Bloque 2
Bloque 2
mariaalmendros
3º Grado en Derecho
Facultad de Derecho
Universidad de Huelva
¥ Si la realizaci—n del pleito va a ser rentable, ya que, puede que los gastos superen los ingresos aunque
gane el pleito. Al respecto, debe considerar:
(a) Los tipos de procesos segœn su resultado econ—mico. Hay procesos en los que no se obtiene
un ingresos como resultado (procesos mero-declarativos y constitutivos) y proceso en que se
absuelve al demandado.
(b) Si obtengo la asistencia jur’dica gratuita, el resultado econ—mico es m‡s favorable. Cuando
no se obtiene la asistencia jur’dica gratuita, lo que obtenga como resultado del juicio puede
no compensar el gasto realizado, por lo que los gastos pueden superar a los ingresos.
(c) Si obtengo la condena en costas del demandado, el resultado econ—mico es mejor. Pero si la
parte contraria ha litigado con justicia gratuita no pagar‡ las costas.
(d) Si el condenado es insolvente (no tiene recursos para hacer frente a la condena), el
demandante no cobrar‡ aunque gane el pleito.
¥ Debe conocer el riesgo m‡ximo al que se expone en caso de que la situaci—n sea peor de lo que
espetaba, es decir, si finalmente pierdo el juicio, sin justicia gratuita o es condenado en costas. Se debe
considerar:
(a) La posibilidad de tener que afrontar, junto a la derrota, una condena en costas que suponga
una agravaci—n de sus gastos.
(b) La posibilidad de que esa condena en costas sea por ÒtemeridadÓ. Se refiere a un castigo
econ—mico adicional que el juez puede imponer a quien, a pesar de saber que ten’a pocas
posibilidades de ganar el caso, decidi— seguir adelante. Adem‡s de cubrir los gastos legales
del juicio, podr’a tener que pagar un monto mayor debido a haber actuado de forma
temeraria o imprudente.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
b. Tener jurisprudencia a favor, o al menos, no tenerla en contra.
c. Tener pruebas suficientes para los hechos alegados.
El estudio a fondo de las posibilidades de Žxito por parte del abogado es una consulta jur’dica que puede
adoptar la forma de dictamen escrito o de consejo oral y que puede tener un coste que ÒhabitualmenteÓ debe
pagar el cliente.
b. Solvencia del deudor. En caso de que el deudor sea insolvente y se gane el juicio, no se podr‡
materializar el derecho reconocido por el tribunal (ni la cuant’a principal reclamada ni la condena en
costas). El abogado puede adoptar dos medidas para asegurarse de esto:
a. Elaborar o pedir un informe de solvencia de una empresa especializada. Conviene tener noci—n
del patrimonio del deudor o su patrimonio futuro en el momento de dictar la condena. Supone
una inversi—n inicial que no se puede recuperar v’a costas judiciales. Sin embargo, ayuda a evitar
gastos adicionales si, aun ganando el caso, se descubre que el deudor no tiene c—mo pagar, lo que
har’a imposible ejecutar la sentencia.
b. Solicitar por parte del tribunal medidas cautelares. Si el deudor tiene solvencia actual, pero
existe posibilidad de que se debilite en un futuro (por ocultar sus bienes, malvenderlos o
gestionarlos negligentemente), habr‡ que solicitar al tribunal medidas cautelares (embargo
preventivo de los bienes (con inscripci—n en el Registro de la Propiedad si son inmuebles), el
dep—sito de bienes muebles bajo custodia de un tercero, o bien, la intervenci—n judicial de la
empresa, por ejemplo).
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- Las demandas de juicios monitorios de menos de 2.000¬
- Las demandas de ejecuci—n de laudos dictados por Juntas Arbitrales de Consumo
¥ Por el sujeto pasivo:
- Las personas f’sicas, pues solo pagan las jur’dicas.
- Ciertas personas jur’dicas, como asociaciones y fundaciones, reconocidas de interŽs
pœblico que gocen de asistencia jur’dica gratuita por insuficiencia de recursos o ex lege
como Cruz Roja.
A. Abogados.
Es obligatoria su intervenci—n en casi todos los juicios civiles y penales, como regla general, aunque
hay ciertas excepciones:
¥ En juicios civiles (art. 31 LEC):
- Juicios verbales por raz—n de la cuant’a (si no supera los 2.000¬)
- Procesos monitorios.
- Actuaciones urgentes anteriores al juicio
- Personaci—n en juicio (comparecer sin contestar la demanda), requiere procurador.
¥ En procesos penales:
- El fiscal no necesita abogado.
- Los procesos por delitos leves (art. 962 y ss LECrim)
- En delitos contra la seguridad del tr‡fico, la declaraci—n del detenido ante la polic’a no
requiere abogado si el acusado renuncia expresamente (art. 520.8 LECrim)
Los honorarios profesionales del abogado es la cuant’a que perciben de sus clientes por su
asesoramiento y defensa de sus intereses. Estos honorarios se rigen por la libertad de precios, que para
que Žsta opere, los honorarios deben estar fijados en el presupuesto o en el contrato de arrendamiento
de servicios (o hoja de encargo) firmado por el cliente. Si no ha habido presupuesto u hoja de encargo
con la cantidad a cobrar, o los criterios establecidos para el cobro, el cliente puede impugnar la factura
emitida o minuta por indebida o excesiva (art. 35 LEC), dando lugar a un procedimiento de control de
abusos en el que interviene el Colegio de Abogados (el cual hace un informe) y el tribunal competente
en el proceso (el LAJ resuelve sobre ese car‡cter excesivo o no) mediante normas orientativas sobre
honorarios emanadas del Colegio de Abogados (art. 44 del Estatuto General de la Abogac’a).
Los gastos suplidos o provisi—n de fondos son los gastos que el abogado adelanta a terceros en favor
del cliente (financiando al cliente o solicitando a sus clientes una provisi—n de fondos o dep—sito para
hacer frente a tales gastos: como contratar a un perito, investigador privado, obtener documentacion,
etc). Si financia el abogado, este crŽdito frente al cliente no forma parte de sus honorarios, ni los cubre
el beneficio de la asistencia jur’dica gratuita, el cual solo cubre los honorarios profesionales del
abogado. En la LEC la provisi—n de fondos y gastos suplidos solo se contempla expresamente para el
procurador, aunque tambiŽn para ciertos gastos que asume el abogado.
El cobro de la minuta. Los abogados disponen de un proceso de ejecuci—n especial (Òproceso de jura
de cuentasÓ) para cobrar de su cliente lo que Žste les debe. Se inicia con un escrito del abogado,
dirigido al tribunal ante el que ha actuado, reclamando la cantidad debida y adjuntando una minuta
detallada (la factura de lo debido + el IVA) y manifestando formalmente que esos gastos le son
debidos: art. 35 LEC. El LAJ reclama esas cantidades al cliente, el cual puede impugnarlas en ese
mismo proceso por indebidas (si no se ha realizado la prestaci—n de cuyo pago reclama-) o por
excesivas (si se pretende cobrar una cantidad no pactada y considerada abusiva en base a la prestaci—n
realizada). Pero en el caso de que previamente hubiese pactado un presupuesto, no puede impugnarlas
por excesivas.
Los gastos del abogado se recuperan del contrario cuando hay condena en costas: arts. 241.1.1¼ y
394.3 LEC. No es el abogado el que reclama sus honorarios a la parte contraria, sino que es el cliente
(la parte ganadora), quien a travŽs de su abogado, reclama al contrario el abono de lo que Žl pag— a su
abogado o de lo que le debe. La excepci—n se produce cuando el abogado ha sido de oficio y por
tanto, el cliente no ha tenido que pagar nada. En este caso, el abogado de oficio reclama al condenado
en costas la cantidad que hubiera cobrado de no hacer prestado sus servicios como AJG (asistencia
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jur’dica gratuita), con el l’mite de 1/3 del valor del pleito a compartir con los peritos, calculado
conforme a las normas del art. 252 LEC. Al no haber Òhoja de encargoÓ, se acude al baremo de los
Colegios de Abogados. Si recupera esa cantidad, le devuelve al Colegio la cantidad recibida por AJG.
El abogado presenta al LAJ su minuta con la justificaci—n de los dem‡s gastos reembolsables v’a
costas, para que Žste dicte decreto liquidando su cuant’a, el cual puede ejecutarse contra el condenado
en costas.
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Justicia gratuita. Para quien obtiene el beneficio de asistencia jur’dica gratuita, el abogado es
designado por el Colegio de Abogados y retribuido por la Consejer’a de Justicia a travŽs del mismo
Colegio, el cual recibe una subvenci—n por ello. El abogado no tiene un contrato con el cliente, sino
que desempe–a su funci—n ex lege.
B. Procuradores
La intervenci—n del procurador no es siempre obligatoria, depende del tipo del juicio:
¥ En lo civil, su presencia se exige en los mismos casos que para los abogados: art. 31.2 LEC).
Como regla general, cuando hay un abogado hay un procurador, salvo excepciones muy
limitadas.
¥ En lo penal, el procurador no ser‡ necesario en los mismos casos en los que no se necesite
abogado (el fiscal, en procesos por delitos leves, y en la declaraci—n del detenido ante la polic’a
en los juicios por delitos contra la seguridad del tr‡fico) y en tampoco es necesario para el
acusado tener un procurador en la fase de instrucci—n del juicio por el procedimiento abreviado y
del juicio r‡pido por diligencias urgentes.
Aunque se trata de una profesi—n de ejercicio libre, ya que no son funcionarios, los procuradores no
cobran la cuant’a que ellos decidan libremente, sino los Òderechos de arancelÓ, es decir, una cuant’a
por cada actuaci—n procesal que realizan fijada en un baremo pœblico de tarifas o Òarancel de
procuradoresÓ aprobado por RD.
En cuanto a los gastos suplidos y provisi—n de fondos, los procuradores reciben una provisi—n de
fondos cuando son ellos los que asumen los gastos de peritos, tasas judiciales, dep—sitos a recurrir,
fotocopias para la parte contraria, gastos de notificaciones a la parte contraria, etc.
Respecto del cobro de la cuant’a del procurador, Žste cobra de sus clientes, a los que expiden una
factura llamada Òcuenta del procuradorÓ que incluye tanto sus Òderechos de arancelÓ como los Ògastos
suplidosÓ que hubiera adelantado, segœn el art. 34 LEC. Para cobrar sus cuentas, los procuradores
pueden acudir al proceso de jura de cuentas, al igual que los abogados, el cual el cliente podr‡
impugnar pero no por excesivas, ya que su retribuci—n se calcula segœn un baremo o arancel y las
cantidades suplidas son objetivas.
Para quien obtiene el beneficio de la asistencia jur’dica gratuita el procurador es designado de oficio
por el Colegio de Procuradores, desempe–ando una funci—n ex lege, cuya retribuci—n proviene de la
Consejer’a de Justicia a travŽs del Colegio de Procuradores.
