Tema 4
La Constitución como fuente de derecho y como ordenadora de las
restantes fuentes de derecho
o El concepto de ordenamiento jurídico y de fuentes del derecho
El ordenamiento jurídico se refiere al conjunto de normas, principios y valores que
regulan la organización del poder, las relaciones entre el Estado y los ciudadanos, y
garantizan los derechos de las personas. También establece las políticas públicas
orientadas al bienestar general.
El término fuentes del derecho hace referencia a los diferentes tipos de normas (como
la Constitución, las leyes y los reglamentos) que conforman el ordenamiento jurídico, y
que pueden clasificarse según diversos criterios.
o La Constitución de 1978 como fuente de derecho
❖ Normatividad
Óscar Alzaga señala que los preceptos de la Constitución española de 1978 tienen una
eficacia no solo política, sino también normativa. Esto significa que su cumplimiento es
obligatorio y su violación es antijurídica. En este sentido, el Tribunal Constitucional ha
destacado que la Constitución no es solo un catálogo de principios abstractos, sino una
norma jurídica, la norma suprema de nuestro ordenamiento. Por ello, sus preceptos
pueden ser invocados ante los tribunales (STC 16/1982).
Los redactores de la Constitución española de 1978 quisieron garantizar su carácter
normativo de manera explícita, evitando cualquier debate al respecto. Así, la propia
Constitución establece su obligatoriedad en su texto, como señala M. A. Aparicio con el
concepto de autoatribución de eficacia normativa:
▪ Artículo 9.1 CE: «Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la
Constitución y al resto del ordenamiento jurídico».
▪ Artículo 53.1 CE: «Los derechos y libertades reconocidos en el Capítulo
segundo del presente Título vinculan a todos los poderes públicos».
El carácter normativo de la Constitución se refleja también en su eficacia derogatoria,
reconocida en su disposición derogatoria, lo que demuestra su capacidad para
modificar el ordenamiento jurídico y desplazar normas anteriores.
Además, normas legales, como el Artículo 5.1 de la LOPJ, destacan su supremacía:
▪ Artículo 5.1 LOPJ: «La Constitución es la norma suprema del ordenamiento
jurídico y vincula a todos los jueces y tribunales».
❖ Supremacía
La Constitución no solo es una norma jurídica, sino que es la norma suprema del
ordenamiento, de la que depende la validez de todas las demás. Como expresión del
poder constituyente, tiene una jerarquía superior a las demás normas, y todos los
poderes constituidos deben ajustarse a ella para ejercer las competencias que se les
han otorgado.
Todo el ordenamiento jurídico está subordinado a la Constitución, que se organiza
según el principio de constitucionalidad. Además, la Constitución posee una fuerza
activa y pasiva frente a otras normas, siendo superior e inmune a ellas. Su supra
legalidad asegura su inmunidad frente a cualquier norma inferior.
El principio de supremacía constitucional se refleja con claridad en la propia
Constitución:
El Artículo 9.1 CE establece que «los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a
la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico». De este precepto se pueden
destacar dos puntos:
▪ Jerarquía normativa: Se diferencia claramente la Constitución, que ocupa un
plano superior, del resto del ordenamiento, que está subordinado a ella.
▪ Distinta vinculación de ciudadanos y poderes públicos: Según el Tribunal
Constitucional (STC 101/1983 y jurisprudencia posterior), la vinculación de los
ciudadanos y los poderes públicos no es idéntica:
➢ Los ciudadanos tienen un deber general de abstenerse de cualquier
actuación contraria a la Constitución (vinculación negativa), aunque
existen excepciones que implican deberes positivos, como defender
España o contribuir al sostenimiento de los gastos públicos.
➢ Los poderes públicos, además de la vinculación negativa, tienen un
deber positivo de actuar conforme a la Constitución (vinculación
positiva), lo que se refleja, por ejemplo, en el requisito de prestar
juramento o promesa de acatamiento de la Constitución.
No obstante, este deber positivo no implica una adhesión ideológica
total, ya que, como señala el Tribunal Constitucional, respetar la
Constitución también implica aceptar la posibilidad de modificarla
conforme al procedimiento establecido en los artículos 166 y siguientes
de la misma.
