La vida: un relato en busca de narrador
Paul Ricoeur
De siempre ha sido conocido y se ha dicho que la vida tiene que ver con la narración; hablamos de la
historia de una vida para caracterizar el intervalo entre nacimiento y muerte. Esto es necesario someter a
una DUDA CRÍTICA.
En primer lugar, vamos a cruzar esta zona crítica con el fin de repensar de manera diferente esta
relación demasiado rudimentaria y demasiado directa entre historia y vida, repensándola de tal
forma que la ficción contribuya a hacer de la vida.
o MÁXIMA DE SÓCRATES: una vida no examinada no es digna de ser vivida.
o Tomaré como punto de partida, para atravesar esta zona crítica, la afirmación de un
comentarista: las historias son narradas y no vividas; la vida es vivida y no narrada.
Propongo que examinemos en primer lugar el acto mismo de narrar:
Retengo de la Poética de Aristóteles su concepto central de construcción de la trama, que se dice
en griego mythos y que significa al mismo tiempo fábula en el sentido de historia imaginaria y
trama (en el sentido de historia bien construida).
o Este segundo aspecto del mythos de Aristóteles es el que voy a tomar como guía; y de este
concepto de trama es del que quiero extraer todos los elementos susceptibles de
ayudarnos, posteriormente, a reformular la relación entre vida y relato.
o TRAMA ARISTÓTELES: no es una estructura estática, sino una operación, un proceso
integrador, un proceso que sólo llega a su plenitud en el lector o espectador, es decir, en el
receptor vivo de la historia narrada.
Por proceso integrador entiendo el trabajo de composición que dota a la historia narrada de una
identidad, digamos, dinámica: lo que es narrado es una u otra historia, singular y completa. Este
proceso estructurador de la construcción de la trama es el que deseo poner a prueba en la primera
sección.
La construcción de la trama.
La OPERACIÓN DE CONSTRUCCIÓN DE LA TRAMA puede ser definida como una SÍNTESIS DE
ELEMENTOS HETEROGÉNEOS.
En primer lugar, síntesis entre los acontecimientos o múltiples sucesos y la historia completa y
singular.
o La trama tiene la virtud de obtener una historia a partir de sucesos diversos o, si se prefiere,
de transformar los múltiples sucesos en una historia.
o En este sentido, un acontecimiento es mucho más que una ocurrencia, es decir, algo que
simplemente sucede: el acontecimiento es el que contribuye al desarrollo del relato tanto
como a su comienzo y a su final desenlace.
o La historia narrada es siempre más que la simple enumeración, en un orden seriado o
sucesivo, de incidentes o acontecimientos, porque la narración los organiza en un todo
inteligible.
Segundo punto de vista: organiza y une componentes tan heterogéneos como las circunstancias
encontradas y no queridas, los agentes de las acciones y los que las sufren pasivamente, los
encuentros casuales o deseados, las interacciones que sitúan a los actores en relaciones que van del
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conflicto a la colaboración, los medios más o menos ajustados a los fines y, finalmente, los
resultados no queridos.
o La reunión de todos estos factores en una única historia hace de la trama una totalidad
que podemos denominar a un tiempo concordante y discordante (por eso prefiero hablar
de concordancia discordante o de discordancia concordante).
o La comprensión de esta composición se obtiene por medio del acto de SEGUIR UNA
HISTORIA. Seguir una historia es una operación muy compleja, guiada sin cesar por las
expectativas relativas al curso de la historia, expectativas que corregimos poco a poco y a
medida que la historia se desarrolla, hasta que alcanza su conclusión.
Tercer punto de vista: la construcción de la trama es una síntesis de lo heterogéneo en un sentido
todavía más profundo, que nos será de utilidad cuando más abajo caractericemos la temporalidad
propia de toda composición narrativa.
o Se puede decir que en toda historia narrada se encuentran dos clases de tiempo: por una
parte una sucesión discreta, abierta, y teóricamente indefinida de sucesos (es posible
preguntar en todo momento: ¿y después? ¿Y después?); por otra parte, la historia narrada
presenta otro aspecto temporal caracterizado por la integración, la culminación y la
clausura (clôture), gracias a la cual la historia recibe una configuración.
