EFy Ce 286
EFy Ce 286
Educación Física y Ciencia, vol. 26, núm. 1, e286, enero-marzo 2024. ISSN 2314-2561
Universidad Nacional de La Plata
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Departamento de Educación Física
Santiago Pich
Universidade Federal de Santa Catarina, Brasil
[email protected]
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Cristiano Mezzaroba
Universidade Federal de Sergipe,, Brasil
[email protected]
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Fabiana Cristina Turelli
University of Manitoba, Canadá
[email protected]
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Alceu Junior Maciel
Secretaria de Estado da Educação de Santa Catarina, Brasil
[email protected]
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Letícia Baldasso Moraes
Universidade Federal de Santa Catarina, Brasil
[email protected]
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Resumen
El ensayo problematiza la idea moderna de formación de profesores de educación física referenciada en la noción de cuidado de
sí a partir de la elaboración de Michel Foucault. Ese movimiento nos lleva a pensar la relación entre cuerpo y verdad que es
constitutiva del modo hegemónico de formación de profesores construida con base en el par pedagogía-profesor(a) y a
cuestionar la imposibilidad de la formación del sujeto ético en ese registro en el contexto de una política democrática. Por otro
lado, con base en el concepto de cuidado de sí y en el par psicagogía-parresiasta elaboramos algunos principios que nos permiten
construir otro modo de formación docente en el campo de la educación física, que tienen como clivaje la constitución del sujeto
ético para la vida en común.
Palabras clave: Cuerpo, Palabra, Formación de profesores, Ética, Política.
Cita sugerida: Pich,, S., Mezzaroba, C., Turelli, F. C., Maciel, A. J., Moraes, L. B. y Jacó, P. C. C. (2024). El cuidado de sí: palabra y cuerpo en
la formación de profesora/es de Educación Física. Educación Física y Ciencia, 26(1), e286. https://doi.org/10.24215/23142561e286
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Educación Física y Ciencia, vol. 26, núm. 1, e286, enero-marzo 2024. ISSN: 2314-2561
Abstract
This essay discusses the modern idea of physical education teacher training as it is grasped in the notion of self-care argued by
Michel Foucault. This leads the authors to contemplate the relationship between body and truth that is constitutive of the
hegemonic approach to teacher training built on the basis of the pedagogy-teacher pair and to question the (im)possibility of the
constitution of the ethical subject within this perspective in the context of democratic politics. On the other hand, in the light
of the concept of self-care and on the pair psychagogy-parrhesiast, some principles are suggested to contribute to building
another approach to teacher training in the field of physical education, around the constitution of the ethical subject for
communal life.
Keywords: Body, Word, Teacher Training, Ethics, Politics.
Resumo
O ensaio problematiza a ideia moderna de formação de professores/as de Educação Física referenciada na noção de cuidado de si
a partir da elaboração de Michel Foucault. Esse movimento nos leva a pensar a relação entre corpo e verdade que é constitutiva
do modo hegemônico de formação docente construído a partir da dupla pedagogia-professor(a) e a questionar a impossibilidade
da formação do sujeito ético nesse registro, no contexto de uma política democrática. Por outro lado, com base no conceito de
cuidado de si, e no par psicagogia-parresiasta, elaboramos alguns princípios que nos permitem construir outra modalidade de
formação de professores/as no campo da educação física, que tenha como clivagem a constituição do sujeito ético para a vida em
comum.
Palavras-chave: Corpo, Palavra, Educação de professores/as, Ética, Política.
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Consideraciones iniciales
En la tradición académica y profesional del campo de la Educación Física (EF) siempre vuelve el tema de
la relación del lugar del/de la profesor/a con el dominio de las técnicas corporales,1 objeto de saber de cuya
apropiación es el sujeto de la mediación. En ese marco se instalaron dos posiciones, una clásica que afirma la
importancia del/de la profesor/a en el dominio de las técnicas corporales a ser enseñadas, y otra,
supuestamente renovada y que se contrapone a la primera, que hace hincapié en las diversas posibilidades
disponibles para que el aprendiz tenga modelos de referencia, tales como el uso de recursos audiovisuales, la
convocatoria de un alumno que tenga mayor dominio motor en la actividad, las invitaciones a personas que
tengan experiencia en la práctica corporal tematizada, por citar algunos ejemplos.
Sin embargo, entendemos que esa polaridad, que no deja de ser significativa, se asienta en el mismo
punto de partida, que es la apropiación de técnicas corporales referenciadas en modelos que operen de
manera eficaz y eficiente. Por otro lado, en ambos casos la pregunta sobre el sujeto de la mediación (el/la
profesor/a) recae sobre la manera cómo conciben los caminos más adecuados para aproximar el sujeto que
aprende de técnicas que configuran las prácticas corporales de la cultura corporal de movimiento.2
En ese movimiento se esconde un problema central para la reflexión que proponemos, que es el proceso
de construcción de la relación del sujeto-professor/a con su cuerpo y cómo esa relación se materializa en la
mediación que opera la figura del/de la profesor/a. La pregunta es la siguiente: ¿cómo nos hacemos
mediadores de un objeto en el campo de la EF? ¿Cómo opera nuestra relación con el cuerpo y los saberes de
los cuales nos apropiamos en ese proceso?
En ese sentido entendemos que los saberes que son objeto de mediación en las áreas de conocimiento
que tienen a la dimensión estética como fundamento, donde localizamos principalmente (pero no
únicamente) a la educación artística, la EF y la enseñanza de literatura, operan de un modo distinto a las
otras áreas porque el sujeto de la mediación tiene un grado de implicación subjetiva mayor con el saber con
el que establece la mediación. No nos referimos aquí a la idea de que un/a profesor/a enseñe
principalmente el deporte con el cual tiene familiaridad (lo que no es raro), sino que al enseñar una práctica
corporal pone en juego el propio cuerpo, el modo de relación que ha construido a lo largo de su vida con su
cuerpo. A pesar de poder quererlo o desearlo, no es posible dejar el propio cuerpo fuera del patio.
