Fanfic Iltae Omegaverse AlfaxAlfa
Escritura creada en mis noches de Insomnio, con ayuda de mi compa
Chat GPT.
Alimenten su esquizofrenia mis amores(ง ͡> ͜ʖ ͡<)ง
Posdata: el Ilay de este mundo está bien románticon y dulce (todo lo que
jamás veremos jajaja(╥﹏╥).
Créditos: Isa Fresa y mi amigo más íntimo (chat GPT)
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Título: Entre el instinto y la razón
(el título lo creó Chat GPT ¯\_( ͡❛ ͜ʖ ͡❛)_/¯
Ilay nunca había sido alguien que dudara de sus deseos. Desde joven,
había entendido el peso que llevaba como alfa dominante, pero nada lo
había preparado para la intensidad con la que deseaba un futuro junto a
Taeui. No solo cualquier futuro, sino uno que incluyera una familia, hijos
que llevaran su legado. Pero ese anhelo chocaba contra una barrera
inquebrantable: Taeui, otro alfa, tan firme en sus decisiones como lo era
en su fortaleza.
Las noches de rut, cuando ambos eran consumidos por el instinto, los
dejaban exhaustos y cercanos. Esos momentos, donde las líneas entre el
control y la vulnerabilidad se desdibujaban, solo intensificaban el deseo
de Ilay. Taeui, a pesar de ser alfa, se rendía bajo el poder de su pareja en
esos momentos, su cuerpo respondiendo a la urgencia de Ilay. Pero
cuando las sombras del deseo se disipaban con el amanecer, la realidad
siempre volvía a imponerse: dos alfas no podían tener hijos.
Ilay lo sabía, pero esa verdad no aliviaba el vacío que sentía. Cada vez
que veía a otras parejas con omegas hablando de su descendencia, sentía
un nudo en el estómago. Había intentado no presionar a Taeui,
respetando sus límites, pero esa necesidad persistente se filtraba en sus
palabras, en sus gestos.
Una tarde, mientras ambos se recuperaban tras una noche intensa de
rut, Ilay decidió hablar. Taeui estaba tumbado en la cama, el sudor aún
perlaba su frente, sus ojos cerrados mientras controlaba su respiración.
Ilay, sentado al borde de la cama, observaba su rostro relajado, el pecho
fuerte subiendo y bajando con cada respiración. Ese era el hombre con el
que quería todo. Pero, ¿cómo hacerlo entender sin romper lo que ya
tenían?
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—Tae —murmuró Ilay, la voz ronca—. ¿Nunca te has preguntado cómo
sería? Tener un hijo… algo que nos uniera aún más.
Taeui abrió los ojos lentamente, sus pupilas aún dilatadas por el rastro
del rut. Su mirada era intensa, pero detrás de ella había una chispa de
incomodidad. Lo había escuchado antes, en susurros, en miradas
fugaces, pero ahora las palabras estaban claras. Tae se incorporó,
frotándose la nuca, y evitó el contacto visual directo.
—Sabes que no es posible, Ilay. —Su tono era firme, pero no frío. Había
una nota de compasión, de comprensión—. No para nosotros.
—Lo sé… lo sé —Ilay se levantó de la cama y empezó a caminar por la
habitación, la tensión en sus hombros evidente—. Pero debe haber
alguna forma, tecnología que podría…
Taeui se levantó lentamente, cruzando la distancia entre ellos hasta estar
frente a Ilay. Colocó una mano firme en su hombro, deteniéndolo. Sus
ojos, claros y decididos, buscaron los de Ilay.
—No quiero eso. No quiero un hijo que venga de una manera antinatural.
—La declaración era simple, pero cargada de significado. Taeui siempre
había sido directo, y en este momento no había excepción.
Ilay sintió el peso de esas palabras, el conflicto entre el deseo físico y lo
emocional. Taeui no solo se negaba por lógica biológica; lo hacía porque
su vínculo no necesitaba nada más. Pero para Ilay, ese "algo más" era la
culminación de todo lo que había soñado.
El silencio se alargó, cargado con palabras no dichas. Ilay se apartó, con
el ceño fruncido, mirando por la ventana.
—No es solo un capricho, Tae —susurró—. Quiero que haya algo más que
rut, algo que nos trascienda.
Taeui, sintiendo la desesperación subyacente en la voz de Ilay, dio un
paso adelante, rodeándolo con sus brazos. Su cuerpo aún recordaba los
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latidos salvajes de la noche anterior, pero su mente estaba centrada en
este momento.
—Nosotros ya somos suficientes, Ilay. —Su voz era un susurro cerca del
oído de Ilay—. No necesitas más para demostrar lo que somos.
Pero para Ilay, la cuestión no era de prueba, sino de un anhelo que lo
consumía. Su mente seguía buscando respuestas, soluciones, cualquier
cosa que pudiera cumplir ese deseo sin quebrar la relación que tenía con
Taeui.
Continuará….. jajaja
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Prólogo
Ilay observaba la ciudad a través de las ventanas del piso alto de su
oficina. Era temprano, el sol apenas empezaba a bañar el horizonte con
una suave luz dorada, pero en su mente había una tormenta que llevaba
semanas desatándose. Nada en su vida, a simple vista, parecía fuera de
lugar. Como alfa dominante, tenía el control de todo: su vida profesional
estaba en su punto más alto, sus relaciones interpersonales eran sólidas,
y junto a Taeui, otro alfa, había construido una vida que muchos
envidiarían.
Sin embargo, por más que intentara sofocar ese sentimiento, algo dentro
de él lo devoraba lentamente. Quería un hijo. No era una idea pasajera o
un simple capricho. Era un deseo primario, algo profundo que lo
acompañaba desde hacía tiempo y que ahora, junto a Taeui, se había
intensificado. Quería que hubiera algo más que los uniera, algo que
trascendiera los días de rut y las noches apasionadas que compartían.
Quería una familia, pero una familia que fuera suya y de Taeui, no una
formada con la ayuda de terceros.
Ilay sabía que su deseo era imposible, al menos según lo que la biología
dictaba. Dos alfas no podían concebir juntos, y más allá de eso, Taeui no
compartía su anhelo. Taeui había sido claro: no quería hijos. Aunque
amaba a los niños, la idea de ser padre no le atraía. Y por más que
intentara racionalizarlo, esa respuesta no era suficiente para Ilay.
El peso de esa verdad lo aplastaba. Quería un hijo con Taeui, pero, ¿qué
estaba dispuesto a sacrificar para lograrlo? ¿Y cómo se lo diría a su
pareja cuando ni siquiera él entendía del todo la magnitud de ese
anhelo?
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Capítulo 1: Entre deseos y decisiones
El silencio en la cocina era abrumador. Las tazas de café frente a ellos
estaban medio vacías, el vapor ascendiendo lentamente mientras Taeui y
Ilay se observaban desde lados opuestos de la mesa. Habían pasado
varias noches como esta, en las que, después de una jornada larga,
compartían la calma de la compañía mutua. Pero esta mañana, había
algo más en el aire.