o En este sentido, diré que componer una historia es, desde el punto de vista temporal,
obtener una configuración de una sucesión.
o Es suficiente caracterizar la historia narrada como una totalidad temporal y el ACTO
POÉTICO como una mediación entre el tiempo como flujo y el tiempo como duración.
o Si se puede hablar de la identidad temporal de una historia, es necesario caracterizarla
como algo que dura y permanece a través de lo que pasa y escapa. (Sí mismo como otro)
Es decir: De este análisis de la historia como síntesis de lo heterogéneo, podemos, pues, retener tres trazos:
la mediación entre los sucesos múltiples y la historia singular ejercida por la trama; la primacía de la
concordancia sobre la discordancia; y, finalmente, la lucha entre sucesión y configuración.
Quisiera presentar un COLORARIO ESPISTEMOLÓGICO a la tesis relativa a la construcción de la trama
considerada como una síntesis de lo heterogéneo.
Este corolario se refiere al estatuto de inteligibilidad que conviene conceder al acto de
configuración. Aristóteles no dudaba en decir que toda historia bien narrada enseña algo; más
bien, decía que la historia revela aspectos universales de la condición humana y que, a este
respecto, la poesía era más filosófica que la Historia de los historiadores, mucho más dependiente
de los aspectos anecdóticos de la vida.
El SEGUNDO COLORARIO en el camino de la reinterpretación de esta relación entre relato y vida.
Hay, diría yo, una vida de la actividad narrativa que se inscribe en el carácter de tradicionalidad
característico del esquematismo narrativo.
Decir que el esquematismo narrativo tiene su propia historia y que esta historia presenta todos los
caracteres de una tradición, no es en ningún caso hacer apología de la tradición considerada como
una transmisión inerte de un depósito muerto; al contrario, es designar la tradición como la
transmisión viva de una innovación que puede siempre ser reactivada por una vuelta a los
momentos más creativos de la composición poética.
Este fenómeno de tradicionalidad es la clave del funcionamiento de los modelos narrativos y, por
lo tanto, de su identificación.
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La constitución de una tradición se basa, en efecto, en la interacción entre los dos factores de
INNOVACIÓN y SEDIMENTACIÓN.
o A la sedimentación atribuimos los modelos que constituyen posteriormente la tipología de
la construcción de la trama que nos permite poner orden en el batiburrillo de los géneros
literarios; pero es necesario no perder de vista que estos modelos no constituyen esencias
eternas, sino que proceden de una historia sedimentada cuya génesis ha sido borrada.
Pero si la sedimentación permite identificar una obra como, por ejemplo, una
tragedia, una novela pedagógica, un drama social etc., la identificación de una obra
a través de los modelos sedimentados en ella no es exhaustiva.
o Igualmente, se tiene también en cuenta el fenómeno opuesto de la innovación porque los
modelos, siendo ellos mismos resultado de una innovación previa, proporcionan una guía
con vistas a una experimentación posterior en el ámbito narrativo.
o Las normas cambian bajo la presión de la innovación, pero cambian lentamente y resisten
incluso al cambio en virtud del proceso de sedimentación. Así, la innovación sigue siendo el
polo opuesto de la tradición.
o Los cuentos populares, los mitos, los relatos tradicionales en general, se encuentran más
cerca del polo de la repetición. Esta es la razón por la que constituyen el reino privilegiado
del estructuralismo. Pero en cuanto superamos el ámbito de estos relatos tradicionales, la
desviación prevalece sobre la regla. La novela contemporánea, por ejemplo, puede definirse
en gran parte como una antinovela, en la medida en que son las propias reglas las que son
objeto de una nueva experimentación.
o En cualquier caso, la posibilidad de desviación se incluye en la relación entre
sedimentación e innovación que constituye la tradición. Las variaciones entre estos dos
polos confieren a la imaginación productora una historicidad propia y mantienen viva la
tradición narrativa.
Del relato a la vida.
PARADOJA: las historias se narran, la vida se vive. De este modo, un abismo parece abrirse entre la ficción y
la vida.
Es necesario, a mi juicio, someter los dos términos de la paradoja a una seria revisión.