❖ Eficacia
La Constitución española de 1978 no contiene ningún enunciado que no sea
normativo. Sin embargo, dado que incluye normas de diversa naturaleza, es posible
identificar diferentes grados de operatividad o eficacia jurídica dentro de su articulado.
A pesar de esta heterogeneidad, todas las normas de la Constitución comparten un
aspecto común: son condición de validez y sirven como parámetro para interpretar las
normas de rango inferior.
Existen distintas modalidades de eficacia de los distintos mandatos constitucionales
agrupando cinco supuestos.
1. En primer lugar, existen normas cuya aplicación no requiere un desarrollo
normativo adicional, salvo cuando el propio texto lo indique, y que pueden
fundamentar una pretensión jurídica ante los tribunales. Estas normas,
conocidas como completas o self-executing, no necesitan concreciones
normativas adicionales ni están condicionadas por una intervención Legislativa.
▪ El Tribunal Constitucional ha reconocido un "principio general" de
"aplicabilidad inmediata" de los derechos y libertades, con excepción
solo en los casos en que la Constitución lo disponga o la naturaleza de la
norma impida su aplicación inmediata (STC 15/1982, FJ 8, y STC
254/1993, FJ 6).
▪ Las normas que regulan la composición y funcionamiento de los órganos
constitucionales, como la formación del Gobierno o la organización del
Tribunal Constitucional, a veces requieren una labor de concreción por
parte de los poderes públicos. Por ejemplo, el artículo 68.1 de la
Constitución establece un rango de diputados para el Congreso, pero
corresponde al legislador precisar su composición exacta.
▪ Normas que regulan el sistema de fuentes (así, por ejemplo, los
preceptos referidos a las leyes orgánicas o a los decretos legislativos).
▪ Normas que regulan la reforma constitucional (Título X).
▪ Algunos mandatos de carácter imperativo, como los establecidos en los
artículos 3 a 5 (referentes al idioma, banderas y capitalidad del Estado) y
en el artículo 12 (sobre la mayoría de edad), son normas que deben
cumplirse de manera estricta.
2. En segundo lugar, existen normas que requieren un desarrollo posterior para
ser eficaces. Este desarrollo puede ser normativo, mediante una intervención
legislativa, o a través de políticas públicas que sigan el mandato constitucional.
Así, estas reglas no pueden ser aplicadas directamente por los tribunales ni
generan de inmediato derechos subjetivos para sus destinatarios.
▪ El Capítulo III del Título I («De los principios rectores de la política social y
económica»), arts. 32 a 52
La eficacia limitada de este grupo de normas se establece en el artículo 53.3 de la
Constitución, que dispone que los principios reconocidos en el Capítulo III guiarán la
legislación, la práctica judicial y la actuación de los poderes públicos. Estos principios
solo pueden ser alegados ante la jurisdicción ordinaria según lo dispuesto por las leyes
que los desarrollen.
Sin embargo, esta eficacia limitada no significa que carezcan de efecto jurídico. El
Tribunal Constitucional ha afirmado que, según el artículo 53.3, estos principios no son
normas sin contenido y deben ser considerados al interpretar otras normas
constitucionales y leyes. El TC los emplea como parámetro en la resolución de recursos
de amparo, control de constitucionalidad de leyes y en la resolución de conflictos de
competencia.
3. En tercer lugar, están las garantías institucionales: con ellas la Constitución
reconoce y garantiza una serie de instituciones preexistentes, que considera
valiosas e imprescindibles. Entre ellas cabe destacar:
▪ La autonomía legal.
▪ El régimen foral de los territorios históricos.
4. En cuarto lugar, la Constitución contiene normas que consagran valores o
principios generales del orden jurídico-político. Estas reglas tienen autonomía
propia y pueden ser invocadas ante los tribunales, aunque no bastan por sí solas
para fundamentar una pretensión jurídica, ya que se presentan como principios
abstractos que no crean derechos subjetivos. Aunque carecen de estructura
típica de una norma, sirven como criterio para interpretar otras normas. Su
eficacia es inmediata, pero no directa.
▪ Art. 9.3 CE, que recoge los principios esenciales del sistema normativo
5. El caso de eficacia más débil corresponde a las normas que contienen manda-
tos, habilitaciones o remisiones al legislador para que regule ciertos temas. El
cumplimiento de estos mandatos no puede ser exigido judicialmente, ni si-
quiera ante el Tribunal Constitucional, ya que en nuestro sistema no existe el
recurso de inconstitucionalidad por omisión.
