Sentido y Necesidad de la Filosofía
Sentido y Necesidad de la Filosofía
FILOSOFÍA. 1º BACHILLERATO
1.1. SENTIDO.
Una cuestión más compleja es la del sentido de la filosofía: ¿Cuál es la razón de la filosofía?
¿Para qué filosofa el hombre? Esta cuestión esta emparentada con la pregunta sobre la naturaleza
de la filosofía. Por curioso que suene, esta cuestión no tiene una respuesta unívoca. Esto sucede
porque, a diferencia de las ciencias, circunscribir su tarea con precisión, su objeto de estudio, es
un poco más difícil. Definir en qué consiste la física o la química es una tarea relativamente sencilla;
al comienzo de cualquier texto científico, lo primero que encontramos es la definición del área en
cuestión. Esto sucede porque las ciencias necesitan establecer desde el principio,
con mucha precisión, su objeto de estudio, pues de ello dependerá el desarrollo
de los conocimientos. En cambio, sabemos que el estudio filosófico trata del
hombre, de la naturaleza, de los dioses o, más recientemente, de la formación del
conocimiento, del lenguaje, de la comprensión. Pero ¿qué es cada una de estas
cosas? La filosofía no proporciona respuestas definitivas a estos asuntos.
Esta situación es la que hace que algunas personas digan que la filosofía no sirve para nada,
porque no produce nada concreto. Sin embargo, esta es una afirmación apresurada. Se olvida con
frecuencia que gran parte del conocimiento de las ciencias ha sido el resultado de la reflexión
filosófica, cuyos derroteros también han sido determinados por ella. Los desarrollos de la física, de
la matemática, o de la informática, por ejemplo, serían impensables sin los aportes que a lo largo
de la historia les ha ofrecido la filosofía.
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Pero hay un valor de la filosofía que en la práctica es mucho más importante que el señalado
antes. Para buena parte de los filósofos, en especial para los griegos y los romanos, el sentido de
la filosofía estaba en que ayudaba a descubrir un sentido a la vida. Se la concebía como una
reflexión que permitía ordenar nuestros actos, buscarles un sentido; suministraba herramientas
para enfrentarse al mundo y ser parte de la humanidad. En esta concepción de la
filosofía como un arte de vida se funda en gran parte el pensamiento de occidente;
los filósofos griegos nunca perdieron de vista la manera de orientar su existencia
mientras buscaban los principios y las causas de la realidad. Hoy en día, muchos
filósofos reivindican la necesidad de recuperar esta concepción. La preocupación
por el sentido de la vida se abandonó por una visión que margina al hombre,
imponiendo como única meta de la existencia a la técnica, la producción, la
posesión... Este interés pragmático exclusivo hizo olvidar la inquietud y el deseo de
realización personal.
¿Qué sentido tiene la filosofía en la era de Twitter (X) y Google? La filósofa de la ciencia Charlotte
Blease hace esta reflexión en un momento en que los empleos empiezan a automatizarse y el
conocimiento a devaluarse. Tiempos en los que el ser humano necesita redescubrir el pensamiento
flexible para evitar la catástrofe. “Y eso comienza en la escuela”, dice Blease apoyándose en la
siguiente opinión del presidente de Irlanda, Michael D. Higgins: “El estudio de la filosofía es una de
las más poderosas herramientas que tenemos a nuestra disposición para enseñar a los niños a
actuar como sujetos libres y responsables, en un mundo cada vez más complejo, interconectado e
incierto”. Ya en 2013, cuando Irlanda batallaba contra los efectos colaterales de la crisis financiera,
Higgins lanzó una iniciativa en todo el país llamando a debatir qué era lo que los irlandeses
valoraban como sociedad. El resultado fue que, por vez primera, la filosofía fue introducida en las
escuelas de Primaria.