Revisión del término “Relato”:
Mi TESIS aquí es que el proceso de composición, de configuración, no se acaba en el texto, sino en
el lector, y bajo esta condición, hace posible la reconfiguración de la vida por el relato. Más
concretamente: el sentido o el significado de un relato surge en la intersección del mundo del
texto con el mundo del lector.
o El acto de leer pasa a ser así el momento crucial de todo el análisis. Sobre él descansa la
capacidad del relato de transfigurar la experiencia del lector.
MUNDO DEL TEXTO: es hacer hincapié en la característica de toda obra literaria de abrir delante de
sí un horizonte de experiencia posible, un mundo en el cual sería posible habitar.
o Un texto no es una entidad cerrada sobre sí misma, es la proyección de un nuevo universo
distinto de aquel en el cual vivimos.
o Apropiarse de una obra por la lectura, es desplegar el horizonte implícito del mundo que
envuelve las acciones, los personajes, los acontecimientos de la historia narrada.
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o El resultado es que el lector pertenece a la vez al horizonte de experiencia de la obra
imaginativamente y al horizonte de su acción, realmente. Gadamer habla en este
sentido de “fusión de horizontes”.
Diré aquí que la distinción entre fuera y dentro es una invención del método de análisis de los textos
y no se corresponde con la experiencia del lector.
o Desde un punto de vista hermenéutico, es decir, desde el punto de vista de la
interpretación de la experiencia literaria, un texto tiene una significación distinta a la que el
análisis estructural tomado de la lingüística le reconoce; es una mediación entre el hombre
y el mundo, entre el hombre y el hombre, entre el hombre y sí mismo. La mediación entre
el hombre y el mundo, es lo que se llama referencialidad, la mediación entre el hombre y el
hombre, es la comunicabilidad; la mediación entre el hombre y sí mismo, es la comprensión
de sí.
o Una obra literaria implica estas tres dimensiones de referencialidad, comunicabilidad, y
comprensión de sí.
o La hermenéutica quiere descubrir las nuevas características de referencialidad no
descriptiva, de comunicabilidad no utilitaria, de reflexividad no narcisista, generadas por la
obra literaria. En una palabra, la hermenéutica sostiene el gozne entre la configuración
(interna) de la obra y la refiguración (externa) de la vida.
La construcción de la trama es la obra común del texto y el lector. Es necesario seguir y acompañar
la configuración, actualizar su capacidad de ser seguida, para que la obra tenga, incluso dentro de
sus propios límites, una configuración. Seguir un relato es actualizar de nuevo el acto configurador
que le dio forma. Además, es un acto de lectura el que acompaña al juego entre innovación y
sedimentación, al juego con las dificultades narrativas, con la posibilidad de desviación, o incluso la
lucha entre la novela y la antinovela. Por último, es el acto de lectura el que acaba la obra, que lo
transforma en una guía de lectura, con sus zonas de indeterminación, su riqueza latente de
interpretación, su poder de ser reinterpretado de manera siempre nueva en contextos históricos
siempre nuevos.
En esta fase del análisis, ya entrevemos cómo relato y vida pueden ser reconciliados, ya que la
propia lectura es ella misma una manera de vivir en el universo ficticio de la obra; en este sentido,
ya podemos decir que las historias se narran, y también se viven imaginariamente.
Revisión del término “vida”:
Es necesario poner en cuestión esta falsa evidencia según la cual la vida se vive y no se narra.
Con este fin, quisiera insistir en la capacidad pre-narrativa de lo que llamamos una vida.
Una vida no es más que un fenómeno biológico en tanto la vida no sea interpretada. Y en la
interpretación, la ficción desempeña un papel mediador considerable.
o Para abrir paso a esta nueva fase del análisis, debemos hacer hincapié en la mezcla entre
actuar y sufrir, entre acción y sufrimiento, que constituye la trama misma de una vida. Es
esta mezcla la que el relato quiere imitar de manera creativa. En efecto, en nuestra
referencia a Aristóteles omitimos la definición misma que da del relato; esto es, como
“imitación de una acción”, (mimesis praxeos) (relacionar con lo dicho en clase sobre el
mito).
o 3 puntos de apoyo que el relato puede encontrar en la experiencia viva del actuar y del
sufrir; lo que en esta experiencia viva requiere la inserción de lo narrativo y quizá expresa la
necesidad del mismo:
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PRIMER ANCLAJE: que el relato puede encontrar en la experiencia viva del actuar y
del sufrir; lo que en esta experiencia viva requiere la inserción de lo narrativo y
quizá expresa la necesidad del mismo.
