MATEO 2
Domingo 23/02/2025
Honores al Rey de Reyes
Mateo 2: 1-23
La visita de los magos
2 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos
magos, 2 diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el
oriente, y venimos a adorarle. 3 Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. 4 Y convocados
todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. 5 Ellos
le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: 6 Y tú, Belén, de la tierra de Judá, No eres
la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará [a] a mi pueblo
Israel. 7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la
aparición de la estrella; 8 y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando
le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. 9 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he
aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde
estaba el niño. 10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11 Y al entrar en la casa, vieron al niño
con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso
y mirra. 12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra
por otro camino.
I. El homenaje que se le rindió al Rey (2.1–12)
Estos «magos» eran sabios, astrólogos orientales que estudiaban las estrellas y procuraban entender los
tiempos. «magos» también era la denominación que recibían los sacerdotes eruditos en el Antiguo Oriente—
Eran gentiles que llamados especialmente por Dios para venir y rendirle homenaje al recién nacido Rey.
Tal vez haya una referencia a la estrella milagrosa en la profecía de Balaam en Números 24.17.
17
Lo veré, mas no ahora; Lo miraré, mas no de cerca; Saldrá ESTRELLA de Jacob, Y se levantará cetro de Israel,
Y herirá las sienes de Moab, Y destruirá a todos los hijos de Set.
No sabemos cuántos sabios vinieron, ni de dónde vinieron, ni cuáles eran sus nombres. Las tradiciones
familiares de la Navidad no siempre tienen respaldo escriturario.
El Evangelio de Mateo habla de estos «magos», sin precisar sus nombres, ni que fuesen reyes, ni que son tres.
Fue en el siglo iii d. C. cuando se estableció que pudieran ser reyes, ya que hasta entonces, por sus regalos que
los representaban, tan solo se consideraba que eran personas pudientes. Fue también en ese siglo cuando se
estableció su número en tres, uno por regalo, ya que hasta entonces había dibujos con dos, tres o cuatro
magos, e incluso la Iglesia ortodoxa siria y la Iglesia apostólica armenia aseguraban que eran doce, como
los apóstoles y las doce tribus de Israel.7
Los nombres actuales de los tres reyes magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, aparecen por primera vez en el
conocido mosaico de San Apolinar el Nuevo (Rávena) que data del siglo vi d. C., en el que se distingue a los tres
magos ataviados al modo persa con sus nombres escritos encima y representando distintas edades. Aún
tendrían que pasar varios siglos, hasta finales del siglo xv d. C., para que el rey Baltasar aparezca con la tez
negra y los tres reyes, además de representar las edades, representen las tres razas conocidas hasta la Edad
Media. Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos.7
La importancia de los magos de oriente.
Mateo busca resaltar la importancia que envuelve el nacimiento de Jesús, el muestra como para aquellos
sabios orientales, incluso sacerdotes de otras regiones lejanas en donde no esperaban al mesías prometido,
fueron guiados a adorar al Rey de Reyes que había nacido en Belén, estos magos le reconocieron como el
mesías prometidos mientras ellos siendo Judíos y teniendo toda la vida esperando su llegada, no fueron
capaces de reconocerles ni adorarlo como lo hicieron los magos orientales.
El título de Jesús, «Rey de los judíos», levantó sospechas por cuanto Herodes temía a cualquiera que
amenazara su trono. Era un monstruo implacable que hasta mató a sus propios hijos para proteger su trono.
Tuvo nueve (o diez) esposas, y fue conocido por su traición y lujuria. Siendo edomita, tenía un odio natural
hacia los judíos. Herodes no sabía la Palabra de Dios, pero tuvo que preguntarles a los escribas.
Los escribas la conocían, pero no la ponían en práctica.
¡Los sabios fueron tanto oidores como hacedores de la Palabra! Cuán cerca del Mesías estaban los sacerdotes
judíos y sin embargo no fueron a adorar al Rey Reyes que acababa de nacer.
La visita de los sabios es una indicación de que los gentiles un día adorarán al Rey cuando el reino se establezca
en la tierra (Is 60.6).
Su experiencia es una buena lección en cuanto a hallar la voluntad de Dios: (1) siguieron la luz que Dios les
dio; (2) confirmaron sus pasos por medio de su Palabra; y (3) lo obedecieron sin cuestionamiento, y Él los guió
en cada paso en el camino. Nótese que regresaron a su tierra «por otro camino» (v. 12). Cualquiera que viene
a Cristo regresará a su casa por otro camino y será una nueva criatura (2 Co 5.17). De modo que si alguno está
en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.