También se pregunta cómo deberían los educadores preparar a los jóvenes para la vida cívica y
profesional en la era digital. En resumidas cuentas, piensa que “necesitaremos gente que esté
preparada para preguntar, y responder, cuestiones que no son googleables, como, por ejemplo:
¿cuáles son las ramificaciones éticas de la automatización? ¿cuáles son las consecuencias
políticas del desempleo masivo? ¿cómo deberíamos distribuir la riqueza en una sociedad
digitalizada? “Como sociedad, necesitamos estar mucho más comprometidos con la filosofía”, una
materia que ayuda a los niños –y a los adultos—a articular preguntas y encontrar respuestas que
no se hallan fácilmente “o por introspección o por Twitter”.
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ACTIVIDADES
4. Subraya las ideas más importantes de este texto, elabora el esquema y explícalo :
“El pensamiento filosófico surgió hace dos mil quinientos años, en contraste con el pensamiento
arcaico que había permitido a los humanos orientarse en el mundo durante los milenios
precedentes. A su vez, el pensamiento arcaico no era sino la elaboración de ideas e impulsos cuyos
orígenes pueden ser buscados en las épocas prehistóricas en que nuestros remotos antepasados
aprendían a articular lingüísticamente el mundo que los rodeaba... Sería erróneo suponer que el
pensamiento arcaico fue más tarde completamente desplazado por el filosófico o el científico. En
la historia intelectual de la humanidad, un nuevo tipo de pensamiento no desplaza nunca del todo
al anterior, sino más bien se superpone a él. Nuestra manera de pensar en un momento dado
consta de muchos estratos, como una cebolla. En el centro están los más primitivos impulsos e
intuiciones, que se formaron a través de muchos millones de años de evolución biológica. Otras
capas representan estratos arcaicos de pensamiento, seguidas de capas más externas de
pensamiento filosófico y científico. Los métodos formales e informáticos característicos de nuestro
tiempo son como la piel de la cebolla. Constituyen la parte más visible y característica de nuestra
cultura, pero sería ingenuo confundir la cebolla con su piel.”
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1.2. NECESIDAD.
Para Nietzsche el ser humano era un “animal enfermo” porque no le bastaba con procurarse la
solución a sus necesidades vitales inmediatas, sino que además necesitaba atribuir sentido a las
cosas, incluido él mismo. Esta actitud parece carecer de todo valor vital; es como un lujo que la
naturaleza permite, ya que tampoco sabemos de ningún otro animal que lo tenga como nosotros.
Pero, además, resulta una fuente de problemas pues la ausencia de respuestas, o el
hecho de que las que hallamos sean insatisfactorias o erróneas, nos provoca una cierta
angustia. Es más, podemos no estar seguros nunca de si existe una única y verdadera
respuesta. No obstante, es un deseo irrefrenable en nosotros; está sustantivamente
incluido en nuestra naturaleza el no poder dejar de pensar, de darle vuelta a las cosas…
En este sentido, Jean Paul Sartre, filósofo francés del siglo XX, hablaba de la “condena a ser
libre”, a tener que optar o elaborar una suerte de sentido para nuestra vida y las cosas que nos
rodean. Aunque en esta tarea no partimos de cero; tenemos siempre ya un bagaje cultural. Así,
nuestra elección puede consistir en adoptar una propuesta ajena, como la que nos han transmitido
nuestros padres, los amigos, la escuela, la sociedad, etc. Pero todos sentimos que deberíamos
intentar construir por nosotros mismos ese relato.
El ser humano, en cambio, es capaz de crear una cultura. Más allá de la mera realidad biológica,
va construyendo su mundo particular a partir de su capacidad de pensar en abstracto y del
desarrollo del lenguaje. Se diferencia del resto de animales pues no se limita al simple uso de
objetos naturales, sino que ha aprendido a fabricar nuevos instrumentos artificiales y a
perfeccionarlos. Además, el desarrollo del lenguaje y el pensamiento conceptual y simbólico le han
permitido transmitir sus conocimientos a otros miembros de la especie.
Así se inició la creación de una cultura que al principio sirvió para dominar el entorno y resolver
problemas urgentes como encontrar refugio, hacer fuego, preparar trampas, fabricar herramientas,
etc. Pero, solventado esto, abrió un nuevo horizonte enigmático al interesarse por las cosas desde
otro punto de vista, el reto de explicar lo desconocido: ¿Qué es la lluvia? ¿Qué es el sol? ¿Pasa
algo tras de la muerte?