▪ Art. 54 CE (la regulación de la institución del defensor del pueblo).
6. En último lugar, cabe hacer mención del preámbulo de la Constitución. No
tiene fuerza normativa, pero posee un valor jurídicamente cualificado como
pauta de interpretación de las normas.
En Alemania, por ejemplo, Otto Bachof defendió en 1951 la existencia de «normas
constitucionales inconstitucionales». Este planteamiento –todavía sostenido por parte
de la doctrina alemana– se asentaba sobre la base de la superioridad de rango de los
preceptos declarados irreformables (recuérdese el concepto «cláusulas de
intangibilidad»).
o Los procedimientos de reforma constitucional
❖ Cuestiones generales
La reforma de la Constitución es un acto significativo, ya que implica una modifica-
ción deliberada del modelo político establecido por el poder constituyente. Sin em-
bargo, las modificaciones pueden variar en su alcance. A diferencia de la elabora-
ción original, la reforma se realiza mediante procedimientos establecidos por la
propia Constitución, lo que implica que la intervención del poder constituyente no
es primaria, sino que se ajusta a un proceso predefinido por el poder originario.
Se denomina "poder constituyente constituido" a aquel que, aunque puede refor-
mar la decisión del constituyente originario (por lo que es considerado un poder
"constituyente"), debe seguir los procedimientos establecidos por este (de ahí que
sea un poder "constituido").
Los procedimientos de reforma constitucional varían en el Derecho comparado y,
en algunos casos, no requieren la intervención directa del pueblo soberano, espe-
cialmente cuando la reforma es de poca relevancia. En estos casos, el legislador or-
dinario actúa como el constituyente constituido, en representación del pueblo.
La Constitución establece en su Título X (arts. 166-169) dos procedimientos de re-
forma, ambos rígidos y más complejos que el procedimiento legislativo ordinario,
con el fin de garantizar su supremacía. La rigidez impide que la Constitución sea
modificada por leyes ordinarias que la contradigan.
El artículo 167 regula el procedimiento ordinario de reforma, mientras que el ar-
tículo 168 establece un procedimiento agravado para reformas de mayor relevan-
cia. Desde su promulgación, la Constitución ha sido reformada solo tres veces, to-
das mediante el procedimiento ordinario del artículo 167.
La Constitución española establece dos procedimientos de reforma con distintos
grados de rigidez, lo que refleja su intención de dificultar la modificación de aspec-
tos clave del sistema, pero sin excluir la posibilidad de reforma. Esta opción res-
ponde a la idea de que imponer límites materiales a la reforma, es decir, excluir
ciertos contenidos de la posibilidad de modificación, no es una barrera efectiva
contra cambios políticos. De hecho, en cuestiones esenciales, la acción política po-
dría prevalecer sobre los procedimientos constitucionales. Por eso, la reforma si-
gue siendo posible incluso para los aspectos más fundamentales, lo que permite
canalizar transformaciones y prevenir cambios informales.
Desde una perspectiva formal, las cláusulas de inmodificabilidad son ineficaces. La
transición española de la dictadura franquista a la democracia demostró que tales
cláusulas no impiden la sustitución de un sistema político por otro de principios opues-
tos, siempre respetando los procedimientos de reforma.
❖ La iniciativa de reforma
La iniciativa de reforma constitucional es el derecho de iniciar el proceso de modifica-
ción de la Constitución. La Constitución española establece requisitos y condiciones so-
bre cuándo puede iniciarse y quiénes son los sujetos habilitados para hacerlo, aplica-
bles tanto al procedimiento ordinario como al agravado.
La Constitución española prohíbe iniciar una reforma constitucional durante tiempos
de guerra o cuando esté vigente alguno de los estados de excepción previstos en el ar-
tículo 116 (art. 169). Esto busca asegurar que las reformas se lleven a cabo en un en-
torno de normalidad política, evitando decisiones influenciadas por reacciones emo-
cionales o presiones.
Aunque solo se impide el inicio de la reforma, no su tramitación, se busca garantizar
estabilidad institucional. Además, se excluye la celebración de referéndums de re-
forma constitucional durante los estados de excepción o en los noventa días siguientes
a su levantamiento. Esta limitación ha generado dudas de constitucionalidad, pues no
está prevista en la Constitución y podría bloquear la conclusión de una reforma en
curso mediante la declaración de un estado de excepción.
