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Teoría Filosofía

El documento aborda la percepción, memoria e imaginación, destacando la importancia de la integración de estímulos sensoriales en la conciencia del individuo. Se exploran diferentes tipos de conducta, incluyendo la instintiva y el aprendizaje asociativo, así como el condicionamiento clásico y operante. Además, se discute el lenguaje humano, sus características, y las reglas de la argumentación en el diálogo, enfatizando la lógica y las herramientas utilizadas en la argumentación.

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Teoría Filosofía

El documento aborda la percepción, memoria e imaginación, destacando la importancia de la integración de estímulos sensoriales en la conciencia del individuo. Se exploran diferentes tipos de conducta, incluyendo la instintiva y el aprendizaje asociativo, así como el condicionamiento clásico y operante. Además, se discute el lenguaje humano, sus características, y las reglas de la argumentación en el diálogo, enfatizando la lógica y las herramientas utilizadas en la argumentación.

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Teoría Filosofía

1.Percepción, memoria e imaginación


Los impulsos nerviosos generados por los sentidos son transmitidos por las vías nerviosas
del sistema central hasta los centros superiores del cerebro, donde son integrados y
procesados. Este acto de integración por el cual el sujeto toma conciencia de su medio, «se
da cuenta» de cuanto le rodea y lo entiende como algo que tiene significado para él, es lo
que llamamos («percepción»), Percibir es, pues, asimilar los estímulos dándoles un
significado.
El sujeto a través de este acto perceptivo no sólo recibe y transforma información en su
cerebro, sino que también selecciona, organiza e interpreta)
Destacan La Teoría Asociacionista (Wil-heim Wundt), la Escuela de la Forma o Gestalt.
Llamamos memoria al proceso general de adquisición (fijación), retención (conservación) y
reproducción (evocación) de conocimientos.
Otro factor de conocimiento de la realidad es la imaginación; cuando la imaginación
colabora en el proceso de fijar, conservar y reproducir las imágenes que se corresponden
con una percepción anterior se denomina imaginación reproductora; cuando la imaginación
sirve para producir imágenes que no se corresponden a una percepción anterior, sino que
son fruto de la elaboración creativa de los sujetos se habla de imaginación creadora o
fantasía.

2. Tipos de conducta
Vamos a analizar los diferentes tipos de conducta, atendiendo a su mayor o menor grado de
complejidad en el proceso evolutivo de adaptación biológica de los organismos a su medio.
Distinguiremos cuatro:

2.1 La conducta instintiva


Se suele llamar conducta instintiva a la que es innata y no se aprende ni se modifica con la
experiencia. Según José Luis Pinillos, uno de los psicólogos españoles más relevantes, se
entiende por instintos aquellos patrones muy complejos de conducta no adquirida, iguales
para todos los miembros de una especie, que capacitan a éstos para adaptarse de una
forma estereotipada al medio.
Gran parte de la conducta animal responde a esta definición que implica un modo de
adaptación ambiental rígido, mecánico y automático; aunque, en ocasiones, algunas de las
conductas de los animales que se consideran instintivas son, en realidad, conductas
aprendidas cuyo origen no se conoce bien.
En los seres humanos, por el contrario, los instintos, entendidos de este modo, desempeñan
un papel muy reducido. En este sentido, el ser humano es un ser de carencias, ya que le
faltan esas pautas de acción fijas que permiten acomodarse al medio. Pero. precisamente
por eso, a diferencia de los animales, no está «preprogramado» y fijado férreamente a su
ambiente. Su inacabamiento le permite poder realizarse y completarse adaptándose a las
más diversas situaciones y circunstancias. El hombre es un ser que se ve forzado a
inventarse su propio mundo o a perecer; más que un ser de respuestas es un ser de
propuestas, un ser activamente abierto al mundo.

2.2 El aprendizaje asociativo


Así como en los animales inferiores la mayor parte de su conducta está orientada y
determinada por el instinto, en los animales superiores y en el ser humano la mayor parte
de su conducta es aprendida, puesto que el niño nace dotado de muy pocos esquemas de
asimilación y reconocimiento. Por ello, junto a la conducta innata, impuesta por el instinto,
debemos hablar de la conducta aprendida, generada por la práctica y sujeta a la
variabilidad, la adaptabilidad y la posibilidad de cometer errores.
El problema surge cuando tratamos de explicar esta conducta.
¿En qué consiste aprender?
¿Cómo aprendemos? ¿Hay diferentes tipos de aprendizaje?
El aprendizaje es un cambio más o menos permanente de conducta, que ocurre como
resultado de la práctica.
En este contexto, la primera y más elemental forma de aprendizaje es el aprendizaje
asociativo, que ha sido estudiado por los autores de las escuelas reflexológica rusa y
conductista norteamericana. Estos psicólogos analizan la conducta en términos de
estímulo-respuesta (E-R), aplicando el método de aprendizaje que se llama
«condicionamiento». Esta estructura consiste en la asociación de un estímulo y una
respuesta y permite estudiar y explicar conductas simples y complejas, voluntarias e
involuntarias, que no impliquen la intervención de procesos cognitivos superiores de
relación o significación.
Dentro de este tipo de aprendizaje podemos distinguir dos formas: el condicionamiento
clásico y el condicionamiento operante o instrumental