Esto supuso un cambio cualitativo, pues se pasó de las preguntas motivadas por la necesidad al
puro ejercicio de la curiosidad. Como decía Aristóteles, los seres humanos se hacen estas
preguntas movidos por la admiración y siendo conscientes de su desconocimiento. De este modo
resulta que el motor de nuestro pensamiento es el reconocimiento de la propia ignorancia.
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"Pues los hombres comienzan y comenzaron siempre a filosofar movidos por la admiración: al
principio, admirados por los fenómenos sorprendentes más comunes: luego, avanzando poco a
poco y planteándose problemas mayores, como los cambios de la Luna y los relativos al Sol y a las
estrellas, y la generación del Universo. Pero el que se plantea un problema o se admira, reconoce
su ignorancia. (…) De suerte que, si filosofaron para huir de la ignorancia, es claro que buscaban
el saber en vista del conocimiento, y no por utilidad alguna. Y así lo atestigua lo ocurrido. Pues esta
disciplina comenzó a buscarse cuando ya existían casi todas las cosas necesarias y relativas al
descanso y al ornato de la vida" Aristóteles, Metafísica, 982 G 10-25.
Podríamos pensar que esta es una idea antigua y que, hoy en día, no es
posible la admiración y el enorme caudal de respuestas científicas acabó con
la ignorancia. Para borrar esta opinión basta con un fragmento de la entrevista
realizada por Pilar Urbano a Severo Ochoa, bioquímico y biólogo molecular
español, premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1959:
“Yo, entonces, empecé a preguntarle cosas más “abstractas”: ¿qué es la vida?, ¿cuál es el
origen?, ¿qué es la muerte?, ¿qué hay después?, ¿sabe usted dónde está el amor de su esposa?
¿me podría explicar sobre una pizarra por qué, al atardecer, se pone usted tan triste? Severo Ochoa
escuchaba. Pensaba un rato. Después, por sus carnosos labios dejaba caer un lacónico “no lo sé”.
Y así, entre “no lo sé” y “no lo sé”, pasamos un largo rato. Al fin, se puso en pie, altísimo como era.
Dio una vuelta por la sala. Volvió. Me miró desde arriba, en contrapicado. Y soltó su tremenda
confesión: “No tengo ni una sola respuesta para nada de lo que de verdad me interesa. Puedes
escribir bien grande que te he dicho que soy un extraño sabio... un sabio que no sabe nada”.”
¿Por qué es necesaria, pues, la filosofía? Destacaremos tres razones.
En primer lugar, porque el ser humano no posee un lote de respuestas programadas de antemano
por su naturaleza, como les ocurre a los demás animales, y necesita continuamente decidir cómo
va a realizar su libertad, cómo va a vivir su vida. La reflexión filosófica es la única capaz de orientar
racionalmente la existencia humana.
La segunda porque es imprescindible para criticar los supuestos de las ciencias. El grado de
desarrollo alcanzado lleva a la ciencia, en ocasiones, a intentar orientar la vida humana sin
someterse a ninguna instancia distinta de ella misma. Pensemos, sin ir más lejos, en el desarrollo
genético y en la clonación. Hay personas que piensan que el hecho de que técnicamente se pueda
hacer algo significa, sin más, que hay que hacerlo. La reflexión filosófica, al realizar la crítica de los
supuestos de las diferentes ciencias, al reflexionar sobre el método de trabajo que utilizan y el tipo
de conocimiento que proporcionan, es la única que puede impedir que cada una de ellas, desde su
parcela, intente organizar la vida de los seres humanos. Al analizar sus características
metodológicas, sus límites y el valor de sus descubrimientos, obliga a la ciencia a ser cada vez más
rigurosa y, sobre todo, a no intentar salirse de las posibilidades que realmente posee. A su vez, la
ciencia es el punto de partida sobre el que tiene que apoyarse el filósofo para elaborar su
pensamiento. El divorcio entre ambas carece de sentido en este tiempo y posee consecuencias
funestas para ambas.
