Sentencia T-449/18
AUTONOMIA E INDEPENDENCIA DE LA IGLESIA
CATOLICA-Jurisprudencia constitucional
Es diáfano concluir que el Estado respeta la independencia de la Iglesia
y especialmente la libertad religiosa de sus ciudadanos para: (i)
contraer matrimonio religioso bajo los parámetros normativos
establecidos en esta religión, y (ii) para que el matrimonio sea revisado
según las normas canónicas y conforme al modelo matrimonial que
libremente se ha elegido al momento de celebrar la unión. En este
sentido y en virtud del pluralismo político y religioso que permite la
coexistencia de ordenamientos jurídicos distintos, se acepta no solo la
autonomía e independencia de la Iglesia Católica sino también su
potestad legislativa, administrativa y judicial.
ACCION DE TUTELA CONTRA AUTORIDADES
ECLESIASTICAS-Procedencia
Esta Corte ha reconocido que la acción de tutela puede proceder
eventualmente en contra de las actuaciones de las autoridades
eclesiásticas, ante la materialización de irregularidades que afecten los
derechos fundamentales de los ciudadanos. En ese sentido, en relación con
la procedencia de la acción de tutela al interior de trámites judiciales
propios de las autoridades religiosas, esta Corte, en Sentencia T-285 de
1994, indicó que: “Sólo sería procedente la acción de tutela contra una
actuación judicial que negara el derecho y los propios contenidos
doctrinarios o confesionales en que se inspira la respectiva religión, es
decir, una expresión del no derecho o vía de hecho, como lo ha
denominado la Corporación en jurisprudencia reiterada(…).” Ahora bien,
se considera pertinente resaltar que, como se expresó líneas atrás, en
virtud de la especial autonomía con la que cuentan las autoridades
eclesiásticas, no basta con la simple confrontación entre derechos o que se
afirme un presunto desconocimiento de estos para que resulte admisible la
intromisión del juez constitucional sobre asuntos que en principio
competen exclusivamente a estas autoridades, pues para ello es necesario
que la conducta reprochada, una vez ponderados los derechos en
discusión, termine por afectar los derechos fundamentales de los fieles del
culto.
LIMITES A LA AUTONOMIA DE IGLESIAS Y
CONFESIONES RELIGIOSAS
La Corte se ha ocupado de definir en concreto los límites de tal
autonomía en relación con dos tipos de situaciones: por un lado, las que
surgen a propósito de la relación entre las iglesias y sus feligreses u otras
personas cuyos derechos pueden verse afectados por las actuaciones de
aquellas; por otra parte, las que se originan en conflictos surgidos entre
las comunidades religiosas y sus propios miembros. Por lo tanto, es
necesario diferenciar, por una parte, el ámbito religioso, respecto del cual
existe una competencia exclusiva de las autoridades eclesiásticas que a
priori impide la intervención del Estado, del ámbito civil o patrimonial,
respecto del cual dicha autonomía no ostenta un carácter ilimitado e
irrestricto que limite la injerencia de las autoridades públicas. Se debe
observar, en igual forma, que en virtud de la libre elección realizada por
los creyentes de someterse a las instituciones religiosas, la intervención del
Estado en sus asuntos debe ser restringida. El derecho a la libre elección
de las propias creencias y de adherir a una comunidad eclesiástica
particular implica necesariamente aceptar la disciplina y las normas
propias de esa comunidad. Esto no constituye una renuncia de los
derechos fundamentales del creyente, sino la libre decisión de gozar de
tales derechos de conformidad con la disciplina y las modalidades que son
propias a su comunidad de fe.
DERECHO DE PETICION EN ACTUACIONES JUDICIALES-
Reiteración de jurisprudencia
DERECHO DE PETICION EN ACTUACIONES JUDICIALES-
Prevalencia reglas del proceso
DERECHO DE PETICION ANTE AUTORIDADES
ECLESIASTICAS-Alcance
Es claro para esta Corporación que los fieles católicos tienen la facultad
de (i) elevar solicitudes respecto de su proceso (debido proceso) y (ii)
peticiones fuera del proceso (derecho de petición). Así, los Tribunales
Eclesiásticos deberán resolver las primeras peticiones en el marco de los
procedimientos que se tramitan bajo la normativa canónica, a menos que
se trate de solicitudes ajenas a los procesos sometidos a su competencia,
las cuales, salvo norma canónica en contrario, se regirán por el marco
constitucional y normativo del derecho de petición. Así quienes
voluntariamente se someten a las prácticas religiosas de la Iglesia
Católica lo hacen bajo los parámetros contemplados por los ritos
católicos, más aún si el Código de Derecho Canónico contempla la
posibilidad de que las partes puedan acceder a los documentos de los
expedientes.
CARENCIA ACTUAL DE OBJETO-Configuración y
características
CARENCIA ACTUAL DE OBJETO-Fenómeno que se
configura en los siguientes eventos: hecho superado, daño
consumado o situación sobreviniente
DERECHO DE PETICION ANTE AUTORIDADES
ECLESIASTICAS-Vulneración por parte de Tribunal
Eclesiástico al no emitir respuesta clara y justificada en relación
con petición de copias de trámite judicial desarrollado y que dio
lugar a declaratoria de nulidad de matrimonio católico
Referencia: Expediente No. T-
6.569.225.
Acción de tutela promovida por
AURA CECILIA PIRAJAN
SALAMANCA contra el TRIBUNAL
ECLESIÁSTICO DIOCESANO DE
LA DIÓCESIS DE DUITAMA y
SOGAMOSO.
Magistrado Ponente:
ALBERTO ROJAS RÍOS
Bogotá, D.C., dieciséis (16) de noviembre de dos mil dieciocho (2018).
La Sala Novena de Revisión de la Corte Constitucional, integrada por la
Magistrada Diana Fajardo Rivera y los Magistrados Carlos Bernal Pulido
y Alberto Rojas Ríos, quien la preside, en ejercicio de sus competencias
constitucionales y legales, específicamente las previstas en los artículos
86 y 241 numeral 9º de la Constitución Política, así como en los artículos
33 y siguientes del Decreto 2591 de 1991, ha proferido la siguiente:
SENTENCIA
En el proceso de revisión de los fallos proferidos, en primera instancia,
por el Juzgado Primero Administrativo Oral del Circuito Judicial de
Duitama, el catorce (14) de agosto de dos mil diecisiete (2017), y, en
segunda instancia, por la Sala de Decisión Quinta del Tribunal
Administrativo de Boyacá, el veintidós (22) de septiembre del mismo
año, dentro del trámite de la acción de tutela incoada por AURA
CECILIA PIRAJAN SALAMANCA en contra del TRIBUNAL
ECLESIÁSTICO DIOCESANO DE LA DIÓCESIS DE DUITAMA Y
SOGAMOSO-.
El expediente de la referencia fue seleccionado para revisión mediante
Auto del dieciséis (16) de febrero de dos mil dieciocho (2018), proferido
por la Sala de Selección de Tutelas Número Dos, integrada por los
Magistrados ANTONIO JOSÉ LIZARAZO OCAMPO y CRISTINA
PARDO SCHLESINGER, y asumido mediante reparto por el Despacho
del Magistrado ALBERTO ROJAS RÍOS como sustanciador de su
trámite y decisión.
I. ANTECEDENTES
1. El 27 de julio de 2017, Aura Cecilia Pirajan Salamanca interpuso
acción de tutela por la presunta vulneración de sus derechos
fundamentales de “petición y debido proceso”, que considera han sido
desconocidos por la entidad accionada al negarse a otorgarle las copias
del trámite judicial desarrollado y que dio lugar a la declaratoria de
nulidad de su matrimonio católico.
A. Hechos
2. Aura Cecilia Pirajan Salamanca contrajo matrimonio mediante el
rito católico con José Leonildo Angarita el 28 de junio de 1976. La
accionante afirma que, después de muchos años de estar casados, su
esposo inició el trámite para declarar la nulidad del vínculo.
3. Una vez culminado el trámite de la nulidad de su matrimonio, esto
es, el 24 de junio de 2017, la actora presentó derecho de petición ante la
Diócesis de Duitama en el que solicitó el suministro de copias del
proceso que derivó en la declaratoria de nulidad de su matrimonio.
4. Por su parte, la autoridad accionada, mediante contestación del 06
de julio de 2017, le indicó, que no era posible acceder a la solicitud de
copias, sin explicación adicional. La actora manifiesta que, si bien por
escrito no le dieron a conocer los motivos en que se sustentaba la
negativa anteriormente referida, de manera verbal le indicaron que sus
documentos contaban con “reserva”, motivo por el cual no le serían
suministrados.
5. Pirajan Salamanca asevera que, el 11 de julio de 2017, presentó
una nueva solicitud de copias respecto de las actuaciones surtidas dentro
del proceso de nulidad de su matrimonio, la cual fue resuelta el 14 de
julio siguiente desfavorablemente.
B. Material probatorio obrante en el expediente
• Registro Civil de Matrimonio entre el ciudadano José Leonildo
Angarita Fernández y la accionante, Aura Cecilia Pirajan
Salamanca.1
• Escrito del 24 de junio de 2017 en el que la accionante solicitó la
expedición de copias del proceso de nulidad del matrimonio del
que afirma ser la “denunciada”.2
• Contestación del Tribunal Eclesiástico de la Diócesis de Duitama,
del 06 de julio de 2017, en la que se indica que no es posible
acceder a la solicitud de copias realizada, pero que le puede
otorgar copia del “comunicado a las partes” de la decisión.3
• Escrito del 11 de julio de 2017 en el que la actora reiteró la
solicitud de copias.4
• Contestación del 14 de julio de 2017, donde la accionada insiste en
que no accederá a la solicitud de copias, pues, a su parecer, los
documentos solicitados cuentan con el carácter de “reservados”.5
• Solicitud presentada por José Leonildo Angarita Fernández, ante el
Tribunal Eclesiástico Diocesano de la Diócesis de Duitama, con el
objetivo de que se declare la Nulidad del Matrimonio Católico que
suscribió con la ciudadana Aura Cecilia Pirajan Salamanca.6
• Respuesta del 16 de agosto de 2017 en la que el Tribunal
Eclesiástico de la Diócesis de Duitama informa que negará las
copias solicitadas en cuanto, una vez culminada la oportunidad de
participar en el proceso en cuestión, dicho procedimiento adquiere
el carácter de reservado. Y agregó que el Tribunal Eclesiástico de
la Diócesis de Duitama actúa como una autoridad perteneciente a
las jerarquías de la Iglesia Católica, motivo por el cual, de
conformidad con el Concordato suscrito entre el Estado
1
Folio 34, cuaderno 2.
2
Folio 5, cuaderno 1.
3
Folio 7, cuaderno 1.
4
Folio 6, cuaderno 1.
5
Folio 19, cuaderno 1.
6
Folio 22, cuaderno 1.
Colombiano y la Iglesia católica, las autoridades colombianas
deben respetar la Legislación Canónica.7
C. Fundamentos jurídicos de la solicitud de tutela
6. La solicitante estima desconocidos sus derechos fundamentales
con ocasión de la conducta del Tribunal Eclesiástico accionado, por no
permitirle acceder a los documentos que conforman el proceso judicial en
virtud del cual se declaró la nulidad de su matrimonio.
7. Considera que al ser parte del proceso en cuestión y resultar
materialmente afectada por lo decidido, no le pueden negar su pretensión,
que tiene derecho a conocer las actuaciones que derivaron en la decisión
adoptada, aseguró.
D. Respuesta de la entidad accionada
El Tribunal Eclesiástico Diocesano de la Diócesis de Duitama y
Sogamoso
8. En contestación a la presente acción de tutela, el Tribunal
accionado arguye que los asuntos relativos a la validez o nulidad de un
matrimonio católico corresponden al proceso judicial eclesiástico, motivo
por el cual, únicamente un juez que ostente la condición de canónico
puede involucrarse en la resolución del asunto.
9. El Tribunal afirmó que Aura Cecilia fue citada al proceso de
nulidad de su matrimonio, pero se abstuvo de asistir y participar de él; no
obstante, adujo, una vez culminado el trámite judicial, a la actora se le
ofreció una explicación y se le leyó en su totalidad la decisión.
10. Adicionalmente, indica que la declaratoria de nulidad de un
matrimonio es determinada por un tribunal eclesiástico de carácter
colegiado y que, contra su decisión, “no cabe demanda” alguna en cuanto
la actora dejó pasar el tiempo dispuesto para la apelación.
11. Finalmente, la accionada anexó a su escrito respuesta a la solicitud
presentada por la accionante el 11 de julio del 2017, y en ella expresó que
los documentos solicitados cuentan con el carácter de “reservados”.
E. Sentencia objeto de revisión
7
Folio 32 A 33, cuaderno 2.
Primera Instancia
El Juzgado Primero Administrativo Oral del Circuito Judicial de
Duitama, mediante Sentencia del 14 de agosto de 2017, decidió conceder
la protección ius-fundamental invocada respecto del derecho de petición
y, en consecuencia, ordenó dar respuesta de fondo a la solicitud
presentada.
Estimó que la accionada, en sus contestaciones, se limitó a negar la
pretensión de Aura Cecilia Pirajan Salamanca, sin explicar las razones de
hecho y de derecho que sustentaron la decisión.
