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Bill of Rights

El Bill of Rights, declarado el 13 de febrero de 1689, establece los derechos y libertades fundamentales del pueblo del Reino Unido, en respuesta a las violaciones cometidas por el rey Jacobo II. Se declara ilegal el poder real de suspender leyes sin el consentimiento del Parlamento y se garantiza la libertad de elección, expresión y defensa. Además, se reconoce a Guillermo y María de Orange como los nuevos monarcas, asegurando la protección de la religión protestante y los derechos del pueblo.

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El Bill of Rights, declarado el 13 de febrero de 1689, establece los derechos y libertades fundamentales del pueblo del Reino Unido, en respuesta a las violaciones cometidas por el rey Jacobo II. Se declara ilegal el poder real de suspender leyes sin el consentimiento del Parlamento y se garantiza la libertad de elección, expresión y defensa. Además, se reconoce a Guillermo y María de Orange como los nuevos monarcas, asegurando la protección de la religión protestante y los derechos del pueblo.

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1

BILL OF RIGHTS
(13 de febrero de 1689)

Considerando que los lores espirituales y temporales y los comunes, reunidos en Westminster, en
representación legal, plena y libre de todos los estamentos del pueblo de este reino, han hecho el
13 de febrero del año de nuestro Señor mil seiscientos ochenta y ocho una declaración por
escrito, hallándose presentes en persona Sus Majestades, entonces llamadas y conocidas por los
nombres de Guillermo y María, príncipe y princesa de Orange; declaración realizada en los
términos siguientes:

I. Considerando que el último Rey, Jacobo II, con la asistencia de maliciosos consejeros, jueces y
ministros empleados por él, intentó subvertir y extirpar la religión protestante y las leyes y
libertades de este reino.
1. Usurpando y ejerciendo el poder de dispensar las leyes y suspender su ejecución sin el
consentimiento del Parlamento.
2. Encarcelando y procesando a varios prelados respetables por haber solicitado
humildemente que se les excusase de aceptar el citado poder usurpado.
3. Promulgando y promoviendo la creación de una comisión bajo el gran sello que erigiese
un tribunal llamado Tribunal de comisionados para asuntos eclesiásticos.
4. Recaudando dinero para el uso de la Corona, por una pretendida prerrogativa, en
períodos y de forma distinta a la decretada por el Parlamento.
5. Reclutando y manteniendo un ejército permanente dentro del Reino en tiempo de paz
sin el consentimiento del Parlamento, y alistando soldados en contra de la ley.
6. Ordenando que varios buenos ciudadanos protestantes fueran desarmados, al tiempo
que los papistas eran armados y empleados en contra de la ley.
7. Violando la libertad de elección de los miembros del Parlamento.
8. Procesando en el tribunal real por asuntos y causas que sólo el Parlamento es
competente para conocer, y celebrando otros procesos ilegales y arbitrarios.
9. Y considerando que, durante los últimos años, personas parciales, corruptas e
incapacitadas han sido restituidas y han servido en jurados y juicios, y, particularmente, personas
que no eran propietarios libres han intervenido como jurados en procesos por alta traición.
10. Y que se han solicitado fianzas excesivas para personas inmersas en causas
criminales, para eludir el beneficio de las leyes aprobadas para salvaguardar la libertad de los
individuos.
11. Y que se han impuesto multas excesivas, e infligido castigos ilegales y crueles.
12. Y que se han hecho concesiones y promesas de multas y confiscaciones antes de
existir cualquier convicción o juicio contra la persona a quien iban a ser impuestas.

Todo lo cual es entera y directamente contrario a leyes conocidas, a los estatutos y libertades de
este reino.

Y considerando que habiendo abdicado el último Rey, Jacobo II, y quedando así vacante el
gobierno y el Trono, su alteza. el Príncipe de Orange (a quien Dios omnipotente ha querido hacer
instrumento glorioso para libertar al reino del papismo y del poder arbitrario) ha hecho escribir (de
conformidad con el parecer de los lores espirituales y temporales y de varias personas principales
de los comunes) cartas a los lores espirituales y temporales protestantes y a los diferentes
condados, ciudades, universidades, burgos y a los cinco puertos, a fin de que eligiesen a personas
que los representasen en el Parlamento que debía reunirse en Westminster el 22 de enero de
1688, con objeto de proveer lo necesario para que la religión, las leyes y las libertades no se hallen
en adelante en peligro de ser subvertidas, y habiéndose celebrado elecciones de conformidad con
las citadas cartas.
En tales circunstancias, los citados lores espirituales y temporales y los comunes, hoy reunidos en
virtud de sus cartas y elecciones, hallándose ahora reunidos en plena y libre representación de la
nación, tomando en su mayor consideración los mejores medios para alcanzar el indicado fin,
declaran, en primer lugar (como han hecho usualmente sus antepasados en casos semejantes),
para defender y asegurar sus antiguos derechos y libertades:
2

