en evidencia una nueva omisión de parte del
Titular.
Se hace necesario aclarar que los impactos viales no tienen una dimensión espacial
local, sino más bien una dimensión lineal relacionada con los flujos vehiculares y la
ubicación de los orígenes y destino de cada uno de los viajes relacionados con una
actividad en particular.
Con esta información disponible se podrá realizar un acabado Estudio de Impacto Vial,
no sólo referido a los problemas locales generados en la calle de descarga del material,
ni en sus veredas aledañas, sino a lo largo de todo el desplazamiento vehicular de los
camiones hormigoneros.
Asimismo, sabiendo la frecuencia de viajes (Nº de viajes por hora o por día) y el detalle
del recorrido, se podrían verificar las intersecciones de calles y avenidas más
conflictivas. Para ello, sería conveniente que el Titular hiciera previamente una encuesta
visual del número de vehículos (motocicletas, automóviles, camionetas, furgones,
camiones, microbuses, etc.) que circulan en el plazo de una hora (o en las horas en que
los camiones hormigoneros van a circular) en dichas esquinas conflictivas, de manera
de estimar potencialmente la sobrecarga vehicular que generará el proyecto.
Finalmente, un aspecto que no debe dejarse de lado, más allá del impacto acústico de la
descarga del hormigón, es el impacto acústico y de vibraciones que se genera por la
circulación de camiones de alto tonelaje en vías que no están diseñadas para tal tipo de
tráfico, situación que sabiamente menciona el Titular al referirse al posible impacto del
peso de los camiones sobre la calidad de la calzada. Este impacto acústico y de
vibraciones por la circulación de dichos camiones afectaría también la fauna de la
Reserva Ecológica Costanera Sur, sobre todo a roedores y reptiles. Para prevenir sus
efectos, calcularlos e implementar un plan de mitigación, el Titular debería ceñirse a lo
ya descrito en el punto 2.2.b).
Aunque no revisten una mayor peligrosidad que los residuos industriales, los RCD son
conocidos por su gran tamaño y volumen, y por el excesivo peso por volumen que
presentan, lo que agrega un desafío mayor a la hora de diseñar vertederos o depósitos
para disponer tales residuos.
Ahora bien, sabido es que los escombros no presentan superficies planas ni homogéneas
y que su gran volumen produce que, a la hora de disponerlos en un depósito, se generen
espacios intersticiales entre los escombros, lo que se denomina esponjamiento del
material. Estos espacios intersticiales generalmente se rellenan automáticamente con
tierra o elementos de escombros más finos. Esta situación hace que el volumen total de
los escombros crezca de acuerdo a un índice de esponjamiento.
Dicho índice se sitúa entre 0.3 y 0.35 por cada m3 de escombros, y al ser multiplicado
por la cantidad de éstos, nos arroja un valor que indica los m3 adicionales producto de
este esponjamiento o generación de espacios intersticiales, los cuales, ciertamente no
pueden ser llenados totalmente.
Por lo tanto, el cálculo resultante es que los 11.370 m3 de escombros tendrían un peso
estimado entre 17.055 y 21.603 toneladas, arrojando un promedio de 19.329 toneladas.
Esta cifra nos permite estimar el impacto vial que tendría exclusivamente la operación
de ir a disponer estos escombros a un vertedero autorizado para aceptar estos residuos.
Tomando un valor normal del mercado, podríamos estimar que estos recorridos se
realizarán en camiones con capacidades de carga de 20 toneladas.
De esta manera, la cantidad de camiones con escombros que circularían durante la etapa
de construcción es del orden de 966 camiones, distribuidos en los meses de construcción
de ambas torres.
En virtud de esta cantidad total de camiones, el Titular deberá estimar el Impacto Vial
causado por esta actividad de retiro de residuos de construcción, conformados por los
escombros y la tierra removida. Para ello, al igual que con los camiones hormigoneros,
deberá establecer la ruta que seguirán estos camiones, definiendo un vertedero
autorizado para la disposición final de los RCD, su ubicación, distancia al proyecto,
establecer las rutas, identificar las esquinas y cruces entre calles más conflictivos,
establecer horas de transporte del material, etc.
Por ello, es preciso que el Titular supervise la manera en que se van a disponer estos
residuos en el vertedero, el ordenamiento de los RCD en celdas o acumulación y el
recubrimiento de ellos, con el fin de minimizar los impactos causados por la dispersión
de MP10 en estas operaciones.
Previamente, es difícil dividir esta Etapa en diferentes subetapas, debido a que el Titular
ha definido el Proyecto como una edificación destinada a viviendas y no se prevé otro
uso para los años que, externamente, le hemos asignado como de vida útil, es decir, 150
años.