Entendemos que esos saberes de carácter ético-estético son inherentes al proceso de mediación. Se quiera o
no.3 Lo que es diferente de cuando alguien enseña matemática o historia o geografía, proceso en el cual la
relación con el saber que es objeto de mediación tiene un carácter instrumental (lo que no significa que el
sujeto no pueda estar implicado en el saber que es objeto de mediación).
La tradición de la formación de profesores/as, que se inscribe en el horizonte del proyecto moderno del
sistema de enseñanza, se afirma en la centralidad de la palabra de la ciencia, que reivindica ser objetiva,
neutra y universal como el modelo de palabra que nos permite tener acceso a la realidad. Sin menoscabar la
importancia de la ciencia para explicar la realidad (premisa que se vuelve cada vez más urgente en tiempos
de post-verdad y fake news), entendemos que problematizar el modo en que la palabra de la ciencia afecta al
cuerpo que forma y atraviesa es relevante en ese contexto. En ese marco nos preguntamos: ¿en qué medida
disponemos de herramientas que nos permitan operar un pliegue sobre nosotros y nuestra condición
corporal en el proceso de formación de profesores/as de EF?
Para problematizar esas preguntas utilizamos algunas herramientas teóricas elaboradas por Michel
Foucault, especialmente aquellas desarrolladas en los años ‘80 del siglo XX, centradas en la noción de
cuidado de sí. Para Foucault (1994), cuidar de sí es un modo especial de relación de sí para consigo, que no
es dada ni tampoco está garantizada por seguir un conjunto de prescripciones determinadas que aseguren
su eficacia, sino que se pauta por una relación con un maestro que ya saber cuidad de sí, a partir de la cual el
sujeto en vías de aprender a cuidar de sí, elabora artesanalmente la vida, produciendo una estilística de la
existencia, a partir del compromiso ético que desarrolla con la palabra y la verdad enunciada.
El acto de enunciación es un acto de producción ética del sujeto, en la medida que con la palabra dicha
no se tiene una relación de exterioridad, una relación instrumental, sino que es dicha porque fue in-
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corporada, literalmente hecha cuerpo, en un proceso de subjetivación de la verdad. Tal proceso tiene como
clivaje a una práctica permanente de reflexión a partir de una racionalidad en acto, que se realiza en el
movimiento del existir. Por tanto, está referenciada en la historicidad, en la contingencia y en la
inmanencia y se realiza a lo largo de toda la existencia. Con base en ese modo de concebir la formación
humana el cuerpo es un permanente devenir que tiene como horizonte a las reglas de existencia que el
sujeto se da a partir de y en la relación con el Otro. Así, concebir la formación humana y la formación del/
de la profesor/a en ese registro nos lleva a hacer indisociables la palabra, la ética, el cuerpo, la libertad y la
política.
El texto está organizado en tres tópicos. En el primero discutimos la relación entre el momento
cartesiano y la producción del cuerpo moderno y sus implicaciones para el campo de la EF y las prácticas
corporales. En el segundo hacemos una aproximación conceptual al problema del cuidado de sí. En el tercer
apartado nos ocupamos en presentar los modelos de formación de profesores pautados en dos procesos
diferentes de relación con el saber y el cuerpo. Por fin, tejemos consideraciones a modo de síntesis de los
argumentos que hemos expuesto a lo largo del trabajo.
En la época moderna la verdad ya no puede salvar al sujeto. El saber se acumula en un proceso social objetivo. El sujeto
actúa sobre la verdad, pero la verdad ha dejado de actuar sobre el sujeto. El vínculo entre el acceso a la verdad –
convertido en desarrollo autónomo del conocimiento – y la exigencia de una transformación del sujeto y del ser del
sujeto por el propio sujeto se ha visto definitivamente roto. (Foucault, 1994, p. 41)
En esa dirección Foucault (1994) señala que em la edad moderna, la relación del sujeto con la verdade,
signada por el momento cartesiano, es um modo de recualificar el conócete a ti mismo (gnôthi seautón) y
paralelamente de descualificar el cuidado de sí (epiméleia heautou).
Al preguntarnos hoy sobre el significado que se atribuye a “cuidar de sí mismo”, es común la idea de la
búsqueda de “paz interior” o de “autoconocimiento”. En las librerías los libros de autoayuda son
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frecuentemente best-sellers, y más recientemente los libros de autores de la antigüedad greco-latina, como
Epicuro, Epicteto y Séneca, han sido desplazados del sector de filosofía para el de auto-ayuda y se venden
como opciones más elaboradas (en apariencia) y que gozan de la legitimidad de la tradición de pensamiento
occidental. Al parecer ha sido desplazado su sentido de un proceso incierto de formación por la promesa de
un des-cubrimiento de una esencia interior, que, una vez alcanzada permitiría un estado de tranquilidad,
serenidad y paz permanente, fruto del estado de “auto-conocimiento”. Ya en su tiempo Foucault
vislumbraba el alcance de ese proceso y alertaba para la imposibilidad de que ese movimiento produjese
algún resultado en el sentido de la formación de sujetos éticos y políticamente comprometidos con el modo
en que son gobernados. Según Foucault (1994):
En esta serie de empresas para reconstruir una ética de sí mismo, en este movimiento que nos obliga a referirnos sin
cesar a esta ética del uno mismo sin proporcionarle jamás un contenido, me parece que hay que sospechar una especie
de incapacidad para fundamentar en la actualidad una ética. Y, sin embargo, muy posiblemente sea ahora cuando esta
empresa se haya convertido en una tarea urgente, fundamental, políticamente indispensable si se acepta, pese a todo,
que no existe otro punto de apoyo primero y útil de resistencia al poder político que el que se encuentra en la relación
de uno para consigo mismo. (Foucault, 1994, p. 88)
El decir de Foucault también nos invita a preguntarnos sobre qué entendemos por resistencia, en el
sentido de evitar lugares comunes pautados por la idea de que resistir es hacer lo contrario de lo que la
norma dice, o tener que elegir entre lógicas binarias que ya están dadas y son funcionales a la lógica del
poder vigente. Resistir es una tarea mucho más compleja que demanda una relación de sí para consigo
mismo de la cual pueda resultar la creación de un modo singular de relación con el Otro, modo que está
siempre en el horizonte de la contingencia y, por tanto, de la historicidad y nunca pautado por un a-priori a
ser realizado o cualquier ley histórica. Solamente en ese lugar es posible la experiencia ética y la ética como
experiencia (o sea como práctica transformadora del sujeto), la ética como práctica reflexionada de la
libertad (Foucault, 2009).
