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Historia del Museo Nacional de Colombia

El Museo Nacional de Colombia, fundado en 1823, es el museo más antiguo del país y se ha dedicado a la conservación y divulgación de la cultura colombiana. A lo largo de su historia, ha evolucionado de un enfoque en la historia natural a uno más centrado en la historia y la identidad nacional, reflejando los cambios sociales y políticos del país. Su desarrollo ha estado ligado a la evolución del arte en Colombia y ha influido en la creación de otros espacios museales.
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Historia del Museo Nacional de Colombia

El Museo Nacional de Colombia, fundado en 1823, es el museo más antiguo del país y se ha dedicado a la conservación y divulgación de la cultura colombiana. A lo largo de su historia, ha evolucionado de un enfoque en la historia natural a uno más centrado en la historia y la identidad nacional, reflejando los cambios sociales y políticos del país. Su desarrollo ha estado ligado a la evolución del arte en Colombia y ha influido en la creación de otros espacios museales.
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El Museo Nacional de Colombia fue creado a través del decreto 117 del 28 de julio de 1823, apenas

cuatro años después de ser auto proclamada como República, tras los acontecimientos militares que
expulsaron a los españoles quienes pretendían retomar el dominio monárquico sobre el territorio. Es
el museo más antiguo de Colombia y uno de los más antiguos de América. Durante dos siglos se ha
consagrado a la conservación y divulgación de testimonios representativos de los valores culturales
de la Nación colombiana.

Los antecedentes que impulsaron la recolección de objetos y elementos relacionados con la flora y
fauna del territorio nacional, están relacionados con los intereses de la Ilustración, que se vieron
reflejados en esfuerzos como la Expedición Botánica de José Celestino Mutis, de la cual salieron
figuras como Francisco José de Caldas quienes promovieron la independencia del país. Propiciando
los ideales independentistas, el Museo Nacional inició su historia con una colección enfocada en la
riqueza natural del país.

Abrió sus puertas al público el 4 de julio de 1824, fecha en que el vicepresidente, general Francisco
de Paula Santander lo declaró oficialmente creado, siendo su primer director el científico y anticuario
peruano Mariano Eduardo de Rivero y Ustáriz. Rivero había sido contratado en mayo de 1822 en
París por Francisco Antonio Zea, Ministro Plenipotenciario de Colombia, a fin de constituir una
escuela de minería y un museo de historia natural en la capital de la nueva república. El Museo
Nacional de Colombia se instaló inicialmente en la Casa Botánica, la cual albergaba la colección de
historia natural reunida por José Celestino Mutis y que cuidaban sus discípulos. Con el tiempo, a
estas piezas se sumaron otras de carácter arqueológico, histórico y artístico.

La idea de crear un museo surge como la iniciativa de encajar en un espacio las diversas muestras
que procedían de las expediciones realizadas por el gobierno sobre el territorio nacional, las riquezas
con que contaba el territorio y las muestras etnográficas procedentes de todo el país. A finales del
siglo XIX, las narrativas del museo habían ido variando, siendo uno de los resultados el afianzar el
carácter histórico del mismo, empezando a dejar de lado su naturaleza científica con que había
iniciado su trayectoria. En aquel momento, su sede era la Casa de las Aulas (actual ubicación del
Museo Colonial) entre 1845 y 1913, para después ser trasladado al Pasaje Rufino donde funcionaría
entre 1913 y 1922. Posteriormente, entre 1923 y 1942 el Museo funcionó en el Edificio Pedro A.
López.

La Regeneración en 1881 concibió el museo como un espacio civilizador. Sus funciones consistían
en facilitar herramientas correspondientes al progreso esperado en el país a través de la exhibición
de las riquezas, el enaltecimiento de las efemérides históricas y las ciencias naturales.5​

La transformación que vivió el espacio correspondió con las transiciones que vivía Colombia, puesto
que, la industria fue adquiriendo un lugar cada vez más destacado dentro de la economía nacional,
que ya no era únicamente rural. Miguel Antonio Caro fue el encargado de este espacio en el periodo
de 1880 a 1884, así como de los historiadores Ernesto Restrepo Tirado y Gerardo Arrubla, siendo
algunos de los directores durante diferentes períodos en las primeras décadas del siglo XX. Durante
este espacio de tiempo los acervos de las colecciones fueron creciendo.

Desde algunas perspectivas, la utilización de este espacio de acuerdo a los fines históricos y
representativos que fue adquiriendo, con el pasar de los directores quienes lo encaminaban para
tener relación directa con el proyecto nacional y la construcción de su símbolos, la forma en que se
fueron administrando las colecciones correspondía precisamente con la diferenciación del pasado y
el presente en función del lugar que ocupaban los “otros” en la historia patria, diferenciando de esta
forma el espacio social dentro de los símbolos y la narrativa histórica oficial. Estas representaciones
de lo que en esta narrativa se llama “nosotros” estuvieron ligadas por las concepciones históricas de
la Academia de Historia y la perspectiva artística de la Escuela Nacional de Bellas Artes:

“A través de la academia se debía configurar entonces una representación de la nación compuesta


por tres partes diferenciadas: las antigüedades, la historia patria y las tribus indígenas; como se
analizará más adelante, tal división da cuenta de la manera como se dispusieron las nociones sobre
el pasado y el presente nacional: de un lado la historia de los otros estudiada a través de los objetos
y, de otro, la historia de un nosotros englobada bajo el título de historia patria; y, en una clasificación
aparte, lo concerniente a las tribus del presente, [...] La idea era que el museo pasara de ser un
gabinete de curiosidades en el que reposaban todo tipo de objetos, a convertirse en un centro en el
que se conservaran las piezas originales que, desde la percepción de ciertos grupos de letrados,
eran fundamentales para representar la nación. En este sentido, en el reglamento del museo de
1905, se estipuló la cooperación que debían prestar la Academia Nacional de Historia y la Escuela
de Bellas Artes para verificar la autenticidad de los objetos que este albergaba”6​

El Museo, de acuerdo a la evolución discursiva y de utilidad que presenta desde su fundación hasta
finales del siglo XIX, articula en sus exposiciones el discurso oficial nacional respecto de la Historia
que surge como aliada de la construcción de la nación, desde la perspectiva regeneradora. Así, las
representaciones que aparecen en este espacio corresponden a la visión hegemónica de la nación y
su discurso guiado desde la moral de la élite y sus limitaciones que imponía hacia la identidad
nacional.

El desarrollo del museo tiene una relación directa con la evolución del arte en Colombia, sus usos y
la creación de otros espacios museales. Por ejemplo, al comienzo del siglo XX gracias a la creación
de la Escuela Nacional de Bellas Artes que permitió de alguna manera diferenciar la relación de la
destreza manual y la creatividad, se creó el Museo de la Escuela de Bellas Artes en la Universidad
Nacional con base en las colecciones artísticas del Museo Nacional.7​

Así mismo el artículo 21 de la ley 47 de 19208​reglamentó que el Ministro de Gobierno sería el


encargado de dictar las disposiciones necesarias para dotar al Museo de la Quinta de Bolívar, por lo
cual objetos relacionados con la vida de Simón Bolívar que se encontraban en el Museo Nacional
fueron destinados a la creación de este espacio. Cuando se estableció el Museo Nacional en su
sede actual, las colecciones que habían ido al Museo de Bellas Artes y al Museo Arqueológico y
Etnográfico volvieron a su lugar original de procedencia.

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