No vale la pena subdividir esta etapa, para este caso particular de análisis del impacto
ambiental, en las dos etapas de construcción de las dos Torres. Esto debido a que
cuando la Torre 2 esté en etapa de construcción la Torre 1 ya estará en la etapa de
operación de acuerdo a lo manifestado por el Titular. Por lo tanto, para cualquiera de las
dos Torres, los impactos de su construcción y operación serán similares, por lo que no
amerita analizar estas etapas por separado para cada Torre.
Este es un factor crítico a tener en cuenta por el Titular, no sólo por las consecuencias
ambientales que podría tener (ya descritas en el punto 2.2.). Las consecuencias
económicas y comerciales del Proyecto son impredecibles, ya que los impactos
ambientales sobre los habitantes de la Torre 1 podrían ocasionar disconformidades hacia
la empresa constructora y la administración del edificio, baja en las ventas de
departamentos en la Torre 1, lo que a su vez quitaría financiamiento para construir la
Torre 2.
Ahora bien, si la cifra perteneciente a la Ciudad de Buenos Aires nos parece excesiva y
apabullante, es necesario mencionar que si la ciudad adoptara la ocupación espacial
propuesta por el Titular en su Proyecto, nos encontraríamos con densidades del orden de
los 105.000,00 habitantes por km2, superando por más de 7 veces la actual
configuración socioespacial de la Ciudad. Pero, como lo dice el Titular, menos mal que
este Proyecto es una excepción urbana.
Más allá de la consiguiente preocupación de instalar un Proyecto de estas dimensiones
socioespaciales enormes frente a la Reserva Ecológica Costanera Sur, se hace
imperativo quizás no para el Titular, pero sí para los servicios públicos que avalan la
aprobación de tales proyectos, tener en cuenta que la demanda y la presión demográfica
sobre sus servicios también posee un impacto económico y de gestión muy importante.
No sólo se trata de la recolección de residuos domésticos (tema que trataremos más
adelante) sino también el aprovisionamiento de agua, la capacidad de la red de
alcantarillado, mantenimiento de áreas verdes públicas, alumbrado público, seguridad
ciudadana y un largo etcétera de servicios que son administrados por la Ciudad, el
Estado y empresas públicas y privadas que deben hacerse cargo de la mayor demanda
de sus servicios por nuevos proyectos excepcionales y de una envergadura superior a 7
veces lo que la ciudad está acostumbrada a soportar en promedio.
El Proyecto , de acuerdo a datos informados por el Titular, posee dos cocheras por
departamento, esto es, un total de 320 cocheras para propietarios distribuidas en dos
plantas subterráneas. A ello habría que sumarle las cocheras de cortesía para las visitas,
cuyo número no se describe, pero podríamos estimarlas en 30 más, sumando finalmente
350 cocheras para el Proyecto.
Cómo lógicamente el titular no posee la información del destino de los viajes de los
futuros propietarios (quizás no posee todavía sus datos personales), es imposible aplicar
un Estudio de Impacto Vial acabado y completo como el propuesto en el punto 2.1.2.d).
El conocimiento y medición del impacto que este aumento de 320 vehículos pudiera
ocasionar en el tráfico y en la posible congestión vial de las calles de acceso y las calles
y avenidas cercanas, es necesario para una serie de decisiones que el Gobierno de la
Ciudad deberá tomar para mitigar este aspecto. Decisiones en torno a ensanchar vías de
acceso, a instalación de semáforos, a construcción de ciclovías y espacios para peatones
en las cercanías de la Reserva Costanera Sur, demarcación de pasos de cebra para
peatones y un largo etcétera de decisiones que tienen relación con la seguridad vial y
peatonal de los habitantes, que deben ser solventados con fondos del erario público, a
pesar de ser gatillados por un Proyecto particular.
Asimismo, el aumento del flujo vehicular añade un elemento más a la larga lista de
aspectos del Proyecto que inciden acústicamente sobre la fauna de la Reserva Ecológica
Costanera Sur y sobre los vecinos que actualmente residen en un sector donde se
privilegia la recreación y las áreas verdes para toda la ciudad por sobre la realización de
obras monumentales para el beneficio de unos pocos.
El Proyecto nos indica que su altura total será de 160 metros, distribuidos en dos Torres
de 46 pisos cada una y que se unirán entre sí en cuatro puntos diferentes, mediante la
instalación de puentes a distintas alturas.
Este hecho, que no sólo preocupa ambientalmente, genera una clara interrogante acerca
del confort que se puede dar a sus habitantes debido al viento existente a tales alturas,
además de la seguridad en las uniones entre los puentes y las Torres. Este hecho fue
analizado inclusive en una publicación de abril de 2002 emitida por la Asociación de
Ingenieros Estructuralistas de la República Argentina, AIE.
