Cine y Memoria: Archivos Filmoteca
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Cine y memoria
Archivos de La Filmoteca
noviembre 2024 15 € Revista de estudios históricos sobre la imagen
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Autoras y autores número 79 / Authors Issue 79
↘ Jaime Pena Pérez (Filmoteca de Galicia) Edición digital / Digital edition
↘ Javier Navarro Navarro (Universitat de València) www.archivosdelafilmoteca.com
↘ Agustín Gámir Orueta (Universidad Carlos III de Madrid) archivosdelafilmoteca.ivac.gva.es
↘ Carlos Arenas Orient (Universitat de València/Universitat
Oberta de Catalunya)
↘ Begoña Gutiérrez San Miguel (Universidad de Salamanca)
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Científicas y Técnicas, Argentina)
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fotógrafa / writer, graphic designer and photographer)
↘ María José Higueras Ruiz (Universidad de Salamanca)
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festivales / filmmaker and festival producer)
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Prólogo
Álvaro López-Jamar
↘7
EDITORIAL
5
OTRAS MIRADAS
DEBATE Y TENDENCIAS
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PRÓLOGO
Álvaro López-Jamar
Director general del Institut Valencià de Cultura
7
EDITORIAL
EDITORIAL
Montserrat Hormigos Vaquero
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Archivos de la Filmoteca Editorial Montserrat Hormigos Vaquero
Pero como no se trata solo de establecer una trama histórica del cine, sino de dar
cabida a otras miradas para no caer en la trampa de la memoria selectiva, en el presente
número se incluyen artículos sobre cine que ahonda en las memorias de las minorías, que
deconstruye la memoria impuesta y heredada, el discurso hegemónico y Mainstream, hete-
ropatriarcal y/o colonialista. Porque, ¿qué ocurre con las minorías infrarrepresentadas?, ¿se
las representa estricto sensu cuando la memoria es vicaria? En este mundo de globalización
discursiva y representativa corremos el riesgo de extraviar memorias étnicas ancestrales,
otros modos de transmisión de la memoria (oral, performativa), paisajes físicos y mentales de
otras geografías, visiones y cosmologías poscoloniales, cuerpos y orientaciones sexuales
invisibilizados por no normativos, expresiones artísticas de las subculturas y de los movi-
mientos contraculturales…Todo más normativo, todo menos diverso y mucho menos enri-
quecedor. De ahí la importancia de una ecología de la memoria y del análisis fílmico inclusivo.
El espacio destinado a Debate y tendencias está dedicado a otro acontecimiento
mundial que ya para siempre se quedará grabado en nuestra memoria colectiva a nivel global
(sino sufrimos de amnesia), la pandemia de covid-19 y cómo cambió en aquellos momentos
de nuestro pasado inmediato la forma de producir, exhibir y consumir cine. Por último inclui-
mos el apartado La Filmoteca. Patrimonio Audiovisual, recordando en flash back, de un lado,
la excelente labor de la institución a lo largo del tiempo, poniendo en valor las actividades
dinamizadoras del panorama cultural valenciano llevadas a cabo en el pasado 2023 y en el
2024. De otro, una joya de la producción fílmica valenciana, Cada ver es de Ángel García del
Val, para lo que contamos con una experta cicerone que estuvo presente en su estreno no
oficial. Porque más allá de restos, cadáveres y fantasmas de la memoria, el cine nos ancla a
la memoria compartida. Quizás esa sea parte de su magia.
Nota editorial
Como directora de este número de Archivos de la Filmoteca quiero pedir disculpas a las
autoras y autores de los textos, entregados en tiempo y forma, así como a las lectoras y lec-
tores, por el desfase en la previsión de fechas para la publicación de la revista, por motivos
ajenos a quien aquí suscribe. Quiero también agradecer al excelente equipo de profesiona-
les de la Filmoteca —a quienes tampoco es achacable el retraso—, así como al director de
la institución saliente y a la directora entrante, por haber apostado por reflotar una revista que
ha ocupado desde sus inicios un lugar de prestigio en el mundo de la cultura y del análisis e
historia del audiovisual y que ha contado con destacados directores y miembros en su con-
sejo de redacción y comité científico. Con la humildad de quien inicia un nuevo proyecto que
atesora unos precedentes de solvente calidad y teniendo en cuenta el contexto de cambios
vertiginosos en el que nos encontramos inmersas e inmersos, esperamos que este número
pueda servir como objeto material y virtual para la memoria audiovisual colectiva.
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TRAMA. HISTORIA DEL CINE
Testimonios de supervivientes.
La representación del exterminio en
el documental post-lanzmanniano
Jaime Pena
Sorprende la escasa relevancia pública alcanzada por el último proyecto de Claude Lanzmann, Les quatre
soeurs (2017), estrenado en el canal de televisión francés Arte a principios de 2018, pocos antes del fa-
llecimiento de su autor a la edad de 92 años. Quizás el hecho de que se tratase de una serie de televisión
de cuatro capítulos pudo confundir a muchos, también la polémica en torno a su película inmediatamente
anterior, Napalm (2017), que narraba un episodio sentimental sucedido en Corea del Norte que Lanzmann
ya había contado en su autobiografía La liebre de la Patagonia (2011) y que había sido recibida con cierta
incomodidad en su presentación en el Festival de Cannes. Napalm era la primera de sus películas que no
abordaba el tema de la Shoah ni de Israel, que no tenía la cuestión judía como eje central de su discurso. Pa-
radójicamente, Les quatre soeurs volvía a esa temática y, como ya sucediera con Un vivant qui passe (1999),
Sobibór, 14 octobre 1943, 16 heures (2001), Le rapport Karski (2010) y El último de los injustos (Le dernier
des injustes, 2013), se servía del material «sobrante» de Shoah (1985), de la ingente cantidad de entrevistas
realizadas a supervivientes de la Shoah durante el proceso de filmación de la película, muchas de las cuales
habían permanecido inéditas, parcial o totalmente.
Y, efectivamente, Les quatre soeurs entra en este capítulo con cuatro episodios de muy diferente
duración, desde los 53 minutos del más corto a los 93 del más largo. En realidad, no tiene mucho sentido
hablar de episodios ni de una serie televisa en cuanto tal, ya que más bien se trata de cuatro películas
independientes, por más que haya muchos nexos comunes; lo que ocurre es que esos vínculos entre los
cuatro episodios (o películas) son los mismos que mantienen con el resto de «afluentes» de Shoah, como
Lanzmann gustaba definir los títulos mencionados con anterioridad que recuperaban esos materiales in-
éditos conservados en el Holocaust Memorial Museum de los Estados Unidos (USHMM). Hablaremos más
adelante de ese hilo común que conecta a estas cuatro entrevistas cuya principal singularidad deriva de su
enfoque, radicalmente distinto al empleado en Shoah y en la mayoría de aquellos «afluentes».
En 1996 Claude Lanzmann depositó en el USHMM la totalidad de los materiales fílmicos y docu-
mentales de su película Shoah y que, según la web del museo, totalizan unas 185 horas de descartes de
entrevistas y 35 de filmaciones en las localizaciones. Para Les quatre soeurs rescata las entrevistas con
Ruth Elias (160 minutos de brutos), Ada Lichtman (162 minutos), Paula Biren (129 minutos) y Hanna Marton
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Archivos de la Filmoteca Testimonios de supervivientes. La representación
del exterminio en el documental post-lanzmanniano Jaime Pena
(213 minutos) filmadas entre 1978 y 1979 para componer cuatro retratos (titulados respectivamente, Le ser-
ment d’Hippocrate, La Puce joyeuse, Baluty y L’arche de Noé) en los que lo importante es la biografía de sus
protagonistas y no tanto su relación con la Shoah, por más que esta sea el fundamento de las entrevistas
(de hecho, fragmentos de estas entrevistas con Elias y Biren ya salían en la película de 1985). Pero esa es la
diferencia con Shoah y con sus películas anteriores sobre el mismo tema, en las que los testigos estaban al
servicio de un tema mayor, de lo que sus declaraciones podían aportar, en el caso específico de Shoah, a la
descripción precisa de toda la maquinaria de la Solución Final organizada por el nacionalsocialismo. El último
de los injustos parte de la larga entrevista (más de once horas conservadas en el USHMM) que Lanzmann
le hizo al rabino Benjamin Murmelstein en 1976, pero la película aborda principalmente la historia del gueto
de Theresienstadt, donde Murmelstein fue responsable del Consejo Judío.
Lo que en Shoah es puro formalismo, el lugar y la palabra como fórmula que restituya la verdad so-
bre el exterminio de los judíos europeos (Chevrie y Le Roux, 2009), en Les quatre soeurs es mera sumisión al
entrevistado. No se puede descartar que el resto de las entrevistas realizadas por Lanzmann para su película
monumental partan de la misma premisa; otra cuestión es que el montaje hubiera acabado por enterrarla,
sometiéndola a una causa más importante. En Les quatre soeurs no hay más que las cuatro mujeres a las que
entrevista y el propio entrevistador y cineasta. A lo que asistimos es a su itinerario vital en estos años que van
desde la llegada de los alemanes a Checoslovaquia, Polonia o Hungría hasta su liberación en 1945, pasando,
evidentemente, en tres de los cuatro casos, por los campos de Theresienstadt, Sobibor o Auschwitz. La
habilidad de Lanzmann como entrevistador está ahí, como en Shoah, con su profundo conocimiento de los
hechos históricos que investiga y para los que busca los testimonios precisos. Por supuesto, hay montaje, el
que permite resumir a la mitad o a la tercera parte la extensión original de las filmaciones, pero ese montaje no
busca construir un sentido a partir de la combinación de diferentes elementos: tenemos la palabra, pero esta
no se desvincula del lugar en el que está siendo recogida ni, en consecuencia, pretende establecer un senti-
do a partir de su combinación con las imágenes de las antiguas localizaciones de los campos de exterminio.
Hay algo también de puesta en escena, en particular esos elementos significativos con los que las entrevis-
tadas aparecen en pantalla: el acordeón (Elias), la muñeca (Lichtman) o el pequeño diario de 1944 (Marton).
Esta centralidad del testigo posibilita también que atendamos a la singularidad de sus circuns-
tancias vitales: Elias se casó en Theresienstadt y llegó embarazada a Auschwitz, donde Mengele quiso
experimentar con su hijo recién nacido; Lichtman logró escapar de Sobibor, donde reparaba para las
niñas alemanas las muñecas que habían dejado las niñas judías gaseadas; Biren ejerció como policía
en el gueto de Łódź, antes de ser depor-
tada a Auschwitz; finalmente, Marton,
formó parte de una élite de judíos hún-
garos que negoció con Adolf Eichmann
su salida hacia Suiza. Las trayectorias de
Biren y Marton, como la de Murmelstein,
abunda en la peliaguda cuestión de las
«zonas grises» que los nazis se puede
decir que auspiciaron buscando la co-
laboración necesaria de algunos judíos,
desde los miembros de los Sonderkom-
mandos a personajes como Murmelstein,
Rumkowski o Kastner que en algunos ca-
sos llegaron a negociar con Adolf Eich-
mann, no podemos descartar que con la
mejor de las intenciones, pero con mucha
El diario de 1944 (Les quatre soeurs. L’arche de Noé, Claude Lanzmann, 2017).
ingenuidad.
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Archivos de la Filmoteca Testimonios de supervivientes. La representación
del exterminio en el documental post-lanzmanniano Jaime Pena
Claude Lanzmann y Hanna Marton (Les quatre El gueto de Łódź (Les quatre soeurs.
soeurs. L’arche de Noé, Claude Lanzmann, 2017). Baluty, Claude Lanzmann, 2017).
Quizás por ello estas dos películas, Baluty (el barrio donde se ubicaba el gueto de Łódź) y L’arche
de Noé (ese tren con los representantes más destacados del judaísmo húngaro huyendo hacia Suiza mien-
tras sus compatriotas eran gaseados en Auschwitz) son las películas más interesantes del cuarteto, cada
una de ellas también con sus singularidades. En el caso de L’arche de Noé sorprende la ausencia en pantalla
de la traductora, Francine Kaufmann, pues Lanzmann hace sus preguntas en francés y Marton responde
en hebreo, lo que provoca una extraño efecto en el montaje, que siempre parece estar escaqueándonos
algo (a veces la propia presencia de Lanzmann, muy esquiva, casi siempre en off) o las fotos en color de la
ciudad de Cluj (hoy Rumanía), que no parecen, ni mucho menos, de la época a la que se alude en la entre-
vista. Precisamente, las fotografías son uno de los elementos distintivos de Baluty, imágenes del gueto de
Łódź que ilustran en varios momentos la entrevista con Biren. Y aquí es preciso recordar cuan refractario
era Lanzmann a utilizar cualquier imagen de archivo en la época de Shoah (Pena, 2020) postura que se iría
suavizando con los años (Sobibór, 14 octobre 1943, 16 heures y, especialmente, El último de los injustos).
No solo eso, en Baluty vemos los únicos exteriores de Les quatre soeurs: esa playa de Florida por la que
caminan Lanzmann y Biren y que sirve de escenario a la primera parte de la entrevista.
Por último, quedaría hablar de ese hilo común que une estas cuatro entrevistas, tanto en lo que
motivó este tardío rescate, que Stuart Liebman (2019) atribuye a una restitución del papel de las mujeres
en la Shoah, un tanto marginadas en su película de 1985, tal y como denunciaron en su momento Marianne
Hirsch y Leo Spitzer (1993), como en un aspecto que no conviene olvidar: los testigos que entrevista Lanz-
mann son, claro, supervivientes, pero en Shoah lo que narraban eran fundamentalmente las atrocidades que
habían contemplado o vivido en sus propias carnes. Este aspecto es, sin embargo, el que acaba imponién-
dose en los testimonios de Elias, Lichtman, Biren y Marton, el de cómo habían salvado sus vidas. Esta historia
estaba contendida en las grabaciones originales que en los cuatro casos culminaban con la descripción de
sus respectivas supervivencias, más dramáticas en los tres primeros casos que en el cuarto, pero, dadas
las circunstancias, cuatro finales que hasta podríamos considerar felices y que solo han conseguido salir a
la luz cuando Lanzmann priorizó la biografía personal sobre el acontecimiento histórico.
El estreno francés de Les quatre soeurs coincidió más o menos en el tiempo con la presentación en
el Festival de Cannes de una de las películas más lanzmannianas de las últimas décadas, Dead Souls (2018),
del cineasta chino Wang Bing. Un proyecto que en su duración (cerca de nueve horas) y periodo de gesta-
ción (doce años) es perfectamente equiparable al de Shoah, Dead Souls es el último capítulo de una serie de
películas sobre Jiabiangou que Wang Bing lleva realizando desde 2007. Tal y como se cuenta en los rótulos
de la película, el campo de Jiabiangou estaba formado por la estación de Jiabiangou, el campo anexo de
Xintiandun y el campo de Mingshui y en él fueron recluidos miles de «derechistas» de esa región a finales de
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del exterminio en el documental post-lanzmanniano Jaime Pena
los años cincuenta del siglo pasado. Jiabiangou no era un campo de exterminio, sino un campo de «re-edu-
cación», pero sus condiciones infrahumanas en pleno desierto del Gobi y la hambruna que asoló todo el país
en esos años diezmaron a sus reclusos, de los que sobrevivieron apenas una séptima parte. La mayor parte
de esos supervivientes fueron liberados en 1961, no siendo rehabilitados hasta veinte o treinta años después.
La primera aparición de Jiabiangou en la filmografía de Wang tiene lugar en su segunda película, He
Fengming (2007). He Fengming fue acusada de «derechista» a raíz de unos artículos críticos publicados por
su marido, Wang Jingchao, e internada en un campo de trabajo. Wang Bing concede todo el peso del relato a la
palabra de la anciana, un testimonio filmado, aparentemente, en tiempo real, algo que parece querer atestiguar
el plano único y sin cortes de tres horas de duración. Si Claude Lanzmann filmaba sus películas en 16mm. y
estaba supeditado a los cortes obligados por los cambios de las bobinas de las cámaras, rompiendo una conti-
nuidad que el montaje intentará, de algún modo, restituir, Wang Bing puede rodar en continuidad durante varias
horas gracias al soporte digital. En cualquier caso, este no es más que un efecto tecnológico, el que permite
que tres jornadas de entrevistas se transformen ante los ojos del espectador en una única sesión puntuada
por leves fundidos o sutiles cambios de encuadre, apenas interrumpida por la indiscreción de una realidad
que no deja de entrometerse (una visita al baño, una luz que es preciso encender, dos llamadas telefónicas).
Este primer acercamiento al tema de la represión «derechista» en los años cincuenta tendrá un
nuevo capítulo con The Ditch (Jiabiangou, 2010), la única ficción de toda la obra de Wang y su película más
problemática. The Ditch reúne todo aquello que Lanzmann reprochaba al cine de ficción que se acercaba
al exterminio judío: el sensacionalismo y el fetichismo, la imposibilidad de la recreación para acercarse a la
verdad. La ficción implica la re-presentación, una burda imitación que no puede ocultar su falsedad o su nece-
sidad de impactar con sus imágenes. El contraste con el resto de películas del ciclo es notorio, hasta obsceno.
Con Dead Souls Wang Bing retornó a los campos de trabajo y re-educación de Jiabiangou y
Mingshui, principalmente este último, que ya había abordado en las dos películas anteriores, ahora con áni-
mo recapitulatorio (a la propia He Fengming se la menciona un par de ocasiones). El documental es el fruto
de una larga investigación que Wang emprendió en 2005 entrevistando a 120 supervivientes de aquellos
campos que funcionaron entre 1956 y 1961 como lugares de destierro y castigo. Wang fue recogiendo estos
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del exterminio en el documental post-lanzmanniano Jaime Pena
testimonios a lo largo de los años, pero la forma de la película no llegó hasta 2014, lo que demuestra que
el método de trabajo del cineasta chino antepone la investigación a la propia concepción de sus películas.
Wang selecciona una veintena de testimonios de supervivientes, funcionarios del régimen y, como
coda final, el indirecto de dos de los muertos (a través de sus cartas), con los que reconstruye las condenas,
las detenciones, el traslado hasta el desierto del Gobi y las condiciones de la vida en aquellos campos, con el
frío y el hambre como principales aliados; también los padecimientos de sus familias, las visitas o los envíos
de cartas y comida. En casi todos los casos se trata de entrevistas muy largas, a veces de hasta media hora,
en las que Wang, a diferencia de los que sucedía en He Fengming, ya no se ve tentado por el recurso formal
y tecnológico: los cortes en la entrevista son claramente visibles evidenciando las marcas del montaje.
En Dead Souls Wang corre detrás de los últimos supervivientes de aquellos campos, de ahí que
después de la mayoría de las entrevistas siga la fecha de la muerte del entrevistado. Una misión urgente que
no se podía posponer más: cada entrevista aparece convenientemente fechada y localizada (casi todas en
la provincia de Gansu), lo que permite aventurar algunas hipótesis sobre el método de trabajo de Wang que
en 2005-2006 entrevista a supervivientes de más de ochenta años y en 2016 a los que por ese entonces
también han superado las cuatro décadas de vida (en la película solo se entrevista dos veces a un único
superviviente, Chen Zhonghai, en 2005, a los 74 años, en una expedición a Mingshui y once años después
en su casa, cuando ya ha cumplido los 85); o comprobar cómo en días consecutivos de noviembre de 2005
fue entrevistando a varios exreclusos que aún vivían en Tianshui (Gansu): Zhao Zhenfang, Xing De, Zhao
Bingkun, Pu Yanxin o Li Jinghang.
Por supuesto, como sucedió con Auschwitz y el exterminio de los judíos europeos, no quedan tes-
timonios gráficos de estos crímenes sucedidos en Jiabiangou y otros campos similares que se extendían por
todo el país. Por esa misma razón tiene tanta importancia cómo Wang Bing estructura el final de su película
y las últimas entrevistas que salen en pantalla. La penúltima es la de Zhu Zhaonan, grabada en 2007 cuan-
do este antiguo funcionario del régimen contaba 77 años. Zhu fue uno de los carceleros de Jiabiangou y la
propia entrevista es muy diferente a las de los prisioneros. Si normalmente Wang, que suele llevar la cámara,
está siempre en off y solo escuchamos algunas de sus preguntas, en este caso su presencia es muy notoria
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del exterminio en el documental post-lanzmanniano Jaime Pena
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Archivos de la Filmoteca Testimonios de supervivientes. La representación
del exterminio en el documental post-lanzmanniano Jaime Pena
época (Revue, 2008) o el propio colapso del régimen tras el fallido golpe de estado contra Gorbachov en
agosto de 1991 (The Event, 2015). Su última película, por el momento, aborda también el tema de la Segunda
Guerra Mundial, el de los bombardeos indiscriminados de objetivos civiles a partir del libro de W.G. Sebald,
The Natural History of Destruction (2022).
Para el caso que nos ocupa, la más interesante es Babi Yar. Context, en la medida que contradice
buena parte del dogmatismo de Claude Lanzmann sobre las imágenes de archivo. Producida por el Babyn
Yar Holocaust Memorial Center, la película se centra en la matanza de 33.771 judíos el 29 y 30 de septiembre
de 1941 en el barranco de Babi Yar, en Kiev (Ucrania), apenas tres meses después de la invasión de la Unión
Soviética por las tropas alemanas. Como el propio subtítulo apunta, Loznitsa reconstruye el contexto anterior
y posterior a la matanza y lo hace solo a base de imágenes de archivo y algunos textos «contextualizadores».
Hay que decir que todas esas imágenes alemanas o soviéticas van alternando el punto de vista de unos y
otros en función de quien está ocupando en ese momento Ucrania.
Así, las primeras imágenes de la invasión podemos atribuirlas a los cámaras soviéticos (los pri-
meros bombardeos, la resistencia en Kiev), pero las escenas del 1 de julio de 1941 en Leópolis son sin duda
alemanas: los alemanes van sacando de una casa los cadáveres de unos prisioneros cuyo asesinato atri-
buyen al NKVD en colaboración con los judíos. Las imágenes son impactantes, todo hay que decirlo, como
lo pueden ser las imágenes de la liberación de los campos en 1945, esas imágenes que poco después se
guardaron bajo llave; no lo son menos, desde otra perspectiva, las de las mujeres que limpian los cadáveres
con escobas o las de las personas que son apaleadas (¿judíos?). Como sea, estas escenas nos preparan
para lo que sucederá a finales de septiembre en Kiev. El día 24 una serie de explosiones sacuden Kiev, per-
fectamente recogidas por las cámaras alemanes del momento, al igual que los soldados que retiran cajas
de TNT del Museo de Lenin de la ciudad. Un texto nos dice entonces que en respuesta a las explosiones los
alemanes decidieron exterminar a todos los judíos, texto seguido de la orden que los citaba (con sus objetos
de valor y ropa de abrigo) el 29 de septiembre junto al cementerio judío. No hay registro de imágenes de
ese momento, pero más delante, el 16 de octubre de 1941, sucede algo similar en Lubní y para este hecho
Loznitsa ya dispone de un registro gráfico: toda una serie de fotografía de las familias acudiendo a la cita y de
la congregación posterior. La última fotografía es la de un pequeño grupo de personas junto a un barranco
y, por si no había dudas sobre su destino, Loznitsa inserta entonces un poema de Vasili Grossman, «Ucrania
sin judíos», de cuando los soviéticos ya habían recuperado Kiev y el resto de poblaciones ucranianas, en
noviembre-diciembre de 1943, es decir, de cuando fueron conscientes de los miles de personas que habían
sido borradas de la faz de la Tierra.
Por supuesto, no hay imágenes del 29 y 30 de septiembre, de esa matanza de más de treinta mil
judíos en Babi Yar por parte del Sonderkommando 4a del Einsatzgruppe C, con la colaboración de la policía
local «y sin resistencia de la población local», como
nos dice el rótulo de la película, subrayando el ambi-
guo papel de los ucranianos en estos años (una de
las muchas «zonas grises» de la Segunda Guerra
Mundial). No hay imágenes de esos días, de los fu-
silamientos indiscriminados, la forma de matar de los
Einsatzgruppen antes de que se instituyesen el gas
y los campos de exterminio, pero Loznitsa rescata al
menos algunas fotos posteriores con soldados ale-
manes entre una acumulación de cadáveres (fotos
en color: ¿quién sería el autor?) o detalles de ropas y
objetos, un anticipo de lo que iba a venir. El periódico
ucraniano Volhynia celebrará unos días después, el 5
Los cadáveres de Leópolis (Babi Yar. Context, Sergei Loznitsa, 2021).
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Archivos de la Filmoteca Testimonios de supervivientes. La representación
del exterminio en el documental post-lanzmanniano Jaime Pena
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del exterminio en el documental post-lanzmanniano Jaime Pena
Referencias
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Chevrie, M. y Le Roux, H. (2009). El lugar y la palabra. Entrevista a Claude Lanzmann. Cahiers du Cinéma
España, 28.
Lanzmann, C. (2011). La liebre de la Patagonia. Barcelona: Seix Barral.
Crassaris, C., Denize, S., Frenkel, D. (productores) y Lanzmann, C. (director). (2017). Les quatre soeurs. Fran-
cia: Arte, Synecdoche.
Liebman, S. (2019). Four Sisters: Afterthought, or after (much) thought? Shoah. The Four Sisters by Claude
Lanzmann. Londres: Eureka (libreto de la edición en Blu-ray de la película).
Baker-Choustova, M., Khrzhanovskiy, I., Loznitsa, S., Yakover, M. (productores) y Loznitsa, S. (director). (2021).
Babi Yar. Context. Alemania, Ucrania: Atoms & Void, Babyn Yar Holocaust Memorial Center.
Pena, J. (2020). El cine después de Auschwitz. Representaciones de la ausencia en el cine moderno y
contemporáneo. Madrid: Cátedra.
Feder, F., Lihong K., Prince, L., (productores) y Wang Bing (director). (2007). He Fengming. China, Francia:
Wil Productions, Aeternam Films, Fantasy Pictures.
Bertier, M., Buhler, J.M., Laemlé, C., Lalou, S. (productores) y Wang Bing (director). (2018). Dead Souls. Fran-
cia: Adok Films, Arte France Cinema, Les Films d’Ici.
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Arxius de la Filmoteca Testimonios de supervivientes. La representación
del exterminio en el documental post-lanzmanniano Jaime Pena
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¿Recurrencia o ausencia?