Taeui fue el primero en romper el silencio. Con su acostumbrada calma,
habló como si ya hubiera reflexionado largo y tendido sobre lo que
estaba a punto de decir.
—Ilay, sabes que no quiero niños. —Su voz era tranquila, pero no tenía
rastros de duda. Siempre había sido así, directo, sin rodeos.
Ilay dejó la taza sobre la mesa con más fuerza de la necesaria, el líquido
caliente derramándose ligeramente por el borde. Había anticipado esas
palabras, pero no por ello dolían menos.
—Te gustan los niños, Tae —respondió Ilay, tratando de controlar la
frustración en su voz—. Cada vez que estamos cerca de ellos, te brillan
los ojos. Sé que podrías ser un gran padre.
Taeui suspiró, mirándolo directamente. Sabía que esta conversación iba
a repetirse tarde o temprano, y no era la primera vez que tenían este
debate. Taeui siempre había sido claro sobre sus deseos. No necesitaba
un hijo para sentirse completo, no veía la paternidad como algo
necesario en su vida. A pesar de su amor por los niños, no quería ser
padre.
—No quiero tener que repetírtelo, Ilay —dijo Taeui, con una leve tensión
en su mandíbula—. Me gustan, sí. Pero no quiero hijos. No tengo ese
deseo, no lo necesito.
Ilay apretó los puños. Estaba frustrado, porque por más que lo intentaba,
no lograba que Taeui comprendiera la profundidad de su anhelo. No era
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solo una fantasía o un impulso pasajero. Había algo en su naturaleza que
lo llamaba a desear una familia, algo que no podía explicar, pero que
sentía como una necesidad innegable.
—No entiendes —murmuró Ilay, sus ojos fijos en los de su pareja—. Esto
no es algo que puedo apagar. Lo siento en lo más profundo de mí, es algo
que no puedo ignorar.
El ambiente en la cocina se volvió más denso, la tensión palpable. Taeui,
a pesar de sus propias emociones, sabía que Ilay no estaba siendo
irracional. Entendía que su pareja estaba lidiando con algo que iba más
allá de lo que él podía comprender del todo. Aun así, no podía forzar un
cambio en su propio deseo.
Taeui miró a Ilay con una mezcla de compasión y frustración. No quería
lastimar a su pareja, pero tampoco podía traicionarse a sí mismo.
Siempre había sido honesto respecto a lo que quería en la vida, y tener
hijos nunca había estado en sus planes.
—No quiero que esto se interponga entre nosotros —dijo finalmente
Taeui, con un tono más suave, tratando de tender un puente entre sus
diferencias—. Pero tampoco puedo ceder en esto. Si alguno de los dos
sacrifica lo que realmente quiere, nuestra relación no sobrevivirá.
Esas palabras golpearon a Ilay con una dureza inesperada. Taeui tenía
razón. Forzar la situación solo llevaría al resentimiento, y aunque amaba
a Taeui, no podía simplemente ignorar su deseo. Su relación, que hasta
entonces había sido perfecta en muchos aspectos, ahora parecía estar
pendiendo de un hilo.
El silencio se prolongó. Ilay se levantó de la mesa y caminó hacia la
ventana, mirando las luces de la ciudad que se encendían a medida que
el día se despedía. Las palabras de Taeui resonaban en su mente. No
podían sacrificar lo que tenían, pero tampoco podían seguir así, con ese
deseo no correspondido flotando entre ellos. Ilay respiró hondo,
intentando calmarse.
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—No estoy diciendo que sea ahora —susurró, sin mirarlo directamente—.
Pero quiero que al menos consideres lo que estoy diciendo. No puedo
evitar lo que siento, Tae.
Taeui lo observó desde la distancia, sin saber cómo responder. Sabía que
esta discusión no tenía una solución fácil. Ambos querían cosas
diferentes, y aunque el amor que compartían era fuerte, había límites
que no podían cruzar sin perderse a sí mismos en el proceso.
Después de un largo rato, Taeui se levantó y caminó hacia Ilay,
colocando una mano en su hombro. El contacto fue firme, reconfortante,
pero no ofrecía promesas falsas.
—Lo que tenemos es especial —dijo en voz baja—. No quiero que esto lo
rompa. Pero tampoco quiero que sigas esperando algo que no sé si puedo
darte.
Ilay cerró los ojos, apoyándose en el toque de Taeui. No había una
respuesta fácil a esto, y lo sabía. Pero, en el fondo, una pequeña chispa
de esperanza seguía ardiendo. Si había alguna forma, por improbable
que fuera, de tener ese hijo que tanto deseaba con Taeui, la encontraría.
Lo haría sin forzar a su pareja, pero no podía simplemente dejar ir ese
anhelo.
Lo que Ilay no sabía en ese momento era que, en su búsqueda,
encontraría una posibilidad. Una posibilidad que cambiaría su vida y la
de Taeui para siempre.
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Capítulo 2: Un descubrimiento inesperado
Ilay no podía soportar la idea de renunciar. A pesar de la conversación en
la cocina, el deseo seguía creciendo dentro de él, como un fuego que no
podía apagar. Sabía que Taeui era sincero cuando decía que no quería
hijos, y lo respetaba, pero no podía ignorar lo que él mismo sentía. Las
palabras de Taeui habían sido claras: "No puedo darte eso". Pero, ¿y si
hubiese una manera en la que no tuviera que pedirle nada a Taeui, una
forma de hacer que ambos tuvieran ese hijo que tanto deseaba?
Durante semanas, Ilay comenzó a investigar en secreto. Leyó estudios,
buscó teorías y contactó a expertos que trabajaban en los bordes de la
biología y la genética. Todos le decían lo mismo: dos alfas no podían
concebir. Era una barrera biológica infranqueable. Pero Ilay no estaba
dispuesto a aceptar esa respuesta. Sabía que existían procedimientos
experimentales en algunos círculos clandestinos que, aunque aún no
aprobados legalmente, podrían hacer lo imposible.
Fue en un foro privado donde encontró su primera pista real. Un
científico anónimo hablaba de una técnica secreta que se había
desarrollado en algunos laboratorios de tecnología genética avanzada.
No estaba al alcance de todos y era extremadamente caro, pero en teoría,
permitía la concepción entre dos alfas. Ilay se sumergió en la
investigación, obsesionándose con cada fragmento de información que
pudiera llevarlo más cerca de su objetivo. Sabía que estaba pisando
terrenos peligrosos, pero cuanto más investigaba, más convencido estaba
de que debía intentarlo.