Actuaciones posteriores al fallo de primera instancia
A raíz de lo resuelto por el juez de primera instancia, el Tribunal
Eclesiástico de la Diócesis de Duitama, mediante escrito del 16 de agosto
de 2017, negó a la actora el suministro de las copias solicitadas, tras
considerar que, una vez culminada la oportunidad de participar en el
proceso de nulidad de matrimonio, el trámite adquiere carácter de
reservado. Advirtió que el Tribunal es una autoridad perteneciente a las
jerarquías de la Iglesia Católica, y conforme con el Concordato suscrito
entre el Estado Colombiano y la Iglesia católica, las autoridades
colombianas deben respetar la Legislación Canónica.
Impugnación
La Procuraduría Judicial 178 para Asuntos Administrativos de Tunja,
mediante escrito del 22 de agosto de 2017, con fundamento en los
artículos 277 de la Constitución Política, 37 del Decreto 262 de 2000 y
los artículos 302 y siguientes de la Ley 1437 de 2011, impugnó la
decisión de primer grado. Sustentó su posición en la defensa “del
ordenamiento jurídico, del patrimonio público y de los derechos y
garantías constitucionales fundamentales”.
La vista fiscal sostuvo que si bien la accionada dio respuesta a la
solicitud de Aura Cecilia Pirajan Salamanca, lo cierto es que esta última
no ha podido obtener las copias que pretende y a las que tiene derecho,
pues le esgrimen una supuesta “reserva” sobre información de la que es
titular.
En ese sentido, la Procuraduría Judicial 178 para Asuntos
Administrativos de Tunja llamó la atención en que si bien la iglesia
católica tiene la potestad de fijar el procedimiento para la determinación
de la nulidad del matrimonio de su rito, es injustificado que priven a la
accionante de tener acceso a los documentos que conforman el trámite
judicial de la nulidad en cuestión.
Segunda Instancia
La Sala de Decisión Quinta del Tribunal Administrativo de Boyacá,
mediante sentencia del 22 de septiembre de 2017, comenzó por
determinar que la procuraduría efectivamente se encuentra legitimada
para interponer la impugnación, de conformidad con el artículo 277 de la
Constitución y 303 del CPACA.
Respecto del fondo de la solicitud de amparo, decidió acceder a la
pretensión invocada en la impugnación y ordenó que se expidieran las
copias solicitadas, en cuanto consideró que no se esgrimió por la
accionada un argumento razonable para restringir el acceso a los
documentos pretendidos. Destacó que la “reserva” que se aduce aplicar
resulta injustificada en cuanto, de conformidad con lo dispuesto por el
artículo 24 de la Ley 1755 de 2015, la actora, en su condición de parte en
el proceso en cuestión, se encuentra legitimada para solicitarlos.
Expuso que, contrario a lo afirmado por la accionada, la pretensión de la
tutela no busca cuestionar el proceso de nulidad del matrimonio católico,
sino obtener copias de las actuaciones surtidas y que la involucran.
Destacó que si bien la accionada adujo que los documentos solicitados
cuentan con reserva a la luz del procedimiento eclesiástico, lo cierto es
que las normas del código de derecho canónico no disponen dicha
restricción, motivo por el cual su actuación carece de sustento normativo
que la legitime.
F. Actuaciones en Sede de Revisión
12. Mediante Auto del 06 de abril de 2018, el Magistrado Sustanciador
optó por decretar una serie de pruebas a efectos de (i) obtener
conocimiento de los hechos que han tenido lugar con posterioridad a la
expedición de la sentencia de segunda instancia, y (ii) comprender de
mejor manera la problemática a decidir, desde una óptica que no
desconozca la autonomía conferida por el Estado Colombiano a las
instituciones eclesiásticas en virtud del Concordato firmado en 1973.
13. En ese sentido se solicitó (i) a las partes, (ii) a la Nunciatura
Apostólica en Bogotá -Colombia- y (iii) a las universidades: Pontificia
Javeriana de Bogotá, de los Andes de Colombia, Externado de
Colombia, (iv) Nacional de Colombia, de la Sabana en Chía y Sergio
Arboleda informes tendientes a: (a) determinar si la accionada suministró
las copias de los documentos que eran pretendidos con la presentación de
la acción en estudio; (b) conocer cuál es el fundamento jurídico en virtud
del cual la accionada sustenta sus actuaciones (así como los hechos que,
en esta ocasión, corresponde a esta Corporación evaluar); (c) establecer
el alcance de la autonomía con la que la autoridad accionada aduce
contar, así como la relación existente entre las jurisdicciones eclesiástica
y Estatal; y (d) profundizar en las particularidades propias de los
procedimientos judiciales eclesiásticos que tienen lugar al interior del
territorio nacional.
Diócesis Duitama –Sogamoso
14. Misael Vacca Ramírez, en su condición de Obispo de la Diócesis
de Duitama-Sogamoso, mediante escrito del 18 de abril de 2018,
respondió al Auto del 06 de abril del mismo año en nombre del Tribunal
Eclesiástico Diocesano de la Diócesis de Duitama y Sogamoso, en cuanto
“la Signatura Apostólica de la Santa Sede suspendió las funciones del
Tribunal Diocesano de Duitama-Sogamoso”.
15. Indicó que, en su condición de Obispo, asumió las competencias
del tribunal judicial accionado y que, de conformidad con el Código
Canónico, la función de impartir justicia corresponde principalmente a él
(obispo). Tal actividad puede delegarla en los tribunales eclesiásticos que
funcionen dentro de su circunscripción, señaló.
16. En relación con la problemática que compete a la Corte resolver en
esta ocasión, el Obispo presentó los siguientes argumentos: en virtud del
concordato firmado entre el Estado Colombiano y la Santa Sede, a la
Iglesia Católica le fue reconocido un elevado nivel de autonomía para el
desarrollo de sus fines, en específico en su órbita eclesiástica. Llama la
atención en que el Concordato funda las relaciones entre el Estado y la
Iglesia, en los principios de “recíproca deferencia y respeto mutuo”, así
como en los postulados del principio pacta sunt servanda.
17. La Ley 133 de 19948 reconoció a las iglesias y confesiones
religiosas existentes “plena autonomía y libertad en sus asuntos
religiosos, así como la posibilidad de establecer sus propias normas de
organización, régimen interno y disposiciones para sus miembros”9
(negrillas fuera del texto original)
8
Ley estatutaria de la libertad religiosa y de cultos.
9
Artículo 13 de la Ley 133 de 1994.
18. Con ocasión de la autonomía reconocida en la norma
anteriormente referida, la Iglesia Católica interactúa con el Estado
Colombiano mediante una relación de igualdad, de forma que (i) no está
sometida a éste como si se tratara de una organización privada y (ii) las
decisiones que los involucran a ambos deben ser adoptadas de manera
concertada10.
19. De conformidad con lo anterior, concluyó que, la relación entre la
Iglesia Católica y el Estado colombiano debe plantearse en términos de
sujetos de derecho internacional público y su ordenamiento jurídico debe
ser entendido como propio y autónomo, esto es, uno que no se rige por la
legislación colombiana.11
20. Si bien la jurisdicción Estatal tiene un margen de apreciación
limitado para interpretar el Concordato y la normatividad canónica, ello
no constituye ninguna forma de inmunidad jurisdiccional, en cuanto
todos los colombianos están sujetos al imperio de la Constitución y de la
Ley.
21. Con fundamento en los argumentos resumidos anteriormente, el
Obispo estimó que es reprochable que las autoridades judiciales dentro
de este trámite de tutela hayan optado por dictar “órdenes” cuando la
solución de este impase debió haberse surtido de manera concertada.
22. En relación con las competencias de la Iglesia Católica para
regular el matrimonio canónico y conocer de las nulidades formuladas en
contra de sus sacramentos, recalcó que, a pesar de que se trata de
facultades exclusivas de la Iglesia, el Estado colombiano otorgó efectos
civiles a estas decisiones, las cuales habrán de ser respetadas por las
autoridades colombianas y, en ese orden de ideas, se encuentran
compelidas a no interferir sobre éstas.
23. Sostuvo que el Estado debe abstenerse de interferir en la
autonomía de la Iglesia en materia matrimonial, pues considera que esta
injerencia conduce necesariamente al desconocimiento de la autonomía
de quienes profesan la religión católica y, por ende, a la afectación de sus
derechos fundamentales a la libertad religiosa, en cuanto voluntariamente
se sometieron a esta jurisdicción. Sobre el particular, expresó:
10
Considera que ello se fundamenta en el artículo XXIX del Concordato, aprobado mediante Ley 20
de 1974.
11
Condición que ha sido reconocida por las autoridades judiciales colombianas, en específico (i) la
Corte Suprema de Justicia, mediante Sentencia del 15 de mayo de 1954. En ella, se indicó: “el Estado
colombiano reconoce a la Iglesia católica como persona jurídica de derecho público eclesiástico con
potestad legislativa, administrativa y jurisdiccional” y (ii) la Corte Constitucional, mediante sentencia
C-088 de 1994. (Obispo de la Diócesis de Duitama- Sogamoso.)
“la elección que hace el ciudadano para contraer
matrimonio canónico, porque por razones de conciencia
quiere practicar su fe, tiene unas consecuencias para el
Estado que debe respetar esa opción ciudadana y que supone
el ejercicio de los derechos fundamentales, con lo cual la
autonomía e independencia de la Iglesia Católica atañe
también a la autonomía de los fieles católicos.”
24. Consideró que dado el evento en que alguna autoridad judicial
Estatal considere que la decisión adoptada por un tribunal eclesiástico no
se dictó conforme a derecho, tiene la posibilidad de negarle efectos
civiles hasta tanto aclare que éste haya sido respetado y, por ello, resulta
inadmisible que se entrometa en este tipo de trámites e intente remediar
por sí mismo los defectos que evidencie.
25. No obstante lo anterior, recordó que la Corte Constitucional, en
decisiones de tutela anteriores12, ha reconocido que la autonomía de las
autoridades eclesiásticas no solo cuenta con límites en la efectiva
garantía de los derechos fundamentales, sino que, además, contra las
decisiones que profieran puede proceder la acción de tutela de manera
excepcional, esto es, únicamente ante la configuración de una vía de
hecho.
26. Ahora bien, en lo relacionado con la reserva de los documentos
solicitados, destaca que, si bien todos los actos jurisdiccionales deben ser
cognoscibles por las partes, existe una reserva procesal contenida en el
Cann. 1598 del Código Canónico en virtud de la cual las partes solo
podrán acceder a los documentos que obran en el expediente de manera
directa, esto es, con su presencia en la Cancillería del Tribunal y
únicamente se permite la entrega de copias de estos documentos a los
abogados, de manera que puedan preparar sus memoriales. Señala que
“el examen de las actas debe, por tanto, hacerse en la Cancillería del
Tribunal que ha conocido la causa y dentro del plazo establecido en el
decreto del Juez”.
Al respecto, el Cann 1598, dispone:
“§ 1. Una vez recibidas las pruebas, el juez, mediante
decreto debe permitir, bajo pena de nulidad, que las partes y
sus abogados examinen en la cancillería del tribunal las
12
Ver Sentencias, T-285 de 1994, M.P. Vladimiro Naranjo Mesa y T-653 de 2013, M.P. Alberto Rojas
Ríos.
actas que aún no conocen; e incluso se puede entregar
copia de las actas a los abogados que la pidan; no obstante,
en las causas que afectan al bien público, el juez, para evitar
peligros gravísimos, puede decretar que algún acto no sea
manifestado a nadie, teniendo cuidado de que siempre quede
a salvo el derecho de defensa.” (Negrilla y subraya fuera del
texto original)
27. Destacó que esta reserva tiene “la única intención de favorecer la
intimidad y la buena fama de quienes” participan en estos procesos, de
manera que debe entenderse que la publicidad encuentra un límite en los
intereses de terceros y en la necesidad de prevenir la indebida utilización
de esta información.
28. En lo relacionado con el análisis del caso concreto, solicitó que se
declare la configuración del fenómeno de la carencia actual de objeto por
hecho superado, en cuanto, (i) como producto de la decisión de los jueces
de instancia, accedieron a otorgar las copias solicitadas y,
adicionalmente, (ii) al denotar el irrespeto de las normas que permiten el
conocimiento de las actas por parte de la principal involucrada, la
accionada, el 15 de marzo de 2018 optó por declarar la nulidad de la
sentencia proferida por el Tribunal Eclesiástico de Duitama-Sogamoso el
13 octubre de 2016. Por este motivo, considera que al reabrirse el debate
jurídico contenido en la solicitud de nulidad del matrimonio católico, la
actora cuenta con la posibilidad de participar en el proceso y acceder a la
información que se recaude.
29. A su vez, mediante escrito del 2 de mayo del año que transcurre, el
apoderado judicial de la Diócesis realizó algunas precisiones de orden
constitucional suscitadas a raíz del presente trámite constitucional.
30. Precisó en lo atinente a la inmunidad de las autoridades
eclesiásticas que “están sujetas al orden jurídico nacional y deben
respetar y obedecer a las autoridades del estado” y en razón a ello no
pueden desconocer o vulnerar los derechos de las personas.
31. Advirtió que los sacerdotes “no gozan de un fuero especial” y que
respecto a sus actos u omisiones están sujetos a la constitución y a las
leyes de la República.
32. Adicionalmente arguyó respecto a la función religiosa, que es
independiente de acuerdo a los lineamientos de la Carta Política que
ampara la libertad de cultos y los tratados internacionales sobre derechos
humanos ratificados por Colombia.
