EL PODER COMO MOLDE DE LAS RELACIONES ENTRE INDIVIDUOS
Johan Nicolás Gamboa Ruiz
En la sociedad moderna, las instituciones sociales son estructuras que regulan la interacción entre
individuos, dictando normas, valores y comportamientos. Se tiene como objetivo explorar cómo el
poder influye en la creación y el funcionamiento de las estructuras sociales, así como el impacto que
estas tienen en las interacciones entre los individuos. Se analizará la relación dinámica entre poder,
libertad y resistencia dentro de estos marcos organizativos, considerando su capacidad de
transformación. Para ello, se tendrá en cuenta las lecturas de Sergio Emiliozzi y Byung-Chul Han.
Por ello, se puede afirmar que, si el poder configura las instituciones sociales, entonces moldea las
relaciones entre individuos. Esta afirmación se basa en la premisa de que el poder no solo se ejerce
a través de los individuos o grupos que lo ostentan, sino que también está presente en las normas y
estructuras de las instituciones que rigen nuestra convivencia.
Para empezar, es pertinente definir algunos elementos. En primer lugar, siguiendo el pensamiento
de Foucault, el poder se entiende no como una entidad estática o una posesión individual, sino como
una fuerza dinámica y relacional que permea todo el tejido social. Se manifiesta en una multiplicidad
de relaciones de fuerza que operan en distintos niveles, desde las macroestructuras de las
instituciones hasta las microprácticas del cuerpo individual. El poder no se reduce a la coerción o la
represión, sino que se caracteriza por su productividad, es decir, su capacidad de generar saberes,
discursos, normas y subjetividades. El poder, para Foucault, circula y se ejerce en cadena,
configurando una red o un entramado que denomina como reticular. No se aplica de forma
unidireccional, sino que transita a través de los individuos, las instituciones y las prácticas sociales.
Ahora bien, las instituciones sociales, como la escuela, la prisión, el hospital o la fábrica, son
espacios donde el poder se materializa y se cristaliza en formas concretas de control, disciplina y
normalización. Estas instituciones no son meros reflejos de las relaciones de poder preexistentes,
sino que participan activamente en su producción y reproducción. Luhmann, desde la teoría de
sistemas, también reconoce la capacidad de las instituciones para configurar las acciones y las
decisiones, incluso las más "extrañas", a través de mecanismos organizacionales.
Para continuar, es necesario comprender que las relaciones entre individuos se desarrollan en un
campo de fuerzas permeado por el poder, donde las instituciones sociales y sus mecanismos de
control desempeñan un papel fundamental. El poder, en este sentido, no se limita a la esfera pública
o política, sino que se extiende a la vida cotidiana, configurando las interacciones más íntimas y
personales.
Han, al analizar la lógica del poder, argumenta que este busca establecer una continuidad, un orden,
una forma de control que le permita perpetuarse y expandirse. Las instituciones sociales se
configuran como herramientas para este fin, como espacios donde el poder puede ejercerse de
forma sistemática y eficaz. Dicho de otro modo, el poder no solo impone restricciones, sino que
también genera una serie de condiciones que definen lo que es posible dentro de un determinado
contexto social.
Esta configuración de estructuras sociales desde el poder se da a través de una serie de
mecanismos que operan de forma conjunta como lo pueden ser en primer lugar, normas y leyes,
pues el poder se traduce en un sistema de reglas y regulaciones que definen los comportamientos
aceptables y sancionan las transgresiones, estableciendo un marco de control social. Foucault
describe cómo el poder de la legislación civil opera a través de la certeza forzosa, inscribiendo la ley
en los cuerpos y las mentes de los individuos.
En segundo lugar; la disciplina, pues las instituciones sociales se convierten en espacios de
disciplinamiento, donde se busca moldear los cuerpos, los comportamientos y las subjetividades de
los individuos. Foucault analiza el poder disciplinario en instituciones como la prisión, mostrando
cómo se busca la "formación de un sujeto obediente" a través del control del tiempo, el espacio y los
movimientos.
En tercer lugar, la vigilancia, elemento que convierte en un mecanismo fundamental de control, no
solo en instituciones como la prisión, sino también en otros espacios sociales como la escuela o la
fábrica. El panóptico, analizado por Foucault, se convierte en un modelo de este tipo de poder que
busca la autovigilancia y la interiorización de las normas.
Y, por último, la producción de discursos, pues el poder se expresa a través de discursos que
definen la realidad, la verdad, la normalidad y la subjetividad de los individuos. Foucault explora
cómo las formaciones discursivas producen saberes y subjetividades, configurando la percepción y
la experiencia del mundo.
Las relaciones entre individuos se desarrollan en un campo de fuerzas atravesado por el poder,
donde las instituciones sociales y sus mecanismos de control juegan un papel fundamental. El poder
moldea las interacciones entre individuos generando asimetrías, configurando la subjetividad y
estableciendo normas de comportamiento.
Han analiza cómo el poder busca su propia continuidad a través de la imposición de formas propias
en el otro, una forma de apropiación que puede manifestarse como violencia. Nietzsche, citado por
Han, argumenta que la vida misma es una imposición de formas propias, una voluntad de poder que
busca expandirse.
Ahora bien, el poder, visto también como una red productiva y relacional, configura las instituciones
sociales y moldea las relaciones entre individuos. Las instituciones sociales se convierten en
espacios donde el poder se materializa, se ejerce y se reproduce, conformando las interacciones
entre individuos y estableciendo un orden social.
El análisis del poder, en su dimensión microfísica, permite comprender cómo se construyen las
relaciones de dominación y cómo se configura la subjetividad en las sociedades modernas. Sin
embargo, es importante reconocer que la resistencia al poder es siempre una posibilidad.
No obstante, la ética del poder invita a reflexionar sobre la relación entre poder y libertad, y a buscar
formas de ejercer el poder de una manera más justa y menos opresiva, una tarea que implica la
construcción de espacios de diálogo, la promoción de la participación ciudadana y la defensa de los
derechos humanos.
En conclusión, el poder no se limita a una instancia centralizada, como el Estado, sino que se
distribuye a través de una red compleja de instituciones, discursos y prácticas que configuran las
relaciones sociales y moldean la subjetividad individual. Las instituciones sociales se erigen como
espacios donde el poder se materializa, se ejerce y se reproduce, conformando las interacciones
entre los individuos y estableciendo un orden social. El análisis del poder en su dimensión
microfísica, es decir, en sus manifestaciones cotidianas y capilares, permite comprender cómo se
construyen las relaciones de dominación y cómo se configura la subjetividad en las sociedades
modernas.
REFERENCIAS
● Byung-Chul Han. Sobre el poder. Herder. España. 2025
● Emiliozzi Sergio. Michel Foucault: una aproximación en torno al concepto de poder. Contenido
en: Del poder del discurso al discurso del poder. Eudeba. Editorial Prometeo. Buenos Aires.
2004.