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Historias Biblicas

Moisés, tras ver el maltrato a su pueblo, mata a un egipcio y huye a Madián. Allí, Dios se le aparece en un arbusto ardiente y le encomienda la misión de liberar a los israelitas de la esclavitud en Egipto. A pesar de sus dudas sobre su capacidad para liderar, Dios le asegura su apoyo y le proporciona señales para convencer a su pueblo.

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Historias Biblicas

Moisés, tras ver el maltrato a su pueblo, mata a un egipcio y huye a Madián. Allí, Dios se le aparece en un arbusto ardiente y le encomienda la misión de liberar a los israelitas de la esclavitud en Egipto. A pesar de sus dudas sobre su capacidad para liderar, Dios le asegura su apoyo y le proporciona señales para convencer a su pueblo.

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La vida de Moisés

Éxodo 2:11-15 TLA (traducción al


lenguaje actual)
11 “Años después, cuando Moisés ya era
adulto, fue al lugar donde los hombres de
su pueblo trabajaban como esclavos. De
pronto vio que un egipcio maltrataba a un
israelita; 12 miró a todos lados, y como
no vio a nadie, mató al egipcio y lo
enterró en la arena. 13 Al día siguiente
Moisés volvió a salir, y al ver que dos
israelitas se estaban peleando, le dijo al
que golpeaba al otro: —¿Por qué le pegas
a uno de tu propio pueblo? 14 Aquel le
respondió: —¿Y quién te ha dicho que tú
eres nuestro jefe o nuestro juez, y que
puedes mandarnos? ¿Acaso piensas
matarme como mataste al egipcio? Al oír
esto, Moisés se llenó de miedo y dijo:
«Seguramente ya se supo que maté al
egipcio». 15 En efecto, como el rey de
Egipto se había enterado del asunto,
mandó a buscar a Moisés para matarlo.
Pero Moisés huyó y se fue a un lugar
llamado Madián. Cuando llegó allá, se
sentó a descansar junto a un pozo de
agua.”

MOISÉS
Éxodo 3:1-16 TLA (traducción al lenguaje actual)
Moisés cuidaba las ovejas de su suegro Jetró, que era
sacerdote de Madián. Un día, Moisés llevó las ovejas por el
desierto y llegó hasta la montaña de Dios que se llama
Horeb. Allí Dios se le apareció en medio de un arbusto que
ardía en llamas. A Moisés le sorprendió ver que el arbusto
estaba en llamas, pero no se quemaba. Y dijo: «¡Qué
extraño! ¡Voy a ver por qué no se quema ese arbusto!»
Cuando Dios vio que Moisés se acercaba, le gritó: —
¡Detente Moisés! Moisés contestó: —¡Qué pasa, Señor! Dios
le dijo: —¡No te acerques más! ¡Quítate las sandalias,
porque estás en mi presencia! Yo soy el Dios de tus
antepasados; yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de
Jacob. Al oír esto, Moisés no se atrevió a mirar a Dios y se
tapó la cara. Pero Dios siguió diciéndole: —Yo sé muy bien
que mi pueblo Israel sufre mucho porque los egipcios lo han
esclavizado. También he escuchado sus gritos pidiéndome
ayuda, y he visto que sus capataces los maltratan mucho.
Por eso he venido a librarlos del poder egipcio. Los voy a
llevar a una región muy grande y rica; ¡tan rica que siempre
hay abundancia de alimentos! Es Canaán, país donde viven
pueblos que no me conocen. Así que prepárate, pues voy a
mandarte a hablar con el rey de Egipto, para que saques de
ese país a mi pueblo. “Moisés contestó: —¿Y quién soy yo
para ir ante él y decirle: “Voy a sacar de aquí a los
israelitas”? Dios le dijo: —¡Moisés, yo estaré contigo en todo
momento! Y para que sepas que yo soy quien te envía, voy
a darte una señal: Después de que hayas sacado a los
israelitas, todos ustedes me adorarán en este mismo lugar.
Moisés respondió: —Pero si voy y les digo a los israelitas:
“Nuestro Dios, es decir, el Dios de Abraham, de Isaac y de
Jacob, me ha enviado a libertarlos”, seguramente van a
decirme: “A ver, dinos cómo se llama”. Y entonces, ¿qué les
voy a responder?” “Dios le contestó: —Diles que soy el Dios
eterno, y que me llamo Yo soy. Diles a todos que yo soy el
Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, los antepasados de
ustedes. »Así que ve a Egipto y reúne a los jefes de Israel.
Cuéntales que yo, su Dios, me aparecí ante ti, y que sé muy
bien cómo sufren en Egipto.”
MOISÉS
Éxodo 4:1 – 14 TLA (traducción al lenguaje actual)
“Sin embargo, Moisés le dijo a Dios: —Los jefes de Israel no
van a creer que te he visto, así que tampoco van a
obedecerme. Entonces Dios le preguntó: —¿Qué tienes en
tu mano? —Una vara —contestó Moisés. —Tírala al suelo —
ordenó Dios. Moisés tiró la vara al suelo, y esta se convirtió
en una serpiente. Moisés trató de apartarse de ella, pero
Dios le dijo: —Ahora extiende la mano y agarra la serpiente
por la cola. Moisés extendió la mano para agarrarla y, en
cuanto la tocó, la serpiente se convirtió otra vez en una
vara. Entonces Dios le dijo: —Haz esto mismo delante de los
jefes de Israel. Cuando ellos vean que la vara se convierte
en serpiente, creerán que me has visto a mí, que soy el
Dios de sus antepasados. Pero si no te creen ni te
obedecen, dales otra prueba: Mete la mano entre tu ropa y
tócate el pecho; luego vuelve a sacarla. Moisés lo hizo así, y
cuando sacó la mano, vio que estaba llena de llagas, pues
tenía lepra. Dios le dijo: —Vuelve a meter tu mano entre la
ropa. Moisés obedeció, y cuando la sacó vio que ya estaba
sana. Dios le dijo: —Si después de ver estas dos señales no
te creen ni te obedecen, ve al río Nilo, saca agua de allí, y
derrámala en el suelo. Enseguida el agua se convertirá en
sangre. Sin embargo, Moisés le dijo a Dios: —¡Pero es que
yo no sé hablar bien! Siempre que hablo, se me traba la
lengua, y por eso nadie me hace caso. Este problema lo
tengo desde niño. Dios le contestó: —Escúchame, Moisés,
¡soy yo quien hace que hables o que no hables! ¡Soy yo
quien hace que puedas oír o que no oigas nada! ¡Soy yo
quien puede hacerte ver, o dejarte ciego! Anda, ponte en
marcha a Egipto, que yo te ayudaré a que hables bien, y te
enseñaré lo que debes decir. Pero Moisés dijo: —Dios mío,
te ruego que envíes a otra persona. Entonces Dios se enojó
con Moisés y le dijo: —¡Pues ahí tienes a tu hermano Aarón,
el sacerdote de la tribu de Leví! Aarón habla muy bien, y
sabe convencer a la gente. Además, ya ha salido a tu
encuentro, y se alegrará de verte.”

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