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Decodificación Biológica: Sanación Emocional

Enrique Bouron, experto en decodificación biológica, sostiene que esta disciplina permite entender y desactivar las dolencias creadas por conflictos emocionales. Tras emigrar a Canadá y formarse en este método, Bouron se convirtió en un referente en Sudamérica, promoviendo la idea de que las enfermedades son respuestas biológicas a conflictos emocionales. A través de su trabajo, busca ayudar a las personas a tomar conciencia de sus emociones y a sanar, enfatizando que la comprensión de la enfermedad puede llevar a su eliminación.

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Decodificación Biológica: Sanación Emocional

Enrique Bouron, experto en decodificación biológica, sostiene que esta disciplina permite entender y desactivar las dolencias creadas por conflictos emocionales. Tras emigrar a Canadá y formarse en este método, Bouron se convirtió en un referente en Sudamérica, promoviendo la idea de que las enfermedades son respuestas biológicas a conflictos emocionales. A través de su trabajo, busca ayudar a las personas a tomar conciencia de sus emociones y a sanar, enfatizando que la comprensión de la enfermedad puede llevar a su eliminación.

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Enrique Bouron, referente de la decodificación biológica en Sudamérica, plantea que

por medio de esta disciplina es posible comprender por qué uno crea sus propias
dolencias y muestra el camino para “desactivarlas”