33. Así mismo, se refirió al concordato celebrado entre el Estado
Colombiano y la Santa Sede para precisar que los tratados
internacionales deben ser cumplidos de buena fe. Agregó que solo el
Estado Colombiano podrá intervenir en el plano jurídico civil respecto de
las uniones religiosas.13
34. Por su parte, la Conferencia Episcopal de Colombia también
intervino como coadyuvante de la demandada cuya intervención
coincidió con el pronunciamiento de la Diócesis de Duitama- Sogamoso,
la cual, básicamente se concretó en reiterar la independencia exclusiva
de los Tribunales Eclesiásticos para conocer sobre la nulidad del
matrimonio canónico y enfatizó en el respeto sobre las cláusulas
consignadas en el Tratado internacional celebrado entre el Estado
Colombiano y la Santa Sede.
Accionante Aura Cecilia Pirajan Salamanca
35. A través de escrito del 18 de abril de 2018, la accionante informó a
este Tribunal Constitucional que con ocasión de las órdenes de tutela del
juez de segunda instancia la accionada le allegó copia de los documentos
que conforman el expediente del trámite de nulidad de su matrimonio
católico, y reprochó el hecho de que este únicamente contenga 17 folios.
36. Adicionalmente, la actora manifiesta que mediante llamada
telefónica del 6 de abril de 2018 se le informó que su caso fue puesto en
conocimiento del Tribunal Supremo de la Signatura con sede en la ciudad
de Roma y que el Tribunal Eclesiástico Único de apelación resolvió
declarar la nulidad del trámite eclesiástico del que es parte, en cuanto
consideró que se habían materializado irregularidades en él.
Universidad Pontificia Javeriana
37. Mediante escrito del 17 de abril de 2018 la Universidad Pontificia
Javeriana de Bogotá contestó lo solicitado por el Despacho del
Magistrado Ponente en Auto del 06 de abril de 2018 y expresó que, de
conformidad con lo dispuesto por (i) la Constitución Política de
Colombia, (ii) el Concordato firmado entre el Estado Colombiano y la
Santa Sede, así como (iii) la Ley Estatutaria de la Libertad Religiosa, se
13
La Corte Constitucional declaró exequible el artículo VII del Concordato el cual reza: “El Estado
reconoce plenos efectos civiles al matrimonio celebrado de conformidad con las normas del Derecho
Canónico. Para la efectividad de este reconocimiento la competente autoridad eclesiástica transmitirá
copia auténtica del acta al correspondiente funcionario del Estado, quien deberá inscribirla en el
registro civil.” (Sentencia C-027 de 1993, M.P Simón Rodríguez Rodríguez)
ha reconocido un alto nivel de autonomía en cabeza de las instituciones
eclesiásticas para resolver los asuntos de su competencia privativa, en
específico todo lo relativo a la constitución y nulidad de los matrimonios
católicos.
38. Destacó que, en virtud de dicha autonomía, las decisiones
adoptadas en estos trámites deberán ser respetadas y acatadas por las
autoridades Estatales, quienes se encuentran limitadas para injerir en
ellos.
39. Consideró que “ordenar por parte de la jurisdicción estatal a un
Tribunal Eclesiástico que se conteste un derecho de petición o que se
entregue copias del expediente de un proceso de nulidad del matrimonio
canónico… es una injerencia indebida de la jurisdicción estatal en la
jurisdicción eclesiástica.”
40. Con todo, expresó que el reconocimiento de esta autonomía parte
del presupuesto de que la jurisdicción eclesiástica respeta los derechos
fundamentales de los ciudadanos.
41. Ahora bien, en relación con los procedimientos judiciales
eclesiásticos determinó que en ellos se busca siempre la justicia, la
verdad y suponen el respeto del debido proceso, de manera que en ellos
se garantiza la posibilidad de que las partes manifiesten su posición e
interpongan los recursos que estimen pertinentes.
42. En cuanto a la reserva de los documentos que hacen parte del
trámite de la nulidad de un matrimonio, indicó que el Código Canónico
prevé la posibilidad de otorgar copias de las actuaciones surtidas, al igual
que la restricción del suministro en los eventos en que se pueda generar
una afectación al “bien público” o con el objetivo de evitar “peligros
gravísimos”.
43. Finalmente, destacó que tal restricción se estableció en razón a que
en ciertos países tuvo lugar una práctica en virtud de la cual era posible
utilizar “las actas del proceso canónico a fin de obtener ventajas
económicas mediante la interposición de querellas de difamación ante
los tribunales civiles, en detrimento de la fama y con quebranto personal
al juez canónico”, entre otros.
Universidad Sergio Arboleda
44. En escrito del 16 de abril de 2018, rindió informe sobre los asuntos
objeto de la acción de tutela y comenzó por indicar que entre la
jurisdicción eclesiástica y la civil no debe haber colisión alguna en
cuanto cada una tiene un campo de injerencia diferenciado, esto es, la
jurisdicción eclesiástica tiene competencia privativa para determinar los
asuntos correspondientes a los matrimonios religiosos, su constitución y
nulidad, y la Estatal resuelve lo relativo a los efectos civiles que las
decisiones eclesiásticas puedan tener.
45. En ese sentido, las autoridades eclesiásticas cuentan con completa
autonomía para resolver sobre este tipo específico de asuntos y el Estado
se encuentra compelido a respetar las decisiones que en virtud de esta
autonomía sean adoptadas14.
46. Destacó que cuando un ciudadano, en ejercicio de sus libertades
(religiosa, de cultos y de conciencia), opta voluntariamente por contraer
matrimonio religioso, se somete a la jurisdicción eclesiástica para efectos
de la eventual nulidad de su matrimonio, motivo por el cual mal haría el
Estado al entrometerse en asuntos que no son de su competencia y
terminaría por lesionar la autodeterminación y los derechos
fundamentales del individuo.
47. A su vez, resaltó que las autoridades eclesiásticas gozan de una
competencia autónoma, independiente y separada de aquella de las
autoridades civiles para resolver “en conciencia” lo relativo a los
vínculos de carácter sacramental y respecto de los cuales el Estado es
absolutamente incompetente para intervenir.
48. Llamó la atención en que el debido proceso “se garantiza siempre
como principio insoslayable” en los procesos de nulidad de matrimonio
católico y que incluso en el caso en que llegue a tener lugar alguna
anomalía, el ordenamiento jurídico canónico prevé los mecanismos para
subsanarla, motivo por el cual las autoridades civiles se encuentran
imposibilitadas para intervenir.
49. Reprochó que la actora no se apersonó del trámite judicial que la
involucraba, pues se abstuvo de participar en él y solicitar los
documentos en la etapa procesal que correspondía. Por lo tanto, no puede
aducir conculcación a sus derechos fundamentales por cuanto fue
debidamente citada al proceso y se le dio la oportunidad de defenderse.
50. En lo relativo a la reserva de los documentos requeridos, y con
sustento en los cánones 1455, 1457, 1546, 1559, 1598 y 1602, arguyó
14
De conformidad con lo establecido en el Concordato, ciertas disposiciones constitucionales y la Ley
Estatutaria 133 de 1994.
que existe un principio de “reserva general” de las actuaciones que tienen
lugar al interior del proceso de nulidad del matrimonio católico hasta la
etapa de “publicación de las actas”, que puede ser extendida con el fin de
proteger la intimidad y privacidad de las partes e incluso el bien público.
51. Destacó que ello no desconoce el derecho a la defensa de las partes
pues estas pueden acudir a la sede del Tribunal a efectos de consultar la
información que requieran.
52. Consideró que una orden por parte de una autoridad civil a efectos
de que se atienda una petición de las partes intervinientes en un proceso
de nulidad constituiría una indebida intromisión en esta autonomía e
independencia. Ello, sobre todo si se tiene en cuenta que los jueces
civiles se encuentran vedados de interpretar los textos canónicos y
establecer cuando existe reserva, pues la interpretación auténtica de estos
textos corresponde a la Iglesia Católica.
Universidad de los Andes
53. Mediante Escrito del 18 de abril de 2018 expresó que no le es
posible presentar concepto alguno sobre el asunto objeto de controversia
en cuanto carece del personal suficiente para realizarlo.
Universidad de la Sabana
54. A través de escrito de fecha 25 de abril de 2018, dicho ente
universitario luego de hacer un recuento histórico respecto a la
autonomía de la jurisdicción eclesiástica, al derecho público y principio
de bilateralidad, a la autonomía, laicidad, libertad religiosa, citar
jurisprudencia de esta Corporación, (sentencias T- 200 de 1995,15 C-609
de 1996,16 T-946 de 1999,17 T-998 de 2002,18 T-1083 de 200219 y SU-
15
La Corte se refirió a la libertad de las iglesias para fijar sus propios criterios y establecer los
requisitos y exigencias que habrán de cumplir sus fieles, sin que las autoridades del Estado puedan
intervenir en su configuración ni en su aplicación.
16
Aquí enfatizó la Corte el derecho a la plena autonomía de las iglesias para regular su régimen
interno.
17
En esta sentencia concluyó la Corte que resulta inaceptable cualquier pretensión de la autoridad civil
por limitar su ejercicio o imponerles conductas que riñan con los principios y postulados religiosos que
las identifican. Adicionalmente se refirió al inapropiado uso de la tutela para cuestionar las conductas
relacionadas con la práctica religiosa, dado que con ello se violenta las garantías superiores de libertad
de conciencia y de culto.
18
En dicha sentencia se hizo referencia a la independencia de la jurisdicción eclesiástica para lo cual
enfatizó en los artículos II, III y VIII del concordato de 1974 aprobado por la Ley 20 del mismo año,
como tratado de derecho internacional público vigente, sobre la competencia exclusiva de los
Tribunales eclesiásticos en las causas de nulidad matrimonial, de ahí que solo sea posible la
intervención estatal para reconocer los efectos civiles generados por la sentencia definitiva que declare
la nulidad, contrario sensu se desconocerían compromisos de derecho internacional público vigentes y
avalados por esta Corporación pues los principios pacta sunt servanda y de buena fe son reconocidos
540 de 2007,20) y hacer referencia al concordato celebrado entre
Colombia y la Santa Sede21 concluyó que:
• La jurisdicción eclesiástica es independiente y forma parte de
una tradición jurídica colombiana continua e indiscutida
durante más de 130 años.
• Respecto a la Santa Sede aseguró que es sujeto de Derecho
Internacional Público, dado que suscribió el concordato de
1973, el cual, es considerado como tratado de derecho
internacional. Explicó que las personas jurídicas canónicas de
conformidad con el art. IV del concordato poseen personería
jurídica de derecho público eclesiástico.
• Destacó que la independencia de jurisdicción obedece al
reconocimiento del Derecho Canónico como un
ordenamiento jurídico distinto e independiente del estatal, y
por consiguiente autosuficiente y soberano en su ámbito.
• En lo relativo a las autoridades Estatales, en la intervención
de las decisiones de la jurisdicción eclesiástica, acotó que se
escapa del marco de sus funciones limitar, suspender o
enmendar las decisiones judiciales canónicas.22 Señaló que el
derecho canónico posee mecanismos de control con el fin de
garantizar, la recta administración de justicia.
• Se refirió a la Sentencia C-027 de 1993 en cuanto examinó la
constitucionalidad del concordato. Advirtió que allí quedó
claro que la autonomía de la jurisdicción eclesiástica aunado
al reconocimiento de la normativa procesal canónica,
en los artículos 26 y 27 de la Convención de Viena sobre Derechos de los Tratados, de la cual
Colombia es parte.
19
La Corte reiteró los argumentos de las sentencias T- 200 de 1995, M.P. José Gregorio Hernández
Galindo y T-946 de 1999, M.P. Antonio Barrera Carbonelly añadió que el Estado está vedado para
intervenir en los asuntos religiosos debido a que gozan de autonomía para establecer su propio sistema
de valores.
20
Se recordó la vigencia del concordato y reiteró el respeto que debe de existir por parte de las
autoridades estatales respecto a las reglas propias de las organizaciones religiosas.
21
Allí se plasmó la independencia de la jurisdicción eclesiástica, siendo obligación del Estado
colombiano respetarla.
22
Aseguró que lo contrario significaría regresar a tiempos ya superados, en los que se podía invocar el
Patronato (con sus distintos mecanismos: recurso de fuerza en conocer, placet y exequatur regio, ius
appellationis de las sentencias eclesiásticas ante la autoridad real …) con el fin de someter las
decisiones eclesiásticas a la autoridad del príncipe (cfr. J.M GONZÁLEZ DEL VALLE, Derecho
Eclesiástico Español, cit, pp. 37-38).
garantizaba el debido proceso y los derechos fundamentales
de las partes.
• En síntesis, indicó que la normativa aplicable en relación con
la petición de copias de un proceso canónico de nulidad es el
Derecho Canónico (Específicamente el canon 1598 del
Código respectivo y demás normas relacionadas), no el
derecho estatal.
• Finalmente expresó que de acuerdo al marco normativo
canónico, la acción de tutela que se examina resulta
infundada.
II. CONSIDERACIONES Y FUNDAMENTOS
A. Competencia
55. Esta Sala de revisión es competente para pronunciarse en sede de
revisión en relación con el presente fallo de tutela, de conformidad con
los artículos 86 y 241 de la Constitución Política Colombiana, así como
con los artículos 33 y siguientes del Decreto 2591 de 1991 y las demás
disposiciones pertinentes.