1. Que el pretendido poder de suspender las leyes, o su ejecución, por autoridad real, sin el
permiso del Parlamento, es ilegal.
2. Que el pretendido poder de dispensar las leyes, o su ejecución, por autoridad real, como ha
sido usurpado y ejercido en el pasado, es ilegal.
3. Que la Comisión para erigir el último Tribunal de causas eclesiásticas, así como todas las
demás Comisiones y Tribunales de igual naturaleza, son ilegales y perniciosas.
4. Que la recaudación de dinero para la Corona y para su uso, so pretexto de prerrogativa, sin el
consentimiento del Parlamento, por un tiempo más largo o en forma distinta de aquélla que haya
sido o sea decretada, es ilegal.
5. Que es un derecho de los súbditos presentar peticiones al Rey, siendo ilegales las prisiones y
procesamientos de los peticionarios.
6. Que el reclutamiento y sostenimiento de un ejército en el reino en tiempo de paz, sin el permiso
del Parlamento, son contrarios a la ley.
7. Que los súbditos protestantes pueden tener para su defensa armas, conforme a su condición, y
en la forma permitida por la ley.
8. Que la elección de los miembros del Parlamento debe ser libre.
9. Que la libertad de expresión, discusión y actuación parlamentarios no pueden ser juzgadas o
cuestionadas ante tribunal alguno, y en ningún lugar que no sea el Parlamento mismo.
10. Que no pueden exigirse fianzas exageradas ni multas excesivas, ni imponerse penas crueles
e inusuales.
11. Que la lista de los jurados elegidos debe ser constituida en buena y debida forma; que los
jurados que decidan de la suerte de las personas en las cuestiones de alta traición deben ser
propietarios libres.
12. Que las concesiones o promesas de multas y confiscaciones hechas a otros personas antes
de que exista convicción, son ilegales y nulas.
13. Y que para remediar todas esas quejas y agravios, reformar las leyes y procurar su
observancia, los Parlamentos deberán reunirse con frecuencia.

Reclaman, piden e insisten en todas las peticiones antedichas como derechos y libertades
indiscutibles, y que ninguna de las declaraciones, juicios, actos o procedimientos enumerados
hechos en perjuicio del pueblo, pueda de ninguna manera servir de aquí en adelante de
precedente o ejemplo.

En esta demanda de sus derechos, se hallan particularmente animados por la declaración de su


majestad el príncipe de Orange, que las considera como el único medio para obtener una
completa reparación y remedio.

Teniendo, por ello, una entera confianza en que su alteza, el Príncipe de Orange, perfeccionará la
liberación ya tan avanzada por él, y dispensará protección frente a la violación de los derechos
aquí afirmados y de otros intentos respecto de la religión, derechos y libertades.

II. Los mencionados lores espirituales y temporales, y comunes, reunidos en Westmister,


resuelven que Guillermo y María, príncipe y princesa de Orange, sean declarados Rey y Reina de
Inglaterra, Francia e Irlanda, y los dominios que a ellos pertenezcan; otorgar la Corona y dignidad
real de los citados reinos y dominios a los susodichos príncipe y princesa durante sus vidas y la
vida de aquél de los dos que sobreviva; y durante la vida del príncipe y la princesa juntos, el total y
pleno ejercicio del poder real se halle sólo y sea ejercido por el susodicho príncipe de Orange, en
el nombre de ambos; y después del fallecimiento de ambos, la Corona y la dignidad real de tales
reinos y dominios quedará en los herederos de la princesa; y, en ausencia de descendientes, en la
princesa Ana de Dinamarca y sus herederos; y en caso de ausencia de éstos, en los herederos del
príncipe de Orange. Y los lores espirituales y temporales, y los comunes, rogarán al príncipe y
princesa, tal y como corresponde, la aceptación.