La Segunda República española
en paz (1931-1936) en
el cine de ficción desde 1939
Javier Navarro Navarro
Como señala Vicente Sánchez Biosca, en una de las obras fundamentales de análisis de la producción
cinematográfica que ha pivotado en torno a la memoria de la guerra civil española (1936-1939), el cine es
un excelente instrumento para asentar mitos y relatos duraderos en la memoria y la conciencia colectivas:
el cine es, en este aspecto, un medio privilegiado ya que está en su naturaleza la articulación de una estruc-
tura de relato (reconocible incluso en el género documental) con la imagen, a los que se añade su carácter
popular y masivo que alcanza a un público no necesariamente selecto política ni culturalmente. (Sánchez
Biosca, 2006, p. 26)
De esta manera, para el historiador, y refiriéndonos aquí al estudio de la guerra española en con-
creto, resulta extremadamente útil:
…el análisis de aquellas ficciones y de aquellos documentales que han logrado asentar en parte de la po-
blación española, pero también fuera de nuestras fronteras, relatos duraderos (idealmente mitos), así como
imágenes (mentales, materiales) de la guerra; esto es, films en los que se han plasmado representaciones me-
morísticas, ya sea durante un periodo, ya para un sector de los españoles. (Sánchez Biosca, 2006, pp. 26-27)
De tal manera, el cine es un reflejo de los paradigmas de memoria existentes en una sociedad.
Pero, a la vez, por tanto, es un gestor o reconstructor de la memoria, parte integrante de los vectores que
modelan nuestra memoria social y colectiva de los hechos históricos.
Este artículo analiza la manera en que se articuló la memoria de la Segunda República (1931-1936)
en el cine español desde el final de la Guerra Civil en 1939 y la consiguiente victoria franquista que acabó
con la democracia republicana.
Conviene señalar, en primer lugar, que nos centraremos aquí en la visión y la memoria del período
republicano en paz, es decir entre 1931 y 1936. Como se verá, este periodo ha tenido en general una pre-
sencia menor desde el punto de vista cinematográfico en contraposición a la etapa de la Guerra Civil o de
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Archivos de la Filmoteca ¿Recurrencia o ausencia? La Segunda República española en paz (1931-1936)
en el cine de ficción desde 1939 Javier Navarro Navarro
1. La dictadura franquista:
condena y estereotipo de la Segunda República
La dictadura franquista difundió siempre un recuerdo de la Segunda República asociado al caos y la des-
trucción. Ello formaba parte inextricable del discurso justificativo del golpe militar de julio de 1936 desde
su origen. Se trataba, en pocas palabras, de legitimar la sublevación que protagonizaron los sectores más
derechistas del ejército español, desde la idea de la necesidad de este «alzamiento» para «salvar» a España,
ante lo que se consideraba un estado de cosas política y socialmente insostenible, una situación caótica y
una supuesta amenaza revolucionaria bolchevique u obrerista en general.
Se construyó así, por tanto, y se difundió a continuación masivamente desde el bando sublevado
—y su continuación: la dictadura franquista entre 1939 y 1975— la idea de la inevitabilidad del golpe militar
y, como consecuencia, de la guerra que lo siguió. De esta manera, el responsable último del conflicto del
36-39 no era (como así fue en realidad), el golpe militar, sino, paradójicamente, la propia Segunda Repúbli-
ca, es decir, el régimen legítimo existente en julio de 1936. Desde este discurso y esas argumentaciones, la
Segunda República quedaba asociada indefectiblemente al caos y la guerra.
Desde el punto de vista sublevado, y el régimen franquista que siguió, resultó inevitable —y reden-
tora— una «Cruzada» salvadora de la nación, un gran «movimiento nacional» que recuperara las «auténti-
cas» esencias nacionales, en plena disolución durante el período republicano. Lo que aconteció después
—los muertos por la represión, la guerra, la catástrofe humana y material desencadenadas—, no podían ser
achacadas a los militares sublevados y sus partidarios (los auténticos responsables del desencadenamiento
de la tragedia) sino a la situación generada por la democracia republicana y los conflictos políticos y sociales
preexistentes. Asimismo, el período 1931-1936 se asociaba al «inútil» parlamentarismo, la decadencia moral,
el libertinaje y la «disolución democrática» de los valores nacionales.
De esta manera, la Guerra Civil, en sus aspectos más negativos, quedaba identificada con la Repú-
blica, mientras que la «heroica» sublevación, la «Cruzada», resultaba imprescindible, terapéutica y regenera-
dora del alma española. La guerra y la sangre se presentaban así como parte de un proceso de redención,
doloroso pero necesario para extirpar los tumores o pecados —desde el ideario católico— de la nación.
Esta justificación del golpe militar será una constante legitimadora del régimen franquista nacido
de él, y a lo largo de sus cuarenta años de historia. Pervive todavía en los partidarios confesados de aquel
régimen, y también de manera más o menos velada en amplios sectores políticos, sociales, culturales y me-
diáticos muy influyentes en la España actual. Pero no más allá de estos. Sin embargo, el franquismo cosechó
un importantísimo éxito a la hora de extender socialmente —más allá de sus propios partidarios— esa ima-
gen mencionada de la República de 1931-1936 asociada a la inestabilidad y la violencia, e inevitablemente
abocada a un conflicto civil.
La larga sombra en esta percepción social de la democracia republicana llega hasta la actualidad,
ha impregnado a muchos ámbitos y sectores de la población española y ha tenido importantísimas conse-
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cuencias en el plano político, social, cultural, e incluso historiográfico, desde los años de la Transición. Su
continuidad ha sido por tanto larga y exitosa.
Todas estas ideas aparecerán ampliamente, como decimos, en el cine español producido durante
la época franquista. Lo veremos en los largometrajes de ficción realizados y estrenados en este período
cuando en ellos se haga referencia —por una u otra circunstancia, en el discurso o en la acción— a la Se-
gunda República. Se trata de una visión y memoria de la República muy consolidada, como vemos, y que
será más frecuente e intensa, lógicamente, en los films de propaganda —en particular en el llamado «Cine
de Cruzada» de los años cuarenta—, pero no en exclusiva
Asimismo, llama la atención qué poco cambió esa percepción del periodo de 1931-1936, siempre
vinculado a estas ideas, a lo largo de los años del franquismo. Ello contrasta con una cierta evolución —si
bien dentro de los márgenes del propio discurso de la dictadura y de la acción de la censura— en la repre-
sentación cinematográfica de la propia guerra del 36-39: desde una visión «heroica», a una que desde los
años cincuenta y sesenta remarcará también (aunque tímidamente y nunca poniendo en duda los funda-
mentos de la dictadura, así como de la legitimidad de la victoria en el conflicto) el carácter »trágico» de la
contienda (Gubern, 2006; Nieto, 2008).
Cabe señalar, por otra parte, que cuando en los films realizados y estrenados en España durante
el franquismo aparece la Segunda República, casi siempre se representa el período del Frente Popular (fe-
brero-julio de 1936), porque sin duda era el que mejor se adaptaba a las ideas-eje ya mencionadas: escalada
de violencia, caos, amenaza revolucionaria, etc. En contraposición, hay una práctica ausencia de las etapas
anteriores (abril 1931-febrero 1936).
Obviamente, como apuntábamos, esta imagen de la República del 31-36 aparece mucho más
enfatizada en el llamado «cine de cruzada» de los años cuarenta, con films tan célebres como Raza (José
Luis Sáenz de Heredia, 1941, con argumento del propio Franco bajo el seudónimo de Jaime de Andrade) o
Rojo y Negro (Carlos Arévalo, 1942), por citar solo ejemplos muy conocidos. Aunque se trata de dos films
propagandísticos y legitimadores de la victoria franquista y sus valores, presentan considerables diferencias
de enfoque. Grosso modo: uno presentando una lectura nacional-católica, y otro falangista, respectivamen-
te, del conflicto (Sánchez Biosca, 2006, pp. 128-143), lo que ha llevado a no considerar el segundo como
parte de este cine «de cruzada». Sin embargo, más allá de las diferencias, les une de manera clara y muy
significativamente —además de su defensa a ultranza de la sublevación militar y el bando franquista— una
misma visión del período republicano de 1931-1936.
En ambos films se dibujan claramente esos años republicanos con los mismos tonos, siempre
oscuros y amenazadores. Veámoslo en detalle. En ambos casos, curiosamente, la referencia al período
republicano de 1931-1936 se resuelve con similares recursos narrativos y cinematográficos, con el uso de
un montaje en el que se suceden los planos de fondo relatándonos apresuradamente lo acontecido en el
contexto de esos años. Se utilizan los titulares de periódicos en rápidos planos ante el espectador, breves
imágenes, etc. Así, por ejemplo, tanto en Raza como en Rojo y Negro vemos noticias referentes —siem-
pre— a altercados y enfrentamientos violentos en esos años (la muerte por un disparo de un vendedor de
periódicos falangista en el caso de Rojo y Negro, por ejemplo). Atención singular merece en los dos casos
la mención a la destrucción de objetos religiosos, incendio de iglesias o la violencia anticlerical en general
—fundamental, dado el peso de la legitimación religiosa que tuvo la «Cruzada» y el decidido apoyo de la
Iglesia católica—, pero también están presentes imágenes de ocupaciones de fincas por campesinos o
de grupos de obreros en manifestaciones o arengas que incitan a la conquista revolucionaria del poder o
simplemente a la violencia.
Resulta interesante, asimismo —y en la línea de esa feroz crítica franquista a la democracia li-
beral—, el retrato que aquí se hace de la vida parlamentaria republicana. En Raza, uno de hermanos de la
familia protagonista, los Churruca, en concreto Pedro, es precisamente diputado republicano. Ni decir tiene
que será el contrapunto negativo en la historia frente al «héroe»: su otro hermano José, militar sublevado. An-
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tes del conflicto, Pedro se dedica a su carrera política, y exige precisamente su parte de la herencia familiar
para costearla («las actas de diputado no las regalan», señala), ante las críticas de José. Parlamentarismo y
democracia asociados, por tanto, a la corrupción, la charlatanería y la disolución de la nación, en definitiva.
En Rojo y Negro, esta crítica resulta más original visualmente. Aquí no encontramos un personaje
diputado, pero sí secuencias claramente denostadoras del parlamentarismo. A una escena en un teatro
con unos payasos, donde uno de ellos hace trucos de magia y se dirige al público, sigue una escena de
discusión parlamentaria. Uno de los diputados pronuncia las mismas frases que el payaso anterior («nada
por aquí, nada por allá…»): la comparación es más que obvia. Los debates en las Cortes resultan ridículos:
los diputados parecen responder solo a consignas y dejarse guiar por el puro placer del enfrentamiento.
Finalmente, la «ceguera» de estos comportamientos tiene su expresión visual en una serie de secuencias
en las que diferentes grupos de personas aparecen con los ojos vendados, metáfora de su incapacidad para
ver lo que está sucediendo: los primeros son precisamente un grupo de diputados. También intelectuales,
paseantes, etc.
Esta imagen de la República se repetirá en otros films adscritos a ese cine de propaganda, o sim-
plemente propios de esta época, tal vez sin tanto énfasis o detenimiento, pero con similares conclusiones
discursivas. Es habitual que en ellos, por otra parte, se aluda casi siempre a los momentos previos al golpe
militar y el conflicto, y es común también la presencia de imágenes de violencia, así como las referencias al
anticlericalismo.
En definitiva, lo llamativo es que, si bien la guerra del 36-39 fue pintándose en tonos menos he-
roicos en años posteriores, acogiendo incluso cierta mirada redentora a la figura del vencido —siempre,
como decíamos, dentro de los parámetros de la dictadura y de una única visión de los hechos y la historia—,
no sucedió lo mismo con la República entre 1931-1936, donde pervivió esa representación ya mencionada.
Significativo resulta asimismo que tampoco la República en paz encontrara su representación
en otro tipo de cine: el realizado desde los años cincuenta por autores contrarios a la dictadura y que tu-
vieron que sortear obviamente la censura al tratar todos estos temas. Estamos hablando del llamado «cine
metafórico», a cargo de nuevos directores en los años sesenta y setenta, y que reflejó subrepticiamente
la influencia de la Guerra Civil y el trauma en la sociedad española que esta ocasionó. Nos referimos por
ejemplo a films tan emblemáticos como La caza (1965) o La prima Angélica (1973), largometrajes ambos de
Carlos Saura, o a la ciertamente inclasificable El espíritu de la colmena, de Víctor Erice (1973), por citar solo
algunos de ellos.
Este cine se encontraba a años luz —también en lo positivo, artísticamente— de una visión por
supuesto triunfalista de la guerra, o legitimadora de la misma desde la perspectiva franquista, e incorporaba
la visión de los vencidos, salvando siempre en todo caso la inevitable censura. Pero la referencia perma-
nente resultaba casi siempre la guerra del 36-39, y la República de 1931-1936 se encontraba casi siempre
ausente de la representación, situándose a menudo, paradójicamente como simple preludio —y por tanto
abonando a veces implícitamente ese leitmotiv de la asociación entre República y guerra— o capítulo inicial
de la contienda.
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tramos visiones de conjunto de la Segunda República, que incluyan también el período 1931-1936. Está por
tanto presente un cierto «olvido» —con todos los matices que queramos hacer— de la democracia repu-
blicana en el cine. Máxime cuando empieza a extenderse en estos años el estereotipo de un cine español
supuestamente centrado siempre, casi «obsesionado», en la representación de la Guerra Civil.
Muy pocas películas en esos años de la Transición y década de los ochenta abordan específica-
mente el período de la República en paz (1931-1936). Entre esos escasos films, cabe destacar en particular
Mi hija Hildegart, dirigida por Fernando Fernán Gómez (1977), interesante largometraje que se centra en un
asunto que levantó considerable revuelo mediático en su época. El asesinato en 1933 de la joven escritora
y propagandista de izquierdas Hildegart Rodríguez, por parte de su madre, Aurora Rodríguez Carballeira,
con guion a partir del libro Aurora de Sangre, del periodista y escritor anarquista Eduardo de Guzmán. La
película narra esta historia —recreada por cierto de nuevo recientemente por la conocida escritora Almu-
dena Grandes en su novela La madre de Frankenstein— y trata solo tangencialmente el contexto histórico
de fondo: los primeros años republicanos, así como la militancia primero socialista y después republicana
federal de la joven Hildegart Rodríguez.
Lo más habitual, sin embargo, es que los films que abordan la España de la década de los treinta y
realizados en estos años se centren en la Guerra Civil. En ellos, la República de 1931-1936 suele aparecer solo
como antesala del conflicto del 36-39. Podríamos citar numerosos largometrajes pero, solo como ejemplo,
se pueden mencionar: Las largas vacaciones del 36 (Jaime Camino, 1976); Las bicicletas son para el verano
(Jaime Chávarri, 1984, basado en la obra teatral homónima de Fernando Fernán Gómez) o Réquiem por un
campesino español (Francesc Betriu, 1985, a partir de la novela del mismo título de Ramón J. Sender).
La mayoría de estos films se centraban mayoritariamente en relatar historias que solían abordar
lo cotidiano, las experiencias y vivencias, generalmente de los derrotados, durante el conflicto. No solían
tratar directamente lo político, aunque en ellos estaba claro implícitamente el compromiso pro-republicano,
democrático y anti-franquista de sus realizadores, o de los autores de los materiales literarios en que algu-
nos estaban basados, como hemos visto. A veces se apuntaban en estas películas —pero casi siempre
como mera referencia— las reformas sociales, políticas o culturales iniciadas por el régimen republicano
en el período 1931-1936. A menudo imperaba en ellas cierto tono elegíaco por esas oportunidades perdi-
das, desvanecidas con la derrota republicana en la guerra, que acaba con toda esperanza y anuncia vidas
definitivamente truncadas.
No obstante, y aunque, como vemos, esta no fuera en absoluto la intención de esos films, la prác-
tica ausencia real de la representación en ellos del período republicano en paz (1931-1936), unida a esa
omnipresencia de la guerra del 36-39, tenía el peligro implícito de asumir la ya mencionada identificación
anterior entre República y guerra, y de presentar en la práctica la primera como mero precedente o prólogo
de la segunda.
Evidentemente, todo ello tiene que ver con un contexto en el que, durante la Transición y la década
de los ochenta, va a imperar en España un cierto silencio oficial público hacia el pasado de la Segunda Re-
pública, la Guerra Civil o el franquismo. Fundamentalmente se trataba de una voluntad (al menos por parte
de las élites políticas) de olvido del pasado traumático con el fin de ganar los mayores consensos posibles en
la consolidación de la nueva —segunda— democracia española desde 1977, esta vez bajo la forma de una
Monarquía (Aguilar Fernández, 1996). Se olvidaba y se invisibilizaba así oficialmente —no por parte de otros
sectores de la población española, o en lo historiográfico o cultural, por supuesto— el pasado democrático
de la Segunda República, desactivándolo como posible precedente democrático del nuevo régimen. La
democracia no había nacido en España en 1977-1978, pero a efectos oficiales sí lo había hecho.
Por otro lado, la insistencia en «echar al olvido» (Juliá, 2003) la guerra, permitió hacerlo también,
al mismo tiempo, con su secuela, el franquismo. La derecha no podía sino aplaudir en un juego en el que,
obviamente, y por partida doble (desactivación del precedente democrático republicano y olvido de la dic-
tadura franquista), salía claramente beneficiada.
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de esta película se sitúa en realidad en los momentos inmediatamente anteriores al golpe de julio de 1936 (de
nuevo la omnipresencia del período del Frente Popular frente a las etapas precedentes de la Segunda Re-
pública) en un pueblo gallego, y el largometraje termina con la sublevación triunfante en Galicia y la represión
consiguiente. Sin embargo, y a través del personaje del maestro republicano (Don Gregorio), y su influencia
en su alumno (el niño protagonista, Moncho), la película proyecta una imagen positiva de las reformas repu-
blicanas, en especial en uno de sus ámbitos privilegiados: la educación. Luces de una pedagogía en libertad
que acaban con la sublevación militar y la detención —y más que probable fusilamiento— del maestro.
Por último, cabe citar otra notable excepción al panorama mencionado: el film Belle Époque (Fer-
nando Trueba, 1992), que fue galardonado asimismo con el Óscar a la mejor película de habla no inglesa. La
película se sitúa en un punto claramente diferente al habitual: se centra en los momentos inmediatamente
anteriores a la proclamación de la Segunda República española, tras el fracaso de la sublevación de Jaca
de 1930. Aunque aparecen referencias a ese contexto político e histórico en el film, este no tiene un enfoque
político: es básicamente una historia cotidiana y cercana, una comedia agridulce con toques de enredo y
llena de frescura y espontaneidad. Pero es el tono de la película, la atmósfera que emana, la que nos habla
en realidad de la esperanza en el período republicano que iba abrirse, la ilusión, el optimismo y las expec-
tativas de cambio —en buena medida una Belle Époque a la española, también a la larga frustrada por una
guerra— que la Segunda República iba a despertar.
Conclusiones
En definitiva, y a día de hoy, podemos concluir que perdura en la cinematografía española una cierta ausen-
cia del período 1931-1936, algo sorprendente si tenemos en cuenta la habitual acusación sobre la omnipre-
sencia de la Guerra Civil en el cine español. Podemos discutir esto último, pero desde luego no el hecho de
que el peso de la representación del período de la República en guerra es mucho mayor que el del quin-
quenio 1931-1936. Esta es la principal conclusión de nuestro balance al analizar la memoria de la Segunda
República en el cine de ficción en España entre 1939 y la actualidad.
Hemos hecho referencia a las razones que podrían explicar este hecho para cada etapa histórica.
Sin duda, la dictadura franquista difundió una imagen de la República asociada al caos y la violencia, y con-
denada invariablemente al conflicto. Con ello se legitimaba el golpe de los militares sublevados en julio de
1936, como «movimiento» necesario para la salvación de España. Culpable de esa situación catastrófica,
la República quedaba vinculada a— y por ende responsabilizada de— su desenlace final e «inevitable»: la
guerra. De ello se derivó lógicamente una representación de la Segunda República en estos términos que,
si bien se suavizaron visualmente con el tiempo, no lo hicieron discursiva y argumentalmente durante todo
el franquismo.
El final de la dictadura tras la muerte de Franco en 1975 y la llegada de la segunda democracia
española a partir de 1977 permitieron la expresión sin censura de las vidas, voces y experiencias de los
derrotados republicanos. Y así ocurrió en el cine español. Sin embargo, el peso gravitatorio de la guerra —
convertida por otro lado en el centro de un pasado español a «echar al olvido» por los nuevos gobernantes
democráticos— desplazó en este sentido a la representación de la propia República en general. Todo ello
en el contexto de un momento en que desde la memoria pública oficial (no así en otras instancias) se optaba
por invisibilizar el referente democrático de la Segunda República como precedente de la nueva democracia
española recuperada en 1977, ahora bajo la forma monárquica.
Por último, el proceso de recuperación y revitalización de la memoria histórica democrática a partir
de la década del 2000 trajo consigo la reivindicación de la reparación y el recuerdo de las víctimas republi-
canas del franquismo, insuficientemente recordadas en la memoria pública oficial. También trajo un nuevo
debate en España en torno a la memoria de un pasado traumático y sobre la herencia de la Guerra Civil
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y —ahora— el franquismo. Sin embargo, la Segunda República, como experiencia democrática y período
histórico, que sí está presente ahora en los debates públicos en torno a la memoria, no ha ocupado todavía
un lugar importante en su representación visual en el cine de ficción en España. En particular, frente a otros
temas de la memoria democrática, como la represión sobre los vencidos en la guerra.
De hecho, dado el predominio de la Guerra Civil en el imaginario visual, parece perdurar todavía en
la memoria cinematográfica (y en buena medida en la memoria colectiva en general) esa identificación de
la República con la guerra. Y, por ende, la vieja idea de la inevitabilidad de esta última asociada al devenir de
la República, que fue a la larga, como vimos, un leitmotiv construido y alimentado por el franquismo. Junto
a él (y, claro está, de manera mucho más pronunciada en los sectores políticos, sociales y culturales de la
derecha), la pervivencia de clichés como la anormalidad, el caos o la violencia. O el de la República como
simple antesala de la guerra (Barranexea Marañón, 2019a).
Asimismo, cabe señalar que persiste todavía en estas representaciones cinematográficas la omni-
presencia de los meses del Frente Popular (febrero-julio de 1936), justo la etapa inmediatamente anterior al
estallido de la contienda, frente a los períodos anteriores (abril 1931-febrero 1936), muy poco representados
en comparación con aquella. Por otro lado, es habitual que las referencias positivas a la Segunda República
recurran a un enfoque de cierta idealización y un tono algo elegíaco. Lejos, por otro lado, de la normalización
y la representación de lo cotidiano.
Y aquí, precisamente en esto último, cabe señalar una excepción. Nos hemos referido en todo
momento al cine, pero habría que hablar también de los productos audiovisuales de ficción en la televisión. Y
aquí sí podemos apuntar un ejemplo: la serie 14 de abril. La República, dirigida por Jordi Frades y producida
por Diagonal TV (Barranexea Marañón, 2019b). Fue emitida en el primer canal de la Televisión Española
(TVE) entre enero y abril de 2011. Se trataba de una primera temporada, y contaba la historia de un conjunto
de personajes con el telón de fondo de la Segunda República española: en concreto, en estos primeros
capítulos, entre los años 1931-1932. La serie no estuvo exenta de polémica. Realizada y emitida todavía en
la época del gobierno del PSOE, se encontró con el cambio electoral producido ese mismo año 2011 en
España, con la subida al poder del PP. La segunda temporada (que continuaba con los acontecimientos
sucedidos desde 1932 a 1936), que ya había sido rodada, no pudo salir a la luz, y fue guardada en un cajón
por los nuevos responsables de TVE. Tuvo que esperar a ser emitida ni más ni menos hasta noviembre del
2018, cuando de nuevo un gobierno de izquierdas se encontraba al frente del poder.
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El cine y la memoria
del espacio geográfico
Agustín Gámir
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1 Los cambios que han experimentado algunas metrópolis europeas con motivo de la globalización económica han generado un
nuevo perfil arquitectónico (en ocasiones en barrios anexos a los patrimoniales). Resulta interesante la intención de estas urbes por
mantener su imagen clásica (la más icónica y turística) frente a la presencia de estos nuevos inmuebles en la city londinense o en el
barrio parisino de La Defense.
2 Se trata del Trümmerfilm (film de escombros) cuyo leitmotiv es la representación de las ruinas de las ciudades alemanas, siendo uno
de los ejemplos más notables Die mörder sind unter uns – Los asesinos están entre nosotros (Wolfgang Staudte, 1946).
3 Igualmente, son interesantes las escenas de las barcas en los canales del Tokio de la postguerra, utilizadas como viviendas por
una población flotante —hoy inexistente—, que se muestran en The House of Bamboo (Samuel Fuller, 1955) (figura 3). Acerca de la
relevancia del paisaje japonés en la filmografía japonesa de la postguerra consúltese la obra colectiva editada por Pedro Iacobelli y
Claudia Lira (2020).
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Figura 3: Fotograma de The House of Bamboo (Samuel Fuller, 1955) en el río Sumida. A la derecha fotografía actual.
Tras la contienda tanto la denominada nueva ola francesa como el neorrealismo italiano centraron
su atención en la ciudad vivida. Estas tendencias cinematográficas adoptan una nueva perspectiva: en vez
de mostrar una visión exterior y aséptica de la urbe, propia de las sinfonías urbanas, ahora el interés recae
en historias que transcurren en el interior de la ciudad. De este modo el neorrealismo italiano utiliza los es-
cenarios urbanos reales como denuncia de las cruentas consecuencias del periodo posterior a la II Guerra
Mundial, como en Ladri di biciclette (Vittorio De Sica, 1948).
En el caso de Berlín disponemos también de imágenes que nos muestran cómo era la ciudad en
el periodo de partición provocado por la Guerra Fría. Del lado oriental, es el caso de Die Legende von Paul
and Paula (Heiner Carow,1973), una historia de amor donde se nos muestran los típicos bloques de vivien-
das socialistas y la creación del nuevo centro urbano en Alexanderplatz. Del lado occidental destaca Die
Himmel über Berlin (Win Wenders, 1987) y sus conocidas escenas de la Potsdamer Platz, auténtico ejemplo
de transformación de lo que fue, se destruyó y permaneció como territorio baldío, y es hoy en la actualidad.
Correspondientes al periodo de la reunificación disponemos de cintas como In weiter Ferne, so nah (Win
Wenders, 1993) en la que el realizador alemán filma en la zona monumental de la ciudad, la isla de los mu-
seos, o Das Leben ist eine Baustelle (Wolfgang Becker, 1997), y Goodbye, Lenin (Wolfgang Becker, 2003)
cuyo protagonista vive en uno de los típicos plattenbau del extinto Berlín Oriental.