B. Planteamiento del caso y problemas jurídicos
56. Con miras a dar solución a la situación de hecho objeto de análisis,
esta Sala deberá dar respuesta a los siguientes problemas jurídicos:
(i) ¿Resulta procedente la acción de tutela en contra de las actuaciones
de los Tribunales Eclesiásticos de la Iglesia Católica en razón
de la presunta vulneración del derecho fundamental de petición
con ocasión a las solicitudes que se realicen en el trámite de
nulidad de matrimonio católico cuyo procedimiento se rige por
el rito procesal canónico?
(ii)¿Desconoce el juez de tutela el concordato suscrito entre la
República de Colombia y la Santa Sede al expedir órdenes
respecto al trámite canónico de un proceso de nulidad de
matrimonio católico, como lo es el otorgamiento de copias de
las actuaciones contenidas en el expediente?
(iii) ¿Se materializa una carencia actual de objeto cuando, como
producto de la orden proferida por un juez de tutela, la
accionada optó por acatar lo dispuesto y cesar en la conducta
que se había considerado como vulneradora?
57. Para solucionar estos interrogantes, la Sala procederá a realizar un
análisis de la jurisprudencia constitucional sobre: (i) la autonomía e
independencia de la Iglesia Católica (ii) la acción de tutela contra las
autoridades eclesiásticas y sus límites (iii) el derecho de petición en las
actuaciones judiciales; y (iv) el fenómeno de la carencia actual de objeto;
para, así, resolver el caso concreto.
C. La autonomía e independencia de la Iglesia Católica
58. El Constituyente de 1991 optó por abandonar el modelo vigente en
la Constitución de 1886 (confesionalidad de la nación colombiana y
protección del Estado a la Iglesia Católica como “esencial elemento de
orden social”) en favor de un reconocimiento y protección igualitaria de
las distintas creencias religiosas que son profesadas. En ese sentido, se
reconoció en el artículo 19 del Texto Constitucional la garantía del
derecho a la libertad religiosa, de cultos en su dimensión personal,
colectiva e institucional, así como de la igualdad “ante la ley” de “las
confesiones religiosas e iglesias.”
59. A partir de este cambio de paradigma, el Estado Colombiano ha
regido su accionar respecto del “hecho religioso” en el principio de
laicidad del Estado, en el que se reconoce que la fe y el Estado son
recíprocamente libres y que el medio laico para tratar el hecho religioso
es el derecho. Como consecuencia de este principio, el Estado reconoce a
las “iglesias y confesiones religiosas”, “plena autonomía y libertad” en
“sus asuntos religiosos”, con lo cual éstas tienen una amplia
independencia para ejercer su credo, así como para definir su
organización y régimen interno en los términos y condiciones previstas
en la Ley 133 de 1994, Estatutaria de la Libertad Religiosa y de Cultos23.
La relación entre el Estado y las iglesias y confesiones religiosas se
estructura, en igual forma, a partir del principio de armonía y respeto que
implica la no injerencia mutua entre las autoridades públicas y las
distintas iglesias y confesiones religiosas.
23
Artículo 13, Ley 133 de 1994: “Las iglesias y confesiones religiosas tendrán, en sus asuntos
religiosos, plena autonomía y libertad y podrán establecer sus propias normas de organización,
régimen interno y disposiciones para sus miembros.(…)
Parágrafo.- El Estado reconoce la competencia exclusiva de los tribunales eclesiásticos para decidir, lo
relativo a la validez de los actos o ceremonias religiosas que afecten o puedan afectar el estado civil de
las personas.”
60. En relación con la Iglesia Católica es necesario anotar de antemano
que se trata de un sujeto de derecho internacional público, por lo que las
relaciones entre el Estado colombiano y la Santa Sede (representante de
la Iglesia Católica), se protocolizan a través de tratados internacionales,
por lo cual, como lo ha sostenido esta Corporación, “la regulación de sus
relaciones con el Estado, bien puede enmarcarse dentro del marco
establecido en el artículo 226 de la Constitución, en el sentido de que
estas relaciones se adopten sobre "bases de equidad, reciprocidad y
conveniencia nacional".”24
61. Así, la relación entre el Estado Colombiano y la Iglesia Católica ,
en tanto que sujeto de derecho internacional está guiada por los
contenidos fijados en el Concordato,25 suscrito por la República de
Colombia y la Santa Sede, el 12 de julio de 1973, el cual fue aprobado
mediante Ley 20 de 1974, que entre otras cláusulas, estableció:
“Artículo II. La Iglesia Católica conservará su plena libertad e
independencia de la potestad civil y por consiguiente podrá
ejercer libremente toda su autoridad espiritual y su jurisdicción
eclesiástica, conformándose en su gobierno y administración con
sus propias leyes.
Artículo III. La legislación canónica es independiente de la civil
y no forma parte de esta, pero será respetada por las
autoridades de la República.
62. Este pacto de derecho internacional público fue analizado por esta
Corporación en Sentencia C-027 de 1993, que ha hecho tránsito a cosa
juzgada constitucional (artículo 243 Superior), en la que se reconoció una
clara diferencia entre las competencias de las autoridades eclesiásticas y
aquellas propias del Estado Colombiano, respetándose así los poderes y
facultades propias y privativas de la Iglesia para tratar los asuntos de
contenido eminentemente religioso, los cuales ejerce en plena libertad y
autonomía. Es así que, como se reconoció en aquella ocasión, “el Estado
colombiano reconoce a la Iglesia Católica su órbita eclesiástica,
diferente a la civil y política que es propia del Estado” y garantiza, como
expresión del pluralismo político y religioso, “la coexistencia de
24
Sentencia C-027 de 1993 (M.P. Simón Rodríguez Rodríguez)
25
“El Concordato es un tratado internacional entre dos partes, (en este caso entre el Estado
Colombiano y la Santa Sede) donde la mayoría de sus cláusulas están dirigidas a que se cumplan
dentro del territorio colombiano, especialmente por quienes pertenecen a la Iglesia Católica,
Apostólica y Romana, a los sacerdotes y jerarcas de esta Iglesia por un lado y por el otro, a las
autoridades de la República”. Sentencia C- 027 de 1993, M.P. Simón Rodríguez Rodríguez.
ordenamientos” jurídicos diversos, los de las iglesias y confesiones
religiosas, entre ellos el de la Iglesia Católica, y el Estado.
63. Adicionalmente es de destacar que esta Corporación, también en la
Sentencia C-027 de 1993, reconoció que “aceptar la independencia y
autonomía de la autoridad eclesiástica de la Iglesia Católica es una
manifestación del derecho de libertad religiosa.” Y lo es porque este
derecho, tanto en su dimensión de acción (autonomía jurídica o poder
realizar ciertos actos) como en su dimensión de omisión (inmunidad de
coacción o no ser obligado a hacer a hacer algo, en razón de sus
creencias), va mucho más allá de la garantía que se otorga a la persona
para profesar o no profesar una determinada creencia religiosa, porque el
derecho de libertad religiosa tiene, como ha sido reconocido por la
jurisprudencia de esta Corte, otros alcances sociales, entre ellos:
“garantizar que se practiquen y realicen ciertos actos como
consecuencia de profesar creencias religiosas.”26 Y estos actos pueden
ser realizados tanto por la Iglesia Católica como por los fieles católicos.
La armonización entre “dos órdenes jurídicos diversos” tiene como
fuente a las personas en tanto comparten una doble condición:
ciudadanos colombianos y fieles católicos. Esa “prevalencia de los
derechos de las personas” se traduce en un entramado de relaciones
jurídicas y sociales que es posible porque las personas expresan su fe a
través de actos que forman parte de la esfera misma de las libertades
individuales pero que no se quedan en su fuero interno, sino que tienen
trascendencia social. Así, por ejemplo, el ciudadano colombiano que por
ser católico contrae matrimonio canónico expresa su fe y actúa conforme
a ella, pero, además, a través de una decisión personalísima actualiza el
ordenamiento jurídico canónico en un matrimonio concreto y en ejercicio
de su derecho de libertad religiosa compromete al Estado para que no
sólo le respete su decisión de contraer ese específico matrimonio, sino
que respete la libertad de la Iglesia para celebrar conforme a sus ritos y
de acuerdo a su propia normativa.
64. Tal es el nivel de relevancia jurídica que el Estado le da al derecho
de libertad religiosa que acepta la autonomía de las iglesias y confesiones
religiosas en materia matrimonial. En efecto, el artículo 42
Constitucional reconoce efectos civiles no sólo a los “matrimonios
religiosos”, sino a “las sentencias de nulidad de los matrimonios
religiosos dictadas por las autoridades de la respectiva religión, en los
términos que establezca la ley”, lo que equivale a decir que el Estado
Colombiano les reconoce a la Iglesia Católica y a las confesiones
26
Corte Constitucional, Sentencia T- 192 de 2001, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa
religiosas competencia para regular, cada una en el ámbito de su
especificidad, el matrimonio religioso.
El reconocimiento de los efectos civiles de las sentencias de nulidad de
los matrimonios canónicos (Artículos VIII del Concordato) también es
una forma de reconocer la independencia y autonomía de la Iglesia,
porque implica aceptar las competencias propias de las autoridades
eclesiásticas para conocer estas causas y para proferir sentencias a las que
el Estado también les reconoce efectos civiles.
65. Es así como esta Corporación en reiteradas ocasiones se ha
pronunciado sobre el alcance de la independencia y de la autonomía de la
Iglesia Católica. Que, en virtud de estos principios no depende en su
actuar de las autoridades estatales para desarrollar su papel espiritual y no
puede ser limitada, corregida u obligada en lo que concierne
específicamente a sus asuntos religiosos27.
66. Ahora bien, el Estado Colombiano reconoce a la Iglesia Católica
como una persona jurídica de derecho público, y a las autoridades
eclesiásticas como sujetos de derecho, ya no sólo por razón del
Concordato sino por la Ley Estatutaria de Libertad Religiosa y de Cultos,
con “personería de derecho público eclesiástico”. Este reconocimiento
constituye la aceptación de una realidad jurídica, histórica y cultural que
el Estado no puede desconocer:
...Por tanto no resulta extraño ni inconstitucional que el Estado
continúe reconociendo personería jurídica de derecho público
eclesiástico a la Iglesia Católica y a las entidades erigidas o
que se erijan conforme a lo establecido en el inciso 1° del
artículo IV del Concordato, aprobado por la Ley 20 de 1974,
que es la ley por la cual se incorporó al derecho interno
colombiano el mencionado tratado.28
Esta “personería de derecho público eclesiástico” constituye un régimen
excepcional, avalado por esta Corporación y que ha hecho tránsito a cosa
juzgada constitucional, diversa al tratamiento que el Estado les da a las
demás iglesias y confesiones religiosas, cuya personería, según la
Sentencia C-088 de 1994,29 en todo caso, tiene una “categoría especial”.
67. En ese orden de ideas, y en virtud de la autonomía que
constitucionalmente ha sido conferida a las autoridades judiciales
27
Ver Sentencia T-200 de 1995, M.P. José Gregorio Hernández Galindo.
28
Corte Constitutional. Sentencia C-088-94. M. P. Fabio Morón Díaz.
29
M.P. Fabio Morón Díaz.
eclesiásticas, las actuaciones que realizan los Tribunales Eclesiásticos
deben ser comprendidas como ejercicio de la función jurisdiccional, a
través de la cual se garantiza a los fieles católicos, que también son
ciudadanos colombianos, el acceso a la justicia de la Iglesia y que, en el
caso de la nulidad de los matrimonios canónicos, se adopten las
decisiones con base en el ordenamiento jurídico que los contrayentes han
elegido para unirse en matrimonio. Esto es, se trata de verdaderas
autoridades judiciales que, dentro de sus especificas competencias de
carácter religioso, se rigen por sus propias normas sustantivas y
procesales, sin que el Estado pueda intervenir ni injerir en ellas, ni contar
con la posibilidad de interpretar ni aplicar su ordenamiento normativo
especial. En este sentido, los Tribunales Eclesiásticos se constituyen en
un medio, aceptado por el Estado, para que se garanticen los derechos de
los católicos en la justicia de la Iglesia.
68. En las condiciones expuestas, el reconocimiento de esa autonomía
e independencia de la Iglesia Católica se fundamenta en el respeto de los
derechos de los católicos, en especial del derecho de libertad religiosa,
pero también en el derecho de libertad de la Iglesia, que es un derecho
adquirido y reconocido por el Concordato, para regular sus propias
competencias, al igual que el Estado las tiene para actuar en el ámbito
estatal. Independencia que, sin lugar a dudas, conlleva a que se evite la
intromisión de ambas potestades en los ámbitos que le son reservados, lo
que, sin embargo, no impide que entre la Iglesia Católica y el Estado
Colombiano, en razón del principio “de reciproca deferencia y respeto
mutuo” se establezcan relaciones de colaboración y participación en la
consecución del bien común y en orden a armonizar los dos órdenes
jurídicos diversos, precisamente para proteger los derechos de quienes
tienen la doble condición de ser ciudadanos colombianos y fieles
católicos.
69. En ese marco de autonomía, el Estado ha reconocido la potestad a
los Tribunales Eclesiásticos para decidir sobre la nulidad de los
matrimonios canónicos, sin perjuicio del reconocimiento de los efectos
civiles de los fallos anulatorios que se emitan en esos procesos. Por fuera
de ese efecto, “cualquier cuestionamiento del proceder de las
autoridades eclesiásticas, y de los Tribunales Eclesiásticos, entre ellas,
debe plantearse ante esa jurisdicción y no ante las autoridades civiles
colombianas.”30 Contrario sensu, se estarían desconociendo
compromisos de derecho internacional público vigentes y avalados por
esta Corporación,31 que implica, como también lo ha reconocido esta
30
Sentencia T- 998 de 2002, M.P. Jaime Córdoba Triviño
31
Los principios pacta sunt servanda y de buena fe son reconocidos en los artículos 26 y 27 de la
Convención de Viena sobre Derechos de los Tratados de la cual Colombia es parte.