Una noche, después de pasar horas frente a su ordenador, finalmente
encontró lo que buscaba: un laboratorio clandestino que aseguraba tener
la tecnología para permitir la concepción entre dos alfas, sin necesidad
de involucrar a un omega ni a ningún tercero. El procedimiento era
experimental y había riesgos. Los resultados no estaban garantizados,
pero Ilay estaba dispuesto a correr ese riesgo. Sabía que no podía
contarle a Taeui, al menos no por ahora. Taeui nunca aprobaría algo así.
Así que Ilay tomó una decisión impulsiva.
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Tras semanas de comunicación con el laboratorio, Ilay se sometió al
procedimiento sin decírselo a Taeui. Era un riesgo calculado, pero uno
que estaba dispuesto a asumir si eso significaba que podrían tener un
hijo. Lo que no sabía era que este procedimiento no solo afectaría a su
propio cuerpo, sino que también alteraría el de Taeui de una manera que
ni siquiera los científicos podían predecir con precisión.
---
Unas semanas después del procedimiento, los primeros cambios
comenzaron a notarse en Taeui. Al principio, no prestó mucha atención a
los pequeños malestares. Atribuyó el cansancio y las náuseas leves a la
carga de trabajo y al estrés. Pero conforme los síntomas se hacían más
evidentes, empezó a preocuparse.
Una mañana, después de haber pasado casi toda la noche sin dormir
debido a una extraña sensación de incomodidad en su estómago, Taeui
decidió ir al médico. A lo largo de los días, las molestias habían
aumentado: un extraño cansancio, mareos ocasionales y un malestar
persistente que no podía ignorar. En su interior, algo le decía que algo
estaba cambiando en su cuerpo, pero no podía precisar qué.
Ilay notó los cambios en Taeui, pero no dijo nada. Se sentía dividido
entre la culpa y la esperanza. Había tomado una decisión importante sin
el conocimiento de su pareja, y ahora los resultados parecían estar
manifestándose, aunque de una manera más rápida de lo que había
anticipado. El procedimiento no había tenido efectos inmediatos en él,
pero el comportamiento de Taeui le indicaba que algo se estaba
gestando, literalmente.
Días después, Taeui llegó a casa con una expresión sombría. Había ido al
médico en busca de respuestas, y lo que había descubierto lo dejó
completamente en shock. Estaba embarazado. Imposible, le había dicho
el doctor al principio. Los alfas no pueden quedar embarazados. Pero las
pruebas no mentían: Taeui estaba esperando un bebé. No uno, sino dos.
Gemelos.
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La noticia golpeó a Taeui con una mezcla de incredulidad y horror. Era
una paradoja biológica. ¿Cómo podía ser posible? Su mente se
tambaleaba bajo el peso de la confusión y el miedo. No tenía idea de
cómo había sucedido, pero en su interior sabía que algo no estaba bien.
Cuando Ilay llegó a casa esa noche, supo inmediatamente que algo había
cambiado. Taeui estaba sentado en el sofá, con la mirada perdida. No
había rastro de la habitual serenidad en su rostro. El silencio que lo
envolvía era denso, y cuando al fin habló, su voz fue baja, pero cargada
de ira contenida.
—Estoy embarazado —fue todo lo que dijo Taeui, sus ojos oscuros
clavándose en los de Ilay como si pudiera ver a través de él.
El corazón de Ilay se detuvo un instante. La noticia, aunque esperada, lo
golpeó con una fuerza devastadora. Taeui estaba embarazado. El
procedimiento había funcionado. Pero la expresión de Taeui no era de
alegría, ni siquiera de sorpresa. Era de traición.
—¿Qué hiciste? —preguntó Taeui con una calma peligrosa—. Sabes que
no quería esto. Sabes que no quería hijos. Y ahora… estoy esperando
gemelos, Ilay. ¿Cómo es posible?
Ilay sintió cómo su mundo comenzaba a desmoronarse. Las palabras
estaban atrapadas en su garganta, y por primera vez, se enfrentaba a la
magnitud de lo que había hecho. El deseo que lo había llevado a tomar
esa decisión ahora se veía pequeño en comparación con la realidad que
había creado.
—Tae… —Ilay dio un paso hacia él, pero Taeui levantó una mano para
detenerlo, sus ojos llenos de furia y dolor.
—No me toques. Quiero que me digas la verdad. ¿Cómo es posible que
esté embarazado si soy un alfa?
El silencio se alargó entre ambos. Finalmente, Ilay confesó, con la voz
quebrada por la culpa. Explicó el procedimiento, el laboratorio
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clandestino y su desesperado deseo de tener una familia juntos. Contó
cómo había pensado que, una vez que el embarazo fuera una realidad,
Taeui lo entendería, lo aceptaría. Pero en lugar de alivio, lo único que
sintió fue la mirada fría de Taeui.
—¿Pensaste que podrías decidir esto por mí? —Taeui se levantó del sofá,
su cuerpo temblando con una mezcla de rabia y confusión—. Me
traicionaste, Ilay. Decidiste por mí, sabiendo que yo no quería esto.
Ilay no sabía qué decir. Había hecho lo que pensaba que era lo correcto
para él, pero ahora veía claramente lo equivocado que estaba. Taeui no
solo se sentía traicionado, sino que ahora enfrentaba una situación que
nunca quiso.
—Tae… por favor, déjame explicarlo mejor —intentó Ilay, pero sabía que
cualquier palabra sería insuficiente.
Taeui, sin embargo, no tenía más que decir en ese momento. Se giró y se
encerró en el cuarto, dejando a Ilay solo, rodeado por el peso de sus
decisiones.
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Capítulo 3: El procedimiento prohibido
Los días que siguieron fueron un torbellino de silencios incómodos y
emociones a flor de piel. Taeui evitaba a Ilay tanto como podía. Había
dejado la casa temporalmente, buscando espacio para procesar lo que le
estaba ocurriendo. Pero Ilay, aunque devastado por la distancia que
había generado, sabía que debía ser honesto acerca del procedimiento y
las consecuencias que este había traído.
Taeui merecía saber la verdad completa. Era lo mínimo que podía hacer,
después de haber tomado una decisión tan extrema sin consultarle.
Aunque la culpa lo consumía, también sabía que una parte de él no se
arrepentía por completo. Los gemelos estaban en camino, y aunque la
forma en que sucedió fue equivocada, su deseo de ser padre seguía
latiendo con fuerza.
Decidido a enfrentar la situación de frente, Ilay preparó todo para
cuando Taeui volviera a casa esa tarde. En su escritorio, dejó los
documentos que había recibido del laboratorio clandestino, las
investigaciones que había realizado y, más importante aún, los detalles
del procedimiento que había cambiado sus vidas para siempre.
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Flashback: El día del procedimiento
Ilay había viajado fuera del país para someterse al procedimiento en uno
de los laboratorios más ocultos y prohibidos del mundo. Ubicado en una
zona remota, el edificio no tenía señas visibles ni datos oficiales. No
había ningún cartel que lo señalara, y todo había sido coordinado a
través de canales ilegales. La discreción era absoluta.