A escala territorial el cine es un testigo incómodo del paisaje destruido, no solo por causas bélicas
como acabamos de ver, sino por un erróneamente concebido desarrollo económico. En el caso español,
el turismo, la llamada «principal industria» del país, resulta ser una actividad extensiva y altamente consu-
midora (depredadora) de espacio. Esta acción se hace evidente en aquellos largometrajes cuyas historias
pivotan alrededor del turismo, como en El turismo es un gran invento (Pedro Lazaga, 1968), en donde no
solo se observa la ocupación del espacio litoral por edificaciones en construcción sino también el mensaje
complaciente que lo acompaña. Un repaso de las producciones rodadas en el Levante o en las Islas Balea-
res permite apreciar las características del paisaje antes de su transformación, durante la construcción y
después de la ocupación (Brotons, Murray, y Blázquez, 2016).
Hay también entornos que ya no existen debido a procesos de urbanización especulativa re-
lativamente recientes. Basta comparar las espectaculares imágenes del paisaje desértico y virgen de
Lawrence of Arabia (David Lean, 1962) que muestran el asalto de las tropas árabes a Aqaba, rodado
en la rambla Alias, en el municipio almeriense de Carboneras, con las del hotel ilegal construido en sus
inmediaciones4.
En los últimos años se están llevando estudios acerca de la imagen que proyecta la cinematografía
sobre espacios delimitados y de escasa extensión superficial. Nos referimos, por ejemplo, a los trabajos
sobre el entorno monumental de la Alhambra (Lara y García, 2010; Arias, 2017), así como el relativo a la
4 También la gentrificación de los espacios urbanos ha sido, de una manera descarnada, llevada al cine como en el caso En construc-
ción (José Luis Guerin, 2001). Un análisis urbanístico de este film se encuentra en Dianne Bracco (2020).
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Archivos de la Filmoteca El cine y la memoria del espacio geográfico Agustín Gámir
Figura 4. Cortijo de los Góngora, c/ Belén s/n, Almería. A la derecha fotograma de The Wind and the Lion. (John Milius, 1975).
A la izquierda, fotografía actual, agosto 2022.
Plaza Mayor de Madrid (Aertsen, Gámir, y Manuel, 2018). Lo interesante de estas aportaciones no es solo
el recorrido exhaustivo en el tiempo de la imagen que se proyecta de esos espacios y su tratamiento en las
narraciones cinematográficas sino, además, el estudio detallado de los cambios morfológicos que tuvieron
lugar en esos espacios.
Pero, si nos centramos en una escala de mayor detalle, también observamos situaciones incómo-
das para los responsables locales. Es el caso del Cortijo de los Góngora, un palacete en el límite periurbano
de Almería, mostrado en todo su esplendor en las primeras escenas de The Wind and the Lion. (John Milius,
1975) y en la actualidad en situación de ruina y abandono (figura 4).
Detener la filmación, en alguna secuencia concreta, especialmente cuando se trata de largometra-
jes españoles del periodo «desarrollista», proporciona en ocasiones desagradables sorpresas. Por ejemplo,
en The Happy Thieves (George Marshall, 1961), que narra la historia de tres ladrones de obras de arte. En un
momento de la filmación los protagonistas entran en un magnífico palacete situado en la calle madrileña de
Miguel Ángel 23, lamentablemente demolido con posterioridad para dar paso a un inmueble funcional de ofi-
cinas. Situación similar corresponde al primer mercado cubierto de Madrid que se nos muestra brevemente
en una escena de El pisito (Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry, 1959) derribado bajo la piqueta en 1970 (figura 5).
En otras ocasiones el cine nos permite observar la destrucción del viejo espacio urbano y, simul-
táneamente, la creación del nuevo espacio. Es el caso de la última escena de Esa pareja feliz (Luis García
Berlanga, 1951) en la que los recién casados caminan por el extinto bulevar de María de Molina —hoy una
vía rápida de tres carriles por sentido— mientras al fondo se observa la construcción del que será uno de
los edificios residenciales más altos y representativos de la ciudad, en la confluencia de las calles María de
Molina y Francisco Silvela (figura 6).
Figura 5. A la izquierda fotograma de El pisito (Marco Ferreri e Isidoro M. Ferry, 1959), donde se observa la puerta de la iglesia de San
Ildefonso en la plaza homónima; en el lado izquierdo del fotograma se aprecia el mercado San Ildefonso, primer mercado cubierto de la
ciudad en 1835 y demolido en 1970. A la derecha, fotografía actual.
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Figura 6. A la izquierda, fotograma de Esa pareja feliz (Luis García Berlanga, 1951), antiguo bulevar de la calle María
de Molina, al fondo estructura de la Torre Iberia, finalizada en 1953. A la derecha , fotografía de 2015.
El espacio rural en el cine se interpreta casi siempre en clave urbana, visto desde la ciudad. Una
mirada que refleja en toda su crudeza el estatismo social, el conservadurismo, la resistencia al cambio, el ata-
vismo y el carácter primario de sus protagonistas. Hasta bien avanzado el siglo XX el espacio rural se remitía
a un lugar lejano, con cualidades paisajísticas exóticas —donde tenían lugar aventuras insólitas—, o bien se
trataba de un territorio de frontera entre la civilización y los espacios no civilizados (como en el western). En
otras ocasiones resultaba escenario de eventos históricos llevados al cine. En contraste, los campos más
próximos, las sociedades rurales que rodeaban a las ciudades donde se exhibían estas películas, quedaban
ignoradas, relegadas de las pantallas (González, 1988).
En la cinematografía española el espacio rural en el cine se nos muestra, especialmente antes de
la contienda civil, como un territorio olvidado al que no ha llegado el desarrollo, como en el documental Las
Hurdes, tierra sin pan (Luis Buñuel, 1932); un espacio que nos presenta las características morfológicas de la
vivienda rural levantina como en Cañas y barro (Juan de Orduña, 1954). Paisajes conformados por extensas
llanuras cerealísticas de Castilla en donde se desencadenan dramas rurales, como en La venganza (Juan
Antonio Bardem, 1957), pero también en La aldea maldita (Florián Rey, 1929); paisajes adehesados como
en Los santos inocentes (Mario Camus, 1984); viejas prácticas de supervivencia mediante la caza ilegal en
entornos boscosos como en Furtivos (José Luis Borau, 1975), o la producción de carbón vegetal como en
Tasio (Montxo Armendáriz, 1984) (figura 7). Pero también es un campo en el que reside la inocencia ya per-
dida de la ciudad, lo misterioso, como en El bosque animado (José Luis Cuerda, 1987).
El cine tiene la cualidad, no solo de mostrarnos paisajes rurales sino, incluso, de proceder a una
cierta resignificación de ellos. En
estas ocasiones es la cinemato-
grafía la que actúa como gene-
rador, como elemento activo y
no solo como medio pasivo de
registro visual. Se trata de casos
en los que la representación ci-
nematográfica puede modificar,
configurar e, incluso, crear por
sí misma contextos espaciales.
El cine se convierte en vehículo
para la significación cultural de
un espacio físico al que se aso-
cian imágenes, sentimientos, re- Figura 7. Fotograma de Tasio (Montxo Armendáriz, 1984). Fabricación de carbón vegetal.
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Archivos de la Filmoteca El cine y la memoria del espacio geográfico Agustín Gámir
cuerdos o deseos. En el ámbito estadounidense es el caso del Monument Valley presente en varias películas
de John Ford como She wore a Yellow Ribbon (1949), Río Grande (1950) o The Searchers (1956); pero, tam-
bién, protagonista en otras más recientes como Vertical Limit (Martin Campbell, 2000). El Monument Valley
se ha convertido en lugar obligado para el turismo precisamente por la capacidad del cine para difundir sus
imágenes. En el contexto español disponemos del desierto de Tabernas, en Almería, cuyo paisaje había
permanecido desconocido para el público hasta mediados del pasado siglo y que, gracias a las películas
de Sergio Leone, cobra un nuevo significado (Escudero, 2020). En un interesante cambio de sentido se
da una inversión de roles en la relación imagen-realidad, en tanto que es ahora la realidad la que simula su
representación y no al revés5.
En las ciudades, más allá de los hitos patrimoniales evidentes, algunos tramos viarios han sido
objeto de renovado interés a partir de las películas, por ejemplo, Lombard Street, en San Francisco, esce-
nario de multitud de persecuciones en coche; las escaleras de Odessa en El acorazado Potemkin (Sergei
Eisenstein, 1925), las del Museo de Arte de Filadelfia en Rocky (John Avildsen, 1976) o las del Bronx neoyor-
kino en Joker (Todd Philips, 2019).
En resumen, el cine, al desarrollarse en los siglos XX y XXI, cuando se operan las grandes trans-
formaciones económico-sociales, se ha convertido en testigo y difusor de estos cambios. Ya sea de una
manera voluntaria o involuntaria, una labor de investigación detallada permite aflorar muchas de estas alte-
raciones espaciales. Consecuentemente, algunos centros de investigación e instituciones oficiales cinema-
tográficas entienden que, junto a su labor de cuidado y archivo de las producciones cinematográficas, debe
haber otra adicional que busca desarrollar el papel del cine como instrumento propagador y dinamizador
del patrimonio urbano cultural, por medio de políticas e instituciones gubernamentales que fomenten su rol
educativo sobre la ciudad6.
5 Otro proyecto de resignificación más reciente es el cementerio Sad Hill, en Burgos, lugar de una escena emblemática de Il buono, il
brutto, il cattivo (Sergio Leone, 1966).
6 Por ejemplo, para el caso de la ciudad de Liverpool consúltese la aportación de Julia Hallam y Les Roberts (2011).
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Archivos de la Filmoteca El cine y la memoria del espacio geográfico Agustín Gámir
Oporto en numerosas obras, desde el documental de 18 minutos Douro, Faina Fluvial (1931) al largometraje
Porto da minha infância (2001).
Tomando en consideración estas reflexiones, desde la última década del siglo pasado se han pro-
digado, en una gran variedad de disciplinas, los estudios de la memoria —memory studies en la terminología
anglosajona— los cuales han visto la luz en numerosas aportaciones e incluso revistas especializadas7. Esta
nueva perspectiva adquirió en los años ochenta un impulso notable especialmente de la mano de la histo-
riografía francesa (Allier, 2008). En 1984 el historiador francés Pierre Nora acuñó la noción lugar de memoria
para designar los lugares donde se ancla, cristaliza, refugia y expresa la memoria colectiva, reivindicando
el carácter simbólico de estos espacios. Los Lieux resultaron fundamentales al proponer una novedosa
manera de abordar la historia basada en las representaciones y no tanto en los acontecimientos8. Los lu-
gares de memoria son puntos de referencia a partir de los cuales podemos moldear nuestra personalidad
y establecer nuestra identidad. Pero no se trata exclusivamente de lugares situados en el paisaje real sino
también en el paisaje mental; un paisaje al que podemos regresar, rememorar, mediante herramientas como
un cuadro, una postal turística, una melodía o una imagen cinematográfica.
Aunque pequeña en comparación con las contribuciones de otros campos académicos, la impor-
tancia de las aportaciones geográficas a los estudios sobre la memoria ha crecido en los últimos diez años
(García Álvarez, 2009), en especial en el ámbito académico anglosajón (Hoelscher y Alderman, 2004; Jones
y Garde-Hansen, 2012), perfilando una línea de investigación emergente que algunos autores han venido a
denominar «la geografía de la memoria». La geografía de la memoria, notablemente influida por la concep-
ción historiográfica, profundiza, sobre todo, en el estudio de los sitios materiales donde la relación entre lugar
y memoria es más evidente, centrándose en las pautas y dinámicas espaciales de tales representaciones y
prácticas conmemorativas, fundamentales para la constitución de las identidades individuales y colectivas.
Como vemos, en su mayor parte son trabajos focalizados en lugares con una fuerte carga histórica e iden-
titaria y en sus análisis resultan excepcionales su vinculación con los estudios cinematográficos. En este
sentido se abre un amplio campo de trabajo e investigación conjunta entre ambas disciplinas académicas.
De este modo, el espacio —en su totalidad y no limitado a hitos con connotaciones históricas—
debe ser contemplado no solamente como el contexto social que nos rodea, sino también como contenedor
de símbolos que se incorporan en la identidad del individuo y en sus recuerdos, proyectando una imagen de
grupo9. Por lo tanto, ni las representaciones sociales ni la memoria colectiva son una reproducción o copia
fiel del lugar representado o recordado. En este punto cobran importancia los medios de comunicación
como procedimiento para la interacción, puesto que la visualización de las representaciones sociales y de
la memoria colectiva son un elemento indispensable para el análisis del pensamiento social en un mundo
caracterizado hoy en día por el poder de las imágenes.
Bajo estas consideraciones estamos en condiciones de reinterpretar las imágenes de los espa-
cios geográficos. Así en los largometrajes de los años veinte la visión de la ciudad, transmitidas por medio
de las sinfonías urbanas, es la de una urbe mecánica, industrial, dinámica, transformadora del espacio y
escenario de masas de trabajadores. Estas obras cinematográficas no son meros testimonios de la mo-
dernidad urbana: participan en la producción de esta modernidad. En los cincuenta la ciudad que se nos
muestra en Europa es una urbe herida por los efectos de los bombardeos, que se encuentra en proceso de
reconstrucción y a la vez muestra tensiones sociales.
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Archivos de la Filmoteca El cine y la memoria del espacio geográfico Agustín Gámir
En los ochenta los espacios urbanos de Norteamérica, como Nueva York o Los Ángeles, que nos
llegan a través de las filmaciones son los de entornos peligrosos y sucios, reflejando una crisis urbana y
social notable (Villarmea, 2015)10.
En el caso de nuestro país, los directores de finales de la década de los cincuenta y principios
de los sesenta destilaban en sus obras problemas cruciales para la gente como el de la vivienda, mientras
que en los largometrajes de los primeros setenta son protagonistas las nuevas ampliaciones urbanas y los
núcleos turísticos. Las dos décadas siguientes muestran una clara reivindicación del centro de las ciuda-
des, abandonado y denostado hasta el momento. En la actualidad lo que se nos muestra, de un modo más
evidente en series de TV, como Asalto a la Casa de la Moneda o Los favoritos de Midas, es una ciudad
global, en cierto modo formalmente indiferenciada del resto de las ciudades europeas (lo que facilita que el
producto sea exportable y comprendido en cualquier sociedad del mundo).
3. Reflexiones finales
Señalemos, a modo de recapitulación, algunos aspectos vinculados a la memoria del espacio geográfico
a través del cine.
De entrada, tal y como hemos apuntado en la primera parte de esta aportación, parece evidente
que el cine es un excelente testigo de los cambios que se operan en el espacio, tanto si se analiza a gran
escala como si se abordan estudios de detalle. El cine no solo conmemora la creación de nuevos hitos en el
espacio urbano, sino que también, de un modo involuntario, evidencia la destrucción del patrimonio espacial.
Pero, es preciso tener en cuenta que la manera en que el espectador percibe el espacio geográfi-
co en la pantalla tiene mucho que ver con la propia evolución del cine. Bill Nichols, por ejemplo, ha afirmado
que «incluso la más caprichosa de las ficciones da evidencia de la cultura que lo produjo y reproduce las
semejanzas de las personas que lo realizan dentro de ella» (Nichols, 2001 p.1). Es por ello que algunos his-
toriadores comenzaron a interpretar las obras cinematográficas como signos de las representaciones y
manipulaciones colectivas a través del cual las sociedades se imaginan y se escenifican a sí mismas. Por lo
tanto, el espacio geográfico que observamos hoy en día en estos largometrajes no es sino el reflejo de una
manera de apreciarlo en el pasado.
Por otra parte, no hay que olvidar los cambios operados en los dispositivos formales de filmación
a lo largo de un más de un siglo de la cinematografía. La imagen de un lugar de la memoria está fuertemente
mediatizada por el dispositivo formal elegido por el cineasta para mostrar ese lugar en particular. Esta tra-
yectoria ha estado condicionada por los sucesivos avances técnicos incorporados al cine. Nos referimos
tanto a aquellos que afectan al rodaje (duración de los metrajes, incorporación de gamas de grises, llegada
del color, incorporación del sonido, cámaras con capacidad de giro, utilización de distintos angulares o, más
recientemente, incorporación de drones en la filmación, etc.) como a los procedimientos y técnicas para
exhibir sus resultados ante el público (formato de las pantallas, tamaño de las pantallas, características de
las salas, aparatos reproductores de sonido, etc.).
Lejos de remitirnos a un plano o mapa racional del espacio, la memoria que retenemos del espacio
filmado es una memoria construida a base de retazos, de lugares concretos, aunque estén dispersos por la
ciudad. Los espectadores se ven imposibilitados de reconstruir memorísticamente la ciudad, su organiza-
ción, su topología. La memoria del espacio geográfico está construida a modo de lugares, independientes
e inconexos entre sí.
10 Es el caso de los thrillers neoyorquinos como The French Connection (William Friedkin, 1971), Mean Streets (Martin Scorsese, 1973),
Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), Gloria (John Cassavetes, 1980) o Prince of the City (Sidney Lumet, 1981).
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Archivos de la Filmoteca El cine y la memoria del espacio geográfico Agustín Gámir
Otro aspecto por destacar es el de la doble subjetividad que interviene en el espacio geográfico
filmado. Todo paisaje implica un componente subjetivo ya que la mirada del observador es el elemento dife-
renciador del concepto de «paisaje» respecto a otros términos geográficos como «naturaleza» o «territorio».
Pero, en el caso del paisaje cinematográfico se antecede, además, la propia mirada del director; nos encon-
tramos, de la misma manera que en otras obras de arte como la pintura o la literatura, ante un paisaje vicario,
una mirada conducida. Es por ello que un mismo paisaje puede ser mostrado, trasladado al espectador, de
diferentes maneras según los realizadores (por ejemplo, las mismas calles de Madrid según dos directores
con obra muy diferente como José Luis Garci o Pedro Almodóvar).
Vincular cine y memoria implica considerar el contexto temporal en el que se desarrollan las imá-
genes. De esta manera, la evocación de la historia y la memoria se transforma en un proceso clave a la hora
de promulgar la identidad social. Por lo tanto, el cine no es solo testigo de los cambios que se operan en los
espacios rurales o urbanos sino también testigo de los cambios en el modo de ver esos espacios. El cine,
de este modo, tiene la capacidad de preservar, simultáneamente, un registro objetivo y un registro subjetivo
de los espacios geográficos11.
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Arxius de la Filmoteca El cine y la memoria del espacio geográfico Agustín Gámir
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Memento (Christopher Nolan, 2000)
y los trastornos de la memoria
Carlos Arenas
Los trastornos y problemas relacionados con el funcionamiento de la memoria han sido tratados en el cine
por autores de prestigio como Alfred Hitchcock, Alain Resnais, Wim Wenders, Joseph L. Mankiewicz o David
Lynch entre otros, logrando resultados notables en la gran pantalla y escenas memorables. Quizá la más
icónica de ellas sea la que Salvador Dalí diseñó (con la colaboración de William Cameron Menzies en la direc-
ción de arte) para la escena onírica de Spellbound (Recuerda, Alfred Hitchcock, 1945) en la que el personaje
amnésico interpretado por Gregory Peck relata un sueño y se recrean motivos del imaginario daliniano para
visualizar las imágenes mentales del paciente. La ausencia de recuerdos o la pérdida de memoria han servido
como excusa argumental en numerosas películas
de géneros diversos como el thriller, el drama, la
ciencia ficción o la comedia. Y es que las temáticas
relacionadas con la memoria perturbada permiten
articular historias engorrosas, a menudo confusas,
que desorientan al espectador con sus tramas en-
revesadas. Entre ellas, los conflictos con la identi-
dad en un mundo cambiante, la complejidad para
definir la verdadera personalidad de los persona-
jes, los fantasmas del pasado que acechan sobre el
presente o la fragilidad de la mente ante situaciones
adversas, conforman un material sumamente atrac-
tivo que fascina a los cineastas tanto por su poder
de experimentación en la práctica fílmica como por Imagen 1. El daliniano decorado de la escena onírica de
la capacidad para asombrar al público. Spellbound (1945).
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Archivos de la Filmoteca Memento (Christopher Nolan, 2000) y
los trastornos de la memoria Carlos Arenas
En el presente texto analizaremos uno de los films más innovadores sobre los trastornos de la
memoria, Memento (Christopher Nolan, 2000) que mediante su atrevida puesta en escena desafía cons-
tantemente al espectador a lo largo de su metraje. Memento se convirtió de inmediato en película de culto,
obteniendo el reconocimiento en festivales de cine tras lograr el premio de la crítica en Sitges, Deauville,
Sundance y Londres, e incluso fue nominada al Oscar en las categorías de guion original y montaje. Además,
puso en el mapa a su realizador, Christopher Nolan, que desde entonces cimentaría una exitosa carrera
comercial en Hollywood y pasaría a dirigir grandes producciones. Memento contó con un presupuesto
de 9 millones de dólares gracias al interés de la productora Summit Entertainment que en aquellos años
financiaba proyectos a contracorriente y decididamente alternativos como la comedia ácida Fear and
Loathing in Las Vegas (Miedo y asco en las Vegas, Terry Gilliam, 1998) o la comedia negra Lock, Stock and
Two Smoking Barrels (Lock and Stock, Guy Ritchie, 1998). Desde entonces los proyectos en los que se ha
involucrado el director británico han manejado cifras multimillonarias habitualmente por encima de los 100
millones de dólares como en las películas de la trilogía de Batman: The Dark Knight (Batman: El caballero
oscuro, 2005-2012), Inception (Origen, 2010) Interstellar (2014) o Tenet (2020). El éxito en el cine mainstream
ha ido acompañado de un interés creciente de la crítica considerándolo como uno de los cineastas más
destacados de las dos últimas décadas.
Basada libremente en el cuento de su hermano Jonathan «Memento Mori», la película cuenta la
historia de Leonard Shelby (interpretado por Guy Pearce), un hombre que tras recibir un golpe en la cabeza
sufre un trauma cerebral irreversible que le provoca una amnesia anterógrada, es decir, no puede gene-
rar nuevos recuerdos ni almacenar actos, ideas o decisiones en su memoria. La enfermedad incapacita
para grabar recuerdos y recuperar la información
guardada anteriormente pues los nuevos eventos
o acciones no son trasferidos a la memoria a largo
plazo. Por tanto, Leonard olvida en unos minutos los
hechos cotidianos que realiza, ya sea una acción,
conversación, lugar, rostro u objeto. La falta de me-
moria a corto plazo convierte su vida en un infierno,
una pesadilla constante, aunque él no lo percibe así,
pues no es consciente de padecer una grave enfer-
medad mental. En estos casos solo se recuerda lo
ocurrido antes del inicio de esta amnesia. Leonard
sabe quién era antes de recibir el golpe, trabajaba
como investigador en una compañía de seguros
para descubrir engaños y detectar posibles frau-
des. Para añadir dramatismo a su situación, es un
hombre en shock constante que busca venganza,
ya que su mujer fue violada y asesinada por unos
ladrones que entraron en su casa. Este es precisa-
mente el último hecho que recuerda, lo que le lleva
a la búsqueda desesperada del asesino para hacer
justicia a su manera. La obsesión por la venganza
espoleará a Leonard a superar las limitaciones cau-
sadas por la amnesia con un objetivo claro: matar
al asesino de su mujer. Existen dos personajes se-
cundarios importantes: Teddy (Joe Pantoliano), un
Imagen 2. El cuerpo como lienzo y campo
policía corrupto que trata de ayudar a Leonard a
de batalla de Leonard Shelby. encontrar al asesino; y Natalie (Carrie-Anne Moss),
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Archivos de la Filmoteca Memento (Christopher Nolan, 2000) y
los trastornos de la memoria Carlos Arenas
supuesta amiga que le engaña para su propio beneficio, que no es otro que deshacerse de un narcotrafi-
cante que mató a su novio Jimmy.
La anarquía reina en el día a día de Leonard: cambio de coche frecuente, peleas, habitaciones de
hotel destartaladas… Es un hombre atormentado que trata de reunir pistas sobre el asesinato de su esposa,
mostrándose como un detective mal organizado, desordenado y poco fiable. Ante la falta de fijación de
recuerdos, va improvisando medidas para no olvidar su objetivo y tratar de avanzar en su investigación:
toma notas y hace fotografías instantáneas con una cámara Polaroid, escribiendo en su reverso frases.
Incluso como solución drástica decide tatuarse frases en su propio cuerpo. Los textos en las notas se van
multiplicando gradualmente, al mismo tiempo que su cuerpo se llena de tatuajes con frases e ideas que no
debe pasar por alto. En ocasiones se tatúa él mismo con una aguja insertada en un bolígrafo. Su cuerpo se
convierte en un extraño lienzo, en el que aparecen por sorpresa textos relevantes o ideas que son tergiver-
sadas por su mente enfermiza.
Los tatuajes podrían interpretarse como heridas autoinfligidas por el sentimiento de culpa, estigmas que
señalan permanentemente el pecado de no haber conseguido salvar a su esposa. Al recordar los hechos,
Leonard se ve a sí mismo sorprendiendo al agresor mientras asfixia a su mujer con las cortinas de la bañera,
pero no consigue detenerlo (Abad, 2018, p. 47).
Memento es una película recordada por su revolucionaria puesta en escena, debido a la estructu-
ra narrativa regresiva empleada. La arriesgada técnica desconcierta al espectador ya que el principio es el
final y el final es una vuelta al inicio. La historia está contada desde el final, hacia atrás, a la inversa. La primera
secuencia que vemos es en realidad la última de la historia. Conocemos como finaliza la película, pero sin
embargo el texto se debe desplegar ante nosotros. Esta fórmula narrativa tan poco convencional empuja a
la audiencia a participar activamente en la construcción del relato (Navarro, 2012, p. 44) ya que al igual que
el protagonista, el espectador está totalmente perdido y debe esforzarse por hallar el hilo conductor. Cada
detalle del argumento se antoja crucial para entender lo que sucede, o al menos aproximarnos a su signi-
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Archivos de la Filmoteca Memento (Christopher Nolan, 2000) y
los trastornos de la memoria Carlos Arenas
ficado. Al igual que Orson Welles lograra en Citizen Kane (Ciudadano Kane, 1941) utilizando una compleja
estructura que subvertía el relato clásico convencional, Nolan inocula igualmente en el público una duda
constante en la que todo es cuestionado, nada es lo que parece, no se puede atrapar una verdad, puesto
que hay muchas, muchos detalles, muchos puntos de vista y la falta de certezas. «Puedes cuestionarlo todo,
pero nunca sabrás nada con certeza», le dice Natalie a Leonard. Se refuerza así la idea con la que Nolan
trata de envolver a la audiencia: que tenga la sensación de desconcierto y caos que sufre Leonard. Esta
implicación participativa exige un público implicado e inteligente, capaz de seguir la tortuosa narración que
le llevará hacia el misterio que encierra el relato.
