MADHELIN GABRIELA BRIOSO VALDEZ
100046215
Psicología del Desarrollo I
Katherin M. Rodríguez Jaquez
1. Selección de la etapa del desarrollo:
Etapa: Niñez temprana (2 a 6 años).
Justificación: En la niñez temprana, los niños experimentan un rápido crecimiento
en el reconocimiento y manejo de sus emociones. Durante este período,
comienzan a desarrollar la capacidad de identificar diferentes emociones, tanto en
sí mismos como en los demás, lo cual es esencial para el desarrollo de la empatía
y la socialización. Según Erik Erikson, esta etapa se corresponde con la crisis
"Iniciativa vs. Culpa", donde los niños exploran su capacidad de iniciativa. Si
logran navegar sus emociones de manera adecuada, desarrollarán confianza en sí
mismos; de lo contrario, pueden experimentar sentimientos de culpa o baja
autoestima. Además, la teoría del apego de Bowlby subraya que el
establecimiento de vínculos seguros con los cuidadores durante esta etapa es
crucial para un desarrollo emocional saludable, permitiéndoles afrontar futuras
adversidades.
2. Identificación del área de intervención:
Área: Desarrollo emocional.
Justificación: El desarrollo emocional durante la niñez temprana tiene un impacto
significativo en la capacidad de los niños para regular sus emociones, interactuar
de manera adecuada con sus compañeros y cuidadores, y gestionar situaciones
estresantes. Los niños que no reciben una adecuada intervención emocional en
esta etapa pueden desarrollar problemas de comportamiento, dificultades para
formar relaciones saludables o trastornos emocionales a largo plazo. Además, el
desarrollo emocional está estrechamente vinculado con el desarrollo social y
cognitivo; los niños que comprenden y gestionan bien sus emociones tienden a
tener mejores resultados académicos y habilidades de resolución de problemas,
como lo sugiere la teoría del desarrollo socioemocional de Vygotsky. En este
sentido, abordar el desarrollo emocional en la niñez temprana es crucial para el
bienestar integral del niño.
3. Diseño del programa de intervención:
Objetivos:
1. Fomentar el reconocimiento de emociones: Lograr que los niños
identifiquen diferentes emociones (alegría, tristeza, enojo, miedo, etc.) y
aprendan a expresar cómo se sienten en diversas situaciones.
2. Promover la autorregulación emocional: Enseñar a los niños a manejar
sus emociones intensas (como la frustración o la ansiedad) a través de
técnicas de autorregulación y control de impulsos.
3. Desarrollar empatía: Ayudar a los niños a comprender los sentimientos de
los demás, desarrollando así habilidades sociales y de resolución de
conflictos.
Actividades:
1. Actividad de reconocimiento emocional con tarjetas:
Descripción: Utilizar tarjetas con imágenes de rostros expresando
diferentes emociones (felicidad, tristeza, sorpresa, miedo, etc.). Los
niños deben identificar la emoción representada y asociarla con
experiencias propias. Después, discutir en grupo qué situaciones
suelen generar esas emociones en su vida diaria.
Fundamentación teórica: Basada en la teoría del aprendizaje social
de Albert Bandura, esta actividad permite a los niños aprender a
través de la observación y la imitación de respuestas emocionales en
otros. Al identificar emociones ajenas, también comienzan a
desarrollar empatía.
2. Juego de relajación y control emocional:
Descripción: Los niños participarán en un juego donde inflan un
"globo imaginario" cada vez que respiren profundamente,
visualizando que con cada respiración liberan el estrés o el enojo.
Esta técnica se utiliza para ayudarles a calmarse en momentos de
frustración o enojo. Después, compartirán cómo se sintieron al
aplicar esta técnica.
Fundamentación teórica: Inspirada en la autorregulación
emocional propuesta por Bandura y la neurociencia del control de
impulsos, esta actividad enseña a los niños habilidades prácticas
para calmar su sistema nervioso en momentos de estrés.
3. Cuentos sobre empatía y resolución de conflictos:
Descripción: Leer cuentos que aborden situaciones de conflicto
entre personajes (por ejemplo, un personaje que se siente excluido
o enojado). Luego, se abrirá un espacio de discusión donde los
niños sugieran soluciones para que los personajes resuelvan sus
problemas de manera empática y constructiva. Al finalizar, los
niños dramatizan la solución más votada en grupo.
Fundamentación teórica: Basada en la teoría de la mente de
Piaget, esta actividad fomenta el desarrollo de la capacidad de
"ponerse en el lugar del otro", crucial para la resolución de
conflictos y el fortalecimiento de las relaciones sociales.
Recursos Necesarios:
Materiales:
Tarjetas con imágenes de emociones (imágenes impresas o
en formato digital).
Materiales para actividades de relajación, como música suave
o un rincón de tranquilidad en el aula.
Libros infantiles que aborden temas de emociones y empatía,
como "El monstruo de colores" de Anna Llenas o "Te quiero
(casi siempre)" de Anna Llenas.
Recursos humanos:
Psicólogo/a infantil o orientador/a especializado/a en
desarrollo emocional.
Maestros/as o educadores capacitados en técnicas de
desarrollo emocional.
Colaboración con los padres y cuidadores para reforzar en
casa lo aprendido.
Rol de los Padres/Cuidadores/Escuela:
Padres: Se organizarán talleres y reuniones con los padres para
proporcionarles herramientas sobre cómo hablar con sus hijos
acerca de las emociones y cómo ayudarles a gestionarlas. Se les
entregará una guía con actividades que pueden realizar en casa,
como la lectura de cuentos o juegos de relajación, para reforzar lo
aprendido en la intervención.
Escuela: La intervención estará alineada con las actividades diarias
en el aula. Se brindará capacitación a los maestros sobre cómo
integrar el aprendizaje emocional en las rutinas escolares, como
momentos de reflexión emocional al inicio o fin del día. También se
incluirán actividades grupales que fortalezcan el apoyo mutuo entre
los niños.
4. Opinión Personal:
Considero que este proyecto es una oportunidad clave para impactar
positivamente en la vida emocional de los niños. Al centrar la intervención en el
desarrollo emocional durante la niñez temprana, estamos construyendo una base
sólida que permitirá a los niños navegar mejor sus emociones, desarrollar
habilidades sociales saludables y enfrentarse a los desafíos futuros con resiliencia.
En un mundo donde las habilidades emocionales son esenciales para el bienestar
personal y las relaciones interpersonales, este tipo de intervención temprana
puede marcar una diferencia significativa en el éxito y la calidad de vida de los
niños a largo plazo.