¿Cuáles son los tipos de valores?
Cuando hablamos de valores, nos referimos a propiedades y características de los objetos o los sujetos, que el
conjunto de una sociedad humana considera valiosos, es decir, considera dignos de conservarse, fomentarse y
replicarse. Los valores pueden ser de naturaleza muy distinta y pueden tenerse en estima por distintas razones
(históricas, culturales, etc.). Algunos de ellos son más o menos universales y otros muy particulares de una cultura,
región geográfica o comunidad.
Valores universales
Estos valores suelen hacer alusión a los aspectos más básicos de la vida humana, como son la vida misma, la
ausencia de dolor, el bienestar, etc. Por eso se consideran universales a toda la humanidad, pero por misma razón
suelen ser difíciles de precisar y definir.
Valores personales
son aquellos valores que residen en cada individuo, o sea, que cada quien interpreta un poco a su manera y ejerce
según su libre albedrío. Muchos de ellos pueden coincidir con valores más universalmente aceptados, pero que en
ciertas circunstancias pueden tenerse en falta, lo cual no suele constituir una falta social grave.
Por ejemplo, suele valorarse la honestidad, pero es prácticamente imposible vivir en paz en sociedad diciendo
siempre la verdad de lo que se piensa. Entonces existen las “mentiras blancas” o las situaciones en las que mentir
está justificado, como para proteger a alguien, o para garantizar la supervivencia.
Valores familiares
Aquellos que suelen transmitirse en familia, es decir, que aprendemos en casa. Son enseñados por nuestros padres y
familiares. Suelen ser, también, los valores tradicionales, o sea, los heredados de generaciones anteriores, lo cual
significa que pueden variar dependiendo de la cultura en que dicha familia se inserte. Por ejemplo, en ciertas
comunidades se tiene como un valor familiar el respeto y la devoción por los ancestros, como ocurre en los hogares
tradicionales de Japón. En Occidente, en cambio, tendemos a ser mucho más irreverentes con la autoridad paterna.
Valores políticos
Se trata de aquellos que nos impone la sociedad en la que vivimos. A menudo tienen que ver con su propio
funcionamiento, o con el lugar que debemos ocupar dentro de ella. Son conductas como el patriotismo, por ejemplo,
que se inculcan en la escuela y en otras instituciones que poseen un plan formativo, no sólo en conocimientos, sino
también en valores cívicos, patrióticos, en definitiva, políticos.
Valores religiosos
Los valores religiosos pueden regular desde la relación con Dios hasta la vestimenta. Aquellos provenientes de la
práctica puntual de algún tipo de religión o misticismo, especialmente aquellos que poseen instituciones que los
respaldan, o sea, iglesias.
Valores éticos
Los valores vinculados con la ética son aquellos que se desprenden de una profesión, un conocimiento o un poder.
Regulan la buena utilización de un cierto poder que la sociedad nos entrega. Por ejemplo, la honestidad (contraria a
la corrupción) es un valor que todos anhelamos ver en nuestros políticos, aunque éstos en muchos casos se
empeñen en defraudarnos. La sinceridad, por otro lado, es una cualidad ética que apreciaremos en un médico al que
confiamos nuestra salud.
Valores morales
Los valores morales a menudo se confunden con los religiosos y con los familiares, porque usualmente todos ellos
tienen fronteras comunes, dictadas por la historia, la cultura y la tradición. Sin embargo, entenderemos por valores
morales aquellos que se desprenden de dos nociones absolutas y difíciles de definir: el bien y el mal.
Existen cientos de valores morales que guían a los seres humanos —y, a menudo, podemos comprender algunos de
ellos como prolongaciones de otros, tales como la crítica constructiva de la empatía o de la sensibilidad— por ello, si
bien resulta imposible establecer una lista jerárquica de todos ellos por su importancia, sí podemos hablar de
aquellos valores humanos a los que otorgamos más importancia como sociedad.
Bondad
La bondad es uno de los valores humanos más generales de nuestro ser. Puede traducirse en cientos y cientos de
miles de acciones según cada contexto, pero siempre recoge el deseo de hacer el bien, tener buenas intenciones con
el resto de las personas, ser amable o ayudar en la medida de nuestras posibilidades.
Sinceridad
Como virtud, la sinceridad se traduce en vivir y relacionarse sin intenciones ocultas a través de nuestros actos o
palabras. Se trata de uno de los valores morales por antonomasia, pues ser sincero con uno mismo nos lleva siempre
a ser sincero con los demás.
Empatía
Asimismo, la empatía está muy relacionada con la sinceridad. Quien busca la bondad, la felicidad o la sinceridad con
uno mismo, entiende que cualquier ser humano también vive en búsqueda constante de lo mismo. Por ello, la
empatía, que nos ayuda a ponernos en la situación de nuestros semejantes, también nos ayuda a entenderlos,
apoyarlos y ayudarlos cuando es necesario, que es lo mismo que nosotros deseamos, ¿o no?
Amor
Al igual que otros valores relacionados como la alegría u el optimismo, el amor es, muy probablemente, uno de los
sentimientos más fuertes de un ser humano: ¡amor por el arte!, ¡por nuestros seres queridos!, ¡amor por lo que
hacemos! Como valor humano, el amor es el motor que inicia el dar y el recibir, el convivir, el compartir, el respetar
o el confiar.
Paciencia
Contraria al aquí y al ahora, la paciencia nos enseña a luchar por aquello que deseamos, a tolerar una incomodidad o
una preocupación y a comprender que hay días buenos y días malos, pero pocos problemas sin solución.
Gratitud
Podíamos haber elegido otros valores, como la amistad, pero en Ayuda en Acción sabemos que la gratitud es, casi
siempre, la mayor recompensa para el que da y el gran gesto del que recibe. Es tan simple y tan compleja en sí
misma como agradecer a las personas que nos han ayudado o apoyado.
Perdón
A diferencia de la gratitud, el perdón no solo nos empodera como personas, sino que nos permite mostrar el camino
correcto a aquel individuo que ha obrado mal con nosotros y quizá con terceros; con el perdón desistimos del castigo
o la venganza frente a una persona que se comportó injustamente con nosotros.
Humildad
La humildad se basa en el hecho de que nadie lo sabe todo. Como seres humanos, nos movemos entre nuestros
propios límites y debilidades; una persona humilde sabe que juntos somos más, y, por ello, se preocupa por el bien
de todos los que le rodean.
Responsabilidad
A su vez, la responsabilidad adopta muchas facetas, desde aquella colectiva a la individual vinculada a nuestros
deberes, compromisos y obligaciones con terceros. Quizá es uno de los valores humanos que más dificultad entraña,
y para el que os recomendamos recordar siempre que la responsabilidad empieza en uno mismo.
Solidaridad
Por último, como ONG preocupada por principios como el esfuerzo colectivo, la transparencia institucional y la
dignidad de todas las personas, en Ayuda en Acción creemos que la solidaridad es uno de los grandes valores
humanos de nuestro tiempo.
La solidaridad es el sentimiento y el principio que nos permite ayudar a cualquier ser humano en cualquier
momento, en especial, en situaciones de desamparo, y creemos que recoge muchos de los valores humanos sobre
los que hemos podido hablar en este artículo, como la bondad, el amor, la humildad o la empatía. Porque creemos
que aprender sobre ellos es una buena forma de crecer como personas, y ayudar a que otros puedan educarse en
valores es la mejor forma de construir un mundo mejor.