El artículo 166 de la Constitución establece que la iniciativa para iniciar el proceso de
reforma constitucional corresponde a los mismos sujetos que pueden iniciar un proce-
dimiento legislativo ordinario: el Gobierno, cada una de las Cámaras de las Cortes, y,
con limitaciones, las Asambleas de las Comunidades Autónomas. En cambio, se excluye
la posibilidad de iniciativa popular para la reforma constitucional.
La iniciativa de reforma constitucional se regula en los Reglamentos parlamentarios. El
Gobierno la ejerce al enviar un proyecto de reforma al Congreso para su tramitación.
En el caso de las Cámaras, la iniciativa corresponde a la Cámara en su conjunto, no a
los diputados o senadores individuales.
El Reglamento del Congreso exige que las proposiciones de reforma sean suscritas por
dos grupos parlamentarios o el 20% de los diputados (70), en lugar de 15 miembros. En
el Senado, se requiere la firma de 50 senadores no pertenecientes a un único grupo.
Las Asambleas de las Comunidades Autónomas solo pueden solicitar al Gobierno la
adopción de un proyecto de reforma o remitir una proposición al Congreso, pero esta
solicitud no obliga a tomar acción. Así, su papel se limita a presentar propuestas de re-
forma, no de iniciativa directa.
Procedimiento Ordinario de Reforma Constitucional (Art. 167 CE)
El procedimiento ordinario de reforma constitucional, regulado en el artículo 167
de la Constitución, se inicia con la propuesta de reforma, que puede provenir del
Gobierno, el Congreso o el Senado. La propuesta debe ser aprobada por una mayo-
ría de tres quintos de cada Cámara, con el Congreso decidiendo primero. La mayo-
ría se calcula sobre el número total de miembros de las Cámaras.
Si ambas Cámaras discrepan, se forma una Comisión mixta de Diputados y Senado-
res para consensuar un texto común, que debe ser aprobado por mayoría de tres
quintos en ambas Cámaras. Si el texto no alcanza la mayoría requerida en cual-
quiera de las Cámaras, o si la Comisión mixta no llega a un acuerdo, la reforma se
considera rechazada.
Si el Senado no aprueba la reforma con la mayoría de tres quintos, pero obtiene al
menos una mayoría absoluta (50%), el Congreso puede aprobarla por una mayoría
de dos tercios. Esta modalidad permite que el Congreso tenga mayor peso en la re-
forma, incluso si el Senado no cumple con la mayoría inicial.
Una tercera modalidad permite que, si lo solicita el 10% de los miembros de cual-
quiera de las Cámaras, la reforma aprobada por las Cortes se someta a referéndum
para su ratificación, dentro de los 15 días siguientes a la aprobación. Esta opción da
la oportunidad de ratificar reformas de alto consenso popular, mientras que evita
la consulta en reformas con amplio respaldo parlamentario.
El sistema de reforma es respetuoso con el principio de soberanía popular, ya que,
en última instancia, se puede recurrir al referéndum. Hasta ahora, se han aprobado
tres reformas mediante este procedimiento: en 1992 (modificación del artículo
13.2 sobre el sufragio pasivo de los extranjeros), en 2011 (reforma del artículo 135
sobre estabilidad presupuestaria), y en 2024 (ampliación de los derechos de las
personas con discapacidad). En todos los casos, las reformas fueron aprobadas por
amplia mayoría y sin necesidad de referéndum.
Procedimiento Agravado de Reforma Constitucional (Art. 168 CE)
El procedimiento agravado de reforma constitucional, regulado en el artículo 168,
es considerablemente más rígido y complejo que el procedimiento ordinario. Se
aplica cuando la reforma implique una revisión total de la Constitución o afecte a
aspectos clave como el Título Preliminar, los derechos fundamentales y las liberta-
des públicas (Capítulo Segundo, Sección Primera, Título I), o la institución de la Co-
rona (Título II). Estos elementos representan los fundamentos esenciales del sis-
tema constitucional y, por ello, su modificación requiere un proceso más estricto.
