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Historia de la Arquitectura Moderna

La Arquitectura Moderna, que se desarrolló a lo largo del siglo XX, se caracteriza por la simplificación de formas, la ausencia de ornamento y el uso de nuevos materiales como el acero y el hormigón. Este movimiento surge de cambios técnicos y sociales vinculados a la revolución industrial y se consolidó con figuras como Le Corbusier y Mies van der Rohe, quienes promovieron un estilo funcional y sin adornos. A pesar de su éxito, la Arquitectura Moderna enfrentó críticas en los años 60 por su uniformidad y falta de significado, dando paso a nuevas corrientes arquitectónicas.

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Historia de la Arquitectura Moderna

La Arquitectura Moderna, que se desarrolló a lo largo del siglo XX, se caracteriza por la simplificación de formas, la ausencia de ornamento y el uso de nuevos materiales como el acero y el hormigón. Este movimiento surge de cambios técnicos y sociales vinculados a la revolución industrial y se consolidó con figuras como Le Corbusier y Mies van der Rohe, quienes promovieron un estilo funcional y sin adornos. A pesar de su éxito, la Arquitectura Moderna enfrentó críticas en los años 60 por su uniformidad y falta de significado, dando paso a nuevas corrientes arquitectónicas.

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La Arquitectura Moderna es un término muy amplio que designa el conjunto de

corrientes o estilos de la arquitectura que se han desarrollado a lo largo del siglo XX en


todo el mundo.

La Arquitectura Moderna se ha caracterizado por la simplificación de las formas, la


ausencia de ornamento y la renuncia consciente a la composición académica clásica, la
cual fue sustituida por una estética con referencias a la distintas tendencias del arte
moderno como el cubismo, el expresionismo, el neoplasticismo, el futurismo y otros.

Pero es, sobre todo, el uso de los nuevos materiales como el acero y el hormigón
armado, así como la aplicación de las tecnologías asociadas, el hecho determinante
que cambió para siempre la manera de proyectar y construir los edificios o los espacios
para la vida y la actividad humana.

Características
Las características de la Arquitectura Moderna fueron descritas por el arquitecto Bruno
Taut en su libro «Die neue Baukunst in Europa und Amerika» («La nueva arquitectura
de Europa y América»), Stuttgart, 1929, con los siguientes enunciados :

La primera exigencia de cada edificio es alcanzar la mejor utilidad posible.


Los materiales y el sistema constructivo empleados deben estar completamente
subordinados a esta exigencia primaria.

La belleza consiste en la relación directa entre edificio y finalidad, en el uso racional de


los materiales y en la elegancia del sistema constructivo.

La estética de la nueva arquitectura no reconoce ninguna diferencia entre fachada y


planta, entre calle o patio, entre delante o detrás. Ningún detalle vale por sí mismo,
sino como parte necesaria del conjunto. No creemos que algo tenga un aspecto feo y, a
pesar de todo, funcione bien. Lo que funciona bien, es bello.

De la misma forma que las partes, en sus relaciones recíprocas expresan la unidad del
edificio, también la casa se relaciona con los edificios que la rodean. La casa es el
producto de una disposición colectiva y social. La repetición no debe considerarse
como un inconveniente que hay que evitar, sino que, al contrario, constituye el medio
más importante de expresión artística. A exigencias uniformes, edificios uniformes. La
singularidad queda reservada para las exigencias singulares; es decir, sobre todo para
los edificios de importancia general y social.
Historia

La Arquitectura del Movimiento Moderno es un concepto propio de la crítica y de la


historiografía de la Arquitectura Moderna, tiene un significado histórico y conceptual
más amplio que los periodos de la arquitectura racionalista o de la arquitectura
orgánica, ya que comprende todas las corrientes, movimientos y tendencias que desde
mediados del siglo XIX tienden a la renovación de las características, de los propósitos y
de los principios de la arquitectura.

La Arquitectura Moderna surge a partir de los cambios técnicos, sociales y culturales


vinculados a la revolución industrial. Los teóricos del Movimiento Moderno buscan las
raíces históricas de la Arquitectura Moderna en una amplio preludio, una etapa a
caballo de los siglos XVIII y XIX en la cual diferentes sectores culturales o de la actividad
económica y de la vida política y social empiezan a vislumbrar y a definir las
consecuencias constructivas y urbanísticas de la revolución industrial. En el transurso
del siglo XIX, una serie de innovaciones y propuestas en diversos campos relacionados,
entre otros con la construcción, la administración pública y la industria confluyen en la
exigencia de su mutua integración.