Corte, “que el reconocimiento de la fuerza vinculante de los tratados
internacionales de que es parte Colombia y la buena fe en el
cumplimiento de las obligaciones internacionales, son mandatos
soberanos del Constituyente” (Auto 331 de 2015).32 Y que la tensión que
“puede surgir entre normas constitucionales y disposiciones de los
tratados -o entre el deber de aplicación prevalente de la constitución y el
Pacta Sunt Servanda – no es irreconciliable, en cuanto ambos se hallan
consagrados en el ordenamiento constitucional en la jerarquía de
principios fundamentales.”33
Es desde esa armonización que debe afirmarse que el desconocimiento de
la autonomía e independencia de la Iglesia Católica no solo implicaría
violentar las cláusulas acordadas en el Tratado Internacional, que el
Estado está obligado a cumplir, sino que implicaría un desconocimiento
al derecho de libertad religiosa de quienes, en ejercicio de ese derecho,
porque son fieles de la Iglesia Católica, han optado por contraer
matrimonio canónico. Lo que necesariamente conduce a la afectación del
derecho de libertad de la Iglesia.
70. Conforme a la jurisprudencia transcrita, es diáfano concluir que el
Estado respeta la independencia de la Iglesia y especialmente la libertad
religiosa de sus ciudadanos para: (i) contraer matrimonio religioso bajo
los parámetros normativos establecidos en esta religión, y (ii) para que el
matrimonio sea revisado según las normas canónicas y conforme al
modelo matrimonial que libremente se ha elegido al momento de celebrar
la unión.
71. En este sentido y en virtud del pluralismo político y religioso que
permite la coexistencia de ordenamientos jurídicos distintos, se acepta no
solo la autonomía e independencia de la Iglesia Católica sino también su
potestad legislativa, administrativa y judicial.34
D. La acción de tutela contra las autoridades eclesiásticas y los
límites a la autonomía
72. El Estado Colombiano como bien se señaló reconoce en las
autoridades eclesiásticas su derecho fundamental a la autonomía e
independencia jurisdiccional, y resulta necesario precisar su alcance. Esta
Corporación, en su Sentencia T-1083 de 2002 reconoció la autonomía de
32
Corte Constitucional, Auto 331 de 2015, M.P. Mauricio González Cuervo.
33
Ib.
34
Ver, Sentencia T- 200 de 1995, M.P. José Gregorio Hernández Galindo.
las iglesias para determinar lo relativo a la administración de los
sacramentos.35
En consecuencia, el Estado puede inmiscuirse en asuntos eclesiales sólo
en casos excepcionales, cuando se afecten derechos fundamentales y
principios constitucionales de los feligreses, sin entrar nunca a valorar las
creencias religiosas o el modo de expresión de estas.
73. En jurisprudencia de esta Corporación, Sentencia T-658 de 2013,36
advirtió que, conforme al orden constitucional vigente, la Iglesia
Católica, sin excepción alguna “puede ejercer su autonomía dentro del
marco trazado por el respeto de los derechos fundamentales de las
personas y en cumplimiento de los fines propios del Estado Social de
derecho.”
74. En este orden de ideas, la Corte se ha ocupado de definir en
concreto los límites de tal autonomía en relación con dos tipos de
situaciones: por un lado, las que surgen a propósito de la relación entre
las iglesias y sus feligreses u otras personas cuyos derechos pueden verse
afectados por las actuaciones de aquellas; por otra parte, las que se
originan en conflictos surgidos entre las comunidades religiosas y sus
propios miembros37.
75. Por lo tanto, es necesario diferenciar, por una parte, el ámbito
religioso, respecto del cual existe una competencia exclusiva de las
autoridades eclesiásticas que a priori impide la intervención del Estado,
del ámbito civil o patrimonial, respecto del cual dicha autonomía no
ostenta un carácter ilimitado e irrestricto que limite la injerencia de las
autoridades públicas.38
76. Se debe observar, en igual forma, que en virtud de la libre elección
realizada por los creyentes de someterse a las instituciones religiosas, la
intervención del Estado en sus asuntos debe ser restringida. El derecho a
35
Sentencia T- 1083 de 2002: “Aunque el familiar que interpuso la tutela en nombre del menor
también demandaba la protección del derecho a la igualdad, por el trato discriminatorio que recibió por
la negativa del sacerdote a darle la comunión, la Corte negó el amparo de este derecho, reiterando
así el precedente sobre la autonomía de las iglesias para determinar lo relativo a la
administración de los sacramentos, ámbito en el cual aquellas pueden establecer tratos
desiguales frente a los cuales el estado no tiene injerencia alguna.” (Negrilla fuera del texto)
36
M.P. María Victoria Calle Correa.
37
Sentencia 658 de 2013, M.P. María Victoria Calle Correa.
38
Ver Sentencia T-465 de 1994 que indicó: “La Corte Constitucional ratifica en esta ocasión la
doctrina de la convivencia de los derechos, es decir, la tesis de que pueden hacerse compatibles sobre
la base de que, siendo relativos, su ejercicio es legítimo mientras no lesione ni amenace otros
derechos, ni atente contra el bien general. En la medida en que ello acontezca, se torna en
ilegítimo.” (negrillas fuera del texto original)
la libre elección de las propias creencias y de adherir a una comunidad
eclesiástica particular implica necesariamente aceptar la disciplina y las
normas propias de esa comunidad. Esto no constituye una renuncia de los
derechos fundamentales del creyente, sino la libre decisión de gozar de
tales derechos de conformidad con la disciplina y las modalidades que
son propias a su comunidad de fe.
77. Ahora, si una pareja escoge unirse en matrimonio a través del rito
religioso, los contrayentes están admitiendo tácitamente acatar los
requisitos, prácticas y vicisitudes propias del credo de su elección. Además,
estos voluntariamente se someten a esa jurisdicción a quienes se les
aplicarán las normas del marco jurídico que aceptaron. Desconocer dicha
autonomía por las entidades estatales sería excluir compromisos de derecho
público internacional39 e igualmente las decisiones de esta Corporación en
las que ha reconocido la autonomía de la Iglesia Católica para definir las
relaciones con sus fieles en el ámbito ritual y espiritual.40
78. Por otra parte, esta Corte ha reconocido que la acción de tutela puede
proceder eventualmente en contra de las actuaciones de las autoridades
eclesiásticas, ante la materialización de irregularidades que afecten los
derechos fundamentales de los ciudadanos. En ese sentido, en relación con
la procedencia de la acción de tutela al interior de trámites judiciales
propios de las autoridades religiosas, esta Corte, en Sentencia T-285 de
1994, indicó que:
“Sólo sería procedente la acción de tutela contra una
actuación judicial que negara el derecho y los propios
contenidos doctrinarios o confesionales en que se inspira la
respectiva religión, es decir, una expresión del no derecho o
vía de hecho, como lo ha denominado la Corporación en
jurisprudencia reiterada(…).”
79. Ahora bien, se considera pertinente resaltar que, como se expresó
líneas atrás, en virtud de la especial autonomía con la que cuentan las
autoridades eclesiásticas, no basta con la simple confrontación entre
derechos o que se afirme un presunto desconocimiento de estos para que
resulte admisible la intromisión del juez constitucional sobre asuntos que
39
En virtud a los principios pacta sunt servanda y de buena fe reconocidos en los artículos 26 y 27 de
la convención de Viena sobre derechos de los tratados, y de la cual Colombia es parte.
40
La Corte Constitucional ha declarado la improcedencia de la tutela como mecanismo para ordenar a las
autoridades eclesiásticas el bautizo de menores (T-200 de 1995, M.P. José Gregorio Hernández
Galindo), la celebración de matrimonios (T-946 de 1999, M.P. Antonio Barrera Carbonell) o su anulación
(T-998 de 2002, M.P. Jaime Córdoba Triviño).
en principio competen exclusivamente a estas autoridades, pues para ello
es necesario que la conducta reprochada, una vez ponderados los
derechos en discusión, termine por afectar los derechos fundamentales de
los fieles del culto.
80. Lo expuesto, sin que sea posible entender que el Estado pueda
arrogarse facultades sacramentales e invadir la órbita espiritual que es
propia de las instituciones religiosas, pues en su accionar se encuentra
compelido (i) a limitar su injerencia a un mínimo y, (ii) únicamente
propender por garantizar que las actuaciones de los diversos cultos se
abstengan de afectar los derechos fundamentales41 y de desconocer la
dignidad intrínseca a cada persona.
81. El Estado Colombiano, en virtud del mencionado Concordato, pero
también del derecho de libertad religiosa de los fieles católicos y del
derecho de libertad de la Iglesia Católica, está limitado en su margen de
acción y en ese orden se encuentra compelido a no intervenir en sus
actuaciones42, especialmente en materia matrimonial, ámbito en el que
los contrayentes de manera libre y voluntaria deciden someterse al
régimen canónico.
82. Esa autonomía de las iglesias y confesiones religiosas, así como el
derecho de libertad religiosa fue reconocida mediante la Ley 133 de
1994, además fueron facultadas para “establecer sus propias normas de
organización, régimen interno y disposiciones para sus miembros”
(artículo 13 (ver supra, número 17).
83. La legislación civil inicialmente, y la jurisprudencia constitucional
posteriormente han reconocido la independencia y la autonomía de la
Iglesia Católica, la cual está limitada a la efectiva garantía de los
derechos humanos y solo excepcionalmente procede el trámite tutelar
cuando se configure una lesión a los derechos fundamentales.
E. El derecho de petición en las actuaciones judiciales
84. Como se expuso con anterioridad, las actuaciones de los
Tribunales Eclesiásticos en ejercicio de su jurisdicción deben ser
concebidas como verdaderas decisiones judiciales que se resuelven
41
En relación con el concepto de núcleo esencial de los Derechos Fundamentales, ver la Sentencia C-
756 de 2008, M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra, reiterado en la C-511 de 2013, en la cual la Corte
expresó: “el núcleo esencial de un derecho fundamental como aquel sin el cual un derecho deja de ser
lo que es o lo convierte en otro derecho diferente o lo que caracteriza o tipifica al derecho
fundamental y sin lo cual se le quita su esencia fundamental”.
42
A menos que las autoridades eclesiásticas afecten los derechos fundamentales de los ciudadanos.
dentro de la competencia de un sujeto de derecho internacional con el que
Colombia ha ratificado un tratado internacional, que le permite ejercer
ciertas facultades en el territorio nacional. Por lo tanto, se trata de
decisiones que resuelven las controversias que han sido puestas en su
conocimiento y que corresponden a asuntos de su exclusiva competencia
religiosa.
85. Esta Corporación ha señalado que no es posible establecer
limitaciones excesivas frente al derecho de todo ciudadano a presentar
peticiones respetuosas a las autoridades por motivos de interés particular
o general (art. 23), 43 pero esto no significa que se pueda ejercer de forma
irresponsable o desmedida. Su ejercicio “debe contribuir a la prevalencia
de interés general y además exige una carga ética de todo ciudadano al
imponer el respeto a los derechos ajenos y la prohibición en el abuso de
los propios (art. 95 num. 1 y 5 Constitucional).”44
86. Así, el derecho de petición no es absoluto, pues está sujeto a la
razonabilidad de las peticiones, a los límites propios de los deberes
ciudadanos, a la prohibición de abuso del derecho, y a la reserva de
ciertos datos. Los anteriores rasgos delimitan el ejercicio del derecho de
petición, pues se trata del cuidado, preservación y buena administración
de los recursos públicos, así como del resultado obvio de los deberes
ciudadanos y la protección de otros valores constitucionales tales como la
seguridad nacional.
87. Por otra parte, es importante recalcar que el derecho de petición
consagrado en el artículo 23 de la Carta Política fue diseñado para que su
ejercicio se adelante ante las autoridades del Estado y organizaciones e
instituciones privadas. En virtud de la Ley Estatutaria 1755 de 2015,
específicamente su artículo 32, el derecho de petición se pude ejercer
ante organizaciones privadas, dentro de las cuales están enumeradas las
“organizaciones religiosas”45.
43
Ver la sentencia C-099 de 2001.
44
Corte Constitucional, Sentencia C-1150 de 2003 (M.P. Eduardo Montealegre Lynett).