La reforma debe ser aprobada por una mayoría de dos tercios en cada Cámara del
Parlamento. No se exige un texto articulado de reforma en esta etapa inicial; se ha-
bla más bien de una "decisión" de reforma. Una vez aprobada esta decisión en am-
bas Cámaras, se disuelven las Cortes y se convocan nuevas elecciones.
Las nuevas Cámaras deben ratificar la decisión de reforma por mayoría simple, sin
necesidad de una mayoría cualificada.
Después, se procede al estudio y aprobación del texto de la reforma por mayoría
de dos tercios en ambas Cámaras. Finalmente, la reforma debe ser sometida a re-
feréndum para su ratificación. Además, el referéndum no podrá celebrarse durante
los estados de excepción o sitio, ni en los noventa días posteriores.
Este procedimiento involucra dos legislaturas y dos consultas al electorado. Pri-
mero, las Cortes elegidas deben aprobar la decisión de reforma, luego las nuevas
Cortes ratifican la propuesta y finalmente, el electorado se pronuncia mediante re-
feréndum. Es un proceso significativamente más riguroso que el ordinario, dise-
ñado para asegurar un consenso amplio y una ratificación popular de las reformas
más fundamentales de la Constitución.
o Principios constitucionales informadores del ordenamiento jurídico.
❖ El principio de legalidad
El principio de legalidad tiene una dimensión clave en el Estado de Derecho, que esta-
blece que la actuación administrativa debe estar subordinada al ordenamiento jurí-
dico, específicamente a las leyes aprobadas por las Cortes Generales o las asambleas
legislativas de las Comunidades Autónomas. Este principio refleja la supremacía del
parlamento, como representante de la voluntad popular, en la creación de leyes a tra-
vés de un proceso público y reflexivo. Una consecuencia de esto es la "reserva de ley",
que establece que ciertos temas solo pueden ser regulados por ley y no por normas de
rango inferior, como los reglamentos.
Además, el principio de legalidad también implica la subordinación del poder judicial a
la ley, según el artículo 117.1 de la Constitución Española, que establece que los jueces
y magistrados están únicamente sometidos a la ley, garantizando la legalidad frente a
la arbitrariedad y siendo compatible con la independencia judicial.
❖ El principio de jerarquía normativa
El principio de jerarquía normativa, recogido en el artículo 9.3 de la Constitución Espa-
ñola y en otras normativas como el artículo 1.2 del Código Civil y el artículo 6 de la Ley
Orgánica del Poder Judicial, se deriva del principio democrático. Establece que las nor-
mas con mayor legitimidad, por su proximidad a la soberanía popular, tienen un valor
superior. Esto se traduce en una estructura jerárquica de las normas, donde la Consti-
tución ocupa la cúspide, seguida de la ley y, por último, el reglamento. Dentro de los
reglamentos, también existen rangos jerárquicos (por ejemplo, un decreto guberna-
mental es superior a una orden ministerial), mientras que, entre las leyes, la jerarquía
se basa en otros criterios.
❖ El principio de publicidad
Las normas deben ser publicadas para que sean vigentes. Según el artículo 6.1 del Có-
digo Civil, la ignorancia de las leyes no exime de su cumplimiento, lo que significa que
los ciudadanos deben tener la posibilidad de conocerlas. El Tribunal Constitucional ha
afirmado que la publicidad de las normas es un principio garantizado por la Constitu-
ción, esencial para la seguridad jurídica y el ejercicio de los derechos ciudadanos.
Solo mediante la publicación se asegura que los ciudadanos y los poderes públicos es-
tén informados sobre las normas. La publicación de una norma marca su entrada en
vigor, que se produce 20 días después de su publicación si no se establece otro plazo.
La publicidad de las normas más importantes se realiza en los diarios oficiales:
▪ El Diario Oficial de la Unión Europea
▪ El Boletín Oficial del Estado
▪ El Boletín Oficial de la Comunidad Autónoma
▪ El Boletín Oficial de la Provincia
¿Qué normas deben publicarse en los diarios oficiales?
Las siguientes normas deben ser publicadas para ser consideradas vigentes:
1. Normas con rango de ley (art. 91 CE y art. 131 LPACAP).
2. Tratados internacionales y sus reservas (art. 96.1 CE, STC 141/1998).
3. Reglamentos que sean verdaderamente de carácter general o disposiciones
(art. 131 LPACAP, STC 179/1989), incluidos los reglamentos parlamentarios,
pero no los reglamentos administrativos que solo afectan a la Administración,
como en el caso de los concursos de traslados entre funcionarios (STC
45/1985).