El director del laboratorio, un genetista con reputación de trabajar en los
bordes de la ciencia ética, le había explicado el proceso con frialdad.
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—Esto no es legal en ningún país, Rick —le había advertido el doctor—.
Si algo sale mal, nadie va a responsabilizarse. Estás asumiendo el riesgo
completo.
Pero Ilay ya había tomado su decisión. El procedimiento involucraba una
técnica experimental de alteración genética, utilizando un dispositivo
que reescribía temporalmente el código genético de su pareja, insertando
la posibilidad de que un alfa masculino desarrollara un útero funcional
durante un periodo limitado de tiempo. Este proceso se realizaba de
manera subcutánea, a través de una serie de microinyecciones que no
interferían con las capacidades alfa habituales de Taeui, pero sí lo hacían
susceptible a la concepción durante un ciclo de rut.
El equipo del laboratorio le había asegurado que Taeui no sentiría
efectos inmediatos hasta que su cuerpo comenzara a adaptar las
modificaciones genéticas. El embarazo, una vez iniciado, sería
completamente natural, aunque no exento de riesgos, dado lo
experimental del procedimiento.
Ilay había aceptado. Lo que no le dijeron era que estas modificaciones
tendrían un impacto profundo en las emociones y en la estabilidad física
de Taeui. Había asumido que todo sería controlado, que podría
mantener a su pareja a salvo de cualquier complicación. Pero ahora,
viendo los efectos secundarios en Taeui —los cambios emocionales, la
creciente fatiga y las intensas reacciones físicas—, comenzaba a darse
cuenta de que nada de esto había sido tan sencillo como le prometieron.
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De vuelta al presente
Taeui regresó a casa al caer la tarde, su expresión aún endurecida por la
rabia contenida. Cuando entró al estudio, encontró los documentos
cuidadosamente organizados en la mesa. No necesitó leer mucho para
comprender lo que Ilay había hecho. Al leer los detalles del
procedimiento, la indignación se transformó en algo más profundo: una
sensación de violación a nivel personal.
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—Esto es lo que hiciste… —dijo Taeui en voz baja, leyendo los detalles
con una mezcla de incredulidad y asco—. ¿Alteraste mi cuerpo sin
siquiera decírmelo?
Ilay asintió, su mirada baja, incapaz de enfrentar los ojos de Taeui. Sabía
que no tenía excusa.
—Fue un error —murmuró—. No pensé que te afectaría tanto… Solo
quería que pudiéramos tener una familia, Tae.
Taeui dejó caer los documentos sobre la mesa, su expresión inmutable.
—¿Y pensaste que tenías el derecho de decidir sobre mi cuerpo?
—preguntó con una frialdad que Ilay no había visto nunca en su pareja—.
Siempre fuiste un alfa dominante, pero esto va más allá. No puedo creer
que creas que podías hacer algo así y que todo estaría bien.
Ilay tragó saliva, sus manos temblando levemente. Quería explicarse,
pero no tenía palabras suficientes para justificar lo que había hecho. En
ese momento, la magnitud de su error se hizo más clara que nunca.
—No quería lastimarte —replicó con la voz quebrada—. Solo quería…
tener algo que fuera nuestro. Quería… quería ese vínculo contigo.
Taeui, que normalmente habría encontrado una manera de calmarse y
hablar, estaba demasiado abrumado por la traición. Respiró hondo,
tratando de mantener el control.
—No sé cómo seguir después de esto, Ilay. No sé si puedo perdonarte por
esto.
El silencio llenó la habitación. Durante un largo rato, ninguno de los dos
habló. Ilay no podía soportar ver a Taeui así, devastado y dolido. Pero no
podía deshacer lo que había hecho. Taeui ahora estaba esperando
gemelos, y no había vuelta atrás.
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—Voy a ser honesto contigo —dijo Taeui, alzando la voz de nuevo—. No
quería hijos. No quiero esta vida que tú decidiste por mí. Pero ahora...
ahora, no tengo otra opción más que aceptar lo que está sucediendo.
Ilay sintió como si esas palabras lo atravesaran. Sabía que Taeui estaba
siendo honesto, pero también sabía que esas palabras dolían más que
cualquier grito o enojo.
—Tae… —intentó hablar, pero Taeui lo interrumpió.
—No sé qué va a pasar entre nosotros, Ilay. Pero necesito tiempo.
Necesito tiempo para procesar esto.
Y con esas últimas palabras, Taeui salió de la habitación, dejando a Ilay
solo en la casa, una vez más enfrentándose a las consecuencias de sus
acciones. Mientras las sombras de la noche comenzaban a cubrir la
ciudad, Ilay se dio cuenta de que, aunque los gemelos estaban en camino,
el costo de su decisión había sido mucho más alto de lo que jamás habría
imaginado.
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Capítulo 4: El peso de la aceptación
Los días que siguieron estuvieron marcados por un frío silencio. Taeui
había dejado de hablarle a Ilay por completo. Aunque todavía vivían bajo
el mismo techo, parecía que había un abismo insalvable entre ellos. El
embarazo avanzaba rápidamente, y Taeui no podía ignorar los cambios
que se producían en su cuerpo. Cada mañana, la realidad se hacía más
innegable: su vientre comenzaba a crecer, una curva suave pero firme
que se hacía más evidente con cada semana.
A pesar de todo, Taeui seguía yendo al trabajo, manteniendo una rutina
que lo ayudaba a escapar, aunque fuera por unas horas, de la tormenta
interna que lo consumía. Sin embargo, el peso emocional de lo que
estaba viviendo se volvía más difícil de llevar cada día. Le gustaban los
niños, siempre había sido alguien a quien le agradaba la idea de cuidar y
proteger a los más pequeños, pero nunca había deseado ser padre. Y
mucho menos en estas circunstancias.
Una tarde, después de una larga jornada, Taeui se encontró frente al
espejo del baño, observando la ligera hinchazón en su abdomen. Puso
una mano sobre su vientre, un gesto involuntario, pero cargado de
significado. La idea de que algo —alguien— crecía dentro de él era
abrumadora. Los gemelos estaban ahí, desarrollándose, tomando vida, y
no podía hacer nada para cambiar eso. Pero lo que más lo asustaba no
era el embarazo en sí, sino el hecho de que no se sentía preparado para
ser padre. No en este momento. No con Ilay.
El rechazo inicial que sentía hacia el embarazo estaba mezclado con una
extraña curiosidad y una dosis creciente de miedo. ¿Cómo sería su vida
después de esto? ¿Qué tipo de padre podría ser, si ni siquiera había
tenido la oportunidad de decidir si quería serlo? Estas preguntas lo
perseguían, consumiendo sus pensamientos hasta que ya no podía
ignorarlas.