En un momento anterior, en el que discutía sobre el proyecto investigativo que llevaba adelante sobre la
sexualidad moderna, también presenta su desconfianza sobre la supuesta liberación corporal que habría en
las formas de regulación y control del cuerpo en las sociedades post-disciplinarias (o neo-disciplinarias,
término que nos parece más adecuado). ¿Serían los cuerpos expuestos con poca ropa una expresión de una
relación más abierta y menos reguladora que señala una nueva ética del cuerpo? ¿O estaríamos delante de
nuevas formas de captura, control y regulación del cuerpo? Nuestro autor nos dice:
El cuerpo se ha convertido en el centro de una lucha entre los niños y los padres, entre el niño y las instancias de
control. La sublevación del cuerpo sexual es el contra-efecto de esta avanzada. ¿Cómo responde el poder? Por medio de
una explotación económica (y quizás ideológica) de la erotización, desde los productos de bronceado hasta las películas
porno... En respuesta también a la sublevación del cuerpo, encontraréis una nueva inversión que no se presenta ya bajo
la forma de control-represión, sino bajo la de control-estimulación: «¡Ponte desnudo... pero sé delgado, hermoso,
bronceado!» A cada movimiento de uno de los adversarios responde el movimiento del otro. (Foucault, 1979, p. 105)
La cita nos permite inferir que no hay un lugar arquimediano para la producción de un modo de ser del
cuerpo, o, mejor dicho, de la relación del cuerpo con el sujeto. En esa dirección el cuerpo es situado como
un campo de disputa entre el ejercicio del poder y los cuerpos-sujetos que son blancos del poder, en una
relación siempre móvil y de carácter estratégica. En ese movimiento Foucault, ya en mediados de la década
de 70 del siglo XX, apunta la emergencia de un nuevo poder regulador que apuesta, no más en la exhibición
de un cuerpo supliciado y penitente, sino en la hiperexposición de un cuerpo robusto hipertrofiado y
bronceado, en una economía política del deseo, que encuentra su espacio de mayor expresión en la
actualidad en las redes sociales, llevando el individuo a pensarse como un “cuerpo libre”, pero bastante
restringido y estandarizado.
La alerta del autor nos invita a cuestionar la permanente incitación contemporánea a adoptar un “estilo
de vida saludable”, que implica a subsumir la propia vida de forma integral en una lógica normalizadora,
lógica para la cual el saber biomédico y el saber de la economía son centrales. Seguir los dictados de la vida
fitness es vivir una vida regulada y controlada, en relación al dormir, a la alimentación, a frecuentar
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gimnasios y hacer prácticas corporales, así como aceptar la negación del placer (por ejemplo, en relación a la
alimentación y bebidas). Encontramos así otro sentido bastante diseminado en la actualidad para la noción
de “cuidar de sí mismo”. Es muy frecuente emparentarlo con tener “buenos hábitos de salud”, como
alimentarse de forma equilibrada y balanceada, mantener un “estilo de vida activo”, “tener una buena
calidad de sueño”. De forma análoga, tendemos a elaborar un juicio negativo (de carácter moral) cuando
vemos que individuos no siguen los “mandamientos del estilo de vida saludable”. Siguiendo la impronta
foucaultiana (Ver Foucault, 1979), la modernidad es el período en el cual, el elemento impolítico del
sujeto, la vida biológica, se vuelve objeto del investimento capitalista y es politizado en clave de la
normalización de la vida cerrando, la posibilidad para la producción de una vida en común de carácter
democrático.
Al preguntarnos sobre los modos de relación con el cuerpo en la cultura en la alta modernidad de la que
somos contemporáneos, vemos avanzar con gran rapidez una interpelación a la adopción de “hábitos y un
estilo de vida saludable”. Lo que antes eran llamados a mantener el hábito, o mejor la costumbre de realizar
prácticas corporales, mayormente deportivas, ha devenido en un deber ser moral que se impone al sujeto
para asumir la responsabilidad de gerenciar adecuadamente su vida (Yo S.A.) (Gadelha, 2013) para hacerla
rendir lo máximo posible. Es verdad que esa lógica hegemónica convive con otras denominadas
“alternativas” o “resistentes”, pero si justamente son “alternativas” o “resistentes” es porque existe un modo
de relación con el cuerpo que se impone.
En ese contexto la noción de “promoción de la salud” ha llevado a que la relación entre lo normal y lo
patológico haya cambiado su foco pasando de la restitución de la condición patológica a parámetros
considerados normales, para centrarse en el sujeto saludable al que le es impuesto el deber de mantenerse
saludable y “purificarse” por una adecuación de todos los momentos de su vida a los parámetros y criterios
considerados deseables y necesarios por la verdad biomédica. La búsqueda por el mantenimiento indefinido
de un estado saludable (y sabemos que saludable se equivale a los criterios de la lógica biologicista), y la
culpabilización del sujeto por la caída en un estado patológico operan como un juego de espejos. Ese
modelo implica una captura en casi la totalidad de la vida del individuo (y de la población) por la
normalización biomédica-económica. Son claros los ecos foucaultianos del cuadro que esquemáticamente
describimos. Podríamos extender la lógica que describimos al universo deportivo, lo que ya es mucho más
conocido. Si nos preguntamos sobre las posibilidades creativas y reflexivas en ese modo de ser de la relación
con el cuerpo y utilizamos las herramientas teóricas foucaultianas para ese propósito veremos que la
posibilidad de producir a partir de ese lugar una relación reflexiva con el cuerpo es probablemente inviable,
la lógica de la normalización se impone como un deber ser al cual hay que someterse sin cuestionamientos.