En tercer y último lugar, por su relación con el poder. A lo largo de la historia el poder establecido
siempre ha pretendido dirigir la vida de los ciudadanos sirviéndose de la ideología y, llegado el
caso, de la fuerza. En nuestro mundo este intento es tan grande como en cualquier época, pero
dispone de medios mucho más poderosos y sofisticados. La reflexión filosófica es la única que
puede servir para desmontar y ver el aspecto manipulador de la ideología subyacente.
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1.3. HISTORIA.
A diferencia de lo que ocurre en el mundo de la ciencia, que solo cuenta la “historia de sus
éxitos”, la historia de la filosofía ofrece el espectáculo de numerosos pensadores y escuelas que
mantienen posiciones contrapuestas. Estas posiciones se deben a la misma historia; no todos los
seres humanos viven el mismo mundo y cada pensador se enfrenta a lo real desde su posición
particular y desde la perspectiva de su época.
La filosofía surge en Grecia en el siglo VI a.C. Aparece como una crítica a la sabiduría popular,
ingenua, rutinaria y tópica, y como un saber crítico, opuesto al mito en todos los ámbitos que este
abarcaba: cosmológico, sociológico, antropológico y moral. Pretende dar respuesta a las mismas
cuestiones que la mitología, aunque desde una perspectiva empírica y racional. Desde el principio
destaca su actitud crítica y racionalizadora, por lo que supuso un revulsivo dinamizador de la cultura
occidental y el germen de la ciencia futura.
Los primeros filósofos, los presocráticos, centraron su tarea en la reflexión sobre la naturaleza y
el primer principio constitutivo de la misma; por ello se habla de un periodo cosmológico. El filósofo
era el hombre que en soledad dialogaba consigo mismo y, a lo sumo, con unos pocos discípulos.
Los sofistas y Sócrates en el siglo V a.C. imprimieron un cambio de rumbo, el “giro antropológico”,
al convertir al ser humano en el objeto central de su reflexión. El filósofo aparece como el hombre
inmerso en la realidad social y en sus problemas políticos y morales. La filosofía es, con Sócrates,
un saber práctico que fundamenta la acción buena y la vida ciudadana justa y feliz. Ya en el siglo
IV a.C. para su discípulo Platón la filosofía es, sobre todo,
dialéctica, el grado superior del conocimiento; dominarla
implica "un giro de la totalidad del alma" que se aparta de
lo sensible, rutinario y vulgar, para dirigirse hacia el
mundo de la auténtica realidad y verdad, el mundo de las
Ideas. Los que alcanzan el grado supremo de la
sabiduría, los filósofos, adquieren el compromiso y el
deber moral de enseñar y dirigir políticamente a todos los
demás. También para Aristóteles la filosofía es sabiduría,
el grado superior del conocimiento teórico. Los diversos grados del conocimiento: el sensible, la
experiencia, la técnica y la ciencia, adquieren su cima con la ciencia de los primeros principios y las
primeras causas de todas las cosas. Esa ciencia, que Aristóteles llama sabiduría, que se busca por
ella misma y no por ninguna otra utilidad, constituye la vida superior del ser humano, una vida casi
divina y también la más feliz.
En el siglo III a.C., y coincidiendo con la desaparición de las polis griegas que perdieron su
independencia al ser conquistadas por el imperio macedónico de Alejandro Magno, la filosofía
siguió centrada en el ser humano. Ahora bien, como los griegos habían perdido la independencia y
la libertad anteriores, la filosofía trató de proporcionarle “consuelo” para que viviera feliz a pesar de
su situación de manos de pensadores como Epicuro y Zenón.
Sin embargo, la visión naturalista y antropocéntrica del pensamiento griego y romano es sustituida
por una visión teocéntrica y sobrenatural en el pensamiento medieval. Los filósofos medievales,
entre los que destacan Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, trataron los temas relativos a la
existencia y naturaleza de Dios, la relación de la razón y la fe, la acción humana y la historia desde
la perspectiva de la fe cristiana y las ideas platónicas o aristotélicas que les llegaron de algunas
traducciones o interpretaciones de las obras de dichos filósofos. En todo caso, consideraron el
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pensamiento racional como subordinado a las verdades de la fe, a la filosofía como una ancilla
teologiae (sirvienta de la teología).