El condicionamiento clásico
El profesor de fisiología ruso, Ivan Pavlov (1849-1936), premio Nobel en 1904, elaboró la
teoría del aprendizaje como condicionamiento a partir de sus estudios de fisiología. Observó
que todo organismo vivo emite unas respuestas reflejas o innatas al serle presentado un
estímulo adecuado, como ocurre, por ejemplo, cuando un perro adulto empieza a salivar al
serle presentado un trozo de carne. Su trabajo consistió en transmitir a un estímulo neutro
-que es incapaz de provocar por sí mismo una respuesta refleja-las propiedades de otro
estímulo que sí fuera capaz de ello.

Pavlov llevó a cabo sus experimentos con perros. Los preparaba de forma que, mediante
una fácil operación, pudieran recogerse en una cápsula las gotas de saliva que los animales
segregaban cuando se les presentaba comida. Ésta actuaba como Estímulo Incondicionado
(EL), ya que poseía por sí misma las propiedades adecuadas para producir el acto reflejo de
salivación, es decir, la Respuesta Incondicionada (RI). El paso siguiente consistía en hacer
coincidir el sonido de una campana con la presentación de la comida. La campana es un
Estímulo Neutro (EN) respecto a la saliva porque por sí misma no puede producirla; pero, al
cabo de un cierto número de ensayos se lograba que el perro segregara saliva con sólo
oírla, sin necesidad de ir acompañada de la comida; de esta forma, la campana se convertía
en un Estímulo Condicionado (EC) capaz de producir por sí mismo. una respuesta
semejante a la de la comida, es decir. una Respuesta Condicionada (RC).

Se pueden encontrar muchos ejemplos de este tipo de conducta en el ser humano. Las
fobias se desarrollan en su mayoría de este modo. Si en el momento en que un niño
acaricia a un animalito se produce algo extraño que pueda asustarlo, el niño aprenderá a
temer al animal, aunque éste no sea la causa del sobresalto. Así, la conducta refleja queda
explicada por un mecanismo fisiológico de asociación.
El condicionamiento operante o instrumental
Recogiendo las aportaciones de I. Pavlov y E. L.
Thorndike, la escuela conductista, fundada por J. B.Watson (1878-1958) centra su estudio
en la conducta, a la que consideran el único aspecto que puede ser abordado
científicamente, por ser observable. De este modo, los conductistas pretenden explicar todo
tipo de respuestas y no sólo las reflejas e involuntarias. Se interesan por las respuestas que
los sujetos realizan voluntariamente con la pretensión de conseguir algo que tiene carácter
gratificante.

B. F. Skinner (1904-1990) es uno de los principales representantes de esta escuela. Para


sus experimentos diseñó una caja en la que se instalaba una palanca o botón que, al ser
accionado, permitía la aparición de comida en un recipiente contiguo. Dando vueltas por la
jaula, los animales —ratas o palomas- accionaba casualmente la palanca (RC) haciendo
aparecer la comida (EL). Después de repetirse varias veces la secuencia, el animal era
capaz de accionar directamente y sin tanteos la palanca para obtener la comida.

En este tipo de condicionamiento, la conducta actúa sobre el medio para producir algún
efecto y, al mismo tiempo, puede ser controlada mediante la alteración de las
consecuencias que le siguen: el estímulo incondicionado o refuerzo. Se da el nombre de
«refuerzo» a todo estímulo capaz de aumentar la frecuencia de una respuesta.

Como puede verse, el aprendizaje se realiza a través del ensayo-error y depende de la


obtención del refuerzo. Thorndike, en este sentido, enunció tres leyes que caracterizan y
definen el proceso de aprendizaje. De ellas, la que mayor repercusión ha tenido es la del
«Efecto». Según esta ley, cuando una respuesta va seguida de una recompensa tiende a
repetirse, mientras que cuando va seguida de un castigo disminuye la probabilidad de su
repetición.

La mayor parte de la conducta animal y gran parte de la humana podrían explicarse


mediante este esquema: aprendemos a hacer algo con el fin de obtener un resultado.
Pulsamos el botón del semáforo para cruzar la calle, esperamos a que se encienda la luz
verde y lo hacemos; introducimos una moneda en una máquina tragaperras y esperamos a
que el juego de luces y sonidos termine para recoger nuestro premio, si lo ha habido;
esperamos ser recompensados por nuestros padres si hemos obtenido buenas notas en
nuestros estudios: etc.