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contrario condenado a costas a travŽs de su abogado (salvo los casos del procurador de oficio), el cual
pedir‡ la liquidaci—n de las costas ante el LAJ justificando todos los gastos reembolsables v’a costas
para que se dicte decreto contra el condenado y en beneficio de su cliente por tal cantidad.
C. Peritos
La necesidad de la intervenci—n en juicio de los peritos depende de las necesidades probatorias de
cada caso. Son una fuente de prueba, pues sus informes o declaraciones, basadas en conocimientos
cient’ficos o especializados, aportan al tribunal elementos de convicci—n sobre la realidad de los
hechos afirmados por las partes.
Los peritos, al ser profesionales liberales y no funcionarios, salvo algunas excepciones, cobran sus
honorarios libremente sin sujeci—n a arancel, como en el caso de los abogados y a diferencia de los
procuradores. Los honorarios de los peritos son pagados por la parte procesal que los propone
como prueba. El pago lo har‡, como norma general, el abogado o procurador con cargo a la provisi—n
de fondos entregada por el cliente o adelantando la cantidad como gastos suplidos. Para aquel que
obtiene el derecho a AJG, los peritos que necesite son proporcionados y retribuidos por el Estado (o la
C.A con competencias transferidas en materia de medios para la justicia, como es el caso de
Andaluc’a), solicitando al juzgado su designaci—n.
Quien obtiene condena en costas a su favor podr‡ recuperar del contrario una parte de lo gastado en
peritos: hasta 1/3 del valor del pleito, a repartir con los abogados. La reclamaci—n la har‡ el litigante
ganador a travŽs de su abogado mediante la petici—n de liquidaci—n de las costas ante el LAJ.
D. Testigos
Al igual que los peritos, los testigos son fuente de prueba, por lo que su presencia en el proceso
depende de las necesidades de prueba en cada caso. Los testigos no cobran honorarios, sino ÒdietasÓ,
es decir, los gastos de viaje, alojamiento y alimentaci—n, adem‡s de los gastos por los perjuicios
sufridos (se trata de una indemnizaci—n, [Link]., por la pŽrdida de ingresos debido al cierre de su negocio
para acudir al juicio).
Los testigos cobran de la parte que los ha propuesto. Una vez ha testificado, deben comunicar al LAJ
que haga constar las cantidades que se les deben y justificar, que en este caso el LAJ lo hace mediante
decreto. El testigo, en base a tal decreto, se los reclama a la parte que lo llam— a juicio o a su abogado
o procurador con cargo a la provisi—n de fondos si la hay. Si no le pagan puede pedir ejecuci—n forzosa
del litigante que lo llam— a juicio. En caso de que pague, el litigante puede recuperar tales cantidades
del contrario si hay condena en costas. Hay un l’mite: hasta 3 testigos por un mismo hecho. No forman
parte del beneficio de la asistencia gratuita.
E. Investigadores privados
Pueden intervenir antes del juicio, para prepararlo, pero sus informes pueden tambiŽn aportarse como
fuentes de prueba al iniciarse el proceso, normalmente con la demanda. Son profesionales liberales
que cobran sus honorarios libremente sin sujeci—n a arancel. No forman parte del beneficio de la
asistencia gratuita y sus honorarios solo son reembolsables como costas si sus informes han entrado en
el juicio como pruebas (art. 241.1.4¼ LEC).
El beneficiario del derecho a AJG obtiene autom‡ticamente una reducci—n del 100%, 80% o
50% de los aranceles que se aplican, dependiendo del [Link] su caso, estos gastos son
reembolsables como costas y sin l’mite alguno (art. 241.1.5¼ LEC). Para el reembolso se sigue
el mismo procedimiento que para recuperar el resto, a travŽs de las costas.
¥ Fotocopias. Las fotocopias se realizan para la otra parte del proceso, de todo aquel documento que
se entrega al tribunal junto con la demanda y otros documentos anexos, es decir, tantas copias como
partes haya en la contraparte. Este gasto no forma parte del beneficio de la AJG. Pueden
considerarse gastos reembolsables como costas, en su calidad de copias, pero esta interpretaci—n es
discutida: si hay procurador en la causa, Žste habr‡ realizado este gasto como un suplido o adelanto
de gasto en beneficio del cliente.
2.4. Publicaciones
¥ En medios oficiales. En algunos procesos hay que dar publicidad en boletines oficiales a ciertos
aspectos del proceso. Los precios de publicaciones oficiales son pœblicos y est‡n tasados. Son
gastos reembolsables como costas. Quien tiene derecho de justicia gratuita no los paga.
¥ En medios no oficiales. Se trata de la publicidad en un peri—dico de la subasta de un bien en el
proceso de ejecuci—n forzosa, con el fin de darle m‡s difusi—n de la que se deriva de la publicaci—n
oficial. No forman parte del beneficio de asistencia jur’dica gratuita ni son reembolsables como
costas.
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2.5. Gastos propios del seguimiento del juicio por la parte procesal.
Las partes incurren en gastos propios con motivo del juicio: desplazamientos, estancias en hoteles,
pŽrdida de ingresos, etc. Son gastos no reembolsables como costas. Tampoco quedan cubiertos por el
beneficio de asistencia jur’dica gratuita. Podr’an recuperarse reclamando da–os y perjuicios contra el
demandado que nos hizo incurrir en los mismos.
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3. ASISTENCIA JURêDICA GRATUITA
3.1. Concepto y fuentes legales
La asistencia jur’dica gratuita es la prestaci—n por el Estado de los recursos esenciales necesarios para
desarrollar el proceso a quien se encuentre en una situaci—n econ—mica de insuficiencia de recursos que le
impida litigar.
Tiene naturaleza de derecho pœblico subjetivo de rango constitucional (reconocido en su art. 119) para quien
se encuentra en la situaci—n econ—mica de insuficiencia de recursos prevista por la ley. A pesar del
reconocimiento en el art. 119 CE, el Tc lo vincula con el art. 24 CE, pues la falta de recursos para litigar
equivale a una indefensi—n (falta de tutela efectiva) prohibida por este mismo art’culo, por tanto, es un
derecho cuya vulneraci—n permite presentar un recurso de amparo ante el TC.
La Asistencia Jur’dica Gratuita (AJG) es un derecho que depende de c—mo lo regula la ley, ya que la
Constituci—n deja en manos de la legislaci—n los detalles sobre quiŽnes pueden acceder a este derecho, quŽ
prestaciones se incluyen y c—mo es el proceso para obtenerlo:
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superar dichos ingresos.
F—rmula: INGRESOS FAMILIARES f TOPE LEGAL
a. Ingresos familiares:
¥ En c—mputo anual
¥ Por todos los conceptos: rentas de trabajo, rentas del capital,
herenciasÉ de dicho a–o.
¥ De toda la unidad familiar del solicitante, es decir, tambiŽn del
c—nyuge y de los hijos menores de edad no emancipados, salvo en
caso de divorcio o pleito de custodia, en cuyo caso los medios
econ—micos se valorar individualmente para cada c—nyuge.
¥ Las personas jur’dicas. Deben de ser personas jur’dicas de interŽs pœblico (asociaciones y
fundaciones y carecer de recursos para litigar que consiste en que el resultado contable de la
entidad en c—mputo anual fuese inferior a la cantidad equivalente al triple del indicador pœblico
de renta de efectos mœltiples.
B. Por razones no econ—micas. Son a–adidas por el legislador m‡s all‡ de lo establecido en la CE. Como
regla especial, tienen AJG por consideraciones no econ—micas:
¥ Las v’ctimas de violencia de gŽnero en procesos que deriven de su condici—n de v’ctima, tanto
penal como civil (divorcio, custodia de los hijos, pensi—n alimenticia de la mujer maltratadaÉ).
¥ Las v’ctimas de abuso o maltrato: menores o personas con discapacidad intelectual o enfermedad
mental.
¥ Las v’ctimas de terrorismo en procesos que deriven de su condici—n de v’ctima.
¥ Las v’ctimas de accidentes de tr‡fico afectados por gran invalidez en los procesos para reclamar
da–os y perjuicios por los da–os sufridos.
¥ Los trabajadores por cuenta ajena y beneficiarios de prestaciones de seguridad social para litigar
ante los tribunales del orden jurisdiccional social.
¥ Personas jur’dicas. Entidades de interŽs pœblico a las que se reconoce el derecho sin necesidad de
acreditar insuficiencia de recursos: Cruz Roja, Asociaciones de Consumidores y Usuarios,
Asociaciones para la promoci—n y defensa de los derechos de las personas con discapacidad.
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correspondientes, que pasan a ser definitivos. El abogado y procurador nombrados de oficio
continœan la asistencia durante el resto del proceso incluida la fase de ejecuci—n.
¥ Revocar el derecho, donde la parte asistida tendr‡ que pagar los servicios ya recibidos del
abogado y procurador nombrados de oficio. Podr‡ cambiar de abogado.
5. Recursos. Se puede recurrir la denegaci—n ante el propio tribunal que conoce del caso para el que
se ha solicitado la justicia gratuita o ante del Decanato.
Cuando una persona obtiene el derecho a Asistencia Jur’dica Gratuita, se le cubren los gastos legales en
funci—n de la solicitud, el tipo de proceso y los l’mites establecidos por la ley. En general, los beneficios del
art. 6 LAJG incluyen:
1. Abogado de oficio:
¥ El beneficiario recibe un abogado de oficio cuando es obligatorio en el proceso o cuando la otra parte
lo tiene, para asegurar igualdad.
¥ El abogado ayuda en la preparaci—n del litigio, medios alternativos de resoluci—n (mediaci—n,
conciliaci—n), asesoramiento tŽcnico en la primera instancia, ejecuci—n de la sentencia y defensa en
recursos.
¥ Si no tiene derecho a AJG, debe contratar a un abogado de confianza, aunque puede acceder a un
abogado de oficio en casos espec’ficos de urgencia en procesos penales o civiles, asignado por el
Colegio correspondiente y pagado por el que lo pide:
- En el proceso penal, el acusado debe ser asistido por el abogado desde que es detenido, bien
mediante la solicitud de asistencia por su abogado de confianza o bien, de un abogado de
oficio. En este œltimo caso, o en caso de mantener silencio y no designar a su abogado de
confianza, la propia polic’a hace una petici—n al Colegio de Abogados para que se le designe
abogado de oficio, de entre los abogados de turno de oficio que estŽn de guardia. Este
abogado solo ser‡ gratuito si la persona asistida reœne las condiciones previstas por ley (el
abogado de oficio preguntar‡ a su cliente por sus ingresos y le facilitar‡ la tramitaci—n de la
solicitud de la AJG si tiene derecho a ella). Si el resultado de la solicitud es favorable, el
abogado designado para la declaraci—n ante la polic’a, puede seguir asistiŽndole durante el
resto del proceso.
- En algunos procesos civiles, la necesidad de abogado surge durante el curso de un proceso,
considerando su presencia imprescindible y urgente. Se designa por el Colegio de Abogados
a petici—n del juzgado, pero la parte debe solicitar el beneficio de la AJG para esa prestaci—n
o asumir su pago.