Se reconoce que las condiciones climáticas de las ciudades, al igual que cualquier otra
porción del orbe, responde a las características atmosféricas globales. Por otra parte, al
estudiar en particular las condiciones meteorológicas locales de las grandes urbes
mundiales, es posible verificar la creación de verdaderos microclimas en cada una de
ellas. Estos microclimas se generan a partir de diferentes factores, la mayoría de ellos
producto del accionar humano, al aceptar a las ciudades como un medio ambiente
construido por el Hombre.
Estos vientos locales son muy poco estudiados a nivel urbano, pero son de vital
importancia para muchos aspectos ambientales, estructurales, arquitectónicos,
económicos y hasta de calidad de vida. El estar ubicado a sotavento de una fábrica que
emite olores o gases nocivos (curtiembres, fábrica de pinturas, de plásticos, etc.) no sólo
afecta por el olor (calidad de vida), también puede afectar la salud de las personas y
animales domésticos (medio ambiente humano y animal), tomar la decisión de no
construir en altura (arquitectura) y hasta producir una caída en el valor del suelo urbano
(impacto económico).
La importancia del estudio de estos vientos locales es vital, ya que a la hora de realizar
ordenanzas y restricciones de zonificaciones de viviendas, comerciales e industriales,
generalmente se toman en cuenta los vientos mayores que responden a una realidad
climática a escala macrourbana y no los vientos locales de manifestaciones a pequeña
escala y de carácter meteorológico.
La Reserva Ecológica Costanera Sur, fue creada en 1986 por Ordenanza Municipal de la
Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, con el fin de proteger y resguardar el
único sector de la ciudad de Buenos Aires con ambientes silvestres, con fines
recreativos, educativos y científicos.
De acuerdo a datos disponibles, se pueden encontrar, entre otras, las siguientes especies:
Macá, Biguá, Jacana, Gallaretas, Garza Mora y Garza Blanca, el Sirirí Pampa, el Cisne
de Cuello Negro, Pico de Plata, Verdón, Zorzal, Carpintero Real, Tacuarita Azul, Patos
Gaviotas, Benteveo.
Es por ello, que más allá de poder solucionar el problema del confort de sus futuros
propietarios, el Titular debiera también preocuparse de analizar los impactos que los
remolinos y alteraciones del flujo del viento por causa de su Proyecto pudieran causar
sobre las aves de la Reserva.
Un ejemplo preciso de esta situación es la influencia que posee el cono de sombra de las
obras de mayor envergadura en cuanto a altura y volumen. Este cono de sombra actúa
como un verdadero eclipse solar para las áreas que se encuentran en oposición al Sol
con respecto de la obra.
Ante el Proyecto Torres el Faro, y al haber dos torres separadas, se hace evidente que
tendremos dos conos de sombra, los cuales podrían actuar simétricamente en algunas
épocas del año y en conjunto como un solo cono mayor, en otras, dependiendo del
movimiento aparente del Sol a lo largo del período anual orbital de traslación terrestre.
Este cono se prolonga hacia el Oeste durante las horas matinales, afectando a los
edificios y vecinos ubicados al poniente de su emplazamiento. Desde el momento en
que una persona habita un edificio en altura y que conoce la reglamentación urbana que
permite la construcción de otro edificio similar muy cerca al suyo, consciente o
inconscientemente “acepta las reglas del juego” de la fábrica inmobiliaria.
Ahora bien, las reglamentaciones urbanas están hechas para establecer criterios,
generalmente basados en lo que no se puede hacer más que en lo que se pudiera hacer.
Por ello a veces nos damos el lujo de contar con excepciones urbanas como el Proyecto
Torres el Faro, quizás no previstas en lo que no se puede hacer por lo extra(-)ordinario
de su escala y que afecta a aquellos que aceptaron “las reglas del juego”, pero que ahora
tal vez sepan cómo se sintió David frente a Goliat.
Podemos coincidir o no con los posibles reclamos de los vecinos situados al poniente
que presenten sus reclamos. Por último, “las reglas del juego” establecen el derecho al
pataleo entre congéneres humanos en una sociedad civilizada.
¿Pero qué podríamos hacer para escuchar el reclamo de los habitantes del sector
ubicado al oriente del Proyecto?
Estos habitantes (es decir, que ocupan un hábitat) se ven afectados por los conos de
sombra que se prolongan hacia el Este durante las horas vespertinas, recibiendo un
eclipse solar como principal atracción turística de las tranquilas tardes porteñas.