4. Sentencias del Tribunal Constitucional (art. 164.1 CE) y otras sentencias judi-
ciales que anulen normas (STC 195/2005, art. 107.2 LJCA).
❖ El principio de irretroactividad
El Diccionario del español jurídico define la retroactividad como la aplicación de una
norma o sentencia a hechos ocurridos en el pasado. En el ordenamiento jurídico espa-
ñol, la retroactividad de las normas está permitida como regla general.
Según la Constitución de 1978, la retroactividad de las normas únicamente está prohi-
bida en los siguientes supuestos:
El artículo 83 de la Constitución Española prohíbe que las leyes de bases otorguen al
gobierno la facultad de dictar normas retroactivas.
Al respecto, el Tribunal Constitucional ha dicho que:
La irretroactividad solo se aplica a los derechos consolidados y ya ejercidos, es decir,
aquellos que forman parte del patrimonio del sujeto. No se aplica a derechos pendien-
tes, futuros, condicionados o expectativas. Así, una norma solo se considera retroac-
tiva en el sentido del artículo 9.3 CE cuando afecta a "relaciones consagradas" o "situa-
ciones agotadas". La prohibición de retroactividad no protege derechos proyectados
hacia el futuro ni aquellos aún no ejercidos. Por tanto, la retroactividad no se extiende
a situaciones de "retroactividad de grado medio o mínimo" que afectan a derechos
pendientes o condicionales.
❖ El principio de seguridad jurídica
Recasens Siches sostiene que el Derecho no surge para rendir culto a la justicia, sino
para satisfacer la necesidad humana de seguridad. Según el Tribunal Constitucional, la
seguridad jurídica implica certeza, legalidad, jerarquía, publicidad normativa, irretroac-
tividad de lo no favorable, y la prohibición de la arbitrariedad, con el objetivo de pro-
mover justicia e igualdad en libertad. Además, el principio de seguridad jurídica implica
predictibilidad, es decir, que los ciudadanos puedan anticipar las consecuencias jurídi-
cas de sus actos.
❖ El principio de interdicción de la arbitrariedad y la responsabilidad de los
poderes públicos.
El principio de interdicción de la arbitrariedad prohíbe que los poderes públicos actúen
sin un fundamento objetivo, razonable o proporcionado. Originalmente aplicable a la
administración, la Constitución lo extiende a todos los poderes públicos, lo que ha lle-
vado al Tribunal Constitucional a aplicarlo también al legislador (por ejemplo, en la STC
79/1991). Este principio, planteado inicialmente por el profesor Eduardo García de En-
terría, busca evitar el abuso de poder y garantizar que las acciones del Estado estén
justificadas y sean proporcionales.
o Las reglas para la resolución de conflictos y antinomias
❖ El criterio cronológico
El ordenamiento jurídico evoluciona con el tiempo, y las normas que regulan una
misma materia se suceden y reemplazan a las anteriores. Este fenómeno se conoce
como derogación, reflejado en la regla "lex posterior derogat priori" (art. 2.2 CC). En
el derecho español, la derogación afecta a normas anteriores de igual o menor rango,
sin que sea necesario declarar su invalidez, salvo en casos de contradicción con normas
posteriores de igual jerarquía, lo que implicaría nulidad. Por ejemplo, los reglamentos
vigentes quedan derogados si entran en vigor leyes que los contradicen.
Así pues, una norma posterior puede derogar a otra anterior de igual o inferior rango y
para que ello se produzca debe darse alguna de las dos siguientes hipótesis:
1. La derogación expresa ocurre cuando una norma posterior establece explícita-
mente su efecto derogatorio. La derogación puede ser:
• Formal: cuando menciona específicamente las disposiciones derogadas.
• Material: cuando utiliza una cláusula general que deroga todas las dis-
posiciones incompatibles con la nueva norma.
• Total, o parcial: dependiendo si afecta a la ley o al reglamento en su to-
talidad o solo a partes de ellos.