2. Procurador de oficio: similar al abogado, asiste en el proceso si se otorga el derecho.
3. Peritos: son designados por la Oficina Judicial o el tribunal, en su defecto.
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Al finalizar el proceso:
¥ Si gana el pleito y obtiene dinero por ello, el beneficiario de AJG debe devolver parte de los gastos
(hasta 1/3 de lo ganado), salvo si la parte contraria ha sido condenada a las costas, que en este caso es
la parte contraria quien abona las costas de su abogado y peritos con un l’mite de 1/3, salvo condena
por temeridad.
¥ Si pierde:
- Sin condena en costas, queda exento de pagos.
- Con condena en costas, paga las costas y la asistencia recibida, pero solo si mejora su situaci—n
econ—mica en los 3 a–os siguientes.
Costas procesales. Son los gastos que la parte contraria vencida en juicio puede pagar a la ganadora: por los
gastos que se producen por su causa.
a. En materia civil:
¥ Se aplican en primera instancia al perdedor absoluto, salvo que haya motivos razonables para litigar.
¥ Se agravan si hay temeridad (litigio irresponsable). Un factor para determinar la temeridad es no
haber acudido a conciliaci—n o mediaci—n o no haber intentado un acuerdo en buenas condiciones. El
condenado por temeridad paga aœn cuando no haya sido vencido de modo absoluto, paga las costas
por abogado y procurador, aœn cuando su intervenci—n no era obligatoria y paga las costas en su
totalidad sin el l’mite de 1/3 del valor del pleito.
b. En materia penal:
¥ Criterio del vencimiento. El acusado condenado paga las costas del acusador particular.
¥ Criterio de temeridad o mala fe. El acusador paga si litiga con temeridad o mala fe.
El que obtiene el beneficio de la AJG, disminuye al m’nimo sus gastos, aunque aœn as’, debe adelantar los
gastos de su bolsillo hasta que pueda recuperarlos en forma de costas o con el valor de la sentencia a su
favor. Las posibilidades de recobrar lo que invierta depende de sus probabilidades de ganar, as’ como de las
probabilidades de condena en costas de la parte contraria.Aœn cuando se condene en costas y el deudor no es
solvente, el acreedor no recuperar‡ los gastos y todo el coste del proceso recae sobre sus recursos propios.
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Si se gana el pleito, pero el deudor es insolvente, no se podr‡ materializar el derecho reconocido por el
tribunal, por lo que conviene tener noci—n del patrimonio del deudor. Para ello, se solicita un informe de
solvencia elaborado por empresas especializadas. Supone una inversi—n inicial que no se podr‡ recuperar v’a
costas, pero que evitar‡ incurrir en gastos adicionales cuando resulte claro que, aœn ganando, no se obtendr‡
nada, pues la ejecuci—n forzosa ser‡ infructuosa frente al demandado-deudor insolvente. Si el deudor tiene
solvencia actual, pero existe la posibilidad de que se debilite en un futuro, habr‡ que solicitar al tribunal
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ciertas medidas cautelares.
Las medidas cautelares. Sirven para resolver tales riesgos del proceso. Consiste en la adopci—n de
determinadas medidas judiciales, que eviten dichos riesgos.
El proceso Cautelar. Las medidas cautelares se imponen mediante una resoluci—n judicial (auto)
adoptada tras un proceso conexo al principal y con audiencia de la parte contraria. En el proceso se trata
de comprobar el riesgo, y determinar la idoneidad y proporcionalidad de la medida para prevenirlo.
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¥ Probabilidades de que el demandante/acusador tenga raz—n en lo que pide. Esta probabilidad
de mide por los se–ales que indiquen que el demandante puede tener el derecho que afirma (fummus
boni iuris) o que el acusador puede llegar a probar la responsabilidad penal del acusado (fummus
delicti commissi).
¥ Probabilidad de que a la vista de tal probabilidad de condena la parte pasiva realice los actos
da–osos. Esta probabilidad se mide por se–ales de peligro (periculum in mora).
A. Riesgos patrimoniales
b. Riesgo de insolvencia. Cuando la prestaci—n a cargo del deudor consiste en dar
cantidades de dinero, el riesgo es de insolvencia, porque durante el curso del
proceso, el condenado lo ha gastado (o malgastado), ocultadoÉ de modo que al
llegar el fin del proceso, sea insolvente con da–o para el acreedor-demandante. Si
su insolvencia es anterior al inicio del proceso quiz‡ no debimos haberlo iniciado
(un informe de solvencia hubiera prevenido este riesgo). Pero si la insolvencia es
sobrevenida o buscada intencionadamente, se puede prevenir con la adopci—n de
medidas cautelares.
c. Otros riesgos patrimoniales. Hay juicios civiles en los que no se reclama dinero,
como en un juicio de desahucio, donde se pretende, fundamentalmente, recuperar
el inmueble mediante el desalojo forzoso del inquilino que no paga la renta
(lanzamiento) o el juicio para satisfacer la acci—n reivindicatoria de una cosa
mueble determinada, en cuyo caso la pretensi—n es de entrega de la cosa. Pero no
recuperaremos el inmueble si la conducta del demandado durante el juicio o
proceso declarativo hace imposible o muy dif’cil la ejecuci—n, por ejemplo,
introduciendo en el piso a nuevos ocupantes cuyo desalojo sea dif’cil o complejo.
La prevenci—n de este riesgo patrimonial es tambiŽn tarea del proceso cautelar.
B. Riesgos no patrimoniales
En los procesos civiles constitutivos donde est‡ en juego derechos de la persona
(procesos de divorcio con hijos menores) pueden producirse riesgos de tipo no
econ—mico. Con estos procesos se pretende crear una nueva situaci—n jur’dica regulada
por la sentencia (el convenio regulador en que constan los derechos de custodia o de
visita, por ejemplo). Una parte puede perjudicar la eficacia de este futuro rŽgimen
regulador si durante el proceso actœa de forma malintencionada que haga imposible o
dif’cil su cumplimiento.
[Link]: un demandado por su c—nyuge mediante proceso de divorcio en que solicita
la custodia de los hijos, puede, ante el temor de perderla, llevarse a los hijos fuera
del pa’s.
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A. Riesgos patrimoniales. Junto a cada proceso penal puede haber un proceso civil
acumulado para indemnizar a la v’ctima del da–o causado por el hecho punible. Este
proceso civil se tramita simult‡neamente ante el propio tribunal penal. Las
responsabilidades civiles las ejercitar‡ el fiscal en nombre de la v’ctima.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
Art. 100 LECrim. De todo delito nace acci—n penal para el castigo del
culpable, y puede nacer tambiŽn acci—n civil para la restituci—n de la cosa,
la reparaci—n del da–o y la indemnizaci—n de perjuicios causados por el
hecho punible.
En el proceso civil, por las consecuencias del delito puede tambiŽn desarrollarse de
modo aut—nomo al penal en un proceso posterior ante el tribunal civil (art. 11
LECrim), pero mientras estuviese pendiente la acci—n penal no se ejercitar‡ la civil
con separaci—n hasta que aquŽlla haya sido resuelta en sentencia firme.
B. Riesgos no patrimoniales.
(a) Riesgo de fuga del sospechoso o culpable
¥ Criterios b‡sicos de valoraci—n del riesgo. Uno de los riesgos del proceso penal
es la fuga del investigado. Sin su presencia no podr‡ celebrarse el juicio oral, o
bien, si la fuga tiene lugar tras el juicio oral, la sentencia no podr‡ ejecutarse.
Este riesgo de fuga es una probabilidad que crece y decrece en funci—n de:
Duraci—n de la pena a imponer. Crece el riesgo cuanto mayor es la pena
que evita al fugarse.
Arraigo. Decrece el riesgo cuanto mayor es el arraigo (lazos familiares,
laborales, culturales y econ—micos que pierde cuando se fuga).
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
imponer una medida de prisi—n provisional, adem‡s del periculum in mora
b‡sico, debe reunirse alguna de las 3 siguientes condiciones (periculum
agravado), es decir, que si se da el periculum b‡sico y no el agravado, la medida
cautelar que procede es la libertad provisional y no la prisi—n provisional.
Duraci—n de la pena: que se trate de un delito cuya pena en abstracto pueda
llegar a 2 a–os de privaci—n de libertad.
Antecedentes penales: que el investigado tenga antecedentes penales no
cancelados por delito doloso.
Antecedentes de incomparecencia: se han tenido que dictar requisitorias de
bœsqueda en los 2 a–os anteriores.
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pueden tener que afrontar medidas cautelares consistentes en un ÜÜadelantamiento de las
prestacionesÝÝ a las v’ctimas
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as’ detenido es puesto a disposici—n de la polic’a que valora la
situaci—n y adopta la medida pertinente.
II) Detenci—n ejecutiva. A su vez se divide en:
¥ Detenci—n del fugado. Es pr—fugo el sujeto declarado en
busca y captura mediante requisitoria. Es un sujeto que,
privado de libertad por sentencia privativa de libertad y
mandamiento de prisi—n (prisi—n definitiva) o por auto de
prisi—n provisional (medida cautelar), se escapa del control
del Estado. El sujeto as’ detenido es puesto a disposici—n
judicial e ingresa en prisi—n definitiva o provisional.
¥ Detenci—n del rebelde. Es el investigado en paradero
desconocido, declarado en rebeld’a y buscado mediante
requisitoria de localizaci—n con detenci—n y puesta a
disposici—n judicial. Ante la ausencia del investigado en el
proceso (se le ha citado a declarar y no lo localizan en su
domicilio o Žste no se conoce):
- Se ordena su localizaci—n o bœsqueda por la polic’a
(requisitoria de llamamiento y localizaci—n).
- Si la localizaci—n no se logra, y el requerido no
comparece en el plazo se–alado en la requisitoria
(que se publica para que el requerido pueda saber
que lo buscan), el juez dicta un auto declarando la
rebeld’a del investigado y emite una orden
requisitoria de detenci—n y puesta a disposici—n.
El sujeto as’ detenido es puesto a disposici—n
de la polic’a que valora la situaci—n y adopta
las medidas pertinentes.
b. Detenci—n policial.
I) Detenci—n por flagrancia (preventiva). Tras la detenci—n y las
averiguaciones pertinentes, la polic’a determina si procede la
puesta en libertad o la puesta a disposici—n judicial en calidad
de detenido (detenci—n preventiva).
II) Detenci—n ejecutiva. Se divide en:
¥ Detenci—n del fugado.
¥ Detenci—n del rebelde. Detenci—n del investigado en
paradero desconocido declarado rebelde por resoluci—n
judicial y sobre el que recae una orden judicial de
localizaci—n, detenci—n y puesta a disposici—n judicial.
¥ Detenci—n del investigado en ejecuci—n de una orden
judicial de detenci—n por incomparecencia. Detenci—n
del investigado que no ha comparecido al ser citado por el
juez. En este caso, el citado judicialmente a declarar no va,
pero, en principio, no se fuga (se sabe donde est‡), por lo
que no hace falta requisitoria para localizaci—n o
llamamiento ni, en principio, declaraci—n de rebeld’a
(salvo que ÒdesaparezcaÓ). Se ordena su detenci—n para
que declare y valorar el riesgo. Estas detenciones terminan
en puesta a disposici—n judicial.