Numerosas son las descripciones de cómo los eclipses o la falta de luz solar afecta a la
fauna y flora natural, incidiendo en aspectos tan variados como sus hábitos alimenticios
y de descanso, el vuelo de las aves, el crecimiento de las plantas, el sentido de
orientación de aves y mamíferos, etc.
Una mención especial ameritan los reptiles que viven en la Reserva. Son especies
poiquilotermas, es decir con una temperatura variable de su cuerpo, conocidos
normalmente como animales de “sangre fría”. Por lo tanto, su dependencia de la luz (y
el calor) solar es vital y cualquier elemento que genere sombra por un tiempo
prolongado los afecta mayormente.
Baste recordar que una de las principales teorías de la extinción de los dinosaurios
(grandes reptiles) es que un meteorito gigante colisionó con la Tierra, levantando una
gran nube de polvo que tapó la luz solar por un período tan prolongado que provocó la
desaparición de estas especies.
En definitiva, los efectos ambientales de los conos de sombra sobre la flora y fauna de
la Reserva Costanera Sur, son mayores de lo que cualquier arquitecto e ingeniero
pudiera imaginar a priori.
Lamentablemente, la flora y fauna están instalados en un lugar que les dio acogida
espontáneamente, no se rigen por las regulaciones urbanas, es más, no conocen “las
reglas del juego”. Peor aún, su único derecho al pataleo es migrar, alterar sus hábitos
drásticamente, e incluso morir.
Como ya habíamos visto en el punto 2, esta etapa es muy difícil de aceptar por todo
Titular que busca trascender a través de un Proyecto emblemático, de excepción, debido
a la tentación de trascendencia inmortal que todo artista busca con su obra.
El caso de las Torres El Faro se somete a esta regla, sobre todo cuando el Titular
pretende que su Proyecto sea “la proa de la Ciudad de Buenos Aires”, inculcándole
además dicho nombre a la empresa encargada de ofertar los departamentos y organizar
la demanda por ellos.
En primer lugar, debemos estar conscientes que nada dura para siempre y, aunque la
popa del barco se hunda primero, inexorablemente también se hundirá la Proa de la
Ciudad, en sentido figurado, por cierto. El plazo que mencionamos de 150 años será
excesivo para unos y amarrete para otros, pero nos ayuda a sentar una base de cálculo
frente al silencio que sobre este tema recibimos por parte del Titular.
Es muy posible que las Torres El Faro sufran mutaciones a lo largo de su vida útil,
sobre todo de carácter funcional. Es posible, como ha pasado con otros edificios de
viviendas, que se transforme parcial o totalmente en oficinas y centro de negocio,
debido a su ubicación y a las posibles frases rimbombantes con que el Titular o sus
continuadores podrán ofertar dichas oficinas: “su empresa en la Proa de la Ciudad”,
“Llegará Ud. a la meta antes que los de la Popa”, etc.
Más allá de estas especulaciones, está claro que el proyecto llegará a su fin, ya sea por
fallas estructurales debido al desgaste de materiales, por impactos en el valor del suelo,
por nuevas excepciones urbanas más altas u otros imponderables, entre ellos el posible
resurgimiento de brigadieres-intendentes dispuestos siempre a decorar nuestro espacio
urbano con alguna autopista.
En todos los casos, la salida lógica para el fin de la vida útil del Proyecto, es la
demolición de su estructura. Esto presupone una actividad de gran envergadura y, por lo
mismo, de gran impacto ambiental.
Estos tres temas (ruido, vibraciones y dispersión de elementos) debieran ser estudiados
específicamente por el Titular, realizando simulaciones y modelos, tomando en cuenta
la tecnología de demolición disponible en el mercado. Aunque es posible que dichas
tecnologías hayan avanzado dentro de 150 años, el Titular debería estimar estos
impactos de acuerdo a la realidad actual.
Lo que sí es posible estimar de acuerdo a los conocimientos actuales y que será todavía
válido dentro de 150 años, es la cantidad de escombros que se generarán a partir de la
demolición del Proyecto, siendo éste el impacto más importante de la Etapa de
Abandono.
No vale la pena repetir todos los impactos que esta actividad ejercería sobre el entorno,
ya que el Titular debiera realizar un análisis similar al propuesto en la sección 2.2.e).
Conclusiones
Luego del análisis desarrollado en las páginas anteriores, hemos arribado a las
siguientes conclusiones, a saber:
Para el cuadro
Debido a su alta estabilidad físico-química y su nula toxicidad han sido muy usados
como líquidos refrigerantes, agentes extintores y propelentes para aerosoles. Fueron
introducidos a principios de la década de los años 1930 por ingenieros de General
Motors, para sustituir a materiales peligrosos como el dióxido de azufre y el amoniaco.