Un nuevo salto cualitativo se produjo con el humanismo renacentista. El siglo XV se caracteriza
porque en él el ser humano vuelve a ocupar el puesto central; si en el mundo medieval el ser
humano estaba subordinado a Dios, en este siglo vuelve a confiarse plenamente en él pues se
piensa que sus capacidades, especialmente la razón, son inmensas. De otro lado, en esta época
se comienza a utilizar el método experimental y nace la ciencia moderna. La nueva física, que es
la primera ciencia en desarrollarse con este método, posee una visión heliocéntrica del universo y
sostiene que el geocentrismo que se había mantenido era erróneo. Los pensadores se dan cuenta
de que habían estado equivocados y las posiciones sostenidas hasta el momento eran erróneas.
Esto provoca el miedo al error, el miedo a volver a equivocarse, que hace del conocimiento el
problema más importante. Antes de ponerse a pensar sobre la realidad, habrá que determinar cómo
hay que pensar para no equivocarse.
Pero, en esta reflexión, la filosofía se dividió en dos corrientes. El pensamiento filosófico moderno
se inicia con el racionalismo del siglo XVII, se afianza con el empirismo y culmina con la Ilustración
en el siglo XVIII, que trata de sintetizar las corrientes anteriores.
El pensamiento de Descartes toma como dato incuestionable y
punto de partida la existencia del pensamiento; la evidencia de la
propia conciencia ("yo pienso") es la primera verdad y el
fundamento de cualquier otra. Con dicho criterio, la razón, sustancia
del sujeto humano, desde sí misma y por medio de sus ideas
innatas puede construir todo el edificio del conocimiento y alcanzar el
dominio de la naturaleza. No obstante, los empiristas (Locke y Hume,
entre otros) niegan la existencia de ideas innatas en el entendimiento; antes
de la experiencia este es como una página en blanco. El conocimiento y la acción humana tienen
su principio y su límite en la experiencia sensible que se convierte en el criterio de verdad.
La filosofía de Kant pretende dar respuesta al dogmatismo racionalista y al escepticismo empirista
desde una crítica de la razón que clarifique su alcance y sus límites. Pero también pretende trazar
el horizonte de una sociedad ilustrada y en libertad, en la que los seres humanos sean
protagonistas.
La filosofía en los dos últimos siglos se caracteriza por su fragmentación. Sobre la base del
pensamiento kantiano, los idealistas alemanes, sobre todo Hegel, fortalecieron el pensamiento
filosófico y lo dejaron en la puerta de la actualidad. Pero la filosofía contemporánea ha seguido
diversos caminos que coexisten sin pretensiones de verdad absoluta y sin aceptar explicaciones
únicas y cerradas de la historia.
El materialismo histórico de Marx, de carácter práctico y social, tiene por objeto de su reflexión la
praxis humana en la realidad económica social, y la situación originada de alienación y opresión
del ser humano, así como las condiciones reales de su liberación.
El vitalismo de Nietzsche se centra sobre el fenómeno vital en su dimensión biológica de impulso
vital o en la biográfica de existencia humana vivida. Influye en el existencialismo del siglo XX, que
reflexiona sobre la existencia humana; Sartre sostiene que el ser humano es el único que primero
nace y luego se hace, pues no posee una esencia previa, lo cual le deja en una posición de libertad
absoluta. En España hay que destacar el raciovitalismo de Ortega y Gasset.
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La fenomenología de Husserl pretende alcanzar la intuición de las esencias de las cosas a través
de la descripción teórica y no interesada de los fenómenos como manifestación de las cosas
mismas en lo que realmente son, sin deformarlas por los prejuicios o los modos acríticos de
considerarlas.