La Arquitectura Moderna nace en la década de los 60 del siglo XIX en Inglaterra,


cuando Wiliam Morris impulsa el movimiento conocido como «Arts and Crafts», como
reacción contra el mal gusto imperante en los objetos producidos en masa por la
industria propugnando un retorno a los oficios y al medievalismo gótico en la
arquitectura. Morris escribió :

«Debemos conocer a fondo la arquitectura gótica, entender qué fue y qué supone :
una explicación magnífica del espíritu orgánico. Siguiendo esta tradición, se afirma un
principio estructural que hace evolucionar sus propias formas adhiriéndose a la más
estricta verdad, es decir, en función de las condiciones de uso, de los materiales y de
las técnicas de construcción.» (en el artículo «The Revival of Handicraft (El
renacimiento de la artesanía))», publicado por la revista «Fortnightly Review », Londres
1888.
En paralelo, las teorías «higienistas» junto a los movimientos del «socialismo útópico»
sientan las bases de la urbanística moderna. Con el cambio de siglo, un nuevo estilo en
la arquitectura y el diseño triunfa en Europa, es el «Art Nouveau», también llamado
«Liberty», «Seccession», «Jugendstil», «Modernismo», etc., que fue un estilo que se
contrapuso al academicismo imperante aunque nunca llegó a imponerse a él.
El «Art Nouveau» rompe los esquemas académicos e impone el uso del hierro en la
arquitectura. Hasta entonces, el hierro era un material asociado a las construcciones de
los ingenieros que triunfaron en la Exposición Universal de París de 1889 con la Torre
Eiffel y la Galería de las Máquinas. El «Art Nouveau» curva y entrelaza el hierro, en
delgadas cintas, que forman toda clase de formas y figuraciones y lo pone en los
salones de las casas y en las fachadas de los edificios como la «Maison du Peuple» de
Bruselas obra del arquitecto Víctor Horta.

La Historia de la Arquitectura Moderna registra la transición de algunos arquitectos


representativos del «Art Nouveau», como Henry Van de Velde, así como algunos de la
«Seccession» vienesa como Josef Hoffmann hacia posiciones próximas a las del
arquitecto austriaco Adolf Loos con lo cual se inicia una nueva etapa, la Arquitectura
Moderna, un nuevo estilo que rompe con todo lo anterior.

El primer periodo de la arquitectura racionalista se inicia en los años inmediatamente


anteriores a la Primera guerra mundial, cuando la experiencia del movimiento del «Arts
and Crafts» fue recogida y reelaborada por el movimiento «Werkbund» en Alemania al
cual se adhieren Hoffmann y van de Velde, este último dirige la escuela de la Bauhaus
en la ciudad de Weimar.

Walter Gropius, uno de los los arquitectos del «Werkbund», dirigió, a partir del 1919 la
Bauhaus en Weimar y posteriormente en Dessau. La segunda etapa de la Arquitectura
Moderna, la Arquitectura racionalista, se inició en aquellos años de la posguerra y se
extendió por Europa hasta la Segunda guerra mundial. Los arquitectos comprometidos
con el movimiento: Le Corbusier, Mies van der Rohe, Alvar Aalto y el propio Walter
Gropius, juntamente con otros, entre los cuales están los arquitectos catalanes del
G.A.T.C.P.A.C, fundan los congresos internacionales de Arquitectura Moderna (C.I.A.M.)
para la difusión de sus principios y experiencias.

Al otro lado del Atlántico, desde mediados del siglo XIX se suceden las innovaciones en
los campos de la construcción y el urbanismo que protagonizan la industrialización y la
ocupación del territorio bajo el empuje de un capitalismo sin concesiones. La
colonización de la frontera oeste, la expansión de la industria, así como la acogida
masiva de ingentes oleadas de inmigrantes, son la base de una tradición cultural propia
de los estados Unidos de América. Un nuevo y revolucionario sistema de construcción,
la «balloon frame», concebida para que cualquiera pudiera construirse su propia casa
con escasas herramientas, suministró la tecnología necesaria para colonizar «el Oeste»
a los «pioneros».
Pero no todo es liberalismo en los E.U.A., puesto que fue en la ciudad de Nueva York
dónde el urbanista Frederick L.Olmsted proyectó el Central Park en la isla de
Manhattan, rescatando de la especulación inmobiliaria una gran extensión de terreno.
Olmsted proyectó también el sistema de parques metropolitanos de la ciudad de
Boston.