El filme arranca con un plano detalle de una mano sosteniendo una fotografía, sobre el que se
imprimen los créditos. La acción típica tras realizar una instantánea con Polaroid es agitar la foto hasta que
adquiere contraste. Mientras van pasando los créditos la foto es agitada a intervalos y el plano permanece
estático; lo lógico sería que en los sucesivos planos la foto fuera apareciendo poco a poco hasta ser nítida;
pero sucede lo contrario, se va desvaneciendo hasta borrarse y desaparecer. El inicio del film es una metá-
fora de la historia de Leonard: sus imágenes mentales, sus recuerdos, se evaporan como sucede en esta
«foto polaroid invertida». De hecho, la cámara Polaroid proporciona fotos desaturadas, lavadas y sin brillo,
como sus recuerdos. Y el detalle no es baladí, pues la fotografía funciona como un archivo visual, testigo
del tiempo y de una realidad imprimida de forma técnica, sustituyendo a la memoria natural que puede fallar
o no recordar con nitidez, sino más bien reconstruir un pasado difuso. La fotografía en cuestión mostraba
un cuerpo tendido en una sala con sus paredes salpicadas de sangre, lo que denota una muerte violenta,
un asesinato. Tras los créditos, en la primera escena las imágenes van hacia atrás mediante la técnica del
reverse motion: el papel se introduce en la cámara, se hace la foto, un chorro de sangre se reabsorbe, la
pistola vuelve a la mano, la bala a su origen, el cuerpo se levanta antes de recibir el disparo. Estas acciones
son inversas, no siguen una lógica lineal lo que provoca cierta confusión.
El espectador empatiza con Leonard desde el comienzo por la narración en primera persona,
observamos el mundo de Leonard a través de sus ojos, somos testigos de lo que le ocurre. De algún modo
confiamos en lo que cuenta y entendemos sus acciones para llevar a cabo la venganza. La empatía con
el protagonista se subraya con el uso de planos subjetivos, que hacen que dispongamos de la misma in-
formación que tiene Leonard y vayamos descubriendo lo que sucede a su lado. El suspense está latente
a lo largo del film, no sabemos quién es el asesino que busca Leonard hasta prácticamente el final, en una
conversación reveladora con Teddy. A Nolan le preocupa no tanto lo que se cuenta, sino el cómo, de ahí la
complejidad de la puesta en escena.
Sin duda el recurso formal prin-
cipal del film es la estructura narrativa in-
vertida que genera un guion complicado.
Hallamos varias líneas narrativas: la prin-
cipal cuenta la historia de Leonard, en co-
lor y transcurre hacia atrás; una segunda
línea narrativa, en blanco y negro, discurre
mediante montaje lineal convencional, ha-
cia delante. En ella descubriremos infor-
mación por la voice-over del protagonista
y también por una conversación telefóni-
ca en la que habla sobre su enfermedad.
Además, existen dos líneas secundarias:
la historia de Sammy Jankis (un caso de
amnesia que investigó Leonard con an-
terioridad a su lesión) y que se revelará Imagen 4. Leonard muestra una de sus fotos polaroid.
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los trastornos de la memoria Carlos Arenas
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los trastornos de la memoria Carlos Arenas
Uno de los conflictos dramáticos recurrentes en su cine es la venganza, describiéndola así: «Se
trata de una motivación extraordinaria para el cine y es comprensible de forma inmediata, un sentimiento
universal. No estoy interesado en hacer historias de venganza tópicas. Para mí, la venganza es un defecto,
un compromiso» (Gómez, 2014, p. 32). Otros films de venganza acaban de manera satisfactoria para el pro-
tagonista cuando logra ajustar cuentas. Algunos de ellos son Kill Bill: Vol. 2 (Quentin Tarantino, 2004) o Taken
(Venganza, Pierre Morel, 2008), que sitúan la venganza en un primer plano. Sin embargo, Memento deja un
sabor amargo, sin satisfacer el impulso de Leonard. No sabemos quién es el culpable o si existe un culpable.
El drama va más allá porque, aunque Leonard mate al asesino de su mujer, nunca podrá superar su muerte.
Al final de la película descubrimos que Leonard no ha matado al asesino de su mujer, si no que ya lo hizo hace
tiempo, pero lo ha olvidado. Dejó una nota para incriminar a Teddy, que parece que se aprovechaba de la en-
fermedad de Leonard para sus trapicheos. Del mismo modo que otros personajes de la filmografía de Nolan,
vive una falsa realidad, no acepta la verdadera, negando las evidencias. Leonard «prefiere seguir creyendo
que fue otro quien mato a su mujer. Lo mismo sucederá tiempo después, en Insomnio y Origen, cuyos prota-
gonistas buscarán refugio en realidades engañosas, ya sea para ocultar un crimen o por olvidar una tragedia
familiar» (Gómez, 2014, p. 37). ¿Estamos ante un psicópata que no recuerda sus crímenes porque los olvida?
¿Es un asesino en serie trastornado por una enfermedad mental? A lo largo del film se le atribuyen cuatro
muertes al menos, que seguirán aumentando al estar en un bucle continuo en una historia de venganza sin fin.
Los problemas de la memoria y las incógnitas de la mente se abordaron en películas del Ho-
llywood clásico como la mencionada Recuerda de Hitchcock, en la que se utilizaba el psicoanálisis freu-
diano para tratar los problemas emocionales del protagonista que debía recuperar la memoria e identidad
y superar así un falso complejo de culpabilidad; o en el film basado en una pieza teatral de Tennessee Wi-
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Conclusiones
Christopher Nolan desarrolla en su cine narrativas atractivas para el espectador inconformista al que trata
de cautivar con historias complejas y puestas en escena llamativas. En sus películas reivindica la magia del
cine y su espectacularidad como gran arte, siendo uno de sus objetivos asombrar al público, deslumbrarlo.
Pero además de cultivar un estilo formal muy personal, cuidando la fotografía y el montaje de sus películas,
Nolan propone un compromiso ético irrenunciable, preocupado por las cuestiones que afectan y atañen
al individuo contemporáneo. Una de estas problemáticas constituye el hilo narrativo de la historia y uno
de los argumentos centrales de Memento bajo la premisa de los trastornos producidos en la memoria del
protagonista. Con el film, reclama la importancia de la memoria, ya que sin ella el mundo sería un caos. Sería
como la vida de Leonard, un sinsentido, una fuga adelante sin razón; una condena a vivir eternamente en el
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presente, sin pasado ni futuro. Además, la percepción de nuestra propia identidad se vincula directamente
con nuestros recuerdos; sin ellos, entramos en crisis. Con el visionado del film se plantean reflexiones sobre
la importancia de nuestros hechos y de conservar y recordar, así como preguntas acerca de la condición
humana, la verdad, la falsedad, el engaño.
Otro dilema ético que sobrevuela en la película es la idea de acusar a alguien o impartir justicia con
tan pocas certezas y evidencias confusas. Nuestro cerebro nos engaña en ocasiones, enredando imágenes
mentales inventadas, imágenes reales y recuerdos. Por último, existe una reflexión sobre los mecanismos
narrativos del cine y su propia naturaleza, que son puestos en tensión para interrogarnos sobre su funciona-
miento, su poder de fascinación, así como su facilidad para manipular al espectador, que debe estar atento
a las imágenes que desfilan ante sus ojos.
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Arxius de la Filmoteca Memento (Christopher Nolan, 2000) y
los trastornos de la memoria Carlos Arenas
Carlos Arenas imparte clases de Historia del Arte e Historia del Cine en la
Universitat de València y es profesor colaborador en la Universitat Oberta de
Catalunya. Como curador es responsable de varias exposiciones internaciona-
les dedicadas a HR Giger (Valencia 2007; San Sebastián 2009; Nantes 2017,
Ciudad de México 2019; Barcelona 2021; Tabasco 2022), José Hernández,
Joan Castejón, el diseño cinematográfico (Valencia 2009) y el Arte fantástico
(Valencia y Alicante 2013; San Sebastián 2014; Tabasco 2023). Ha publicado
numerosos artículos en revistas especializadas y en catálogos de exposicio-
nes, relacionados con el arte y el cine fantástico. Como guionista ha trabajado
en televisión (Culto Cinemascope, Rolling Stone Colombia 2021) y en cine (Bay-
ne Studios, Nueva York, 2023).
↘ [email protected]
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OTRAS MIRADAS
Análisis interseccional de
representación de género;
aplicación al estudio de caso
de la miniserie Frontera verde
Begoña Gutiérrez San Miguel
1. Introducción
La representación del cuerpo femenino en las películas y series tradicionales, fruto esencialmente de la
influencia del imaginario hollywoodiense, se nutre de parámetros estándar; cuerpos artificialmente re-
construidos, lejos de la esencia biológica (Barrientos, 2020), cuerpos blancos en un intento de alcanzar la
perfección, jóvenes, valores determinados por la etnia (Braidotti, 2019).
En algunas producciones audiovisuales, tales como películas y series actuales, las protagonistas
son mujeres que rompen los parámetros tradicionales; no son sumisas, tienen caracteres fuertes, violentas
en ocasiones, o enérgicas, con capacidad de decisión sobre sus vidas, ocupando puestos que rompen
el techo de cristal y sin estar minusvaloradas al arbitrio del hombre protector. Pero también cargadas de
compasión, humor, ironía para replantear el sexo, la clase, como elementos de cambio en la búsqueda de
múltiples y complejas diferencias.
Dentro de este contexto se engloba el concepto de interseccionalidad, con trabajos que funda-
mentan la presente investigación, como el de Hill Collins y Bilge (2016) que exploran aspectos y desafíos
teóricos y prácticos que enfrenta en la actualidad las dispersiones de la interseccionalidad. Las posiciones
feministas están dirigiendo sus afanes hacia la crítica y el cambio (Aguado Peláez y Martínez García, 2015)
para solventar la multitud de discriminaciones que viven las mujeres: exclusión política, explotación económi-
ca, invisibilidad social y un largo etcétera, perpetuadas a través de las representaciones culturales (Mayobre,
2007; Curtis y Cardo, 2018). Un ámbito en el que los medios de comunicación son todopoderosos como
pantalla de reflexión de modelos sociales y culturales, de patrones masculinos y femeninos. Es por ello por lo
que se está desarrollando un marco teórico y práctico que aglutina las diversas identidades en confluencia
con las diferentes desigualdades (Crenshaw, 1991; Zafra y López Pellisa, 2019). Junto al género se encuen-
tran otros sistemas de opresión por razones de raza o de la etnia (Perdices-Castillo y Perianes-Rodríguez,
2014; Curtis, y Cardo, 2018), las diferencias de clase, la religión, la orientación sexual y la edad, entre otros,
para interpelar la relación entre los distintos sistemas de discriminación social (Dunezat, 2017). Los estudios
interseccionales buscan mostrar, por un lado, la multiplicidad de experiencias vividas por mujeres como pro-
ducto de la intersección dinámica entre distintas categorías sociales y, por otro, la posición privilegiada de
aquellas personas que no sufren ningún tipo de discriminación porque encarnan la misma «norma» definida
por la masculinidad, la heteronormatividad o la raza blanca, entre otros (Viveros Vigoya, 2016).
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Archivos de la Filmoteca Análisis interseccional de representación de género;
aplicación al estudio de caso de la miniserie Frontera verde Begoña Gutiérrez San Miguel
La interseccionalidad estudia, además, las categorías sociales imbricadas tanto en niveles macro
sociológicos como microsociológicos, examinando los efectos que tienen las estructuras de desigualdad
social en la vida individual de las personas (Hill Collins, 2000; Walters, 2011). Asimismo, examina las posibles
interrelaciones entre las categorías (Dorlin, 2009) comprobando si el género puede crear la clase cuando sur-
gen los fenómenos de la brecha salarial o el techo de cristal en el mundo laboral, al igual que el género puede
ser utilizado para afianzar la raza, como cuando se hiper masculiniza a los hombres negros o se feminiza a los
hombres indígenas (Kergoat, 2009; Scodari, 2012). Se propone el pensar que cada elemento o rasgo de una
persona está enlazado con todos los demás elementos construyéndose, de esta manera, la propia identidad.
Las cuestiones de interseccionalidad atañen de igual manera a la representación en los medios de
comunicación, cuando tienden a devaluar a los colectivos minoritarios de la cultura popular, ya sean mujeres
de color, de diferentes etnias, lesbianas o de edades avanzadas (Aguado Peláez y Martínez García, 2015).
A todos estos conceptos también se unen los planteamientos de Bauman (2006) y la modernidad
líquida, en donde las realidades sólidas tradicionales sobre la vida y las costumbres se han ido modifican-
do, dando paso a un mundo más provisional y efímero en todos los aspectos. La desvinculación del amor
romántico permite una liberalización de la sexualidad. Y una igualdad entre los sexos en donde se incluye el
erotismo como un elemento decisivo del éxito o fracaso de la relación, esto es, la búsqueda de la plenitud
en el logro del placer. A ello se une, el proceso de transición hacia un tipo de amor desligado por completo
de las visiones tradicionales de la vivencia de la sexualidad, es decir, el «amor confluente» (Coran Berkin y
Rodríguez Morales, 2000). Plasman, en definitiva, la ruptura de patrones tradicionales.
Estas líneas fundamentan la presente investigación al abordar la percepción imbricada de las
relaciones de poder desde una perspectiva de interseccionalidad que busca identificar y deconstruir las
categorías normativas que dicta el discurso hegemónico (Foucault, 1980). El objetivo principal es discriminar
si se muestran patrones hegemónicos o si, por el contrario, se está produciendo un cambio de paradigma
en la forma de abordar los papeles femeninos. Para ello, se hace un estudio sobre la miniserie emitida por
la plataforma Netflix, Frontera Verde. Aborda problemas profundos sobre la multiculturalidad, la forma de
inserción en lo social, la diversidad étnica frente al mundo hegemónicamente dominado por las películas
de Hollywood, articulando una confrontación con el discurso heteropatriarcal planteado en las citadas
producciones hollywoodienses.
Así mismo, la serie objeto de estudio, se plantea dentro de los planteamientos narrativos vincula-
dos al realismo mágico, tendencia que comenzó a desarrollarse en el cine de los años setenta en Latinoa-
mérica principalmente, partiendo de autores como Gabriel García Márquez cuando en 1954, en Colombia
se unieron con él, Enrique Grau, pintor; Álvaro Cepeda, escritor y Nereo López como fotógrafo, para la filma-
ción del que se considera el primer cortometraje de este estilo La langosta azul. En los años 60, el escritor
colombiano seguirá potenciando en México su estilo como guionista con producciones como El Gallo de
oro, de Roberto Gavaldón, guion de Juan Rulfo y Carlos Fuentes. Otros autores como el argentino Eliseo
Subiela, en los ochenta, redimensionarían el realismo mágico en el cine latinoamericano. De esta trayectoria,
también, se nutre Frontera Verde.
2. Materiales y Método
La investigación de corte cualitativo coteja los diferentes ítems de análisis valorando los mensajes tácitos
y soterrados que se transmiten sobre las mujeres en distintos contextos culturales, siguiendo las líneas
mayoritarias de investigación feminista como la etnografía, el estudio de caso…, que han demostrado ser un
poderoso instrumento para analizar cuestiones de género (Braidotti, 1995; Bai, 2011).
En concreto, los ejes de análisis serán: género, etnia, cuerpo, sexualidad, matrimonio, religión y cla-
se social (Aguado Peláez y Martínez García, 2015; Viveros Vigoya, 2016), categorías que están relacionadas
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aplicación al estudio de caso de la miniserie Frontera verde Begoña Gutiérrez San Miguel
en múltiples y en ocasiones simultáneos niveles y reflejan las identidades sociales solapadas o intersecadas
y sus respectivos sistemas de opresión, dominación o discriminación. Dichas categorías serán analizadas
desde una perspectiva macro sociológica, a través del análisis del contexto, y otra microsociológica, anali-
zando si el personaje femenino transgrede o no dicho contexto opresor.
La muestra analizada supone el análisis de contenido de la miniserie Frontera Verde, producida por
la productora colombiana Dynamo, compuesta por ocho capítulos de unos 45 minutos cada uno de duración.
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aplicación al estudio de caso de la miniserie Frontera verde Begoña Gutiérrez San Miguel
en las profundidades de la selva amazónica sin tener contacto con el mundo exterior. Sus comunidades
son exogámicas, con sistemas de parentesco en donde la elección del cónyuge debe ser de otro grupo,
teniendo prohibida la relación matrimonial entre los miembros de un mismo grupo. Los asentamientos de
pueblos occidentales de colombianos, brasileños y alemanes son los exógenos.
— El cuerpo. Las mujeres son las protagonistas en un mundo brutal y vinculado a la masculinidad en
la parte colonial - casi 1.800 mujeres, de 20 a 24 años, fueron asesinadas en Colombia en los años
2017 y 20181-. Existe una clara diferenciación entre los indígenas y los colombianos o brasileños. Las
mujeres latinoamericanas son las que ocupan su territorio de origen, además de la protagonista, y las
europeas estarán representadas exclusivamente por las religiosas.
— Sexualidad. La sexualidad está mayoritariamente vinculada a la violencia y a la prostitución. La liber-
tad sexual también está arraigada principalmente al ámbito de los pueblos y ciudades. La población
indígena suele mantener la poligamia, aunque las mujeres son respetadas por estar relacionadas
con la madre naturaleza. La mujer debe permanecer aislada en el momento que tiene la primera
regla, finalizando éste con el Pelazón, una fiesta a la que asisten las dos mitades exogámicas de las
comunidades y, donde les cortan el pelo -antiguamente se lo arrancaban- como ritual de paso o de
fertilidad a la vida adulta (Cure, 2020).
— Los matrimonios. Existe un sistema de alianzas matrimoniales incluso entre familiares -entre primos
cruzados bilaterales-. La sociedad ticuna está dividida en mitades exogámicas no nominadas, cada
una compuesta por diferentes clanes. Estos grupos clánicos patrilineales -transmitida de padre a
hijo-, les dan una posición social relevante, pudiendo contraer matrimonio, las mujeres, tras el ritual
del Pelazón. En la parte de representación del mundo colombiano/brasileño, los matrimonios no que-
dan reflejados en esta serie por estar situada en un asentamiento, en principio, provisional. La mafia
maderera, los políticos locales corruptos y peligrosos narcotraficantes sólo mantienen relaciones
sexuales con prostitutas.
— La Religión. El pueblo Ticuna está vinculado a la naturaleza, siendo Yo´i uno de los creadores, que
vive en la montaña Taiwegine (Facó Soares, 2018), lugar sagrado y ahí es donde residen algunos de
los inmortales -protagonistas de esta serie- y en donde se encuentran las huellas naturales de sus
creencias. Los chamanes son los conductores de la comunidad y acceden por medio de ritos de ini-
ciación por parte de otros chamanes. En 1971 surge y se instala la Hermandad de Santa Cruz, creando
la Villa Espiritual del mismo nombre que sustenta la religión católica. Los ticuna adoptaron esta nueva
religión de forma mayoritaria -la Primera Orden de las Hermanas de la Caridad que se instalan en el
Amazonas brasileño, albergaría células nazis, representadas en la serie-. Los rituales religiosos se
manifiestan entre la comunidad indígena de forma sectorializada: las cuestiones del hogar pertenecen
a las mujeres, y la alimentación a los hombres al igual que el liderazgo de la comunidad. Los chamanes
o hechiceros son muy respetados.
— Lo social. El Amazonas como espectral escenario del realismo mágico articula la tensión de los modos
de vida y las costumbres entre los urbanitas y los pueblos indígenas, algo que se acaba reflejando
en todas las facetas vitales y sociales. Los Nai viven en el entorno de los ríos alimentándose de vege-
tales y frutos. Cazan y pescan utilizando arcos y flechas, o cerbatanas con dardos impregnados en
curare2. Viven en grandes casas comunales de forma oval, en torno a poblados o aldeas con casas
mono-familiares. La defensa del medioambiente plantea la Amazonia como «la casa del mundo»
frente a los madereros ilegales y a los grandes monopolios, y los terratenientes ganaderos. Conciben
la persona, la sociedad y la cultura, como parte de la naturaleza en íntima relación con ella, de manera
1 Según datos recabados por el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe. https://oig.cepal.org/es/indica-
dores/feminicidio.
2 Venenos aplicados a las flechas por una serie de pueblos indígenas de América del Sur, como arma defensiva.
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que la interacción naturaleza-cultura, teje el sistema social. Tienen una variada producción artística
tales como máscaras ceremoniales, estatuillas zoomorfas, cerámica, tejidos, collares con pequeñas
figuras esculpidas como muestra de su identidad. Además de la pintura sobre su cuerpo y el mante-
nimiento de los relatos y las músicas. Consecuencia de todo ello, existe un conflicto endémico entre
las comunidades indígenas y las occidentales. En medio de todos ellos están las congregaciones
cristianas -con la labor de evangelización aún en el siglo XXI-.
PERSONAJE: Helena
Frontera Verde
Raza/etnia SI
Cuerpo SI
Sexualidad SI
Matrimonio SI
Religión SI
Lo social SI
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La sexualidad en los pueblos occidentales está en gran parte reflejada en el ejercicio de la pros-
titución. Los hombres están representados por los patrones tradicionales impregnados de brutalidad,
machismo, y superioridad moral sobre las mujeres. La mayoría de los policías, madereros y traficantes, man-
tienen relaciones despectivas hacia las mujeres que son amenazadas, maltratadas e incluso asesinadas;
la sexualidad se compra y se vende. Helena, la protagonista, está libre de prejuicios y mantiene relaciones
sexuales ocasionales sin buscar una estabilidad ni plantearse un vínculo matrimonial, representando así el
modelo de amor líquido de Bauman (2006).
4. Conclusiones
La diversidad cultural, los derechos cívicos y sociales, las desigualdades, las diferencias laborales o vitales
son temáticas que articulan el discurso.
El análisis macro -el que sitúa el contexto- del estudio pone de relieve las relaciones de poder
desde una perspectiva de interseccionalidad, se muestra cómo las mujeres protagonistas de las series,
intentan ser sometidas a las estructuras opresoras tradicionales. Por su parte, el análisis micro – aplicado
al análisis del discurso- demuestra que las mujeres empoderadas, tratan de deconstruir dichas estructuras
normativas consiguiendo transgredir dichos entramados opresores. Se trata por tanto una serie que rom-
pe, a través de las protagonistas, con el discurso hegemónico, no sólo porque muestra a mujeres fuera de
los esquemas tradicionales, sino también porque representa la diversidad de mujeres y la complejidad de
desentrañar las relaciones de poder.
Los símbolos culturales de la hiperfeminidad en donde la mujer representada es blanca, domi-
nante económicamente y heterosexual, que plantea Braidotti (en Zafra y López- Pellisa, 2019, p. 196), como
aporías y afasias de las estructuras teóricas, suponen un cambio evidente, suponiendo un metadiscurso
deconstructivo con la presencia de algunas mujeres de diversas razas, con capacidad de evolucionar en la
vida, sin necesidad de ser conducidas desde la complacencia del heteropatriarcado, con relaciones y pro-
blemáticas reales, en donde la perfección no se presenta a modo de estereotipo y la imperfección conduce
las circunstancias vitales en lucha con la injusticia. Unas reivindicaciones que se fundan en experiencias
reales dando formas radicales de representación a modo de afirmación de la naturaleza femenina, con
capacidades éticas o comportamientos determinados por la moral.
Las situaciones planteadas en esta serie permiten pensar la posible evolución hacia cambios sus-
tanciales sociales, culturales y vitales, acogiendo a las mujeres en un mundo igualitario, aunque se manten-
gan todavía importantes desigualdades, provenientes de los diversos sistemas hegemónicos tradicionales
y las formas de vida anacrónicas. Como tales injustas.
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65
Archivos de la Filmoteca Análisis interseccional de representación de género;
aplicación al estudio de caso de la miniserie Frontera verde Begoña Gutiérrez San Miguel
66
Entre archivos, corporalidad
y a-priori audiovisual: notas para
una cartografía de las (pos)memorias
documentalistas y ensayadas desde el Sur
Belén Ciancio
Preliminar
El lugar primordial de la memoria, y del olvido, es el cuerpo, sus afectos y emociones, más allá del archivo,
del pharmakon de la escritura, de otras tecnologías mnémicas y del género, como puede ser el cine. Pero,
estas mismas tecnologías han ido moldeando, imponiendo modelos, o transformando las corporalidades
(tecnocuerpos, cyborgs, somatecas) y las memorias corporizadas, que hoy parecieran libradas al infinito
digital y al impacto del cibercapitalismo.
El ensayo filmado en primera persona, el cuerpo filmado, filmante y hablante (el del cineasta, es-
pecíficamente con esta doble función, imprimía un «efecto de verdad» ineluctable), como acontecimiento
propio del documental y otras formas liminales con la ficción, a fines del siglo pasado fueron los modos
reivindicados ante la «voz de Dios» que pretende objetividad, también ante la espectacularización mediática,
un «yo», y sus máscaras, que se hacía «otro» desde el momento y memorias cinematográficos y ante los
acontecimientos límite de la humanidad, el colonialismo, la guerra y los genocidios (Comolli, 2004, 2002a,
2002b). El problema de la representación modulado desde autores recurrentes en la academia (Jacques
Rancière, Georges Didi-Huberman, Jean-Luc Nancy), encontró ecos, resonancias y diferencias en el marco
del devenir de las memorias en Sudamérica, así como el de posmemoria (Hirsch, 1997, 2015) fue respondido
críticamente o reescrito –(pos)memoria, pos-memoria–1 cuando el cuerpo como firma del documental se
hizo presencia ante la evocación de un cuerpo desaparecido en documentales como Los rubios (Albertina
Carri, 2003), Papá Ivan (María Inés Roqué, 2004) y M (Nicolás Prividera, 2007), en medio de las reflexiones
acerca de la primera persona, la autobiografía, el «giro subjetivo», las diferencias no sólo en los modos de
representación y el problema de lo irrepresentable, sino generacionales (Amado, 2009; Piedras, 2014;
Ciancio, 2021a). Así como los feminismos y estudios de género, que lindan con las constelaciones de (pos)
memoria, desde la teoría y práctica queer hasta los estudios trans, fueron problematizando el lugar del cuer-
po sexuado, racializado, generizado –representado–, pornificado, en el audiovisual, el testimonio y películas
1 Algunas de las variaciones ensayísticas, reescrituras y críticas de este concepto están presentadas en Estudios sobre cine: (pos)
memoria, cuerpo, género (Ciancio, 2021a) y en Imágenes paganas. Otras memorias, otros géneros (Ciancio, 2021b).