¥ Detenci—n del investigado en ejecuci—n de una orden de
detenci—n judicial (detenci—n preventiva judicial). La
persona a quien se impute un acto punible deber‡ ser
citada s—lo para ser o’da, a no ser que la ley disponga lo
contrario, que proceder‡ su detenci—n (486 LECrim). La
Autoridad o agente de Polic’a judicial, tendr‡ obligaci—n
de detener al que estuviere procesado por delito que tenga
una pena en su grado m’nimo, superior a 3 a–os; al
procesado por delito con una pena, en su grado m‡ximo,
inferior a 3 a–os, si sus antecedentes o las circunstancias
del hecho hicieren presumir que no comparecer‡ cuando
fuere llamado por la autoridad judicial. la detenci—n es una
orden judicial de detenci—n del imputado Formal en un
proceso penal en marcha cuando:
Existe fumus delicti commissi apreciado por el juez
y la detenci—n ordenada por el juez es la medida
proporcional al riesgo existente debido a:
La gravedad del delito. Si el delito puede
superar los 3 a–os de pena privativa de
libertad. En este caso, el riesgo (de fuga, de
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supera los 3 a–os, pero se aprecia riesgo de
fuga (por sus antecedentes o por las
circunstancias del hecho).
¥ Detenci—n del investigado por orden de detenci—n del
MF (detenci—n preventiva del MF).
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debe poner al detenido en libertad o a disposici—n del Juez).
La prisi—n provisional, al igual que todas las medidas cautelares, termina cuando
desaparece el riesgo que la motiva o bien, con la sentencia. Desde ese momento, la
prisi—n provisional cesa con sentencia absolutoria (se expide un mandamiento de libertad
al centro penitenciario en el que el preso est‡ como preventivo) o se transforma en prisi—n
definitiva con la sentencia de condena. TambiŽn puede terminar por cumplir el plazo
m‡ximo (que va a depender de la gravedad del delito imputado y del riesgo que la prisi—n
quiera evitar, tras el cual, el preso preventivo debe ser puesto en libertad provisional,
aunque no haya todav’a una sentencia.
Si la prisi—n provisional fue impuesta para evitar la fuga o la comisi—n de nuevos
delitos:
- Para penas imputadas superiores a 3 a–os, la duraci—n m‡xima de la prisi—n
provisional es de 2 a–os, prorrogables otros 2 a–os, salvo que antes se cumpla
la duraci—n de la pena.
IV. Retirada del permiso de conducir. Medida cautelar adoptada por el Juez, alternativa a la
prisi—n, para evitar el riesgo de causar nuevos da–os a terceros mediante veh’culos a motor.
Dura hasta que desaparece el riesgo que la motiva y finaliza con la sentencia.
V. Orden de alejamiento y prohibici—n de residir en un lugar. Medida cautelar alternativa a
la de prisi—n dictada por el Juez frente al investigado para evitar el riesgo de causar nuevos
da–os o sufrimientos a la v’ctima. Es para los delitos del art. 57 CP y puede (prohibirle
residir en un determinado lugar, acudir a determinados lugares o aproximarse o comunicarse
a determinadas personas). Dura hasta que desaparece el riesgo que la motiva y finaliza con
la sentencia.
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de violencia sobre la mujer) emite la OEP, que se env’a directamente all’ juez del
Estado miembro donde debe ejecutarse. Dicho Estado est‡ obligado a reconocerla y
ejecutarla, salvo en casos excepcionales.
2. Orden Europea de Detenci—n y Entrega (OEDE o Euroorden). Permite la detenci—n
y entrega de una persona investigada o condenada en otro Estado miembro. Si el
investigado reside o se encuentra en otro pa’s de la UE, el juez de instrucci—n
espa–ol puede emitir una OEDE, la cual debe ser ejecutada por las autoridades
judiciales y policiales del Estado miembro de destino, Si se desconoce la ubicaci—n
de la persona, la orden se introduce en el Sistema de informaci—n de Schengen
(SIS), que alerta a las polic’as europeas para proceder a la localizaci—n y detenci—n.
Una vez detenido, la autoridad judicial del Estado receptor evalœa la entrega al juez
espa–ol, siendo obligatorio proceder salvo en casos muy limitados.
3. Reconocimiento y ejecuci—n de resoluciones de libertad provisional. Las medidas
de libertad provisional dictadas por un tribunal espa–ol, tambiŽn pueden ser
reconocidas y ejecutadas en otros Estados miembros. ƒstas resoluciones, aunque no
se denominan formalmente Ò—rdenesÓ, tienen car‡cter vinculante. El juez espa–ol
remite directamente la resoluci—n al juez del Estado de ejecuci—n, quien debe
aplicar la medida de vigilancia impuesta, como la presentaci—n peri—dica ante las
autoridades, las retirada del pasaporte o el control mediante dispositivos
electr—nicos. Al igual que en las —rdenes anteriores, el rechazo del reconocimiento
solo puede darse por causas tasadas y muy restrictivas.
4. El proceso cautelar.
Civil. La aplicaci—n de las medidas se realiza a travŽs de un debate contradictorio ante el tribunal.
Se trata de un proceso aut—nomo, aunque conexo, con el proceso principal, pues los fundamentos
de las medidas cautelares no son los mismos que los de la reclamaci—n principal, ni las medidas
cautelares son lo mismo que la condena. Su finalidad no es resolver el fondo del litigio, sino
analizar la probabilidad del derecho invocado (fumus boni iuris) y el riesgo de que el transcurso
del tiempo lo haga ineficaz (periculum in mora), segœn el art. 728 LEC. La resoluci—n de este
proceso no es una sentencia, sino un auto que evalœa si se cumplen las condiciones necesarias
para adoptar medidas cautelares y ordena su ejecuci—n.
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¥ Antes de la demanda principal. Se presenta como demanda aut—noma, debiendo
justificarse las razones de urgencia, que si es evidente, no es necesaria la
intervenci—n de abogado ni procurador (art. 31.2 LEC).
¥ DespuŽs de la demanda principal. Es un caso excepcional que exige justificar por
quŽ no se solicit— con la demanda inicial. En este supuesto, es obligatorio contar
con abogado y procurador.
Penal.
A. Procedimiento de detenci—n y prisi—n.
¥ Detenci—n policial (m‡x 72h)
a. Informaci—n de derechos del detenido:
En el lugar de la detenci—n. Se informa verbalmente sobre la
acusaci—n, razones de detenci—n, duraci—n m‡xima (72 horas) y el
recurso de habeas corpus (el remedio).
En comisar’a. Se entrega al detenido un documento escrito (en su
idioma) con los derechos, que debe firmar. Incluye derechos de
informaci—n (intŽrprete, notificaci—n a familiares o consulado),
¥ Puesto a disposici—n judicial del detenido (72h hasta la vista del 505 LECrim)
a. Confirmaci—n judicial de la detenci—n. Una vez que el detenido es puesto a
disposici—n judicial, el juez (sea o no competente) debe: liberarlo o sustituir
la detenci—n por otra medida cautelar o, decidir en un plazo de 72 horas si
mantiene la detenci—n, dictar prisi—n provisional o acuerda su libertad.
b. Audiencia del art. 505 LECrim. Regula el procedimiento para acordar la
prisi—n provisional en Espa–a. Establece que, antes de decidir sobre esta
medida, el juez debe convocar una audiencia en la que participen el
Ministerio Fiscal, el abogado del investigado y, en su caso, la acusaci—n
particular. Esta audiencia debe celebrarse en un plazo m‡ximo de 72 horas
desde la detenci—n o la puesta a disposici—n judicial del investigado. Si no se
celebra por causas justificadas, el juez puede acordar prisi—n provisional y
convocar una nueva audiencia en otras 72h. Tras la celebraci—n de la
audiencia en sala o despacho (sin toga), y tras plantear medidas alternativas
como la libertad bajo fianza o sin fianza, el juez podr‡ acordar la prisi—n
provisional, la libertad provisional (con o sin medidas cautelares) u otras
medidas alternativas. La resoluci—n (auto) debe estar debidamente
fundamentada y ajustarse a los fines previstos en el art’culo 503 LECrim,
como evitar la fuga, proteger a la v’ctima o impedir la destrucci—n de
pruebas. Este art’culo refuerza las garant’as procesales del investigado,
asegurando que la prisi—n provisional sea una medida excepcional,
proporcional y justificada.
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d. Resoluci—n. Si se solicita prisi—n provisional, el juez valora la existencia de
indicios de delito (delito grave con pena superior a 2 a–os) y riesgo de fuga o
reiteraci—n delictiva. Aunque tambiŽn puede acordarse prisi—n, libertad con o
sin fianza o adoptar otras medidas cautelares.
e. Plazo m‡ximo de detenci—n. Tras la detenci—n policial, se dispone de un
m‡ximo de 72h para poner al detenido a disposici—n judicial. Tras la puesta a
disposici—n judicial, elÁ juez dispone de otras 72h para celebrar la audiencia
del art. 505 LECrim y resolver sobre prisi—n o prisi—n provisional. Si la
detenci—n es por orden del juez, el plazo m‡ximo es de 72h desde que se
haga efectiva la detenci—n.
f. Principio acusatorio. El juez no puede decretar, prisi—n provisional, ni
libertad con fianza si no lo solicita una de las partes. Sin embargo, puede
acordar medidas menos gravosas (como una libertad sin cargos) o medidas
de protecci—n.
g. Reforma de medidas cautelares. En cualquier momento del procedimiento
se puede modificar las medidas cautelares, previa audiencia bilateral (art. 539
LECrim).
h. Los posibles recursos contra las medidas cautelares son: la reforma (en un
plazo de 3 d’as) y la apelaci—n (con un plazo de 5 d’as).
i. Habeas Corpus. Es un procedimiento para revisar las detenciones
presuntamente ilegales (LO 6/1984). Puede iniciarlo el detenido, familiares,
representantes, el MF o el Defensor del Pueblo. El juez resuelve tras
escuchar a las partes.
j. La prisi—n provisional se cumple en m—dulos espec’ficos para presos
provisionales, separados de los definitivos.
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Para dar solidez a estas posiciones jur’dicas y poderlas llevar a juicio, cada parte se instruye e informa
de c—mo son las cosas: teniendo en cuenta todos los aspectos del caso (en rigor), y contando con los
datos objetivos de la realidad que sostienen o desmienten su posici—n inicial (en realidad). Cada parte
hace acopio de aquellos elementos que le permitan convencer al juez de tal realidad: documentos,
testigos, grabacionesÉ Esta tarea es la instrucci—n del proceso.
En procesos regidos por los principios de oportunidad y dispositivo (procesos civiles) esta tarea es
mayoritariamente una tarea privada de cada parte procesal. En los procesos regidos por los principios
de necesidad y oficialidad (procesos penales) es una tarea pœblica, dirigida por un juez instructor y en
la que participan otros —rganos pœblicos (MF, polic’a, mŽdico forensesÉ).