2.3 Aprendizaje perceptivo-cognitivo

●​ Aprendizaje por discriminación. Es aquel en el que se entrena al sujeto para


distinguir entre dos cosas y escoger entre ellas. Lo que regula la respuesta no son
los estímulos por sí mismos sino las relaciones, por ejemplo, «mayor que» en el
caso del tamaño, o «más claro que» en el caso de dos colores.

●​ Aprendizaje latente. Es aquel que supone la retención y comprensión perceptiva de


relaciones espacio-temporales complejas. Tolman lo define como aquel aprendizaje
que, aunque se produce, no se manifiesta hasta que el organismo es motivado a
hacerlo. Son conocidos los experimentos realizados con ratas que han de recorrer
un laberinto. Los animales en sus primeros recorridos elaboran unos «mapas
cognitivos» de la situación, que sólo utilizan en el momento apropiado (cuando están
en situación de hambre). Esto permite distinguir entre aprendizaje y ejecución de lo
ya aprendido pero latente.

●​ Aprendizaje por discernimiento y descubrimiento. Se realiza cuando para hallar la


solución a un problema el sujeto ha de poner en relación perceptiva objetos o
estímulos sin conexión aparente, y ello acontece además de una manera súbita.
Wolfgang Köhler (1887-1967) llamó «Einsicht» o «intuición de relaciones» a este tipo
de aprendizaje. Llegó a este descubrimiento durante los años de la Primera Guerra
Mundial, en la isla de Tenerife, cuando llevaba a cabo sus conocidos experimentos
sobre la inteligencia animal. En uno de ellos, un chimpancé, Sultán, después de
haber estado intentando coger el alimento con ayuda de dos palos que resultaban
cortos, «cayó en la cuenta» de que podría lograrlo ensamblando los dos palos y
construyendo uno suficientemente largo que le permitiera llegar hasta los apetitosos
plá-tanos. La solución súbita del problema supone, según Köhler, una comprensión
de las relaciones entre los estímulos presentes, que no se realiza por ensayo-error
como es propio del aprendizaje asociativo.

●​ Aprendizaje por imitación. Es el que mejor muestra la peculiaridad del aprendizaje


perceptivo-cognitivo; además de lograr dar respuestas genuinamente nuevas y
ejecutadas de pronto sin necesidad de haber sido ensayadas antes, este proceso
adquisitivo requiere el concurso de dos sujetos al menos, lo cual introduce en el
aprendizaje un ingrediente social que es el componente de toda conducta superior.
Bandura y MacDonald han investigado a fondo esta forma de aprendizaje.

Si revisamos estos tipos de conducta comprobamos que ninguno de ellos muestran simples
conexiones del tipo estímulo-respuesta, sino que indican la clara presencia y mediación de
procesos cognitivos.

3. El lenguaje humano
La comunicación humana es un fenómeno muy complejo en el que a menudo interviene la
palabra, sea en su forma oral o en su forma escrita.
Los lenguajes naturales, esto es, de las lenguas o idiomas que los grupos humanos utilizan,
esas distintas lenguas funcionan como códigos.

4. Características del lenguaje


Adquirido, simbólico y productivo

5. Lenguaje, razonamiento, lógica


Argumentar o razonar correctamente es un arte, una habilidad que algunos teóricos llaman
«lógica> es el estudio científico de los principios y reglas que rigen el razonamiento correcto

6. El estudio de la lógica
Podemos distinguir dos grandes ámbitos: Lógica formal y lógica informal

7. Lógica informal
Entendemos por diálogo argumentativo toda situación dialógica en la que se observan
ciertas reglas que permiten suponer que los que dialogan están empeñados en una
búsqueda cooperativa de la verdad.

8. Reglas de la argumentación
●​ Principio cooperativo. Haga usted su contribución a la conversación tal y como lo
exige el propósito o la dirección del intercambio que usted sostenga, conforme a la
fase (inicial, intermedia o final) en que se encuentre.
●​ Máxima de la cantidad. Haga que su información sea tan informativa como sea
necesario. Evite que su contribución resulte más informativa de lo necesario.
●​ Máxima de la cualidad. No diga lo que crea que es falso. No diga aquello de lo que
carece de pruebas adecuadas.
●​ Categoría de relación. Sea usted relevante.
●​ Categoría de modo. (Supermáxima: explíquese con claridad.) Evite ser oscuro al
expresarse.Evite ser ambiguo. Sea escueto (evite ser innecesariamente prolijo).
Proceda usted con orden.