El analista de sistemas Enrique Bouron jamás imaginó que la recesión del 2000 cambiaría
radicalmente el destino de su vida. En ese momento se desempeñaba en el sector marítimo y la
debacle económica en la Argentina lo dejó afuera de la compañía en la que trabajaba. Así fue como
decidió, junto a su familia, emigrar a Montreal, Canadá, donde tuvo sus primeros contactos con la
decodificación biológica. Estudió con el médico francés Claude Sabbah, fundador del método
llamado “Biología Total de los seres vivos” y con sus discípulos Claude Vallières y Julie Lemieux.
De origen francés, Bouron manejaba a la perfección el idioma. Terminó el curso en 2003 y, tras
regresar al país, comenzó a difundir la decodificación biológica en el barrio de Saavedra. Años más
tarde, se convirtió en el principal referente de esta disciplina en la región. “Es una ciencia porque
sigue los sistemas de investigación científica y aplica la lógica biológica, fisiológica e histológica para
estudiar cuál es el conflicto que originó el síntoma”, relata en la charla que mantuvo con LA NACION
en uno de los tres días que estuvo en Buenos Aires para compartir uno de los cinco módulos del curso
con el que forma a decodificadores y del que ya participaron cientos de personas. “Algunos lo hacen
por crecimiento personal, otros porque quieren dedicarse a esto profesionalmente”, explica Bouron,
un convencido del poder que tiene cada persona para curarse de una enfermedad.
De hecho, hoy le da las pinceladas finales a su próximo libro donde cuenta qué le enseñó la diabetes
y cómo pudo sanarse y ya planea el comienzo de una nueva formación el 4 de mayo en la Argentina.
También realizó publicaciones sobre la decodificación del sistema cardiovascular, del sistema renal y
urinario y el famoso libro Azul, en donde expone el conflicto que reflejan las diferentes enfermedades
y sus síntomas. “La decodificación biológica es una disciplina complementaria a la medicina. Para
trabajar necesito el diagnóstico y acompaño buscando el origen emocional de la enfermedad.
Después, si la persona se cura por el médico o por tomar conciencia, no me interesa, lo importante
es que se sana”, aclara antes de arrancar la entrevista.
–¿Cómo definiría a la decodificación biológica?
–Es una disciplina que, basada en conceptos científicos, permite al individuo comprender la
mecánica emocional mediante la cual crea sus propias enfermedades y comportamientos. El
concepto se origina en la función básica del cerebro de los seres humanos que es, como en todo ser
del reino animal, velar por su supervivencia. Por supuesto, ante la creencia general que tienen los
seres humanos acerca de las enfermedades, puede sonar extraño e incluso irreverente afirmar que
son producidas por el cerebro como una respuesta biológica especial para garantizar nuestra
supervivencia. Sin embargo, nada en la naturaleza escapa a las leyes biológicas que han garantizado
la supervivencia de los seres vivos. Ni siquiera las enfermedades más “temibles” son resultado del
azar.
–¿Quiere decir que nosotros mismos nos generamos las enfermedades?
–Las enfermedades, los comportamientos, los bloqueos en nuestra vida tienen todos programas de
supervivencia perfectamente orquestados y controlados por el cerebro en respuesta a un estrés
inhabitual que no sabemos manejar de forma racional o física. Una intoxicación emocional generará
un conflicto psicológico y el cerebro también responderá biológicamente a él si no sabemos cómo
resolverlo. Con la decodificación biológica no vemos a la enfermedad como un drama y no la
combatimos: la comprendemos y sabemos que el cerebro puede desarmarla porque es el que la
arma y la desarma. La clave es encontrar qué emoción no pudimos manejar.
–En lo personal, ¿cómo fue su experiencia?
–Pude curarme de una diabetes tipo dos. Fue en una charla con un alumno que me dijo una analogía
muy rara. Esto me permitió identificar el conflicto emocional que me la había generado y con solo
tomar conciencia de ello, mis niveles de azúcar bajaron de más de 186 a 85 en forma paulatina. Debo
ser la primera persona en curarme de la diabetes tipo dos sin dejar los dulces ni los carbohidratos.
También tuve un meningioma frontal benigno. Aunque lo decodifiqué, decidí operarme ya que el
tumor había crecido hasta el tamaño de una papa y hacía 15 años que se estaba formando. Esta
afección hablaba de la relación con mi papá que era muy violento y siempre que me retaba me
apuntaba a la cabeza. Recuerdo que sentía miedo y no me podía defender. Aproveché la experiencia
de la operación y el proceso de recuperación para aprender cómo funciona el cerebro; solo tenía
energía para la siguiente inhalación, y pensaba: ‘esto es maravilloso’.
Esta enfermedad no estaba ahí para matarme, sino para mostrarme el límite de mi energía, y el
cerebro dosificaba mis recursos de manera que pudiera recuperarme. Ninguna enfermedad es
anárquica; todas tienen orígenes precisos y aunque no siempre son evidentes y fáciles de identificar,
responden a una tonalidad conflictiva específica, relacionada con la vivencia personal del conflicto
subyacente. Mientras creamos que las enfermedades son maldiciones, lo seguirán siendo. Cuando
comprendamos que son solo programas biológicos que pueden ser desactivados, nos enfermaremos
mucho menos.
–¿La clave es tomar conciencia de estos mecanismos?
–En las sesiones de decodificación la persona toma conciencia, pero debe olvidarse de lo que
hablamos y dejar que su cerebro haga el resto. El problema es que no siempre pueden soltar.
También sucede que muchas veces nos enfermamos para llamar la atención o porque no queremos
que nos abandonen. Entonces a nivel inconsciente la enfermedad es una solución a ese miedo. Un
ejemplo: alguien que no puede vivir solo y siente que su pareja lo está por dejar, puede enfermarse
porque de esa manera el cerebro le dio la “solución” para que no se genere el abandono. Es decir, el
cerebro programa que, si esa persona se cura, tendrá que aprender a estar solo. Es un juego
inconsciente muy fuerte. El cerebro maneja todos los hilos.
–¿Se puede resolver en una sola consulta?
–Siempre hago seguimientos unos días después para ver cómo sigue la persona porque no siempre
se logra resolver en una sesión. Soy muy exigente y cuando hay dos consultas me pongo de mal
humor, pero lo importante es saber que no solo depende del decodificador sino también de si la
persona está dispuesta a soltar aquello que lo enfermó.
–¿Es por eso que, a veces, no alcanza con estos procesos y la gente igual se muere?
–Claro, cuando una persona viene con un diagnóstico médico, lo primero que debo atender es de
dónde surge su miedo. Es parte de un proceso evolutivo: nuestros genes tienen información de los
antepasados. El cerebro creó en el inconsciente el futuro. Lucho más contra el conflicto que genera
cuando se da el diagnóstico que contra el cáncer. El estrés es el mayor asesino del planeta. El miedo
es natural a la supervivencia, pero no debe estar exacerbado y cuando lo está, hay que ir a buscar qué
lo genero y soltarlo.
–¿Cómo trabaja en ese conflicto que genera el diagnóstico?
–Le explico a la persona cómo funciona la enfermedad y está en su libre albedrío creerme. Lo primero
que tengo que lograr es romper con su miedo.
–¿Qué recomienda hacer para no enfermarnos?
–Decir lo que se siente en el momento exacto puede ser liberador, aunque no siempre es lo más
conveniente. La franqueza sin filtro podría resultar en consecuencias indeseadas, como perder el
empleo o que alguien nos deje. Por eso, muchas veces las personas optan por comunicar sus
emociones de manera más sutil y biológica, a través de lo que llamamos síntomas. Un ejemplo
concreto es el dolor del nervio ciático que representa el conflicto “debo ir, pero no quiero” o “quiero
ir, pero no debo”. Por eso le agarra esa dolencia a la abuela cuando su hija le dice que se va con sus
nietos de vacaciones y no la invita cuando realmente quiere ir con ellos,
También es importante el desapego total. Tengo la suerte de que no me aferro a las cosas, ni a las
situaciones, ni a las personas. Solo me apego a mi evolución personal. Recuerdo que cuando falleció
mi madre, el duelo duró un día y eso que yo la adorada. Pero no puedo pretender que a una madre
que pierde a un hijo le pase lo mismo porque esa mujer sufrirá durante años, pensará: ‘ahora tendría
32 años’. Lo que le sucede en esos casos es que el sufrimiento de la pérdida le representa al cerebro
que ese niño sigue vivo porque le produce emociones.
-¿Las emociones son ineludibles?
Son el motor de nuestra existencia, son energías que creamos de la nada y que el cerebro debe
manejar, pero cuando no sabe cómo hacerlo racionalmente, lo hace biológicamente. Por ejemplo. un
abrumador sentimiento de ‘no puedo digerir’ puede desencadenar un adenocarcinoma estomacal.
Esto ocurre porque el cuerpo intenta digerir lo que percibe como indigerible, llevando al cerebro a
producir células especiales capaces de generar ácido clorhídrico hasta diez veces más potente que el
de las células normales.
–¿Está planteando que no hay que tenerle miedo a las enfermedades?
–Claro porque son una proyección de nuestros miedos. Si no tengo temor a la enfermedad, tengo la
oportunidad de comprenderla y ver qué me está enseñando y automáticamente se borra el
programa en el cerebro. Vamos a vivir más en la medida que aprendamos a controlar nuestras
emociones. En el momento que el cerebro entiende que la enfermedad no tiene sentido la desarma
y logra la cura, pero hay que saber cuál es el aprendizaje porque las enfermedades son adaptaciones
al entorno y si deja de tener sentido la elimina, pero si la persona la necesita para seguir
aprendiendo, la mantiene.