Una noche, incapaz de dormir, se levantó de la cama y salió al balcón. La
brisa fresca de la noche lo calmó, pero no lo suficiente. Ilay estaba
sentado en el sofá de la sala, mirándolo en silencio desde la distancia. No
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se atrevía a hablar, sabiendo que cualquier cosa que dijera en ese
momento podría ser mal recibida. Taeui lo ignoró y continuó observando
la oscuridad de la ciudad, tratando de encontrar respuestas en el silencio.
Finalmente, después de lo que parecieron horas, habló sin girarse.
—No sé cómo voy a hacer esto, Ilay —dijo con una voz cansada, sin
ocultar la vulnerabilidad que lo consumía—. No sé si puedo ser padre. No
quería esto. No estaba preparado.
Ilay, que había estado esperando cualquier señal para hablar, se levantó
lentamente y caminó hacia la puerta del balcón. No cruzó el umbral,
respetando la distancia que Taeui había establecido entre ellos, pero su
voz fue suave cuando respondió.
—No tienes que hacerlo solo, Tae. Estoy aquí. Sé que no puedes
perdonarme, y lo entiendo, pero quiero estar contigo en esto. Quiero que
lo hagamos juntos.
Taeui suspiró, cerrando los ojos por un momento. A pesar de todo, no
podía negar que Ilay también estaba sufriendo. Y aunque la traición
seguía fresca en su mente, una parte de él comenzaba a aceptar la
realidad. No podía hacer desaparecer lo que estaba sucediendo, y los
gemelos que crecía dentro de él eran ahora una parte innegable de su
vida.
—No estoy listo para perdonarte —admitió finalmente, girándose para
mirarlo a los ojos—. Pero sé que tampoco puedo hacer esto solo. Necesito
tiempo, Ilay. Necesito entender todo lo que está pasando, y necesito que
me des espacio para procesarlo.
Ilay asintió, sus ojos reflejando la comprensión y la culpa que lo
carcomía. Sabía que había forzado algo que no debía, pero también sabía
que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para ayudar a Taeui a
sobrellevar esta situación, incluso si eso significaba esperar por el perdón
que tanto ansiaba.
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—Te daré todo el tiempo que necesites —prometió Ilay—. No quiero
presionarte más de lo que ya lo hice. Solo quiero que sepas que estoy
aquí. Para ti, para los gemelos... para lo que necesites.
Taeui no respondió de inmediato, pero el peso de sus palabras parecía
aligerar algo en su interior. A pesar de todo el caos, una pequeña chispa
de esperanza comenzó a encenderse. No sabía cómo sería el futuro, ni si
alguna vez podría perdonar completamente a Ilay, pero por primera vez
en semanas, sintió que tal vez, solo tal vez, había una forma de salir
adelante.
Esa noche, Taeui regresó a la cama, dejando a Ilay en la sala, pero esta
vez, el silencio entre ellos no fue tan frío ni tan distante. Ambos sabían
que el camino por delante sería largo y complicado, pero había una
posibilidad, aunque pequeña, de que pudieran encontrar una manera de
atravesarlo juntos.
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Capítulo 5: Momentos de revelación
Las semanas siguientes transcurrieron entre una extraña mezcla de
tensión y pequeños momentos de conexión. Aunque Taeui seguía
sintiéndose abrumado por su situación, también había empezado a
aceptar el embarazo de una manera que nunca creyó posible. Hacerlo
significaba aceptar la realidad de que estaba creando vida con Ilay, y eso,
en su forma más pura, era hermoso.
Ilay, por su parte, se dedicó a cuidar de Taeui. Se aseguraba de que
comiera bien y se tomara el tiempo necesario para descansar. Aunque no
hablaban de la traición, Ilay era consciente de que cada pequeño gesto de
cuidado era un paso hacia la reconstrucción de su relación. Sin embargo,
la culpa seguía acechando, y cada sonrisa de Taeui era un recordatorio
del dolor que había causado.
Una tarde, mientras ambos estaban sentados en la cocina, Ilay decidió
dar un paso hacia adelante. Había encontrado un libro sobre la crianza
de niños en la biblioteca y quería compartirlo con Taeui.
—Mira esto —dijo, abriendo el libro con entusiasmo—. Hay un capítulo
sobre cómo prepararse para la llegada de los bebés. Podríamos leerlo
juntos.
Taeui miró el libro con escepticismo. La idea de ser padres seguía
asustándolo, y no estaba seguro de que leer sobre la crianza fuera el
mejor enfoque para aceptar su situación. Sin embargo, algo en la
sinceridad de Ilay lo hizo sentir que era un paso importante, así que
finalmente aceptó.
—Está bien, pero solo si prometes que no será solo una lista de cosas que
debemos comprar —respondió Taeui con una ligera sonrisa, a pesar de la
seriedad de la situación.
Ilay sonrió de vuelta, sintiendo una pequeña oleada de alivio al ver que
Taeui estaba dispuesto a involucrarse, aunque fuera un poco.
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A medida que leían, Taeui comenzó a hacer preguntas, dejando que su
curiosidad lo guiara. Hablaban sobre cómo preparar la casa, cómo elegir
nombres y cómo los bebés necesitaban cuidados y atención constantes.
Aunque Taeui aún no se sentía completamente a gusto con la idea de ser
padre, comenzó a vislumbrar una vida que incluía a esos pequeños seres.
---
Unos días después
Mientras Ilay estaba en la oficina, Taeui se sentó en el sofá de la sala con
el libro en las manos, repasando las páginas una y otra vez. Los nombres
que habían discutido resonaban en su mente: Kai y Leo. Eran nombres
fuertes, llenos de carácter, y a medida que los pronunciaba en voz alta,
una sensación de pertenencia comenzó a arraigarse en su corazón.
De repente, sintió una oleada de nausea. No era raro, pero esa vez
parecía más intensa. Se levantó rápidamente y corrió al baño,
sosteniéndose del lavabo mientras su cuerpo reaccionaba. Era una
experiencia que aún no había dominado, y cada vez se sentía más
abrumado.
Ilay llegó justo a tiempo para escuchar el ruido en el baño. Rápidamente,
entró y vio a Taeui inclinado sobre el lavabo, la palidez en su rostro lo
decía todo.
—¿Taeui? —preguntó con preocupación, acercándose a él—. ¿Estás bien?
Taeui levantó la vista, sus ojos llenos de frustración y miedo.
—No... no sé si puedo con esto, Ilay. No puedo seguir así.
Ilay se acercó, colocando su mano en la espalda de Taeui, ofreciendo
apoyo sin invadir su espacio.
—Es normal sentirte así, Tae. Estás lidiando con mucho, y tu cuerpo está
experimentando cambios. ¿Quieres que llame a un médico?
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Taeui cerró los ojos, intentando calmar su respiración.
—No sé si eso ayudará —murmuró—. Solo quiero que esto termine.