Comprendemos qué es una acción y una pasión gracias a nuestra
competencia para utilizar de una manera significativa toda la red de
expresiones y conceptos que nos ofrecen las lenguas naturales para
distinguir la acción del simple movimiento físico y del comportamiento
psicofisiológico.
SEGUNDO ANCLAJE: que la proposición narrativa encuentra en la comprensión
práctica reside en los recursos simbólicos del campo práctico. Característica que va
a decidir qué aspectos del hacer, del poder-hacer y del saber-poder-hacer son
resultado de la transposición poética.
El mismo gesto de levantar el brazo puede, según el contexto, entenderse
como una manera de saludar, de llamar un taxi, o de votar. Antes de
someterse a interpretación, los símbolos son los intérpretes internos a la
acción. De esta forma, el simbolismo confiere a la acción una primera
legibilidad. Hace de la acción un cuasi-texto para el cual los símbolos
proporcionan las reglas de significación en función de las cuales tal
comportamiento se puede interpretar.
TERCER ANCLAJE: del relato en la vida consiste en lo que se podría llamar la
cualidad pre-narrativa de la experiencia humana.
Es gracias ella que tenemos el derecho a hablar de la vida como una historia
en estado naciente y, por lo tanto, de la vida como una actividad y una
pasión en busca de relato.
La comprensión de la acción no se limita a una familiaridad con la red
conceptual de la acción, y con sus mediaciones simbólicas, sino que incluso
se prolonga hasta el reconocimiento en la acción de las estructuras
temporales que evocan la narración.
No es por casualidad o por error que hablamos de manera familiar de
historias que nos suceden o de historias que nos atrapan o simplemente de
la historia de una vida.
Se puede objetar aquí que todo nuestro análisis se basa en un círculo vicioso. Si toda experiencia
humana ya se halla mediatizada por toda clase de sistemas simbólicos, entonces, ya lo está también
por toda clase de relatos que oímos.
o Expondré una serie de situaciones que, en mi opinión, nos obligan a conceder a la
experiencia en tanto que experiencia una narratividad virtual que no procede de la
proyección, como se dice, de la literatura sobre la vida, pero que constituye una auténtica
demanda de relato. Para caracterizar estas situaciones introduje más arriba la expresión
“estructura prenarrativa de la experiencia”.
o Me detendré en dos situaciones menos cotidianas en las cuales la expresión de “historia
aún no narrada” se impone con una fuerza sorprendente:
El paciente que se dirige al psicoanalista le aporta retazos de historias vividas,
sueños, “escenas primitivas”, episodios conflictivos; se puede decir justificadamente
que las sesiones de análisis que tienen por objetivo y por efecto que el analista
extraiga de estos retazos de historia, un relato que sea a la vez más soportable y
más inteligible. Esta interpretación narrativa de la teoría psicoanalítica implica que
la historia de una vida procede de historias no dichas y reprimidas transformadas
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en historias efectivas que el sujeto podría asumir y considerar como constitutivas
de su identidad personal. Esta búsqueda de identidad personal es la que garantiza
la continuidad entre la historia potencial o virtual y la historia expresada cuya
responsabilidad asumimos.
Es el caso de un juez que intenta comprender a un inculpado deshaciendo la
madeja de problemas en la que está atrapado el sospechoso. Se puede decir que el
individuo parece “enmarañado en historias” que le suceden antes de que toda
historia sea contada. El enredo aparece entonces como la prehistoria de la historia
contada cuyo comienzo resulta elegido por el narrador. Esta prehistoria de la
historia es la que conecta ésta a un todo más extenso y la dota de unos
antecedentes. Estos antecedentes están hechos de la imbricación viva de todas las
historias vividas. De este modo, es necesario que las historias narradas emerjan de
estos antecedentes.
o Con esta emergencia surge también el sujeto implicado. Entonces, es posible decir: la
historia da cuenta del hombre. Narrar, seguir, comprender las historias no es más que la
continuación de estas historias no narradas.