Si de la instrucci—n resulta una posici—n de parte, muy dŽbil o insostenible, en base al principio de
oportunidad, el abogado puede aconsejar no ir a juicio o tratar de negociar con la otra parte. Sin
embargo, en la instrucci—n penal, dado el principio de necesidad, esta falta de elementos determina que
el fiscal pida al tribunal o que el tribunal acuerde de oficio un sobreseimiento, es decir, que termine el
proceso antes de que se dicte sentencia.
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el caso. en caso de que el abogado acepte el caso, se firma una hoja de encargo con
los detalles, honorarios y su modo de pago. El abogado no puede resolver todos los
problemas, ni es su trabajo por justa que sea la causa, sino que el trabajo del abogado
es aplicarse en ayudar, jur’dicamente al cliente hasta donde le permita la ley. Este
trabajo puede consistir en estudiar a fondo el caso y transmitir al cliente la soluci—n o
la no existencia de una soluci—n, o al menos, no la que el cliente desear’a. Es decir,
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ayudarle a tomar decisiones y buscar alternativas legales. Casi todos los casos tienen
varias maneras de ser enfocados y varias opciones para resolverlos, por lo que hay
que presentarlas al cliente y que Žl decida, d‡ndole todos los datos y explic‡ndole
muy bien sus opciones y los posibles (que no seguros) resultados. Se puede hacer
constar en la hoja de encargo que el cliente ha adoptado por una soluci—n jur’dica
espec’fica para evitar que el abogado tenga responsabilidad por su intervenci—n.
¥ Fuentes de prueba inaccesibles para las partes. Si algunas fuentes de prueba relevantes
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para sustanciar la demanda, no son accesibles para las partes que las necesita, puede
solicitar en la demanda que el tribunal, la reclame de quien las tenga:
b. Fuentes en un registro pœblico o privado. Los documentos y datos que estŽn
en registros pœblicos para cuya obtenci—n estŽn legitimadas las partes, se
presumen a su alcance y deben aportarlos con la demanda (si no lo hacen, no
podr‡n aportarlos m‡s adelante). pero si la parte no tiene acceso a un
documento, por estar en un registro para cuya consulta carece de legitimaci—n,
en la misma demanda debe hacerlo constar y pedir al tribunal que lo reclame, o
luego ya no podr‡ solicitar su incorporaci—n al proceso.
c. Fuentes en poder de la parte contraria. si los documentos necesarios para la
prueba de los hechos, est‡n en poder de la parte contraria, se debe pedir, en la
demanda, que los exhiba. Si no lo hace, se tendr‡ por cierta la versi—n de estos
que ofrezca el reclamante (ficta confessio). TambiŽn se puede pedir al tribunal
que los requiera.
d. Fuentes de prueba en poder de un tercero. Las fuentes pueden estar en poder
de un tercero, en cuyo caso se aplica tambiŽn el requerimiento judicial.
e. Diligencias preliminares. Cuando las fuentes anteriores sean necesarias para
obtener datos esenciales para preparar la demanda, la ley permite, antes de la
demanda, acudir a diligencias preliminares de investigaci—n pœblica.
Los tipos de diligencias se regulan en la LEC 1/2000 como numerus clausus (art. 256 LEC),
agrup‡ndolas segœn 3 criterios:
A. Tipo de informaci—n perseguida con la diligencia.
1. Diligencias para obtener informaci—n sobre la parte demandada. Se
desconoce algœn dato sobre la capacidad, representaci—n o legitimaci—n del
futuro demandado que resulta necesario para saber a quien demandar. Puede
consistir en:
a. Interrogatio in iure. Orden dirigida por el Juez al futuro y potencial
demandado, pidiŽndole una declaraci—n jurada sobre los datos que se le
piden (capacidad, representaci—n y legitimaci—n).
b. Actio ad exhibendum. Exhibici—n de los documentos en que conste
dicha identidad.
c. Ficta confessio (medida subsidiaria). Si el interpelado se niega a
contestar, se puede tener su silencio como respuesta afirmativa a lo que
se le pregunte. La confessio no es una verdad definitiva, sino iuris
tantum, por lo que puede ser desvirtuada por la prueba que se
practiquen el procedimiento principal.
d. Entrada y registro (medida subsidiaria). Si la informaci—n solicitada
consta en documentos, se puede solicitar entrada y registro del lugar
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de da–os y perjuicios tanto individualmente (configurando un litisconsorcio
activo), como colectivamente (configurando una persona jur’dica procesal). En
este œltimo caso, se trata de un grupo de hecho unido por su condici—n de
usuarios perjudicados, siendo dif’cil para ellos, en ocasiones, reconocerse
mutuamente y ponerse en contacto entre s’ para actuar como tal grupo. Con
esta diligencia preliminar el —rgano jurisdiccional, colabora con uno o varios de
los perjudicados a la integraci—n del grupo demandante. Consiste en:
a. Interrogatio in iure. Requerimiento u orden dirigida al futuro y
potencial demandado, o a un tercero, para que aporten los datos que
permitan la identificaci—n del grupo de potenciales demandantes.
b. Entrada y registro (medida subsidiaria). Si no hay entrega voluntaria de
dichos datos, el tribunal puede ordenar la entrada de registro del lugar
donde se pueden encontrar los documentos necesarios para efectuar tal
identificaci—n.
c. Delito de desobediencia a la autoridad en el ejercicio de sus funciones.
Ser‡n castigados con la pena de prisi—n, de 3 meses a 1 a–o o multa de 6
a 18 meses.
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La diligencia en los casos anteriores (cosa, testamento, documentos contables, p—liza de
seguros e historial mŽdico) consiste en:
a. Actio ad exhibendum. Requerimiento dirigido por el Juez al supuesto poseedor de
los documentos ordenando su exhibici—n (en el caso de un bien inmueble ser’a que
permita la inspecci—n de esta).
b. Medida de entrada y registro (medida subsidiaria). Si el requerido no exhibe la
cosa se da lugar a medidas de la entrada y registro del lugar donde se halle la cosa o
documento y su ocupaci—n.
c. Ficta confessio (medida espec’fica). Si no se aportan los documentos contables, el
que solicita la medida puede aportar su propia valoraci—n contable y se tendr‡ por
cierta.
d. Delito de desobediencia a la autoridad. Si no se aportan los historiales mŽdicos en
poder de la empresa.
C. Tipo de litigio que pretende plantear con la informaci—n por la que se solicita la
diligencia preliminar.
1. Diligencias preliminares para preparar litigios en protecci—n de derechos de
propiedad intelectual e industrial para reclamar da–os y perjuicios a quienes se
dedican a la pirater’a como negocio y lograr la paralizaci—n de sus actividades. Son
diligencias para preparar el ejercicio de acciones anticopia, especialmente dirigidas
frente: la comercializaci—n o monetizaci—n de pel’culas y mœsica (sea f’sica o en
Internet) y la producci—n y comercializaci—n de bienes con patentes o marcas
ajenas. Permiten obtener:
a. Datos relativos a los numerosos sujetos implicados en la red de copia (los
futuros demandados): proveedores, distribuidoresÉ
b. Datos relativos al alcance y valor econ—mico de la actividad desarrollada (la
producci—n copiada): cantidades producidas y distribuidas, modelos,
preciosÉ
Las medidas pueden ser:
¥ El interrogatorio de los demandados.
¥ El interrogatorio de terceros ajenos a la red de copia, pero que,
por alguna raz—n, puedan tener informaci—n.
¥ La obtenci—n de documentos en poder del demandado.
¥ La obtenci—n de documentos en poder de terceros.
Las medidas de refuerzo son todas las expuestas para otras diligencias.
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una sanci—n civil, autom‡tica y presunci—n iuris et de iure del a–o que no ha de
justificarse. 2. La cantidad fijada en la cauci—n, o la que sobre tras pagar los gastos
de realizar la diligencia, se destina a pagar los da–os y perjuicios que resulten
directamente de la no interposici—n en plazo de la demanda, aunque estos da–os han
de ser reclamados y justificados.
Aseguramiento de prueba
Se pretende garantizar que las fuentes de prueba seguir‡n disponibles cuando empiece el
proceso. La custodia de las fuentes de prueba corresponde a la parte que las consigui—, pero
existen mecanismos de colaboraci—n del tribunal a este fin, con relaci—n a fuentes de prueba
reales que pueden desaparecer por una actuaci—n humana o natural. Las medidas de
aseguramiento pueden consistir en:
¥ îrdenes del tribunal de hacer o de no hacer, de modo que se conserve el estado de las
cosas en un momento determinado por quien tenga poder sobre el mismo. En caso de no
obedecer al tribunal, se podr‡ proceder penalmente por delito de desobediencia a la
autoridad.
¥ Descripci—n por el LAJ de las cosas o de su estado.
¥ Toma de muestras que ser‡n depositadas en el tribunal.
¥ Realizaci—n de una videograbaci—n a presencia del LAJ y depositada en el tribunal.
TambiŽn puede hacerlo un notario mediante el acta de notoriedad.
¥ Otras medidas que sean oportunas.
En cuanto al procedimiento:
¥ La solicitud de aseguramiento de prueba puede formularse antes del juicio o una vez
iniciado, pero siempre siempre antes de la fase de pr‡ctica de la prueba. Como es una
medida basada en la urgencia, solicitada antes del juicio, no requiere abogado ni
procurador.
¥ Cauci—n. La parte que pide el aseguramiento de prueba puede ofrecer una cauci—n para
hacer frente a los da–os y perjuicios que puedan derivarse de la adopci—n de la medida.
¥ Ordenaci—n material o saneamiento. El tribunal debe comprobar que las pruebas cuya
fuente se pretende asegurar son pertinentes (relevantes), necesarias (hechos no probados) y
œtiles (capaces de probar lo que se pretende). adem‡s debe comprobar que las medidas
solicitadas no son desproporcionadas para el fin probatorio que se persigue.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
¥ Audiencia. El tribunal oye al demandado sobre la necesidad, pertinencia, utilidad y
proporcionalidad de la medida, pero en caso de urgencia procede a adoptar la medida y
concede la audiencia a posteriori.
¥ Resoluci—n y ejecuci—n de la medida.
¥ Demanda. Pedidas antes del juicio las medidas de aseguramiento, deber‡ interponerse la
demanda a los 20 d’as de su adopci—n, o se condenar‡ al solicitante en costas y al abono
de da–os y perjuicios.
Anticipo de prueba. Esta medida es excepcional y solo se admite cuando las fuentes de prueba
van a desaparecer o a deteriorarse, sin que se puedan conservar como una medida de
aseguramiento. Las pruebas anticipadas tienen las mismas condiciones y garant’as que tendr’an
en el juicio. Esta informaci—n queda reflejada en un acta por el LAJ, donde su valoraci—n queda
subordinada a su posterior contextualizaci—n junto a las alegaciones de las partes, el resto de
pruebasÉ una vez se inicia y desarrolla la fase de prueba del proceso. El procedimiento es:
¥ Solicitud por el futuro demandante, que, al ser de urgencia, no ser‡ preceptivo abogado y
procurador.