En la actualidad, con la expansión de las redes sociales, se puede pensar en la relevancia que estas
adquieren para promover adhesión de una infinidad de seguidores a los dictámenes sobre la salud y la
estética corporal propagados por de los influencers, muchos de los cuales provienen del universo fitness. Sin
querer abrir nuevos problemas, consideramos pertinente cuestionarnos sobre la manera en que se produce
un nuevo modo de sujeción a los imperativos normalizadores modernos, a partir de las redes sociales que
operan como veiculadoras de verdades, como confesionarios y como espacios de vigilancia mutua, de
amplia visibilidad de la vida privada.
Al preguntarse sobre los motivos por los cuales “el cuidado de sí” en la manera como era entendido por
los antiguos ha ido desapareciendo a lo largo de la tradición occidental dando lugar a la primacía del
“conócete a ti mismo”, Foucault (2009) cita cuatro motivos:
1. El primer, que es producido en la edad media, la ascesis cristiana, en la cual el cuidado de sí debe
ser entendido como renuncia y sacrificio de sí mismo. Los otros tres son modernos.
2. El segundo: “[…] en nuestro mundo, esas técnicas de sí en su mayor parte se integraron a técnicas
educativas y pedagógicas, médicas y psicológicas. Se integraron a estructuras de autoridad y
disciplina, o fueron reemplazadas y transformadas por la opinión pública, los medios masivos, las
técnicas de encuesta – que tienen un papel formativo sobre nuestra actitud con respecto a los otros y
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a nosotros mismos –, de modo que ahora son los otros quienes imponen a las personas la cultura de
sí, que por eso ha perdido su independencia.” (Foucault, 2009, p. 117)
3. La tercera razón: “[…] las ciencias humanas suponen que la relación principal, la gran relación con
uno mismo, es y debe ser en esencia una relación de conocimiento.” (Foucault, 2009, p. 117)
4. El cuarto y último: “[…] la gente cree [o es llevada a creer] que lo que debe hacerse es develar,
liberar, desenterrar la realidad oculta de sí mismo. […] El problema, entonces, no es rescatar, ‘liberar’
el sí mismo, sino imaginar cómo sería posible elaborar nuevos tipos, nuevas clases de relaciones con
nosotros mismos.” (Foucault, 2019, p. 117)
Vemos en los motivos expuestos anteriormente que, a partir de la analítica foucaultiana, la tradición
occidental es fruto de un proceso de creciente desconfianza con relación al sí mismo y al cuerpo y sus
posibilidades. En ese movimiento son elaborados diversos dispositivos complejos, siendo los dispositivos de
la confesión y el dispositivo pedagógico dos de los más relevantes. La confesión, y la ascesis cristiana que le
es coextensiva, abre la puerta para la idea de que el sujeto debe siempre desconfiar de sí mismo y asumir la
verdad de Otro como verdad de sí mismo y que el cuerpo debe ser objeto de desconfianza permanente
porque es en él que el Maligno se aloja (Foucault, 2019). Por otro lado, el dispositivo pedagógico moderno
tiene como objetivo producir una infancia y una adolescencia gobernable, sujetada al régimen moderno de
la verdad, pautado pela episteme de la ciencia (Sampaio y Augsburger, 2022). El sí mismo es así
enclaustrado en lógicas normalizadoras que cierran las posibilidades para el venir-a-ser como condición
para el existir, y para la formación humana, que actualmente tienen una gran impronta económica como
uno de sus principales fundamentos.
La modernidad constituye un sujeto sujetado a normas heterónomas, que escapan de una relación
reflexiva de sí para consigo. La conducción de la conducta del sujeto moderno se realiza, principalmente, a
través de dinámicas económicas y por procesos de burocratización. Esta relación entre el sujeto, el cuerpo y
la economía atraviesa todas las dimensiones de la vida. Bajo tales presupuestos los sistemas educacionales
surgen como formas de control volcados para la producción y el consumo. Estas relaciones vuelven poco
probables el reconocimiento y la práctica de sí, así como también el compromiso ético con la verdad, siendo
que para Foucault el decir la verdad está íntimamente relacionado con el modo de vida. Para nuestro autor
el período moderno es productor de paradojas que tienden a cerrar los espacios para la creación de la propia
existencia, o para vivir la propia existencia, la propia vida como objeto de creación. La vida debería ser
aquello que está siempre en abierto y a lo cual se da forma por movimiento ético (de implicación del sujeto
con la palabra dicha y hecha cuerpo o que crea cuerpo y que crea cuerpo porque vivida – volveremos a esto
más adelante), estético (de estar dando siempre una forma singular a la existencia con el Otro) y político
(por la orientación permanente de la vida por la pregunta ¿queremos ser gobernados por estos sujetos? ¿De
qué modo? ¿Hasta qué límites?) (Foucault, 2018).
Otro aspecto importante que marca el período moderno es la forma en que el universo del arte es
producido. De forma extraña, la modernidad crea una novedad que es la especialización del arte y la
producción de la categoría “artista profesional”. Como resultado de ese proceso se operan dos
cerramientos: la vida deja de ser objeto de creación y el artista se relaciona con la obra como algo no
necesariamente vinculado con su propia existencia. Veamos lo que nos dice Foucault (2009):
Lo que me llama la atención es que en nuestra sociedad el arte se ha transformado en algo relacionado sólo con objetos
y no con individuos, o con la vida; que el arte es algo especializado, realizado por expertos, que son los artistas. Pero ¿no
podría la vida de cada uno transformarse en una obra de arte? ¿Por qué pueden una lámpara o una casa ser objetos
artísticos, y no nuestra propia vida? (Foucault, 2009, p. 61).