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Archivos de la Filmoteca Entre archivos, corporalidad y a-priori audiovisual: notas para una cartografía
de las (pos)memorias documentalistas y ensayadas desde el Sur Belén Ciancio
emblemáticas como Shoah, donde frente al archivo se afirmaba el testimonio. Aunque no hubiera presencia
casi de mujeres, y ninguna de otras minorías étnicas, religiosas, políticas, asociales, homosexuales, extermi-
nadas por el nazismo. Estas reflexiones acerca del cuerpo y la memoria cinematográficas, incluían también
el lugar del espectador, supuesto históricamente masculino y blanco. Un lugar y un goce inquietados no
sólo desde las vanguardias, la ensayística y el cine de autor europeos, sino que, en el cine latinoamericano, y
concretamente en el documental, fue apelado a la acción política (Tercer Cine), desde la consigna fanoniana
«Todo espectador es un cobarde o un traidor» o cuestionando el goce ante la representación pornográfica
de la miseria (Agarrando pueblo, Luis Ospina y Carlos Mayolo, 1978), dando un giro al problema de la repre-
sentación en el cine europeo. Ante la sobreproducción de imágenes digitales, incluso se llegó a pensar en
la extinción del espectador, antes que en su emancipación.
Más allá de la nostalgia, se produjeron variaciones ensayísticas, conceptuales y perceptivas
acerca del efecto narcotizante de las imágenes técnicas (la imagen pantalla), también de sus dimensiones
performativas algorítmicas, afirmando nuevamente el valor del documental (Castillo, 2020). Performativi-
dad también sostenida, con otro sentido, entre el «giro archivístico» y las transmisiones intergeneraciona-
les re-corporizadas, afectivas, afectantes y generizadas, o como «memorias conectivas» (Hirsch, 2015),
cuando documentales como los mencionados anteriormente, suscitaron una serie de posicionamientos y
debates acerca no sólo de las transformaciones en el documental contemporáneo, sino del concepto de
posmemoria, aunque esa performatividad no sea la misma que la del lenguaje y «mirar» y «hacer» no sean
lo mismo. Cuando el privilegio del archivo (como lugar patriarcal de los arcontes, conjunto de enunciados,
imágenes o domiciliación de la memoria) de la imagen y de la representación parecieran fragmentarse y
provocar reflexiones con ecos benjaminianos acelerados (entre la politización de la estética y la estetización
de lo político a través de la tecnología que, a veces, homogeneiza el sensorium audiovisual); aunque estas
reflexiones no alcancen al instante de las redes que, aunque mil veces expuestos sus efectos, algoritmos,
cancelaciones y desertores, siguen creciendo o mutando en otras. Se reinventó, también, el «cine expandi-
do», término surgido en los setenta (Gene Youngblood), como «audiovisual expandido», se procuró diferen-
ciar el documental del ensayo fílmico o audiovisual. Estos fueron algunos de los modos de nombrar aquellas
prácticas y producciones que fueron liminales a la interacción de soportes, circulación y experimentación
digital, cuando otra de las tendencias fue producir catálogos (por ejemplo, La dictadura en el cine de Me-
moria Abierta, en Argentina)2, recuperar archivos fílmicos, preservar copias de cinematografías como las del
Tercer Cine, y otras cinetecas latinoamericanas, o filmes de expediciones, científicos, caseros, domésticos
y familiares. Aunque el problema de la preservación fílmica sigue pendiente en la región y en Argentina no
hay Cineteca Nacional. Pero, más que nunca, la memoria está afuera, se objetiviza, se expande.
Ante el a-priori audiovisual digitalizado, como condición no sólo de semiosis y de saber sino de
sociabilidad y afectos, que se incrementó con la pandemia (cuando las salas de cine quedaron vacías y mu-
chas producciones, ya de por sí fuera del mainstream, no pudieron estrenarse o verse), la sobrexposición
corporal en aplicaciones (que producen nuevas subjetividades y subjetivaciones [silicolonización neoliberal
de la subjetividad y del cuerpo, según algunas perspectivas críticas] más allá de los medios, así como segui-
dores en lugar de espectadores), la espectacularización y sobrerrepresentación que cuestionaron críticos
y filósofos en el marco de las aporías de la representación de los acontecimientos del siglo XX, parecen
anacrónicas (con todo el valor del anacronismo en la historia del arte). Pero, resultaron ineludibles en una
trama de preguntas que bordean a los tópicos acerca del documental, o el ensayo audiovisual, sus formas
liminales: ¿qué otras memorias se corporizan en estas prácticas contemporáneas y como se vinculan o
desvinculan del legado de las vanguardias y del cine militante de los 70?, ¿qué formas y públicos encuentran
en un mundo de sobreproducción audiovisual para mostrar otras imágenes, otras corporalidades, otros
géneros?, ¿qué variaciones encuentran desde los márgenes en regiones que hasta hace un tiempo no con-
2 http://www.memoriaabierta.org.ar/ladictaduraenelcine.
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Archivos de la Filmoteca Entre archivos, corporalidad y a-priori audiovisual: notas para una cartografía
de las (pos)memorias documentalistas y ensayadas desde el Sur Belén Ciancio
taban con continuidad y circulación de la producción?, ¿es posible des-corporizar la memoria, des-encarnar
el trauma y la subyugación, socializarlo, compartirlo a través de una obra o una práctica que circula en el
espacio público o virtual, en un archivo afectante?, ¿se hace así colectivo el duelo sin negar su singularidad,
más allá del cuerpo donde impactan la rememoración y el recuerdo, es acaso un modo de liberarlo?
Afirmar el cuerpo desde la experiencia cinematográfica, partiendo de los estudios deleuzianos,
como una de las escalas para una cartografía de los estudios sobre cine, es una de las conjeturas que vengo
trabajando en el marco de la producción audiovisual en Argentina. Aunque decir «en Argentina», sea una
pretensión de centramiento que invisibiliza que, en muchos casos, en realidad se trata de la producción por-
teña. En una primera cartografía las memorias corporizadas fueron abordadas desde diferentes umbrales
y desde una lectura experimental de algunos textos e imágenes poco conocidos o no vinculados a este
contexto, preguntando por las primeras imágenes relacionadas con la llegada del cine y su «misión civili-
zadora»3, la producción y sus estudios (teoría, crítica, ensayística, tesis…). Describiendo, así, los diferentes
modos en que la crítica y la academia se valieron del cine como «recuperación» o «reconstrucción», como
máquina de representación del pasado para la incipiente democracia (por encima de diferencias partidarias
y del alcance mismo de la democratización), desde la metáfora del espejo o reflejo. Entonces una serie de
películas, ficciones o alegorías principalmente, como Un muro de silencio (Lita Stantic, 1993), La noche de
los lápices (Héctor Olivera, 1986), pero también el díptico documental La República perdida I y II (Miguel
Pérez, 1983; 1986), fueron vistas como documentos que lograban mostrar algo sobre lo que a nivel social no
era todavía posible visibilizar o articular un discurso: la desaparición. Esta perspectiva, que implica también
una cierta performatividad de las imágenes, cuando el problema de la representación no se había planteado,
se diferenciaba del concepto más amplio de «memoria liberadora» opuesto al del «historia dominadora»,
que circulaba en algunos de los textos testimoniales de la praxis del Cine Liberación. Entonces se produjo la
diferenciación entre «cine de historia», «cine de memoria», «cine de recuerdo» o las diversas temporalidades
de la memoria, donde no solo se vincula al pasado o a operaciones de reconstrucción, sino también a la
cuestión de la representación, la percepción, la afectación y los efectos performativos de las imágenes, con
lo cual la memoria muestra su relación con el presente.
Una diferencia irrumpió en esta cartografía (incompleta), entre restos y girones de otros posibles
mapas, de algún modo también un archivo, no sólo de algunas de las películas de memoria, sino del «conjun-
to de enunciados» que tanto la crítica y la academia habían producido sobre ellas y que en ciertos espacios
y contextos producen también modos de ver, articulaciones y tensiones entre la memoria colectiva, sus
multiplicidades y singularidades, y la institucionalización y ciertos modos de producir conocimiento. En este
contexto, la performatividad y los efectos performativos no tienen que ver sólo con las imágenes sino con
los campos de investigación, en el marco de la institucionalización de los estudios sobre cine en diferentes
países sudamericanos y de su globalización. Cuando tesis e hipótesis acerca de esta supuesta «segunda
generación» (a la que pertenezco), y documentales como los mencionados anteriormente (Los rubios, M,
Papá Iván), suscitaron una serie de posicionamientos acerca no sólo de las transformaciones en el docu-
mental contemporáneo y la puesta en crisis de los modos de representación de la cinematografía anterior,
sino del «paradigma» de posmemoria, atravesado no sólo por conceptos, sino por afectos y en tensión
con intereses globales y agendas académicas, aun cuando algunas cuestiones intenten intelectualizarse o
nombrarse debate (por ejemplo: «a favor» o «en contra», como si la posmemoria fuera un tópico acerca del
cual debatir en los espacios académicos, más allá de quienes interpela directamente).4
3 Se trata de una lectura a contrapelo de una conocida imagen de la linterna mágica que Teo de León Margaritt (seudónimo de Tomás
Milani) describe como la de «una pecadora desnuda entre las llamas del purgatorio» utilizada como instrumento «para impresionar
a los indios acerca de las glorias del paraíso y las penas del infierno» (De Leon Margaritt, en Ciancio, 2021).
4 Más allá de las calcificaciones y clasificaciones académicas, de modelos globales, de especificidades, de taxonomías de imágenes,
de tipos de posmemorias o de memorias vicarias, o de ordinales (segunda generación, generación 1.5…), se trata de subjetivaciones
(y desubjetivaciones), transmisiones, narraciones en primera persona.
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Archivos de la Filmoteca Entre archivos, corporalidad y a-priori audiovisual: notas para una cartografía
de las (pos)memorias documentalistas y ensayadas desde el Sur Belén Ciancio
5 En el ensayo filmado se incluye un corto de terror amateur filmado por Prividera en su adolescencia.
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Archivos de la Filmoteca Entre archivos, corporalidad y a-priori audiovisual: notas para una cartografía
de las (pos)memorias documentalistas y ensayadas desde el Sur Belén Ciancio
brado. Este trabajo está compuesto por Investigación del cuatrerismo, que proyecta en pantallas múltiples
un archivo relacionado con la película perdida Los Velázquez (Pablo Szir, basada en el libro de Roberto Carri
Velázquez: formas prerrevolucionarias de la violencia, 1968), las instalaciones sonoras Allegro y A piacere
y la exposición Cine puro, que remite a la pérdida de la materialidad cinematográfica mediante la puesta en
escena de cinta en desuso y Punto impropio, basada en la correspondencia que Ana María Caruso, desa-
parecida al igual que Roberto Carri, mantuvo con sus hijas.
Cuatreros surge como una no película, la basada en el libro de su padre, a la que la directora se ne-
gaba por ser «de tiros», «de motivaciones homosexuales encubiertas como dar la vida por el mejor amigo».
Como en Los rubios hay un «deberías» del que se fuga, aunque se confiesa finalmente conmovida con las
imágenes de otra época. En este ensayo, Carri narra en primera persona, sin ocupar un lugar de saber total,
sino desgarrado e irónico como si se anticipara a críticas como las que se hicieron de Los rubios. También
existe una diferencia en la enunciación. Con la narración desde la voz en off ante las imágenes de archivo,
found footage (metraje desencontrado, si tenemos en cuenta la no película de la que resulta este documen-
tal experimental), ahora se nombra a sí misma ya no solo hija, sino madre, y su obra es, más de diez años des-
pués, reconocida e institucionalizada. Construye en esa voz un personaje que enuncia una diferencia y que
nombra la temida melancolía y el malestar en el cuerpo, en la búsqueda que se encuentra ante una alteridad.
Diferencia no solo respecto a una generación y a la violencia (ante la cual no hay representación, sino giro-
nes de imágenes y sonidos que no responden totalmente al qué hacer con tanta masacre que se enuncia
en primera persona), sino ante un paisaje (desierto, desde una mirada urbana) y un personaje popular (Isidro
Velázquez), ante un presente desde los que se vuelve a otras imágenes buscadas a partir de un libro y una
película desaparecidos. Imágenes en las que, como en Austerlitz de Winfried G. M. Sebald (a quien Albertina
Carri dijo estar leyendo al recobrar el sonido de sus recuerdos), no se busca un saber histórico: «Busco en
archivos fílmicos cuerpos en movimiento que me devuelvan algo de lo que se fue muy temprano… ¿Qué bus-
co? Busco películas, también una familia. Una de vivos, una de muertos. Busco una revolución, sus cuerpos,
algo de justicia. Busco a mi padre y a mi madre desaparecidos, sus restos, sus nombres, lo que dejaron en
mí. Hago un western con mi propia vida». Repeticiones diferenciales (respecto a una generación, respecto a
Los rubios, respecto a otros gestos y signos, respecto a otro pueblo y un paisaje que se perciben infernales,
ajenos), singularidades, voz intensiva que nuevamente expresan no solo la (im)posibilidad de representar el
horror, sino un desencuentro ante la alteridad de un paisaje, de una familia, una extranjería.
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Archivos de la Filmoteca Entre archivos, corporalidad y a-priori audiovisual: notas para una cartografía
de las (pos)memorias documentalistas y ensayadas desde el Sur Belén Ciancio
6 Mullally, L. y Florenchie, A. (Coords.). (2022). Desposesión. Postporno feminista en América Latina y España. Kamchatka. Revista de
Análisis Cultural, (19), 5-216.
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Archivos de la Filmoteca Entre archivos, corporalidad y a-priori audiovisual: notas para una cartografía
de las (pos)memorias documentalistas y ensayadas desde el Sur Belén Ciancio
lina) eran también cuestionadas por algunas organizaciones militantes diezmadas. El documental supuso
un intenso trabajo de edición de Valeria Racioppi (que en algunos momentos se autoevidencia) con los tes-
timonios. Mientras que hace diez años Memoria de un escrito perdido (2010) de Cristina Raschia, recolectó
los testimonios de otras mujeres militantes narrando el encuentro del manuscrito de Graciela Loprete que
dio lugar a su publicación como libro (Memorias de una presa política, 2016). Entre otras producciones no
directamente relacionadas con la cuestión de la memoria, pero que muestran el acrecentamiento de la pre-
sencia de realizadoras y productoras, así como otros modos de producción locales y globales, se encuentra
Hermanas de los árboles (2018) de Camila Menéndez y Lucas Peñafort, también cineastas de Mendoza.
Este último documental, producido fuera de los circuitos tradicionales y como una búsqueda de etnografía
sensorial más que observacional, se ubica en Rajasthan en un pequeño pueblo, Piplantri, donde un grupo
de mujeres desafía la tradición sobre la vida y la muerte, el nacimiento y supervivencia determinados por el
género y el sexo femeninos. La ceremonia de plantar 111 árboles por el nacimiento de cada niña, la sequía y
la explotación minera, los diálogos con las mujeres que llevan adelante el proyecto y con quienes se com-
prometen en dejar estudiar a sus hija, todos estos acontecimientos y la cotidianeidad, emergen a través de
la cámara, la fotografía y el montaje de Menéndez.
Primas (2017) de Laura Bari, cineasta de Mendoza que reside en Canadá, es otro documental que
relanza nuevamente una pregunta que circula desde hace años en feminismos y otros activismos, si el arte
cura y qué pueden los cuerpos no sólo ante las violencias, sino ante las representaciones que los oprimen. En
este documental, los planos de piel y la corporalidad desperforman la violencia representacional mediática.
La corporización de la memoria en el cine en Argentina, como en Sudamérica, a través de prác-
ticas como el documental y el ensayo filmado, como a nivel global, se encuentra hoy ante el desafío de un
dispositivo que produjo históricamente imaginarios y memorias vinculados a otros dispositivos de represen-
tación históricos, políticos y sociales, es decir al presente. En tensión no sólo con las nuevas tecnologías y el
a priori audiovisual que atraviesa la vida cotidiana, intensificado desde la pandemia de COVID19 en marcos
virales, sino con colectivos y corporalidades que no sólo fueron olvidados en la representación estereoti-
pada, sino performados anticipando y obturando sus potencialidades.
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Archivos de la Filmoteca Entre archivos, corporalidad y a-priori audiovisual: notas para una cartografía
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Archivos de la Filmoteca Entre archivos, corporalidad y a-priori audiovisual: notas para una cartografía
de las (pos)memorias documentalistas y ensayadas desde el Sur Belén Ciancio
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Punk, anarquismo y activismo.
Un análisis ideológico y textual
de Rebel Dykes
Sara Rebollo-Bueno
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Archivos de la Filmoteca Punk, anarquismo y activismo. Un análisis ideológico
y textual de Rebel Dykes Sara Rebollo-Bueno
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Archivos de la Filmoteca Punk, anarquismo y activismo. Un análisis ideológico
y textual de Rebel Dykes Sara Rebollo-Bueno
Si bien es cierto que la teoría anarquista es extensa, Heywood (2017) realiza una síntesis a tra-
vés de la definición de los cuatro marcadores nucleares —también denominados ideologemas— que
responden a las bases sobre las que se cimienta dicha ideología. El primero de ellos es el anti-estatismo,
el cual recoge el rechazo mencionado hacia cualquier tipo de jerarquía. El segundo es el orden natural, el
cual destaca la naturaleza humana de bondad tendente a la armonía y la cooperación. El anticlericalismo
es el tercero y deja patente el rechazo a la Iglesia, así como cualquier tipo de doctrina eclesiástica. Por
último, el cuarto ideologema es la libertad económica, el cual recoge la idea de administración y organi-
zación autónoma que nace de la cooperación y que, por tanto, no necesita límites ni impedimentos para
su desarrollo.
Sabiendo las características del anarquismo es indudable clasificarla como contraria e, incluso,
destructora del sistema. De esto, se deduce la relación entre esta ideología y el punk. Por esto, es intere-
sante conocer cómo se representa el punk y su ideología en otros medios que se hacen eco de la historia
e importancia de dicho subgénero musical, por ejemplo, el cine, el cual funciona como «catalizador de los
elementos sociales, políticos, culturales, etcétera, de una sociedad» (Díaz-Maroto Isidro, 2021: 211).
Conociendo esto, la presente investigación se plantea como objetivo principal analizar cómo se
representa la identidad y el movimiento punk en los productos culturales actuales que pretenden hacer
memoria de dicha subcultura. Así, se pretende conocer si la representación que se hace de la identidad y
el movimiento punk en la actualidad es fiel a lo que supuso social y políticamente. Planteado el objetivo, este
se cimienta en dos preguntas de investigación (PI):
— PI1: ¿Se muestra la identidad como uno de los aspectos más importantes que caracterizan al grupo
urbano de los punks?
— PI2: ¿Es el anarquismo, característico del punk, la ideología predominante en estos textos?
Metodología
Con el fin de responder al objetivo, así como a las preguntas de investigación, se ha realizado una
metodología cualitativa con un análisis ideológico y un análisis textual. Ambas técnicas se aplicaron
al documental Rebel Dykes (Shanahan y Williams, 2021) de larga duración (1h y 22 minutos), el cual
cuenta cómo el punk y el feminismo se unieron en la década de los 80s y principios de la de los 90s
en Londres. La historia está contada desde el relato personal de una banda de mujeres lesbianas y
activistas autodenominadas punk. Esta selección se debe a que este documental se centra en mujeres
del colectivo LGTBIQ+ punks, algo que, a pesar de permanecer en muchas ocasiones a la sombra de
los hombres y de la heteronormatividad, han sido la demostración de que el punk cuenta con un fuerte
componente actitudinal e identitario.
En primer lugar, para el análisis ideológico se ha utilizado a Heywood (2017), pues, como se men-
cionó, aglutina en cuatro ideologemas las ideas nucleares de la ideología anarquista:
1. Anti-estatismo: resistencia y/o rechazo a cualquier tipo de jerarquía, ya sea política, social, organiza-
cional, etc.
2. Orden natural: alusiones a la bondad intrínseca del ser humano, entendiendo esto como su tendencia
natural a la colectividad y la armonía.
3. Anticlericalismo: oposición a la Iglesia, los valores religiosos, etc.
4. Libertad económica: alusiones a una organización y administración autónoma, en la que las clases
sociales y la propiedad privada son inexistentes.
En segundo lugar, el análisis textual se centrará en identificar los aspectos identitarios que carac-
terizan al punk: estética, comportamiento, sentimiento de comunidad, etc. recopilados durante la literatura
previa (e. g. chaquetas de cuero, crestas, botas, lenguaje, ideología, etc.).
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Archivos de la Filmoteca Punk, anarquismo y activismo. Un análisis ideológico
y textual de Rebel Dykes Sara Rebollo-Bueno
Resultados
La creación del documental es peculiar, pues está compuesto por tres tipos de material: ilustraciones,
imágenes reales de los años 80s y 90s que fueron recogidas en cintas VHS y pequeños fragmentos de
las entrevistas realizadas a las protagonistas hoy día. A continuación, se exponen los resultados obtenidos
con ambas técnicas de investigación, presentando primero los derivados del análisis ideológico y, luego,
los del análisis textual.
ANÁLISIS IDEOLÓGICO
Rebel Dykes (Shanahan y Williams, 2021) refleja la ideología anarquista, en algunas ocasiones de forma más
explícita, a través de imágenes del propio símbolo anarquista y, otras veces, es más implícito, haciendo uso
de los distintos ideologemas. Si bien es cierto que se pueden observar todos ellos, hay algunos que tienen
mayor importancia en la narrativa que otros.
En primer lugar, el ideologema del anti-estatismo es el más recurrente. Este marcador nuclear es
el predominante debido a que se refleja de dos formas. La primera es a través de las anécdotas que cuentan
ellas mismas sobre su activismo, por ejemplo, su lucha contra los estamentos de protección del statu quo,
como la policía o las leyes impuestas por el gobierno: «Section 28 of the Local Government Act said that
local authorities were not allowed to promote homosexuality as a pretend family relationship […] And these
are the sort of things that made us rebel dykes. It wasn’t we just woke up one morning and goes, ‘Oh, let’s be
rebels’. We actually had things to rebel against» (Shanahan y Williams, 2021).
La segunda forma en la que aparece el anti-estatismo es a través de relatos sobre la vida y las
relaciones sociales de las protagonistas, por ejemplo, promoviendo la okupación de casas vacías en Brixton,
convirtiéndolas en sus viviendas y en las de sus compañeras. No se debe soslayar que el movimiento de
la okupación siempre ha estado vinculado al anarquismo. De hecho, cuando se hace alusión a los hechos
relacionados con la okupación se muestra el símbolo anarquista en pantalla, algo deliberado por parte de
los directores del documental, Shanahan y Williams. Este tipo de acciones revelan una oposición no solo a
las jerarquías derivadas de lo político, como el gobierno o la policía, sino, también, un rechazo del sistema
económico y la organización social: «was very much about that, about doing physical things cutting fences,
blockading, entering the USAF base, pushing at boundaries and stepping over boundaries and making quite
symbolic actions that, you know, were headline grabbing as well» (Shanahan y Williams, 2021).
Por su parte, el ideologema del orden natural también está presente de forma explícita, pues el
documental inicia y acaba con dos ejemplos de cómo las rebel dykes se organizaban colectivamente y en
armonía en distintos tipos de espacios. Al inicio del audiovisual, narran su experiencia en Greenham Com-
mon, un espacio por y para las mujeres que comenzó como una organización para luchar contra la guerra
nuclear, pero acabó convirtiéndose en un lugar de encuentro: «Greenham Common was a women’s peace
camp and you wanted to go and join and live there […] its was like a ready-made community […] Everything
seemed to be owned by the patriarchy» (Shanahan y Williams, 2021). En el documental se narra cómo se
crearon distintos grupos, los cuales se identificaban por las puertas de entrada al lugar: «There were eight
gates, you know, all the colours of the rainbow, around the base. Orage gate was the musicians’gate. Green
gate was the notorious gate of separatists» (Shanahan y Williams, 2021). La puerta de las rebel dykes era la
azul, la cual está ilustrada en el documental con un corte de manga y la «A» del símbolo anarquista.
Al final del documental se narra cómo algunas de ellas han acabado viviendo juntas en comunidad:
«I found myself in Women Only Space. So, it’s a rural women-only community. It was bought and paid for by
some of the women coming from Greenham. I don’t want to say exactly where it is, because it’s kind of like a
women’s refuge» (Shanahan y Williams, 2021). Se menciona brevemente la existencia de seis casas donde
dieciocho mujeres convivían, comían, dormían, etc. juntas, aunque no se aportan muchos más detalles al
respecto.
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y textual de Rebel Dykes Sara Rebollo-Bueno
El marcador nuclear del anticlericalismo no aparece de forma explícita. No obstante, tras la infor-
mación que aporta el documental sobre las rebel dykes no cabe duda de que no siguen los mandatos ecle-
siásticos, pues, entre otras cosas, una de sus características identitarias, como veremos en los resultados
del análisis textual, es la libertad sexual más absoluta. De hecho, en una de las imágenes que se ofrece de
los clubes nocturnos que frecuentaban, se observan cómo cuelgan a una de ellas en la cruz, asemejando
la imagen de Jesucristo, pero de forma extremadamente sexualizada y con intenciones de mantener rela-
ciones sexuales.
Por último, el ideologema de la libertad económica también puede identificarse en el documental,
aunque es cierto que en menor medida. Ejemplos de ello son tanto Greenham Common como la casa rural
dedicada a las mujeres. Asimismo, también destaca la fundación de clubes nocturnos para su recreo, ya
que eran expulsadas del resto de locales.
En definitiva, todos los marcadores nucleares del anarquismo están reflejados en el documental,
aunque el primero y el segundo sean los predominantes. De hecho, el vínculo con esta ideología es tan
estrecho que se muestran dichos símbolos en varias ocasiones. No obstante, gracias a la presencia de los
ideologemas, se observa que no se trata de la representación ideológica de forma superficial, sino que el
documental permite que el espectador conozca cómo este grupo de mujeres llevaban a la práctica dicha
ideología.