Quiero volver a ser yo.
—Eres tú, Taeui —le aseguró Ilay—. Esto es parte de lo que eres ahora,
pero no tienes que enfrentarlo solo. Estoy aquí, y te prometo que
haremos esto juntos.
En ese momento, Taeui se sintió vulnerable. La lucha interna entre su
deseo de ser padre y su miedo a lo desconocido lo estaba consumiendo.
Pero al mismo tiempo, no podía ignorar el hecho de que Ilay estaba
dispuesto a estar a su lado, incluso cuando las cosas se volvían difíciles.
—No quiero que esto afecte nuestra relación —dijo Taeui, sintiendo que
su voz se rompía—. No quiero que nuestros hijos sean el motivo por el
cual terminemos.
Ilay lo miró con sinceridad.
—No va a ser así, Tae. Estoy comprometido a hacer esto funcionar. Sé
que hemos cometido errores, pero quiero que nuestros hijos crezcan en
un hogar lleno de amor, no de resentimientos.
Taeui respiró hondo, sintiendo una mezcla de esperanza y miedo. Tal vez
había un camino hacia adelante, uno que no era fácil, pero al menos era
posible. La idea de construir algo juntos, a pesar de las dificultades, le
dio una razón para seguir adelante.
---
Una semana después
Una mañana, mientras se preparaban para salir, Taeui se detuvo en el
espejo para examinar su reflejo. El cambio en su abdomen era evidente, y
aunque le asustaba, también había algo en su interior que lo hacía sentir
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orgulloso. Era un signo de vida, de una nueva etapa que estaba
comenzando, y por primera vez, sintió un pequeño destello de emoción.
—Ilay —dijo, dándose la vuelta para mirarlo—. ¿Crees que... que
podríamos ir a una tienda de bebés?
Ilay se sorprendió gratamente por la solicitud. En su mente, era una
señal de que Taeui estaba comenzando a aceptar la realidad de su
situación.
—Por supuesto. ¿Te gustaría elegir algunas cosas juntos?
Taeui asintió, sintiendo que tal vez, solo tal vez, estaba dando un
pequeño paso hacia la aceptación de su nuevo rol. Mientras se dirigían a
la tienda, sentía una mezcla de ansiedad y emoción. Tal vez, después de
todo, esta no sería una experiencia tan aterradora como había
imaginado. Tal vez, solo tal vez, podría encontrar un camino para aceptar
lo que venía.
El viaje a la tienda de bebés sería un paso más en su camino hacia la
paternidad, un viaje que prometía estar lleno de altibajos, pero que, por
fin, se sentía como algo que podrían enfrentar juntos.
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Capítulo 6: Encuentros y confesiones
El sol brillaba intensamente cuando Taeui y Ilay llegaron a la tienda de
bebés, un lugar que parecía abarrotado de futuros padres emocionados y
llenos de expectativas. Mientras caminaban entre los pasillos repletos de
artículos, Taeui se sentía un poco abrumado, pero también emocionado.
La idea de elegir cosas para sus futuros hijos le daba una extraña mezcla
de felicidad y nerviosismo.
A medida que examinaban los cochecitos, ropa y juguetes, Taeui
comenzó a relajarse. Ilay, con su característica forma de ser, bromeaba
sobre los diferentes modelos de cochecitos, haciéndolo reír en medio de
su ansiedad.
—Este parece un coche de carreras —dijo Ilay, señalando uno de los
modelos más deportivos—. ¿Te imaginas a nuestros hijos montando en
esto?
—Solo si quieres que sean pilotos de carreras en lugar de músicos
—respondió Taeui, bromeando de vuelta. La risa entre ellos era un
respiro bienvenido, un recordatorio de que, a pesar de la gravedad de su
situación, había momentos de alegría que aún podían compartir.
Mientras exploraban la tienda, Ilay tomó la mano de Taeui en un gesto
que lo sorprendió. Era un contacto sencillo, pero lleno de significado. Las
miradas de otros padres que pasaban les hicieron sentir como si fueran
un equipo, como si estuvieran en este viaje juntos.
Sin embargo, a medida que pasaban más tiempo en la tienda, Taeui
sintió una creciente sensación de vulnerabilidad. Mirando a su
alrededor, se dio cuenta de que todos estaban llenos de entusiasmo y
esperanza, y él se sentía atrapado entre el deseo de ser padre y el miedo
de no estar listo.
Después de una hora de explorar, decidieron salir y buscar un lugar
tranquilo para tomar algo. Encontraron una pequeña cafetería cerca de
la tienda, un refugio del bullicio de la ciudad. Se sentaron en una mesa al
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aire libre, y la atmósfera tranquila permitió que la conversación fluyera
más libremente.
—¿Te has imaginado alguna vez cómo serán nuestros hijos? —preguntó
Ilay, inclinándose hacia adelante con curiosidad.
Taeui lo miró, sorprendido por la pregunta. No había pensado en eso de
manera concreta, pero la idea comenzó a formarse en su mente. Se
imaginó dos pequeños seres, uno con el cabello castaño como el suyo y el
otro rubio, casi platinado como el de Ilay.
—Quizás uno tenga tu cabello —dijo, sonriendo—. Y el otro podría
parecerse más a mí.
Ilay sonrió al escuchar eso, y su mirada se suavizó al pensar en la
posibilidad.
—¿Y qué nombres les pondríamos?
—Ya hemos hablado de Kai y Leo —respondió Taeui, sintiéndose más
cómodo a medida que la conversación avanzaba—. Pero también
podríamos considerar nombres que tengan significado para nosotros.
—Como qué, por ejemplo? —inquirió Ilay, interesado.
—Podríamos ponerles nombres que honren nuestras raíces. Kai podría
ser un nombre alemán que significa "mar" y Leo, en coreano, puede
significar "fuerza".
Ilay asintió, visiblemente encantado por la idea.
—Me gusta. Significaría que aunque son de diferentes culturas, siempre
estarán conectados por lo que somos.
Taeui sintió un ligero cosquilleo en el estómago al escuchar la confianza
en la voz de Ilay. Hablar de sus hijos, incluso en términos hipotéticos,
comenzó a desmantelar algunas de las barreras que había levantado. Fue
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un momento hermoso, una visión de lo que podrían ser como padres.
Pero también lo llenó de una profunda nostalgia por lo que había pasado.
Sin embargo, la conversación dio un giro inesperado cuando, de repente,
la risa y el bullicio del café se desvanecieron en un momento de silencio.
Ilay se inclinó hacia Taeui, su mirada intensamente fija en sus ojos
oscuros. La conexión entre ellos era palpable, un deseo subyacente que
ambos habían ignorado durante semanas.
—Tae —dijo Ilay, su voz suave—, quiero que sepas que estoy aquí para ti,
no solo como el padre de nuestros hijos, sino como alguien que se
preocupa profundamente por ti.