-¿Cuál fue el caso que más lo marcó?


Una incapacidad motriz cerebral de un joven de 17 años que no se podía mover desde los 17 días
de vida y que empezó a moverse al poco tiempo. Otro caso fue el de una leucemia linfocitaria en un
niño de 12 años. Vino con la mamá y le pedí permiso para quedarme a solas con él. Se trata de una
enfermedad que está relacionada con estar permanentemente controlado poralguien de la familia
porque la sangre simboliza la familia. Le pregunté cuándo había aparecido la enfermedad y me dijo
que había sido al día siguiente de su cumpleaños, justo cuando le habían regalado un celular.
Reconoció el conflicto y se curó. Pero al tiempo, me dijeron que estaba internado y que solo le daban
tres días de vida. Fui al hospital de niños de Córdoba y cuando entré a terapia y me vio, sonrió. Le
pedí a su mamá que se fuera, cerré la puerta y le dije: ‘te siguen controlando’. El lo reconoció.
Aproveché que él sabía que se había curado una vez y le dije: ‘si ya te curaste una vez, por qué no das
lo que te piden y te volvés a tu casa’. Y en ese momento pronunció las palabras que lo curó: ‘tenés
razón’. A los tres días, los estudios dieron normales y no tenía más leucemia, los médicos no lo podían
creer.
–Para cerrar, hablemos de otros síntomas o enfermedades y, a modo de ejemplo, ¿cuáles podrían
ser su posible origen emocional?
–La tos se asocia con conflictos ligados al territorio, aunque hay varios tipos: diurnas, nocturnas,
alérgicas. Para entender mejor, es necesario un diagnóstico específico. En cuanto al resfriado
simboliza el miedo a una discusión. Podríamos preguntarnos por qué nos resfriamos más en invierno:
no es tanto por el frío, sino porque pasamos más tiempo encerrados y las discusiones son más
frecuentes. La migraña puede representar una desvalorización intelectual o que papá tiene otra
familia; la localización del dolor puede variar dependiendo de qué lado del cerebro esté afectado.
La fiebre no es una enfermedad, sino un proceso de eliminación de un virus. Los calambres en los
pies reflejan un deseo de aferrarse a algo. Los dolores de cuello indican problemas en la
comunicación, mientras que la cervicalgia surge de un conflicto entre lo que se piensa y lo que se
hace. Esto es común en personas que estudiaron una carrera pero terminan trabajando en algo que
no les gusta. Quienes sufren de colon irritable deberían explorar qué es lo que los enoja en su entorno
cercano.
Los problemas de hígado se asocian con un conflicto de carencia, dado que funciona como almacén
de nuestro organismo. El reflujo y las náuseas son reacciones a situaciones que deseamos rechazar
pero no podemos. Las otitis, frecuentes en niños, suelen representar conflictos entre los padres, ya
que los chicos no soportan escuchar sus discusiones. El vómito, por su parte, es una expresión de
rechazo. Los pies planos simbolizan el deseo de mantener contacto con la madre. Sin embargo, más
allá de estas definiciones generales, lo importante es ser conscientes de que las enfermedades
pueden ser una oportunidad para evolucionar.

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