ANÁLISIS TEXTUAL
Durante todo el documental se deja patente que la identidad es parte esencial para entender la ideología, las
acciones y la forma de vida de las rebel dykes, siendo la estética una de sus formas de expresión más repe-
tidas y explícitas que se muestra. Tal es así que las primeras palabras que se pronuncian en el audiovisual
son: «But, one thing, right? 50 of us lot get on a bus and the whole world knows we’re lesbians. There’s no
mistake about it. They know what we are. We’re out of the closet, wearing what we’re wearing» (Shanahan y
Williams, 2021). Además, se muestra que las rebel dykes podían diferenciarse del resto de mujeres lesbianas,
pues se salían de los cánones establecidos, autodenominándose punks: «It was hugely homogeneized view
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y textual de Rebel Dykes Sara Rebollo-Bueno
of lesbian society, in which you had to be wearing pastel colours and dungarees […] And we did not want
to do that. That’s why we were the rebel dykes […] We came out of punk» (Shanahan y Williams, 2021). En
las imágenes, podemos verlas con chaquetas de cuero y botas negras, rapadas parcial o completamente.
El desasosiego con la clase política de la juventud londinense aparece en la película: «Thatcher
had just got in 1979. We’re on the Street, we were working class. We were young, we were punks, we were
poor. We were a kind of subculture. We were a community because there were so many laws made against
us. Politically, there was always this attempt to silence» (Shanahan y Williams, 2021). En esta frase también
destaca otra cuestión importante dentro del punk, la clase obrera y, evidentemente, la pobreza. De hecho,
se menciona que existían lugares de encuentro para lesbianas ricas, pero afirman que no era su sitio, por ello
tuvieron que crear su propio entretenimiento. Cabe mencionar que la sociedad, por lo general, rechazaba
a los punks, en el caso de la rebel dykes sufrían triple rechazo: punks, mujeres insumisas y homosexuales,
esto suponía un riesgo, explican en el audiovisual. Esto llevó a que la comunidad se uniera, creando lazos
con sus compañeras y practicando la sororidad, haciendo gala del feminismo.
Es importante señalar que el lenguaje coloquial y vulgar del punk se deja ver a través de algunas
canciones que suenan y de carteles que se ven en las imágenes, pero lo más interesantes es el propio nom-
bre que ellas toman y que el documental utiliza como título «dykes», traducido al español como lesbianas,
pero se considera una palabra malsonante y con intenciones de ofender.
Por último, como característica identitaria destacada en el audiovisual está la liberación sexual
llevada a distintas prácticas sexuales, la más importante es el sadomasoquismo. Se trata de una práctica
mencionada y alabada desde grupos punk como, por ejemplo, The Velvet. Para las rebel dykes, explican en
el documental, el sexo sin límites ni tapujos, aunque reivindicando el consentimiento, era un pilar fundamental
de lo que ellas eran y querían. Respecto a las drogas, en el documental solamente se afirma su consumo
en las fiestas de los clubes.
En definitiva, el documental refleja distintos aspectos identitarios del punk, como el desasosiego
con la realidad, la clase obrera, la estética, el lenguaje, etc. dejando ver cómo las rebel dykes se enmarcaban
en esta subcultura, sin soslayar que se trataba de personas invisibilizadas dentro de los propios círculos.
Discusión y conclusiones
El origen del punk en los suburbios londinenses (Moore, 2004) es el pilar para comprender el movimiento
contracultural y la subcultura que se generó. En el documental se observa el desasosiego por la pobreza, la
clase política, el desempleo, gobiernos neoliberales como el de Margaret Thatcher, etc. Todo esto es lo que
puede clasificarse como el germen del movimiento punk (Madueño Álvarez, 2021). Este subgénero musical
nació como una vía de escape en busca de la libertad, una necesidad de poder «ser», por ello, se materializó
en una identidad concreta (Restrepo, 2005) —más si cabe para personas que han estado invisibilizadas y
han sufrido distintos tipos de violencia contra ellas, como son las rebel dykes: mujeres, homosexuales y punk
que se salen de todos los estereotipos que la sociedad les impone—. Ellas mismas explican la homofobia
existente en las calles de Londres y cómo hacían frente a ello con su aspecto: su estética era su vía de con-
frontación, pues el objetivo era mostrar «una imagen que rompiera con todo, que diera a entender que no
seguía ninguna norma y que no se regía por los estándares de la sociedad» (Madueño Álvarez, 2021: 321).
La estética punk se caracterizaba por utilizar aspectos de subculturas anteriores como de los skinheads,
glam rock y mods (Hebdige, 1979), pero, sobre todo, se identificaban por las chaquetas de cuero, la cresta y
las botas (Clark, 2003). En el documental distinguimos perfectamente esa estética, donde predominan las
botas y las chaquetas de cuero, pero, en este caso, las cabezas están completa o parcialmente rapadas.
Ellas mismas señalan su estética como una lucha contra lo establecido relacionándolo con el anarquismo.
Asimismo, se deja patente que se trataba de una vía de comunicación de quiénes eran, de identificación, al
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fin y al cabo, de comunidad «They know what we are. We’re out of the closet, wearing what we’re wearing»
(Shanahan y Williams, 2021). Esto está directamente relacionado con la idea de Hebdige (1979) de que el
punk acaba convirtiéndose en una subcultura por la necesidad de expresión propia. No debe soslayarse el
uso de un lenguaje directo, vulgar y malsonante predominante en el punk (Madueño Álvarez, 2021), explícito
en el propio nombre que utilizan las rebel dykes y que el documental utiliza para su título.
El documental muestra que su forma de vida las alejaba de lo común, lo cotidiano, por ejemplo,
con lo vivido en Greenham Common, las casas okupas de Brixton o la comuna feminista. Esto se relaciona
con dos aspectos. El primero es el D.I.Y. que señalaba Moran (2010), el cual alude a la búsqueda de una
forma de vida alternativa. El segundo es la ideología anarquista, pues rechaza todo tipo de jerarquía e impo-
sición, buscando una alternativa basada en la armonía, la cooperación y comunidad (Bakunin, 2004; Tolstoi,
2004, Goldman, 2008), eliminando las clases sociales y la propiedad privada (Bakunin, 2004; Giner, 2007;
Goldman, 2008; Cappelletti, 2010). Esta ideología se ve reflejada en otros aspectos del documental, como
su activismo contra la Sección 28, por ejemplo. No obstante, los directores muestran la importancia de la
comunidad de mujeres, lo que en el feminismo se define como sororidad, convirtiéndose esto en un rasgo
identitario de la banda.
Otro aspecto destacado es el sadomasoquismo, pues reivindican el sexo sin tapujos y sin límites,
aunque sí con consentimiento (otro punto importante relacionado con el feminismo). Podría crearse un
vínculo entre el sadomasoquismo y la característica de los punks mencionada por Moore (2004) que alude
a una cierta atracción por la automutilación, el cuerpo como forma de reivindicación de la propia identidad:
«[…] display of self-mutilation […], but they did so with a sense of self-consciousness and even vanity» (2004:
311). Por último, debe mencionarse que, aunque el consumo de drogas suele ser un tema recurrente en el
punk (Madueño Álvarez, 2021), en el documental solo se menciona su consumo en las fiestas.
Recuperando la primera PI planteada, ¿Se muestra la identidad como uno de los aspectos más
importantes que caracterizan al grupo urbano de los punks en los productos culturales que hacen memo-
ria del mismo?, se responde afirmativamente, pues la identidad es el eje sobre el que versa el documental,
considerando la estética y su forma de vida como las características que conforman la comunidad. La se-
gunda PI, ¿Es el anarquismo, característico del punk, la ideología predominante en estos textos?, también se
responde de forma afirmativa, pues los directores, Shanahan y Williams, dejan patente la relación existente
entre las rebel dykes y el anarquismo, no solo de forma explícita a través del uso del símbolo anarquista sino,
también, transmitiendo su identidad a través de su forma de ser y estar en el mundo.
Gracias a los resultados y la discusión planteada se han obtenido conclusiones. En primer lugar,
Rebel Dykes consigue aportar una imagen fiel de la importancia que tuvo la identidad punk en los jóvenes
londinenses del momento, transmitiendo la comunidad de las rebel dykes como una vía de escape a lo
impuesto.
Asimismo, se destaca que la identidad punk que se refleja en el documental se puede dividir en
dos aspectos: la estética y lo relacionado con la forma de vida. Por un lado, de los primeros se destaca la
chaqueta de cuero, las cabezas rapadas, las botas negras y el lenguaje vulgar. Por otro lado, la forma de vida
está marcada por el D.I.Y., tanto por la vida en comunidad, como por el apoyo a la okupación, así como la
creación de su propio ocio. Por último, se refleja la ideología anarquista del punk y, en concreto, de las rebel
dykes, tanto explícita como implícitamente, mostrando todos los ideologemas que la componen, si bien es
cierto que el tercero, anticlericalismo, aparece por deducción.
En definitiva, Rebel Dykes consigue mostrar la realidad del punk en sus orígenes, tanto estética
como ideológicamente, desde una perspectiva invisibilizada en muchas ocasiones: la de las mujeres y
el colectivo LGTBIQ+. Por esto, como futuras líneas de investigación sería interesante conocer cómo se
representan a las mujeres y al colectivo LGTBIQ+ en otros documentales que tratasen de recuperar la
idiosincrasia del punk.
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y textual de Rebel Dykes Sara Rebollo-Bueno
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Wonder Woman, la utopía ¿feminista?
El cómic como divulgador artístico
Irene Miranda Miranda
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El cómic como divulgador artístico Irene Miranda Miranda
de Elizabeth Holloway, es por ello que es usual encontrar una expresión recurrente en Diana: Suffering Sa-
ppho! Además, también pudo ser ella la que despertara esa fascinación por la Antigua Grecia a su esposo
(Palermo, 2020). Olive Byrne, por su parte, inspiraría a Harry G. Peter, dibujante de los primeros cómics, y se
convertiría en su modelo para los rasgos físicos de la heroína. Además, incluiría en su uniforme los brazaletes
plateados gracias a ella, ya que Byrne siempre llevaba unos puestos. Estos brazaletes simbolizarían «un
compromiso de amorosa sumisión» (McCausland, 2017: 15) que, junto con el lazo de la Verdad, se converti-
rían en las armas más icónicas de Diana. Ambos utensilios materializarían una fuerte presencia sexual, muy
ligada al bondage y a la dominación.
El lazo de la Verdad, a su vez, obligaba a decir la verdad y es por ello que, además, personifica el
polígrafo que Marston y Holloway crearon. La Amazona ha utilizado la cuerda mágica también para maniatar
a sus oponentes, la mayoría mujeres. Este hecho sugirió cierto contenido sáfico que repercutió dentro del
colectivo lésbico, descubriendo en Diana un referente. Por todo ello, Wonder Woman representa fielmente
la visión sobre las relaciones sexoafectivas que poseía Marston (Cañas, 2017) y rechazaría los mitos del amor
romántico, ya que estaba más preocupada por salvar el mundo que en pasar por el altar.
El interés de Marston por el bondage se inició a raíz de unirse, junto con Holloway y Byrne, a un
grupo en Boston que les inició en estas prácticas. Su curiosidad la propició su teoría DISC (Dominio, Induc-
ción, Sumisión y Conformidad). El psicólogo creía que el amor y el temor son las dos emociones que domi-
nan al ser humano. Las emociones relacionadas con el amor, como la pasión, son las únicas que pueden
garantizar la obtención de la felicidad. Es por ello que la inducción y la sumisión son emociones positivas
que permiten la sumisión voluntaria de un individuo a otro. Esta teoría la comprobó a través de dichas prác-
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El cómic como divulgador artístico Irene Miranda Miranda
ticas, donde observó que el conflicto entre el amor y el temor provocaba tensiones sexuales que incitaban
situaciones de dominación, sumisión o conformidad (Palermo, 2020: 17).
Es evidente que Marston utilizó a Wonder Woman para divulgar pedagógicamente sus ideas
tanto feministas como psicológicas a un público genérico. Así, Diana presenta la sumisión y la inducción
en su personalidad, diferenciándola de otros superhéroes en su metodología para resolver conflictos,
pues es la única que recurre al diálogo en primera instancia y, solo en los casos en los que este no fun-
cione, utiliza la fuerza y la violencia. Según Elisa McCausland (2017), autora de uno de los más completos
ensayos sobre la superheroína, era deseo del autor que inspirara a las mujeres a ser ellas mismas y a
conquistar el mundo. Wonder Woman es «una apología de feminismo amazónico: relaciona el apelativo
que la prensa dedicaba a las primeras sufragistas, amazonas, (...) con el arquetipo de la guerrera» (Mc-
Causland, 2017: 15).
Pero hay otras autoras que no consideran que Wonder Woman sea feminista. Para ellas no deja de
ser un personaje femenino creado por un hombre para un público eminentemente masculino. Este hecho,
además, enraíza con la estética del personaje de los primeros cómics, pues responde al estilo pin-up girls
(mujeres jóvenes, con largas piernas y poca ropa) que nació como propaganda del gobierno estadouniden-
se para animar a los hombres a ir a la guerra. Sus carteles se «colgarían» dentro de los barracones y tiendas
de los soldados para levantar el «ánimo» de las tropas (Sanjuán 2004: 34). Una chica pin-up no es más
que «un «objeto sexual» construido ostensiblemente en función de los deseos y las fantasías masculinos»
(Lipovetsky, 2013: 162). La indumentaria de Wonder Woman lo demuestra, pues no es una ropa útil para el
combate, incluso podría considerarse erótica para la época: corsé, pantalón muy corto y tacones. De alguna
manera, sexualizar a un personaje femenino fuerte es la manera de justificar su feminidad, de recordar que
sigue siendo una mujer y que se puede seguir considerando objeto de consumo (Luque, 2018). Es por ello
que Wonder Woman sí, es rápida, fuerte y sabia, pero también es bella, con larga cabellera azabache, gran-
des pechos y caderas. No tiene libertad sobre su cuerpo, pues fue ideada y dibujada por hombres con estilo
pin-up y con los colores y la simbología de EEUU (bandera y águila). Diana Prince era un icono patriótico y
militar, una guerrera que defendía los colores de EEUU como si fueran los suyos propios y, aunque Marston
la ideó para que se alzara también como un icono para las mujeres y la lucha feminista, cabe preguntarse
hasta dónde realmente representa los ideales feministas y si no encarna sus fantasías, incluida la de fusionar
a sus dos parejas en una sola figura.
Durante los primeros años, las ventas de los cómics de Wonder Woman garantizaron la fama y
popularidad del personaje. Los autores consiguieron introducir críticas al machismo que se representaban
no solo en los personajes buenos, si no en los villanos, como el Doctor Poison (quien realmente era una
mujer que ocultaba su identidad bajo una máscara para legitimar su autoridad ante sus esbirros) o el Doctor
Psycho (declarado maltratador y torturador que buscaba la sumisión de las mujeres).
Tras la muerte de Marston en 1947, lo coherente hubiese sido que Joye Hummel, quien había co-
laborado con él durante sus últimos años, le hubiese sustituido como la nueva creadora de las aventuras de
Diana. Pero tanto ella, como Holloway y Byrne fueron apartadas del personaje, impidiéndoles cualquier tipo
de control sobre la serie que pasó a manos de Robert Kanigher. Este demostró carencias de conocimientos
sobre mitología griega, feminismo y la libertad sexual que poseía Marston. Es por ello que, a lo largo de la
década de los 50, la Amazona perdió sus poderes, se alejó de sus orígenes míticos y se limitó su sexualidad
y su independencia de los hombres.
Esta situación se acentuó con la censura de la Comics Code y las teorías del psiquiatra Fredric
Wertham en su libro La seducción de los inocentes (1954), donde condenaba la erotización y la homose-
xualidad de los cómics, así como los juegos de poder y la emancipación de la mujer ya que consideraba
que suponían una mala influencia para el desarrollo infantil y adolescente. La editorial DC Comics se adaptó
a la nueva normativa y redujo sus personajes femeninos a meros secundarios supeditados al protagonista
varón, siempre más fuerte e inteligente que ellas.
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En 1972, Wonder Woman tuvo un resurgir al aparecer en la portada de la revista Ms., dirigida por
Gloria Steinem, quien no dudó en denunciar abiertamente el maltrato que el personaje estaba sufriendo.
El crítico artículo tuvo impacto dentro de DC y decidieron devolverle sus poderes y revitalizar el personaje
(Marfil, 2014: 143). Además, identificaron a la Amazona con el Women’s Lib1. Este hecho provocó que, si bien
en sus orígenes el feminismo que destilaba Marston se podía encasillar en un feminismo más radical, en esta
década se moderó y se afilió al liberal. Desde 1975 a 1979 el personaje dio su salto a la pequeña pantalla en
acción real, y la joven superheroína fue encarnada por la actriz Lynda Carter. La serie tuvo tal éxito que el
personaje viajó internacionalmente y su público aumentó exponencialmente.
En los años 80 aparece una nueva Wonder Woman con la llegada de George Pérez al timón de
sus historietas. Regresa su vinculación con la mitología griega, su defensa de la paz y ostentando el diálogo
y la búsqueda de la verdad como sus mejores armas (Marfil, 2014: 143-44). En los años 90 y 2000, el perso-
naje fue mucho más sexualizado, aunque estaba muy metido dentro del contexto mitológico.
1 Women’s Lib, abreviatura de Women’s Liberation Movement, fue un movimiento sociopolítico e intelectual femenino y feminista que
nació en Occidente a lo largo de la década de los 60 y se extendió hasta los 80 con gran éxito. Defendía que el sexismo era lo que
provocaba las dinámicas de poder en la sociedad y, aunque ponía en duda que el patriarcado tuviera realmente validez, rechazaba
la idea de que fuera un problema estructural y sistémico, por lo que defendió los valores feministas desde el humanismo.
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Por otra parte, Barbara Minerva (Kristen Wiig), una dulce e inocente mujer, es muy insegura y tiene
pocas habilidades sociales, lo que provoca que admire a Diana. Sin saber que la piedra tenía poderes reales,
le pide ser como ella. Pero, tal y como dirá más adelante, no sabía que ese deseo venía con «sorpresita», y
es que no solo se vuelve más segura de sí misma y convencionalmente más atractiva, sino que adquiere la
velocidad, fuerza y habilidades de lucha propias de Wonder Woman. A cambio, Barbara pierde su dulzura,
volviéndose cada vez más mezquina y egoísta. Llega un punto en que se lo echa en cara a la propia Amazo-
na: «Tú siempre lo has tenido todo, mientras que las que somos yo no teníamos nada». Esta frase se puede
interpretar como una crítica a Marston cuando decía que todas las mujeres podían ser Wonder Woman. Es
irónico, pues la niña de Zack Snyder’s Justice League (2021) precisamente pedía lo mismo que Barbara,
pero esta última se corrompe por ese deseo que está, igualmente, solicitado con inocencia y admiración
hacia la figura de Diana Prince. Parece una paradoja. Quizá Jenkins quiere demostrar que es un deseo fútil
el querer ser como Wonder Woman o simplemente puede ser una dura denuncia a la perfección que se
les exige a las mujeres constantemente por parte de la sociedad. Si este fuera el caso, demuestra que es
imposible que exista la Mujer Maravilla, la Mujer Perfecta: bella, sabia, rápida y fuerte.
Al final, Max Lord despoja a Barbara de su humanidad convirtiéndola en Cheeta, una depredadora
alfa. En su batalla contra Wonder Woman, esta no consigue hacer que renuncie a su deseo por medio del
diálogo, y acaba venciéndola con la fuerza física. En cambio, cuando la superheroína se enfrenta a Max
Lord, este renuncia a su deseo gracias a las palabras de Diana, y lo hace por amor. Amor hacia su hijo Alistair
(Lucian Perez), el único que mantiene su inocencia intacta. Cuando el padre se reúne con el niño, le dice que
rezará para conseguir que su hijo esté orgulloso de él. Alistair, por el contrario, le responde: «No tienes que
hacer que me sienta orgulloso. Yo te quiero, papá. Eres mi padre». Y con esa verdad tan sencilla, Max Lord
termina de comprenderlo todo.
Quizá no habrá consenso sobre si Wonder Woman puede ser considerada feminista, tampoco
sobre si es un referente realista o un icono inalcanzable. Pero sí está clara una cosa: la Verdad y el Amor que
ella ha abanderado siempre, son unos buenos valores a seguir. Quizá, si todos los abanderáramos igual,
llegaríamos a conseguir un mundo mejor, más diverso y libre, con el amor fuera de los armarios y con la paz,
la verdad y la tolerancia como mantra.
Quizá, solo por eso, Wonder Woman sí es feminista.
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cinematográfica]. Estados Unidos: DC Films., Access Entertainment.
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Archivos de la Filmoteca Wonder Woman, la utopía ¿feminista?
El cómic como divulgador artístico Irene Miranda Miranda
Irene Miranda Miranda es doctora Cum Laude en Bellas Artes, centra sus
líneas de investigación en la representación iconográfica de la figura femenina
en la mitología universal. Ha publicado Las Bellas Atroces, un ensayo ilustrado
sobre diosas y ogresas con fines divulgativos; y La Amazona de la Medialu-
na, una novela de fantasía mitológica que es la primera parte de la Saga Akari,
co-escrita con Andrés Ribada, y galardonada con el Premio Círculo Rojo a Me-
jor Libro de Fantasía y Ciencia Ficción 2023.Actualmente, desarrolla su carrera
como escritora, mientras trabaja como diseñadora gráfica y fotógrafa.
↘ [email protected]
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DEBATE Y TENDENCIAS
Tiempos de pandemia en
el sector audiovisual español:
creación, producción, exhibición
y consumo de ficción cinematográfica
y televisiva frente a la COVID-19
María José Higueras Ruiz
Introducción
En marzo de 2020 la pandemia de la COVID-19, virus SARS-COV-2, supuso una crisis sanitaria a nivel mun-
dial. En España se declaró el Estado de Alarma el día 14, iniciándose así el confinamiento de la población y las
restricciones en la movilidad de los ciudadanos. Este periodo duró hasta finales de abril, cuando comenzó la
denominada «desescalada» en función de los contagios de cada zona del territorio español.
Todos los sectores industriales se vieron afectados por las medidas impuestas. En el mercado
audiovisual, la paralización de los rodajes y el cierre de las salas de exhibición fueron las consecuencias
negativas más notables derivadas del citado panorama (Roger-Monzó, 2022). Sin embargo, la búsqueda
de información, así como la necesidad de ocupar un mayor número de horas de tiempo libre, propició el
aumento del consumo de contenidos, tanto analógico como en plataformas digitales (Montaña Blasco,
Ollé Castellá, y Ladilla Raso, 2020). Los estudios realizados al respecto indican que la ciudadanía consi-
deró «a los medios de comunicación como un servicio fundamental para garantizar la información sobre
la pandemia, la formación necesaria para combatirla y el entretenimiento para atenuar su efecto» (Fieiras
Ceide, Túñez López, y Vaz Álvarez, 2020, p. 573). De manera específica, las plataformas OTT —over the
top— experimentaron un incremento de suscriptores y visionados, lo que supuso revisar las estrategias de
distribución y exhibición del audiovisual y, con ello, la cultura digital en general (Johnson, 2021; Vlassis, 2021).
A pesar de las limitaciones impuestas por la crisis sanitaria, se produjeron varios proyectos audio-
visuales que reflejaban las consecuencias del confinamiento a través de la ficción, demostrando las posi-
bilidades del cine y la televisión ante los cambios sociales (Chicharro-Merayo, Gil-Gascón, y Arce-García,
2022). En el mercado español sobresalen las ficciones televisivas producidas durante los meses de marzo
y abril de 2020 que, en palabras de Mateos Pérez (2021), son «series que pueden leerse en clave de narra-
tivas de la crisis al ser realizadas para y sobre el momento histórico más excepcional de crisis vivido por la
sociedad española desde la crisis económica de 2008» (p. 135).
En cuanto a la producción de largometrajes, destacamos el documental Madrid Int. (Cavestany,
2020), primera película rodada durante el confinamiento, que muestra desde una perspectiva testimonial los
diferentes estados de ánimo de la población en este periodo. El interés del proyecto, junto con la escasez de
trabajos académicos relacionados, justifica su elección como objeto de estudio de la presente investigación.
99
Archivos de la Filmoteca Tiempos de pandemia en el sector audiovisual español: creación, producción,
exhibición y consumo de ficción cinematográfica y televisiva frente a la COVID-19 María José Higueras Ruiz
Metodología
Este artículo tiene el objetivo principal de examinar los cambios en el tejido industrial del audiovisual pro-
vocados como consecuencia de la crisis sanitaria y el confinamiento causados por la pandemia de la
COVID-19. Ponemos el foco de atención en el contexto español para abordar la creación, producción,
exhibición y consumo de proyectos audiovisuales en un escenario caracterizado por las restricciones de
movilidad. Además, nos dirigimos al largometraje Madrid Int. (Cavestany, 2020) con el fin de determinar la
presencia de la estética de la pandemia en la producción, narrativa y realización de dicho proyecto.
Abordamos los objetivos desde una metodología cualitativa basada en la revisión bibliográfica de
los trabajos previamente publicados que indagan en las consecuencias de la crisis sanitaria para el medio
audiovisual (Montaña Blasco et al., 2020; Roger-Monzo, 2022) y examinan los proyectos producidos du-
rante el confinamiento (Cascajosa-Virino, 2020; Chicharro-Merayo et al., 2022; Mateos Pérez, 2021; Urcid
Puga, 2022). Asimismo, acudimos a los informes estadísticos oficiales sobre el consumo audiovisual y sus
variantes en el periodo de cuarentena domiciliaria.
Para el análisis del proyecto seleccionado aplicamos el modelo propuesto por Mateos Pérez
(2021), que incluye el estudio del contexto de producción junto al análisis textual de la obra audiovisual
(Casetti y Di Chio, 1999). En primer lugar, se realiza un doble visionado de la película Madrid Int. (Cavestany,
2020) desde una perspectiva crítica y analítica, y se examinan los parámetros de la producción a través de
la revisión de prensa especializada y entrevistas al director del documental. A continuación, se atiende a la
narrativa y temática del proyecto respecto a la crisis sanitaria, y se evalúan las características de la puesta
en escena y la realización en relación con la estética de la pandemia (Carrión, 2020).