De manera correlacionada a la cita anterior podemos preguntarnos también por qué el universo da las
prácticas corporales de movimiento ha sido colonizado por una lógica esportivizante, profesionalizante,
cientificizada y espectacularizada que se ha vuelto la referencia necesaria a la hora de establecer normas
consideradas legítimas para promover la relación con el cuerpo, cerrando la puerta a formas pautadas por la
creación de formas singulares de relación con el cuerpo y, por tanto, también imposibilitando la apertura a
una política del cuerpo que haga eco con la democracia. De algún modo ese es el diagnóstico de Soares
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(2002) al retratar el pasaje de las prácticas funambulescas de la pre-modernidad a las prácticas gimnásticas.
Sin embargo, queda abierta la pregunta sobre lo que significa cuidar de sí en el proceso de formación
humana en la contemporaneidad y, particularmente, en la formación de profesores de EF.
Nos encontramos así con la paradoja de que el precepto de la preocupación por uno mismo significa para nosotros más
bien egoísmo o repliegue mientras que, por el contrario, durante muchos siglos ha sido un principio matricial de
morales extremadamente rigurosas (moral epicúrea, moral cínica, etc). Esta noción de la preocupación por uno mismo
está en la actualidad un tanto perdida en la sombra. La razón de que esté en la sombra se debe en parte a que esta moral
tan estricta -surgida del principio ocúpate de ti mismo-, a que estas reglas tan austeras, nosotros las hemos retomado de
otros sistemas de pensamiento -ya que aparecen tanto en la moral cristiana como en la moral moderna no cristiana,
pero en un clima totalmente distinto. (Foucault, 1994, p. 36-37).
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cultiva una estrecha relación de coherencia entre lo que dice con lo que es. Ese modo de vida lo cualifica
para establecer una relación franca y abierta con los discípulos o aquellos que lo consultan, una relación
referenciada en la parrhesía.
Esa relación está referenciada por un modo específico de discurso que no es el de la ciencia, sino el de la
parrhesía. Foucault (2009) señala que la parrhesía está situada en un registro discursivo diferente de la
pragmática del discurso, por ser del orden de la “dramática del discurso”. Eso implica que el sujeto se
compromete éticamente con la palabra dicha, en la medida que dice: “soy yo el que dice”.
Para que la paresia sea verdaderamente tal es preciso que la presencia de aquel que habla se perciba en lo que dice, o,
dicho de otra forma, es necesario que la verdad de lo que dice pueda deducirse a partir de su conducta y de la forma en
la que realmente vive. Decir lo que se piensa, pensar lo que se dice, hacer que el lenguaje se corresponda con la
conducta; esta promesa, esta especie de compromiso, está en la base de la paresia. (Foucault, 1994, p. 100)
Ese acto discursivo produce al sujeto, no como resultado de estar investido de un cargo o por pertenecer
a un estamento, sino por el hecho de arriesgarse a decir la verdad a otro con base en su condición de sujeto
ético y abriéndose para un “riesgo indeterminado” (Foucault, 2009). La palabra dicha en la relación
parresiástica y particularmente en la relación que tiene como objeto el cuidado de sí, es dicha para Otro,
corriendo el riesgo de los efectos que ella puede provocar, que son siempre imprevisibles, pudiendo poner
en riesgo la propia relación o, en el límite, arriesgando la propia vida.
Esa palabra no es de carácter universal y abstracto, sino que tiene como lugar de anclaje la vida del que la
dice y es producida de modo artesanal para aquel a quien se dirige. La escucha de tal palabra tampoco es
exenta de peligros, porque al contrario de lo que nosotros modernos esperamos, no tiene como desiderata
el conforto de quien la escucha, sino que tiene un potencial perturbador (Foucault, 1994).
La relación maestro – discípulo es definida por una relación de escucha atenta de la palabra del maestro.
Él detiene el saber sobre la vida, no por un movimiento lógico, sino porque lo que dice es atestiguado por la
forma que vive. La verdad tiene como caja de resonancia la vida del que la enuncia. La autoridad no
proviene de los largos años de estudio, o de las publicaciones alcanzadas, ni de los éxitos en competiciones o
los premios recibidos, sino que se produce en el reconocimiento de la ejemplaridad de la vida que se vive. Y
ejemplar aquí no significa seguir un modelo que tiene normas a-priori, sino producir la propia existencia
como obra de arte, a partir del compromiso y el coraje de la autoformación como sujeto ético, de una
etopóiesis. La verdad enunciada no tiene el carácter de transmisión de un saber lógico-técnica, sino de un
decir de sujeto para sujeto que tiene como blanco servir de principio de existencia, para la elaboración de un
modo singular de existencia, una estilística de la existencia. En este registro la relación con la verdad no
tiene carácter lógico-epistemológico, sino de valer como reglas de existencia que para poder ser validadas
tienen que in-corporarse, en el sentido literal de la palabra que se hace y hace cuerpo.
La ascesis propuesta por Foucault tiene como marca la subjetivación de la verdad, un hacerse sujeto por
la forma que se le da a la vida que se vive por la verdad con la que el sujeto se implica. Cuidar de sí es una
práctica permanente (ascética) de sí para consigo que tiene como horizonte la transformación del ser del
sujeto.
Pensar el campo de las prácticas corporales y la EF en este registro nos lleva a confrontarnos con el
problema de la relación con la verdad a la cual se refiere el cuidado de sí. El mundo de la cultura corporal de
movimiento ha sido colonizado por la forma deporte y su lógica cientificizante, por lo que los principios de
verdad que orientan las prácticas corporales tienen al horizonte de la ciencia como referencia. Sin embargo,
esa lógica produce un proceso de subjetivación heterónomo porque son las normas del entrenamiento
físico-deportivo o aquellas del condicionamiento para la aptitud física orientada a la salud son dadas como
teniendo validad apriorística y así operan como principios de verdad para la realización de las prácticas
corporales.