45
Artículo 32. Derecho de petición ante organizaciones privadas para garantizar los derechos
fundamentales. Toda persona podrá ejercer el derecho de petición para garantizar sus derechos
fundamentales ante organizaciones privadas con o sin personería jurídica, tales como sociedades,
corporaciones, fundaciones, asociaciones, organizaciones religiosas, cooperativas, instituciones
financieras o clubes.\\ Salvo norma legal especial, el trámite y resolución de estas peticiones estarán
sometidos a los principios y reglas establecidos en el Capítulo I de este título. \\ Las organizaciones
privadas solo podrán invocar la reserva de la información solicitada en los casos expresamente
establecidos en la Constitución Política y la ley. \\ Las peticiones ante las empresas o personas que
administran archivos y bases de datos de carácter financiero, crediticio, comercial, de servicios y las
provenientes de terceros países se regirán por lo dispuesto en la Ley Estatutaria del Hábeas Data. \\
Parágrafo 1°. Este derecho también podrá ejercerse ante personas naturales cuando frente a ellas el
solicitante se encuentre en situaciones de indefensión, subordinación o la persona natural se encuentre
ejerciendo una función o posición dominante frente al peticionario. \\ Parágrafo 2°. Los personeros
88. Es necesario reiterar al respecto, que la Iglesia Católica (Santa
Sede) es un sujeto de derecho internacional público, al igual que los
Estados y las Organizaciones Internacionales. Así lo ha reconocido esta
Corporación, en diversas oportunidades,46 reiterando que los acuerdos
que se establecen con la Iglesia Católica se realizan a través de Tratados
Internacionales y que, “por ende la regulación de sus relaciones con el
Estado, bien puede enmarcarse dentro del marco establecido en el
artículo 226 de la Constitución, en el sentido de que estas relaciones se
adopten sobre "bases de equidad, reciprocidad y conveniencia
nacional".47
89. Por otra parte se tiene que esta Corporación en diversas
oportunidades se ha pronunciado respecto de la procedencia de los
derechos de petición que son interpuestos ante autoridades
jurisdiccionales y ha expresado que si bien es cierto estas se hallan
compelidas a tramitar y responder las solicitudes que les sean
presentadas, también lo es que cuandoquiera que la petición incoada se
enmarque en el trámite de un proceso judicial, el juez del trámite en
cuestión está sometido a las reglas establecidas por la Ley para ese
proceso jurisdiccional48.
90. En ese sentido, esta Corte ha advertido que al momento de evaluar
las solicitudes presentadas en contra de autoridades judiciales es
menester que se distinga entre aquellas que buscan obtener un
pronunciamiento en relación con uno de los procesos a cargo de la
autoridad en cuestión, de aquellas que cuestionan asuntos que no guardan
relación con estos, pues en el primero de los casos es necesario que,
respecto del debido proceso, la autoridad se ciña a los procedimientos
propios del trámite judicial que desarrolla.
municipales y distritales y la Defensoría del Pueblo prestarán asistencia eficaz e inmediata a toda
persona que la solicite, para garantizarle el ejercicio del derecho constitucional de petición que hubiere
ejercido o desee ejercer ante organizaciones o instituciones privadas. \\ Parágrafo 3°. Ninguna entidad
privada podrá negarse a la recepción y radicación de solicitudes y peticiones respetuosas, so pena de
incurrir en sanciones y/o multas por parte de las autoridades competentes.
46
Ahora bien, para ofrecer educación religiosa y moral el Estado debe celebrar acuerdos con las
iglesias y confesiones religiosas que por su ámbito, extensión y número de adherentes tengan notorio
arraigo en Colombia, ya que las que reunen tales condiciones son las que en mayor medida, están
presentes en dichos establecimientos. Si se trata de la Religión Católica será un Convenio Internacional
porque la Iglesia Católica es sujeto de derecho internacional, por ende la regulación de sus relaciones
con el Estado, bien puede enmarcarse dentro del marco establecido en el artículo 226 de la
Constitución, en el sentido de que estas relaciones se adopten sobre "bases de equidad, reciprocidad y
conveniencia nacional".
47
Sentencia C-027 de 1993 (M.P. Simón Rodríguez Rodríguez).
48
Ver, entre otras, las Sentencias: T-334 de 1995, M.P. José Gregorio Hernández Galindo; T-192 de
2007, M.P. Álvaro Tafur Galvis y C-951 de 2014, M.P. Martha Victoria Sáchica Méndez.
91. Es así como esta Corte en Sentencia C-951 de 2014, que examinó
la constitucionalidad de la Ley Estatuaria que reguló lo relativo al
ejercicio del Derecho Fundamental de Petición, indicó:
“… la jurisprudencia de la Corte ha reconocido que las
personas tienen el derecho a presentar peticiones ante los
jueces de la República y que estas sean resueltas, siempre que
el objeto de su solicitud no recaiga sobre los procesos que el
funcionario judicial adelanta. Esta posición se sustenta en
que los jueces actúan como autoridad, según el artículo 86 de
la Constitución49. En estos eventos, el alcance de este derecho
encuentra limitaciones, por ello, se ha especificado que deben
diferenciarse las peticiones que se formulen ante los jueces,
las cuales serán de dos clases: (i) las referidas a actuaciones
estrictamente judiciales, que por tales se encuentran
reguladas en el procedimiento respectivo, debiéndose sujetar
entonces la decisión a los términos y etapas procesales
previstos para el efecto; y (ii) aquellas que por ser ajenas al
contenido mismo de la litis e impulsos procesales, deben ser
atendidas por la autoridad judicial en su condición, bajo las
normas generales del derecho de petición que rigen la
administración, esto es, el Código Contencioso
Administrativo” . Por tanto, el juez tendrá que responder la
50
petición de una persona que no verse sobre materias del
proceso sometido a su competencia.”
92. En ese sentido, esta Corporación ha entendido que las solicitudes
presentadas ante las autoridades judiciales con ocasión a un proceso cuyo
conocimiento les ha sido asignado, en principio no se encuentran regidas
por los postulados propios del derecho de petición, sino que deben ser
resueltos a partir de las normatividades particulares que rigen el proceso
judicial que desarrollan y, por eso, cualquier omisión de respuesta en este
sentido no puede configurar afectación alguna al derecho de petición,
sino que tendrá que estudiarse de conformidad con el procedimiento
fijado para la acción en desarrollo, en virtud del debido proceso.
93. Dicho lo anterior, es claro para esta Corporación que los fieles
católicos tienen la facultad de (i) elevar solicitudes respecto de su
proceso (debido proceso) y (ii) peticiones fuera del proceso (derecho de
petición). Así, los Tribunales Eclesiásticos deberán resolver las primeras
49
En este sentido las sentencias T-501 y C-543 de 1992, M.P. José Gregorio Hernández Galindo.
50
Sentencias T-1124 de 2005, Alfredo Beltrán Sierra; T-215 de 2011, M.P. Jorge Iván Palacio
Palacio;T-425 de 2011, M.P. Juan Carlos Henao Pérez; T-920 de 2012, M.P. Nilson Pinilla Pinilla y T-
311 de 2013, M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo.
peticiones en el marco de los procedimientos que se tramitan bajo la
normativa canónica, a menos que se trate de solicitudes ajenas a los
procesos sometidos a su competencia, las cuales, salvo norma canónica
en contrario, se regirán por el marco constitucional y normativo del
derecho de petición. Así quienes voluntariamente se someten a las
prácticas religiosas de la Iglesia Católica lo hacen bajo los parámetros
contemplados por los ritos católicos, más aún si el Código de Derecho
Canónico contempla la posibilidad de que las partes puedan acceder a los
documentos de los expedientes51.
F. El fenómeno de la carencia actual de objeto. Reiteración de
jurisprudencia
94. Esta Corporación, en ejercicio de su labor como intérprete
autorizado de la Constitución, ha determinado en reiterada
jurisprudencia52 el alcance y contenido que el Constituyente quiso otorgar
al artículo 86 de la Carta Política, resaltando que la acción judicial en él
contemplada, además de tener un carácter preferente y sumario, tiene por
principal objeto la protección concreta e inmediata de los derechos
constitucionales fundamentales de los ciudadanos, siempre que estos se
vean afectados o amenazados por la acción u omisión de cualquier
autoridad pública, o de un particular que se encuentre dentro de los
supuestos de hecho contemplados en la ley.
95. La acción de tutela fue concebida como un mecanismo para la
protección efectiva de los derechos fundamentales que son objeto de una
amenaza o afectación actual. Por lo tanto, se ha sostenido en reiterada
jurisprudencia que, ante la alteración o el desaparecimiento de las
circunstancias que dieron origen a la vulneración de los derechos
fundamentales objeto de estudio, la solicitud de amparo pierde su eficacia
y sustento, así como su razón de ser como mecanismo extraordinario y
expedito de protección judicial. Lo antedicho, pues, al desaparecer el
objeto jurídico sobre el que recaería la eventual decisión del juez
constitucional, cualquier determinación que se pueda tomar para
salvaguardar las garantías que se encontraban en peligro, se tornaría
51 Artículo 1598 1 del Código Canónico establece que: “(…) el juez mediante decreto, debe permitir
bajo pena de nulidad, que las partes y sus abogados examinen en la cancillería del tribunal las actas
que aún no conoce; e incluso se puede entregar copia de las actas a los abogados que la pidan; no
obstante, en las causas que afectan al bien público, el juez para evitar peligros gravísimos, puede
decretar que algún acto no sea manifestado a nadie, teniendo cuidado de que siempre quede a salvo el
derecho de defensa”
52
Ver, entre otras, las Sentencias: T-317 de 2005 y T-495 de 2001; ambas del M.P. Rodrigo Escobar
Gil ; T-570 de 1992, M.P. Jaime Sanin Greiffenstein y T-675 de 1996, M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
inocua y contradiría el objetivo que fue especialmente previsto para esta
acción.53
A partir de los anteriores razonamientos, en sentencia T-494 de 1993 se
destacó sobre este aspecto, que:
“La tutela supone la acción protectora del Estado que tiende a
proteger un derecho fundamental ante una acción lesiva o frente a
un peligro inminente que se presente bajo la forma de amenaza.
Tanto la vulneración del derecho fundamental como su amenaza,
parten de una objetividad, es decir, de una certeza sobre la lesión
o amenaza, y ello exige que el evento sea actual, que sea
verdadero, no que haya sido o que simplemente -como en el caso
sub examine- que se hubiese presentado un peligro ya subsanado”
(negrillas inexistentes en el texto original)
96. Es por esto, que la doctrina constitucional ha desarrollado el
concepto de la “carencia actual de objeto” para identificar este tipo de
eventos y, así, denotar la imposibilidad material en la que se encuentra el
juez de la causa para dictar alguna orden que permita salvaguardar los
intereses jurídicos cuya garantía le ha sido encomendada. Sobre el
particular, se tiene que éste se constituye en el género que comprende el
fenómeno previamente descrito, y que puede materializarse a través de
las siguientes figuras: (i) “hecho superado”, (ii) “daño consumado” o (iii)
de aquella que se ha empezado a desarrollar por la jurisprudencia
denominada como el acaecimiento de una “situación sobreviniente”54.
97. La primera de estas figuras, regulada en el artículo 26 del Decreto
2591 de 1991, comprende el supuesto de hecho en el que, entre el
momento en que se interpone la demanda de amparo y el fallo, se
evidencia que, como producto del obrar de la entidad accionada, se
eliminó la vulneración a los derechos fundamentales del actor, esto es,
tuvo lugar la conducta solicitada (ya sea por acción o abstención) y, por
tanto, (i) se superó la afectación y (ii) resulta inocua cualquier
intervención que pueda realizar el juez de tutela para lograr la protección
de unos derechos que, en la actualidad, la accionada ha dejado de
desconocer.
98. La segunda de las figuras referenciadas consiste en que, a partir de
la vulneración ius-fundamental que venía ejecutándose, se ha
53
Sentencias: SU-225 de 2013; M.P. Alexei Julio Estrada y T-317 de 2005, M.P. Clara Inés Vargas
Hernández.
54
Ver sentencias T-988 de 2007 y T-585 de 2010, ambas del M.P. Humberto Antonio Sierra Porto y T-
200 de 2013, M.P. Alexei Julio Estrada.
consumado el daño o afectación que con la acción de tutela se pretendía
evitar, de forma que ante la imposibilidad de hacer cesar la vulneración o
impedir que se concrete el peligro, no es factible que el juez de tutela dé,
en principio, una orden al respecto.55
99. Para finalizar, se ha empezado a diferenciar por la jurisprudencia
una tercera modalidad de eventos en los que la protección pretendida del
juez de tutela termina por carecer por completo de objeto y es en aquellos
casos en que como producto del acaecimiento de una “situación
sobreviniente” que no tiene origen en el obrar de la entidad
accionada la vulneración predicada ya no tiene lugar, ya sea porque el
actor mismo asumió la carga que no le correspondía, o porque a raíz de
dicha situación, perdió interés en el resultado de la litis.
100. Esta nueva y particular forma de clasificar las modalidades en que
puede configurarse la carencia actual de objeto en una acción de tutela,
parte de una diferenciación entre el concepto que usualmente la
jurisprudencia ha otorgado a la figura del “hecho superado”56 y limita su
alcance únicamente a aquellos eventos en los que el factor a partir del
cual se superó la vulneración está directamente relacionado con el
accionar del sujeto pasivo del trámite tutelar. De forma que es posible
hacer referencia a un “hecho superado” cuando, por ejemplo, dentro del
trámite tutelar una E.P.S. entrega los medicamentos que su afiliado
demandaba, y una “situación sobreviniente” cuando es el afiliado quien,
al evidenciar la excesiva demora en su suministro, decide asumir su costo
y procurárselos por sus propios medios.
101. También, se ha considerado importante diferenciar entre los
efectos que, respecto del fallo puede tener el momento en el que se
superaron las circunstancias que dieron fundamento a la presentación de
una acción de tutela. Lo anterior, sin entrar a distinguir en que se trate de
un hecho superado o de una “situación sobreviniente”.
102. En Sentencia T-722 de 200357, se indicó que existen dos momentos
que es importante demarcar, estos son, cuando la extinción de la
vulneración, indistintamente de la fuente o causa que permitió su
55
Sentencia SU-225 de 2013, M.P. Alexei Julio Estrada.