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Archivos de la Filmoteca Tiempos de pandemia en el sector audiovisual español: creación, producción,
exhibición y consumo de ficción cinematográfica y televisiva frente a la COVID-19 María José Higueras Ruiz
las condiciones establecidas para evitar la propagación del virus son: teletrabajo en las labores de prepro-
ducción y postproducción (casting, scouting, reuniones), uso de mascarillas, reducción de la distancia social
y de los aforos, higiene, limpieza y desinfección de zonas comunes, realización de pruebas diagnósticas
en casos recomendados, uso personal de material y reducción de la impresión en papel, y disposición de
material EPI de protección (Urcid Puga, 2022). Aludiendo a dicho documento, Roger-Monzó (2022) afirma
que «se constata así la rápida reacción de esta industria para consensuar un protocolo de seguridad, lo que
ha permitido, en la medida de lo posible, retomar las producciones» (p. 201). Además, señalamos una serie
de apoyos financieros para el sector, destacando el Plan de Impulso al Sector Audiovisual —España Hub
Audiovisual de Europa— que prevé destinar 1.603 millones de euros a dicho mercado para el periodo 2021-
2025, con la intención de incrementar en un 30% la producción (Carballo Sánchez, 2022).
La crisis sanitaria también supuso el cierre de las salas de exhibición, dando comienzo a una si-
tuación de incertidumbre con graves consecuencias económicas derivadas de la cancelación y retraso de
los estrenos, así como de la reapertura de los cines con el aforo limitado. Esta circunstancia conlleva revisar
el modelo de las ventanas de distribución y la política de exclusividades, proponiendo adelantar la inclusión
de las películas en las plataformas digitales e, incluso, ignorar las salas como primera ventana (Neira, 2020).
En este punto el servicio de VoD —video on demand— de Netflix presenta la ventaja de disponer
de un modelo de negocio basado en el estreno de sus proyectos originales directamente en la plataforma,
por lo que no se vio afectado por el cierre de los cines. Por otra parte, la mayoría de las compañías de pro-
ducción optaron por retrasar los estrenos cinematográficos por razones económicas, legales o simbólicas,
aunque podemos anotar varias excepciones a esta decisión, como las películas Artemis Fowl o Mulan,
estrenadas en Disney+ con un coste adicional a la suscripción (Vlassis, 2021).
En el contexto español las posibilidades de las plataformas de pago para paliar los efectos de la
pandemia fueron patentes. Así se expresa en el Informe Obitel: «El empuje del VoD ha introducido cambios
radicales en la programación de las dos grandes cadenas privadas estatales, que han optado por estrenar
algunas de sus ficciones en la modalidad de streaming» (Lacalle, Gómez, Sánchez, y Mateos Pérez, 2021,
p. 220). Los teóricos coinciden en la conveniencia de la crisis sanitaria para reforzar una situación que venía
consolidándose, esto es, el acceso mayoritario a contenido audiovisual a través de los servicios OTT (Montaña
Blasco, et al., 2020; Túñez-López, et al., 2020; Vlassis, 2021), lo que supuso que la Comisión Europea solicitara
a los principales operadores reducir la calidad del visionado y así evitar la saturación del tráfico (Neira, 2020).
Respecto al consumo televisivo en España, durante el primer mes de confinamiento se incrementó
en un 40% en relación con el mes anterior, registrando un promedio de 284 minutos de visionado por per-
sona y día (Barlovento, 2020a). A pesar de que el periodo estival y las menores restricciones de movilidad
redujeron estas cifras, en marzo de 2021 se anota una subida del 16% en el uso de la televisión respecto al
año anterior (Barlovento, 2021).
Si atendemos a las suscripciones a plataformas de pago, el informe Barlovento (2020b) enuncia
que «los hogares que reciben alguna modalidad de Televisión de pago (tradicional + OTT) en España supera
por primera vez los 10 millones, es decir, el 53,8% del total» (p. 1). El ranking fue liderado por Netflix (34,8%),
seguido de Amazon Prime Video (14,5%) y HBO (9,3%) (Barlovento, 2020b). El crecimiento del servicio de
Filmin y la llegada de Disney+ también se presentan como dos hitos destacables en las listas de consumo
en el mercado español (IMOP Insights, 2020).
A nivel global el liderazgo de Netflix es constatado con la suscripción de 15,8 millones de nuevos
clientes en el primer trimestre de 2020 (Netflix, 2020). Además, el confinamiento ha reforzado la práctica
de la maratón televisiva o binge-watching, notablemente aplicada en la tercera temporada de Élite (Netflix:
2020) o la cuarta parte de La Casa de Papel (Netflix: 2020), estrenadas durante este periodo, lo que provo-
có problemas de acceso al contenido. Por otra parte, la plataforma propuso la aplicación Netflix Party para
el visionado a tiempo real por varias personas que podían comentar sus opiniones en un chat (De la Paz y
Flores, 2021).
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Archivos de la Filmoteca Tiempos de pandemia en el sector audiovisual español: creación, producción,
exhibición y consumo de ficción cinematográfica y televisiva frente a la COVID-19 María José Higueras Ruiz
La cuarentena trasladó las relaciones sociales y de ocio al entorno digital, destacando propuestas
como la celebración de festivales del audiovisual de forma online o semipresencial, o el acceso abierto a
contenido (López Yepes, 2022). Las cadenas y plataformas también aplicaron diversas estrategias para pa-
liar los efectos de la crisis y mantener a su audiencia: TVE propuso un catálogo gratuito de películas online,
Movistar Plus ofreció un mes gratis del canal Movistar+ Lite, y Filmin creó un canal denominado «Cuarente-
na» con diversas categorías relacionadas (Yáñez, 2020).
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Archivos de la Filmoteca Tiempos de pandemia en el sector audiovisual español: creación, producción,
exhibición y consumo de ficción cinematográfica y televisiva frente a la COVID-19 María José Higueras Ruiz
El rodaje tuvo lugar entre el 24 de marzo y el 24 de abril de 2020, sin guion y por parte de los pro-
pios intérpretes, personajes conocidos y anónimos —Antonio de la Torre, Nathalie Seseña, José Coronado
o María Pujalte— que utilizaron móviles, ordenadores o cámaras domésticas para mostrar la intimidad de
sus hogares desde una perspectiva emocional. Para su distribución Cavestany se dirige a la web del perió-
dico El País, que ofertó la película de forma gratuita por un tiempo limitado, pudiendo verse posteriormente
en la plataforma de Vimeo.
Siguiendo la marca personal del autor, el proyecto responde a lo que Cavestany denomina pelícu-
las «calidoscópicas», que incluyen escenas cortas y muchos personajes (Bellido López, 2020), dando lugar
a un mosaico de planos aparentemente independientes que, sin embargo, son enlazados por su temática: el
estado de ánimo durante el confinamiento. Madrid Int. (Cavestany, 2020) comienza con un fragmento de la
declaración del Estado de Alarma y una cita de Dylan Thomas: «No entres dócilmente en esta noche quieta».
Ambos textos introducen las imágenes que se suceden organizadas en tres partes: (1) Los muebles, (2) El
ruido viene de ahí, y (3) Gente en sitio.
La primera parte muestra las reacciones iniciales ante la pandemia y el confinamiento a través
de tareas rutinarias que se articulan cronológicamente: despertarse, desayunar, leer, preparar el almuerzo,
llamar por teléfono, trabajar en el ordenador… o simplemente no hacer nada. Son numerosos los planos de
la televisión, tanto ficciones como, especialmente, informativos relacionados con los cambios que la crisis
sanitaria estaba provocando.
En esta sección se añaden testimonios de personas con coronavirus, algunas de las cuales deben
confinarse en sus habitaciones al no vivir solas. También se hace referencia a la enfermedad, sus conse-
cuencias y las preocupaciones asociadas, incluyendo pantallas de teléfonos móviles con búsquedas sobre
el COVID-19 y el número de fallecidos. Asimismo, se presentan los elementos propios de este contexto,
como las mascarillas, los guantes y el gel hidroalcohólico, las rutinas de limpieza al llegar a casa, o las con-
versaciones por teléfono y ordenador.
La segunda parte es protagoniza por la música de Nick Powell, Aaron Rux, Alba Haro o Sarah
Wilson, entre otros artistas, cuyo tratamiento resulta destacable en este proyecto. Las melodías permi-
ten unificar diferentes planos, proporcionando homogeneidad a las escenas y guiando al espectador en
su visionado. En esta sección advertimos cierta costumbre o aceptación ante la nueva situación donde,
no obstante, sigue predominando el aburrimiento y la desesperación: planos de personajes pensativos,
haciendo ejercicio, decidiendo que libro leer, dibujando, tocando instrumentos, jugado a videojuegos, mas-
turbándose…
Finalmente, hallamos imágenes de esperanza ante la posibilidad de salir de casa y dar paso a lo
que se denominó «nueva normalidad». El último plano de la película referencia especialmente esta moti-
vación, cuando vemos a una mujer hablando por teléfono con una actitud jovial y risueña, en un entorno
abierto y luminoso gracias a una gran ventana en el centro del encuadre. Sin embargo, surgen conflictos
emocionales ya que, como se expresa en el propio filme, «cuando acabe el confinamiento tendremos que
volver a casa sin haber salido de ella» (Cavestany, 2020, 01:08:09-01:08:14).
Los personajes son independientes, sin interacciones entre ellos a excepción de los que conviven,
y en pocas ocasiones siguen una trama argumental que les permita aparecer en diferentes planos. Des-
tacamos en este sentido las apariciones de Antonio de la Torre, que corta jamón en sucesivas ocasiones,
o el dibujo de una ciudad que José Coronado va pintando en la pared de su salón. También señalamos
las referencias meta-cinematográficas que se incluyen cuando se comenta en las propias grabaciones el
proyecto que se está realizando. Además, hallamos personajes de diferentes generaciones, desde niños
que deben hacer los deberes hasta personas mayores y sus cuidados, lo que enriquece el reflejo social del
proyecto y facilita la identificación de la audiencia.
Desde la perspectiva de la realización advertimos un ritmo lento acorde con el hilo argumental,
generando cierta apatía en el espectador y transmitiendo la idea del paso del tiempo. El montaje al corte
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Archivos de la Filmoteca Tiempos de pandemia en el sector audiovisual español: creación, producción,
exhibición y consumo de ficción cinematográfica y televisiva frente a la COVID-19 María José Higueras Ruiz
añade planos fijos y de larga duración con escasos artificios de edición, exceptuando varias composiciones
de plano-contraplano, planos de pantalla partida y de videoconferencias. Generalmente los planos son de
conjunto, largos o medios, destacando algunos contrapicados o planos imposibles —desde el interior de
un frigorífico—.
La banda sonora, como ya se ha indicado, es presidida por la música que encabalga diferentes
planos, lo que también ocurre con el sonido ambiente. Los diálogos, por su parte, son prácticamente au-
sentes y en algunos casos se complementan con carteles que los subtitulan. Por su parte, la iluminación
es doméstica pero significativa, como ocurre con la luz del teléfono móvil en la oscuridad de la noche. Res-
pecto al espacio, todos los planos se ruedan en interiores, principalmente en pisos, exceptuando la visión
del exterior desde los balcones, así como imágenes de las calles desiertas de la ciudad de Madrid, Sevilla,
Londres o Nueva York.
Conclusiones
La situación de crisis sanitaria provocada por la pandemia de la COVID-19 supuso una circunstancia impre-
vista y excepcional en la que la cuarentena impuesta con el fin de frenar la propagación del virus modificó las
dinámicas sociales y laborales de los ciudadanos. Todos los sectores industriales se vieron afectados por el
aislamiento domiciliario y la aplicación de una serie de protocolos de seguridad en los contactos personales,
dirigiendo sus prácticas hacia el teletrabajo y lo no presencial.
La industria audiovisual sufrió la paralización de los rodajes y el cierre de las salas de exhibición, lo
que supuso aplicar nuevas estrategias en la producción y distribución de las películas y series de televisión.
Por otra parte, se experimentó un incremento en el consumo de contenidos en medios digitales debido a la
prohibición de salir de casa. Ante los inconvenientes del panorama descrito el sector audiovisual demostró
responder con rapidez y agilidad para paliar en la medida de lo posible las consecuencias negativas en la
economía de este mercado.
La producción de proyectos durante el confinamiento fue una oportunidad para reflejar el cambio
social a través del audiovisual. La película de Juan Cavestany, Madrid, Int. (2020), presenta dicha motivación
desde el género documental. Con una perspectiva íntima y realista este largometraje recorre las emociones
de los habitantes de la ciudad de Madrid durante el primer mes de cuarentena domiciliaria. El estado de
ánimo en el confinamiento es la base argumental que articula los planos aparentemente independientes,
ofreciendo un relato de conjunto donde diferentes personajes aislados comparten una experiencia con la
que, asimismo, el espectador se siente fácilmente identificado. A pesar de que no se focaliza en las conse-
cuencias sanitarias de la COVID-19, el discurso no obvia esta realidad y la incluye a través de testimonios,
trabajadores y rutinas propias de la pandemia.
La producción y realización del proyecto responde a los protocolos de seguridad establecidos,
hallando un conjunto de planos rodados por los propios intérpretes y montados por el director de la película.
Ello supone planos fijos y largos, iluminación casera y diálogos escasos que, por otra parte, son enriqueci-
dos con la música que conecta el relato. El resultado es un ejercicio experimental que muestra sin artificios
la desesperación, la angustia, el terror, el aburrimiento o, incluso, el humor, de la vida cotidiana sin salir de
casa. Madrid, Int. (Cavestany, 2020) proporciona al espectador empatía y reflexión sobre una circunstancia
excepcional, demostrando los valores y posibilidades del audiovisual ante un contexto específico, y esta-
bleciéndose como diario testimonial del mismo en futuras revisiones.
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exhibición y consumo de ficción cinematográfica y televisiva frente a la COVID-19 María José Higueras Ruiz
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Archivos de la Filmoteca Tiempos de pandemia en el sector audiovisual español: creación, producción,
exhibición y consumo de ficción cinematográfica y televisiva frente a la COVID-19 María José Higueras Ruiz
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Archivos de la Filmoteca Tiempos de pandemia en el sector audiovisual español: creación, producción,
exhibición y consumo de ficción cinematográfica y televisiva frente a la COVID-19 María José Higueras Ruiz
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Exhibición y público:
cómo la pandemia ha cambiado
la forma de consumir y de exhibir cine
Álvaro Jarabo
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Archivos de la Filmoteca Exhibición y público: cómo la pandemia ha cambiado
la forma de consumir y de exhibir cine Álvaro Jarabo Fernández
¿Y qué salva, entre comillas, esta gran caída de la asistencia al cine de más del 50% algunas se-
manas? Los grandes estrenos evento.
Existe un miedo real desde las filmotecas, los archivos audiovisuales y los creadores más auto-
rales a que el cine de ensayo, la no ficción y las narrativas no comerciales vean relegado su visionado úni-
camente a lugares como los museos, dejando los cines solamente para las grandes franquicias y estrenos
de Hollywood. Estos últimos, como decíamos antes, son los que salvan en cierto modo la severa caída de
espectadores pero, ¿no limita esto acaso, en un futuro no muy cercano, la accesibilidad de los especta-
dores a otro tipo de contenidos? De momento, al menos en cuanto a número, son las grandes sagas las
que fagocitan al resto de estrenos, atrayendo en masa a los más jóvenes y creando cierta necesidad para
poder seguir el hilo narrativo de dichas sagas, como si perderse alguna secuela o precuela te apartase de
la conversación con el resto.
En la era que vivimos, donde todo está dirigido al consumo, no es de extrañar que estas fran-
quicias creen extensas redes narrativas y se valgan de remakes para poder así atraer a todos los targets
posibles: los jóvenes antes comentados (o generación Z, los nacidos posteriormente al 97), sus hermanos
mayores y los padres de estos. ¿Responde esto a una falta de imaginación e ideas desde la industria ame-
ricana o, simplemente, saben que su margen de beneficios es mayor si trasladan grandes franquicias de
generación en generación? Piensen, además, que estas grandes majors están protegidas (mortalmente
hablando) porque mueven muchos espectadores y salvan, en parte, la exhibición, aunque eso implique
dejar a las pequeñas salas de autor y a las filmotecas con su pequeño nicho de cine europeo y asiático (el
fenómeno de Parásitos queda fuera de la ecuación). En fin, que podemos decir que mientras la saga de
Los Minions siga trayendo películas a los cines, habrá gente que las vea y ocupe su respectiva butaca en el
multiplex de las afueras de la ciudad.
En el lado opuesto de los públicos, y target fundamental en la asistencia al cine, se encuentra,
como ya dijimos antes, la tercera edad o, como muchos han apodado, «las señoras que salvan el cine»... O
salvaban. Siguen yendo en masa, sobre todo a estrenos menos comerciales y a cines más modestos, pero
muchas de ellas (y ellos, aunque en menor número) fallecieron durante la cruenta pandemia, que mal nos
pese aún sigue dando algunos coletazos. Otras, sin embargo, no van al cine por miedo al contagio, o van
menos, sólo en momentos puntuales, cuando eran esa clase de público que iban a todo, y cuando digo a
todo me refiero a que no les importa que sea una comedia francesa de algún autor reconocido o que la pe-
lícula sea la candidata al Óscar de Bután.
¿Y qué harán las salas de cine
de autor si esto sigue así? Es una buena
pregunta que, sobre todo, se hacen los
exhibidores españoles, puesto que en
otros países como en Francia sí hay sub-
venciones a la exhibición, pero aquí no,
sirviendo como un pequeño respiro ante
esta situación. Desde algunas partes del
sector se ha propuesto pero nunca se ha
llevado a cabo y parece algo menor, pero
viendo cómo está evolucionando el mer-
cado y el consumo no es de extrañar que
más pronto que tarde se apruebe. En la
pasada edición del festival de documen-
tales y no ficción DocumentaMadrid, en
el foro diálogo que se creó desde la orga-
nización del propio festival para acercar Figura 2. Foro diálogo del festival DocumentaMadrid 2022.
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Archivos de la Filmoteca Exhibición y público: cómo la pandemia ha cambiado
la forma de consumir y de exhibir cine Álvaro Jarabo Fernández
problemáticas de la industria a los diferentes agentes públicos de la cultura y el arte, los representantes de
MK2Cine, Cines Renoir y cines Yelmo explicaron esto: «allí (en Francia) los exhibidores pueden estar tranquilos,
sobre todo los que promueven distintas formas de hacer cine», decía Eva Rekettyei, directora de programación
de Yelmo cines, respecto a cómo el país vecino cobra notable ventaja en este campo en particular.
De hecho, durante la escritura de este artículo fue cerrada una de las salas más icónicas de Ma-
drid: los Conde Duque de Alberto Aguilera. Sabemos que no serán los últimos, pues ya hemos dado con
varias claves que indican el más que probable futuro que espera a las salas pero, ¿podrán reinventarse? En
Estados Unidos ya existen cines que han sido comprados por las grandes plataformas, como el París Thea-
tre de Nueva York, ahora en manos de Netflix y que les permitirá estrenar en pantalla grande y en exclusiva
sus estrenos. Entramos de nuevo en una contradicción: esto salvaría la exhibición en pantalla grande pero
limitaría la libertad y variedad de lo que se proyecta en este tipo de salas. Sólo el tiempo dirá cómo la indus-
tria afronta lo que pueda venir, por mucho que nosotros especulemos.
Aún con todo esto hay que apuntar dos curiosas excepciones de películas taquilleras este año, y
excepciones de las buenas: dos de las películas españolas más vistas este año están dirigidas por mujeres,
ambas jóvenes y de un futuro prometedor tras haber conseguido diversos premios en festivales, tanto
nacionales e internacionales (Málaga en un caso, Berlín en el otro). Estoy refiriéndome a Alcarràs, de Carla
Simón, y a Cinco lobitos, de Alauda Ruiz de Azúa (recientemente escogidas las dos, junto con As Bestas de
Rodrigo Sorogoyen, como las precandidatas de España al Óscar a mejor película extranjera) destacando
la primera de ambas, pues el film catalán reunió a 60.000 personas el primer fin de semana, siendo el mejor
estreno en catalán de los últimos diez años. Ambas películas sostienen las cifras del primer semestre del
año, esperando una remontada para este segundo semestre como ya ocurrió el año pasado.
Que el cine español se renueve y encuentre en voces femeninas de tanta calidad un oasis sólo
indica que, dentro de las cifras a mejorar, en España hay un número no desdeñable de personas interesadas
en el cine como arte, que quiere seguir encontrándose con nuevas narrativas y puntos de vista, y que no
sólo Hollywood tiene cabida, es decir, que mientras se demande (y a la vista está con estos números) se
seguirá exhibiendo cine de autor.
Y es que, si algo diferencia el acudir a la sala frente a ver las películas en casa, es la experiencia
cinematográfica en sí, la cual intenta ser reforzada cada vez más por las empresas exhibidoras para atraer
111
Archivos de la Filmoteca Exhibición y público: cómo la pandemia ha cambiado
la forma de consumir y de exhibir cine Álvaro Jarabo Fernández
todo el público posible. No nos referimos sólo a una butaca cómoda, a un proyector de calidad y a un sonido
profesional, no, si no a que cada vez vemos más coloquios, charlas y otros eventos que puedan completar
el visionado y hacerlo más rico. Era algo ya habitual en determinados cines (sobre todo en las filmotecas)
pero cada vez se está extendiendo más, y parece que para quedarse, ya que la respuesta del público es
tremenda.
Esto no sería tampoco posible si no fuera por la increíble mejora de las campañas de publicidad
y de marketing a través de redes tanto de distribuidoras como de exhibidoras. No todo consiste en ofrecer
más entradas gratuitas o realizar más pases de prensa, sino que la capacidad de interactuar, de recomendar
y de trascender a través de redes alcanza, por fin, el nivel de cualquier otra empresa grande, valiéndose de
la idiosincrasia de la industria audiovisual (industria ya de por sí imaginativa y artística) y del valor de pres-
criptores como directores, actores o actrices, entre otros.
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Archivos de la Filmoteca Exhibición y público: cómo la pandemia ha cambiado
la forma de consumir y de exhibir cine Álvaro Jarabo Fernández
sobre el número de pantallas permitidas y la más que probable llegada de la publicidad a la plataforma, ne-
cesitando de una tarifa mayor para esquivarla; HBO, por su parte, ha borrado varias de sus series originales
y ha despedido a parte de su plantilla debido a la reciente fusión de su empresa con Discovery+; Amazon Pri-
me también sube los precios, Movistar pierde suscriptores por la misma razón y por centrarse en el deporte
en detrimento de la ficción... Ninguna se salva, está claro, y poco a poco llegan nuevos actores al sector de
las plataformas que pueden ocupar el espacio que estas pueden empezar a dejar libre.
A las que me refiero, entre otras, son Rakuten TV, Pluto TV y Flixolé. Las dos primeras ofrecen
contenido tanto gratuito como en alquiler, parecido a lo que hacen Filmin o Movistar con ciertos estrenos
en taquilla. Flixolé, sin embargo, es la plataforma de cine español asociada a EGEDA, la gran productora de
Enrique Cerezo, que contiene títulos exclusivos de todo el siglo pasado del cine español y algunas copro-
ducciones históricas. Las tres pueden localizarse en las Smart tv y en los navegadores pero, claro, no tienen
el músculo que tienen las demás en marketing y redes y por eso apenas llegan al gran público.
Por otra parte, advertir de un problema que parecía olvidado pero que, con la fatiga de contenidos
que sufren las plataformas grandes, se comienza a acentuar: el aumento de la piratería, y es que no todas
las películas se pueden encontrar en las plataformas. No hablamos de películas de autor perdidas y con las
que especulan los curadores más especializados, no, hablamos de películas relativamente conocidas o
comerciales que, por no llegar a un acuerdo beneficioso para ambas partes, entre productora y plataforma,
termina por desaparecer, dejando sólo el formato físico como única opción e, incluso, ni siquiera eso. Es
por ello que un fantasma que parecía olvidado vuelve al presente, añadiéndose al largo listado de incon-
venientes o problemas que le surgen a las plataformas pero, ¿merecería la pena añadir todo lo posible en
la plataforma en cuestión o el síndrome del catálogo infinito, por contrapartida, afectaría al espectador? Es
algo que el sector debe plantearse y atajar de la mejor manera posible.
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la forma de consumir y de exhibir cine Álvaro Jarabo Fernández
Referencias
Calvo, M., Fernández, M., Hermida, S., Ipiña, N. (productores) y Ruiz de Azúa, A. (directora). (2022). Cinco
lobitos [Cinta cinematográfica]. España.: Encanta Films, Sayaka Producciones, Buena Pinta Media,
RTVE.
Pompili, G., Schmitz, S., Zamora, M. (productores) y Simón, C. (directora). (2022). Alcarràs [Cinta cinemato-
gráfica]. España, Italia.: Avalon P.C, Elastica Films, Vilaüt Films, Kino Produzioni, Movistar Plus+,
RTVE, TV3.
Tapia, S. (productora) y Sorogoyen, R. (director). (2022). As bestas [Cinta cinematográfica]. España, Francia.:
Arcadia Motion Pictures, Caballo Films, Cronos Entertainment AIE, Le Pacte, RTVE, Movistar
Plus+, Canal+, Ciné+
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Archivos de la Filmoteca Exhibición y público: cómo la pandemia ha cambiado
la forma de consumir y de exhibir cine Álvaro Jarabo Fernández
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LA FILMOTECA. PATRIMONIO AUDIOVISUAL
ÁNGEL GARCÍA DEL VAL:
CADA VER ES
CUARENTA AÑOS DESPUÉS
Pilar Pedraza
En 1983 vimos en una sesión golfa, casi privada, en el viejo cine Xerea de Valencia, la película
de nuestro amigo Ángel García del Val titulada insidiosamente Cada ver es (1981).1 A partir de
entonces, cada vez que pasábamos por delante de la Facultad de Medicina y atisbábamos
por entre las rejas de sus invisibles semisótanos, teníamos la sensación de que la realidad
constaba de más capas de lo que suelen dejarnos ver las instituciones, las censuras y el
sistema, muy profundas y que estaban allí al alcance de la mano.
Un día en que espiábamos estas invisibilidades pensando en el protagonista del
filme de García del Val, el increíble Juan M. Espada del Coso, casi nos estampamos contra
su persona, que venía de frente, menos extraordinario en la vida que en el arte, pero con la
aureola de persona importante por alguna razón. Y nosotros, que no somos fetichistas de las
personalidades ni rendimos culto a los fantasmas fabricados por los mass media, estuvimos
en un tris de pedirle un autógrafo. No por su papel en la película, sino por su presencia en la
vida «real», aunque en este caso las fronteras entre realidad y ficción no estén muy claras.