Esas normas no deben ser incorporadas a partir de una elaboración artesanal de la verdad como en la
lógica del cuidado de sí, sino que deben ser seguidos por su valor técnico-instrumental. El resultado de tal
proceso no es un sujeto ético, sino un “cuerpo apto para” (y el cuerpo es entendido aquí en su dimensión
orgánico-funcional). Por tanto, pensar el ámbito de la cultura corporal de movimiento y la prácticas
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corporales en la llave de lectura del cuidado de sí presupone, según nuestro entendimiento algunos
principios: en primer lugar, que la práctica corporal debe permitir al sujeto establecer una relación reflexiva
sobre su quehacer corporal, un moverse que abra para un sentir y un decir con las palabras y con el
movimiento; en segundo lugar, que el sujeto puede ser llevado a reconocerse en el modo en que realiza las
prácticas corporales, como algo en lo cual imprime su marca, un estilo propio de construir su
movimentalidad; en tercer lugar, un hibridismo de saberes, que no niegue al saber científico, pero que este
pueda hacer juego con otros modos de saberes como los oriundos de la sensibilidad, de las artes y la
reflexión ética con y a partir del cuerpo, que pueda tejer una malla de saberes que operen como las verdades,
con las cuales el sujeto se implique para estar siempre tejiendo con el mundo y con los otros su modo
singular de realizar prácticas corporales como una dimensión de la producción de sí mismo.
Podemos denominar pedagogía a la transmisión de una verdad que tiene por función dotar a un sujeto cualquiera de
actitudes, de capacidades, de saberes que antes no poseía y que deberá poseer al final de la relación pedagógica.
(Foucault, 1994, p. 101)
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Vemos en la cita que la pedagogía está mediada por la relación de orden instrumental con la verdad, y no
por una relación de tipo ético, de ello resulta que la formación está definida por el progreso del estudiante
en la capacidad de operar lógicamente con saberes de un dominio específico del conocimiento. Proceso ese
que puede ser mensurado de manera objetiva y no demanda ningún cambio en el modo de vida del sujeto,
no hay ningún constreñimiento, coerción moral por la verdad (O si lo hay es en la forma de síntoma, de
formatación, de barbarie). Por lo menos no es condición de posibilidad para que el proceso proyectado de
formación se realice, lo que no significa que no pueda ocurrir. Pero si acaece es fruto del acontecer, de la
virtualidad, de la contingencia y no como el resultado esperado del proceso formativo en curso.
En otro momento, al referirse al conjunto de individuos que en los textos platónicos poseían un saber-
hacer, una tekhne, entre los cuales se encontraba el gimnasiarca y a los cuales Foucault vuelve equivalente
al/a la profesor/a, los considera aquello/as que poseen un saber que han adquirido de la tradición a la que se
vinculan y tienen el compromiso, la obligación de transmitirlo, tienen obligación de palabra, en la medida
en que la continuidad de la tradición tiene en esa transmisión del saber su condición de posibilidad. A pesar
de estar “obligado a la palabra” esa posición de sujeto es tal que:
En esa idea de la persona poseedora de un saber de tekhne, que lo ha recibido y que va a transmitirlo, encontramos el
principio de una obligación de hablar, que no se constata en el sabio pero sí en el parresiasta. Sin embargo, se ve a las
claras que ese profesor, ese hombre de la tekhne, del savoir-faire y la enseñanza, no corre ningún riesgo en la
transmisión del saber, en el decir veraz que él mismo ha recibido y va a transmitir, y en eso consiste su diferencia con el
parresiasta. Todo el mundo lo sabe, y yo el primero, que nadie necesita ser valeroso para enseñar (Foucault, 2010, p.
40).
En el proceso formativo el/la profesor/a establece un vínculo con los aprendices, pero que está dado en la
esfera del saber común, de la herencia de la tradición, que también puede dar lugar a lazos de amistad, pero
que no son presupuestos del proceso formativo. Foucault sitúa a la docencia como una actividad en la cual
la relación con la verdad que se posee debe ser transmitida, es un compromiso con la tradición a la que se
pertenece, pero la verdad transmitida, el saber en juego no demanda del sujeto que lo transmite ningún
compromiso ético. Vemos la simetría en los dos lados del proceso: del lado del que aprende lo que se puede
verificar es un progreso en el dominio lógico y técnico-instrumental de un saber específico que
normalmente es mensurado por instrumentos evaluativos como las pruebas y los exámenes con resultados
dados en la forma de notas cuantitativos. Por otro lado, el/la que enseña (posición de sujeto con la cual
Foucault se identifica) está marcado por una doble condición: estar obligado a transmitir el saber que
posee, pero, al mismo tiempo no hay ningún compromiso ético con el saber que tiene el compromiso de
transmitir.
Pensar la formación en el ámbito de las prácticas corporales y EF en ese registro nos lleva a entender que
el proceso de formación en ese campo de saber y de saber-hacer está pautado por la transmisión de técnicas
de movimiento que tienen como horizonte la formación de un sujeto que se desempeñe de manera
proficiente en la práctica de actividades físico-deportivas y que domine saberes teóricos sobre esas mismas
prácticas, sin que ello redunde en cualquier formación ética de ese mismo sujeto.
Dicho de otro modo, la relación entre dominio del saber sobre y del saber hacer de las prácticas
corporales no es ninguna garantía de formación ética. Ese problema se observa de modo radical en la
paradoja muy presente en el ámbito deportivo en el cual grandes jugadores de diversas disciplinas
deportivas son ejemplares técnicamente, pero condenables éticamente.
Lo mismo vale para los mediadores de esos saberes, la posibilidad de actuar como docentes o como
formador en el ámbito de la actividad física, el deporte y la recreación es dada por el acceso a un diploma,
que habilita, que otorga la licencia para del desempeño profesional. El acceso a un cargo de esa naturaleza es
dado por la comprobación del dominio teórico, lógico-formal de saberes, de lo que no resulta cualquier
formación ética del sujeto.
Los ejemplos de conductas de técnicos deportivos que se caracterizan por el uso de la violencia física
(inclusive de abusos) y simbólica en los procesos de entrenamiento deportivo abundan. Citamos, a modo
de ejemplo, el reciente documental intitulado “Guillermo Pérez Roldán – confidencial” que trata de la
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relación deportiva del extenista argentino homónimo con su padre Raúl Pérez Roldán que era también su
técnico y del cual padecía los más violentos castigos que se pueden imaginar.
