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Definición y ramas de la ciencia

La ciencia es un conjunto de conocimientos organizados y comprobables, obtenidos a través de la observación y experimentación de fenómenos naturales y sociales. Se caracteriza por su enfoque racional y crítico, buscando descubrir las leyes que rigen el universo mediante métodos empíricos y demostrables. La ciencia se divide en tres ramas principales: ciencias naturales, ciencias formales y ciencias sociales, cada una con su propio enfoque y objeto de estudio.

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Definición y ramas de la ciencia

La ciencia es un conjunto de conocimientos organizados y comprobables, obtenidos a través de la observación y experimentación de fenómenos naturales y sociales. Se caracteriza por su enfoque racional y crítico, buscando descubrir las leyes que rigen el universo mediante métodos empíricos y demostrables. La ciencia se divide en tres ramas principales: ciencias naturales, ciencias formales y ciencias sociales, cada una con su propio enfoque y objeto de estudio.

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¿Qué es la ciencia?

La ciencia es el conjunto de conocimientos organizados, jerarquizados y comprobables,


obtenidos a partir de la observación de los fenómenos naturales y sociales de la realidad
(tanto natural como humana), y también de la experimentación y demostración empírica de
las interpretaciones que les damos.

La ciencia es un modelo de pensamiento inspirado en la racionalidad humana y en el


espíritu crítico, valores filosóficos que tuvieron su auge a partir del Renacimiento europeo.
Es por ello que a los profundos cambios filosóficos y cosmológicos que tuvieron lugar entre
los siglos XVI y XVII a menudo se les conoce como la Revolución Científica.

Características de la ciencia
En toda su complejidad, la ciencia se caracteriza por lo siguiente:

Aspira a descubrir las leyes que rigen el universo que nos rodea, mediante métodos
racionales, empíricos, demostrables y universales. En ese sentido, valora la objetividad y la
metodicidad, y se aleja de las subjetividades.

Analiza sus objetos de estudio tanto cuantitativa como cualitativamente, aunque no siempre
acuda a modelos experimentales de comprobación (dependiendo de la materia).

Se fundamenta en la investigación, esto es, en un espíritu crítico y analítico, así como en los
pasos que establece el método científico, para formular leyes, modelos y teorías científicas
que expliquen la realidad.

Genera una importante cantidad de conocimiento especializado que debe ser puesto en
duda y luego validado por la propia comunidad científica, antes de ser aceptado como cierto
o valedero.

Se compone de un número importante de ramas o campos especializados del saber, que


estudian fenómenos naturales, formales o sociales, y que en su totalidad conforman un todo
unificado.

Origen de la ciencia
Galileo Galilei cuestionó los saberes religiosos a través de la ciencia.
La palabra “ciencia” proviene del latín scientia, que traduce “conocimiento”, pero su empleo
para denominar al estudio crítico de la naturaleza es reciente: en el siglo XIX el británico
William Whewell (1794-1866) comenzó a emplear el término “científico” para referirse a
quienes practicaban lo que toda la vida se llamó “filosofía”, “naturalismo”, “historia natural” o
“filosofía natural”, esto es, el estudio de las leyes de la naturaleza.

De hecho, bajo algunos de esos nombres se cultivó en la Antigüedad el conocimiento


científico, esto es, el interés por averiguar cómo funcionan las cosas del mundo y por qué.
Pero en la Antigüedad la búsqueda científica era indisociable del pensamiento religioso, ya
que la mitología y la magia eran las únicas formas de explicación disponibles para el ser
humano.
Esto cambió significativamente en la Grecia clásica, al surgir la filosofía: una doctrina de
pensamiento no religioso, cuyo fin era reflexionar y tratar de hallar las respuestas de
manera lógica. Los grandes filósofos griegos eran también “científicos” de alguna manera,
pues junto a la lógica formal y el pensamiento existencial cultivaban la matemática, la
medicina y el naturalismo, o sea, la observación de la naturaleza.

Las disertaciones de Aristóteles (384-322 a. C.), por ejemplo, fueron tenidas por verdad
incuestionable durante siglos. Rigieron incluso a lo largo del Medioevo cristiano, en el que el
discurso religioso volvió a dominar el pensamiento de Occidente.

Hacia el siglo XV se produjo el Renacimiento y nuevas mentes comenzaron a cuestionar lo


que dictaban los textos bíblicos. Aumentó la confianza en la interpretación racional y
empírica de la evidencia, produciendo un importante quiebre que permitió el paulatino
nacimiento de la ciencia.

En ello jugaron un rol importantísimo muchos pensadores renacentistas y postrenacentistas,


influenciados por el Humanismo que, por primera vez, convenció a la humanidad de que
podía hallar sus propias respuestas a las eternas preguntas sobre el porqué de las cosas.
Destacan los nombres de Galileo Galilei (1564-1642), René Descartes (1596-1650), sir
Francis Bacon (1561-1626) e Isaac Newton (1643-1727), entre otros.

Así nació formalmente el pensamiento científico que fue cobrando cada vez mayor
relevancia en el orden cultural de la sociedad. De hecho, a partir del siglo XVIII la
transformó profunda y radicalmente en combinación con la técnica, creando así la
tecnología y dando inicio a la Revolución Industrial.

Ramas de la ciencia
Las ciencias sociales estudian la humanidad tanto de la actualidad como en la historia.
La ciencia abarca un enorme conjunto de saberes organizados, que se distribuyen a lo largo
de tres grandes ramas, que son:

Ciencias naturales. Se llama así a todas aquellas disciplinas científicas que se dedican al
estudio de la naturaleza, empleando el método científico para reproducir experimentalmente
(o sea, en condiciones controladas) los fenómenos en los que se interesan. Se las conoce
también como ciencias experimentales, ciencias duras o ciencias físico-naturales, y son
ejemplo de ello: la biología, la física, la química, la astronomía, la geología, etc.

Ciencias formales. A diferencia de las ciencias naturales, las formales no se dedican a


estudiar la naturaleza, sino objetos y sistemas puramente abstractos, que sin embargo
pueden ser aplicados al mundo real. Así, sus objetos de estudio existen sólo en el mundo
de la mente, y su validez se deriva no de experimentos, sino de axiomas, razonamientos e
inferencias. Son ejemplo de este tipo de ciencias: la matemática, la lógica, la informática,
etc.

Ciencias sociales. También conocidas como ciencias humanas, este conjunto de disciplinas
se dedica al estudio de la humanidad, pero conservando una perspectiva empírica, crítica,
guiada por el método científico. Se alejan, así, de las humanidades y del mundo de la
subjetividad, aunque también del mundo experimental, acudiendo en su lugar a la
estadística, la transdisciplinariedad y el análisis del discurso. Son ejemplo de este tipo de
ciencias: la sociología, la antropología, las ciencias políticas, la economía, la geografía, etc.

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