¥ Resoluci—n de pr‡ctica anticipada de prueba.
¥ Citaci—n del futuro demandado para que intervenga en la pr‡ctica.
¥ Pr‡ctica de prueba con las normas propias de la fase de prueba del ulterior proceso:
abogados y procuradores, presencia del juez, grabaci—n de la sesi—nÉ
¥ Aseguramiento de los documentos u objetos que hayan sido objeto de prueba junto con las
actuaciones para incorporarlo a los autos cuando comience el proceso.
Investigaci—n a cargo de la v’ctima del delito. la v’ctima puede recopilar con vistas al proceso los
datos que tenga a su alcance y que sean relevantes para la investigaci—n. En este sentido, las
grabaciones de las conversaciones que uno mismo mantiene con otros pueden ser reveladas sin que
se vulnere el derecho a la intimidad ajena, por lo que ser’an una prueba v‡lida en el proceso penal.
Investigaci—n a cargo de abogado. Los abogados obtienen de sus clientes la informaci—n sobre los
hechos y fuentes de prueba que necesitan para preparar sus demandas mediante las entrevistas con
sus clientes. Durante la entrevista o, tras ella, el abogado elabora su enfoque del caso, lo que
permite conocer de antemano los documentos e informes periciales o los testigos que tendr’a que
obtener y localizar su cliente, o incluso el mismo, antes del pleito. El abogado, tras la entrevista, si
se ha asumido el encargo, puede:
Recibir la documentaci—n que el cliente dispone.
Ponerse en contacto con la parte contraria para obtener de ella determinada informaci—n,
pero, si el contrario, ya designado, abogado, debe comunicarse con su abogado.
Acudir por s’ mismo a los registros necesarios para obtener datos y fuentes de prueba que
el cliente todav’a no haya aportado. Si s—lo puede obtenerlos el cliente (por raz—n de
legitimaci—n necesaria), el abogado pedir‡ al cliente que los obtenga el mismo o los puede
conseguir el procurador (quien dispone de poder representativo adecuado para ello).
Visitar el lugar de los hechos.
Hablar con potenciales testigos.
Encomendar a peritos el an‡lisis de elementos relevantes al caso.
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
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Diligencias a prevenci—n o primeras diligencias.
Esta actividad inicial de la polic’a ante la notitia criminis se denomina diligencias a prevenci—n o
primeras diligencias de prevenci—n y aseguramiento. es una actuaci—n para asegurar el Žxito de la
futura instrucci—n fiscal o judicial.
En delitos privados, semi privados y semi pœblicos, la polic’a realiza las diligencias a prevenci—n,
cuando aœn no conoce la voluntad de la v’ctima sobre el inicio del proceso. La ausencia de
denuncia no impedir‡ la pr‡ctica de diligencias a prevenci—n. Si la v’ctima decide denunciar, la
polic’a continœa su actuaci—n; en caso contrario, archiva el atestado, aunque en delitos semi
pœblicos, el fiscal puede interponer querella y el proceso continœa como investigaci—n judicial.
Apertura de las diligencias a prevenci—n. La polic’a recibe informaci—n sobre un hecho con
apariencia de delito (notitia criminis) y debe contrastarla con la realidad. Si ha habido denuncia,
solo pueden abstenerse de actuar, cuando de la propia redacci—n de la denuncia, se derive su
falsedad por pura racionalidad o la atipicidad. Tras esa comprobaci—n inicial de los hechos que
resultan manifiestamente falsos o no constitutivos de delito, se procede al archivo de la denuncia.
Pero hay que tener en cuenta que la polic’a no solo conoce los hechos a travŽs de una denuncia,
sino tambiŽn por conocimiento propio, a travŽs de las labores de patrulla, atenci—n a avisos,
informes de confidentes o vox populi (informaci—n en televisi—n o prensa, del hecho con apariencia
de delito).
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
este œltimo.
La polic’a tras las diligencias a prevenci—n. Tras la apertura de una investigaci—n de la fiscal’a, con
un decreto de incoaci—n, o la apertura de una investigaci—n judicial, los funcionarios de polic’a quedan
bajo las —rdenes de la autoridad fiscal o judicial.
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Pr‡ctica de las diligencias. Si no ha intervenido previamente la polic’a (no hay atestado) el MF
es quien dirige las primeras diligencias. Si ya se han realizado primeras diligencias, su
investigaci—n est‡ orientada a profundizar la investigaci—n para determinar si debe presentar
querella o denuncia ante el juzgado o bien poner fin a la investigaci—n mediante un archivo. El
Fiscal puede:
a. Ordenar a la polic’a que practique las diligencias de investigaci—n necesarias para
esclarecer los hechos y sus autores.
b. Ordenar la detenci—n preventiva de sospechosos, pero no su prisi—n provisional.
c. Citar ante la fiscal’a para su interrogatorio los sospechosos.
d. Citar ante la fiscal’a para su interrogatorio a testigos.
e. Necesita autorizaci—n judicial para ordenar la interceptaci—n de comunicaciones o
registrar domicilios, pero no para adoptar medidas como seguimientos de
sospechosos o grabaciones de sus movimientos en lugares pœblicos.
f. Asume entre sus funciones la protecci—n de la v’ctima y de los perjudicados por el
delito.
Finalizaci—n de las diligencias, mediante archivo (si estima inexistentes o no constitutivos de
delito los hechos investigados) o interponiendo denuncia (si existe apariencia de delito, pero no
hay una persona sospechosa, dado que se exige su identificaci—n para interponer querella) o
interponiendo el fiscal una querella ante el juez de instrucci—n, o por intervenci—n del juez
instructor al tener conocimiento de la apertura de la fase de instrucci—n (tras ello, el Fiscal cesa
su investigaci—n aut—noma (cuando el MF detiene a una persona, debe ponerla en libertad o a
disposici—n judicial en el plazo m‡ximo de 72h. Si realiza la puesta a disposici—n judicial, el
tribunal competente incoar‡ la instrucci—n y el MF deber‡ finalizar la suya) o por œltimo, debido
al transcurso del plazo m‡ximo del que se dispone (El l’mite m‡ximo general don 6 meses,
prorrogables por el Fiscal General del Estado. La instrucci—n del MF debe ser proporcionada a
la naturaleza del hecho. En delitos de corrupci—n pol’tica y econ—mica, ser‡ de hasta 12 meses
prorrogables). Transcurridos esos plazos, el MF debe archivar o interponer querella o denuncia.
En los procesos de menores, la instrucci—n corresponde enteramente al MF, sin la existencia de
una fase de instrucci—n a cargo del juez instructor.
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El proceso o juicio penal queda estructurado en 3 fases: fase de instruccion, fase intermedia y fase de
juicio oral. La primera y la segunda no existen en el proceso civil.
La instrucci—n incluye la adopci—n de las medidas cautelares, resaltando dos aspectos: que la
instrucci—n no prepara s—lo la acusaci—n, sino tambiŽn la defensa; y que la instrucci—n indaga, pero no
prueba.
Sujetos de la instrucci—n:
¥ El juez instructor.
Inicio de la instrucci—n. El Juez instructor penal puede iniciar un proceso de oficio en
cuanto reciba por cualquier medio la noticia de un hecho con apariencia de delito para el que
se considera competente objetiva y territorialmente. Para ello, el juez dicta una resoluci—n
judicial motivada (un auto) con el que inicia la fase de instrucci—n, dando lugar a los
siguientes supuestos:
a. Iniciaci—n de oficio, a partir de: denuncia y atestado presentados en el juzgado, vox
populi o conocimiento personal del juez.
b. Iniciaci—n a instancia de parte a partir de querella.
¥ Parte acusadora
El Fiscal como acusador pœblico. Contribuye, junto al juez, a dar vida al principio de
necesidad legal del proceso (interposici—n de querella) y al de oficialidad de la investigaci—n
(solicitud de diligencias de investigaci—n). TambiŽn puede solicitar sobreseimiento cuando se
den las circunstancias legales: formula querella o denuncia segœn el caso, ejercita la acci—n
civil para que la v’ctima sea indemnizada, pide el fin de la instrucci—n cuando ya se haya
cumplido con la finalidad de esclarecimiento de los hechos o cuando tal finalidad sea
imposible o se haya cumplido el plazo m‡ximo de duracion de la instrucci—n. TambiŽn puede
pedir el sobreseimiento en la fase intermedia o ejercitar la acusaci—n. Su presencia resulta
imprescindible para que el proceso siga avanzando de oficio una vez termina la instrucci—n
por el juez instructor. El Fiscal tiene, adem‡s, una funci—n de supervisi—n de la tarea del juez
instructor.
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(sindicatos y ayuntamientos cuando el BJ lesionado corresponde a toda la sociedad).
El acusador popular adquiere tal condici—n cuando formula querella con abogado y
procurador y no puede obtener beneficio de asistencia jur’dica gratuita. Tiene que
hacer un dep—sito o cauci—n para interponer querella. No se le debe ofrecer acciones
y no tiene acci—n civil.
¥ Acusado
Es el sujeto pasivo durante la investigaci—n, la fase intermedia y el juicio oral. Su posici—n
procesal (y su denominaci—n) va variando a lo largo del proceso:
(a) Estatus de investigado. Se tratad de, durante la investigaci—n, la persona que
aparece en la notitia criminis como aparente responsable del hecho. Inicialmente,
su posici—n es de mero investigado, tŽrmino que alude a un hecho objetivo, pero no
a ninguna conclusi—n o convicci—n judicial. La condici—n de investigado se
adquiere de varias formas:
a. Originaria: por la mera incoaci—n de la instrucci—n, cuando en el auto de
incoaci—n aparece nombrada esa persona o en la querella que origin— la
iniciaci—n a instancia de parte. En los casos de inicio del proceso penal por
interposici—n de denuncia o querella, la condici—n de investigado coincide
con la de denunciado.
b. Sobrevenida. Se adquiere cuando de unas diligencias de investigaci—n en
curso surgen datos que llevan a investigar a una persona determinada no
mencionada en el auto de incoaci—n. Puede que, algœn testigo haya
nombrado a esa persona como autor o que alguna diligencia pericial
(restos de ADN, huellas dactilaresÉ) vincule a la persona con los hechos.
Esta vinculaci—n del sujeto con el hecho lo convierte autom‡ticamente en
investigado, siendo su primer derecho conocer que lo es, inform‡ndole de
sus derechos para que pueda ejercitarlos. Por ello, la mera condici—n de
investigado exige que el Juez Instructor lo llame a declarar en el plazo de
24 horas (48h si hay motivo suficiente). Con esto se formaliza su
condici—n de investigado. La detenci—n ser’a una forma m‡s que evidente
de adquirir la condici—n de investigado, y a la vez, de sospechoso.