De este doble análisis resulta que la ficción, principalmente la ficción narrativa, es una dimensión
irreducible de la COMPRENSIÓN DE SÍ. Si es cierto que la ficción sólo se completa en la vida y que la vida
sólo se comprende a través de las historias que contamos sobre ella, entonces, podemos decir que una
vida examinada, en el sentido de la palabra que tomamos prestada al principio a Sócrates, es una vida
narrada.
¿Qué es una vida narrada? Es una vida en la cual encontramos todas las estructuras fundamentales
del relato mencionadas en la primera parte y, sobre todo, el juego entre concordancia y
discordancia que nos pareció caracterizar el relato.
Agustín ve nacer el tiempo de la incesante disociación entre los tres aspectos del presente, la
expectativa, que llama presente del futuro; la memoria, que llama presente del pasado; y la
atención, que es el presente del presente. De ahí la inestabilidad del tiempo; más bien, su incesante
descomposición. Agustín puede así definir el tiempo como una distensión del alma, distentio
animi. Esta consiste en el contraste permanente entre la inestabilidad del presente humano y la
estabilidad del presente divino que incluye pasado, presente y futuro en la unidad de una mirada y
de una acción creadora.
o Se podría decir que en Agustín la discordancia triunfa sobre la concordancia: de ahí la
miseria de la condición humana. Y que en Aristóteles la concordancia triunfa sobre la
discordancia, de ahí el incomparable valor del relato para poner orden en nuestra
experiencia temporal. Pero no sería necesario llevar demasiado lejos la oposición ya que
para el mismo Agustín no habría discordancia si no tendiésemos hacia una unidad de
intención.
o Por lo tanto, si en la experiencia viva del tiempo la discordancia triunfa sobre la
concordancia, aún es necesario que ésta sea el objeto permanente de nuestro deseo. Lo
mismo se puede decir a la inversa en el caso de Aristóteles. El relato, decíamos, es una
síntesis de lo heterogéneo. Pero la concordancia no se da sin discordancia. La tragedia es a
este respecto ejemplar. No hay tragedia sin aventuras, golpes de suerte, acontecimientos
espantosos y lamentables, una falta inmensa hecha de ignorancia y error más que de
maldad. Entonces, si la concordancia triunfa sobre la discordancia, seguramente, es la
lucha entre concordancia y discordancia lo que constituye el relato.
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Hago hincapié en esta expresión de identidad narrativa porque lo que llamamos SUBJETIVIDAD no es ni
una serie incoherente de acontecimientos ni una sustancia inmutable inaccesible al devenir. Ésta es,
precisamente, el tipo de identidad que solamente la composición narrativa puede crear gracias a su
dinamismo.
Es posible aplicar a la comprensión de nosotros mismos el juego de sedimentación e innovación que
reconocimos a la obra en toda tradición. De la misma forma, no dejamos de reinterpretar la
identidad narrativa que nos constituye a la luz de los relatos que nuestra cultura nos propone. En
este sentido, la comprensión de nosotros mismos presenta los mismos rasgos de tradicionalidad
que la comprensión de una obra literaria. Por ello aprendemos a convertirnos en el narrador de
nuestra propia historia sin que nos convirtamos por entero en el actor de nuestra vida.
Es a través de las variaciones imaginativas sobre nuestro propio ego que intentamos alcanzar una
comprensión narrativa de nosotros mismos, la única que escapa a la alternativa aparente entre
cambio puro e identidad absoluta. Entre las dos se sitúa la identidad narrativa (sí mismo como
otro).
CONCLUSIÓN: permítanme decir que lo que llamamos sujeto no se da nunca al principio. O si se da, corre
el riesgo de reducirse al yo narcisista, egoísta y avaro, precisamente del cual la literatura puede liberarnos.
Entonces, lo que perdemos del lado del narcisismo, lo recuperamos del lado de la identidad narrativa. En
lugar de un yo (moi) enamorado de sí mismo, nace un sí (soi) instruido por los símbolos culturales, entre los
cuales se encuentran en primer lugar los relatos recibidos de la tradición literaria. Son estos relatos los que
nos dotan, no de una unidad no sustancial, sino de una unidad narrativa.
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