56
Ya no entendido como la situación a partir de la cual los factores que dieron lugar a la interposición
de la acción de tutela fueron superados por cualquier motivo (Ver Sentencias: SU-225 de 2013, M.P.
Alexei Julio Estrada; T-630 de 2005, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; T-597 de 2008, M.P. Marco
Gerardo Monroy Cabra; T-170 de 2009, M.P. Humberto Antonio Sierra Porto; T-100 de 1995, M.P.
Vladimiro Naranjo Mesa ; T-570 de 1992, M.P. Jaime Sanin Greiffenstein; T-675 de 1996, M.P.
Vladimiro Naranjo Mesa ) sino que limita su campo de aplicación a aquellos eventos en los que dicha
situación tuvo lugar con ocasión al obrar de la entidad accionada.
57
Reiterada en Sentencia T-130 de 2012, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.
superación, tiene lugar (i) antes de iniciado el proceso de tutela o en el
transcurso del mismo, evento en el cual no es posible exigir de los jueces
de instancia actuación diferente a declarar la carencia actual de objeto y,
por tanto, habrá de confirmarse el fallo revisado; y (ii) cuando se
encuentra en curso el trámite de revisión ante esta Corte, evento en el
cual, de advertirse que se ha debido conceder el amparo invocado, se
hace necesario revocar las sentencias de instancia y otorgar la protección
solicitada, incluso así no se vaya a proferir orden alguna. En ese sentido,
se indicó:
“i.) Así, pues, cuando el fundamento fáctico del amparo se
supera antes de iniciado el proceso ante los jueces de tutela de
instancia o en el transcurso de este y así lo declaran en las
respectivas providencias, la Sala de Revisión no puede exigir
de ellos proceder distinto y, en consecuencia, habrá de
confirmar el fallo revisado quedando a salvo la posibilidad de
que en ejercicio de su competencia y con el propósito de
cumplir con los fines primordiales de la jurisprudencia de esta
Corte, realice un examen y una declaración adicional
relacionada con la materia, tal como se hará en el caso sub-
examine.
ii.) Por su parte, cuando la sustracción de materia tiene lugar
justo cuando la Sala de Revisión se dispone a tomar una
decisión; si se advirtiere que en el trámite ante los jueces de
instancia ha debido concederse el amparo de los derechos
fundamentales invocados y así no se hubiere dispuesto, la
decisión de la Sala respectiva de esta Corporación, de
conformidad con la jurisprudencia reciente, consistirá en
revocar los fallos objeto de examen y conceder la tutela, sin
importar que no se proceda a impartir orden alguna.”
103. A lo anterior es pertinente agregar que si bien la jurisprudencia
constitucional, en sus inicios se limitaba a declarar la carencia actual de
objeto sin hacer ningún otro pronunciamiento, actualmente ha empezado
a señalar que es menester que esta Corporación, en los casos en que sea
evidente que la providencia objeto de revisión debió haber sido decidida
de una forma diferente, a pesar de no tomar una decisión en concreto, ni
impartir orden alguna, se pronuncie sobre el fondo del asunto, y aclare si
hubo o no la vulneración que dio origen a la presentación de la acción de
tutela en concreto.58
58
Sentencias : T-188 de 2010, M.P. Jorge Iván Palacio Palacio; T-721 de 2001, M.P. Juan Carlos
Henao Pérez; y T-442 de 2006, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.
104. En ese orden de ideas, es de advertir que la diferenciación
anteriormente realizada toma especial importancia no solo desde el punto
de vista teórico, sino que, en adición a ello, permite al juez de la causa
dilucidar el camino a tomar al momento de adoptar su determinación y
cambia el nivel de reproche que pueda predicarse de la entidad
accionada, pues (i) tratándose de un “hecho superado” es claro que si
bien hubo demora, ésta asumió la carga que le era exigible y cesó en la
vulneración sin que, para el efecto, requiriera de una orden judicial; (ii)
por otro lado, tratándose de una “situación sobreviniente” es importante
recalcar que dicha cesación no tuvo lugar como producto de la diligencia
de la accionada y no fue ella quien permitió la superación de la
afectación ius-fundamental del actor, motivo por el cual, al igual que
cuando se trata de un “daño consumado”, pueden existir con
posterioridad actuaciones a surtir, como la repetición por los costos
asumidos o incluso, procesos disciplinarios a adelantar por la negligencia
incurrida.
105. La jurisprudencia también ha enfatizado que, en los casos en los
que se presente este fenómeno, resulta ineludible al juez constitucional
incluir en la providencia un análisis fáctico en el que se demuestre que en
un momento previo a la expedición del fallo, se materializó, ya sea la
efectiva reparación de los derechos en discusión, o el daño que con la
acción de tutela se pretendía evitar; y que, por tanto, sea diáfana la
ocurrencia de la carencia actual de objeto en el caso concreto.59
106. Como corolario de lo anterior, es claro que el caso en estudio no se
enmarca en las hipótesis referenciadas, dado que (i) la tutelante elevó
ante la autoridad eclesiástica accionada solicitud de expedición de copias
de la actuación surtida en el trámite de nulidad de matrimonio católico,
(ii) tal petitum fue resuelto negativamente por la entidad censurada y, (iii)
finalmente, la accionante tuvo acceso a las copias pero con ocasión a una
orden judicial, lo cual, sin lugar a duda, desvirtúa la configuración de
“hecho superado”, en cuanto no fueron entregadas voluntariamente por
la accionada, ni antes, ni durante el término que se surtió el tramite
tutelar.
III. SOLUCIÓN AL CASO CONCRETO
107. De acuerdo con lo expuesto en la parte considerativa de la presente
providencia, esta Corporación encuentra que el presente asunto requiere
59
SU-225 de 2013, M.P. Alexei Julio Estrada.
para su solución de una ponderación entre los derechos constitucionales
en juego.
108. Según se planteó inicialmente, se tiene que Aura Cecilia Pirajan
luego de culminar el trámite de nulidad del matrimonio católico que
inició su exesposo el 24 de junio de 2017, pidió el suministro de copias
de dicho proceso. Tal petición fue negada por la autoridad accionada,
dado que la tutelante renunció voluntariamente a asistir y participar en
dicho proceso. No obstante, al finalizar el trámite judicial, el Tribunal
Eclesiástico le ofreció lectura de la decisión adoptada y le manifestó que
el expediente del proceso de anulación tiene carácter reservado según el
derecho canónico, por lo que no era posible darle copias del mismo.
109. En el asunto bajo examen entran en colisión dos derechos y un
principio constitucional: por una parte el derecho a la libertad religiosa y
el principio constitucional de respeto por los tratados internacionales
(pacta sunt servanda) y en contraposición el derecho de petición de la
accionante bajo las circunstancias del caso concreto.
110. Como ya se ha anotado, la autonomía de la Iglesia en la resolución
de los asuntos que son de su competencia hace parte de la libertad
religiosa. Los Tribunales Eclesiásticos católicos actúan como autoridades
eclesiásticas en ejercicio del poder jurisdiccional que les otorga el
Concordato de 1973, así como la Constitución de 1991, con personería
jurídica de derecho público eclesiástico, según la Ley estatutaria de
Libertad Religiosa y de Cultos, y como sujetos de derecho internacional
con independencia del Estado Colombiano.
111. La jurisdicción eclesiástica en virtud del Concordato suscrito con
el Estado Colombiano60 goza de autonomía en el trámite de los
procedimientos que le competen.61 Esto significa que, como ejercicio de
la libertad religiosa, quienes voluntariamente se adhieren a la iglesia
Católica y ejercen sus sacramentos, se someten deliberadamente a sus
reglas, incluyendo por lo tanto su jurisdicción. Así mismo, la libertad
religiosa implica que los conflictos que se susciten con ocasión de estos
trámites, incluida la nulidad del matrimonio católico, deben resolverse en
el marco de la Ley Canónica, cuya interpretación y aplicación compete
60
El Concordato, como se ha reiterado por esta Corporación, es un tratado internacional vigente en el
orden internacional y en el orden interno colombiano, celebrado entre la República de Colombia y la
Santa Sede como sujeto de Derecho Internacional Público. El reconocimiento de esa condición
constituye la aceptación de una realidad jurídica, histórica y cultural que el Estado no puede
desconocer.
61
El artículo 42 constitucional, inciso 6 establece que la decisión en estos trámites gozan de todos los
efectos civiles.
exclusivamente al juez canónico, y a todas luces escapa de la órbita de la
jurisdicción ordinaria, tal como lo ha sostenido esta Corporación.62
112. En el caso concreto, el Tribunal Eclesiástico respondió el derecho
de petición y negó las copias del expediente solicitado alegando reserva.
Durante el trámite ante esta Corporación, el Tribunal accionado explicó
que la reserva del expediente tiene asidero en el Canon 1598 del Código
Canónico,63 y en la costumbre jurídica desarrollada al respecto por los
Tribunales Canónicos, en virtud de lo cual, las partes solo podrán acceder
a los documentos que obran en el expediente de manera directa, esto es,
con su presencia en la Cancillería del Tribunal y únicamente se permite
la entrega de copias de estos documentos a los abogados, de manera que
puedan preparar sus memoriales. Señala que “el examen de las actas
debe, por tanto, hacerse en la Cancillería del Tribunal que ha conocido
la causa y dentro del plazo establecido en el decreto del Juez”.
La interpretación de la potestad de reserva “para evitar peligros
gravísimos”, a que hace relación el canon, se fundamenta, según se
explica en la necesidad de proteger el derecho fundamental a la intimidad
de quienes participan en el proceso de anulación del matrimonio católico,
no solo como partes, sino como testigos, quienes por la naturaleza del
proceso, brindan al Tribunal información que hace parte de su vida
privada, bajo el entendido de que la misma será usada exclusivamente
para el estudio del caso. Así, la reserva aludida no tendría como fin negar
el acceso al expediente, que puede ser consultado por los abogados de las
partes en cualquier momento, sino restringir las copias del mismo, para
evitar que información personal e íntima de quienes participaron en el
proceso, salga del tribunal y pueda ser difundida.
62
En la Sentencia T-998 de 2002 (M.P. Jaime Córdoba Triviño) sostuvo la Corte: “De acuerdo con el
Concordato, como tratado de derecho internacional público vigente, el Estado se ha comprometido a
reconocer la independencia y autonomía de las autoridades eclesiásticas y de allí que en materia de
procesos de nulidad de matrimonio católico sólo le sea posible reconocer los efectos civiles generados
por la sentencia definitiva que declare la nulidad. Por fuera de ese efecto, cualquier cuestionamiento
del proceder de las autoridades eclesiásticas, y de los Tribunales Eclesiásticos, entre ellas, debe
plantearse ante esa jurisdicción y no ante las autoridades civiles colombianas. De lo contrario, se
estarían desconociendo compromisos de derecho internacional público vigentes y avalados por esta
Corporación pues los principios pacta sunt servanda y de buena fe son reconocidos en los artículos 26
y 27 de la Convención de Viena sobre Derechos de los Tratados, de la cual Colombia es parte. En las
condiciones expuestas, al Tribunal Eclesiástico Regional de Cali no puede dársele el tratamiento de
un particular en los términos del artículo 86 de la Constitución Política pues se trata de una autoridad
eclesiástica sometida a las jerarquías de la Iglesia Católica como persona de derecho público
eclesiástico y no a las autoridades colombianas.”
63
Al respecto, el Canon 1598, dispone: “§ 1. Una vez recibidas las pruebas, el juez, mediante decreto
debe permitir, bajo pena de nulidad, que las partes y sus abogados examinen en la cancillería del
tribunal las actas que aún no conocen; e incluso se puede entregar copia de las actas a los abogados
que la pidan; no obstante, en las causas que afectan al bien público, el juez, para evitar peligros
gravísimos, puede decretar que algún acto no sea manifestado a nadie, teniendo cuidado de que
siempre quede a salvo el derecho de defensa.” (Negrillas fuera del texto original)
Bajo ese entendido, la reserva de copias del expediente de nulidad del
matrimonio católico, sería compatible con la Ley 1755 de 2015 que
señala: “artículo 24. Informaciones y documentos reservados. Solo
tendrán carácter reservado las informaciones y documentos
expresamente sometidos a reserva por la Constitución Política o la ley, y
en especial: (…) 3. Los que involucren derechos a la privacidad e
intimidad de las personas, incluidas en las hojas de vida, la historia
laboral y los expedientes pensionales y demás registros de personal que
obren en los archivos de las instituciones públicas o privadas, así como
la historia clínica.”
113. Es claro que la interpretación del derecho canónico es una
competencia exclusiva de Tribunal Canónico y que las reglas de dicha
jurisdicción no pueden ser objeto de interpretación por parte del juez
ordinario sin que se configure una injerencia indebida. Por otro lado,
según las razones que expone el Tribunal para guardar la reserva, la
misma es potestad del Tribunal, y está dirigida a proteger la intimidad de
los partícipes del proceso. No se trata por lo tanto de una reserva
absoluta, ni tiene como fundamento la protección del culto o de la
institucionalidad de la Iglesia.
114. Ahora bien, es claro que el derecho de petición, consagrado en el
artículo 23 de la Carta no es un derecho absoluto, por el contrario, existen
límites constitucional y legalmente admitidos, como la razonabilidad de
la petición y la reserva de la información. Así, la Sala considera que si
bien la solicitud de copias se realizó con ocasión a un proceso de nulidad
de matrimonio católico, cuya competencia recae en la autoridad
canónica, ésta se hizo cuando existía una providencia en firme. Por tal
motivo es válido afirmar que -para ese momento- la pretensión de la
accionante no tuvo otro objeto que el conocimiento de una decisión que
afectaba su estado civil, por lo cual se concluye que lo adecuado es
manejar el asunto bajo el amparo del derecho de petición.