2. La derogación tácita ocurre cuando la norma posterior no menciona explícita-
mente su efecto derogatorio. El intérprete debe determinar si existe alguno de
los siguientes subtipos:
• Derogación por incompatibilidad: cuando la nueva norma contradice a
la anterior, desplazándola total o parcialmente.
• Derogación por absorción: cuando la nueva norma regula parcialmente
o en su totalidad la misma materia que la anterior, lo que implica que
deroga a la normativa anterior.
❖ El criterio de la jerarquía normativa
El principio de jerarquía establece que las normas se organizan en diferentes niveles, y
esta jerarquía influye en su capacidad para modificar o derogar otras normas.
1. Fuerza activa o innovadora: Las normas de mayor rango pueden modificar o
derogar aquellas de rango inferior o igual. Este concepto está relacionado con
la regla "lex posterior derogat priori", según la cual una norma posterior puede
derogar una anterior en caso de contradicción.
2. Fuerza pasiva o de resistencia: Las normas de rango inferior solo pueden ser
modificadas o derogadas por normas de igual rango o superior, resistiendo
cambios provenientes de normas de menor jerarquía.
En caso de contradicción entre normas, prevalece la de mayor rango. Si una norma de
rango inferior entra en contradicción con una norma superior, será inválida.
Tipos de contradicción y sanciones:
▪ Constitución vs. Ley: Si la contradicción se da entre la Constitución y una ley
posterior, la sanción es la nulidad, que tiene efectos erga omnes, es decir, la
norma se expulsa definitivamente del ordenamiento jurídico. Esta nulidad solo
puede ser declarada por el Tribunal Constitucional.
▪ Ley vs. Reglamento: Si la contradicción es entre una ley y un reglamento poste-
rior, la sanción puede ser la inaplicación del reglamento por un juez ordinario
en un caso concreto (según el art. 6 LOPJ) o la nulidad, que puede ser declarada
por los tribunales contencioso-administrativos.
Efectos de la anulación e inaplicación
▪ La anulación siempre tiene efectos erga omnes, afectando a todos y
expulsando la norma del ordenamiento.
▪ La inaplicación tiene efectos Inter partes, es decir, solo afecta a las partes im-
plicadas en el caso concreto. La incompatibilidad de la norma con una superior
puede ser evaluada de diferentes maneras, y distintas autoridades judiciales
pueden adoptar decisiones dispares sobre la aplicabilidad de una norma regla-
mentaria. Esto se resuelve mediante la jurisprudencia del Tribunal Supremo o la
anulación por los tribunales contencioso-administrativos.
❖ El criterio de la competencia
La Constitución es la norma de mayor jerarquía, estableciendo la distribución de com-
petencias entre el subsistema estatal y los sistemas autonómicos. El criterio de la com-
petencia se refiere a la asignación exclusiva de materias a ciertos tipos de normas, im-
pidiendo que otras intervengan en esas áreas específicas.
Hay que distinguir entre tres supuestos de normas que se relacionan entre sí aten-
diendo al principio de la competencia:
Normas procedentes de distinto órgano y con distinto ámbito material
En este caso, vemos cómo las normas dictadas por órganos distintos (Cortes Generales
y un parlamento autonómico) que ejercen su potestad normativa sobre un ámbito ma-
terial determinado (relaciones internacionales y turismo, respectivamente) se relacio-
nan entre sí atendiendo al criterio de la competencia
Normas procedentes del mismo órgano y con distinto ámbito material y procedi-
miento de aprobación.
Determinadas categorías normativas emanadas del poder legislativo estatal se
relacionan entre sí atendiendo al criterio de la competencia dado que están vinculadas
a un determinado ámbito material (reservado en exclusiva a ese tipo de norma) y
presentan, además, algunas variantes procedimentales.
Normas procedentes de distintos órganos y con el mismo ámbito material, pero con
distintas potestades normativas.
Cuando existen materias compartidas entre entes territoriales, como en el caso de las
normas basadas en el binomio bases-desarrollo, el criterio de la competencia
establece que las normas básicas del Estado tienen fuerza para derogar las leyes de
desarrollo de las Comunidades Autónomas, pero no al revés. El principio de
competencia se vulnera cuando una norma regula materias que no le corresponden,
independientemente de su rango. Las normas que invaden competencias ajenas son
inválidas, y su sanción puede ser nulidad o inaplicación, incluso sin contradicción entre
las normas.