Por otro lado, el par psicagogía y parresiasta nos abre para otra relación de los sujetos con la verdad.
Veamos. La psicagogía tiene un objeto totalmente diferente como centro del proceso formativo, por situar
como elemento constitutivo la transformación del ser del sujeto, ser transformado por la verdad con la cual
se establece relación. Sólo hay acceso a la verdad con la condición de establecer con esa verdad un
compromiso ético, que pase a moldar el ser del sujeto que de ella hace su práctica y, así, por un movimiento
ascético, va dando siempre forma a su existencia. El pensador galo nos dice:
[…] se podría denominar psicagogía a la transmisión de una verdad que no tiene por función dotar a un sujeto de
actitudes, de capacidades y de saberes, sino más bien de modificar el modo de ser de ese sujeto (Foucault, 1994, p. 101).
Cuando se refiere a la condición del sujeto que orienta el proceso formativo, el parresiasta, lo caracteriza
como siendo el “[…] interpelador incesante, permanente, insoportable” (Foucault, 2010, p. 37). La
formación dada por la relación parresiástica no tiene como objeto un saber de orden técnico-instrumental,
ni tampoco decir a quien se dirige la verdad de su identidad: “El parresiasta no revela a su interlocutor lo
que es. Le devela o lo ayuda a reconocer lo que él es” (Foucault, 2010, p. 38). De tal manera que la relación
así propuesta está referenciada en la idea de que el sujeto sea llevado a hacer un pliegue sobre sí mismo y en
ese movimiento producir a sí mismo como sujeto ético. La formación humana en el registro es de ruptura y
no de reconciliación, de ruptura con el modo de ser del sujeto.
El decir veraz del parresiasta incurre en riesgos de la hostilidad, la guerra, el odio y la muerte. Y si es cierto que la verdad
del parresiasta – [cuando] se la admite, [cuando] el otro, frente a él, acepta el pacto y participa del juego de la parrhesía
– puede entonces unir y reconciliar, sólo lo hace luego de inaugurar un momento esencial, fundamental,
estructuralmente necesario: la posibilidad del odio y del desgarramiento (Foucault, 2010, p. 41).
Es importante decir que este tipo de relación pone en juego el ethos, el modo de vida del sujeto. En el par
psicagogía – parresiasta lo que emerge no es un juego lógico de enunciados, sino una relación dramática en
la que se produce un encuentro radical entre sujetos que entran en relación por el compromiso ético del
decir veraz, en la enunciación y en la escucha. Ese drama el decir como algo disruptivo presupone también
una doble dimensión ética y de coraje: de quien dice y de quien escucha. Cuidar de sí no es un puerto
seguro, sino un riesgo incierto.
Al pensar la relación parresiástica en el campo de las prácticas corporales y la EF traemos a colación
experiencias primarias en la relación del sujeto con el mundo. La primera impresión de un bebé recién
nacido es la recepción que normalmente ocurre en el seno del sujeto que lo recibe y presenta por primera
vez el mundo, gesto que la mayoría de las veces es acompañado por palabras de amor dichas por el sentir
generado por la vida que nace. Impresión fundante de la humanidad que está siendo gestada en el
organismo humano recién llegado al mundo que precisa ser continuada. Evidentemente que en las
condiciones actuales del capitalismo avanzado ese gesto fundante y fundamental para el devenir de una
humanidad que se sienta bienvenida al mundo, no tiene gran popularidad. Continuando con esas
experiencias el organismo humano en el proceso de devenir un cuerpo tiene en un proceso de pliegues algo
fundamental: la noción del cuerpo como un enteramente otro con el cual se puede establecer una relación
dialógica, pero que debe estar pautado por una escucha atenta del cuerpo, de sus posibilidades y sus límites,
así como también del ponerle límites a la relación con el cuerpo.
Así es con la comida, con el control de esfínteres, con el aprendizaje de juegos y otras prácticas
corporales. También merece ser apuntado el modo como la/os niña/os hacen-cuerpo-con-el-mundo. Para
poder abrirse al lenguaje el mundo precisa ser hecho cuerpo para que la palabra puede emerger, el cuerpo
precisa ser mesa, perro, árbol etc. La mímesis, al decir de Benjamin (2007) hace del cuerpo el lugar por
donde el mundo pasa para el devenir del lenguaje.
Todos esos procesos no son en absoluto algo del orden del espontaneísmo, sino que sólo por la presencia
de un Otro que conoce esos procesos es que la/el niña/o puede abrirse a la construcción de su cuerpo, del
volverse un cuerpo-sujeto. Infelizmente en la vida contemporánea son cada vez más comunes los adultos
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que enseñan que el cuerpo no es una instancia a ser escuchada y a partir de un diálogo singular producir,
inventar algo singular con ella, sino que es cada vez más visto como algo a ser permanentemente superado y
silenciado. Esa dinámica gana relevancia porque encuentra eco en otras instituciones sociales como la
escuela y, en gran medida, el modo dominante como el cuerpo e objeto de tratamiento en la institución
escolar y en la educación física escolar en particular.
Construir un modo singular de relación con el cuerpo basado en la toma de consciencia, la reflexión y la
revisión de los modos en cuales el sujeto fue producido como cuerpo-sujeto y asujetado a normas, modos de
percepción, juzgamiento y acción en relación al cuerpo (al proprio y al del otro) y a las prácticas corporales.
Además, sería desnaturalizar y desusbtancializar lo que implica promover la comprensión del carácter
histórico-político y contingente, y por ende no necesario, de la relación que se tiene con el cuerpo. A partir
de ese movimiento, sería reconstruir una relación con el cuerpo proprio y producir una relación singular
con el Otro y las prácticas corporales, en dicha relación que el cuerpo esté siempre en juego (en el sentido
concreto de la palabra jugarse con el cuerpo). Estar siempre en una relación con el cuerpo que sea jugada. Y
jugada tanto en el sentido que no tenga un modo fijo y rígido de producirse, sino que con las reglas se pueda
establecer una relación creativa e inventiva (por tanto, no significa que no existan reglas) y al mismo tiempo
que se puede jugar con las reglas, hacer que las reglas pueden ser alteradas en el curso del juego para atender
a las necesidades e intereses de quien juega y se juega.