Para la filosofía positivista de Comte en el siglo XIX, heredera del espíritu empirista, el estado
social positivo será aquel en el que todas las ramas del saber tomen en consideración solo los
hechos científicamente considerados. El positivismo ejerció influencia en el neopositivismo y la
filosofía analítica del siglo XX. Para el primero la tarea filosófica consiste en el análisis lógico del
lenguaje para adecuarlo a la estructura lógica de la realidad, eliminando los enunciados que
carecen de significado y la construcción de lenguajes formales con los que se pueda expresar
rigurosamente la ciencia, cuyo modelo es la física. Por su parte, el objeto de la filosofía analítica de
Wittgenstein consiste en la comprensión y descripción de los “juegos lingüísticos” con el fin de
resolver o disolver los problemas filosóficos, originados por la confusión lingüística que se produce
por el mal uso del lenguaje; al sacar a este de su uso ordinario "se le hace marchar de vacaciones"
y crear falsos problemas.
Y, entre otras corrientes de la filosofía actual, se debe mencionar, por su importancia, a la escuela
de Fráncfort, que agrupa a filósofos surgidos en torno al "Instituto de Investigación Social" creado
por Max Horkheimer en la Universidad de Fráncfort. Su reflexión incide en la crítica de la sociedad
postindustrial moderna y del concepto de razón instrumental que la ha generado. Desde los
supuestos de razón ilustrada y la praxis marxista, realizan la crítica de la irracionalidad social
existente y la alienación y carencia de libertad de los individuos, que les conduce a una situación
deshumanizada.
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ACTIVIDADES
5. “Desde Galileo, las ciencias naturales han logrado una autonomía y un prestigio abundantemente
merecido porque nos han dicho cómo funcionan las cosas y no, como Aristóteles aspiraba a hacer,
cuál es su naturaleza intrínseca. Las ciencias posgaliléicas no pretenden decirnos lo que es
verdaderamente real o verdaderamente importante. No tienen implicaciones filosóficas o morales.
Por el contrario, nos permiten hacer cosas que anteriormente no habíamos podido hacer. Cuando
se hicieron empíricas y experimentales, perdieron tanto sus pretensiones metafísicas como la
capacidad para fijar nuevos objetivos en pos de los cuales debía esforzarse el género humano.”
5.1. Según el autor del texto, ¿cuál es el motivo del prestigio que las ciencias que llama naturales
han logrado a partir del siglo XVII?
5.2. ¿Qué significa en el texto que las ciencias no poseen implicaciones metafísicas o morales?
5.3. Si la ciencia no posee capacidad para fijar los objetivos por los que debe esforzarse el género
humano, ¿quién los tiene que fijar?
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Para responder a las preguntas que el ser humano se iba planteando, se fueron elaborando
distintos tipos de discursos interpretativos de la realidad que tienen en común intentar explicar lo
que existe, lo que ha existido o existirá con la intención de darle un sentido. Los principales han
sido los siguientes:
Durante la mayor parte de la historia de la especie humana las explicaciones sobre la naturaleza
y la sociedad tuvieron un carácter mítico y aún hoy pervive en muchas culturas este tipo de
explicación. También los movimientos religiosos son de carácter fundamentalmente mítico.
Un mito, palabra que proviene del griego “mythos” = cuento, es un relato de acontecimientos
imaginarios y/o maravillosos, protagonizados habitualmente por seres de carácter sobrenatural o
extraordinario como dioses, semidioses, héroes o monstruos.
A lo largo del tiempo ha solido ser malentendido como “historia ficticia”, “ilusión” e, incluso, como
“mentira”. Pese a que en la sociedad en la que vivimos no se considere ya la vigencia de lo mítico,
esto no tendría que suponer entenderlo de modo peyorativo, como si careciera de toda validez o
no hubiera tenido ningún tipo de realidad. Si por algo se caracterizaron los mitos fue, precisamente,
por formar parte de la vida real de los hombres del pasado. El mito y sus re-actualizaciones
formaban parte de su realidad, incluso sobrepasaban su entorno para convertirse en el modelo a
seguir. Tal como los seres sobrenaturales actuaban, así debía el hombre ser y vivir. De este modo
enlazaban la realidad cotidiana con ese tiempo desconocido en el que estaban el origen y la causa
tanto del ser humano como del mundo. Esta realidad sobrenatural daba sentido a su vida y de ahí
el rechazo a entender el mito como ilusión o mentira. De igual manera a como el hombre moderno
se explica a sí mismo a partir de la historia, el hombre del pasado se explicaba también a sí mismo
a partir de acontecimientos míticos.