Con los edificios industriales que se alinean a lo largo del río Missouri o del lago
Michigan se inició el desarrollo de la construcción en altura con estructura de hierro y
obra de fábricarascacielos de la «Escuela de Chicago», los cuales desarrollan una nueva
tipología de edificios de oficinas o comerciales. que culminará en los

Simultáneamente se desarrolla una arquitectura residencial para las clases medias


realizada con madera y piedra, derivada de la «balloon frame», la cual constituye el
preludio de las «Prairie Hauses (casas de la pradera)» del arquitecto Frank Lloyd
Wright. En medio de esta serie de innovaciones, el arquitecto norteamericano Louis
Sullivan, con estudio en Chicago, donde se inició Wright, reflexionando sobre su propio
trabajo escribió la famosa cita:

«form follows function (la forma sigue a la función)»


que se convertirá, a lo largo del siglo XX, en el grito de combate y el lema de la nueva
arquitectura.

El movimiento moderno continuó desarrollándose en Europa durante la segunda


posguerra, impulsado por las tareas de reconstrucción. En el plano teórico, las
aportaciones de la llamada arquitectura orgánica, una tendencia inspirada en la obra
del arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright, con Alvar Aalto y Arne Jacobsen
como representantes destacados, se contraponían al llamado «Estilo Internacional»
inspirado en la obra de Le Corbusier, que postulaba una ortodoxia «funcionalista»
plasmada en la «Carta de Atenas» (y la famosa cita de Sullivan) así como la pureza
absoluta de la composición y los detalles, inspirada a su vez en la obra de Mies. La cita
de Taut al inicio de este artículo, constituye una síntesis teórica del «Estilo
Internacional», el cual tuvo muy amplia difusión en los Estados Unidos, Europa y
Sudamérica.

El movimiento moderno entró en crisis a finales de los años 50 del siglo XX, cuando se
formularon una serie de críticas muy severas a los excesos del «estilo Internacional» y
al urbanismo derivado de la «Carta de Atenas». Un conjunto de tendencias que se
reivindican a sí mismas como continuadoras del Movimiento Moderno, protagonizan la
arquitectura desde los años 1960 hasta la actualidad.

El Movimiento Moderno como estilo dominante

En los años 20, las figuras más importantes de la arquitectura moderna ya tenían gran
reputación. Los más reconocidos fueron Le Corbusier en Francia, Mies van der Rohe y
Walter Gropius, estos últimos fueron directores de la Bauhaus en Alemania. La
Bauhaus fue una de las más importantes escuelas europeas, y su mayor preocupación
era la experimentación con las nuevas tecnologías industriales.

La carrera del arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright se desarrolló de forma


paralela a la de los 'arquitectos modernos' europeos; sin embargo, Wright se negó a ser
categorizado junto a ellos, desarrollando por su parte tanto la teoría como los
preceptos formales de una arquitectura orgánica.

En 1932 se celebró la Exhibición Internacional de Arquitectura Moderna, cuyo


comisario fue Philip Johnson; junto a su colaborador, el crítico Henry-Russell Hitchcock,
Johnson logró aglutinar corrientes y tendencias muy diversas, mostrando que eran
estilísticamente similares y compartían un propósito general, y las consolidó en lo que
vino a llamarse el Estilo Internacional. Fue un hito importante.

Durante la Segunda Guerra Mundial, las principales figuras de la Bauhaus se


trasladaron a los Estados Unidos: a Chicago, a la escuela de diseño de Harvard y al
Black Mountain College. Este Estilo Internacional se convirtió en la única solución
estilística aceptable desde los años 1930 hasta los 60.

Los arquitectos que desarrollaron el Estilo Internacional querían romper con la


tradición arquitectónica, diseñando edificios funcionales y sin ornamentos.
Comúnmente, utilizaron vidrio para las fachadas, y acero y hormigón para las losas y
soportes estructurales. El estilo se volvió más evidente en el diseño de los rascacielos.
Quizás sus más notorios exponentes son: el edificio de la Organización de Naciones
Unidas, el Edificio Seagram y la Casa Lever, todos ellos en Nueva York.

Los detractores del Estilo Internacional critican su geometría rígida y rectangular por
ser "deshumanizante". Le Corbusier describía a los edificios como "máquinas para
habitar", pero la gente reaccionaba contra esta uniformidad y rigidez. Incluso el
arquitecto - y amigo personal de Mies van der Rohe - Philip Johnson admitió estar
"aburrido de las cajas". Desde principios de los 80, muchos arquitectos han buscado,
deliberadamente, alejarse de los diseños geométricos.

Aunque hay mucho debate en cuanto a la caída o muerte de la Arquitectura Moderna,


la crítica a la misma comenzó en los años 60 con los argumentos de que era universal,
estéril, elitista y carente de significado. El surgimiento de la postmodernidad se
atribuye al desencanto generalizado con la Arquitectura Moderna.