Es necesario dar algún rodeo hasta encontrar el quid de la fascinación que han ejercido
desde entonces sobre nosotros dos objetos diversos: la película de Ángel García del Val y el
universo de Juan M. Espada, su héroe; es decir, el texto fílmico tejido por el creador, y el reino
inerte real de los muertos y su manipulador.
Pues bien, por entonces pedí una cita a Juan M. Espada antes de publicar nuestro
—mío y de Juan López Gandía— primer artículo sobre Cada ver es.2 Me la concedió ama-
blemente en uno de los bancos de un triste corredor de la Facultad de Medicina, medio de
1 Nacido en Valencia en 1948, García del Val es el cineasta más rebelde, libre y alternativo del cine español, autor
de documentales como Motín (1977), Salut de Lluita (1977) y películas como Resurrección (1975), Cada ver es y El
sueño de Cristo (1997). Ver Pasado, presente y futuro del Audiovisual valenciano, Generalitat Valenciana, 2018.
2 En Reüll. Revista del Departamento de Estética, Universitat de València 1983. Más tarde ambos colaboramos en
el dosier sobre García del Val de la revista Banda aparte (12 de octubre de 1998), con los artículos «A propósito de
Cada ver es» (pp. 46-48) y «El silencio de Cristo. A propósito de El sueño de Cristo» (pp. 39-41). Esta última (1997),
largometraje en Technicolor y Cinemascope, tan poco conocido como interesante, presenta a Cristo como líder
de los zelotes.
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Archivos de la Filmoteca Ángel García del Val: Cada ver es
cuarenta años después Pilar Pedraza
tapadillo, ya que el escándalo levantado por la película, rodada sin permiso del Rectorado,
no estrenada oficialmente, y de por sí escandalosa por su tema y sus imágenes, había de-
gradado a Espada a las funciones de bedel, como El último (Der letzte Mann, F. W. Murnau
1924) a los lavabos del hotel de lujo. Desde entonces había perdido su prestigio y su imperio
subterráneo. Una escena de la película lo muestra en su nuevo papel, borrando su nombre
escrito en la pizarra de un aula. Preciosa metáfora: a eso lo habían reducido los burócratas
de la Universidad y la miopía del Ministerio de Cultura, que, enfrentado con una anomalía
genial como Cada ver es y sin agallas para permitirla salir a flote, la condenaba al ostracismo.
Actualmente, basta con activarla en YouTube para verla sin problemas, pero también sin la
magia de la sala oscura y el sonido que un filme de este tipo requiere.
Cuando García del Val rodó Cada ver es, Juan M. Espada era un cuidador de muer-
tos para estudio en las aulas de anatomía. Ejercía de príncipe de las tinieblas en el Hades
de la Universidad de Valencia como ayudante del forense de la Facultad de Medicina. Este
hombre alto, esbelto y de movimientos elegantes, debía tener por entonces cincuenta y
tantos años y no pasaba desapercibido. Un plano detalle del filme muestra un fragmento
de su mano peinando su abundante cabellera gris, que hacía juego con su barba. Era lim-
pio, narcisista, se diría que presumido. Sus diminutos ojos casi ciegos se ocultaban tras los
cristales de unas gruesas gafas oscuras de veinticuatro dioptrías, con montura a la moda.
Su trabajo, de no menos, según él, de doce horas diarias, consistía en conservar en buenas
condiciones los cadáveres que recibía para las prácticas de los estudiantes, embalsamar-
los, manipularlos, hacer preparados anatómicos y toda clase de disecciones y tratamientos
«para estudio», según sus palabras. Solitario como un ermitaño, le gustaba su trabajo y la
discreta compañía de sus muertos. No era un necrófilo. Era un artista o un gran artesano y
estaba orgulloso de su oficio. Poseía un don muy útil en este: la carencia total del sentido del
olfato desde la infancia. Para él los muertos no olían, y tampoco los fuertes líquidos con que
los que los embalsamaba.
Este personaje, con su melena gris, sus ojillos estrábicos y su aura de iniciado,
constituye el guía del viaje del creador, el Virgilio que acompaña a Dante en su viaje al infierno
y le ayuda a convertir en obra de arte el descenso. García del Val lo sigue y al mismo tiempo
lo construye con su talento, su exiguo equipo, su cámara y su sentido del montaje. ¿Cómo se
las arregló este creador atípico para dotar de vida y respiración a los muertos y a su experto
manipulador a los sones de Wagner, Ravel, Holst y Penderecki? Se las arregló como otros
españoles de vanguardia que han pasado a la historia del cine alternativo: el joven Buñuel
surrealista de Un perro andaluz (Un chien
andalou, 1929), el Iván Zulueta de Arrebato
(1979) y otros directores como de José Luis
Guerín, Joaquín Jordá o Basilio Martín Pa-
tino, es decir, venciendo a sus materiales y
haciéndolos plegarse a sus visiones a base
de trabajo, de innovación y, sobre todo, del
atrevimiento de quien se sabe creador y no
titubea ante los obstáculos.
La película, de 73 minutos, rodada
en 16 mm en Eastmancolor, tiene el inconfun-
dible aire underground que proporciona a un
cineasta de talento la escasez de medios Cada ver es (Ángel García del Val, 1981). Los
fotogramas que aparecen en el artículo los
económicos. Este se nos antoja uno de los ha extraído Patricia Gázquez Moreno.
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Archivos de la Filmoteca Ángel García del Val: Cada ver es
cuarenta años después Pilar Pedraza
3 Véase Pérez Ochando, Luis (2015). «Cada ver es». En R. Higueras (coord.), Antología del cine fantástico español
(1912-83). Madrid: T&B.
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Archivos de la Filmoteca Ángel García del Val: Cada ver es
cuarenta años después Pilar Pedraza
De ahí nos hace pasar a los muertos conservados intactos en formol; luego, a una
serie de mutilaciones y troceamientos con finalidad pedagógica para el aula y, por último, al
amasijo, casi irreconocible, de vísceras y dermis desprendida, mera basura procedente del
«estudio» anatómico de los «chicos» y de la que hay que deshacerse cuanto antes. Es una
progresión a peor, pero no una regresión, porque los locos de Bétera —mostrados como
zombis y se diría que escapados de la primera e inaugural película sobre estos, La noche de
los muertos vivientes (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968) o de Las Hurdes
(Luis Buñuel, 1933)—, nos inquietan mucho más que los plácidos muertos que esperan en
una fosa de formol a que les llegue el turno de ser preparados «para estudio».4
En cuanto al discurso de Espada, que no es un simple carnicero o un mero em-
balsamador de funeraria, sino un hábil artesano de la tanatopraxia con fines médicos, se
muestra como un vacío en el que flotan tópicos populares tan pronto materialistas como
fantásticos, estos últimos, como dijimos, oníricos. Entre sus aparentes trivialidades brilla a
veces de pronto una imagen deslumbrante: cuando los muertos llegan al cementerio para
ser enterrados, dice Espada, los demás, las demás almas de los antiguos difuntos, los reci-
ben mal. No dice porqué, pero en su boca resulta plausible que las viejas ánimas que cuidan
de sus propios restos mortales en el camposanto rechacen las intrusiones.
García del Val ha trabajado con precisión esa cháchara, entonada con voz no culti-
vada pero inteligente, a la hora de sentarse a la mesa de montaje, dosificando y repartiendo
4 Entre 1978 y 1981, Carlos Rodríguez Sanz y Manuel Coronado realizaron una película, notablemente trabajada
desde el punto de vista cinematográfico, sobre la vida diaria de los pacientes de un centro psiquiátrico de Lega-
nés (Madrid), titulada Animación en la sala de espera (1981). Varios años antes Frederick Wiseman se adentró en
un manicomio norteamericano y realizó la estremecedora y pionera Titicut Follies (1967).
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Archivos de la Filmoteca Ángel García del Val: Cada ver es
cuarenta años después Pilar Pedraza
la dinamita en los lugares adecuados. Y es precisamente en esa labor de montaje visual y so-
noro donde reside el salto de lo registrado a la reflexión del artista que ordena sus materiales
y da su punto de vista, que engloba al de Espada y lo ironiza hasta extremos casi sarcásticos,
sin dejar de admirarlo. El manipulador de restos humanos es manipulado y troceado por el
montaje —se diría que ensayístico— de García del Val, que ofrece su preparado fílmico al
espectador como Espada el suyo anatómico a los estudiantes de Medicina. Porque ¿cuál
es la tarea del director cinematográfico, en definitiva, sino la de servirnos en las mejores
condiciones un conjunto de imágenes inertes —que pueden convertirse en desechos por
su voluntad—, a los que nuestra mente dotará de movimiento y de sentido?
Por otra parte Juan M. Espada del Coso es un héroe ascético a quien el trato asi-
duo y cotidiano con los muertos convierte injustamente en maldito, como al verdugo y al
enterrador, y a la vez lo prestigia y lo sitúa por encima de nosotros. Él ve y toca muertos
todos los días, algo poco frecuente en las sociedades urbanas occidentales, en las que el
hecho —y sobre todo el desecho— de la muerte humana nos son cuidadosamente hur-
tados, del mismo modo que lo era hasta hace poco la desnudez abyecta de las viejas que
hemos estudiado en otro lugar con motivo de La Abuela de Paco Plaza. 5 Conocemos la
muerte trivializada a través de los medios de masas; una muerte fotografiada, filmada, carne
de telediario, es decir, inexistente o falsificada. Oímos hablar de ella, sabemos que la gente
muere a cada minuto de una manera o de otra, pero un sutil escamoteo nos la hurta continua-
mente. Diligentes organizaciones casi secretas se encargan de borrar sus efectos y retirar
sus detritus, del mismo modo que otras se encargan de hacer desaparecer los molestos re-
siduos domésticos —el nocturno «camión de la basura», que a veces nos desvela como un
5 Pedraza, Pilar (Mayo 2002). «La vieja desnuda». Caimán. Cuadernos de cine, (166), 35.
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Archivos de la Filmoteca Ángel García del Val: Cada ver es
cuarenta años después Pilar Pedraza
Cada ver es (Ángel García del Val, 1981). Cada ver es (Ángel García del Val, 1981).
monstruo benigno—. No serán escasas las personas que vean por primera vez auténticos
cadáveres reducidos al estado de mera carne en la película de Ángel García del Val, como
vieron con pasmo y escándalo, en muestras y museos, los muertos u órganos plastinados,
con arte entre diabólico y pop, por el artista y doctor Gunther von Hagens, mucho menos
interesantes que los de García del Val y de Juan M. Espada, y a veces irrisorios.6
En el mundo de la producción masiva, del consumo y de la prisa, no hay lugar ni
tiempo para conjurar el espíritu de los muertos y su malicia míticamente intrínseca, si acaso
con un apresurado funeral. Simplemente se les hace desaparecer limpiamente en nichos
u hornos. El capitalismo se encarga de recordárnoslos de manera consumista en lujosas
muestras de tanatología como Funermostra, certamen de productos y servicios funera-
rios donde se exhiben desde féretros con alarma por si se producen entierros prematuros,
sudarios de boato, joyas fabricadas con las cenizas de los seres queridos u hornos crema-
torios de alta tecnología. Los cadáveres corrientes, pura materia inservible e insignificante,
reducida a la limpia trivialidad de las cenizas o agresiva en tanto que hirviente de corrupción,
no sirven absolutamente para nada y estorban a los vivos. Como escribe Baudrillard, no
provocan ninguna ilusión, están fuera del intercambio simbólico y por ello de circulación, y
carecen de máscara.
Los cadáveres son, sin embargo, perpetuos signos de interrogación para los vivos
y, por lo tanto, interesan. Y tienen además un valor por lo general olvidado pero importante:
el de servir como elementos de estudio en el campo de la medicina. Antaño fueron robados
y violados por estudiantes o ladrones de cuerpos, o bien sustituidos por las hábiles copias
de los ceroplastas como las que se ven en La Specola (Florencia), o por los diseños de los
grabadores anatomistas o, actualmente, plastificados y por ello convertidos en un objeto de
frontera entre la Anatomía y el fetichismo del museo postmoderno. Por otra parte, los muer-
tos interesan, sobre todo si son puestos en escena, porque entonces devienen personajes
de un guion, como los de Ángel García del Val y Ángel Beltrán (coguionista), que incluso
figuran en el cast con su nombre.7
Aunque pasivos, algunos cadáveres de García del Val y en general del arte, recu-
peran la máscara de lo fantástico y con ella la capacidad de seducción. Prueba de ello es
6 La técnica plastinación fue desarrollada en 1977 y patentada por Von Hagens en 1979. Un ejemplo de las anato-
mías tratadas con polímeros jugando a las cartas o danzando fue exhibido en la exposición Mundos corpóreos,
una cuestión de corazón, Berlín, 2011.
7 «Protagonizada por Juan Espada y los cadáveres José Luis F.N, Miguel M.P.M., Lucía P.C, Roberto Z.X. y otros».
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Archivos de la Filmoteca Ángel García del Val: Cada ver es
cuarenta años después Pilar Pedraza
la vigencia en el cine de terror, del muerto viviente en sus distintas variedades, desde el no
muerto vampiro aristocrático y virtualmente eterno, al frágil y aterrador zombi andrajoso al
que es fácil «matar», si bien en este caso el cadáver, paradoja suprema, está vivo, aunque
con una vida incomprensible, viscosa e intolerable. Los cadáveres de García del Val tienen
en escena una presencia diferente a los de The Walking Dead (Frank Darabont, 2010-2022).
No son muertos corrientes ni vivientes o caminantes, sino cadáveres reales dentro de una
película, es decir, personajes, aunque a menudo secundarios, desplazados por nuestro
interés hacia el protagonista Espada.
El buen cine de terror suele arropar a sus muertos en un aura ambiental fastuosa,
o al menos impregnarlos de cierta hermosura romántica, a la manera de la amada muerta
de Edgar A. Poe, para quien esta es el objeto más bello del mundo, o sustituirla y desplazarla
en el caso de que los mostrados no sean muertos amados, sino cadáveres espantosos. La
unión de la belleza y el espanto, la belleza de lo atroz, no es un juego de palabras ni un con-
trasentido, ni siquiera un tópico; es una realidad estética que nos ha legado el Romanticismo.
En la película de García del Val, que no es de
terror aunque se lo cause al público, esa
belleza inaudita aparece sin lugar a dudas,
concentrada en muy escasos pero intensos
momentos. Maravillosa es, por ejemplo, la
cabeza de muchacha de 23 años, «muerta
del estómago», que Espada conserva en for-
mol como inocente fetiche de artista. Gar-
cía del Val nos la muestra primero en unos
planos de perfil, cuya planitud nos inquieta
hasta que la cámara, después de habernos
hecho esperar largo rato, la rodea y nos da
cuenta de que se trata de media cabeza, re- Cada ver es (Ángel García del Val, 1981).
banada por un limpio corte. Objeto indecible,
meduseo, flota en sus líquidos serena y dulce como un perfil prerrafaelista, y Espada nos
informa de que la conserva, «como de museo», porque le gustó su bien conseguido color.
Otra de las «bellezas» siniestras del filme, que impresiona como pocas, es la fosa
donde son conservados los muertos en formol. Estrecha y oscura, contiene gran número de
ellos, apiñados, desnudos y blancos, ya embalsamados, deformados por la rigidez y la per-
manencia en el líquido. Son extraídos de ella cuando hacen falta —vemos a Espada sacar un
gordo cadáver de mujer madura con una polea—. Ni estas ni otras imágenes teóricamente
espeluznantes dejan de parecernos admirables en su miseria, y esos muertos aplastados,
rígidos y deformes, en brazos de Espada son hermosos en su pétrea serenidad de antiguos
ídolos.8
Otro caso bien distinto del filme de García del Val, aunque posee aspectos seme-
jantes cuya confrontación lo enriquece, es el escalofriante documental Orozco el Embalsa-
mador (Kiyotaka Tsurisaki, 2001). Su autor, fotógrafo japonés familiarizado con el trabajo en
la pornografía, pasó tres años siguiendo con su cámara el trabajo del embalsamador Froilán
Orozco Duarte en el barrio del viejo Cartucho de Bogotá. Orozco, dueño de la funeraria para
8 Confieso que soy gran admiradora suya hasta el punto de que me inspiraron un relato de corte humorístico si-
niestro —pero en modo alguno necrófilo—, que titulé «Balneario». En Pilar Pedraza (2000). Arcano Trece. Madrid:
Valdemar.
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Archivos de la Filmoteca Ángel García del Val: Cada ver es
cuarenta años después Pilar Pedraza
gente humilde llamada El Divino Rostro, se esforzó en solitario y con escasos medios en un
empeño, heroico por sus condiciones, de convertir cadáveres, a veces horribles, en difuntos
presentables para los funerales, en el marco de un barrio que entonces era el más miserable
y peligroso de Bogotá, donde no faltaban muertos en las calles, que aparecen en el propio
documental en toda su crudeza, lo que le otorga una dimensión política de la que carece la
obra de García del Val.
La puesta en escena de esta obra, además de una fisicidad terrible, posee ciertos
rasgos obscenos, como la posición de los cadáveres, que no es intención del trabajador,
respetuoso y digno como Espada. Enlazando con lo que antes decíamos de la belleza atroz
de lo muerto, queremos resaltar la larga y minuciosa secuencia de embalsamamiento de una
joven en la que Orozco trabaja manipulando con tremenda profesionalidad, la carne y las vís-
ceras, la vestimenta de la muerta, su maquillaje y su colocación en un féretro aceptablemente
hermoso. Aquí, al contrario del trabajo de Espada, el de Orozco es el de reconstruir lo muerto
con la finalidad de presentarlo como vivo y dormido.
Hasta aquí nuestras impresiones sobre Cada ver es, cuarenta años después de
haber vivido de cerca su odisea, porque no deseamos que sean otra cosa. Hemos renuncia-
do a relatar su historia, que la convirtió en un oscuro fetiche censurado e invisible hasta ahora
que contamos con instrumentos tecnológicos para su difusión. Asimismo hemos desechado
a la impía pretensión de trocear analíticamente el filme de García del Val hecho de fragmen-
tos, porque ante el collage, sea fotográfico o cinematográfico, se impone un acercamiento
sintético. De lo contrario, se corre el riesgo de que los pedazos nos impidan ver el exquisito
cadáver, que es nuestra intención. Pues este cadáver es para ver, mientras que el de Tsuri-
saki lo es para resistir la náusea no sólo tanática, sino también política.
Pilar Pedraza (Toledo, 1951) es doctora en Historia del Arte y especialista en historia y estética del
cine, cuya enseñanza ha impartido en la Universitat de València en calidad de profesora titular. Es auto-
ra de varias monografías como Federico Fellini (Cátedra), Metrópolis (Paidós), Jean Cocteau (Shangrila),
Agustí Villaronga (Akal) o Suspiria (Shangrila) entre otras, así como de numerosos artículos en revistas
especializadas y colaboraciones en publicaciones de festivales (VV. AA., La Nueva Carne, Sitges, Val-
demar). Ha sido Consellera de Cultura de la Generalitat Valenciana (1993-1995), miembro del consejo
de administración de la Radiotelevisión Valenciana y actualmente miembro del consejo editorial de la
revista Caimán cuadernos de cine.
↘ [email protected]
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ACTIVIDADES ANUALES
DE LA FILMOTECA
Sección de Recuperación y Conservación y
Departamento de Programación
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Archivos de la Filmoteca Actividades anuales de La Filmoteca
Sección de Recuperación y Conservación y Departamento de Programación
no Thous; los de los escenógrafos Gori Muñoz y Francisco Canet; los de los directores Toni
Canet y Carles Mira; el fondo Ricardo Muñoz-Suay, entre otros.
Hay que destacar también la aventura editorial pionera, por insólita, del sello Edi-
ciones de la Filmoteca con varias colecciones: Textos, Textos Minor, Documentos, Cuader-
nos, las memorias anuales —ejercicio de transparencia en un momento en el cual todavía no
era exigida—, y en último lugar, pero no en importancia, la publicación de Archivos. Revista
de Estudios Históricos sobre la Imagen, que ha atravesado diferentes épocas y etapas, que,
después de unos años de inactividad, se reemprende a instancias de José Luis Moreno
Maicas, director adjunto de Audiovisuales y Cinematografía hasta abril de 2022, siendo im-
pulsado por los siguientes directores adjuntos, Francesc Felipe Campillo (de octubre de
2022 a enero de 2024) y María Fuster Embuena (de marzo a septiembre de 2024).
En un número dedicado al cine y la memoria, creemos fundamental realizar un
repaso, aunque sea breve, por las actividades realizadas por los diferentes departamentos
de La Filmoteca a lo largo del año 2023 y primer semestre de 2024.
Recuperación y conservación
Las funciones del Archivo Fílmico (Sección de Recuperación y Conservación) son aquellas
encaminadas a la localización, recuperación, estudio, clasificación, catalogación, conserva-
ción, restauración y difusión de las producciones audiovisuales valencianas, rodadas en la
Comunidad Valenciana o de autores o intérpretes valencianos, así como de toda la maquina-
ria que las hacen posibles. La recuperación de materiales audiovisuales cristaliza, en parte,
gracias a la resonancia de campañas como Imatges per rescatar e Imatges indultades, que
pretenden despertar en la ciudadanía la conciencia sobre la fragilidad del soporte cinemato-
gráfico y la labor que desempeñan las filmotecas en su salvaguarda, preservación y difusión.
Así, una de las actividades recurrentes del archivo es la organización de eventos de difusión
en instituciones culturales de toda la Comunidad Valenciana, actividad gratuita que se realiza
a demanda de los municipios interesados y que consiste en una charla informal de carácter
divulgativo y la proyección de fragmentos de películas restauradas y de imágenes del mismo
municipio donadas por particulares y digitalizadas en el Archivo, siempre acompañadas de
música en directo compuesta expresamente para la ocasión. En 2023 se ha llevado a cabo
dicha actividad en Carcaixent, coincidiendo con la presentación del libro Voluntad. Agustín
Caballero, fent cinema a Carcaixent (1928) y en Benidorm, en el marco de la celebración del
Día Mundial del Turismo.
El «efecto llamada» que tienen dichas actividades de difusión da su fruto en forma
de innumerables depósitos de materiales cinematográficos, tanto películas como aparatos o
documentos, que sirven a su vez para satisfacer la enorme demanda de imágenes de archivo
por parte de productoras audiovisuales, museos, instituciones culturales, investigadores,
festivales y otras filmotecas. Con motivo de la publicación del libro de Irene de Lucas Ramón
Helena Cortesina. Una cineasta pionera en España, la Mostra de València organizó una
exposición en la Galería El Tossal para la que se solicitaron en préstamo diferentes piezas
de la colección de aparatos cinematográficos recuperados y conservados por La Filmoteca.
Como todos los años y enmarcada en la programación de la Filmoteca d’Estiu, el
Archivo Fílmico prepara Els nostres estius, compilación de fragmentos de películas amateur
que recogen imágenes de tinte veraniego: escenas de playa, excursiones, actividades de
ocio, reuniones familiares… De nuevo, esta actividad recurrente cumple el doble objetivo
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Archivos de la Filmoteca Actividades anuales de La Filmoteca
Sección de Recuperación y Conservación y Departamento de Programación
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Archivos de la Filmoteca Actividades anuales de La Filmoteca
Sección de Recuperación y Conservación y Departamento de Programación
Programación 2023-2024
La programación de La Filmoteca está diseñada con el objetivo de dar a conocer la historia
del cine y difundir el patrimonio y la cultura cinematográficos de la manera más amplia y ri-
gurosa, incluyendo títulos de toda época, nacionalidad, género o estilo. Para ello se organiza
a través de diversos ciclos y sesiones especiales, manteniendo ciertas líneas de actuación,
y colaborando con numerosas instituciones nacionales e internacionales como filmotecas,
archivos, festivales o museos.
Una de esas líneas de actuación implica el hacerse eco de la labor de recupera-
ción y restauración que llevan a cabo las filmotecas. En 2023 ha cristalizado, además de la
habitual celebración del Día Mundial del Patrimonio Audiovisual —que contó con una pro-
gramación especial—, en dos ciclos específicos. De un lado el ciclo Hacia otra historia del
cine europeo, en colaboración con el Festival de Sevilla, ciclo en el que se rescatan películas
europeas poco conocidas, restauradas recientemente. De otro, el ciclo Restauraciones de
las Filmotecas españolas, un proyecto colectivo de las diversas filmotecas del estado, que
ha permitido visibilizar, con una selecta selección de títulos, el trabajo de recuperación y
restauración de las mismas y rescatar joyas de nuestra cinematografía.
Esta línea de programación, consustancial a una filmoteca, se ha prolongado en
2024 con dos ciclos concretos: El cine, registro vivo de nuestra memoria, que reunió algu-
nas de las más destacadas restauraciones cinematográficas que han llevado a cabo en
los últimos años filmotecas y otras instituciones de todo el mundo, y Memoria y utopía, en
colaboración con la SEMINCI-Semana Internacional de Cine de Valladolid, con doce obras
maestras olvidadas, censuradas, perdidas e, incluso, destruidas y recuperadas ahora gracias
a procesos de restauración y conservación desde distintos lugares del mundo.
Otra línea de actuación destacada es la visibilización del cine realizado por muje-
res, normalizando la presencia de directoras y creadoras dentro de la programación, bien
incluyendo películas de autoría femenina en todo tipo de ciclos, o bien a través de retros-
pectivas específicas, como las dedicadas a dos de los grandes nombres del cine europeo
de la modernidad, la húngara Márta Mészáros y la belga Chantal Akerman para 2023. Del
mismo modo en 2024 se han organizado ciclos como los dedicados al movimiento de las
Riot Grrrl de los años noventa, a la cineasta estadounidense Su Friedrich y, en Alicante y
Castellón, a Agnès Varda, uno de los grandes nombres
del cine contemporáneo.
El ciclo dedicado al Cine en valenciano, que
se inició en 2023 y ha finalizado en abril de 2024, ha
incidido en la puesta en valor de la historia de nuestro
cine, el correspondiente al ámbito territorial y cultural de
La Filmoteca. Por otra parte, la sala Berlanga, así como
las sedes de Alicante y Castellón, acogen a través de
proyecciones y sesiones especiales el cine realizado en
la Comunidad Valenciana. En Alicante y Castellón, ade-
más de ciclos y retrospectivas dedicados a cineastas,
movimientos o cinematografías nacionales, una parte
fundamental de la programación de La Filmoteca se
centra en el estreno de títulos importantes del año que,
por avatares de la distribución y exhibición, no han pasa-
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Archivos de la Filmoteca Actividades anuales de La Filmoteca
Sección de Recuperación y Conservación y Departamento de Programación
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