III. Y que los juramentos anteriormente mencionados se lleven a cabo por todas las personas a
las que la ley obligaba a juramento de lealtad y supremacía, en sustitución de dicho juramento,
que queda derogado.
“Yo (Nombre) prometo y juro sinceramente que seré fiel y prestaré auténtica lealtad a sus
Majestades el Rey Guillermo y la Reina Ana. Dios me ayude”.
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“Yo (Nombre) juro que de todo corazón aborrezco, detesto y abjuro como impía y herética la
condenable doctrina y postura que sostiene que el príncipe pueda ser excomulgado o destituido
por el Papa o por cualquier autoridad de la Sede de Roma, que puede ser depuesto o ajusticiado
por sus súbditos, o cualquiera otra doctrina idéntica. Y declaro que ningún príncipe extranjero,
persona, prelado, estado o potentado posee jurisdicción, poder, superioridad, preeminencia o
autoridad eclesíastica o espiritual alguna en este reino. Dios me ayude”.

IV. Por todo lo cual, las Majestades citadas aceptaron la Corona y la dignidad real de los reinos de
Inglaterra, Francia e Irlanda y sus territorios, de acuerdo con la resolución y deseo de los lores y
comunes que se contiene en esta declaración.

V. Y, por consiguiente, Sus Majestades se dignaron considerar que los referidos lores espirituales
y temporales y los comunes, que constituyen las dos Cámaras del Parlamento, deberían continuar
sus sesiones, y, con la Real concurrencia de sus Majestades, realizar una efectiva provisión para
garantizar el establecimiento de la religión, leyes y libertades de este reino, a fin de que las
mismas no volvieran a verse en peligro o fueran subvertidas; con lo cual estuvieron de acuerdo los
lores espirituales y temporales, y los comunes, y procedieron a actuar en tal sentido.

VI. En cumplimiento de tales premisas, los lores espirituales y temporales y los comunes, reunidos
en el Parlamento, a fin de ratificar, confirmar y establecer la citada declaración, y los artículos,
cláusulas, cuestiones y cosas que contiene, con la fuerza de una ley realizada conforme al
procedimiento debido por la autoridad del Parlamento, ruegan que se declare y estatuya que todos
y cada uno de los derechos y libertades afirmados y reclamados en esta declaración constituyen
los verdaderos, antiguos e indubitados derechos y libertades del pueblo de este Reino, y así
habrán de ser estimados, permitidos, juzgados y considerados; y que todos y cada uno de los
particulares mencionados los guardarán y observarán, firme y estrictamente, tal y como se
expresan en esta declaración; y que todos los oficiales y ministros servirán a sus Majestades y a
sus sucesores en los tiempos venideros de acuerdo con los mismos.

VII. Y los mencionados lores espirituales y temporales y comunes, considerando seriamente cómo
ha bendecido el Todopoderoso Dios, en su divina providencia y misericordiosa bondad, a esta
Nación, proporcionando y procurando a la persona Real de sus Majestades un más feliz reinado
sobre nosotros en el trono de sus ancestros, por lo cual le dan desde el fondo de sus corazones
sus más humildes gracias y alabanzas, piensan, reconocen, consideran y declaran verdadera,
firmemente y con la sinceridad de sus corazones, que el Rey Jacobo II ha abdicado del gobierno y
que sus Majestades, al aceptar la Corona y dignidad real tal y como se ha dicho, se han
convertido, conforme a las leyes de este Reino, en nuestros Señores Soberanos, Rey y Reina de
Inglaterra, Francia e Irlanda y de sus dominios; en sus personas reales quedan investidos e
incorporados, unidos y anexionados, el poder real, Corona y dignidad de dichos reinos, junto con
todos los honores, tratamientos, títulos, regalías, prerrogativas, poderes, jurisdicciones y
autoridades de tales reinos.