Características formales

Usualmente, la Arquitectura Moderna se caracterizó por:

el rechazo de los estilos históricos o tradicionales como fuente de inspiración de la


forma arquitectónica o como un recurso estilístico (historicismo). Sin embargo, la
Arquitectura de la antigüedad, especialmente la clásica, se encuentra a menudo
reflejada tanto en los esquemas funcionales como en las composiciones volumétricas
resultantes, en:
la adopción del principio de que los materiales y requerimientos funcionales
determinan el resultado: la forma sigue a la función,
la adopción de la estética de la máquina, como consecuencia de lo anterior,
el utilizar en construcción materiales y técnicas de nueva invención, como el hormigón
armado,
rechazo al ornamento como accesorio; la estética resulta de la propia finalidad
expresiva del edificio, de los materiales empleados y sus propias características;

simplificación de la forma y eliminación de los detalles innecesarios, llevado al extremo


en las obras de Mies van der Rohe,

expresión formal de la organización estructural de la edificación.

Fundamentos teóricos

Relación con la filosofía positivista


Auguste Comte (1798 – 1857), el “profeta de la era científica” según Gideon, desarrolla
el pensamiento positivista, o Filosofía Positiva, cuyo “carácter fundamental (...) es
considerar todos los fenómenos como sometidos a las leyes naturales invariables, cuyo
descubrimiento preciso y su reducción al menor número posible es el fin de nuestros
esfuerzos” (ABALOS, 2001: 70).
“Positivo - dice Comte – es inseparable de relativo, de orgánico, de preciso, de cierto,
de real”. El pensamiento humano pasa, de acuerdo a Comte, por tres fases: la
teológica, la metafísica y la positiva. La última, que es la de completa madurez del
pensamiento humano, se caracteriza por la renuncia volitiva a las dos primeras etapas
mediante la adhesión estricta a las metodologías de la ciencia.

El pensamiento positivo de Comte adopta los métodos de las ciencias matemáticas


como propios, con lo cual puede vanagloriarse de sistemático y preciso. Puesto que
“toda ciencia positiva no es otra cosa que una transformación de la observación y de la
experiencia” (Comte, citado en Gran Larousse Universal, pp. 829), es evitando toda
disquisición sobre lo absoluto y renunciando a las ontologías como Comte puede
definir su método como “sentido común”. A este respecto, Littré, uno de los herederos
intelectuales de Comte, afirmó que “los que creen que la filosofía positiva niega o
afirma algo sobre las causas finales o primeras, se engañan, nada niega ni afirma, pues
el afirmar o negar sería declarar que se tiene algún conocimiento del origen y del fin de
los seres” (Positivismo, en Gran Larousse Universal).

El pensamiento positivo vendrá a tener influencias innegables en el credo de los


arquitectos modernos: la apología del progreso, el orden y la ciencia (la metáfora de la
máquina, la eficiencia y la higiene modernas), la abstracción del individuo en favor de
la mitificación de la Humanidad convertida en fin último (la universalidad, el hombre-
tipo), las metáforas biologistas y evolucionistas (la familia tipo y el bloque de viviendas
concebidas como célula / organismo).

La cotidianeidad del ser humano, analizada con apego a los métodos de la ciencia, será
categorizada y clasificada en la primera Carta de Atenas (1932, por Le Corbusier) en las
funciones elementales de Habitar, Trabajar, Circular y Esparcirse. La vida moderna,
convertida en modelo matemático-estadístico, puede ya manifestarse, tectónica y
espacialmente, en la vivienda construida en serie. El bloque de viviendas, que
encuentra su más ilustre prototipo en la Unité d´Habitation, es una invención de la
modernidad; la negación de la individualidad personal se materializa en una casa /
colmena.

Rechazo de la individualidad

“El hombre propiamente dicho, dice, en el fondo no es más que una abstracción; lo
único real es la Humanidad, sobre todo en el orden intelectual y moral”. (Positivismo,
en Gran Larousse Universal). Esta reducción del ser humano a número, - a la
formulación matemática que es la base metodológica del positivismo de Comte –
encuentra su reflejo en la búsqueda del Existenzminimun, de la vivienda mínima.
Abstraer la vida humana en una red de funciones, relaciones, procesos,
cuantificaciones: “este sujeto no es otro que el hombre-tipo lecorbusierano, la familia
tipo estadística, ese constructo mental que permitió a los arquitectos ortodoxos
objetivar su comportamiento social y cuantificarlo en aquella experiencia casi delirante
que fue el Existenzminimun” (ABALOS, 2001: 72)

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