Sin pensarlo, Taeui sintió un impulso abrumador. La distancia
emocional que había mantenido durante tanto tiempo comenzó a
desmoronarse, y antes de que pudiera pensarlo dos veces, se inclinó
hacia adelante y besó a Ilay. Fue un beso suave y tierno, lleno de una
mezcla de emociones: confusión, deseo y una promesa de lo que podrían
ser.
Ilay respondió inmediatamente, su mano encontrando la nuca de Taeui,
acercándolo más. El beso se volvió más profundo, lleno de una intimidad
que había estado latente durante tanto tiempo. Cuando finalmente se
separaron, ambos estaban sin aliento, sus corazones latiendo con fuerza.
—Lo siento, no debí haber hecho eso —dijo Taeui, avergonzado y
emocionado a la vez.
—No, no te disculpes —respondió Ilay, sonriendo—. Fue… perfecto.
Taeui sintió una chispa de calidez al escuchar eso, un destello de
esperanza que iluminaba su corazón. Tal vez, solo tal vez, podían
encontrar una forma de superar el dolor del pasado y construir un futuro
juntos, no solo como padres, sino también como pareja.
A medida que el sol comenzaba a ponerse, los dos hombres
intercambiaron miradas cómplices, sabiendo que su camino hacia la
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paternidad estaba lleno de desafíos, pero también de oportunidades. Y
en ese momento, estaban dispuestos a enfrentar todo, juntos.
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Capítulo 7: La llegada de los gemelos
Los días se convirtieron en semanas, y el embarazo de Taeui avanzaba
con una rapidez asombrosa. Con cada día que pasaba, Ilay y Taeui se
sentían más cómodos el uno con el otro, y su conexión se profundizaba.
Las pequeñas cosas que antes parecían abrumadoras se convirtieron en
momentos de alegría compartida. Escoger ropas, planear la decoración
de la habitación de los bebés y asistir a las citas médicas juntos se
convirtió en un ritual que les ayudó a fortalecer su relación.
Sin embargo, a medida que se acercaba la fecha de entrega, el
nerviosismo comenzó a apoderarse de Taeui. La realidad de lo que
estaba a punto de suceder se instaló en su mente. La idea de dar a luz a
dos bebés lo llenaba de una mezcla de emoción y miedo. No podía evitar
preguntarse si sería un buen padre, si estaría a la altura de las
circunstancias.
Una noche, mientras estaban en casa, Ilay encontró a Taeui sentado en el
sofá, con una expresión preocupada. Ilay se sentó a su lado y lo miró con
curiosidad.
—¿Qué te preocupa, Tae?
Taeui suspiró, sintiendo que las lágrimas comenzaban a acumularse en
sus ojos.
—No sé si estoy listo para esto. Dos bebés… es mucho.
Ilay tomó su mano y le dio un suave apretón.
—Es normal sentirse así. Pero recuerda, no estás solo en esto. Estoy aquí,
y vamos a superar esto juntos.
Taeui lo miró, sintiendo el consuelo de su presencia. Era un alivio saber
que Ilay no solo estaba comprometido con ser un buen padre, sino que
también quería estar a su lado en este viaje.
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—Gracias —dijo Taeui, su voz temblando ligeramente—. A veces, siento
que estoy a punto de desmoronarme. No quiero fallarte ni a nuestros
hijos.
—Nunca vas a fallarnos —le aseguró Ilay—. Eres fuerte, y estamos en esto
juntos. Cada paso del camino.
Esa noche, después de que se fueron a la cama, Taeui no podía dejar de
pensar en lo que estaba por venir. La incertidumbre era abrumadora,
pero a pesar de eso, había algo en su interior que comenzaba a aceptar la
idea de ser padre. El amor que sentía por los gemelos crecía en su
corazón, y aunque el miedo seguía presente, empezaba a visualizar una
vida en la que podrían ser una familia.
---
Unos días después
Finalmente, la mañana del parto llegó. Taeui se despertó con
contracciones que marcaban el comienzo de un nuevo capítulo en su
vida. Aunque la emoción y el miedo lo invadieron, sabía que no había
vuelta atrás. Cuando Ilay se dio cuenta de que algo estaba pasando, se
movió rápidamente, ayudando a Taeui a vestirse y prepararse para el
viaje al hospital.
—Voy a estar contigo, no importa lo que pase —le dijo Ilay, su voz firme y
tranquilizadora mientras entraban al coche. Taeui asintió, sintiendo un
pequeño rayo de calma en medio de la tormenta.
El viaje al hospital estuvo lleno de tensiones y miradas intensas. Cuando
llegaron, el personal médico los recibió con profesionalismo y
amabilidad. Taeui fue llevado a la sala de parto, donde las enfermeras se
aseguraron de que estuviera cómodo y listo para el proceso.
Ilay nunca se apartó de su lado. Cuando Taeui sintió que las
contracciones se intensificaban, tomó la mano de Ilay, aferrándose a él
como si su vida dependiera de eso.
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—Tae, estoy aquí —susurró Ilay, mirándolo a los ojos—. Eres increíble.
Cada contracción traía consigo una ola de dolor, pero también una
sensación de empoderamiento. Taeui sentía que su cuerpo estaba
haciendo algo extraordinario, y aunque el miedo nunca desapareció por
completo, comenzó a encontrar fuerza en la experiencia.
Después de varias horas de intenso trabajo de parto, finalmente, el
momento llegó. El médico le dijo que estaba a punto de dar a luz, y la
emoción en la sala creció. Taeui sintió que su corazón latía con fuerza
mientras preparaban todo para la llegada de sus gemelos.
Con un último esfuerzo y un grito que resonó en la sala, Taeui finalmente
dio la bienvenida a sus hijos. El llanto de los bebés llenó el aire, y el alivio
y la alegría inundaron el corazón de Taeui. Ilay estaba a su lado, sus ojos
llenos de lágrimas mientras miraba a los pequeños.
—Son hermosos —dijo Ilay, asombrado por la vida que habían traído al
mundo.
Taeui, aún exhausto, sintió que una ola de amor lo envolvía al ver a sus
hijos por primera vez. Uno de ellos tenía el cabello castaño y los ojos
oscuros de Taeui, mientras que el otro tenía un ligero toque dorado en su
cabello, que recordaba a Ilay. Era la mezcla perfecta de ambos, y en ese
momento, Taeui supo que todo el dolor y el miedo habían valido la pena.
El médico les entregó a los gemelos, y Taeui los sostuvo en sus brazos,
sintiendo la calidez de sus pequeños cuerpos.
—¿Qué nombres elegimos? —preguntó Ilay, mirándolo con ternura.
—Kai y Leo —respondió Taeui, su voz llena de emoción—. Esos son
nuestros nombres.