El mito puede ser entendido, pues, como una narración de un acontecimiento que tuvo lugar en
el tiempo fabuloso de los comienzos y en el que intervinieron seres sobrenaturales. Contaban todo
lo que era importante: cómo fue ordenado el cosmos, despejando el caos primigenio, cómo y dónde
debían construirse ciudades y templos, cuáles eran las principales leyes que debían acatar, quién
debía gobernar, qué plantas y/o animales tenían un valor mágico o curativo, qué días debían
celebrarse fiestas, etc…La vida tenía sentido y se convertía en rito en cuanto que se la ligaba con
algún aspecto mítico; todo lo demás era profano…
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c) Es antropomórfico. En él se personifican y
divinizan las fuerzas de la naturaleza; el sol,
las montañas, las tormentas, el viento… o son
dioses o están causados por ellos. De esta
manera, existe una presencia divina
constante. A los hombres sólo les queda tratar
de anticipar, con diferentes técnicas de
adivinación, las intenciones de los dioses, fuerzas determinantes del universo. Se recurre al
oráculo para saber lo que va a pasar; se hacen ofrendas y sacrificios para ganarse su favor...
porque todos los sucesos son arbitrarios y dependen de su voluntad caprichosa.
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Desde sus inicios los primeros filósofos consideran a la filosofía como el auténtico saber, la
verdadera ciencia (episteme) opuesta tanto al mito como a la mera opinión (doxa), es decir, el saber
aparente, el saber no fundado en razones.
En sus orígenes la distinción entre ciencia y filosofía no estaba clara. Los primeros filósofos
fueron también los primeros científicos (por ejemplo, Tales de Mileto). La única diferencia quizá
radicaba en el objeto de estudio; la filosofía se ocupaba de la totalidad de lo real y las ciencias de
parcelas de esa realidad (las matemáticas de los números; la astronomía, de los astros; la biología,
de los seres vivos, etc.). Pero durante siglos el saber humano creció unido; es decir, ciencia y
filosofía eran la misma cosa.
El hecho de no cumplir la filosofía con los requisitos que caracterizan a la ciencia moderna,
lleva a los llamados positivistas a dudar del carácter científico de la misma. Pero, aunque tengan
parte de razón estos autores (por cierto, todos ellos filósofos) ello no significa que no pueda se
considerar a la filosofía como un auténtico saber racional con características y funciones propias.
Ahora bien, entre ciencia y filosofía más que una oposición frontal existe una
complementariedad. La filosofía no puede dar la espalda a los avances científicos, si no quiere
alejarse en exceso de la realidad; antes al contrario, éstos deben ser el punto de partida de sus
reflexiones. Por otro lado, la ciencia requiere de la filosofía; en tanto que forma de conocimiento
suscita muchas cuestiones teóricas relacionadas con el método, la comprobación de teorías, la
objetividad, el progreso, etc., que reclaman una reflexión de índole filosófica (filosofía de la ciencia).
Asimismo, los avances científico-técnicos, por sus repercusiones sociales, plantean innumerables
y peliagudas cuestiones que caen dentro del ámbito netamente filosófico de la ética.