¿Significa eso negar los saberes científico-académicos? No, de ninguna manera. Pero si se trata de
entenderlos como saber histórico que no es la única instancia de producción e institución de las normas
con el cuerpo, sino que son referencias que pueden componer un mosaico, para la creación de una manera
de relación con el cuerpo, junto a saberes estéticos y políticos, fruto de una práctica reflexiva (en un sentido
amplio) de relación de sí para consigo.
En suma, se trata de desnaturalizar los modos de producción de la condición de un ser-corporal-en-el-
mundo, abriendo la relación con el cuerpo para otros posibles. No regirse por principios meramente
racionales de mensuración (tiempo, distancia y peso) y rendimiento, sino incorporar también la dimensión
del deseo, el placer, la fruición y la contemplación, ampliando o desplazando la noción de racionalidad. En
Brasil, autores como Valter Bracht (2013) han propuesto ese debate en el ejercicio epistemológico de
construir relaciones entre el cuerpo-movimiento humano y lenguaje y entre cuerpo-movimiento humano y
sensibilidad-estética. Para ese autor: “[...] el desarrollo de esos temas puede ayudar a pensar de forma
ampliada en los aprendizajes que son proporcionados en el ámbito de intervención en Educación Física. Y
esos son los desafíos epistemológicos del área.” (Bracht, 2013, p. 28, traducción nuestra)
Consideraciones finales
A modo de síntesis sobre lo que hemos expuesto en este trabajo y retomando los cuestionamientos
iniciales del artículo, consideramos relevante indicar que la mediación de las prácticas corporales que
ocurre en la práctica pedagógica de la EF escolar no puede ser desvinculada de la relación histórica del
sujeto conduce ese proceso, el/la profesor/a. Somos herederos de una tradición construida en la
modernidad (pero que tiene antecedentes mucho más distantes) que nos lleva a comprender que dicha
mediación es tan solamente de carácter instrumental y que cuanto menor la implicación del sujeto de la
mediación, por tanto cuanto más “objetiva” sea esa relación con los saberes del cuerpo con los que opera,
tanto más eficaz será el proceso de enseñanza y aprendizaje.
La palabra aquí se encuentra como un eco de la objetividad científica que debe pautarse por su supuesta
neutralidad, se orienta la acción sin cualquier compromiso ético con la palabra dicha. En esa dirección se
orienta la formación de docentes de EF (pero también la de otros docentes de las demás áreas de
conocimiento que constituyen el currículo escolar). En contramano a ese proceso vemos que las prácticas
corporales son un espacio de la cultura en el cual aprendemos y desarrollamos un modo de ser y estar en el
mundo.
Si pensamos ese espacio y la formación social que allí ocurre a partir de la noción de cuidado de sí,
podemos pensar que en las prácticas corporales se produce un modo de ser, un ethos, que cualifica la
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manera en la que el sujeto se relaciona consigo y con el Otro. La palabra aquí emerge a partir de la relación
reflexionada consigo y con el quehacer corporal o con el hacer corporal y con el hacer cuerpo. Pensar en el
cuidado de sí como un principio para la formación del sujeto docente nos lleva a entender que las prácticas
corporales son un espacio para producir el pliegue sobre sí, no en el sentido de la eficacia técnica y la
productividad del cuerpo, sino para reconocerse como el autor de un modo singular de entrar en relación
con la tradición a partir de la impresión de una marca propia (no en el sentido individual, sino colectivo)
en el modo de hacer las prácticas corporales.
Por tanto, el proceso mediación de las prácticas corporales debería tener como primer presupuesto no el
aprendizaje de técnicas acordes a principios de eficacia y eficiencia biomecánica (lo que no significa
descartar esa posibilidad), sino en primer lugar producir ese pliegue, esa vuelta sobre si para que las prácticas
corporales sean un espacio para la etopoética, para la producción del sujeto ético que se implica y se
reconoce en un modo singular de entrar en relación con la tradición en el ámbito de la cultura corporal de
movimiento, proceso que siempre debe tener como referente al reconocimiento del Otro como aquel/la
con quien se hace mundo común.
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Notas
1 Aquí es clara la referencia a la noción de “técnica corporal” de Marcel Mauss (1974): técnicas existentes en el
plano de la cultura y que actúan como modelos eficientes y de éxito en el contexto cultural en el que se desarrollan.
Para Maus (1974) las técnicas corporales son las maneras en las cuales los indivíduos de um contexto social usan
sus cuerpos, a partir de princípios presentes en la tradición.
2 Se trata de aquello que aglutina en las más diversas prácticas coporales, sus possibilidades y sus significados,
siendo considerados como objeto de la Educación Física (Bracht, 1999; Betti, 2003). Esa posición as afirma en el
presupuesto de que el movimiento humano está fundado en saberes más allá del conocimiento tradicional de las
ciencias físicas y biológicas (hegemónico en el campo de la EF), ampliándolo para el ámbito del lenguaje, el
lenguaje corporal, como modo de comunicación con el mundo situado en la esfera simbólica.
3 Existió (y todavía existe) la ilusión de poder hacer científico - en términos positivistas - por entero ese proceso y
por ende totalmente desvinculado de subjetividad, pero esa ilusión no ha sido posible, felizmente (Ver Bracht,
1999).
4 Con la salvedad del curso impartido en la Universidad de Lovaina, sobre la verdad en el orden jurídico.
5 Aquí cabe hacer una alerta sobre los cínicos, que formaban una corriente filosófica marginal (en el doble sentido
de la palabra, porque estaban en los márgenes de la ciudad y porque eran marginalizados). Sin embargo, eran
reconocidos como tales, y hacían parte de la estructura social de la antigüedad.
6 Al diferenciar los modos del decir veraz Foucault presenta cuatro posiciones: la del profeta, la del sabio, la del
profesor (técnico) y la del parresiasta.
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