Con los gemelos en sus brazos, ambos hombres supieron que habían
comenzado un nuevo viaje. A pesar de los desafíos que enfrentarían,
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también sabían que el amor que sentían el uno por el otro y por sus hijos
sería la base sobre la cual construirían su familia.
Mientras miraban a sus hijos, el futuro se iluminó frente a ellos. Había
un camino por delante, lleno de incertidumbres, pero también de
promesas y alegrías. Juntos, estaban listos para enfrentar lo que viniera.
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Epílogo: Nuevos Comienzos
Los meses pasaron y con cada día, la vida de Ilay y Taeui se llenó de risas
y pañales, llantos y alegrías. La llegada de Kai y Leo había transformado
sus vidas de formas que jamás habían imaginado. Al principio, los días
estaban marcados por la falta de sueño y las incertidumbres típicas de
ser nuevos padres, pero a medida que se adaptaron a su nueva rutina,
encontraron una felicidad indescriptible en la crianza de sus gemelos.
La casa que compartían se convirtió en un hogar bullicioso, lleno de
juegos, cuentos y el inconfundible sonido de los pequeños balbuceos de
Kai y Leo. Ilay, con su sentido del humor característico, a menudo hacía
reír a Taeui y a los niños con sus travesuras, mientras que Taeui, con su
paciencia infinita, era el ancla emocional de la familia. Se apoyaban
mutuamente, formando un equipo sólido y amoroso.
Con el tiempo, los gemelos comenzaron a explorar el mundo que los
rodeaba. Ilay y Taeui pasaban horas en el parque, disfrutando de los
juegos en los columpios y las risas que resonaban en el aire. Cada
pequeño paso que daban los gemelos era celebrado como un logro
monumental. Cuando Kai dijo su primera palabra, Ilay se emocionó
tanto que decidió que era necesario organizar una fiesta para celebrarlo,
y Taeui se unió a la idea con entusiasmo.
Sin embargo, no todo fue fácil. Hubo noches difíciles en las que ambos se
sentían abrumados por la falta de sueño y las responsabilidades de ser
padres. En esos momentos, se sentaban juntos en la sala, con una taza de
café en la mano, compartiendo sus miedos y anhelos. A pesar de los
desafíos, siempre encontraban consuelo en la compañía del otro. Cada
vez que se sentían al borde de rendirse, una mirada, una palabra o un
simple toque les recordaba lo que habían construido juntos.
A medida que la vida se estabilizaba, su relación romántica también
floreció. Ilay hacía un esfuerzo consciente para mantener viva la chispa,
planeando pequeñas escapadas para que ambos pudieran disfrutar de
tiempo a solas. Ya sea una cena en su restaurante favorito o una noche de
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películas en casa, esos momentos les recordaban lo que había entre ellos,
más allá de ser simplemente padres.
Una noche, mientras estaban sentados en el sofá viendo una película,
Ilay tomó la mano de Taeui y le sonrió, su mirada llena de complicidad.
—¿Recuerdas aquella vez que nos besamos en la cafetería? —preguntó
Ilay, su voz suave.
Taeui asintió, una sonrisa iluminando su rostro.
—Fue uno de los mejores momentos de mi vida.
—A mí también —respondió Ilay, acercándose más—. A veces, me
pregunto cómo hemos llegado hasta aquí.
—No lo sé, pero estoy agradecido por ello —dijo Taeui, apretando la
mano de Ilay—. No puedo imaginar mi vida sin ti y los niños.
Ilay lo miró intensamente, sus ojos oscuros llenos de amor.
—Siempre estaré aquí, Tae. No solo como el padre de nuestros hijos, sino
como tu compañero en todo esto.
A medida que pasaban los días, el amor entre ellos continuó creciendo.
La vida juntos no solo era una serie de responsabilidades, sino también
una aventura llena de momentos de ternura. Cada vez que Kai y Leo se
reían o decían algo inesperado, ambos se miraban con complicidad,
sabiendo que estaban creando recuerdos que durarían toda la vida.
Sin embargo, el destino tenía una nueva sorpresa reservada para ellos.
Una mañana, mientras Taeui se preparaba para salir, sintió un ligero
mareo. Al principio, lo ignoró, atribuyéndolo a la falta de sueño y al
agotamiento de ser madre de gemelos. Pero cuando los mareos
continuaron y una extraña sensación de náuseas lo invadió, decidió
hacerse una prueba de embarazo.
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La espera se sintió eterna, pero cuando finalmente vio el resultado, el
corazón de Taeui se detuvo por un momento. La prueba dio positivo, y
en lugar de alegría, una ola de confusión y miedo lo abrumó. ¿Estaba
realmente preparado para más? ¿Podían manejar otro bebé en su ya
ajetreada vida?
Tomando aire profundo, se dirigió a Ilay, que estaba en la cocina
preparando el desayuno para los gemelos. Su corazón latía con fuerza
mientras luchaba por encontrar las palabras adecuadas.
—Ilay, tenemos que hablar —dijo Taeui, su voz temblorosa.
Ilay lo miró, preocupado por el tono de su pareja.
—¿Qué pasa?
Taeui tomó un momento para recomponerse, el papel de la prueba de
embarazo escondido en su mano. Finalmente, decidió que era el
momento de revelarlo.
—Creo que estamos esperando otro bebé —dijo, sintiendo cómo las
lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.
La expresión de Ilay pasó de la preocupación a la sorpresa, y luego a la
alegría. Se acercó rápidamente, tomando a Taeui entre sus brazos.
—¿De verdad? —preguntó, su voz llena de incredulidad y felicidad.
Taeui asintió, sintiéndose abrumado por la reacción de Ilay. La confusión
y el miedo comenzaron a desvanecerse a medida que la alegría se
apoderaba de ellos.
—No sé cómo lo haremos, pero… estoy emocionado y asustado al mismo
tiempo.
Ilay sonrió, acariciando la mejilla de Taeui con ternura.
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—Lo superaremos, como siempre lo hemos hecho. Esto es solo otro
capítulo en nuestra historia.
Con el tiempo, a medida que la noticia se asentaba, Taeui comenzó a
aceptar la idea de tener otro hijo. Sabía que, aunque las cosas serían más
desafiantes, también habría más amor, más risas y más momentos
inolvidables.
La familia se preparó para la llegada de su nueva hija, y mientras Kai y
Leo comenzaban a entender que tendrían una hermana, la casa se llenó
de emoción y anticipación. La relación entre Ilay y Taeui se fortaleció
aún más, a medida que compartían sueños sobre el futuro y cómo criar a
sus tres hijos.
A medida que avanzaban, comprendieron que no solo eran padres, sino
también compañeros de vida, y el amor que compartían se convirtió en el
hilo conductor de su familia. Juntos, estaban listos para enfrentar
cualquier cosa que el futuro les deparara, unidos en su amor por cada
uno de sus hijos, y por el futuro que construirían juntos.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
Fin (╥﹏╥)
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