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esa persona de la que se sospecha y por quŽ razones se hace. La sospecha se
formaliza de diversos modos:
a. Mediante un auto de procesamiento: procesado. se trata de una
resoluci—n Formal, escrita y motivada en el proceso penal ordinario,
fundada en la sospecha racional asumida por el juez instructor. En ella,, el
tribunal concreta, los hechos que se atribuyen al investigado, su
calificaci—n jur’dica y el juicio de imputaci—n, evitando, as’ que la
condici—n de parte acusada en un proceso penal, se derive exclusivamente
de actos de parte (denuncia o querella) y que se llegue a juicio oral, sin que
el juez se haya pronunciado expresamente sobre la sospechas que tal
denuncia o querella o la mera investigaci—n arroja.
b. Mediante auto de apertura de la fase de preparaci—n de juicio oral:
encausado. En los procesos penales por procedimiento abreviado y juicios
r‡pidos. No existe auto de procesamiento. Sin embargo, cuando el juez
instructor considera terminadas las diligencias previas o urgentes y dicta el
auto de apertura de la llamada, fase de preparaci—n de juicio oral o fase
intermedia en el procedimiento abreviado, no tiene que explicar los
indicios y razones que le llevan a pensar que hay probabilidad de
racionales de que este investigado sea el autor de los hechos. A haber
sobreseimiento cuando era posible, est‡ asumiendo indirectamente que hay
probabilidades racionales de que el hecho se haya producido, de que el
hecho sea t’pico y antijur’dico o de que el investigado sea su autor. La
apertura de la fase intermedia o preparaci—n del juicio oral equivale al
momento en que el juez Ò se mojaÓ. no obstante, pese a que indirectamente
sea imputado formalmente al investigado, todav’a se puede determinar el
sobreseimiento por falta de indicios racionales de criminalidad contra Žl,
es decir, el tribunal tiene una segunda oportunidad de valorar la
racionalidad de los indicios contra el acusado. La presunci—n de inocencia
no impide que se sospeche de ciertas personas como probables autores de
los hechos durante la fase de instrucci—n, y que as’ se formalice esta
probabilidad que el sospechoso no puede ser condenado por sospechas,
pero no que no se pueda sospechar de Žl. Esta formalizaci—n de la sospecha
(de que hay indicios racionales de criminalidad) es una garant’a de que no
pueda haber juicio oral y se dicta auto de sobreseimiento si no hay
sospecha, o que no haya medidas cautelares si no hay sospecha.
(c) Derechos del investigado/encausado. Los derechos de defensa de la parte pasiva del
proceso y, en particular, en el proceso penal, est‡n consagrados en los arts. 24 CE, 118 y
530 LECrim:
a. Art. 118.1 LECrim. Toda persona a quien se atribuya un hecho punible podr‡
ejercitar el derecho de defensa, desde que se le comunique su existencia.
b. Art. 520.2 LECrim. Toda persona detenida o presa ser‡ informada por escrito,
en lenguaje sencillo y accesible, en una lengua que comprenda y de forma
inmediata, de los hechos que se le atribuyan y las razones motivadoras de su
privaci—n de libertad, as’ como de los derechos que le asisten.
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procesales penales atribuyen valor al silencio del acusado y a presumir, por
tanto, la culpa sin pruebas a partir del silencio. Se requiere buscar una verdad
material y no solo formal (presunta). TambiŽn, se quiere evitar que la persona
que no tiene claridad mental o est‡ confusa por declarar forzado, diga lo que
no quiere y no la verdad. TambiŽn exige que toda declaraci—n sea consciente,
prohibiendo, considerar declaraci—n a lo que son manifestaciones del
inconciente mediante o hipnosis, [Link], que inducen a error. Lo mismo ocurre
cuando se obtienen declaraciones mediante uso de enga–os o promesas.
Derecho a no declarar contra s’ mismo y a no confesarse culpable. Se
pretende que toda declaraci—n sea plenamente voluntaria y libre. TambiŽn
impedir’a las declaraciones hechas con enga–o o provocadas por la propia
polic’a, sin informar de la condici—n de investigado, entablando una
conversaci—n pretendidamente, amigable y obtener una confesi—n sin
presencia de abogado.
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El detenido tiene derecho a ser informado de los hechos que se imputan, a ser
informado de la raz—n de su detenci—n y ser informado de sus derechos. ƒstos
derechos de informaci—n se satisfacen a travŽs de: Diligencia de informaci—n oral e
in situ (en el lugar de la detenci—n) de la acusaci—n formulada y las razones de la
detenci—n y la diligencia de informaci—n de derechos al detenido en comisar’a (se
entregan por escrito en su idioma y el detenido firmar‡ haberlos le’do).
En cuanto a los derechos de defensa activa, tiene derecho a nombrar un abogado (ya
sea de confianza, de oficio o gratuito), derecho del abogado para acceder a la
denuncia, atestado, sumario, diligencias previas o urgentes, derecho a entrevistarse
con el abogado previa y posterior a la declaraci—n ante la polic’a o a la vista ante el
juez para decidir sobre su libertad o prisi—n provisional, presencia e intervenci—n del
abogado en las diligencias policiales como la de reconocimiento (interrogatorio del
detenido) e intervenci—n de intŽrprete en toda la interacci—n con el abogado.
Tiene derecho a la libertad, teniendo la detenci—n una duraci—n m‡xima de 72h para
la puesta, disposici—n judicial o para otorgarle la libertad. Adem‡s tiene derecho de
Habeas Corpus, es decir, la puesta disposici—n judicial para comprobar la legalidad
de la detenci—n.
¥ La v’ctima
La v’ctima, aunque no se decida ser parte acosadora (ejercitando su derecho de acci—n
privada o particular), tiene derechos espec’ficos en el proceso reconocidos en la LECrim,
pero tambiŽn en el Estatuto de la V’ctima del Delito y en normas europeas.
Entre sus derechos de actuaci—n procesal encontramos: derecho a ejercitar acciones penales
mediante querella (debe hacerse por escrito), derecho ejercitar acciones civiles, de
reclamaci—n de da–os y perjuicio en el propio proceso penal, derecho a reservar las acciones
civiles para ejercitarlas separadamente ante tribunales civiles, derecho a personarse como
parte y actuar en la instrucci—n sin interponer la querella (solo con abogado) y derecho a que
se le notifiquen todas las diligencias de investigaci—n (una vez se persona como parte) y a
participar en ellas o solicitar nuevas.
Objeto de la instrucci—n. Durante la fase de investigaci—n, el objeto del proceso gira en torno a la
notitia criminis, informaci—n que, salvo que sea falsa o relativa a un hecho no delictivo (en cuyo caso
se archivar‡ la denuncia o querella por inadmisi—n), debe ser investigada a travŽs de las primeras
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Actividad procesal durante la instrucci—n. Toda investigaci—n penal conlleva la siguiente etapas:
iniciaci—n, desarrollo y conclusi—n (fase de instrucci—n) y por œltimo, la valoraci—n (fase intermedia),
aunque pueden ir precedidas de una actividad previa de la polic’a o de la fiscal’a. Una vez que el
juzgado incoa la fase de instrucci—n, la polic’a debe cesar sus diligencias a prevenci—n o primeras
diligencias. A partir de ese momento, la investigaci—n se hace procesal, quedando la polic’a sometida a
las —rdenes del juez o del fiscal: las diligencias de investigaci—n ser‡n ahora por indicaci—n del tribunal
o el fiscal (sometidos al plazo que ellos se–alen) y dichas diligencias deben constar en atestado y
remitirse al tribunal. Las detenciones preventivas lo ser‡n por orden del tribunal.
(a) De oficio. El juez dicta un auto de incoaci—n por iniciativa propia cuando ha recibido
la notitia criminis (noticia o apariencia de la comisi—n de un hecho tipificado como
delito) a travŽs de: Vox populi (peri—dico o telediario), conocimiento personal (el juez
presencia el delito), denuncia en el juzgado por la v’ctima o por cualquier ciudadano
(no es un acto de voluntad, ya que el que denuncia no insta o pide, sino que informa,
por lo que la voluntad de iniciar el proceso, en estos casos, es la del juez, no siento
una iniciaci—n a instancia de parte, sino de oficio) y por œltimo, el atestado policial
(tiene valor de denuncia a efectos de iniciar el proceso por el juzgado de instrucci—n,
sin embargo, el material que introduce el atestado, una vez recibido por el tribunal, es
m‡s que una mera informaci—n para comprobar e investigar, pues ya contiene tal
comprobaci—n y una investigaci—n previa realizada por funcionarios pœblicos. Se
refiere a hechos percibidos directamente por los polic’as, por lo que tiene valor de
declaraci—n testifical a efectos de la instrucci—n, as’ como los an‡lisis periciales
realizados en laboratorios de la polic’a e incorporados al atestado)
La denuncia de los delitos pœblicos es un deber de todo ciudadano, tanto si lo
ha presenciado como si lo conoce por referencias, aunque est‡n exentos los
menores o incapaces. TambiŽn est‡n exentos de denunciarse entre s’, los
c—nyuges, ascendientes, descendientes y colaterales hasta segundo grado.
Tiene especial gravedad el incumplimiento del deber de denunciar para los
que, por causa de su cargo, profesi—n u oficio, tiene referencias indirectas de
lo que, a su juicio, puede ser delito. Se exceptœan los abogados respecto de los
hechos que les comunican sus clientes y los religiosos respecto de los hechos
que le comuniquen los fieles en confesi—n.
La denuncia de los delitos privados, semi privados y semi pœblicos es un
derecho y no un deber,
La denuncia por un hecho delictivo, se puede presentar ante la polic’a (lo que
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dar‡ lugar a las primeras diligencias), ante el fiscal (que a su vez puede
desarrollar una investigaci—n encaminada a determinar si debe o no interponer
querella) o ante el propio juzgado. Tanto el fiscal como la polic’a o el juez
pueden archivar la denuncia si el denunciado no reviste caracteres de delito o
si la denuncia se considera manifiestamente falsa, procediendo a notificar el
archivo al denunciante para que pueda interponer querella.
(b) A instancia de parte (mediante querella: art. 277 LECrim). la querella es una
declaraci—n de voluntad de ejercicio de un poder jur’dico atribuido por el
ordenamiento, es decir, del derecho de acci—n para perseguir el delito. Es una
declaraci—n de voluntad fundada en una informaci—n sobre un hecho que pudiera ser
delito o notitia criminis. Quien ve admitida la querella que ha presentado, se convierte
en parte procesal acusadora y podr‡ participar en el proceso para demostrar que tiene
raz—n y que se condene al investigado. La querella solo puede presentarse ante el juez
de instrucci—n competente por medio de procurador y firmada, por abogado, salvo
para el juicio por delitos leves para el cual la querella no requiere ni abogado ni
procurador. La querella se puede rechazar si se presenta ante tribunal no competente o
si los hechos afirmados no constituyan delito, pero tal caso se tomar‡ como denuncia,
dando origen al procedimiento de oficio. por otro lado, si la querella no identifica al
sospechoso, ser‡ inadmitida como querella, pero si hay una correcta descripci—n de la
notitia criminis, se le dar‡ valor de denuncia, dando origen al procedimiento de oficio.
Variantes de querella:
Querella de la v’ctima constituida en acusador, particular o privado (querella
particular o privada). Es necesaria para iniciar el proceso en delitos de
calumnia e injuria contra particulares.