VIII. Y para prevenir todas las disputas y divisiones en este reino, por razones de pretensiones a
la titularidad de la Corona, y para preservar la certeza en la sucesión, en la que consiste, y de la
que depende, por la gracia de Dios, la unidad, paz, tranquilidad y seguridad de esta nación, los
mencionados lores espirituales y temporales y comunes, suplican a sus Majestades que sea
promulgado, establecido y declarado que la Corona y el gobierno real del citado reino y sus
dominios, con todos y cada una de las posesiones que a ellos pertenezcan, serán y permanecerán
en sus Majestades, y en el superviviente de ambos, durante sus vidas; y que el entero, perfecto y
pleno ejercicio del poder y gobierno Reales se hallará y será ejecutado por Su Majestad, en
nombre de ambos soberanos, durante la vida de ambos juntos; y tras el fallecimiento de ambos, la
Corona y las posesiones pasarán a los herederos de la Princesa y, en su defecto, a Su Alteza Real
la Reina Ana de Dinamarca y sus descendientes y, en ausencia de éstos, a los herederos del
Príncipe. Y, además, los lores espirituales y temporales, y comunes, en nombre de todos los
pueblos antes citados, se someten humilde y fielmente ellos mismos y a sus herederos para
siempre; y fielmente prometen que sostendrán, mantendrán y defenderán a Sus Majestades, así
como a las limitaciones y la sucesión de la Corona que aquí se contienen y especifican, hasta el
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límite de sus fuerzas con su propia vida y hacienda, contra todas las personas que intenten lo
contrario.

IX. Y considerando que la experiencia ha demostrado que el gobierno de un príncipe papista, o


casado con un o una papista, es incompatible con la seguridad y bienestar de este Reino
protestante, los lores espirituales y temporales y los comunes, suplican que se promulgue que toda
persona que pertenezca, se reconcilie o comulgue con la sede o Iglesia de Roma, profese la
religión papista o contraiga matrimonio con quien pertenezca a dicha religión, será excluido y
declarado por siempre incapaz de heredar, poseer o disfrutar de la Corona y gobierno de este
Reino, así como del de Irlanda, y de sus territorios, o de cualquier parte de los mismos; de tener,
usar o ejercitar cualquier poder, autoridad o jurisdicción Reales dentro de tales territorios, y, en
dichos casos, el pueblo de estos Reinos quedará absuelto de su deber de lealtad; y la Corona y
gobierno corresponderán a la persona o personas protestantes a quienes les correspondería
heredarlas en caso de muerte natural de las personas que se hubiesen reconciliado, comulgado,
profesado o contraído matrimonio en la forma arriba descrita.

X. Y que todo Rey y Reina de este Reino, que a partir de ahora suceda en la Corona imperial de
este Reino, en el primer día en que se reúna el Parlamento tras acceder a la Corona, sentarse en
su Trono, en la Cámara de los Pares (peers), en presencia de los lores y comunes allí reunidos, o
en el acto mismo de coronación, deberá prestar juramento y en el mismo acto llevará a cabo,
suscribirá y repetirá de forma bien audible la declaración que se menciona en el estatuto
promulgado en el trigésimo año del reinado del Rey Carlos II, titulado “Acta para la mayor
preservación de la persona del Rey y del gobierno”, para excluir a los papistas de cualquiera de las
Cámaras del Parlamento. Pero, si llegase a ocurrir que el Rey o Reina que sucediesen en la
Corona de este Reino no tuvieran la edad de doce años, realizará, suscribirá y repetirá de forma
bien audible la mencionada declaración en el acto de su coronación o el primer día de reunión del
Parlamento una vez haya alcanzado la edad de doce años.

XI. Todo aquello en lo que sus Majestades han convenido, será declarado, promulgado y
establecido por la autoridad del presente Parlamento y constituirá, permanecerá y se erigirá por
siempre en la ley de este Reino; y tal es su naturaleza por la voluntad de sus Majestades, por y
con el consejo y consentimiento de los lores espirituales y temporales y comunes reunidos en
Parlamento, que por su autoridad así lo declaran, promulgan y establecen.

XII. Y se declara y promulga por la mencionada autoridad que desde la actual sesión del
Parlamento no se permitirá dispensa de ningún estatuto o de parte del mismo, siendo nulas y sin
efecto las que se lleven a cabo, a no ser aquéllas que permitan el propio estatuto y excepto en los
supuestos que se especifiquen por una o varias leyes (bills) aprobadas durante la actual sesión del
Parlamento.

XIII. Se promulga que ningún honor, concesión o perdón otorgados antes del tercer y el vigésimo
día de Octubre del año de Nuestro Señor de mil seiscientos ochenta y nueve, se verá afectado o
invalidado por esta Ley, sino que tendrá y conservará la misma fuerza y efecto legal, tal y como si
esta Ley nunca se hubiese realizado.

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