115. Descendiendo al caso concreto, es necesario advertir un aspecto
importante. Aunque la autoridad convocada ostenta personería jurídica de
derecho público eclesiástico y es considerada como sujeto de derecho
internacional público y, en tal condición, es titular de un importante
grado de inmunidad en varios aspectos64 esto no la exime de satisfacer,
en principio en el marco de sus propios mandatos, la solicitud invocada
y, de hecho, así lo comprendió la autoridad demandada, que tanto en el
momento previo a esta acción como en su curso, en las instancias ha
ofrecido la respuesta que estima adecuada. Por lo anterior, la Sala da por
64
Sobre la inmunidad de sujetos de derecho internacional y la inexistencia de un carácter absoluto en
este tema, ver, por ejemplo, la sentencia SU-443 de 2016, M.P: Gloria Stella Ortiz Delgado.
acreditada la legitimación de la autoridad canónica demandada para
atender la invocación de la accionante.
116. Sumado a lo anterior, cabe preguntarse, con base en qué criterios
normativos debía responderse la petición de copias. El primer
interrogante que le surge a la Sala es la del Canon 1598 del Código
Canónico, dado que este parece regir una etapa propia del proceso que,
en este caso, ya se había superado, y la respuesta que dio la autoridad
accionada en el curso de la reclamación de la accionante no fue
satisfactoria. Esto ocurrió porque (i) no se justificó, con claridad, la razón
por la cual se oponía una reserva con fundamento en tal parámetro que,
insiste la Sala, parece ser aplicable en momentos procesales precisos.
Esto no excluye la interpretación que parece dar la autoridad católica,
que en todo caso hace parte de su inmunidad, pero debe ser
adecuadamente explicada a sus fieles. (ii) Tampoco se justificó por qué
ya no en abstracto sino en este caso, debía mantenerse una reserva. Y
esto es importante dado que incluso la disposición bajo la cual ha
respondido la autoridad católica no excluye de plano la entrega de
copias65 y, de otro lado, porque, aunque la reserva es una razón
constitucional, exige que por lo menos se expliquen los motivos para que
ella opere, los cuales en este asunto bien pueden estar relacionados con
elementos propios de la religión católica. Y, (iii) finalmente, dado que la
reserva requiere sustento legal, la ausencia de claridad sobre el parámetro
normativo llevaba a que, en última instancia y ante un eventual vacío, se
aplicaran las disposiciones que de ordinario regulan este tema, en
garantía del derecho fundamental de la accionante y, por supuesto, sin
desconocer los atributos conferidos a las iglesias.
117. Ante la negativa inicial de la autoridad católica de entregar las
copias solicitadas por la actora sin sustento claro, comparte la Sala la
decisión de protección del derecho de petición, bajo la premisa de que le
correspondería a la autoridad invocar, en caso de reserva por los motivos
que ella estime relevantes dentro de su sistema canónico, el parámetro
normativo claro y las razones por las cuales se impedía la copia de la
decisión. El amparo, en consecuencia, en consideración de la Sala,
implicaría dejar en manos de la autoridad eclesiástica esta justificación y,
en el último extremo en caso de que tal fundamentación no se diera en el
marco de la autonomía e independencia de la autoridad, la concesión de
las copias. No obstante, como se evidencia que las copias finalmente se
entregaron, la Sala no precisará orden alguna y procederá a confirmar las
decisiones de instancia por los motivos expresamente aquí expuestos.
65
El canon citado precia: “e incluso puede entregar copia de las actas a los abogados que la pidan …”
118. En estos términos se concluye que: (i) en principio, las peticiones
que se invoquen por quienes están interesados en trámites judiciales a
cargo de autoridades eclesiásticas deben tramitarse bajo las reglas propias
de la religión, en garantía de la autonomía e independencia concedida en
el marco constitucional; en tratándose de peticiones ajenas a dichos
trámites, o de procesos que se encuentren en curso, la conclusión consiste
en que dentro de su propio sistema normativo y con apego a las garantías
constitucionales que no pueden en todo caso quebrantarse, la respuesta
debe ser clara y justificada, máxime cuando se trata de reservas. Esta
conclusión, no afecta, debe precisar la Sala, las garantías que el Estado le
otorga a las iglesias para el libre ejercicio del derecho a la libertad
religiosa y de cultos.
(ii) En esa medida, es evidente que el respeto por garantías mínimas en el
marco propio del sistema normativo canónico, cuya aplicación e
interpretación corresponde a las mismas autoridades especiales, las
conclusiones a las que llega la Sala no desconocen ni el Concordato ni
tampoco las disposiciones constitucionales y legales que regulan la
libertad religiosa y de cultos.
(iii) Y, finalmente, aunque no se configura en este caso carencia actual de
objeto y la decisión de la Corte no se dirija a expedir, sin más las copias,
tal como se explicó en párrafos anteriores, en la medida que ya se
entregaron, no se precisará orden alguna.
Síntesis:
El 27 de julio de 2017, la ciudadana AURA CECILIA PIRAJAN
SALAMANCA interpuso acción de tutela por la presunta vulneración de
sus derechos fundamentales a realizar peticiones respetuosas y al debido
proceso, que considera han sido desconocidos por la entidad accionada al
negarse a otorgarle las copias del trámite judicial desarrollado y que dio
lugar a la declaratoria de nulidad de su matrimonio católico.
En primera instancia, se concedió el amparo del derecho fundamental de
petición tras considerar que la accionada no resolvió de fondo lo
solicitado. Tal decisión fue confirmada en segundo grado, donde además,
se ordenó que la Diócesis expidiera las copias solicitadas por la tutelante
y con sustento en el artículo 24 de la Ley 1755 de 2015, aseguró que la
actora está legitimada para solicitarlas.66
66
Finalmente la accionada entregó las copias a la peticionaria pero en obedecimiento a la orden de
tutela proferida por el Juez de segunda instancia. Esta Corte ha señalado que cuando cesa la trasgresión
de un derecho fundamental con ocasión al cumplimiento de un fallo judicial, se desvirtúa la ocurrencia
de un “hecho superado”.
Para dar solución a la situación de hecho objeto de análisis, se plantearon
los siguientes problemas jurídicos:
(i) ¿Resulta procedente la acción de tutela en contra de las actuaciones
de los Tribunales Eclesiásticos de la Iglesia Católica en razón
de la presunta vulneración del derecho fundamental de petición
con ocasión a las solicitudes que se realicen en el trámite de
nulidad de matrimonio católico cuyo procedimiento se rige por
el rito procesal canónico?
(ii)¿Desconoce el juez de tutela el concordato suscrito entre la
República de Colombia y la Santa Sede al expedir órdenes
respecto al trámite canónico de un proceso de nulidad de
matrimonio católico, como lo es el otorgamiento de copias de
las actuaciones contenidas en el expediente?
(iii) ¿Se materializa una carencia actual de objeto cuando, como
producto de la orden proferida por un juez de tutela, la
accionada optó por acatar lo dispuesto y cesar en la conducta
que se había considerado como vulneradora?
Para solucionar estos interrogantes, la Sala procedió a realizar un análisis
de la jurisprudencia constitucional sobre: (i) la autonomía e
independencia de la iglesia católica (ii) la acción de tutela contra las
autoridades eclesiásticas y sus límites (iii) el derecho de petición en las
actuaciones judiciales; y (iv) el fenómeno de la carencia actual de objeto;
para, así, resolver el caso concreto.
Previo a resolver el caso concreto se analizó la procedencia del trámite
tutelar contra las autoridades eclesiásticas, habida cuenta de que el
Estado Colombiano y la Santa Sede suscribieron un concordato en 1973,
el cual fue aprobado mediante la Ley 20 de 1974 y analizada su
constitucionalidad en Sentencia C-027 de 1993, cuya decisión no afectó
la unidad de sus cláusulas.
El Concordato reconoce a la Iglesia Católica la condición de sujeto de
Derecho Internacional Público, independiente del Estado Colombiano.
Tal reconocimiento, así como “la personería de derecho público
eclesiástico” constituye un régimen excepcional al tratamiento que el
Estado les da a las demás iglesias y confesiones religiosas y como lo ha
expresado esta Corporación, constituye la aceptación de una realidad
jurídica, histórica y cultural que el Estado no puede desconocer.
El derecho de libertad religiosa y de cultos fue reconocido en el artículo
19 constitucional y desarrollado mediante la Ley 133 de 1994. La
existencia de la jurisdicción eclesiástica también fue reconocida en el
artículo 42 Superior y en la citada Ley Estatutaria. Así, el Estado, en
virtud de la Constitución Política y del Concordato, tiene limitado su
margen de acción en materia religiosa y en ese orden se encuentra
compelido a no intervenir en sus actuaciones, especialmente en materia
matrimonial donde los contrayentes de manera libre y voluntaria deciden
someterse al régimen canónico.
La Corte reitera que la libertad religiosa es un pilar fundamental de la
sociedad colombiana y hace parte de los principios axiales que el
constituyente primario imprimió en la Carta Política de 1991. Una de las
dimensiones de esta libertad es la autonomía de las confesiones religiosas
y en tratándose de la iglesia Católica, esa autonomía está respaldada
además por un tratado internacional, ratificado por Colombia. En
ejercicio de dicha autonomía, la interpretación del derecho canónico es
competencia exclusiva de los Tribunales Canónicos, y de la misma
forma, es exclusiva la jurisdicción sobre los asuntos jurídico-canónicos
que sean de su resorte, incluido el matrimonio católico, de tal forma que
los archivos de la Iglesia Católica no pueden ser examinados, ni juzgados
por un juez diferente a los Tribunales Canónicos.
No obstante lo anterior, si bien la Iglesia Católica es autónoma en sus
decisiones deberá garantizar a quienes han optado por esta religión, el
respeto de sus garantías constitucionales, contrario sensu, la persona
afectada puede acudir a la acción de tutela a reclamar la salvaguarda
de sus derechos. Así, es posible constatar que las actuaciones de la
iglesia, posteriores a la solicitud de las copias pedidas por la actora,
evidencian una falta que vulnera sus derechos fundamentales. El derecho
de petición se elevó cuando el proceso eclesiástico había culminado, la
petición de la actora tenía por objeto conocer una decisión que afectaba
su estado civil. Por lo tanto, correspondía a la accionada, en el marco de
la legislación canónica fundamentar su decisión de no acceder a lo
pedido por la actora y/o justificar de manera clara, la reserva aludida.
Ahora, ante la ausencia en emitir una respuesta clara y justificada a la
petición de la actora, la cual fundamentó inicialmente en una supuesta
“reserva” sin explicación adicional, y, con fundamento en el Cann
159867que tiene lugar en momentos procesales precisos, llevó a la Sala a
67
“§ 1. Una vez recibidas las pruebas, el juez, mediante decreto debe permitir, bajo pena de
nulidad, que las partes y sus abogados examinen en la cancillería del tribunal las actas que
aún no conocen; e incluso se puede entregar copia de las actas a los abogados que la pidan;
no obstante, en las causas que afectan al bien público, el juez, para evitar peligros gravísimos,
concluir, que (i) tal parámetro, en primer lugar, no excluye la posibilidad
de entregar las copias solicitadas, y, en todo caso, si el procedimiento
canónico ameritaba ser reservado, (ii) debió justificarlo en el marco del
sistema normativo canónico y con apego a las garantías legales y
constitucionales. Por lo anterior, dada la ausencia de fundamento claro
para expedir las copias pedidas por la peticionaria, el alto Tribunal
compartió la decisión de los jueces de instancia de amparar el derecho de
petición, previa aclaración de que ello no desconoce el concordato
suscrito entre la Iglesia Católica y la República de Colombia, ni las
normas que regulan la libertad religiosa y de cultos.
Finalmente, como las copias fueron entregadas a la accionante, la Sala se
abstuvo de precisar orden alguna.
III. DECISIÓN
Con fundamento en las consideraciones expuestas, la Sala Novena de
Revisión de la Corte Constitucional, administrando justicia en nombre
del pueblo y por mandato de la Constitución,
RESUELVE:
PRIMERO.- CONFIRMA la sentencia proferida el 22 de septiembre de
2017, por el Tribunal Administrativo de Boyacá - Sala Quinta-, que a su
vez confirmó el fallo de primera instancia del Juzgado Primero
Administrativo Oral del Circuito Judicial de Duitama, el 14 de agosto del
mismo año, que concedió el amparo del derecho de petición de la
accionante y ordenó la entrega de las copias solicitadas, pero por las
razones expuestas por esta Corporación.
SEGUNDO.- Por Secretaría General de esta Corporación, LÍBRENSE
las comunicaciones de que trata el artículo 36 del Decreto 2591 de 1991,
para los efectos allí contemplados.
Cópiese, Notifíquese, Cúmplase y Archívese.
ALBERTO ROJAS RÍOS
puede decretar que algún acto no sea manifestado a nadie, teniendo cuidado de que siempre
quede a salvo el derecho de defensa.” (Negrilla y subraya fuera del texto original)
Magistrado
CARLOS BERNAL PULIDO
Magistrado
DIANA FAJARDO RIVERA
Magistrada
MARTHA VICTORIA SÁCHICA MÉNDEZ
Secretaria General