BABILONIA
Resulta común en la historia de la humanidad que lo que
comenzara formando parte de una serie de historias, mitos,
supersticiones o explicaciones fantásticas para tratar de
entender el mundo, acabara con el tiempo convirtiéndose en
una ciencia en la que, a través de la observación, el
empirismo y la aplicación del método, los seres humanos
pudiéramos explicarnos la realidad
LAS CONSTELACIONES ZODIACALES Y
EL ZODÍACO
Los babilonios fueron más allá de la mera observación
empírica y desarrollaron varias técnicas y herramientas que
les permitieron calcular y predecir matemáticamente las
órbitas de los planetas y las estrellas. Así, los textos
babilónicos del siglo VII a.C. en adelante, incluyen informes
sobre la posición de los planetas, la Luna, el Sol o algunas
estrellas en relación a las llamadas constelaciones zodiacales.
Las constelaciones zodiacales, son un conjunto de estrellas, es
decir, constelaciones, a través de las cuales se mueven la
Luna, el Sol y los planetas, que se extienden por toda la
esfera celeste, y que cuentan con una extensión, forma y un
espacio entre ellas variables. Se trata de proyecciones
humanas y patrones identificados en el cielo que en cada
cultura han recibido nombres diferentes.
El zodiaco, por su parte, fue una construcción matemática en
base a la cual los babilonios dividieron el firmamento en 12
partes iguales de 30º cada una, y a la que le asignaron el
nombre de la constelación más prominente en la misma
EL ORIGEN DEL HOROSCOPO
El desarrollo del horóscopo fue un evento clave en la historia
de la astronomía y la astrología babilónicas que tuvo lugar
hace aproximadamente 2.500 años, es decir alrededor del año
500 a.C..
Para que los babilonios pudieran inventar los signos del
zodiaco y el horóscopo, debían primero haber observado y
registrado los movimientos de las estrellas y los planetas,
además de haber reconocido regularidades y patrones en
estos. Una de las pruebas irrefutables de que los babilonios ya
hacían gala de este conocimiento son las llamadas tablillas
del Mul-Apin.
Las tablillas del Mul-Apin son un conjunto de tablas de arcilla
grabadas en escritura cuneiforme que datan del siglo VII a.C.,
y que conforman un compendio de
conocimientos astronómicos
tempranos que podrían
remontarse incluso a varios siglos
anteriores. Es decir, ya muy
temprano en la historia, los
babilonios desarrollaron un
marco matemático uniforme dentro
del cual se podían ubicar los
cuerpos celestes, en particular la
Luna, el Sol y los cinco planetas
conocidos, entonces:
Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y
Saturno.
DEL ZODÍACO AL HORÓSCOPO
Producto de la observación de las estrellas, los babilonios se
regían por un calendario luni-solar. En él, el año se establecía
en base a los ciclos solares y los meses en base a los ciclos
lunares. De este modo, un año de 360 días se dividía en 12
meses. De forma paralela, el zodíaco, dividido en 12 franjas
celestes de 30º, simplificó los cálculos matemáticos y
proporcionó un marco uniforme de la posición de las estrellas,
brindando infinitas nuevas posibilidades para la interpretación
astrológica de los datos astronómicos.
Los babilonios consideraban las estrellas y los fenómenos
celestes como señales divinas transmitidas a las personas, y
más allá de su conocimiento astronómico, interpretaron las
posición de los astros como el manifiesto de los designios de
los dioses, dando lugar a todo tipo de interpretaciones.
Por otro lado, lo convincente de sus observaciones y un
sistema numérico-matemático fácilmente interpretable y
traducible a todo tipo de idiomas, favoreció la transmisión del
zodíaco entre diferentes culturas y a través de los siglos. Sin
embargo, la razón por la que el horóscopo ha sobrevivido
hasta nuestros días como una mera superstición sin base
científica sobre la que muchas personas depositan su
confianza en cuestiones relativas al amor, la salud, el dinero o
el trabajo, quizá sea mucho más sencilla de explicar: el
horóscopo proporciona una vía rápida y fácil para la
satisfacción del deseo humano de averiguar algo sobre su
propio libre albedrío. Algo para lo que la ciencia, hasta el
momento, no ha encontrado solución.