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ACTIVIDADES
"Entrevimos que la verdad científica, la verdad física, posee la admirable calidad de ser exacta,
pero es incompleta y penúltima. No se basta a sí misma, Su objeto es parcial, es sólo un trozo del
mundo y además parte de muchos supuestos que da sin más por buenos; por tanto no se apoya
en sí misma, no tiene en sí misma su fundamento y raíz. no es una verdad radical. Por ello postula,
exige integrarse en otras verdades no físicas ni científicas que sean completas y verdaderamente
últimas. Donde acaba la física no acaba el problema; el hombre que hay detrás del científico
necesita una verdad integral y, quiera o no, por la constitución misma de su vida, se forma una
concepción enteriza del Universo. Vemos aquí en clara contraposición dos tipos de verdad: la
científica y la filosófica. Aquella es exacta pero insuficiente; esta es suficiente pero inexacta. Y
resulta que ésta, la inexacta, es una verdad más radical que aquella - por tanto y sin duda, una
verdad de más alto rango no sólo porque su tema sea más amplio sino aun como modo de
conocimiento; en suma, que la verdad inexacta filosófica es una verdad más verdadera. “
1.-En el texto se afirma que la verdad física es parcial ¿Qué significa esta expresión y cuáles son
las razones por las que el autor realiza esa afirmación? ¿Estás de acuerdo con ella? Razona la
respuesta poniendo ejemplos concretos de la física.
2.- ¿Qué significa la afirmación que hace Ortega de que "el hombre que hay detrás del científico
necesita una verdad integral "? ¿Estás de acuerdo con esa afirmación? ¿Por qué? Pon ejemplos
concretos.
3.- Cambiando las palabras del autor, pero no su sentido, ¿qué diferencias existen entre la verdad
filosófica y la verdad científica? Concreta lo más posible la respuesta.
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3. DISCIPLINAS FILOSÓFICAS.
Éstas son cuestiones generales que aborda la metafísica u ontología. Uno comienza por hacerse
preguntas y se supone que debería poder encontrar respuestas. Lograr explicar la realidad implica
conocerla, pero ¿qué es eso de conocer? Partiendo del contacto con la realidad construyo una
representación mental que la pretende captar, comprender, describir… Sin embargo, ¿cómo sé yo
que mis ideas se corresponden con la realidad? ¿Cuándo son pura especulación o son verdad?
Aparecen así una serie de preguntas a las que trata de responder la epistemología, gnoseología o
teoría del conocimiento.
Además, debería distinguir también dentro de la teoría del conocimiento otras ramas como la
lógica, que se ocupa de las leyes del razonamiento correcto, independientemente de la experiencia,
o la filosofía de la ciencia que estudia el conocimiento científico en concreto.
¿Qué debo hacer? A esta segunda pregunta responden la ética y la política. El ser humano se
encuentra la particularidad de la libertad y, por lo tanto, su vida no está tan predefinida como la de
otros seres. Nosotros no estamos simplemente en el mundo, sino que tenemos la capacidad de
modificarlo y, a la vez, somos seres que tenemos que construirnos. ¿Qué debemos hacer? Es una
pregunta que puede ser entendida respecto a nosotros mismos, a nuestra felicidad, y a su vez
respecto a los demás. Así surgen cuestiones como éstas:
¿Debo actuar para ser feliz o debo actuar como esté prescrito aunque comprometa la
felicidad?
¿Cuáles son los fundamentos del poder político?
¿Por qué vivimos en sociedad? ¿Cómo debemos organizarnos?
Saber vivir no es simplemente conformarse con lo que nos pasa, sino pensar en lo que nos
debería pasar. Los hechos y los valores son los dos grandes elementos que afectan al desarrollo
de la vida. Los primeros se refieren a lo que es o hay, lo que puede investigar la ciencia, lo que
ocurre… Los valores, se refieren a lo que debería haber o deberíamos hacer, lo que apreciamos.
¿Qué me cabe esperar? A esta tercera pregunta responden la teodicea y la filosofía de la historia.
Trata de vislumbrar cuál puede ser el destino del ser humano y sus posibilidades de realización,
una pregunta de gran interés para los filósofos ilustrados:
Sea cual sea su camino, lo cierto es que lo vamos construyendo nosotros mismos basándonos
en la moral y la política, influidos por nuestras percepciones de la realidad.
Otras preguntas. Quedan interesantes campos de reflexión que podrían ubicarse dentro de las
preguntas que hemos hecho; la filosofía del lenguaje, la filosofía del derecho, la filosofía de la
mente… Pero nos detendremos en una en especial, la estética; al reflexionar sobre el hacer
humano, sobre su producción material, podemos pensar:
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