Mateo cita a Miqueas 5.2 para mostrar que Cristo nació donde el profeta había predicho. Dios soslayó a la
orgullosa Jerusalén y escogió a la humilde Belén. El rey David nació en Belén y Cristo es el hijo de David (1.1).
Matanza de los niños
13
Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al
niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes
buscará al niño para matarlo. 14 Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, 15 y
estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta,
cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo. 16 Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó
mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores,
conforme al tiempo que había inquirido de los magos. 17 Entonces se cumplió lo que fue dicho por el profeta
Jeremías, cuando dijo: 18 Voz fue oída en Ramá, Grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus
hijos, Y no quiso ser consolada, porque perecieron.
II. El odio contra el Rey (2.13–18)
Así como Satanás había tratado de impedir que Cristo naciera, ahora trató de destruirle después de su
nacimiento (véase Ap 12.1–4). La carne batalla en contra del Espíritu y Herodes (edomita) le hizo la guerra a
Cristo. No podemos sino admirar a José por su fidelidad al obedecer a Dios y cuidar a María y a Jesús.
Mateo cita a Oseas 11.1 Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. para mostrar que
Cristo vendría de Egipto.
Aunque la biblia no relata cuantos niños murieron a causa de la horrible orden de este rey malvado, algunos
estudiosos de la biblia asumen que Herodes mató a no más de veinte niños, puesto que no podía haber habido
muchos más de esa edad en ese pueblo. Mateo vio en esto un cumplimiento de Jeremías 31.15. 15 Así ha dicho
Jehová: Voz fue oída en Ramá, llanto y lloro amargo; Raquel que lamenta por sus hijos, y no quiso ser
consolada acerca de sus hijos, porque perecieron.
La maldad de Herodes era tan grande que apenas conquistó Jerusalén y se instaló allí como rey, ordenó matar
a cuarenta y cinco partidarios de Antígono, su contendiente. Mató a su cuñado Aristóbulo, a los dos esposos
de su hermana Salomé, a su propia suegra Alejandra, a su mujer Marianne, a sus hijos Alejandro y Aristóbulo.
A sabiendas del terror y hostilidad que su persona despertaba, con el fin de evitar la alegría del pueblo en el
momento de su muerte, ordenó a sus más íntimos colaboradores que, cuando él muriera, pasaran por las
armas a incontables judíos ilustres que previamente habían sido concentrados en el hipódromo de Jericó.
III. La humildad del Rey (2.19–23)
19
Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en
Egipto, 20 diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que
procuraban la muerte del niño. 21 Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de
Israel. 22 Pero oyendo que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero
avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea, 23 y vino y habitó en la ciudad que se llama
Nazaret, para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno.
José usó su «sentido común santificado» y no regresó a Judea. Dios aprobó su decisión y la familia se mudó a
Nazaret. Mateo se refiere a «lo que fue dicho por los profetas» (v. 23, nótese el plural), pero no da ninguna
referencia específica. La palabra «nazareno» puede relacionarse a la palabra hebrea netzer, que significa
«rama», «retoño» o «vástago», nombres que se aplican a Jesús. Por eso es que Mateo escribió «profetas»
(plural), puesto que a Cristo se le llama «vástago» o «renuevo» en Isaías 11.1 y 4.2; también en Jeremías 23.5 y
33.15;
Zacarías 3.8 y 6.12. Debido a que vivía en un lugar despreciado, Jesús era como un vástago humilde; pero el
Renuevo un día florecería con belleza y gran gloria.
Nazaret era una población innoble. «¿De Nazaret puede salir algo de bueno?» (Jn 1.46).
Jesús fue un Rey humilde. Se despojó y humilló a sí mismo, incluso hasta la muerte, para salvarnos (véase Flp
2.1–11).
Humillación y exaltación de Cristo
2 Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si
algún afecto entrañable, si alguna misericordia, 2 completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo
amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. 3 Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con
humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; 4 no mirando cada uno por lo suyo
propio, sino cada cual también por lo de los otros. 5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en
Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino
que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la
condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo
cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el
nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y
toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Elaborado bajo la dirección del Espíritu Santo por Alirio Zambrano.