9. Herramientas de la argumentación
En el ejercicio habitual del diálogo argumentativo se utilizan determinados tipos de
expresiones con unas funciones específicas.

Términos aseguradores
Cuando alguien quiere presentar como segura una creencia y evitar que su interlocutor le
pida razones para apoyarla, puede utilizar términos aseguradores.
Así sucede en las siguientes expresiones:
Recientes estudios científicos han demostrado…
Fuentes bien informadas han asegurado que..
Es de sentido común que..
Todo el mundo está de acuerdo en que...
Es evidente que….
Podemos suponer, en principio, que cuando alguien utiliza estos términos lo hace para
ahorrar tiempo y no para cerrar el diálogo antes de lo debido.
La licitud o incorrección del uso de estos términos está en relación con los contextos
concretos del diálogo. Por ejemplo, en algunos casos puede ser acertado argumentar
haciendo referencias a lo que dice la Biblia, o la Constitución, para asegurar la aceptabilidad
de un punto de vista; pero esta forma de fundamentación no sería aceptable en otros casos,
por ejemplo, cuando en el auditorio hay personas que no confieren autoridad a esas
fuentes.

Términos protectores
Otra técnica para proteger nuestras afirmaciones de las críticas de los demás consiste en
presentarlas con menos fuerza y alcance del que tendrían si no fuesen acompañadas de
términos como éstos:
Probablemente…
Algunos x son...
La mayoría de x son….
Quizá sea cierto que..
Hay ocasiones en que la utilización de estos términos es un mecanismo de prudencia,
aconsejable siempre que no pretendamos impedir artificialmente la discusión, sino
simplemente exponer nuestras opiniones con un tono de menor seguridad en ellas. En
cambio, otras veces un hablante puede utilizar estos términos para asegurarse
«perversamente» una salida «airosa» si su opinión es cuestionada por su interlocutor, como
ocurre en el siguiente diálogo:
A. La mayoría de los políticos son unos corruptos y lo único que quieren es aprovecharse
del poder en beneficio propio.
B. Pues yo te podría presentar políticos amigos míos, que están perdiendo dinero por
ocuparse del bien común.
A. Serán la excepción y, por supuesto, lo que tú dices no me quita la razón, pues la mayoría
son corruptos.
Deberíamos proteger nuestras opiniones en un debate lo suficiente para evitar las críticas,
pero no deberíamos protegerlas tanto que sean tan débiles que no aporten evidencia para
la conclusión.

Términos sesgados
Algunas palabras que utilizamos en nuestros diálogos están cargadas de connotaciones
positivas o negativas. Si decimos de alguien que es «norteameri-cano», estamos indicando
su procedencia; pero si decimos de una persona que es «un yanki», estamos utilizando una
palabra que, normalmente, está cargada con un sentido peyorativo.
Nuestros prejuicios y estereotipos de carácter racista, o político, o religioso, o sexista se
manifiestan en muchas de las palabras y expresiones que usamos.
Las connotaciones de una palabra varían en función de la persona que la dice y de la
persona a quien se habla. Por ejemplo, el término «feminista» puede tener una connotación
positiva para algunas personas. y negativa para otras. El uso de un término de este tipo
puede contribuir a mantener el diálogo y avanzar en él, o puede más bien apuntar a su
interrupción brusca. Nuevamente es la consideración del contexto la única instancia que nos
permite decidir sobre la corrección o incorrección del uso de términos sesgados.
Por eso resulta aconsejable ser muy cautos en la utilización de este tipo de términos, y
evitarlos al máximo cuando pueden restar objetividad a la argumentación.

Definiciones persuasivas
Una variante del uso de términos sesgados es lo que se conoce como definición persuasiva,
que consiste en elaborar una definición especial para un término al que se quiere conferir
cierto prestigio o cierto desprestigio. En el primer caso, tomamos el término que queremos
justificar y lo asociamos con algo que los participantes en el diálogo consideran positivo,
mientras que en el segundo caso tomamos el término que queremos criticar y lo
relacionamos con algo que generalmente se considera malo. Por ejemplo, imaginemos que
un hablante está argumentando a favor del uso de los ordenadores, y para ello elabora la
siguiente definición persuasiva: «Los ordenadores son fieles amigos al servicio de sus
dueños»; en cambio, otro participante en el diálogo, que alberga serias dudas sobre la valía
de estos aparatos, replica con otra definición persuasiva: «Los ordenadores son tiranos que
envían al paro a miles de personas». Observemos que, en realidad, ninguno de los dos ha
expuesto una verdadera definición, sino una valoración disfrazada de definición. En
consecuencia, los dialogantes deberían tener cuidado para no confundir el plano de los
hechos con el plano de las valoraciones personales, y de este modo podrán conducir el
diálogo de un modo razonable.

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