Querella del acusador popular (querella popular). Puede ser acusador popular
cualquier persona f’sica mayor de edad y espa–ol, aunque tambiŽn, la persona
f’sica extranjera por delitos cometidos contra sus familiares. TambiŽn puede serlo
una persona jur’dica como las asociaciones de v’ctimas.
Querella del fiscal como acusador pœblico (querella pœblica). Si el ciudadano
presenta la denuncia ante la fiscal’a, la iniciaci—n del proceso penal ser‡ a travŽs
de la querella del fiscal, aunque antes de interponerla, puede desarrollar una
investigaci—n.
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d’as de antelaci—n a que se dicte el auto de conclusi—n, para que las partes
puedan pedir las diligencias que consideren oportunas.
Cooperaci—n jur’dica para la investigaci—n del delito en la Uni—n Europea. La autoridad judicial
de un Estado miembro de la UE (Estado de emisi—n), en curso de un proceso penal en fase de
instrucci—n, dicta una orden europea de investigaci—n solicitando a las autoridades de otro Estado
miembro (Estado de ejecuci—n) que procedan a practicar las diligencias de investigaci—n que se
solicitan en su territorio (solo puede negarse por razones tasadas y limitadas) y remitan los resultados
al Estado de emisi—n.
Duraci—n de la instrucci—n:
a. En el proceso comœn u ordinario, as’ como el abreviado, la duraci—n de la instrucci—n debe
durar menos de 12 meses, prorrogables otros 6 meses si llegado el vencimiento del plazo, es
necesario continuar la investigaci—n. Al finalizar cada pr—rroga se solicita otra nueva por
tiempo similar.
b. En el juicio r‡pido, la instrucci—n debe hacerse durante la guardia del Juzgado de Instrucci—n,
ya que si no da tiempo, pasa a ser un proceso abreviado, siguiendo las reglas del mismo. Las
guardias duran entre 24h (en ciudades grandes) y 7 d’as (en pueblos y ciudades peque–as).
¥ Valorar la seriedad de la acusaci—n. si se considera que la fase de juicio oral no debe abrirse, se
acuerda el sobreseimiento. La revisi—n consiste en valorar la necesidad del juicio, tomando en
consideraci—n que un proceso penal se trata de un mecanismo que puede causar perjuicios graves
tanto para el acusado como para la v’ctima, as’ como gastos elevados para el acusado y para el
Estado y por tanto, no debe seguirse sin unos indicios racionales suficientes que justifiquen el
gasto, esfuerzo y riesgo. Adem‡s, estos indicios deben configurar un grado m’nimo de
Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
probabilidad: de que el delito se haya cometido, de que el acusado sea responsable del mismo, de
que el delito probablemente cometido pueda aprobarse y que pueda probarse la participaci—n en
el de investigado/encausado. los hechos deben ser t’picos, antijur’dicos y culpables para que
imputen al acusado por sus actos.
Instrucci—n de las causas de las que debe conocer el Tribunal del Jurado. Es la fase de
instrucci—n del procedimiento para el juicio ante el Tribunal del Jurado. Tiene los mismos
elementos de las anteriores: iniciaci—n, imputaci—n Formal, diligencias de investigaci—n, valoraci—n
de la investigaci—n practicada, sobre seguimiento o apertura del juicio oral, aunque hay algunas
novedades como la convocatoria de una vista inicial (comparecencia inicial) con presencia de las
partes y el juez; y una vista final (audiencia preliminar) para determinar el sobreseimiento o
apertura del juicio oral en la fase intermedia. Entre una y otra se practican las diligencias de
investigaci—n.
a. La vista inicial concentra la formalizaci—n de la imputaci—n, as’ como la solicitud de
diligencias de investigaci—n.
b. La vista final, recuerda al juicio de acusaci—n ante el Gran Jurado, pero a la inversa: se
practican pruebas para convencer al fiscal de que no acuse o al juez para que dicte o no el
sobreseimiento.
En este proceso la fase intermedia se desarrolla ante el —rgano que va a dirigir el juicio oral y dictar
sentencia:
a. Secci—n penal de la Audiencia Provincial cuando la instrucci—n ha correspondido a
juzgados de instrucci—n o de violencia sobre la mujer.
b. Secci—n penal de la Audiencia Nacional cuando la instrucci—n ha correspondido al Juzgado
Central de Instrucci—n.
El paso de la fase de instrucci—n a la intermedia tiene lugar mediante el auto de conclusi—n del
sumario dictado por el Juez instructor y su remisi—n a la Audiencia Provincial.
En la fase intermedia se puede revocar la conclusi—n del sumario y abrir de nuevo la actividad de
instrucci—n remitiendo la causa al Juez instructor. Si no se revoca, se puede sobreseer el juicio o
abrir el juicio oral (en este œltimo caso, las partes presentan sus escritos de acusaci—n y defensa).
Ante estos —rganos de juicio se puede producir tambiŽn la conformidad no premiada si la acusaci—n
formulada no supera los 6 a–os de privaci—n de libertad.
(2) Proceso penal abreviado: diligencias previas y preparaci—n del juicio oral. El proceso penal
abreviado procede por: delitos graves (+ 5 a–os de privaci—n de libertad o + de 10 a–os de pena no
privativa) siempre que tengan penas que no superen, en su grado m‡ximo, los 9 a–os de privaci—n de
libertad en el CP; y por delitos menos graves (- 5 a–os de privaci—n de libertad y otras penas - 10 a–os no
privativas), siempre que no sean leves o delitos que deban juzgarse por juicio r‡pido. Se excluyen los
delitos cuyo enjuiciamiento corresponda al Tribunal del Jurado y delitos cometidos por menores.
La fase de instrucci—n de este proceso se denomina diligencias previas, dirigida por el Juez
Instructor (todo tipo de delitos con penas privativas de libertad superior a 9 a–os), Central de
Instrucci—n (art. 65. LOPJ y terrorismo) o Juez de Violencia sobre la Mujer (violencia sobre la
mujer).
La duraci—n de este proceso debe durar menos de 12 meses, prorrogables otros 6 meses si
llegado el vencimiento del plazo, es necesario continuar la investigaci—n. Al finalizar cada
pr—rroga se solicita otra nueva por tiempo similar.
La fase intermedia (preparaci—n del juicio oral) corresponde al mismo Juez encargado de la
instrucci—n. No es necesario dictar auto de conclusi—n de las diligencias previas, pues tal
conclusi—n es impl’cita en el momento de abrir el tr‡mite de preparaci—n del juicio oral.
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Reservados todos los derechos. No se permite la explotación económica ni la transformación de esta obra. Queda permitida la impresión en su totalidad.
diligencias de investigaci—n complementarias, a un sobreseimiento o a la apertura del
juicio oral (en este œltimo caso, la solicitan las partes acusadoras simult‡neamente a la
presentaci—n del escrito de acusaci—n. Tras ello, el acusado presenta el suyo, que puede
contener su conformidad. Si la conformidad del acusado es por un delito que permita la
conformidad premiada (delitos que no superen, en su grado m‡ximo, los tres a–os de
privaci—n de libertad), el juez instructor remite al —rgano a cargo del juicio oral ambos
escritos).
Est‡n a cargo del juicio oral: el Juzgado de lo Penal o Central de lo Penal (delitos menos graves,
con penas que no superen en su grado m‡ximo los cinco a–os de privaci—n de libertad o 10 a–os
de pena no privativa) y la Secci—n penal de la Audiencia Provincial o la Audiencia Nacional
(delitos graves, con penas que puedan superar, en su grado m‡ximo, los cinco a–os, pero no los 9,
ya que si superan los 9 a–os, estamos en un juicio ordinario, aunque el juicio sea ante la
Audiencia).
Se puede producir la conformidad no premiada ante estos —rganos, cuando la acusaci—n
formulada que produce la conformidad no superan los 6 a–os de privaci—n de libertad.
(3) Juicio r‡pido: diligencias urgentes y preparaci—n del juicio oral. Se trata de un proceso seguido
ante los Juzgados de Instrucci—n en turno de guardia para juzgar los delitos del art. 795 LECrim (delitos
flagrantes, lesiones, coacciones, amenazas o violencia f’sica o habitual, hurto, robo, contra la seguridad
del tr‡fico, de da–os, contra la salud pœblicaÉ), a partir de que concurran 3 criterios a la misma vez:
a. Criterio material. Se trata de delitos menos graves, con penas m‡ximas de hasta 5 a–os de prisi—n
o 10 en caso de penas no privativas. Estos delitos son competencia de los Juzgados de lo Penal.
b. Criterio procesal. El proceso debe iniciarse mediante un atestado policial, tras el cual, la polic’a
debe identificar y localizar al sospecho en un plazo m‡ximo de 5 d’as. Tras ser localizado, el
sospechoso debe ser citado o detenido y puesto a disposici—n del Juzgado de Guardia.
c. Criterio mixto (material y procesal). Los delitos deben ser los tipos recogidos en el CP (robos,
violencia de gŽnero, tr‡ficos de drogas a peque–a escalaÉ), ser delitos flagrantes (sorprendidos
durante la comisi—n o inmediatamente despuŽs) y, ser delitos de f‡cil instrucci—n.
prorrogables por 3 d’as en ciertos casos. Si no se completa en este tiempo, el juicio deja de ser
r‡pido y pasa a ser un procedimiento abreviado.
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superior a 3 a–os, se traslada al Juzgado de lo penal.
(4) Otras formas de instrucci—n. Los procesos contra menores imputados por hechos tipificados como
delito, son instruidos por el MF.
(5) Procesos penales sin instrucci—n. Los procesos sobre delitos leves no tienen regulada fase de
instrucci—n ni fase intermedia en la LECrim. A estos juicios se llega con los datos que aporta el
denunciante a veces comprobados (e incluso completados) por la polic’a en el atestado policial. Ante esta
informaci—n, el juez sobresee el caso con base en la seriedad de la pretensi—n punitiva o por razones de
oportunidad a petici—n del fiscal, o puede citar a las partes a juicio oral, salvo que hayan sido citadas
directamente por la polic’a.
Una reforma de 2015 introdujo el llamado proceso por aceptaci—n de decreto. Procede por delitos
menos graves y leves, s—lo cuando el fiscal pida por ellos la pena de trabajos en beneficio de la
comunidad, multa o retirada del permiso de conducir. Es una especie de conformidad provocada
por el fiscal (resoluci—n del fiscal), en la que el fiscal dirige al juez instructor, proponiendo para el
acusado, la conformidad con la pena pena que se le propone. en este caso, el juez notifica este
decreto al acusado y lo cita una comparecencia en la que estar‡ asistido por abogado si el acusado
comparece y se conforma, se le condena en los tŽrminos del decreto y se dicta sentencia.
(6) Cambios en la modalidad instructora. Los cambios de procedimientos son comunes y son:
a) Cambio de sumario a diligencias previas o a enjuiciamiento por delitos leves.
b) Cambio de diligencias previas a sumario.
c) Cambio de diligencias previas a diligencias urgentes.
d) Cambios al procedimiento para las causas ante el Tribunal del Jurado.